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martes, 2 de enero de 2018

El Rosillo Malacara





Ya que me han dado un barato
y estando entre gente criolla
vi'hacer correr por la argolla
el lazo de mi relato,
aunque a veces me abatato
como novio el primer día,
cuando siente el alma mía
que el recuerdo me acollara
al Rosillo Malacara
que ensillé en mis correrías.

Para ese tiempo ya ido
por mi oficio de resero,
a los viejos Mataderos
caia con tropa tupido;
por guapo y por decidido
lucía el Rosillo un cartel
y aunque una tropilla fiel
tenía de Moros, iguales,
siempre entraba a los corrales
capatazeando con él.

Aunque era una obligación
al pisar el empedrao,
andar siempre bien montao
para evitar un papelón
por si algún toro malón
de lomo color cotorra,
como buscando camorra
se le volvía sobre el pucho,
capaz de hayarlo el matucho
y hacele apretar la gorra.

Yo jamás me vi en apuro
mientras ensillé esa prienda
y eso que anduve entre haciendas
de cuidao ¡se lo aseguro!
Mestizos criollos oscuros
de los sitios más lejanos,
algunos tan orejano
que podría decir sin yerro
que hasta el día del encierro
no habáan visto un cristiano.

Desde el Río Colorao
traje una vez en un lote:
un toro bayo grandote
más malo que indio mamao;
tal vez de puro cansao
se entró a enojar el sanguanga
y casi arruina la changa
porque entre gente campera
no había 'cristo' quien pudiera
hacerlo entrar a la manga.

Al sentir mi orgullo herido,
como ensayando un desquite,
le hice al Rosillo un convite
y el aceptó mi pedido;
le solté como un bramido
-"¡Guarda Toro!" pa´que escuche !
Y cuanto movió el mapuche,
y lo calcé en las costillas
lo hice juntar las varillas
contra los palos del buche.

Había que verlos al matrero
con ínfulas de capanga
entrar dobao a la manga
balando como un ternero;
aplaudían los corraleros
del pingo las acrobacias
y el Rosillo con audacia
teniendo al toro quietito
que estornudaba bajito
como dándole las gracias.

Como ésta que aquí recuerdo
tengo cientos que olvidé
porque el tiempo se me fue
en su lomo al tranco lerdo,
en ocasiones me pierdo
rondando en la lejanía
cuando siente el alma mía
que un recuerdo me acollara
al Rosillo Malacara
que ensillé en mis correrías !

lunes, 14 de julio de 2014

Pialando Miserias




Temprano ensillé el “rosillo”
y acomodé en la encimera
la llave torniquetera
y un lazo corto y sencillo.
El ovejero amarillo
observando mi quehacer
como sabiendo el deber
por gusto que le provoca
con el cabresto en la boca
me invitaba a recorrer.
Volví a buscar la cuchilla,
los cigarros y el sombrero;
de paso solté al nochero
que relinchó a la tropilla.
Una neblina tordilla
dentró a mojarme el recau
y en el vapor levantau,
Tata Dios lucía sus mañas
bordando de telarañas
los hilos del alambrau.

Abrí la primer tranquera
sin bajarme del “rosillo”
y entre a contar los novillos,
con conocencia campera.
Ya noté que en la primera
uno me andaba faltando,
los volví a contar, mirando
con duda en el entrecejo
cuando algo extraño, a lo lejos,
me hizo salir galopando.

De un tironcito exigido
llegué y rodeau de chimangos,
‘taba el poncho de un polango
en el alambre tendido.
Desmonté medio afligido
observando los detalles,
rogando que no me falle
la sospecha que tenía,
por unas marcas que había
en dirección a la calle.

Hallé al final de mi empeño
como a cien metro’el rodau
de un carro desvencijau,
que bien conozco a su dueño
cuando el hambre mata el sueño
la razón de a poco merma,
y no hay honradez que duerma
si allá en su tapera están
diez bocas pidiendo pan,
y una mujer muy enferma.

Cabresteando a una razón
y echando en el anca el cuero,
dejé al tranquito el potrero
pa’ cumplir con la misión
de anoticiarle al patrón,
que al “negro” en una pialada
por curarle una abichada
sin querer lo desanqué,
sobre el pucho lo cuerié
y se lo di a la perrada.

jueves, 1 de mayo de 2014

El último pial

(Fotos: René Burri)


Tal vez por haber venido
de algún criollo antepasau,
salí bastante avispau
pa’ revolear el torcido.
Entre muchos fui tenido
como un picaflor certero,
y en el ambiente campero
ni bien las yerras llegaban,
los patrones se peleaban
pa’ convidarme primero.
Sin hacer distingo alguno
de corral o puerta afuera,
tumbé manadas enteras
con otros tantos vacunos.
Yeguas, potros y torunos,
padrillos de crin volcada
al toparse con mi armada,
atestiguarlo me atrevo,
¡quedaban mostrando el cebo
como cuzco en tierra arada!
Entrando un poco en detalles
y hablando de piales puros,
era pa’l golpe seguro
como rodada en la calle.
Una vez a un tal Lavalle,
criador de criollos lobunos,
en el momento oportuno
que quiso probarme el filo,
le agarré “dieciocho” al hilo
sin que se zafe ninguno.
Tenía un lacito cortón
entrador y silencioso,
que era pa’ mi de goloso
como el queso pa’l ratón.
Con él en una ocasión
que era pión de un tal Arriola
porque no me daba bola
la menor de las muchachas,
le quebré una oveja guacha
y me pelaron la cola.
Cada vez más ponderau
por patrones y mensuales,
anduve por mil corrales
con mi lisito mentau,
sin darme cuenta, encelau,
que descuidaba mi hacienda,
la cosa fue que mi prienda
por ligerona y despierta
al ver la tranquera abierta
buscó el campo a media rienda.
¿Ande te irás orejana?
le grité y armé con torta,
que si el tiento no se corta
aquí te espero mañana.
Le tiré con tantas ganas
que de angurriento la paso,
y pa’ aumentar mi fracaso
en mi tiro más maleta
le agarré media paleta
y se me fue con el lazo.




Entrevista a Carlos Loray

miércoles, 30 de abril de 2014

Pico a pico




En el último potrero
de la estancia La Amarilla
estaba Juan Cabanilla
cambiando un torniquetero,
cuando al grito de los teros
medio bordeando el camino,
en un lobuno barcino
venía Clarito Esquivel
puestero también como él,
pero del campo vecino.

Como viejos conocidos
se saludaron atentos
y en camperazo acento
entraron a hablar tupido,
de los casos conocidos,
de toros, de pariciones,
de padrillos, de galpones,
de cosas sin importancia,
del trabajo de la estancia
y el trato de los patrones.

Hablaron de las cosechas,
de semillas importadas,
de las grandes tractoreadas
y de las melgas derechas.
De lo bien que se aprovecha
el campo con los boyeros,
de molinos, bebederos,
caminos y terraplenes,
de la yerras que se vienen,
de lazos y de terneros.

Hablaron de tiempos duros,
del precio del almacén,
y de la muerte también
de la esposa de Don Arturo.
De los chicos, y el apuro
pa' mandarlos a la escuela,
del julepe'e doña Nela
cuando al cruzar las vías
le echó viento el otro día
el tren que va pa' Cañuelas.

Hablaron cuasi a las risas
con maliciosa jarana
del pobre chueco Maidana
que lo dejó La Petisa,
del platal que se precisa
pa' facturar este invierno,
de los cochazos modernos
que cambia el hijo 'el patrón,
del último ventarrón
y del rumbo del gobierno.

Hablaron tanto y tupido
hasta que el buche molesto,
le hizo acordar que en el puesto
está el puchero servido.
Apuraron un despido
como quien hace algo malo
y a lo peludo e' regalo
cayeron justo a comer,
Clarito sin recorrer
y Juan sin cambiar el palo.


(Pintura: Rodolfo Ramos)

miércoles, 13 de marzo de 2013

Probando las sogas



Con el motivo sencillo
de cumplir una gauchada,
eché al corral la potrada
y embozalé un doradillo;
marca de Urbano Estabillo,
criador de puros de trote,
quien me encargó de rebote
que en cuanto un lugar le hiciera,
le agarre ese potro que’ra
medio durón de cogote.

El bagual de encuentros anchos,
alto y de estampa morruda,
podía decirse sin duda
que’ra grande como un rancho.
Entró a gritar a lo chancho
ni bien le apliqué el rigor
-cuando ayudao por Fanor,
el mayor de mis muchachos-
lo acollaré al de quebracho
con un nudo potreador.

Al verse atao, con asombro
se entró a sentar de manera,
que parecía que quisiera
echarse el palenque al hombro.
Yo cerca y sin mucho escombro
por mis guascas campechanas
le iba gritando con ganas
-aunque midiendo los kilos-
¡¡Podés sentarte tranquilo
que no estás atao con lanas!!

A las dos o tres jornadas,
de tirar a lo pavote,
lo vi aflojar el cogote
y mezquinar las colgadas.
Mis sogas por bien sobadas
ni lo habían lonjiao siquiera,
entonces a la manera
del que conoce el trabajo,
lo entré a zamarrear de abajo
a dos laos, de la hociquera.

Decirles, está de más
que aquel cogote de fierro
al mes era como el perro
pa’ cabrestiarme de atrás.
Era tan dócil y audaz
que en más de una ocasión
se me vino, el mancarrón,
tan encima de las patas
que me sacó la alpargata
machucándome un garrón.

Hoy ya listo pa’ entregarlo,
y ver coronao mi empeño,
espero que venga el dueño
un día de’stos a buscarlo.
Mientras me place mirarlo,
cuando en el palo se azoga
mi estirpe criolla se arroga
deseando que alguien me mande
cada tanto un potro grande
pa’ poder probar las sogas.

jueves, 21 de junio de 2012

El cuento (Valseao)



Inundaba la cocina un olor a pan casero
Tres platos sobre la mesa invitaban a almorzar
Y dos manos laboriosas emblanquecidas de harina
Trajinaban diligentes en el seno del hogar.

Llego el hombre desde el campo, con media jornada a cuestas
Saludo a su compañera en amoroso ademán
Y al buscar la frente hermosa del hijo que tanto amaba
El beso que le ofrecia se le quedó en un afán.

Porque el niño, de diez años, que era un canto de alegria
Como flor de buenas noches con su blanco delantal
Con un velo de tristeza empañando sus pupilas
Tornó esquivo la cabeza cuando él lo quiso besar.

Quedo el hombre sorprendido ante el hecho inesperado
Y buscando una respuesta con un gesto paternal
Olvidando su cansancio lo sentó sobre su falda
E inquiriole dulcemente la causa de su pesar.

Entonces el niño bueno que siempre fue su esperanza,
Su desvelo, su fatiga y el sol de su despertar,
Respondió con voz quebrada casi al borde del sollozo
En la escuela me dijeron que vos no sos mi papa.

Una ronda de silencio giró en torno de la mesa,
Un padre busca palabras difíciles de encontrar
Y una madre en la cocina aviva la leña verde
Como culpándolo al humo que la está haciendo llorar.

Después de un hondo mutismo, frente al niño compungido
Dijo el hombre emocionado pero con firme expresar
Te voy a contar un cuento que nunca conté en tu cuna
Porque este cuento hijo mio es un cuento de verdad.

Hace ya mas de diez años al llegar la primavera
El amor te hizo semilla en el vientre de mama
Que amaba a un muchacho pobre, el mejor de mis amigos
Pero honrado en su pobreza y bueno como el que más.

Esperando tu llegada hicieron yunta enseguida
Al abrigo de un ranchito como nido de torcaz
Aunque escaseaba el trabajo, a fuerza de changa y besos
Le hicieron frente a la vida con la fe del que es capaz.

El tiempo siguió su marcha y fue gastando las lunas
Ya estaba tu sabia nueva de la vida en el umbral
Cuando a la humilde morada que cobijaba tus sueños
La entró a cercar la miseria con su triste realidad.

No tenía tu pobre madre ni un pedazo de pan duro
Que alimente sus pezones cuando quisieras mamar
Un trasto desvencijado te habría de servir de cuna
Y un poncho deshilachado seria tu soñado aguar.

Entonces el mozo bueno como última esperanza
Salió a reclamarle al mundo la justicia y la igualdad
Un trabajo que lo honrara como padre y como hombre
Para poder criar al hijo con orgullo y dignidad.

Golpeó aldabas sin respuesta, en las mas ricas estancias
Pidió arreo a los señores que acuñan un dineral
Y a las puerta del gobierno les golpeo el cedro lustroso
Sin hallar quien lo cuarteara en su cansado bregar.

Entonces desesperado, una tarde desgraciada
Al pagador de una estancia que emboscó en un fachinal
Le arrebató los salarios y al resistirse el viajero
El facón del infortunio lo convirtió en criminal.

Por su acallado delito llego esa noche a la casa
Con las maletas cargadas de ropita sin usar
Y en el hueco de sus manos como un sagrado tesoro
Para el hambre de tu madre la providencia del pan.

Por el hecho la justicia tomo cartas en el caso
Y justo a la madrugada que el mundo te vió llegar
Como a un tigre acorralado defendiendo su guarida
Lo mató la policía al no quererse entregar.

Yo lo tuve entre mis brazos casi cuando agonizaba
Y en su último suspiro me pidio en su balbucear
Que para salvar tu honra me casara con tu madre
Y te criara como a un hijo sin decirte la verdad.

Con tu madre desdichada cumplimos el juramento
Y desde entonces este rancho es de los tres el hogar
Donde vas creciendo fuerte al amparo de mis brazos
Y mi nombre y apellido es mi mayor capital.

Alzó el niño la cabeza después de escuchar el cuento
Y abrazándolo con fuerzas que sus diez años le dan
Gritó lleno de alegría: "ya no llores más mamita
En la escuela no sabían que yo tuve dos papás".

Así soy



Por si hace falta algún dato
pa'que aprecien mi persona
cuando tiemplo las bordonas
pinto en versos mi retrato.
Soy macanudo en el trato
si entre puebleros me toca
mas si alguno me provoca
soy como pava de lata
y a veces meto la pata
por no callarme la boca.

Pa'cabrestiarle al amor
no preciso mas señuelo
que el perfume de un pañuelo
o el pétalo de una flor.
Como he nacido cantor
tengo arrastre mas o menos
y aunque me gusta el sereno
pa'evitar algún reproche
he pasao más de una noche
tapao con un poncho ajeno.

Pero entre tantas ganadas
tengo errores desde luego
porque a veces en el juego
se echar la falta sin nada,
mas si copo una parada
estando en terreno ajeno
suelo tantear el terreno
pa'saber donde me planto
y dos por tres me levanto
con el tirador bien lleno.

Hay tienen por si precisan,
presenté mis credenciales
como señas naturales
que a mi raza simbolizan.
Tengo una sola divisa
que es mi fortuna mayor
y un orgullo superior
que en mis gestos se revela
haber nacido en Cañuelas
y de yapa payador.

miércoles, 6 de junio de 2012

Sin candao

(Pintura: Rodolfo Ramos)
Ya amagaba la oración
un horizonte rosillo
cuando al puesto en un tordillo
cayó el hijo del patrón.
Un mocito chapetón
que vi nacer en las casas,
pero como el tiempo pasa
y ande hay yeguas nacen potros
se hizo grande entre nosotros
en la estancia: "La Torcaza".

Supuse mientras llegaba
que sería pa'mi el encargo
ya que hacía dos meses largos
que mi jornal no cobraba.
Y en tanto lo saludaba
a los perros espanté,
a desmontar lo invité
con sincero cumplimiento,
y al ofrecerle mi asiento
un amargo le alcancé.

Lo aceptó medio a desgano
como escondiendo un recelo,
y ahi nomás le agarré al vuelo
que algo se traía entre manos.
Porqué no te irás al grano
pa'mis adentro pensaba,
y al ver que no se largaba
le puse el pie en el estribo,
preguntándole el motivo
que a mi rancho lo acercaba.

Me dijo con arrogancia:
-"Con mis dieciocho cumplidos,
"tengo el derecho adquirido
"de ser patrón en la estancia;
"acá hay cosas de importancia
"que se manejan muy mal,
"y por derecho legal
"que mi padre me concede
"desde hoy seré para ustedes
"el mandamás general".

"Primero sepa don Lino
"que este puesto que usted ocupa
"es el que más me preocupa
"porque está junto al camino.
"¡Qué tentación me imagino,
"pa'los otros que usted sabe!
"y como el caso es muy grave
"y acá viene mucha gente
"la tranquera permanente
"me la va a tener con llave".

Qué sacudón, ¡la gran siete!
me pegó con su argumento,
que pensé por un momento
darlo vuelta de un moquete.
Pero asujetando el flete
dejé pasar la tormenta,
y hayando una frase atenta
le dije en tono severo,
-"Antes de hacerlo, prefiero,
que me haga arreglar las cuentas".

"Son veinte años de mensual
"que llevo aquí compañero,
"sin que jamás de un potrero
"se me pierda un animal.
"No vaya a tomarlo a mal
"si en algo me estoy pasando,
pero puede irse grabando
"como que soy Lino Aldao,
"que no hace falta candao
"donde yo esté trabajando".


sábado, 5 de noviembre de 2011

Me alcanza y sobra

(Foto: Eduardo Amorim)

Frente a la azul maravilla
de un campero amanecer
siento el alma florecer
al contemplar mi tropilla;
cuando mosquea la rosilla
y suelta “el ciervo” un reflejo
se me hace al verlos de lejos
sobre el canto de una loma,
que es otro sol que se asoma
entre los ocho azulejos.

Con ellos tengo a destajo
arreo a los cuatro viento
ya que son un documento
pa’garrar cualquier trabajo,
a cual más manso de abajo
y aunque recién enfrenao,
si hay que mudar apurao
bajo una tormenta fiera
son de manotear cualquiera
a lo oscuro y emponchao.

Pa’ lucir en el recao
tengo unas pilchas de plata
que fueron del finao Tata
y son mi mayor legao;
un tirador escamao
en monedas nacionales
con la flor de los cardales
en la rastra que atesoro
y un facón que tiene en oro
grabadas mis iniciales.

Debajo de un sauce criollo
florecido de jilgueros
tiende mi rancho un alero
dando espaldas al arroyo,
me lo ha bordao a pimpollos
por fuera cada malvón
y adentro en algún tizón
suelo hallar compuestos largos
mientras me endulza el amargo
las horas junto al fogón.

Por si fuera poca cosa
lo que la vida me ha dao
tengo al mío acollarao
el corazón de una moza,
ella cuida primorosa
mi tiempo de verseador
y hasta me siento cantor
cuando le observo aunque a gatas,
como le abulta la bata
el fruto de nuestro amor...

martes, 10 de mayo de 2011

Un relincho al cielo

(Pinturas: Pablo Uriburu)

¡Tata Dios, Señor del Cielo,
de montañas, de valles y praderas,
de la pampa interminable
donde siempre galopó mi raza vieja
en manadas cimarronas que crecían
como crece el pastizal sobre la tierra;
sin más corral que la cinta'e los arroyos,
ni más palenque que el ombú de sombra buena...
¡escuchá por favor este relincho
que más que relincho es una queja!

¿Porqué el hombre, el rey de la creación,
el ser más perfecto que Tú hicieras,
el que tiene el don de la palabra
y puede razonar, cuando se acuerda,
el que a gusto y semejanza de tu imagen
puebla por millones el planeta;
se olvida del amor que el inculcaste
cuando enviaste a Jesús a orar la tierra.
Se olvida que la vida es solo Tuya,
sin distinción de raza ni de época,
se olvida de nosotros que por siglos
estuvimos a su lao pa lo que fuera,
sin fijarnos ni en su raza, ni en su causa,
ni en su edad, su religión o en su bandera.

Con el indio, en la pampa interminable,
maloneando por amor a su querencia...
Con los hombres de mayo, sin descanso,
llevando la ilusión a media rienda
cuando hervía en las venas de la patria,
las ansias de ser libre toda América...
Con el gaucho, entre ponchos colorados
haciendo con Güemes la proeza,
meyando las charrascas con el pecho
cuando enrejamos de lanza la frontera...
Con el soldao, nadando en sangre,
en los campos de Maipo en cruentas guerras,
o ateridos de frío entre las cumbres,
al cruzar San Martín la cordillera...
Con el hombre de trabajo sudoroso,
destripando terrones con la reja,
pa sembrarles en el vientre una esperanza,
que se haría realidad en cada mesa...
Con el mensual humilde en las estancias,
entre lazos, pechadas y tranqueras,
repuntando guampudos capitales
que le dan al patrón mayor riqueza;
esa que saca a relucir sobre nosotros
cuando ensilla su chapeao y su soberbia...
Con el niño hasta de a tres en cada escuela,
ni más sombra que la ondeante sombra
que nos presta el poncho azul de la bandera...
Con los enfermos, acortando distancias pantanosas,
llevando los remedios con urgencia
o cuartereando parturientas ilusiones
con apuros de llanto en la sotera.

Y hoy, ¡já! y hoy no sirve nuestro lomo pa su causa
porque tiene el poder que da la ciencia,
ya no sirven nuestras fuerzas pa'l trabajo
porque tiene su ganancia sobre rueda
y precisa de la luz de nuestra pata
pa trerle un dotor a media rienda,
solo sirve nuestra sangre pa su causa,
nuestro hueso, nuestro cuero, nuestra cerda,
diezmándonos sin asco, cada día,
cegao por la ambición de la moneda.

Por eso... ¡Tata Dios, este relincho,
por eso... pa ver si tu poder que todo enmienda,
le toca el corazón a nuestro amigo,
le torna la razón y la conciencia
y le muestra que al galope que llevamos,
cerquita nomás, sobre esta tierra,
como el indio, nuestro hermano, por su culpa:
seremos nada más que una leyenda!

A don Federico Viejo


Con sus ochenta cumplidos
lo suelo ver vuelta a vuelta,
con esa actitud resuelta
de paisano bien nacido.
En un colorao fornido,
livianón y coscojero,
luce su porte campero
alto como una tacuara
y un gesto serio en la cara
curtido por los pamperos.

Saluda alzando la mano
con el rebenque anudao,
cuando transita callao
como un indio sobre el llano.
Todo su orgullo paisano
muestra en su pilcha barata:
una boina medio chata,
un cinto como no hay otro
y un par de botas de potro
donde se lucen sus patas.

Aunque está medio bichoco
por los años que amontona,
su armada nunca perdona
si hay que tumbar algún soco
y no se achica tampoco
si entra un botón a tejer
que aunque no son los de ayer
sus dedos entumecidos,
saca tientos bien medidos
como un hilo de coser.

Le pela el poncho a un novillo
si se ofrece a campo raso,
sin más ayuda que el lazo,
su colorao y el cuchillo.
Si hay que soguear un potrillo
no precisa maneador,
solo un bozal potreador
y con su astucia lo deja,
mansito como una oveja,
blandito y cabestreador.

Así es Federico viejo
de mis pagos de Cañuelas;
un criollo sin más escuela
que un tranquear duro y parejo.
En estos versos le dejo
la esperanza que algún día,
su misma estirpe bravía
le brinden algún camino,
un monumento Argentino
pa bien de la patria mía.

martes, 12 de abril de 2011

Buena mano


Hace unos meses escasos,
me enteré que un tal Ramayo
vendía en el pueblo, un caballo
y lo fui a ver: ¡por si acaso!
Resultó que era un picaso
arratonao y bragao;
que su dueño acobardao
lo vendía por las razones
que en dos o en tres ocasiones
se había con él, disparao.

El hombre poco campero,
medio tirando a chambón,
lo había comprao redomón
a la viuda de un puestero.
Y aunque intentó con esmero
sacar una buena prienda
nunca pudo hallar la senda
y al dentrar a abalanzarse
era capaz de bolearse
con el peso de las riendas.

También era de cuidao
si lo montaban de apuro,
pues salía de lomo duro
mirándose los costaos.
Bufarrón y desconfiao
miraba con gesto altivo
y con un brinco a lo chivo
era capaz, sin ver cómo,
de abarajarlo en el lomo
ni bien pisaba el estribo.

Sincero como se ve
el hombre,me da esos datos
de igual modo al ser barato
el pingo le negocié.
Pa la casa lo llevé
ansioso como muchacho,
"acetando" sin empacho,
que por esas venturas
nunca le hallaba la cura
lo hacía moneda en el tacho.

Lo dejé esa noche atao
y al otro día bien temprano,
le eché la pampa a las manos
y al lomo todo el recao;
lo monté con gran cuidao,
de arriba lo desmanié,
al tranquito lo saqué
hasta pasar las bebidas,
y a campo abierto enseguida
a galopiar lo invité.

Ni bien pisó la gramilla
quiso ganar las alturas,
¿pero de ande que hay yerba pura
cuando en la bolsa hay semilla?.
-"Es un criollo el que te ensilla"
le recordé por mi cuenta,
y como manda el que muenta
con tan solo dos tirones,
le hice arar con los garrones
ande le eche los noventa.

Un tacazo a cada lao
le acomodé de propina,
y alguno por la pretina
al notarlo abatatao,
otro tirón bien pegao
le di pa su desconsuelo,
y sin dejarlo alzar vuelo
lo hice marchar largo trecho,
con la pera contra el pecho
que ni pisaba en el suelo.

Después de unas galopeadas,
por querer probarlo a fondo,
lo mandé al corral redondo
con tuita la novillada.
Cuanto intentó una monada
le entré apretar las clavijas,
y al ratito era una fija:
metido entre los terneros
como cuzco cocinero
que ha visto una sabandija.

La cuestión que de ese día
ando nomás bien montao,
sin que le encuentre al bragao
ni una falla todavía.
Y si esto sirve de guía
y alguna enseñanza deja,
vayan parando la oreja
que aquí me juego en el fallo:
¡es bueno cualquier caballo
cuando un criollo lo maneja!

Pa' la mujer del tambero

(Foto: Ilinka Leathwood)
Antes que el canto tropero
del viejo gallo en la higuera
Empiece a arrear campo afuera
las perezas del lucero,
Ya está el farol mañanero
palo arriba servicial,
Y echadas en el corral
50 overas cargadas
Esperan pa' ser llamadas
por su nombre cada cual.

Dos voluntades parejas
reunidas en un oficio
Desgranan su sacrificio
sin pronunciar ni una queja
Él, un vasco, que refleja
las virtudes de una raza.
Ella, una criolla machaza
que no tiene más fortuna
Que dos cachorros de cuna
durmiendo solo en las casas.

Por eso de cuando en cuando
los mira de una corrida
Regresa al trote enseguida,
apoya y sigue ordeñando.
No le afloja ni jugando
porque el que afloja se atrasa
Y cuando la ultima pasa.
y tapa el último tarro
Mientras el vasco ata el carro
ordeña la de las casas.

Después le ayuda a cargar
los panzones de cincuenta
Mientras va sacando cuentas
qué cosas le va a encargar
Ya en la cocina al dentrar
calcula el tiempo perdido
Y aunque es escaso y medido
prepara en forma resuelta
Un churrasco vuelta y vuelta
pa´ que pellizque el marido.

Cuando el carro al trotecito
se va con rumbo al camión,
Hierve en el viejo fogón
la leche a los muchachitos.
Piensa sentarse un ratito
pero abandona la idea
Porque la mesa blanquea
de platos sucios y copas
Y tiene un montón de ropa
esperando en la batea.

Y así con tantos quehaceres
sin pretensiones grandiosas
Es peón, es madre y esposa
sin que ninguno se entere.
Ejemplo de esas mujeres
que apuntalan el país
Porque tienen la matriz
fecundada de nobleza
Y no precisan riqueza
pa´ nacer y ser feliz.



miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi tijera tuzadora


En una vaina de cuero
y pa que bien me la proteja,
tengo una tijera vieja
de mis tiempos de campero.
Marca "Ciervo" y buen acero,
son sus criollos atavismos
y aunque el tiempo y sus modismos
me dejó a pata en la huella;
la guardo porque con ella
me siento montao lo mismo.

El recuerdo de un amigo
que en mi memoria aun se queda,
un tal Victoriano Arquieda,
muy generoso conmigo.
Ella fue solo el testigo
cuando una ocasión me dijo:
-"Por paisano y por prolijo
es tuya esta pertenencia,
porque sos de mi querencia
como uno más de mis hijos".

Si habré conformao mirones,
con su filo como aceite,
cuando era pa mi un deleite
de emprolijar mancarrones.
Y esos crudos cimarrones
que no conocían bozal,
tras la rodada de un pial
y al filo de mi tijera;
me dejaban la clinera
como alfombra en el corral.

Y ni que hablar del picaso,
que cuando mozo montaba,
que antes de salir le echaba
un retoque por si acaso...
Y si al verme tras del paso
más de una moza pueblera,
supo decir salamera
pero con cierta verguenza:
"con gusto daría mis trenzas
pa'l filo de esa tijera".

Una vuelta que la mala
me había chupao como anguila,
fui anoticiao de una esquila
allí en la Estancia "Los Talas".
Allí don Rito Barcala
me dió trabajo conciente
y en el tiempo suficiente
terminé y me eché el regreso,
con ciento setenta pesos
y un capón de cuatro dientes.

Hoy que de viejo me agacho,
como ladrón de zapallo,
y no tengo ni un caballo
pa florearme en algún penacho,
vuelta y vuelta me despacho
como muchacho bandido,
y a la vieja en un descuido
y aunque por ahi se retoba,
suelo tusarle la escoba
para escucharle el sonido.


jueves, 30 de abril de 2009

Como los toros.




Don Abelardo Rufino
Estancia "La Santa Marta":
le hago llegar esta carta,
que lo haye bien, me imagino.
Y ya que somos vecinos
y como tal lo valoro,
casi en mis líneas le imploro
que me acepte sin tranquera,
mi disculpa más sincera
por la cuestión de los toros.

Mi muchacho me ha contao
que, de los nuestros, el overo;
se ha pasao a su potrero
arruinando un alambrao.
Y aunque en las casas se ha criao,
de grande se ha puesto malo;
y en cuantito me refalo
le da por hacer baruyo
como aura que con el suyo
peleando, han roto los palos.

También se habrá anoticiao
que hace poco un mancarrón
me dió un tremendo apretón
y estoy en cama postrao.
Pero en cuanto esté sanao,
ya que algo mejor me noto;
y el dotor le ponga coto
a tanto ungüento y emplasto;
iré a cubrirle los gastos
y a arreglar lo que se ha roto.

También mi hijo me contó,
que cumpliendo mi pedido
al ir a ver lo ocurrido
medio mal me lo trató.
Y si es que el chico entendió,
perdone que lo rebaje,
usted que es puro linaje
debe saber se me antoja,
que cuando un toro se enoja
no hay alambrao que lo ataje.

Es que los toros también
sienten amor a su modo
y a guampa resuelven todo
sin preguntar quién es quién.
En cambio el hombre pa bien,
con su clara inteligencia,
procurando con pacencia
que cualquier destino se abra
tiene el don de la palabra
para sanjar diferencias.

Pero tampoco está escrito
que los ricos y mandones
hagan valer sus razones
sin dialogar y a los gritos.
El rezo se hace bajito
y hasta al mismo Dios contenta;
en cambio el truena revienta
atribulando hasta el alma,
y en lugar de traer calma
agranda más la tormenta.

Mi carta solo refleja
Don Abelardo, el deseo
que este entripao medio feo
sea pronto historia vieja.
Soy manso como una oveja
aunque a veces me acaloro
y si por hay me encocoro
y usted me hace contrapunto
terminamos el asunto,
como lo hicieron los toros.


martes, 28 de abril de 2009

Poniendo... estaba la gansa!


Hace unos años atrás
cuando era mensual de estancia
y arrendaba las ganancias
rindiendo como el que más,
tuve un patrón por demás
serión y medio altanero
y aunque de cuño extranjero
por la sangre que traía,
era si se le ofrecía
campero entre los camperos.

Sabía, llegao el caso
capar a fuego un potrillo
o recostar un novillo
en un pingo como hondazo.
Se defendía con el lazo
haciendo grande la armada,
lo he visto en varias jornadas
como una cosa sencilla
ayuntarle las ranillas
a la yegua más pesada.

A mí siempre me toreaba
al verme medio callao
hasta que un día cansao
topé y le pisé la taba.
Y aunque medio seco andaba
me jugué una paga entera
-"que a la potra zaina overa
que guardaba pa'l carruaje,
se la tumbaba de un viaje
de revés y puerta ajuera"!

la yegua de unos seis años
muy arisca y bufarrona
tenía sangre percherona
a juzgar por el tamaño
y aunque soy bastante huraño
pa meterme en una apuesta
en una ocasión como esta
hasta el alma me jugaba,
porque el rico precisaba
que alguien le baje la cresta.

El contándola ganada
sin andar con mucho amago
me dijo al instante: - "Pago!"
y mandó echar la yeguada.
De contenta la peonada
le hicieron calle al instante
mientras que yo vigilante
sin que la ocasión me aturda
revoleando pa la zurda
la esperé más adelante.

Entre un revuelo de clinas
y el batallar de los perros
medio atorando el cencerro
salió en punta la madrina
atrás una zaina fina
enfiló con su potranca
y cuando meneando el anca
pasó sin vista la overa
se lo prendí hasta la pera
y me senté en la retranca.

Con ruido a cincha cortada
la yegua acentó el flequillo
que hasta el pelo de potrillo
le vi por estar preñada
fue tan grande la tirada
que al afrirmar los garrones
pa risas de los mirones,
amén de que eran baratas,
me rajó las alpargatas
lonjeándome los talones

Hasta que al fin allá lejos
haciendo un esfuerzo macho
la volqué sobre el penacho
pa que corra como un tejo
-"que lo parió! gritó un viejo
en una criolla alabanza
mientras que yo sin tardanza
golpeándome la muñeca,
le grité al patrón que: "clueca,
poniéndo estaba la gansa!".