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lunes, 11 de febrero de 2013

El overo azulejo



(Pintura: Rodolfo Ramos)

Tengo un “overo azulejo”
que es maravilla de pingo,
cuando lo ensillo el domingo
relumbra como un espejo.
Y si la rienda le dejo
suelta, comienza a escarciar
y se pone a testeriar
como pa’ que lo recoja
mientras mueve la coscoja
como queriendo jugar.

Si lo busco, de seguro
encuentro siempre caballo,
en el pique es como un rayo
pa’ salvar un trance duro.
Y si alguna vez lo apuro
tocándolo con la espuela
entonces no corre… vuela
tendiéndose a lo avestruz
como si fuera una luz
que va dejando su estela.

¡Cómo se alegra mi “overo”!
cuando al trote en el camino
vamos con fijo destino
buscando lo que más quiero.
Hace lucir el apero
con marcada ostentación,
ya se afirma en el garrón,
ya se atraviesa en el trecho
porque lleva dentro’el pecho
retozando el corazón.

Pero cuando se estremece
de criollo toda su fibra,
cuando todo su ser vibra
como un ala que se mece,
cuando se rejuvenece
como por magia divina,
cuando sus ansias culmina
movidas por sabia nueva,
¡es cuando orgulloso lleva
sobre sus ancas, mi china!

sábado, 18 de febrero de 2012

Martín Pescador


Alerta sobre una rama,
ostentando su color,
está Martín Pescador,
coquetón como una dama.
Cuidadoso de su fama,
el blasón de su nobleza,
hunde con rara fijeza,
sus ojos en la corriente,
mientras espera paciente,
el pasaje de su presa.-

Corren las horas, ondea,
la laguna suave brisa,
y como no tiene prisa,
sigue con la misma idea.
De repente centellea,
angustiosa su mirada,
en estupenda picada,
al agua se precipita,
y saca una mojarrita,
culebriando a la pasada.-

Pájaro gaucho, primor,
de los montes y los ríos,
que exhibe todos sus bríos,
con renovado vigor.
Lindo Matín Pescador,
de destreza sin igual,
símbolo fiel y cabal,
como lozano macollo,
del noble espíritu criollo,
de mi gran tierre Oriental.

viernes, 29 de julio de 2011

Mate amargo




Mate amargo que naciste
en la rueda de un fogón,
derramando tradición
entre un estilo y un triste.
Mate amargo que trajiste
entre tu yerba sabrosa
la suavidad primorosa
de una mano de mujer
y el embrujo de un querer
con que te cebó una moza.

Sos el amigo sincero
con quien a solas proseando
pasás las horas rodando
en un galope ligero.
Sos sereno consejero
que escuchamos con halago,
y entre un trago y otro trago
mientras la pava se queja,
nos hablás de cosas viejas,
de la querencia y el pago.

El más bravo se arrocina
al paladear tu amargura,
sos sabroso como achura
y querendón como china.
Sos alma de la cocina
que alegra reunión sencilla
y mientras la llama brilla
vos vas con tierno embeleso,
como si fueras un beso
aleteando en la bombilla.

Y cuando ya galopeao
como pájaro sin pluma,
el agua no forma espuma
y estás del todo lavao.
Tenés siempre algún costao
pa’ que el hombre te aproveche,
te da vuelta, y sin que te eche
yerba, quedás de primera,
sos como vaca mañera
que sabe esconder la leche.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Mi poncho



¡Viejo poncho! te han cribao
de tiempo, los rebencazos,
como si fueran lonjazos
en un lomo de reservao,
pero vos seguís plantao
y no te sacan ni a cincha
porque cuando el viento tincha,
tendiendo tu trabazón;
sentís a la tradición
como un bagual que relincha.

¡Cuántas veces poncho mío
en tiempo inclemente y duro,
me sacaste del apuro
amparándome del frío!
Y cuando el cielo bravío
corcoveaba en refucilos,
con la trama de tus hilos
cerrada en trenza machaza;
eras como una coraza
que mella todos los filos.

Cuando te llevaba envuelto
como culebra en el brazo,
paraste más de un hachazo
que se venía a darme el vuelto.
Y corajudo y resuelto
entraste en el entrevero.
Y en más de un avance fiero,
cuando topaste un cañón,
¡te fuiste en el borbollón
hasta taparle el aujero!

Vos eras como un consuelo
cuando al tostao frente blanca,
le acariciabas el anca
como peinándole el pelo.
Y cuando en brusco revuelo
lo chicotiabas, travieso,
él encorvaba el pescuezo
como mirando la senda;
y me iba pidiendo rienda
mientras bordaba un bostezo.

¡Poncho de mis campereadas,
mis sueños y mis recuerdos;
que cruzan dulces y lerdos
por mis horas perfumadas.
Al evocar la jornada
que compartimos los dos,
yo siento como una voz
que desde el fondo me grita:
-"¡En esta tierra bendita
mi mejor amigo, sos"!