lunes, 30 de septiembre de 2019

Cimarrón de recuerdos


Cuando ya viene bajando
el sol en su último apronte
y colorea el horizonte
como una herida sangrando,
bajo de un sauce mateando
en mis delirios me pierdo,
miro al sol que se hunde lerdo
y en esas horas de calma
dejo que me entibie el alma
la brasita de un recuerdo.

Y viene el pago natal
a prenderse en mis pupilas,
las tardecitas tranquilas
de mi niñez sin igual;
de su tarea rural
mi padre volía contento,
mi madre con sentimiento
sabía alumbrar nuestras huellas:
sus ojos eran dos estrellas
bajadas del firmamento.

Y aquél rancho que al pampero
supo aguantarle el rigor
y que era un nido de amor
como el nido del hornero,
zorzal, calandria o jilguero
sus trinos nos regalaban
y al oir cómo cantaban,
ya soñaba este destino
me parecía que un camino
de cantor me señalaba.

Por eso en la tardecita
me pongo a soñar despierto
en un pasado que ha muerto
pero que en mi alma resucita.
Desde mi niñez bendita
recorrí un camino largo
y hoy que algunas penas cargo,
mis ilusiones no pierdo,
mientras me quede un recuerdo
que endulce mi mate amargo.


Sin derecho ni revés


(Pintura: Gustavo Solari)


Sin derecho ni revés
como este verso que escribo
luchando en la vida, vivo
mi etapa de madurez,
sin temer a la vejez
ya en la mitad del camino
ni en la adversidad declino
los golpes me han hecho fuerte
no reniego de mi suerte
ni me quejo del destino.

Cada cual siembra a su modo
la parcela de la vida
por ser semilla perdida
yo nunca siembro en el lodo
germinar, germina todo
del fértil suelo al abrigo
el tiempo de esto es testigo
porque por naturaleza
aquel que sembró maleza
no espere cosechar trigo.

Aunque me guste vivir
ya no le temo a la muerte
al irse mi cuerpo inerte
del todo no he de partir
siempre vivo he de seguir
con mis versos por ahí
en los libros que escribí
en árboles que planté
y en mis hijos dejaré
quizás lo mejor de mi.

Tengo muy poco logrado
hablando materialmente
por llevar limpia mi frente
a nadie nada he robado
por tener lo que he ganado
por esa razón tal vez
encuentre en mi sencillez
quizás algún gesto altivo
como estos versos que escribo
sin derecho ni revés.

Por la ley de mi facón



Dame indio el “pangaré”
que tan fiero me robaste
y que al robarlo dejaste
toda mi vida de a pie,
dámeló; yo te daré
lo que tu ambición me pida,
la prenda más preferida,
mi apero, todo el chapeao,
y si es poco lo ofertao
también te doy mi querida.

Ya ves que hasta mi querida
te ofrezco cacique fiero,
que es más linda que un lucero
de una mañana encendida.
Por ella expuse mi vida
mil veces con decisión,
por ella está mi facón
de sangre todo empañao,
ya ves si la habré apretao
con fuerza en mi corazón.

Herido a tu toldería
buscando asilo llegué
porque mucho imaginé
que en ella lo encontraría.
Pero pampa, al otro día
del pingo te apoderaste,
de mi estao te aprovechaste
cobarde como un traidor,
y hasta en tu lanza el clamor
de mis heridas buscaste.

Lo que tu orgullo me pida
todo, todo te daré;
más dame mi “pangaré”
que él era toda mi vida.
Dámeló que a la partida
voy mi vida apeligrando
todo te estoy ofertando
en cambio del pingo mío
y vos pampa, crudo y frío
de gozo te estás babiando.

Ya ves que nunca le frente
de gaucho rudo bajé
y que ante tuyo incliné
mi orgullo prudentemente.
Más vos, indio, indiferente
a mi ruego te mostraste,
que me chusiaran mandaste
y todo, te lo aguanté,
pensando en el “pangaré”
que tan fiero me robaste.

Si al inferir este ultraje
de mi estao te aprovechás
cuenta, indio pampa, darás
de tu sobrado coraje.
Voy a matarte, salvaje,
para imponer mi razón
y si a triunfar del malón
llego en esta arremetida
¡tendré el pingo de mi vida
por la ley de mi facón!

Jineteada


(Foto del Archivo General de la Nación)

Un bagual, que es reservado,
y un domador de los buenos.
Campo abierto… y unos cardos,
mudos testigos del cielo.
El criollo se ha puesto vincha
sujetando el negro pelo
y en su brazo se prolonga
el ancho y rudo talero.

De un salto queda montado
en el potro, que al momento
de afirmarle las espuelas
arranca en el bellaqueo.
Y en el aire las lloronas
-que al bruto le sacan fuego-
parecen chispas salidas
de dos estrellas de fierro.

Baja implacable la lonja
-cuero dando contra el cuero-
floreciendo en el arisco
los corcovos como flecos.
Se vuelve un arco en el aire;
pega tieso contra el suelo…
luego gira en remolinos
y se abalanza de nuevo!...

Después, bañado en espuma,
poco a poco va cediendo
al rigor con que lo abrazan
las dos estrellas de fierro.
El criollo ni se ha movido.
Parece cosido al cuero
del potro que, ya entregado,
toma un trote desparejo.

¡Rigor de espuela y de lonja,
fuerza y baquía en cotejo!...
Campo abierto… y unos cardos
mudos testigos del duelo!

Romance para la muerte del chasqui Venancio Caro



Los grillos de la alborada
rompen los vidrios del llanto,
se está muriendo de viejo
el chasqui Venancio Caro.

Ciento trece años cabales
galopan caminos largos,
y en el final, a esta posta,
sin caballo va llegando.

Allá por el año doce
llevó el correo de Santiago,
dicen trompetas de fama
con oficios de Belgrano.

La medallita que guarda
la vela y el relicario,
las monjitas de Belén
le dieron para resguardo.

Con nubes anaranjadas
riñen a muerte sus gallos
el chasqui gaucho agoniza,
silencio de cielo y campo.

Florecen brasas de ensueño
de mil fogones y cantos,
lo está llorando el recuerdo
de andar, de andar galopando.

En la Estancia del Rosario
sobre el camino del Bracho
descansa ya para siempre
el chasqui Venancio Caro.


El malón


(Pintura: Angel Della Valle)



El sol allá en occidente
sus hebras de oro ocultaba,
y en sus fauces se llevaba
del día, todo lo riente,
después, triste y lentamente,
de las aves cesó el canto,
tendió su fúnebre manto
la noche callada y fría,
y quedó la pampa umbría
cual un triste camposanto.

De pronto, en la oscuridad
de la pampa, en un tobiano
vi que lloroso un paisano
cruzaba la inmensidad,
cual  un ser en la orfandad
golpeado por el destino,
sigue su triste camino
con el pesar que se aduna
mientras lo besa la luna
con un lampo nacarino.

Sigue el sendero, sin dar
siquiera a su pingo aliento,
como aquel que va sediento
para su sed apagar,
después vi que al sofrenar
bajo un sauce el redomón
queda lleno de emoción
ante una tumba sombría
donde en la cruz se leía
“Fue muerta por un malón”.

Luego tiempla la encordada
y aunque el pasado le aterra,
echa el paisano pie a tierra
con el alma acongojada,
cuelga en la cruz demacrada
su sombrero con gran pena,
y de hinojos en la arena,
triste empieza a balbucear,
mientras el viento al pasar
peina su negra melena.

Luego se oye el dulce son
de su guitarra en combate
y aunque la pena lo abate
lanza esta triste canción:
“Prenda de mi corazón
con el llanto de mis ojos
vengo a regar tus despojos
ante tu huesa transido,
donde tan solo han crecido
espinas, yuyos y abrojos.

Recuerdo la noche aquella
noche triste cual ninguna,
cuando a la luz de la luna
se libraba una querella,
yo por vos perdida estrella
luchaba cual fiero león
mas después ¡oh maldición!
en la oscuridá al no ver
vine a clavar sin querer
mi daga en tu corazón.

Así lo quiso el destino
tuvo más fuerza en vencer
y en tu pecho sin querer
clavé mi puñal dañino,
no me taches de asesino
ya ves que con amargura
envuelto en la noche oscura
con un dolor infinito
vengo a pagar mi delito
al pie de tu sepultura.”

Cesó al rato su guitarra
quedó en silencio la pampa
solo del malón la estampa
se ve que a la cruz se agarra,
después con fuerza bizarra
hizo trizas su instrumento
y en el propicio momento
se mató junto a la cruz
mientras del alba la luz
iba tomando incremento.


                                    (Ca. 1922)




















domingo, 29 de septiembre de 2019

La Hija del Capataz



En el pago comentaban
que en una estancia vivía,
una moza que reía
de quienes la idolatraban;
junto a ella trabajaban
dos gauchos, hombres de acción
y ambos con igual pasión,
estaban enamorados
esperando resignados
que ella hiciera la elección.

A los dos había engañado
porque a ninguno quería,
para ella nada valía
el amor de un gaucho honrado,
su orgullo había soñado:
un hombre de posición,
en su vana aspiración
daba a su vida otra faz,
como hija del capataz
tenía esa pretensión.

Un día llegó a citar,
los dos a la misma hora,
y con voz engañadora
los empezó a entusiasmar.
-"Mi cariño ha de ganar"
dijo, "aquél de más valor,
siento por los dos amor,
los dos me quitan el sueño
y quiero que sea mi dueño
el que salga vencedor".

Y como el paisano es noble
y de sus actos consiente,
decidieron frente a frente
poner sus pechos de roble,
cada hombre sintióse doble
para correr su destino
y por ese amor divino
que encendióse a su albedrío,
lanzaroncé un desafío
para la cruz del camino.

Lejos de retroceder
y cuando ya la natura,
tendió el manto de negrura
que nos hace entristecer,
se vieron a aparecer
a definir la cuestión
y sin más explicación
en el lugar indicado
el lance quedó iniciado
mano a mano y a facón.

Pero el viejo capataz
que tuvo conocimiento,
llegó ese mismo momento
para imponerles la paz.
Dijo: "Uno y otro es capaz
y aunque ninguno va en fija
pemitan que los corrija",
y agregó al gritar sus nombres:
"No han de perderse dos hombres
por el orgullo de mi hija".

Los rivales se pararon
sin terminar el cotejo,
y por las canas del viejo
los facones envainaron.
Luego con él comentaron
lo que es un cariño fiel
y en honor al viejo aquél,
estrechándose las manos
juraron ser como hermanos
y olvidar la gaucha cruel.

Regresaron a la estancia
y ella que esperaba ansiosa
por ingrata y desdeñosa
vio burlada su arrogancia;
se traslució a la distancia
entre aquellos el aprecio,
comprendió su orgullo necio
y la amargó la verdad:
viendo que su vanidad
pagaron con el desprecio.


(Pintura: Juan L Blanes)

Pobre rancho abandonao!


(Pintura: Obdulio Gómez Carrasco)





Cuasi cáido de cansao
el viejo horcón de maclura
sostiene la techadura
apenitas, del quinchao.
¡Pobre rancho abandonao
a las yuvias y a los vientos!
que cobija sentimientos
funerarios y transidos
convocando aparecidos
y lúgubres esperpentos.

Ya no lo anida el hornero
ni yegan los pajaritos
lo humiyan los ocalitos
y se burla el tero-tero
el patio se abrió al potrero
y en los oscuros rincones
las arañas dan leciones
de tejido artesanal
que’s una trampa mortal
pa’ los insetos chambones.

El alma si esiste irá
dende’l campo hacia el olvido
yevando en su recorrido
fantasmas pa’l más ayá
memorias de soledá
y como un puñal clavao
el dolor del derrotao
sollozando en letanía
con quejidos de agonía
y amargor de condenao.

Pena da solo mirar
si ayí todo es del pasao
puro intento fracasao
que naides va a remediar.
Ya más nada hay que esperar
salvo que quede’l mojón
pa’ que’n cualquier ocasión
cuando pase algún paisano
se haga cruces con la mano
y le espiche una oración.

Un domingo



Limpio el sol aparecía
en la estancia “La Torcaza”
que antes era “La Picaza”
cuando otro dueño tenía,
que conserva todavía
aquel nombre, en la tranquera,
bien grabao en la madera
tal vez por el carpintero
o con un fierro, el herrero
para que no se perdiera.

Don Ramón, el peón de mano,
lleva leche a la cocina
que recibe la Malvina
levantada de temprano;
relincha el petizo ruano
que está encerrao, impaciente,
porque ha visto de repente
que el boyero, con morral,
se va acercando al corral
pa’ que le de gusto al diente.

Domingo. Llega el patrón
con su grupo familiar
y lo espera un costillar,
chorizo’ y medio capón,
custodiao por Don Zenón
y ayudao por  el boyero
que ponía mucho esmero
en los consejos del viejo,
que pa’ él era un espejo
en los trabajos camperos.

Después de haber almorzao
con pasteles y empanadas,
apareció la encordada
en manos de un invitao,
mozo que no era rogao
pa’ pulsar el instrumento
con décimas al momento,
o triunfos, estilos, huellas...
¡Si parecía una estrella
que bajó del firmamento!

El cielo que se ha nublao
anuncia la Santa Rosa
y ya el patrón con su esposa
se han ido para el poblao.
La lluvia se ha desatao,
dan anca los animales,
debajo de los sauzales
se amontona la majada
y olor a tierra mojada
brota entre los pastizales.

Lazo viejo...




Lazo de seis bien trenzao
cómo aquel de Pedro Risso
que con un tiro preciso
salvó un hombre en el Salao,
años me has acompañao
en mi vida de campero,
fuiste obsequio de un resero,
cuando vió en una ocasión
ya de " Guri", mi afición
de pialar algún ternero.

Lo recuerdo y me contenta
 ¡Que regalo! ¡La gran siete!
primero como juguete
y después como herramienta....
ya siendo mensual aumenta
el poder cumplir mi anhelo
de andar juntos este suelo
y cada vez que ensiyaba
si a los tientos no te ataba
me parecía andar en pelo.

Nunca supe qué soguero
pudo hacer tal 'maraviya'
de la argoya a la presiya
eras un lujo en mi apero,
fuerte y parejito el cuero
bien ceñido tu trenzao,
hacías qué un pial de volcao
rozándole las barbiyas
le juntara las raniyas
al bagualón más pesao.

Ensiyando un bien domao,
cuándo a recorrer salía,
dar lazo me permitía
pa' evitarte un ramaliao...
y por andar bien montao
nunca en un palo te até,
rienda arriba lo dejé
teniendo tu yapa tensa
y yéndome por tu trenza
a los abichao curé.

Tal vez no fueran mis manos
las que hubieras merecido
eyas nunca han sabido
hacer tiros soberanos;
no soy de aqueyos baquianos
y hábiles en tu manejo
no enlacé ni pialé lejo'
pero al volcarte en los "yanos"
parecían meter las manos
en un hormiguero viejo.

Haciendo que te proteja
de un mal tirón, si enlazaba
a tu armada la cerraba
ni bien pasaba la oreja...
Nunca de cuidar se deja
a quién a uno se ha brindao
y si costiando he tirao
por prevenir otros males
cuidé no herir tus ramales
en las púas del alambrao.

¡Lazo viejo! fuiste y sos
fuerte y noble compañero
las vacas no dan más cuero
como el que te han hecho a vos.
Envejecimos los dos
y al tironiar le aflojamos....
pero cuando nos juntamos
no como antes, pero es fija
que cuando te hecho a verija
es seguro que voltiamos.

El tiempo abrió la tranquera
y los años dispararon
ahí nuestros piales fayaron
y eyos siguen su carrera..
La vida, yegua mañera,
también nos ganó el tirón
pero al entrar al galpón
te veo y te vuelvo "armar"
y ayí suelo "payanquiar"
de recuerdos un montón.


sábado, 28 de septiembre de 2019

Cruz de Acero




A la estancia "El Ruiseñor"
después que el sol se había entrado,
con el caballo cansado
llegó un gaucho payador.
Cualquiera al verlo cantor
pensaría que era feliz
pero él buscaba el matiz
que trae la vida sonriente
y cada arruga en su frente
parecía una cicatriz.

Hizo rueda en el fogón
y una moza que allí estaba
le preguntó si cantaba
le contestó su intención.
Corrió hacia la habitación
volviendo en el instante
después en forma galante
dijo la moza bizarra:
-"aquí tiene mi guitarra,
quisiera que en ella cante".

Tomó el sonoro instrumento
y ensayó un preludio suave
como el gorjeo de un ave
herido de un sufrimiento;
después elevó su acento
que parecía un gemir,
muchos creyeron oir
a un melodioso jilguero
cuando este triste trovero
puso todo su sentir.

La mocita emocionada
dijo: "gaucho no se ofenda,
"mi guitarra es una ofrenda
"y usted la tiene ganada.
"Se verá siempre templada
"que lo sabrá acompañar,
"y en ella podrá cantar
"la desdicha de su amor
"y no olvide payador
"que a su dueña hizo llorar".

-"Gracias paisana hechicera",
exclamó el mozo al instante,
"y esta guitarra vibrante
"será mi fiel compañera.
"La llevaré en mi carrera
"ya que usted me la obsequió",
con cariño la estrechó
como a una novia se agarra,
cuando él besó la guitarra
la moza se estremeció.

Un paisanito taimao
que en vano la pretendía
resultó que a sangre fría
el cuadro había presenciao.
Se acercó disimulao,
fuertemente saludó;
él también felicitó
pero en forma inesperada,
se le escapó una mirada
que el viajero comprendió.

Dende entonces aquél trovero
para eludir un reproche,
decidió esa mesma noche
de seguir su derrotero.
Les dijo que era un matrero
que lo sabían perseguir,
y ya disuesto a partir
dando la rueda la mano,
imaginó que el paisano
muy cerca le iba a salir.

En cuanto dejó la estancia,
allá en el primer bajito,
de "¡alto!", le dieron el grito
a muy cortita distancia.
Con aptitud y arrogancia
estaba el otro nación,
echando mano al facón
le exclamó firme en la huella:
-"Me das la guitarra de ella
o te parto el corazón".

El que llegaba se apeó
y los facones chispearon,
y en cuantito se trenzaron
un cuerpo se desplomó.
El matrero en pie quedó
aunque de sangre cubierto
con su facón y el del muerto
clavó allí una cruz de acero
se persignó aquél trovero
y se fue rumbo al desierto.




Décimas al Viejo Pancho


(Dibujos: Vasco Machado)



Viejo que sos un pedazo
de las canciones del pago,
ya dulce como un halago
o fiero como un lonjazo.
Sos querendón como un lazo,
endecha de crudo encanto,
risa mojada con llanto,
cinta lindando en divisa,
sos una cosa mestiza
entre un rezongo y un canto.

Tenés sabor a carneada
cuando al caer en las brasas
cantan las gotas de grasa
como chicharras doradas.
Tenés tonos de alborada
como pecho de paloma;
tu madrina es una loma
y tu padrino es un cerro;
son música cimarrona
como tin-tin de cencerro.

Viejo que estás por entero
en lo que tiene sabor
a campo y a cardo en flor
o a chispazo de yesquero.
Estás en el grito 'el tero;
en el olor a carona;
en la pava barrigona
que cuelga bajo la cincha,
en el ñudo de la vincha
y en las trenzas de la piona.

Cantan en vos los zorzales
y blasfeman los matreros,
y resuellan los pamperos,
y cortan los pa j onales.
De todos los orientales
desmontaste en la memoria,
ya te acorraló la historia
digo, y nadie se me asombre,
que es un abrojo tu nombre
pegao al lomo 'e la gloria.

Viejo Pancho, estás en todo
y yo te canto por eso;
estás en el lao del gü.eso
de sabor como no hay otro;
en el corcovo del potro,
en la luz de la luz mala,
en las espinas del tala,
en las trenzas de mi china:
y en la palabra argentina,
y en la palabra orientala. 

El secreto'e la vida

(Pintura: Gustavo Solari)


Alcance el frasco, aparcero,
Tengo el pecho como fragua,
Y sin algún entrevero
No puedo tomar el agua.

Salida del manantial
Hay quien asigura que
Si se está muriendo e sé
La toma algún animal;

Pero un gaucho, aunque sea pobre,
Si la sé no se lo achura,
Sólo no teniendo un cobre
La mandará al buche pura.

Porque hasta cáida e los cielos
Precisa, pa que aproveche,
O quebrarla con la leche
O hacer de eya caramelos.

Dios mesmo dijo al probarla
Hayándola desabrida:
"Pu... cha, pa poder tomarla
Vi’a inventar otra bebida".

Y áhi no más, dándose maña,
Sigún lo dice su historia,
Con una gotita e gloria
Hizo al ratito la caña.

¡La caña! Pa este cantor,
Que se lambe por lo güeno,
La caña es como el amor,
De que nunca se ve yeno.

Feliz quien de amor se cebe
Si no le es la suerte huraña...
¡Más se apetece la caña
Cuanti más caña se bebe!

Por eso el gáucho no yerra
Si ama y se da a la bebida,
Que en chupar y amar se encierra
Tuito el secreto e la vida.

Y pa cuerpiarle al rigor
De la suerte, no hay hazaña
Como mamarse con caña,
O emborracharse de amor.

Lazo





En el anca lustrosa
          de mi caballo,
sentado blandamente
         palpita el lazo.
Se me figura
        una mujer bonita
que va a la grupa.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Salmo de anochecer (Salmo criollo: 4)


(Foto: Eliseo Miciu Nicolaevici)



1. Escuchaste mi llamado
porque mi causa era justa,
y al embretarme la angustia
contestaste a mi cencerro,
como contestan los cerros
a la voz del que pregunta.

2. ¿Hasta cuándo el hombre zonzo
galopiará tras el viento
enlazando pensamientos
de mentira y vanidá?
¡Es que Dios con su amistá
no es cosa de arriar con tientos!

3. Que sepan que Dios me oye
y mi pedido ha escuchado,
y al dormirse en su recado
mediten ellos mi ejemplo
debajo de ese gran templo
que forma un cielo estrellado.

4. Pero quizá hay quién se diga;
"La alegría no es pa mí,
yo soy un pobre infeliz,
su luz ya no me ilumina".
Pero yo sé que El camina
a un paso detrás de mí.

5. El Señor me puso dentro
una alegría profunda,
como la que hay cuando abunda
el trigo, el vino, la carne;
si hasta pa dir a acostarme
mi custodia en El se funda.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

"El Chingolo"

(Pintura: Fernando Romero Carranza)



Cuando anduve por la pampa
rodando por mis azares
vi caballos a millares
por donde la indiada acampa,
pero de tan linda estampa
francamente, vi uno solo,
que le dicen “El Chingolo”
y es como caña tacuara,
doradillo mala cara
¡cómo pa’ correrse un bolo!

Gracias a su patroncito
que lo cuida como alhaja
y de en tanto, lo rebaja
dándole algún galopito
no lo descuida “El Criollito”
como le llama el gauchaje
teniendo pingo y coraje
es muy lindo hacer pata ancha
y rotarla en cualquier cancha
del más peludo paraje.

Yo creo que no hay caballo
que lo basureé al “Chingolo”
porque peinándolo solo
es más ligero que un rayo,
pueden venir de’sos pagos
carreras a concertar,
se van a desengañar
con éste caña tacuara
doradillo mala cara
¿con qué, le van a ganar?

No se forjen ilusiones
porque llegado el momento
mirando a los cuatro vientos
quedarán los chapetones,
entre tantos mancarrones
siempre sale, alguno, luz
parejito hasta la cruz
juguetón, mansito y guapo,
¡perdonen si lo destapo
para palmearle el testuz!

Yo le aconsejo al “Criollito”
que siempre lo cuide ansina
pa’ que la yerba dañina
no se gane en su pastito
si muere su caballito
se quedará triste y solo
aunque recorra hasta el Polo
no hallará otro, garanto
que corra, y lo quiera tanto
como a su lindo “Chingolo”.