"...guacho y gaucho me parecían lo mismo, porque entendía que ambas cosas significaban ser hijo de Dios, del campo y de uno mismo". (Don Segundo Sombra)
Al cáir al rancho de güelta
en una oración tan fría
aquerencia la alegría
tibia, que la brasa suelta;
el fogón, en su resuelta
atitú de dar calor,
ofrece’l reparador
amparo de su templanza,
y el cuerpo mejor descanza
con un mate sentador.
A un banco que suelta quejas
-sentao- las botas me saco
y los pie’ cansao atraco
a unas alpargatas viejas;
al bigote y a las cejas
los siento como mojao,
a los ojos, achinao,
y a la cara muy reseca
¡que te hace’l frío una mueca
el gesto más delicao!
Suerte que al lao del fogón
se hacen las horas serenas,
hasta se’ntibian las penas
y se templa el corazón.
Un charrusco sabrosón
bien empareja las cargas
y acorta las noches largas
un verso de muchos pié,
de’sos mesmos que trencé
en tiempo de horas amargas.
Al catre va la osamenta
pa’ redomoniar un sueño,
que amuestra la noche’mpeño
pa’ una helada suculenta;
más de una matra calienta
la cama de mi sosiego
y endemientras que m’entriego
dispacito al dormir mío
pienso, ¡amalaya, que frío!
…y habré de toparlo, luego…
Después de haber castigao
quemando en forma severa
el sol dió la vuelta entera
y allá abajo se ha tumbao.
Sus rayos han aflojao
y ante sus fuerzas escasas
librao de sus amenazas
voy a marchar con la fresca,
pa que así cuando amanezca
me halle cerca de las casas.
Allí cerca, a la madrina
diez rosillos la rodean;
diez pingos que se florean
si les toca una fajina.
Una que otra cina-cina
le hacen marco a la visual,
y el reseco pastizal
al mirarlo así aparenta
una alfombra amarillenta
que nace atrás del corral.
Ya queriendo anochecer
casi estando entre dos luces
desde el puesto "Los Ombuses"
la vuelta voy a emprender.
Salí al tranquito y al ver,
del sol muy escasos brillos,
entre el canto de los grillos
vi echando atrás a mirada,
que seguían a la gatiada
los otros nueve rosillos.
En un silencio absoluto
que ni se siente avanzar,
la noche, al poquito andar
se está vistiendo de luto.
La distancia le discuto
a la güeya con prudencia,
porque yo tengo querencia
y estoy ansiando el regreso
impaciente como el preso
que está esperando sentencia.
El montado, de improviso,
una espantada me intenta
al ver blanquiar la osamenta
de un animal yeguarizo.
Alzo la vista y diviso
todito el cielo estrellao,
y hasta se me ha figurao
viendo allá arriba la cruz
que estoy mirando al trasluz
un poncho todo augeriao.
Corría un vientito de frente
medio fresco y además,
arreaba pa el lao de atrás
la polvadera caliente.
Al tranco y pausadamente,
de mi voluntad muy dueño
sigo el rumbo con empeño
y a los amagos primeros
entre el cencerro y los teros
me van ahuyentando el sueño.
Me doy cuenta al ir marchando
aunque parezca mentira
que una lechuza me mira
y un chajá me está sobrando.
Más allá como añorando,
está un viejazo esquinero
donde hizo nido un hornero
y al verlo tan tieso y mudo
parece un negro desnudo
que está parao sin sombrero.
Paré pa mudar caballo
en la inmensa soledad,
calculando la mitad
si en la distancia no fallo.
Pa que sepan les detallo
todo el cuidado que tomo,
y con precaución y aplomo
al soltarlo a mi rosillo
con el revés del cuchillo
le di vuelta el pelo al lomo.
Ni un alma se me ha cruzao
mientras voy pa mi destino
porque en la noche, el camino
es muy poco transitao.
Pa hacer las penas a un lao
que me atropellan de intento
le doy vuelo al pensamiento
y un estilo en la ocasión
es freno pa el corazón
y manea pa el sentimiento.
Ya en el rancho este paisano
está al cimarrón prendido,
y el día se ha sorprendido
por que le he ganao de mano.
El sol ilumina el llano
y en la campera extensión
cada rancho es un mojón,
monumentos los baguales,
y las güeyas y corrales un altar de tradición.
Limpio el sol aparecía
en la estancia “La Torcaza”
que antes era “La Picaza”
cuando otro dueño tenía,
que conserva todavía
aquel nombre, en la tranquera,
bien grabao en la madera
tal vez por el carpintero
o con un fierro, el herrero
para que no se perdiera.
Don Ramón, el peón de mano,
lleva leche a la cocina
que recibe la Malvina
levantada de temprano;
relincha el petizo ruano
que está encerrao, impaciente,
porque ha visto de repente
que el boyero, con morral,
se va acercando al corral
pa’ que le de gusto al diente.
Domingo. Llega el patrón
con su grupo familiar
y lo espera un costillar,
chorizo’ y medio capón,
custodiao por Don Zenón
y ayudao por el boyero
que ponía mucho esmero
en los consejos del viejo,
que pa’ él era un espejo
en los trabajos camperos.
Después de haber almorzao
con pasteles y empanadas,
apareció la encordada
en manos de un invitao,
mozo que no era rogao
pa’ pulsar el instrumento
con décimas al momento,
o triunfos, estilos, huellas...
¡Si parecía una estrella
que bajó del firmamento!
El cielo que se ha nublao
anuncia la Santa Rosa
y ya el patrón con su esposa
se han ido para el poblao.
La lluvia se ha desatao,
dan anca los animales,
debajo de los sauzales
se amontona la majada
y olor a tierra mojada brota entre los pastizales.
Fue un bajo, después laguna,
con el tiempo se hizo isla;
el río le fue arrimando
tierra y agua, sauces, vida.
Don Pedro la vio creciendo
mientras sus hijos crecían.
Se van yendo río abajo
esos hijos de la Luisa.
-“Hay que entender esta vida,
sabe, mozo”, me decía.
Siempre algo nos da éste río,
pero hay veces que nos quita.
Don Pedro se fue apagando
como fueguito de chilcas;
quedó prendido a la redes
una fiera amanecida
y su alma de camalote
boya entre azules crecidas.
Es eco de ausencia el rancho;
monte y cielo, vieja Luisa,
habiendo criao tantos hijos
a fuerza ‘e pan en la isla,
la isla que trajo el río,
río que nos da y nos quita.
...por la fuerte tormenta desatada a las 2.30 de la madrugada del 30/12/18
La negra comba del cielo
jué presagio’e batifondo
y rompió un trueno en redondo
los nubarrones de un pelo,
-de un relámpago el desvelo
había anunciao la junción-,
y se soltó un chaparrón
como p’ahugar a la tierra…
¡Amalaya… la gran perra,
qué tristura y desazón!
Como a baldazos se oía
que se descargaba el agua
queriendo apagar la fragua
que había tayao tuito el día;
un juerte viento corría
como arriando la calor
y a lo lejos el fragor
de un trueno tras otro diba
anunciando de que arriba
la cosa estaba pa’ pior.
Al pronto, dispués de un rayo
que alumbró por un segundo
s’hizo un silencio projundo
y amainó, como detayo:
se alzó el viento de soslayo
y pa’ otros pagos rumbió,
el agua se serenó,
s’hizo el chaparrón garúa,
y unque liso continúa,
lo pior -pienso-, ya pasó.
Se jue’scurriendo la noche
y cuando amagaba el día
con la primer luz se vía
que’l viento tayó a derroche:
al tala l’hizo un desmoche
que amontonó contra el pozo,
que se’ncuentra pesarozo
porque le ladió el crucero
y en las chapas del chiquero
dejó enroscao un destrozo.
El arroyo es un espejo
yenito de oriya a oriya
y el agua del bañao briya
limpita, a puro reflejo.
El tormentón se jué lejo’
tras de su azote brutal,
cruel pa’l hombre o animal
cuando desata su embate,
pero aura… templando el mate
¡soy capataz de mi rial!
Al río Yi
El río, rumbo que canta,
fue mi maestro primero;
junto a su espejo viajero
creció indígena mi planta;
él me puso en la garganta
las voces elementales,
cuando en tardes estivales
pasaba verde su canto,
como un torrente del llanto
vertido por los sauzales.
Azul de noches serenas,
penas de cielos nublados,
cantos, de cantos rodados
rodando por sus arenas;
ternuras dichas apenas,
rebeldías desbordadas,
súbitas luces robadas
a los cielos invernales,
cual si templara puñales
en sus entrañas heladas!
También yo templaba un rayo;
con avaricia febril,
juntaba estrellas de abril
para los versos de mayo.
Miré pasar, de soslayo,
mis colores alboreros;
buscaba los verdaderos
acordes del sentimiento,
junto al relincho del viento
desflecado en los esteros.
Y ambicionaba el arrullo
milenario de mi río,
para hacer el viaje mío
con la música del suyo;
cierta noche, en que un cocuyo
pitaba en su placidez
alcé mi canto y tal vez
por orgullo, o por halago,
me puso el cielo del pago
con estrellas a los pies.
Y crucé por su picada
milagrosa de reflejos,
y él me ascendió cantos viejos
por la sangre iluminada;
limpia luna, cincelada
por su peregrinación,
cuajó el primer medallón
de mi rastra; y ya en la orilla,
me encendió la maravilla
del lucero en el talón!
Destino dulce, y amargo,
de rumoroso sendero,
salí armado, caballero
del canto y del viaje largo;
he dejado, sin embargo,
tan honda raíz en él,
que aún soy sobre el tiempo, aquel
muchacho del mojarrero
que hizo un sueño marinero para un barco de papel..
Sobre el paño verde seco
Donde muestra la cañada
Una tarde desangrada
Detrás de un juncal enteco,
Se cuelga en el aire el eco
De un chajá que desde el suelo
Grita y levanta su vuelo
Tan lento como un olvido
Como otro intento fallido
Por querer llegar al cielo…
Están bordando la orilla
Unos flamencos rosados
Con un pespunte apretado
Sobre cetrina puntilla,
Con el agua a la rodilla
Rumean unos animales
Vestidos todos iguales
Con su traje de levita,
Completan la agreste cita
Puñados de teros reales…
Las nutrias en los junquillos
Dejan su rastro de barro
Como un dibujo bizarro
Hecho a punta de cuchillo,
Se peinan los canutillos
Mientras se mira el reflejo
El día en barroso espejo
Es un cuadro la cañada
Con silvestres pinceladas
Y de color sepia viejo….
Es muy lindo divisar
el sol en el horizonte,
escuchar entre los montes
los pajaritos cantar;
ver un paisano ensillar,
con su brioso redomón
o cantar una canción
para contemplar su china
que se encuentra en la cocina
pa'entregarle un cimarrón.
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Estilo anónimo, recopilado por Martín Pereyra tomado de su padre Oscar Pereyra.
Esta tierra es hermosa.
Crece sobre mis ojos como una abierta claridad asombrada.
La nombro con las cosas que voy amando y que me duelen;
Montañas pensativas, lunas que se alzan sobre el chaco
Como una boca de horno de pan recién prendido,
Yuchanes de leyenda
En donde duermen indios y ríos esplendentes,
Gauchos envueltos en una gruesa cáscara de silencio
Y bejucos volcando su azulina inocencia.
Todo eso quiero.
Y hablo de contrapuntos encrespados
Y de lo que ellos paran virilmente sangrientos
Cuando el vino en la muerte es un adiós morado.
Esta tierra es hermosa.
Déjenme que la alabe desbordado,
Que la vaya cavando
De canto en canto turbio
Y en semilla y semilla demorado.
Ocurre que me pasa que la pienso despacio
Y que empieza a dolerme casi como un recuerdo,
Y sin embargo, triste, la festejo.
Mato los colibríes que la elogian
Como quien apagara los pétalos del aire.
Hondeo como un niño ángeles y campanas
Y cuando así, dolido, la desnudo,
Cuando así la lastimo,
Me crece, ay, una lágrima en la que apenas si me reconozco.
Digo que me le entrego.
Digo que sin saber la voy amando,
Y digo que me vaya perdonando
Y en un perdón y en otro que le pido
Digo que alegremente voy sangrando.
Me gusta en las madrugadas
Serenas y misteriosas
Mirar con la manta rosa
Que se emponcha la alborada,
Escuchar la clarinada
Del cencerro que allá lejos
Alerta mis azulejos
Y ese monótono ruido
Como si fuera un quejido
Que larga el molino viejo.
Me gusta ver al tranquito,
Cuando pinta el horizonte,
Sombras a trasluz del monte
De colores infinitos.
Sentir… cuando necesito
El silencio campo afuera
Y en una noche cualquiera
Por temple y en la guitarra
Tocar las notas bizarra
De un estilo a mi manera.
Me gusta cuando la tarde
Viste un traje de misterios
Bajo silvestres sahumerios
Antes de que el sol se guarde;
Ver en un sencillo encuadre
Una tropilla entablada,
Con la madrina trabada
Mientras corta el domador
Un arisco flor y flor
De penacho y boca atada.
Me gusta con la tormenta
Que retoza la yeguada,
Porque en cada atropellada
Es un malón del setenta,
Ver la senda polvorienta
De los reseros de antaño
Y a veces parece extraño
Porque encuentra el alma mía
Belleza, luz y poesía
Donde otros ven campo huraño…
se escondió entre el pajonal,
esquivándosele al pial
que le tiró l’alborada;
en un charco reflejada
se miró la última estrella
y al verla plateada y bella
a l’agua de la laguna
parecía que la luna
se estaba bañando en ella.
El lucero’e la mañana
se perdió rumbo al poniente,
y el sol asomó su frente,
roja, ardiente, soberana;
sus vivos tintes de grana
cargó en unos nubarrones:
en los camperos fogones
quedó solo el bracerío
e hinchando su lomo el río
se hundió en unos cañadones.
Volvió el bullicio y asombra
al quebrar con gran derroche
el silencio de la noche
que huyó junto con la sombra;
sobre la mullida alfombra
que se tiende en la llanura,
ha engarzado con figura
el rocío, sus brillantes,
cual lagrimones de amantes
arrancaos por l’amargura.
Es la hora fresca y serena
en que la pena se olvida,
y amamos más a la vida
pues la sentimos más buena.
Y todo nos encadena
a las cosas de este suelo,
alcanzando un gran consuelo
pa’ la mayor aflición:
¡cómo si su bendición
nos la diera el Dios del cielo!
Una copla y una flor
siempre me das, Entre Ríos
-tierra querida, no olvido
tu dulce calor,
tu corazón de lino-
tu acento me ronda
y alumbra mi tiempo niño.
Raíz antigua de cantor,
florece en coplas tu suelo;
por tus cuchillas sestean
la luz y el calor
espejándole al cielo
-cielito entrerriano
por donde se van mis sueños-.
En mi fogón de ausencia sos
rescoldo de cariños
-vuelvo con tu silbar:
(chiflido)
A tus pagos ya me voy,
la huella se me hace corta
-el aire acuna un lejano,
un dulce rumor
de chamamé y milonga
y el tiempo se vuelve
bandada de brillo y sombras.
Tierra gaucha y fraternal,
quisiera ser otro río,
para abrazarte por siempre
y dejar en tu paz
mi tiempo de caminos
-crecerme barranca,
cañada, timbó, espinillo.
En mi fogón de ausencia sos
rescoldo de cariños
-vuelvo con tu silbar:
(chiflido)
En las bordonas doradas
de los retamos floridos,
serenata de quejidos
puntea la sudestada.
Un jaguar en retirada
aúlla su alerta inicial,
que recoge el jarillal
donde brincan dos cachorros,
que en la osamenta de un zorro
están jugando "a matar".
Redomoneando el mordisco
del "gaucho" y el "cara negra",
trata un puma con cautela
oyendo con el hocico.
El estero, suelta el grito
infalible del chajá;
lo afina una yarará
en su lengua de saeta
y amplio festón de gambetas
borda un ñandú al fachinal.
Abanicando el vacío,
los funerarios "silbones",
bajan a orlar de crespones
las barrancadas del río.
Un carpincho precavido,
en apurada ablución,
malogra la inspiración
del "martín" que en un peñasco
va deglutiendo a pedazos
las aletas de un salmón.
Minuto de calma honda...
Luego, el clarín de un "charato",*
desde el fortín de un lapacho,
toca a "degüello" a las sombras;
el campo tiende su alfombra
de margaritas moradas
y la fuerte sudestada
atolondrada de brillo,
es recogida a rastrillo
por las últimas lomadas.
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*"Charato", masculino de Charata: (Ortalis canicollis) es una especie de ave galliforme de la familia Cracidae que habita en el Chaco de Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina, en bosques y sabanas de tipo chaqueño.
Recibe los nombres comunes de chachalaca de Chaco, charata, pava charata, aracuá, arancuá, guacharaca,3 faisán, pava del monte, hachalaca, o mamacu (término del quichua: solterona, según Vúletin por el alboroto que hace cuando vuela). Charata deriva del quichua; charchay, en quechua, es el niño bullanguero, gritón, y charchaychacay es comportarse mal; y esta ave va en pareja, grita fuertemente cuando vuela y se posa nuevamente, de ahí ese nombre deformado con el tiempo.
Monte, fogón, y abrazo de guitarra ,
y este colmo de grillos del silencio
y este dialecto líquido , que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo ...
Por el aire, ciudades de luciérnagas ;
y una hogaza de luna, entre los dedos
de los árboles altos,
deja rodar migajas hasta el suelo .
La cerrazón creciente ,
vaga su vaguedad por los senderos
y acompasa sus danzas laterales
con la flauta de vidrio del lucero ...
Lo sauces de la costa
descienden en silencio
su lluvia vegetal, enamorada
de la luz circular en los reflejos.....
Sangro una brasa viva en el cuchillo
para encender el pucho y el recuerdo...
La guitarra, entibiada por la axila ,
se pita mi fogón en su bostezo...
La despierto con alas;
mi caricia no se escurre la luna de los dedos ,
para verla gotear sobre las cuerdas ,
aunque me moje todo el sentimiento.
El monte es un remanso donde se queda el tiempo..
Y aquí, donde dejase mi alborada ,
perdida entre los sauces,
me reencuentro:
Me conocí vagando por la costa
con meses de chicharra y mojarrero,
cuando entre fogonazos de churrinches
brillaba plata viva en los espejos....
Yo merendé color en los chalchales;
me hundí en una réplica del cielo,
cobre de sol maduro , por afuera;
rojo de sol naciente pecho adentro.
Un antiguo coloquio de torcaces
me ablandó el arenal, para los sueños ,
y la oración de manos en la nuca
que me llevó a los pagos del secreto...
Supe ser un gurí bien de mi raza;
pero dejé en los libros el dialecto,
y perdí el fresco aroma de las flores
con nombre guaraní, que fue mi griego...
Junté polvo de trillo en la memoria
siguiendo el rumbo horizontal del tiempo,
y amaba el alma pálida de Europa
como a una flor anémica de invierno...
Hoy he vuelto a mis lares;
al remanso donde se queda el tiempo .
Regresé jubiloso a donde estaba
tantas lunas atrás con mi dialecto,
y miro el diapasón de mi guitarra
como a una escala de llegarme adentro ,
y encuentro ¡ al fin ! intactas mis palabras
sobre la cicatriz de los conceptos.
Ya estoy en mí, y ascenderé mañana
rojo de sol naciente, pecho adentro,
con la misma pasión que por el alba
se despierta el clarín del teru - tero !
Resurgiré con púas en las alas,
de este colmo de grillos del silencio ,
de este dialecto líquido que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo!!
Al contemplar la hermosura
del suelo donde he nacido,
me siento un ave que al nido
regresa, desde la altura...
Todo es amor y ternura,
besos de madre y esposa,
es todo color de rosa
como en mis años de niño;
Feliz de quien el cariño
entre sus íntimos goza!
La brisa es suave y fragante,
el agua es más cristalina,
y el ave cantora trina
mas fuerte y más arrogante;
son las horas un instante
donde hay amor y placer,
y parece que al nacer
la aurora, trae en su frente,
el sinfónico torrente
de los aplausos de ayer.
Aromas, montes y trinos,
paz, armonía, nobleza,
es el salmo que se reza
en mis lares campesinos;
los arroyos cristalinos
que surcan nuestras campañas,
van bautizando las cañas
cual si por estos terrenos
abundaran Nazarenos
de Carrizos y espadañas.
Cigueñas, flamencos, garzas,
toros, chorlos, gallaretas,
cruzan las aguas inquietas
en incontables comparsas;
mientras que entre las zarzas
se ve un enjambre de nidos,
que se tienen suspendidos
sobre mansas corrientes;
como ideales nacientes
que permanecen dormidos.
Y, mirando la llanura
se ven mecer los trigales,
cual si fuesen los puñales
que nos da madre natura;
creo ver en la espesura
de los trigales crecidos,
todos los ratos vividos
cuando la vida florece,
una madre que nos mece
en nuestros lechos tendidos.
Aquí estoy frente a la vida
laboriosa y productora,
de frente al sol que nos dora
como a la espiga crecida;
fué mi dicha presentida
magna, noble y elocuente;
tras de la lucha ferviente
de darle luz a una idea,
fecundizar la tarea
con el sudor de mi frente.
Es tremendo el temporal,
noviembre parece invierno,
resulta aquello un infierno
como no se vio otro igual;
enloquecido un bagual
dispara rumbo a la estancia,
cae el agua en abundancia
lavando la espiga rubia
y el viento tira la lluvia
veinte metros de distancia.
Un arroyito crecido
va cargado de reptiles,
el agua cae a barriles
sobre un suelo endurecido;
aquel cielo enloquecido
que no conoce adversario
desata su abecedario
desafiando al mismo Dios
y un rayo lo parte en dos
al ombú ya centenario.
Aquel temporal terrible
se ha salido de la vaina
y como el viento no amaina
avanzar se hace imposible;
aquello resulta horrible,
llueve y llueve sin cesar,
se ve en el bajo flotar
los gajos del viejo sauce
y el agua busca su cauce
para seguir rumbo al mar.
Mi encerado veterano
no permite que me moje,
sin que la tormenta afloje
se hace de noche temprano;
es una laguna el llano,
ya no se ve media vara
y al ver que la lluvia para
monto y sigo campo afuera
y en una pobre tapera
hago noche hasta que aclara.
Amanece, prendo fuego,
caliento el agua y mateo,
sin apuro churrasqueo
y un beso al porrón le pego;
después con un “hasta luego”
dejo la vieja tapera,
ningún problema me espera,
¡vamos!, me grita el camino…
Y como soy argentino
vengo y voy, por donde quiera.
Ya la noche lentamente
llega copando la escena
y con un tinte de pena
la tarde muere de frente
en el rojizo poniente
se va sepultando el día
la ruidosa algarabía
ha callado en un instante
solo el tero vigilante
está firme todavía.
En un puesto débilmente
se ve brillar una luz
y el penetrante chuz-chuz
de la lechuza se siente
solitaria, indiferente
se ve en un poste sentada
no cruza ni escapa nada
todo en su alerta verá
traspasa la oscuridad
con su fueguina mirada.
En la tranquila laguna
se oyen los patos silbones
y entre negros nubarrones
llega paseando la luna
el viento al pasar acuna
las ramas del viejo ombú
y rompiendo la quietud
del trueno se oye el acento
y un brevísimo momento
asoma la "Cruz del Sur".
Se despeja luego el cielo
viéndose "Las tres Marías"
y buscando lejanías
pasan bandadas en vuelo
haciendo temblar el suelo
cruza un potro retozando
luego un chimango planeando
se ve orillando el sendero
y como nunca "El Lucero"
está grandioso brillando.
Ya la noche en retirada
se fue yendo lentamente
y el sol asomó potente
su cabeza colorada
lo festeja la majada
con su balar lastimero
retumba el grito del tero
que alegre pasa volando
y el "Nochero" relinchando
lo saluda del potrero.
"Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música..." Jorge Luis Borges
"La pampa, señor, es como la serpiente..., lo magnetiza al hombre, lo encanta y lo adormece, y al fin se lo devora". (G.E. Hudson)
Visite al Gauchoguacho en...
Estancia "La Brava"
Pampa
Madre. Horizonte. Soledad. Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva...Cuna, sepulcro y sustento. Creadora del gaucho afirmativo, del caballo amigo de la distancia, del puma escondido y del chajá ascendente. Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta...¡Tú que das resignación al pequeño, empampado de infinito! Ricardo Güiraldes.
El hombre nacido en la pampa tiene todo el cielo y todas las estrellas que parece que se le vienen encima. Tiene las primeras luces del sol a la mañana y las últimas del anochecer. El horizonte es la primera abstracción para el hombre, ya que es una línea que se ve pero que no existe, porque en la medida que avanza, se aleja más. Nunca va a encontrar el horizonte, sin embargo está ahí. Entonces el canto de ese hombre es reflexivo, intimista, profundo, como asombrado por la grandeza de la inmensidad. (Suma Paz)
"La pampa con su mutismo imponente y su monotonía tan característicos, predisponían poco a la locuacidad. -'El campo es tan lindo, me decía cierta vez un gaucho, que no dan ganas de hablar" Leopoldo Lugones
Paisajes
Pareciera que se agacha la huella del horizonte, y uno se pierde en el monte hasta hallar una lomada. La tierra parece nada y en ella se afirma el hombre.
Presentación
De n'antes
De ranchos y taperas
Pa'la moza
Sucedidos
Oficios
Nuestros paisanos los indios
Cosas del campo
Baguales
Jenofonte dice que al andar a caballo se siente la necesidad de que a uno le crezcan alas... Así el caballo resulta no sólo maestro del músculo sino también del alma... El caballo educa, rige al hombre y le da una filosofía propia. La filosofía de un jinete es distinta a la de un caminador...En el caballo se aprende la vida. Sobre su cabeza nace la lejanía y entre sus cascos se fatiga la tierra. A todo el que va jinete en su caballo su soledad lo acompaña. (Eduardo Jorge Bosco). ..................................................................................
A un domador de caballos
"Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: Es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra..." (Leopoldo Marechal)
Juiiira perro
Bichos de mi tierra
De chacota.
Canto con jundamento
Viva la Patria
Aquí me pongo a cantar
Cruz diablo
"He dicho muchas veces que aquí recibí mis primeras lecciones de abismo y de absoluto.
El cielo me las dió, me las dió la llanura abierta y desmesurada. (Olga Orozco).
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".