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viernes, 19 de mayo de 2017

Compuesto para el malambo


(Pintura: Molina Campos)



Yo soy del sur bonaerense
y cuando estoy mudanceando
pongo nombre y apellido
por si me andan precisando.

Bota'e potro o bota fuerte
según el cómo y el cuándo
solito o de contrapunto
si gustan, vamos probando.

Sirva giñebra, patrón!
y empareje el guitarrero
que me hormiguean las tabas
palpitando el entrevero!

Que "no ha golpeao en tapera"
váyase Don enterando!
Se alza una voz varonil
y el ruedo se va formando.

Malambo por sol y sol
la guitarra está invitando
y dos criollos frente a frente
los fierros están chairando.

Bonito el escobillao
con el que se están tanteando,
media res de arriba, quieta,
y la otra media bailando.

Limpio el repique delata
que no es de crudos la yunta
yendo de uno al otro pie
un lujo de taco y punta.

Bajito... que has juntao agua!
pondera un viejo taimao,
y el mozo que está bailando
no se da por enterao.

Y se cruzan las apuestas
y menudean las chanzas
y en el dar y devolver
se suceden las mudanzas.
............................................

Baile de hombres si los hay,
no importa dónde has nacido,
solo importa que prendido
de los paisanos garrones
todos los patrios rincones
supieron de tu existencia
y si tuviste querencia
alguna vez... yo colijo
que en estos pagos, de fijo,
se ha de hallar tu descendencia.

lunes, 2 de junio de 2014

El Malambo



Exhaltación al coraje fue
por ejemplo
el malambo.

El malambo se baila contrapunteando
escenario lógico: la pulpería.

Suelta la guitarra su ritmo bravío...

de la guitarra se contagian
las rodajas de las espuelas
cuyos pinchos lo inoculan al piso de tierra
que enardecido por la inyección
y acobardado por los pinchazos
se rebela y quiere irse, alzándose en polvareda.

La atención religiosa del auditorio
tonifica los músculos del bailarín.

La misma pulpería se asoma al espectáculo
por la pupila dorada de la botella de caña
que tiembla en el mostrador.

El bailarín
en un alarde imposible de agilidad,
zapatea avanzando y retrocediendo
con pasos cortos y precisos,
fintea con las espuelas
como para despistar de sus intenciones
a un rival imaginario.

Arranca,
zapatea avanzando
y sobre las barbas mismas del contrincante
remata la mudanza de un staccato con brío
como si quisiera
remacharse al piso
para hacerle pata ancha a una embestida.

Pero el malambo va más allá,
hay mudanzas en que el bailarín
sale al medio cuchillo en mano
y al compás de la música
lo va chairando en la bota...

y otras en que lo clava en el piso
y le zapatea alrededor
como en un grito salvaje de adoración.

Enfrenta la liturgia al terminar
la copa de caña que le valió la proeza
es como un cáliz que se alza
en la noche de coraje!