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martes, 13 de noviembre de 2012

El vino


(Pintura: "Acodao" por Gustavo Solari)


Sí señor... el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla;
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando, pecho adentro,
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena,
que por ser pena, es amarga;
sobre su palco de fuego,
la pone a bailar descalza.

Baila y bailando se crece,
hasta que el vino se acaba
y entonces, vuelve la pena
a ser silencio del alma.

Sí, Señor, el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Cosas que queman por dentro,
cosas que pudren el alma
de los que bajan los ojos,
de los que esconden la cara.

El vino entonces, libera
la valentía encerrada
y los disfraza de machos,
como por arte de magia...

Y entonces, son bravucones,
hasta que el vino se acaba
pues del matón al cobarde,
solo media, la resaca.

Sí, Señor, el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz a la espalda.

La impura se piensa pura,
como cuando era muchacha
y el astado regatea
la medida de su drama.

Y todo tiene colores
de castidad, simulada,
pues siempre acaban el vino
los dos, en la misma cama.

Sí Señor, el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Pero... ¡qué lindo es el vino!.
El que se bebe en la casa
del que está limpío por dentro
y tiene brillando el alma.

Que nunca le tiembla el pulso,
cuando pulsa una guitarra.
Que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas.

Que cuando tiene un pecado,
siempre se nota en su cara...
Que bebe el vino por vino
y bebe el agua, por agua.
 


 

jueves, 24 de mayo de 2012

Rosa Leyes, el indio (Vidalita)


Qué más da que yo le cante, vidalita,
si se quedó en el camino,
siempre de tosca y abrojos, vidalita,
Don Rosa Leyes, el indio.

Fumaba siempre la pipa, vidalita,
que le regaló el destino.
El era amigo de todos, vidalita,
y nunca tuvo un amigo.

Aunque inocentes, a veces,vidalita,
qué malos somos de niños.
Nos burlábamos, me acuerdo, vidalita,
de Rosa Leyes, el indio.

Le quitaron el caballo, vidalita,
mucho antes de haber nacido
y fue arriero de su vida, vidalita,
de a pie, como un peregrino.

Porque él era de otra raza, vidalita,
que el hombre blanco no quiso
que galopara la pampa, vidalita,
como Dios lo había previsto.

Un día se fue despacio, vidalita,
como abrazando al olvido.
Con un poco de tabaco, vidalita,
y una limosna de vino.

No hubo ni llanto ni duelo, vidalita,
por Rosa Leyes, el indio.
Su muerte, toda la vida, vidalita,
se la fue llorando él mismo.

Por eso qué mas da que yo le cante
si se quedó en el camino,
siempre de tosca y de abrojo
don Rosa Leyes, el indio.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Campos pampeanos


Campos pampeanos...
sol derramado.
Sueltas las riendas de mis recuerdos,
en esta noche se han desbocado,
como el pampero que grita: ""Vuelvo""
cuando recién nomás, ha pasado.

Campos pampeanos...
sol derramado.
En el silencio de tanta tierra,
jugué de niño con la esperanza,
pero la aurora dura muy poco
y así de poco, duró mi infancia.
Luego en mis años de adoslecencia
llegó a mis manos una guitarra,
me habló de cosas, me dijo: ""vamos""
y monté el potro de la distancia.

Hoy ya soy árbol que tiene flores
y algunos nidos entre las ramas
y sin embargo, mi pobre sombra
no da más sombra que a mi nostalgia.

Campos pampeanos...
sol derramado.
Yo bien quisiera con mis aperos
de muchas leguas y algunas canas,
volver un día, como el pampero,
pero a quedarme, mi tierra larga.

Campos pampeanos...
sol derramado.