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viernes, 29 de julio de 2011

Allá arriba


-Venga p'acá mi hijo.
-Mande, tata.
-¿Qué le pasa que lo noto atribulao?
¡No me baje los ojos!
¿O es que usted mesmo sabe
que sobran motivos
pa no poder mirarme?
-No... No es eso, tata...
Pero yo no sé hasta dónde
quiere dir con sus palabras.
-Primero decirle que agachar la cabeza...
es cosa'e maulas...
-Tata... pero yo...
-Sí.... Ya sé que usted
es hombre de agayas,
si de eso precisamente
quiero hablarle...
-Mande nomás...
-¿Cuántos años hace
que a los pagos'e Dios
se jué su mama?
-Cuasi son diez, tata...
-¿Diez años?... Cha que jueron largos...
¿Y qué tiempo llevás vos
haciéndole el amor
a la Luciana?
-¡Tata!
-No se sorprienda ni agache la cabeza
ya sabe que eso es cosa 'e maulas.
¡Que me conteste le digo!
¿O se ha olvidao, que
a mí también me sobran agayas?
-Porque es mi tata...
que si no...
-¿Que si no qué?
-Nada...
-Estoy esperando que me diga...
¿Cuánto tiempo hace
que a esa pobre infeliz
la está matando?
Levante esa cara
o aura mesmo
se la cruzo de un planchazo.
Poco trabajo le costó
arrastrarla con engaños
y dispués se olvidó
que ayá arriba está
su mama... avergonzada
de usted... De usted, sí...
Canaya...
Cha que había sido
pobre e'sentimientos la herencia
e'mi sangre.
Tordo me ha salido mi hijo...
de ese rancho...
-Pero con la mirada.
-¿Y qué me dice de esto?
Luciana... Sí... La mesma...
-¿Cómo que no? Cruce la puerta.
Ahí la tiene... yéveselá si quiere,
pero como Dios lo manda
y no en el anca...
Ricuerde m'hijo que ayá arriba...
¡está su mama!

domingo, 12 de julio de 2009

Ricuerdos


- ¿Que usté se va dir?... No lo creo.
Hace años que le vengo escuchando decirme lo mesmo.
A mí se me antoja, que mientras el último poste
de este viejo rancho se mantenga en pie,
usté no va dirse... ¿No es ansí, don Zenón?

- Ansí es. Cha cosa fiera que no pueda dirme...
Me tira el alero de este viejo rancho
ande tantas noches consolé mi pena.
Al primer amago me atajan las horas
y veo a mi mano tembleque y callosa
ofrecerle al amargo su hueco de siempre,
y ansí... mientras pienso... oigo a mi guitarra
que en triste lamento le dice a mi vida:
¡Qué cosas más juertes que son los ricuerdos!...
Es que estas paredes saben del pasao...
Saben que en mi alma a quien la vida quiso
castigarla juerte, se anidó profundo
el maula pampero... que traiba en sus alas
un canto de muerte...

Jué una noche oscura de salvaje invierno
se llevaba el viento mi llanto y sus quejas
junto con el triste aullar de los perros...
Se me diba yendo... sus ojos azules...
azules y grandes como mesmo cielo
me miraron hondo, buscando las raices
de mi pensamiento...
Y ansí... dispacito... jué haciéndose corto...
más corto entuavía... el galope ' e sus ojos
grandotes y azules
a oscuras se diba quedando...
Sentí entonces golpiar en mi sangre
la sed de venganza...
¿Vengarte de quién? - me gritó mi alma...
Y sangre y alma las dos me dijeron...
Tenés que esperarla...
Un suspiro lerdo se perdió en mi llanto
cuando juí a besarla...
y se murió en mis brazos...
Por eso cuando quiero dirme,
me ataja el ricuerdo, y la noche...
me encuentra esperando en el rancho.