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martes, 17 de enero de 2017

Camino del payador



En los rumbos de la historia
por caminos polvorientos,
viene el trovador rapsoda
pastor de rebaños nuevos,
en un recodo se juntan
sus versos con los de Homero.

Para luego despedirse
en los confines del tiempo.
Toma la lira y prosigue
por arábigos desiertos
soñando un mediterráneo
de azul de tinta en el cielo.

Y España la inspiradora
con sus grandes ojos negros
lo ve pasar para América
con su destino andariego.
Así llega el payador
hasta estos paisajes nuevos.

Para arrancarle a la pampa
su música y su misterio
y allá en la tierra orientala
metido en un bordoneo
camina por Paysandú, Soriano
y distintos pueblos

Rememorando a un Quijote
sin lanza y sin escudero,
sobrevive a la ardua lucha
de avanzar con el progreso.
Por eso lo vemos hoy
en la selva de cemento,

Siempre joven e inspirado
desparramando sus versos
denunciando una injusticia
proponiendo un mundo nuevo
donde al hombre se lo deje
de tratar como a un objeto.

Acallar su voz, sería:
acallar el universo,
los manantiales de canto
que nos legó el Padre Nuestro.
Dios te salve, Payador,
que de pie, te nombra el pueblo!

martes, 26 de julio de 2016

¿Cuánto más puedo durar?




El viejo Rosendo Luna
viendo su etapa cumplida
decidió vivir la vida
disfrutando su fortuna.
No hallaron forma ninguna
de hacerlo reflexionar
cansado de trabajar
el día que cumplió setenta
dijo: “Pongo todo en venta…
¿cuánto más puedo durar?”.

Y allí lanzó un desafío
diciendo: “Solo me basto
y a la plata me la gasto
porque lo que es mío es mío”.
Sin oír el vocerío
de sus hijos que a la par
no se podían resignar
que la herencia les gastara
y él les gritaba en la cara:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

De bombachas y alpargatas
a la Capital viajó
y allá un piso se compró
con vista al Río de la Plata.
como había llegao a pata
se fue a una agencia a buscar
un auto para pasear
con vidrios polarizados
diciéndole a los empleados:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

Eso sí, llevó el recao
de sus tiempos de jinete
y arriba de un caballete
lo tenía acomodao.
A veces, entusiasmao,
en él se solía montar
y a la gente del lugar,
que de abajo lo veía
desde el balcón le decía:
“¿Cuánto más puedo durar?”.

Los años lo fue pasando
en lujos y en festicholas…
tiró tanto de las piolas
que seco se fue quedando.
Casi a los noventa, cuando
no había más para gastar
contento llegó a pensar
que la pobreza no mata…
viejo, sin campo y sin plata:
¿cuánto más podía durar?

Y en un ranchito vivió
hasta el final de su vida
pues la familia, ofendida,
sin herencia, lo ignoró.
Su ejemplo a mi me sirvió
y a ustéd lo vengo a invitar:
anímese a desafiar
el temporal aunque moje
y haga lo que se le antoje
¿cuánto más puede durar?

domingo, 5 de julio de 2015

Tu huella (Huella)

Cuando el sol ilumina
sobre las aguas,
un incendio de angustias
me quema el alma.

Y en las rubias arenas
busco tu huella,
cuando el mar con su espuma
la playa besa.

Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...

A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.

El verdor de tus ojos
en la distancia
me mantienen cautiva
de tu mirada,

Si a mi grito callado
lo lleva el viento,
él habrá de contarte
¡cuánto te quiero!

Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...

A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.

viernes, 13 de junio de 2014

La leyenda de Ruperta

(Dibujo: Eleodoro Marenco)


Allá en la costa entrerriana,
cuenta una vieja leyenda,
supo vivir una prienda
servicial y campechana;
joven y bella paisana
dueña de una voz sonora,
sol que al despuntar la aurora
alumbró los campos grandes
era Ruperta Fernández:
curandera y payadora.

Con su guitarra encintada
con banderas diferentes
a muchos les hizo frente
en memorables payadas
hasta que un día su mirada
tuvo un distinto fulgor
al escuchar a un cantor
que amores le prometiera
pero más tarde partiera
hundiéndola en el dolor.

Ruperta se volvió vieja
y vivió esperando en vano
el amor de aquél paisano
que jamás volvió a su reja
y fue su canto la queja
de su herido corazón
hasta que en una ocasión
supo que había regresado
el payador más mentado
de todita la  región.

Una honda melancolía
sintió al contemplar de lejos
el rostro del bardo viejo
que hasta sus pagos volvía;
ecos de lejanos días
y recuerdos a granel,
asomaron en tropel
y entonces dijo bizarra:
-"Alcáncenme mi guitarra
que quiero payar con él".

El gaucho atento la oyó,
el pelo cano revuelto
y con un gesto resuelto
hacia ella se dirigió,
a bordonear empezó
una milonga afinada
y al levantar la mirada
vió a tres pasos de la puerta,
aparecer a Ruperta
quien cantó con voz quebrada:

-"Hace muchos... muchos años,
partió de aquí un forastero,
que pagó mi amor sincero
con olvido, con engaño;
después de ese desengaño
cayó muerta mi ilusión
porque enterré mi pasión
como se entierra un difunto,
cuando en aquél contrapunto
me ganaste el corazón.

"Porqué jugaste conmigo
sabiendo que te quería,
yo supe desde ese día
que eras mi pior enemigo,
te imploré calor y abrigo
pero buscando renombre,
te fuiste mas no te asombre
que tu fama y tu dinero
disimular no pudieron
tus grandes miserias de hombre".

"Pasé la vida esperando
que algún día arrepentido
pusieras fin a tu olvido
y me siguieras amando;
fueron los años pasando
y ya sola en mi vejez
se de que no habrá un después,
está jugada mi suerte
mas no le temo a la muerte
si pude verte otra vez".

Las lágrimas enjugó
y comentan los paisanos
que cerca del Feliciano
su triste voz se apagó...
Y allí donde realizó
sus memorables payadas,
hay una cruz levantada
que guarda una dicha muerta,
el corazón de Ruperta
y una guitarra encintada.



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...
"El oficio de payador, si así cabe llamarlo, no fue(...) potestad del hombre. Curiosamente, la reminiscencia nos lleva, algunas pocas veces, a rescatar nombres de mujeres que, a su tiempo, despertaron la sorpresa y la admiración de los ocasionales contertulios. Marcelino Román, paisano de Victoria, letrado en poesía, solía recordarnos en las veladas que compartíamos, entre otros, con Linares Cardoso, "Juanele" Ortiz y Amaro Villanueva, en su casa de la costa de Paraná, a una mujer, Ruperta Fernández. De ella se memoraban anécdotas, verídicas o fraguadas, que trascendieron en el tiempo y la relación oral entrerriana.
Ruperta, oriunda de La Paz, a orillas del río Feliciano, era mujer agalluda, optimista y servicial. Asistía a los enfermos con unguentos y pócimas cuya composición mantenía en secreto. Oficiaba de amable componedora en disputas o rencillas, ayudaba a las parturientas, aconsejaba y establecía reglas de convivencia. Decían que nunca se le habían conocido amoríos y que, en la velada voz de su canto, dejaba verter la tristeza y la añoranza de algún penar celosamente oculto. No le faltaban asedios ni remilgos sentimentales, pero ella, al parecer, permanecía fiel a un sueño, a un recuerdo.
No faltaba a las fiestas. Asistía con su guitarra encordada a la zurda, el mástil adornado con cintas que representaban los colores de todas las banderas americanas y, sin hacerse rogar, cantaba improvisadas coplas con sucesos de la zona y, más atrevida, algunas recetas rimadas de su medicina empírica. Siempre se le privilegiaba un lugar en la reunión y ella lo compartía con su belleza personal y su inseparable guitarra. Román contaba estas cosas mientras la ronda del mate monologaba a la callada y contemplábamos por el ventanal el suelo empapado por las flores del jacarandá, y oíamos pasar a los pájaros silvestres silbando chamarritas".

Extractado de:
Rincón gaucho

Ruperta, la payadora del paisaje entrerriano

por  Luis Ricardo Furlan Para LA NACION del 10 de Junio de 2006.

jueves, 18 de octubre de 2012

Bajo el mismo cielo (contra la xenofobia)

(Foto de Marta Suint)

Igual que una nube gris
que el cielo del  alma  agobia,
un brote de xenofobia
está enfermando al pais.
¡Argentina! La feliz
tierra de nuestra nacencia.
La que no hizo diferencia
y sumó a sus hijos más.
sin cuestionarles JAMÁS
origen,ni procedencia.

Muchos somos descendientes
de inmigrantes que vinieron
cuando dolidos partieron
desde sitios diferentes.
Como ríos afluentes
confluyeron; y al momento
con sudor, con sufrimiento,
ganaron techo y comida
porque el DERECHO A LA VIDA
¡no lo rige un documento!

No puede ser racional
denigrar a un ser humano
porque nació boliviano,
paraguayo u oriental.
Cuando una LEY NATURAL
que surge de lo profundo
de nuestra fe,en un segundo
nos muestra ,como mortales,
que todos somos iguales
en cualquier lugar del mundo.

A ésta actitud tan dañina
no hallarle una solución
es negar la integración
de la América Latina.
No permitas,Argentina,
que ésta conducta espantosa,
humillante y vergonzosa
hoy lastime a tantos seres
que te eligieron porque eres
¡una tierra generosa!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Décimas a don Vicente Espinel



Se despierta el mes de mayo
y sobre un cielo español,
se ha desperezado el sol
con sus refulgentes rayos.
La tierra muestra sus cayos
sobre la morena piel,
y una rosa y un clavel
asoman sobre la fronda:
para contarnos que en Ronda
nació Vicente Espinel.

"¡Bienvenido seas Vicente!"
dice alegre el horizonte,
y los pájaros del monte
quieren besarle la frente.
Canta el agua de la fuente
su música más secreta,
y en el aire se proyecta
con la noticia halagüeña:
que allí en la tierra Rondeña
ha nacido el gran poeta.

Soldado y aventurero,
genio, loco, soñador.
Por su patria y por su honor
habrá de jugarse entero.
Es tomado prisionero
y conducido hasta Argel,
pero no pueden con él,
y junto a Vega y Cervantes,
asoma el áurea brillante
de don Vicente Espinel.

Mira sus manos: Diez dedos...
Una luz asoma leve.
Son diez versos. No se atreve
a darles forma... por miedo.
"¿Por qué no cantarte puedo?",
¡Eres la décima! ¡Vuela!,
¡Hija amada de mi escuela!
Sé que el mundo ha de quererte,
y a tí habrán de conocerte
como décima espinela.

Y así, en un hueco metida
de una guitarra española,
llega cortando las olas
hasta mi tierra querida.
Se hace hermana preferida
del nativo payador,
que la entona, con amor
expresando en sus diez versos,
sus angustias, sus esfuerzos,
su alegría y su dolor.

Gracias, ¡Gracias don Vicente!
Hoy traigo llenas las manos,
de las flores de mis llanos,
desde el sur del continente.
Vengo a dejar en su frente
mi décima sin espina,
mi presencia campesina
y al pie de tu monumento,
el alma y el sentimiento
de una mujer argentina.