lunes, 21 de mayo de 2012

Virgencita de Luján

(En la imagen, el Negro Manuel quien custodiando la Virgen solía decir: "Soy de la Virgen, nomás")
Desde el Brasil te traían...
en Sumampa te esperaban,
las carretas te llevaban
por las pampas ese día,
tal vez nadie lo sabía
cuando en silencio acamparon,
las sombras se desplomaron
en la noche silenciosa...
Y es la historia más hermosa
que cierta vez me contaron.

Dicen que al amanecer
seguían su derrotero,
pero un carro del sendero
no se quería mover,
la gente sin entender
fue bajando el equipaje
para seguir con el viaje
pero el carro no avanzaba...
sólo tu imagen quedaba
sobre el lomo del carruaje.

Ante la gente asombrada
tu imagen fue descendida
y la carreta movida
sin tu estampa inmaculada,
hubo un brillo en la mirada
del carrero conmovido,
lugar tenías elegido
y tu viaje terminado,
en Luján habías quedado
para levantar tu nido.

La virgencita estanciera,
la patroncita morena,
la de mirada serena...
que nuestro pueblo venera
tuvo su ermita primera
en la estancia de Rosendo;
con sus ruegos fue acudiendo
la gente de aquel paraje,
tras de la Fe el paisanaje
tus milagros fueron viendo.

Y fue el negrito Manuel
el consagrado a cuidarte
y en tu ermita venerarte
con su ternura más fiel.
Nadie supo más que él
de tu misión sanadora
por eso te reza y ora
con notable devoción...
pidiendo tu bendición
Inmaculada Señora.

Pero los años se fueron
y quisieron trasladarte,
a lo mejor por cuidarte
a otra estancia te trajeron.
A Manuel solo lo vieron
caminar por la tapera...
mas, sin que nadie supiera
el milagro había ocurrido
volviste sola a tu nido
de aquella ermita primera.

Entonces alguien pensó:
que Manuel siga a tu lado
y así tu lugar cambiado
con ese negro de Dios,
juntito a vos se quedó
hasta el suspiro final
donde la tierra sin mal
esperaba su llegada...
frente a tu imagen sagrada
Manuel hoy te reza igual.

Virgencita de Luján
patrona de mi Argentina
pido a tu imagen divina
que a nadie nos falte el pan;
que ilumines este afán
de escribir y de soñar
y que pueda predicar
también con una canción...
sólo así tendrá razón,
este antojo de cantar.

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