"...guacho y gaucho me parecían lo mismo, porque entendía que ambas cosas significaban ser hijo de Dios, del campo y de uno mismo". (Don Segundo Sombra)
Erase una viejecilla
que en los ojos tenía un mal
y la pobre no cesaba
de llorar.
Una médica le dijo:
- Te pudiera yo curar
si tus hijos me trajesen
una flor del Ilolay.-
Y la pobre viejecilla
no cesaba de llorar,
porque no era nada fácil encontrar
esa flor del ilo-ilo Ilolay.
Mas los hijos que a su madre
la querían a cual más,
resolvieron irse lejos a buscar,
esa flor maravillosa
que a los ciegos vista da.
------------------------------ Bernardo
- Va rajado el cuento, abuelo,
como vos me lo contáis.
¡ No habéis dicho que los hijos
eran tres!
........................................ Don Juan
- Bueno, ¡Ya están!
Y los tres, marchando juntos
caminaron, hasta dar
con tres sendas, y tomaron
una senda cada cual.
El chiquillo que a su madre quería más,
fue derecho por su senda sin parar,
preguntando a los viajeros
por la flor del Ilolay.
Y una noche, fatigado
de viajar y preguntar,
en el hueco de unas peñas
acostóse a descansar.
Y lloraba, y a la pobre
cieguecilla recordaba sin cesar.
Y ocurrió que de esas peñas
en la lóbrega oquedad,
al venir la media noche
sus consejos de familia
celebraba Satanás.
Y la diabla y los diablillos,
en horrible zarabanda
se ponían a bailar.
Carboncillo, de los diablos,
el más diablo para el mal,
¡Carboncillo cayó el último
de gran flor en el ojal!
- ¡Carboncillo!- gritó al verle
furibundo Satanás -,
¡petulante Carboncillo,
quite allá!
¿Cómo viene a mi presencia
con la flor de Dios hechura
que a los ciegos vista da?
Metió el rabo entre las piernas
y poniéndose a temblar,
Carboncillo tiró lejos
el adorno de su ojal.
Y el chiquillo recogióla,
y allá va,
¡corre, corre, que te corre,
que te corre Satanás!
el camino desandando sin parar,
y ganó la encrucijada
con la flor del Ilolay.
Le aguardaban sus hermanos,
y al mirarle regresar,
con la flor que no pudieron
los muy tunos encontrar,
¡le mataron, envidiosos,
le mataron sin piedad!
le enterraron allí cerca
del camino, en un erial,
y se fueron a su madre
con la flor del Ilolay.
Y curó la viejecita
de su mal,
y al pequeño recordando
sin cesar,
preguntaba a sus dos hijos:
-¿Dónde mi hijo, dónde está...?
- No le vimos, contestaban
los perversos, - que quizá
extraviado con sus malas
compañías andará.-
Y los días y los meses
se pasaron, y al hogar,
¡nunca, nunca el pobrecillo
volvió más!
Y una vez un pastorcillo
que pasó por el erial,
una caña de canutos
vio al pasar.
Con la caña hizo una flauta,
y poniéndose a tocar,
escuchaba el pastorcillo
de las notas al compás,
que la caña suspiraba
con lamento sepulcral:
- Pastorcillo, no me toques
ni me dejes de tocar:
¡Mis hermanitos me han muerto por la flor del Ilolay!
(Pintura: "La flauta del pastor" de Sophie Anderson)
La estrella del poniente
me va alumbrando
por esta huella larga
que voy andando.
Me apuran la nostalgia
tal vez por eso
se estiran la distancia
en el regreso.
No afloje mi estrellero
que su alegría
venteándolo al pampero
también es mía
Voy galopeando pampa
por trebolares
que cerca estoy del pago
no hay quién me pare,
larairalarailaila,larairalarailaila,
que cerca estoy del pago
no hay quién me pare.
Rodé por muchas huellas
tras mi destino
como los cardos rusos
por los caminos.
Y vuelvo a la querencia
marchita el alma
igual que pasto puna
por la heladas.
No afloje mi estrellero
que su alegría
venteándolo al pampero
también es mía
voy galopeando pampa
por trebolares
,qué cerca estoy del pago
no hay quién me pare,
larairalarailaila,larairalarailaila,
qué cerca estoy del pago no hay quién me pare.
Fría el agua -como nieve-
congelando hasta las bestias,.
y yo a un tronco las molestias
le sacaré -mientras yueve-.
Recostao contra la trebe
viá dejarlo todo el día
pa’ ver si la rebeldía
despacito se refala
y cuando lo atraque al tala
se prienda con alegría.
Un pedazo de madera
que habla de aves y de nidos,
de los inviernos sufridos
y flores de primavera.
Cada rama, la manera
de acariciar la distancia
y la espinuda arrogancia
se curtió con los poderes,
como se curten los seres
que sufren desde la infancia.
Hueya de su derrotero
es la cicatriz de un gajo,
la plataforma -barajo-
de una casita de hornero;
ayí se templó el pampero,
¡golpiaron los ventarrones!
…y en las frías oraciones
-la brisa suave que sopla-
dejó la silvestre copla
que acunaba a los pichones.
Si el final de su esistencia
lo vio rodar por la grama
tendrá que alzarse en la yama
como grito de presencia.
El chispiar será conciencia
y la brasa, integridá.
Dejando en la humanidá
el calor que fertiliza
…si hasta la misma ceniza
tiene alguna utilidá.
Lentamente debe arder
pa’ que’l humo ni se note,
pero que al fuego le brote
un amplio resplandecer.
Será como renacer
al yegar la madrugada.
Y el que no pueda ver nada
en la hoguera de’ste leño
¡qué despabile su sueño
al sol de la yamarada!
Ser como el árbol,
brazo de gigante hacia el cielo,
buscando abajo nutritiva arteria;
una mano buscando la primicia
de la primera estrella,
la fuente de la vida,
esperanza y belleza.
Ser como el árbol quiero, y como el árbol
concretar el ideal de la existencia:
flores, frutas y sombras al romero,
y para trino y ave, mano abierta.
Un manto de esmeralda cubrirá tu ramaje,
y lleno de tibieza
me poblaré de nidos y de acentos
-columna melodiosa entre la selva-;
proclama al sol el trino dedicado,
por la noche, bengala de luciérnagas,
buscando siempre el cauce de la vida,
al viento en su lenguaje de banderas,
reproduciendo en la agonía
la eterna primavera.
Si carcomido y viejo
me quedará una grieta
donde dejen su carga de oro y mieles
mis líricas hermanas las abejas.
Derrumbadas mis ramas
han de cantar en ellas
calandrias y boyeros
que en mi agonía colgarán sus tiendas.
Tendré un responso en el ocaso
con mensaje de luz en la tiniebla.
he de dar flores a mi propia tumba
mientras me llore un pájaro en la selva.
Ser como el árbol: útil en la muerte
y cumpliendo mi fin sobre la tierra.
Para el ángel que muera, cuando caiga
que labren un cajón con mi madera.
De mi ramaje altivo y solitario,
de lo que quede, cuando ya no sea,
que enciendan fuego y con el humo envíen
un mensaje de luz a las estrellas.
El campesino lugar
pinta su color agreste
y bajo un zarzal silvestre
se ve un zorrino trotear.
Nada se sabe ocultar
ni el silencio de oración,
trilla la imaginación
para salir del letargo
y altivo y solo está el cardo
honrando la tradición.
Con esa altivez de macho
se viste también de flor,
blanco y celeste color
da finura a su penacho,
y como se ha criado guacho
yo lo suelo acompañar,
nadie le podrá negar
su raigambre en la llanura,
sobresaliente figura
es el cardo singular.
En forma de escarapela
florece erguido y airoso
y al semillar caprichoso
cuida un rodaje de espuela;
y al plumerillo que vuela
que lo llaman “panadero”
al tomarlo prisionero
le piden con cierto aliño
muchos encargues los niños
por las casas y potreros.
Como cumpliendo un deber
en el jardín de una casa
enorgullece la raza
de quien lo supo traer.
Yo que te he visto crecer
entre plantas extranjeras
quisiera por donde fuera
encontrarte criollo cardo
y que te canten los bardos
para que nunca te mueras.
tu pureza y tu hermosura
para siempre la perdiste
y ya no eres la que fuiste
nada te queda de flor
La letra de esta canción utiliza las dos primeras octavas de un poema titulado "Flor de cardo", publicado en 1899 en la revista El Fogón y firmado por la poetisa Isabel Cecilia Canavery. La tercera estrofa cantada por Gardel en su grabación de 1919 es de autor desconocido, atribuida a Gardel y Razzano. En las grabaciones realizadas por el Zorzal en 1929 y 1930, la tercera estrofa está tomada del estilo "Pobre flor" de autor anónimo que el cantor había registrado, para el sello Columbia, en 1912. Este hecho hizo creer que “Pobre flor” y “El cardo azul” eran una sola obra de Isabel Canaveri de la que Gardel, en cada caso, utilizó distintas partes de la misma.
Lo que más contribuye a mantener esta confusión es el hecho de que ambas letras, tratan un tema, aparentemente, similar utilizando la misma estructura literaria en sus estrofas.
Sin embargo, analizando ambas obras con cierto detenimiento se advierte que los temas desarrollados tienen distintos enfoques: la grabación registrada en el año 1912, según vimos oportunamente, está desarrollada sobre el manejo de un lenguaje muy simbólico en tanto que la redacción de Isabel Canaveri corresponde al lenguaje llano o directo.
Anotamos aquí la versión original y completa del poema de Isabel Canavery enviada por nuestro amigo don Carlos Raúl Risso. FLOR DE CARDO Entre mil flores silvestres en el campo, muy gallardo, se alzaba un vistoso cardo con su penacho de tul, y del rocío las perlas blanquecinas, lo cubrían, y nevadas se veían las hebras de cardo azul. ¡Qué contraste caprichoso en ese instante ofrecía, viendo que el sol deshacía aquel manto virginal; y en finísima llovizna caer las gotas al suelo y tan azul como el cielo el cardo otra vez quedar! Acierta á pasar un día de la planta muy cercana, incauta niña, y ufana al cardo se dirigió: ¡Que flor tan linda! se dijo, que bello color ostenta, es como el cielo, y contenta cortarla en vano intentó. Porque ¡ay! ella no sabía que el azul vivo y hermoso de ese cardo era engañoso, y á asirlo va cón afán; y estiende su nívea mano porque ella no se imagina que las agudas espinas ocultas tras él están. Toma la flor y al instante su blanca mano de nieve la separó, porque aleve aguda espina la hirió: y bañada por el llanto huyó la niña inocente con la tristeza en la frente y herido su corazón. Como ese cardo engañoso que con majestad estraña alza sus flores, que baña el rocío matinal; así la triste apariencia vestida de hermosas galas, cierne sus siniestras alas ocultando la maldad. Quilmes, Noviembre 1899 Versos de Isabel C. Canavery (Textual de Revista “El Fogón” Nº 52 del 30/11/1899
Montevideo, R. O. del Uruguay)
"Pobre Flor" (Estilo) Pobre flor que en el olvido me dejó su jardinero. Vas y va por el pampero lleno de fragancia y color; su pureza y tu hermosura para siempre la perdiste. Ya no eres lo que fuiste ya nada te queda de flor. Ya no viene el picaflor, como en tus horas de amores, para mirar los primores que la natura te dio. Y la misma mariposa pronto te acariciaba… la que tanto te adoraba para siempre te perdió. Ya no brillan los encantos, de tu galana hermosura; ya no tiene la frescura que ayer la vida te dio. El tiempo sin primores sin sol, solo y sin estrellas ya no alarga mi existencia con la sombra se perdió. ("Anónimo" compuesto en 1913; ...letra adjudicada a José Razzano)
Otra vez, como el zorzal
de la enramada campera,
vuelvo con la primavera
a tu florido rosal.
El gaucho sentimental
soy, que en tus rejas cantó,
y una lágrima vertió
cuando, a su dolor, tirana,
te asomaste a la ventana,
para decirle que no.
Y porque al fin comprendiste
mi querer grande y sincero,
le diste al gaucho trovero
lo que a ninguno le diste...
Yo borré la pena triste
que estaba anidando en mí;
y cuando, cerca me ví
de triunfar sobre tus galas,
como un pájaro las alas
de mi esperanza batí!
Mas luego, en mi corazón
que era una planta marchita,
floreció la margarita
de mi perdida ilusión.
Mi guitarra su canción
alzó en la noche estival,
y en el florido rosal,
con singular embeleso,
dejó su vibrante beso
mi serenata triunfal...
El tiempo, a sus esquiveces
en el afán de acercarme,
me dio ocasión de alejarme
y de olvidarte cien veces;
pero yo, en mis altiveces,
firme al amor que juré,
más desde entonces te amé,
y apasionado en mi orgullo,
mi corazón sobre el tuyo
como una flor deshojé...
Pero a pesar del afán
con que mi labio te nombra,
a veces, como una sombra,
mis esperanzas se van.
Entonces pienso que están
lejos mis glorias que ví,
y al recordar que por tí
es la duda que me inquieta,
vuelve a clavar su saeta
la pena dentro de mí.
Por eso, cuando el dolor
en mi pecho hinca su garra,
en mi sentida guitarra
busco el perdido valor.
Y cuando en mi sinsabor
no puedo alzarme triunfal
y tu amor sentimental
recuerda al mente mía,
siento la melancolía
de aquella noche estival...
Quejoso estaba un olivo
de la ingratitud de un ave
que en furiosas tempestades
en él buscaba su abrigo,
y entonando en sí su anhelo
le dijo con eco triste:
-Cuando en mí te guarecías
venías tarde y mañana
y hoy te retiras ufana,
porque sin hojas me viste.
Todo aquél que haya rodado
y haya juntado experiencia
conoce que con paciencia
se espera al que se ha alejado;
-"dime por qué me has dejado,
por qué el nido abandonaste,
por qué en otro árbol colgaste
ingrata tu blando nido:
por qué sin dar un motivo
ave de mí, te alejaste".
Pd: En el cancionero del Río de la Plata recopilado por Jorge Furt aparece la siguiente versión antigua:
Quejoso estaba un olivo
por la ingratitud de un ave
que en feroces tempestades
en él buscaba su asilo,
y entonando en sí su anhelo
lo dijo con eco triste:
-Cuando en mí te guareciste
frondosas eran mis ramas
y te volaste ufana,
cuando sin hojas me viste.
Al ver que, alegre reposas
de tu gloria no presumas,
pueden faltarte las plumas
como me faltan las hojas,
y una estación rigurosa
algún día fatigarte,
y el árbol que abandonaste
con orgullo y vanidad,
de una fuerte tempestad
puede algún día ampararte.
De balde busqué tu sombra arbolito del querer; tu sombra fue para otro yo al sol y muerto de sed. En el juego del amor siempre se arriesga de más, jugador de ojos vendados a pura pérdida va. Si el amor es una brasa en el fogón de la sangre, de sobra estará el fogón cuando la brasa se apague. Ay del corazón que sangra por un amor imposible, no hay remedio que lo cure ni palabra que lo alivie. Para que el sol no la hiriera mi amor pintó una paloma, la paloma abrió las alas y ellos le dieron su sombra. Si el amor es una llave que abre las puertas que quiere; ¡dichoso quien vive amando y que amando se muere! No lloro el tiempo que muere, lloro el amor que se va solo envejecemos, sólo: cuando dejamos de amar. Ladrón a media, otoño, ladrón a medias: ¿por qué!, si me robaste la fuente, no me robaste la sed? -------------------------------------
Por donde andarán tus ojos
mirando lo que no quiero
ellos regalando vida
y yo muriendo por ellos.
Se va secando, secando
el árbol de mi esperanza;
si no lo riegan tus ojos
qué mal destino me aguarda.
De balde busqué tu sombra arbolito del querer, tu sombra fue para otro yo al sol y muerto de sed.
Aunque la noche te esconda
igual te veré a mi lado;
el recuerdo enamorado
es la mirada más honda.
Para el amor y el olvido
se han hecho solo dos huellas:
la del amor en el agua,
la del olvido en la piedra
De balde busqué tu sombra arbolito del querer, tu sombra fue para otro yo al sol y muerto de sed.
Qué pena vana la pena
de andar y andar recordando
promesas de una morena
que se divierte olvidando.
Buscando olvido me fui,
me fui de donde vivía;
muchas cosas olvidé
menos lo que yo quería.
De balde busqué tu sombra arbolito del querer, tu sombra fue para otro yo al sol y muerto de sed.
Recitado: Te cuesta arder pero eso si, después que prendés ya no te apagas, basta mover cenizas y encendida, como un bicho de luz mueves las alas. En cambio la charamusca arde enseguida, un soplido nomas y se hace llama, la llama crepitante de un minuto que apenas da calor y menos brazas. Metido en el fogon estoy pensando como son de gemelas leña y alma. Hay almas que se dan sin apagarse y las hay que sin darse ya se apagan. Cuantas veces engaña la apariencia de tanto charamusca iluminada que en poquito minutos te encandila y al ratito de arder no queda nada. ---------------
¡Qué igualito que somos coronilla!
nacidos en el lomo de una sierra,
y hundimos la raíz como una mano
para afirmar el alma entre las piedras.
No nos vamos en flores pero en cambio
nos damos como amigo en las tormentas,
tampoco damos frutos y sin embargo
algún mburucuyá se nos enrieda.
Recitado: La espina que mostramos solo tiene de arisquez dura apariencia, y solo se lastima el que pretende entrar al corazón pero a la fuerza, o arrancarnos un nido porque un nido jamás se muere solo y siempre lleva cuando se muere el canto que empollaba para ponerle un pico en primavera. --------------------
Somos dentro del monte lo más recio
casi sangre, por dentro, la madera
que si se enciende braza por la noche
en pleno mediodía sigue estrella.
No nos vamos en humo y sin embargo
si tiene que arder, ¡arde la leña!
podrán quemar el cuerpo: ¡nunca el alma!
que el alma que es raíz: es como piedra.
Recitado: Aquí en esta ciudad soy forastero, extraño con angustia a mi querencia y trato en el cemento de dar sombra la sombra fraternal que el hombre lleva. --------------------
Y aún doliéndole el alma a la distancia
y aún sintiendo sangrar a las ausencias,
del cardenal azul, de las calandrias,
del clavel del aire y la carqueja.
La brasa voladora del churrinche
la chilca, el romerillo y la marcela,
no le aflojo a mi brasa porque aún solo:
un solo coronilla hace una sierra. Recitado: ¡Qué igualitos que somos, coronilla, nacidos en el lomo de la sierra y hundimos la raíz como una mano para afirmar el alma entre las piedras.
Me llaman el "Zurdo" Lopez,
soy hachero correntino,
apenas muera la noche
ya salgo buscando monte.
La luna pone en mis hombros
la sombra de los quebrachos
con una mano de amigo
como un abrazo entre machos.
Y así me deja la vida:
tranco y hacha...hacha y tranco...
El tiempo se va pasando
y la fuerza se me escapa
como arena entre las manos;
es que así ha'i de ser la vida
de un hachero de tus pagos:
tranco y hacha... hacha y tranco...
Tal vez que haya'e ver un cielo
distinto d'este que tengo
en donde el hacha no cante
y sí me acompañe el tranco...
pero no castiga el viento!
Si alguna vez por el vino
lo desconozca al compadre
no ha'i de ser porque sea bravo;
lo que pasa es que al vino
le da por andar peleando...
Porque es él, el que pelea,
si yo soy un hombre manso,
que solo sabe de montes:
tranco y hacha... hacha y tranco...
Me llaman el "Zurdo" Lopez
y m'hei de morir...hachando!
----------------------------------
La pucha que quema fiero
el sol sobre mis espaldas
y parece que de balde
se me fuera la mañana.
Te ando midiendo quebracho
pa' ver de que lao entrarte,
y es ciego el ojo del hacha
con la que voy a voltearte.
Un ave deja su nido,
tibio capullo en el aire,
y yo te mido quebracho
pa'ver de que lao entrarte.
Arenales de este Chaco,
sólo viento, monte y nadie!
se mi irá yendo la vida,
en cada hachazo por darte.
Arenales de este Chaco,
sólo viento, monte y nadie!
Y cuando caiga la tarde
volverán para buscarte,
la sombra, luto del aire
y trinos que cobijaste.
Arenales de este Chaco sólo viento, monte y nadie!
Soy un árbol deshojado
que un mal tiempo me ha hecho mal sólo me queda llorar
y recordar lo pasado.
Cuando era de hojas cargado
las aves venían frecuentes
y en mis ramas solamente
alojaban sus niditos
y hoy porque me ven marchito
me huyen indiferentes.
Cuando era un árbol coposo
todas las aves venían,
contentas allí vivían
alegres, llenas de gozo.
¡Qué tiempo más primoroso
que en un mal se ha convertido!
Las aves dejan sus nidos
sin querer reflexionar
que mis gajos se han de criar
y ser quien antes he sido.
Mis verdes hojas perdí,
mi corteza no verdece,
mis gajos tampoco crecen
ni yo soy quien antes fui.
Pero yo digo entre mí
si vuelvo a reverdecer,
las aves han de volver
a sus alojados nidos,
gozaré el tiempo perdido
y seré quien antes fui.
Toda planta necesita
el riego de un hortelano
porque espera un buen verano
y una hermosa primavera.
Si un tiempo se pudiera
regar esta pobre planta
con el riego se adelanta
y vuelve a reverdecer
como suele suceder
que el más cáido se levanta.
.......................................... Dictada por Victorino Nogueira, de San Antonio de Areco, Bs.As. Juan Alfonso Carrizo también tiene estas décimas en el Tomo II del Cancionero Popular de Tucumán, pag.128, Nº514. También la cantaba Juan Ledesma, gaucho de la Guardia del Monte. (Apuntes de Don Luis Flores)
(Foto de Luis Pedro Hardoy: algarrobo en Formosa)
No me dejes partir, viejo algarrobo...
Levanta un cerco con tu sombra buena,
Átame a la raíz de tu silencio
Donde se torna pájaro la pena.
Vengo de un mundo lleno de caminos,
Montaña, selva, mar, prado y arena.
¡Traigo una sed de paz, tan infinita...!
Hazme un nido de amor para mi pena.
Yo siempre fui un adiós, un brazo en alto,
Un yaraví quebrándose en las piedras;
Cuando quise quedarme vino el viento
Vino la noche y me llevó con ella.
Mucho tiempo te vi quieto en la tarde,
Nada cerca de ti, solo tu fuerza.
Ti balsámica sombra es como el beso
Del aura vesperal sobre la tierra.
No me dejes partir, viejo algarrobo,
Que ya no sé decir: ¡Hasta la vuelta...!
Hay un río profundo que me llama
Desde el antiguo valle de la pena.
Que en ti se anuden todos los caminos
Con abrazo tenaz de enredadera
Y no haya más rumor que el de la tarde,
Cuando pasa descalza por la arena.
(Foto: Alejandra Cruz)
No me van a ver de traje
ni andar luciendo corbata,
de bombacha y de alpargata
ese es mi criollo linaje.
Soy como el cardo salvaje,
crecí en el campo nomás,
nunca doy un paso atrás
y se aguantar los rigores:
¡pa los amigos las flores
y espinas pa'los demás!
Soy pobre no via negar
y no es verguenza ninguna,
porque mi mayor fortuna
no es dinero pa contar.
Sólo tuve que cuidar
la herencia que Dios me dio
mi padre que la sembró,
mi madre que a luz la daba:
la plata sucia se lava
pero la decencia no.
Por eso que a mi pobreza
la llevo con dignidad,
que pa'andar con la verdad
no necesita riqueza,
porque el oro 'e la franqueza
no cualquiera la tendrá:
decencia, sinceridad,
por donde quiera que ande
y es el tesoro más grande
vivir con honestidad.
Como el cardo soy nacido,
solo pincho si me tocan,
y alguno si me provoca
¡no me caigo de un soplido!
La envidia del resentido
es un espejo del mal,
yo respeto a cada cual
que le falte o que le sobre
¡pensar que nací tan pobre
pero me envidian igual!
No me suelo doblegar
por eso he sobrevivido,
aunque el viento embrabecido
a veces me hace doblar.
Tormentas que al azotar,
me hicieron estremecer
pero debo reconocer
a pesar de mi lamentos:
¡que pueden más que los vientos,
los ojos de una mujer!
Soy como el cardo salvaje,
arisco pa'la ciudad,
me gusta la soledad
y la quietud del paisaje.
Sin secarse mi ramaje
se vuelve más blanquecino
cuando me sopla el destino
su gris negrura de tul
dejaré una flor azul
al final de mi camino.
"Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música..." Jorge Luis Borges
"La pampa, señor, es como la serpiente..., lo magnetiza al hombre, lo encanta y lo adormece, y al fin se lo devora". (G.E. Hudson)
Visite al Gauchoguacho en...
Estancia "La Brava"
Pampa
Madre. Horizonte. Soledad. Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva...Cuna, sepulcro y sustento. Creadora del gaucho afirmativo, del caballo amigo de la distancia, del puma escondido y del chajá ascendente. Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta...¡Tú que das resignación al pequeño, empampado de infinito! Ricardo Güiraldes.
El hombre nacido en la pampa tiene todo el cielo y todas las estrellas que parece que se le vienen encima. Tiene las primeras luces del sol a la mañana y las últimas del anochecer. El horizonte es la primera abstracción para el hombre, ya que es una línea que se ve pero que no existe, porque en la medida que avanza, se aleja más. Nunca va a encontrar el horizonte, sin embargo está ahí. Entonces el canto de ese hombre es reflexivo, intimista, profundo, como asombrado por la grandeza de la inmensidad. (Suma Paz)
"La pampa con su mutismo imponente y su monotonía tan característicos, predisponían poco a la locuacidad. -'El campo es tan lindo, me decía cierta vez un gaucho, que no dan ganas de hablar" Leopoldo Lugones
Paisajes
Pareciera que se agacha la huella del horizonte, y uno se pierde en el monte hasta hallar una lomada. La tierra parece nada y en ella se afirma el hombre.
Presentación
De n'antes
De ranchos y taperas
Pa'la moza
Sucedidos
Oficios
Nuestros paisanos los indios
Cosas del campo
Baguales
Jenofonte dice que al andar a caballo se siente la necesidad de que a uno le crezcan alas... Así el caballo resulta no sólo maestro del músculo sino también del alma... El caballo educa, rige al hombre y le da una filosofía propia. La filosofía de un jinete es distinta a la de un caminador...En el caballo se aprende la vida. Sobre su cabeza nace la lejanía y entre sus cascos se fatiga la tierra. A todo el que va jinete en su caballo su soledad lo acompaña. (Eduardo Jorge Bosco). ..................................................................................
A un domador de caballos
"Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: Es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra..." (Leopoldo Marechal)
Juiiira perro
Bichos de mi tierra
De chacota.
Canto con jundamento
Viva la Patria
Aquí me pongo a cantar
Cruz diablo
"He dicho muchas veces que aquí recibí mis primeras lecciones de abismo y de absoluto.
El cielo me las dió, me las dió la llanura abierta y desmesurada. (Olga Orozco).
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".