Casilla que entre corrales
te levantás imponente
y guardás hasta el presente
recuerdos tradicionales;
sentastes aquí tus reales
allá por el novecientos
cuando de los cuatros vientos
llegaban a Mataderos
los abnegados reseros
fieles a su cumplimiento.
Eras como un hospedaje
de escasa comodidá
porque a tu lado… es verdá
que albergastes al gauchaje,
que después del largo viaje
y cumplida su misión
hacía rueda en el fogón
reunido con los de acá
trenzándose una amistá
sincera y de corazón.
A tu lado trabajaron
reseros que ya se han ido
y el recuerdo merecido
por Mataderos dejaron;
otros ya se retiraron
del oficio, a descansar,
pero otros se ven andar
todavía bien montaos
que con años encimaos
no se quieren entregar.
A tu lao pasó el pilchaje
de plata y de soguerío,
ponchos de lana pa´l frío
y encerao, bajo el cueraje,
y de distintos pelajes
tropillas bien entabladas
con madrinas enseñadas
por los hombres domadores
y cencerros tañidores
marca “Ciervo” registrada.
A tu lao se oyó gritar
¡tropa… tropa!, en la embretada,
se vio alguna costalada
y flor de parada echar,
como se sintió balar
desesperado al vacaje,
como se vio al terneraje
buscar la madre afligida…
¡Cómo ha cambiado la vida…!
¡Cómo cambió este paraje…!



