martes, 27 de marzo de 2012

El excusado

Esto que digo en verdad
si es que a usted le sucedió
o si un apuro le dio
es puro casualidad.
Conoce la intimidad
del alto y bajo nivel
solo se acuerdan de él,
si el cuerpo lo necesita
de ahí que recibe las visita
porque es un amigo fiel.

Una huellita marcada
por el tranco desparejo
dejó atrás un patio viejo
rumbo a la cita obligada.
Un criollo a la disparada
no quiere perder su tino
apuráu porque al destino
le quiere sacar ventaja,
se va aflojando la faja,
por la mitad del camino.

Al llegar lo recibió
sin que importe su lenguaje
si hasta el mudo hizo coraje
y en viento se transformó.
El cristiano le dejó
sus desechos unos tras otros,
él soportó por nostros
chaparrones y aguaceros
tiroteando el agujero
con ráfagas de porotos.

Aunque estuvo en todos lau
pasó desapercibido
y cuando fue requerido
respondió bien afirmáu.
Al quedar abandonau
demostró ser muy valiente
y hoy que el rancho está sin gente
él sigue, en su geografía
demostrando su hidalguía
le hace guardia permanente.

El tiempo le vino a dar
una revancha machaza
y metido entre las casa
forma parte del hogar.
Nunca lo iba a imaginar
si hasta el nombre le han cambiau,
ante estaba retirau
de las piezas y la cocina
pa'muchos fue la letrina,
pa'otros el excusao.

Un yuyo más entre tantos


Es lindo soñar despierto
mucho más si se concreta
algunos sueñan roncando
y hacen ruidos que molestan.

Pero eso viene con uno
pa'acompañarlo en la huella
hasta el final del camino
que se agota la paciencia,
Ahí te dirán cuánto vale,
el peso de tu conciencia.

Por eso yo me pregunto
¿pa'que tranquiar tantas leguas?
prefiero dirme en silencio
sin que nadie se dé cuenta,
por ahi me gano en el monte
buscando la paz eterna
y disfrutar de las cosas
que da la naturaleza
sin horarios que cumplir
y ser en cosas como estas
¡un yuyo más entre tantos!
y un ruido menos, en la siesta.

lunes, 26 de marzo de 2012

Plancha de carbón


Vieja plancha de carbón
hoy te evoco en la memoria
se va oxidando en la historia
tu cuerpo de fundición.
Ya no está sobre el mesón
que ayer fuera tu querencia
es una clara evidencia
que te ha olvidau el criollismo
y a causa del modernismo
muy pocos notan tu ausencia.

Con brazas de tala igual
o de marlo, en la ocasión
tuvo de caparazón
temperatura especial.
Si una seda natural
un muy buen trato exigía
la planchadora por guía
en un quehacer bien medido
con un trapo humedecido
supo salvar la porfía.

Le aplicaste el almidón
a la enagua con puntilla,
planchaste en forma sencilla
los volados de un blusón.
Que cerca del corazón
lucía un rojo clavel
con sentimiento muy fiel
lo fue bordando unas manos
y los ojos de un paisano,
se iban pialando con él.

Le canto en forma especial
a esas criollas lavanderas
que han planchau tardes enteras
las mudas del peón rural.
Luchadoras por igual
al lau de su compañero,
en tantos inviernos fieros
que nunca se han olvidau,
cada centavo ganau,
fue pa'engordar un puchero.

Mi madre vieja baqueana
sencilla y de mano franca
me fregaba hontura blanca
pa'curarme algunas nanas.
Planchaba un trapo de lana
medio quemado y maltrecho,
yo bebía satisfecho
el té caliente en un jarro,
pa'que aflojara el catarro
metido dentro del pecho.

Todas muertas han de estar,
alguna andará vigente
y dichoso de esa gente,
que orgullo es poderla usar.
Ellas supieron dejar
nuestras pilchas de primera:
la bombacha, corralera,
sin aflojarle al resuello
camisa y pañuelo'e cuello
con su inicial campera.

Solo quise recordarte
"vieja plancha de carbón",
se te ha enfriado el corazón
no hay leñas pa'calentarte.
Anduviste en todas partes
pa'bien de la gauchería,
cambia el tiempo ¡quién diría!
se moderniza el cristiano
y hoy hay prendas del paisano
planchadas en tintorería.

El palo del esquinero

(Foto: Marta Motti)
Esta es otra historia real
de las tantas que uno escucha
cuando un criollo desembucha
su inspiración natural.
Él vío crecer el cardal,
él vio pasar los reseros,
él escuchó a guitarreros
las vidalitas cantar;
saben de quien voy a hablar
del "Palo del esquinero".

Por estar cerca'e las casas
lo usaron como medida
probando en cada partida
los criollos puros de raza.
Como vuelo de torcaza,
él vio cruzar los venáu
y relojiando un tapáu
lo usaron como rayero
y fue cimiento de hornero
que su nido a levantáu.

Él fue lugar pa'una cita
cuando la hija del puestero,
se enamoró de un pueblero
siendo demás jovencita.
Era muchacha bonita,
nadie lo pudo negar
y el mozo sin titubear
le dio un cariño sincero
y fue allí en el esquinero
que se juraron amar.

En él subía el boyero
pa'poder vistiar la hacienda,
lo acariciaron las riendas
de su petizo nochero.
Él vio crecer los teneros,
el maizal bien espigáu
y como pial de volcáu
los años fueron pasando
y al pulirse fue mostrando
ser quebracho coloráu.

Como brazos extendidos
lo acompañan dos puntales
ellos soportan los males
de pechazos recibidos.
La alambre es como silbido
que al estirarla, palpita
por eso tuvo cerquita
en ocasiones le explico,
algún torniquete chico
de los yamáu palomitas.

En su raíz encrucetada
se afirman dos alambráu
el destino le a marcáu
que nunca afloje por nada.
Si habrá visto gaviotadas
que presagiaban tormentas
y pa'que llevar en cuenta
las veces que lo han pisáu,
hoy tiene el lomo bostiáu
que hacen mas criolla sus mentas.

Según los paisanos cuentan
que él fue parte de ese rancho
y hoy mangruyo pa'l carancho
que divisa su osamenta.
Tal vez ni se dé la cuenta
cuando el tiempo de un tirón
le arranque la posición
tan servicial que ha tenido
y de ahí pase a ser olvido
en brazas de algún fogón.

Así nomás

(Pintura: Francisco Madero Marenco)

Hay gente que manifiesta
actitudes no muy gratas
porque te ven de alpargatas
miran con el ojo alerta.
Mi rancho no tiene puerta
igual que nido de hornero,
sabe aguantarlo al pampero
y a la lluvia desde ya,
le rechaza la humedad
y es fresco en el mes de Enero.

Tengo un modo de vivir
que viene desde la cuna
como no amasé fortuna
no me supe distinguir.
Por eso voy a seguir
entre las cosas sencillas,
prefiero andar por la orilla
no meterme en el tumulto,
vi gente pechando el bulto
y en el golpe, hacerse astillas.

Como voy llegando a viejo
y pa'no arrancar enclenque
tengo atau en el palenque
un mancarrón azulejo.
Su estampa es el fiel reflejo
de las costumbres camperas,
muestra en su marca señera
un óvalo hecho a cincel,
al tranco y al trote de él
voy y vengo donde quiera.

En vano es echar el resto
cuando la justicia falla
se bien, que cuando me vaya
me voy a llevar lo puesto.
Sin rezongo, ni pretexto
por ganadas ó perdidas
por eso en la despedida
digo a modo de pregón:
vamos rumbo a un callejón
sin regreso, ni salida.

sábado, 24 de marzo de 2012

El viejo don Juan Rufino

(Dibujo: Eleodoro Marenco)

El viejo don Juan Rufino
nativo de Tapalqué
montaba en un pangaré
marca de la estancia "El Pino".
En su pecho de argentino
había un fino verseador,
resero, zapateador,
capaz de hacer cualquier broma,
con un rancho en una loma
y hasta medio payador.

Un gran amigo el paisano
el que recién le nombré,
dinastía de Juan José
que pelió contra Cipriano.
Bien achinao el fulano
guitarrero y buen cantor,
lucía un lindo tirador
de monedas bolivianas,
su melena blanca en canas
y una daga flor y flor.

Los domingos caía al pago
como cumpliendo un deber
y se prendía por placer
al vicio pa darle un trago.
No era de irse en amago
cuando se solía endiablar,
y si dél me pongo hablar
tenía como buen campero,
la condición y el esmero
de una tropilla entablar.

Decía que -anda mal la cosa.
No sé si bien le sentí
que del lao de Cacharí
se había alzao con una moza.
Que estaba muy revoltosa
la justicia por allá,
al milicaje de acá
se le andaba escabuyendo,
y por las dudas juyendo
de toda la autoridá.

Y a más pa las elecciones
el caso muy bien lo sé,
que pelió en el comité
por ser de otras opiniones.
Y por las mismas cuestiones
de política local,
en el boliche "El Bagual"
pa un 25 de Mayo,
le tiró encima el caballo
una tarde a un oficial.

Yo lo conocí al paisano
una vuelta que canté
por allá por Tapalqué
en el boliche "del Ruano".
Si viera qué buena mano
en cualesquiera ocasión,
nunca hizo ostentación
de lo que él representa,
y pa un cantor siempre atenta
estaba su condición.

Y en un concierto sencillo
en un boliche campero,
recuerdo bien que a Casquero
le fue enyenando el bolsillo.
Y si le sigo el ovillo
hizo cosas colosales,
no sé cuantos nacionales
me dió una vez que canté,
cuando yo le dediqué
" LOS DIEZ HERMANOS ROSALES".

Vivencias del campo

(Dibujo: Esteban Diaz Mathé)

Campo, haciendas y baguales
identifican mi ingreso
a lo mejor es por eso
que canto temas rurales;
pegao a los animales
desde que van a nacer,
después los veo crecer
cuidándolos con empeño
hasta que decida el dueño
con ellos, lo que v’a hecer.

Recorrer todos lo días
es como una obligación,
más en tiempo ‘e parición
infaltable, le diría;
ver como nacen las crías,
si hay terneros empachao
o alguno que se h’atrancao
sacárselo es importante
y el animal se levante
después que lo haya parteao.

Dir con la mirada atenta,
si anda el carancho volando
ya le está como anunciando
una guía de osamenta;
de vez en cuando se cuenta
revisar bien la majada,
que estén limpias las aguadas,
al molino vigilarlo,
y en tiempo ‘e invierno cerrarlo
por si es muy fuerte la helada.


Tener los remedios claves
pa’ un enfermo por si acaso
que a uno lo saquen del paso
si la cosa está muy grave;
cuando hay un hombre que sabe
hace las cosas esatas
sin miedo a meter la pata
y no sea necesario
llamar al veterinario
pa’ que dé una pichicata.

Tenaza y llave hay que alzar
y el perno torniquetero,
herramientas que un puestero
no las debe de olvidar;
la cuchilla pa’ cuerear
y el lazo, es reglamentario,
muchos piensan lo contrario
tal vez aquel que no sabe,
pero es elemento clave
y pa’ un gaucho necesario.

Son todas estas vivencias
que hay en el campo, normal,
haciéndola cada cual
según sea su esperiencia.
Hoy el estudio y la ciencia
lo quieren modernizar
pero me pongo a pensar
que las tareas rurales
tiene dones naturales
que no se pueden cambiar.

Las gauchadas no se cobran

(Pintura: Esteban Diaz Mathé)

- Llegué para devolverte
lo que me habías prestao.
Contento de estar curao...
Dando gracias a la suerte…
Quiso llevarme la muerte
con insistencia bravía
pero sigo todavía
redomoneando baguales
y aquí te traigo los reales
que me diste el otro día.

Además gracias, te digo,
porque andando en mala pata,
enfermo y con poca plata,
siempre estuviste conmigo.
En vos encontré un amigo
que ayudó sin pedir nada.
Hoy eso es cosa pasada
y traje al saber tu maña,
una botella de caña
pa’ agradecer la gauchada.

- Me siento contento, hermano,
por tan amable atención.
Y más grande es mi alegrón
verte enteramente sano.
Fue mi deber de paisano
hacer lo que hice con vos.
Y como crece en los dos
la amistá cada día más,
las gracias que a mi me das,
hay que dárselas a Dios.

No se cobra una gauchada
entre gauchos corazones.
Guardate esos patacones
que a mi no debés nada.
Arrimate a la enramada,
desensilla en la gramilla.
Voy a chairear la cuchilla
mientras bañás al overo,
porque tengo un buen cordero
pa’echar sobre la parrilla.

viernes, 23 de marzo de 2012

El jujeño Benitez

(Pintura: Eleodoro Marenco)

Como uno más de tantos
se juntó pa'los fortines,
y remitido a confines
de torturas y quebrantos.
Donde se regó con llantos
atroces a campo abierto,
donde un loco desacierto
al gaucho suelo lo empaña,
en la trágica campaña
que se llamó del desierto.

En defensas y desquites
de torbellinos momentos,
en los horrendos tormentos
de retiros y convites.
Allí el jujeño Benitez
se encontraba como a ciegas,
porque en sangrientas refriegas
en Trenque Launquén ardía,
"El Tres de Caballería"
que comandaba Villegas.

Torturado por el frío
el pobre gaucho jujeño,
que ni de su alma era dueño
como era su atavío.
Hambriento, sucio, sin brío,
hecho una sombra sobona,
a su vida pobretona
la salvaba de las dietas,
las rescoldadas galletas
que amasaba en las caronas.

Se quedaba en un letargo
pensando en su mamavieja,
o en la silenciosa queja
como en un perpetuo embargo.
De los robos lo hacían cargo,
lo hacían cargo de las cargas,
hacía las guardias amargas
en las temporadas frías,
y las tareas impías
en las jornadas más largas.

Pero en una "descubierta"
desertor lo habían creído,
o allá por Chimpay perdido
que era la coas más cierta.
Un piquete dió el alerta
que lo vieron de soldao,
entre unos pampas mezclao
cobrando su desgraciada
vida entre una rastrillada
desnudo y acribillao.

Cuando lo rodió la indiada
ni pudo hacer el intento,
de desanudar el tiento
del arma que traiba atada.
A sable fue la patriada
fue así que se defendía,
y mientras se le perdía
la fuerza que había en sus brazos
se adueñaban los lanzazos
de otro gaucho que caía.

El pobre gauchisolao
en el nombre de la madre,
invocó al Eterno Padre
después de lo que ha luchao.
Quien comentó emocionao
mas de uno frunciendo el ceño,
quien lo miró con desdeño,
quien lo trató duramente,
llegó a decir: ¡"qué valiente
ha sido el gaucho jujeño"!

(Pintura: Alfredo Mendez)

La tropilla

(Pintura: Esteban Diaz Mathé)


De pronto en la madrugada
suelo escuchar un cencerro
sobre el ladrido de un perro
furioso en la atropellada…
(Tras la madrina gateada
-como en el rumbo de un cuento-
entre las alas del viento
se me extravió la tropilla:
por eso me maravilla
cuando acercarse la siento.)

¿Qué tono infunde el desvelo?
Celeste tiene que ser,
porque al mirarla volver
se me levanta del suelo…
Oscuro era en vez el pelo
de los caballos del caso:
un testerilla, un picazo,
un albo y un taba blanca
y -medio moro en el anca-
un zaino de sobrepaso.

Pica la yegua en la punta
con retumbar de trabuco;
detrás, el zaino pasuco
y el taba blanca hacen yunta…
el testerilla se junta
con el listado en la frente…
el albo… ¡Pero la gente
qué me va a entender si digo
que con la vista los sigo
arreando por el poniente!

Algunos salvan las cosas
que no conocen los otros…
(El irse haciendo entre potros
no es corretear en baldosas.)
Hoy con las formas borrosas
de los sombrajes de palma
cruzan muy alto la calma
del cielo como una nube…
(A la tropilla que tuve:
¿quién me la quita del alma?)

jueves, 22 de marzo de 2012

Mancha y Gato

(A don Felix Ayme Tschiffely)

Al evocar las hazañas
de Chifler, con Mancha y Gato,
mi canto criollo desato
relatando sus campañas,
por cuantas güeyas extrañas
camino con todo ahinco,
cuidándole a Mancha el brinco
por su fama de cerril,
cuando partió un mes de abril
de mil nueve veinticinco.

De Buenos Aires partía
Chifler con su itinerario,
y los pagos del Rosario
le brindó su algarabía.
Santiago, su simpatía,
Tucumán, le dio quimeras
y peligrosas laderas
les empujaban a su
sangre que se iba al Perú
trepando las cordilleras.

El camino no se alivia
y a unas diez leguas de marcha,
por día sobre la escarcha
entran al fin a Bolivia.
La marcha no se le entibia
pero cruza con fortuna,
Potosí, La Paz y en una
de esas, el guía se aplastó,
en cambio Chifler siguió
aún afectado por la puna.

En donde un lugar hallaba
pa'que pellizcara un pingo,
allí se quedaba el gringo
y era donde descansaba.
Toda precausión tomaba
su pasión aventurera,
a mano la tabaquera
cuando se ponía a matear,
y pal lado de marchar
armaba la cabecera.

Sin guía a cincuenta grados
de calor cruza un desierto,
con un pingo casi muerto
por vampiros atacados.
Sin agua deshidratados
siguen su marcha serena,
dejando atrás toda pena
continuaba con su rol
todo arena, arena y sol,
todo calor, sol y arena.

Entra al Perú y en la cima
después que ha pasado Cuzco
desde su sendero brusco
la vió a la ciudá de Lima.
Castigado por el clima
en esa cuenta jornada,
notó que la "quijotada"
en el pecho le hizo un triz
y se sintió más feliz
cuando empezó la bajada.


En marchas muy fatigosas
y marcando bien su trazo,
fue orillando el chimborazo
entre murallas rocosas.
Se extasió en las primorosas
blancura de las montañas,
internado en las entrañas
mismas de un paisaje en flor
cuando el pueblo de Ecuador
aplaudía sus hazañas.

Dejó el pueblo ecuatoriano
entre güeyas desdeñosas,
y por sendas montañosas
penetró en el colombiano.
En el centro americano
orgulloso se sentía,
a los pingos que traía
con caricias les pagó,
en el poncho se envolvió
y durmió hasta el otro día.

Cruza el suelo panameño
y sin guía se dedica,
atravesar Costa Rica,
dándole rienda a su sueño.
Al cumplir su desempeño
en sus pingos se apuntala,
la experiencia le acaudala
dos años de luchador,
pasando San Salvador
y cruzando Guatemala.

Entre los climas ardientes
de revoluciones viejas
y picadas desparejas
de las selvas imponentes.
Luchando con mal vivientes
cruzando ríos y pantanos,
eran ya tres veteranos
pa'emprender cualquier trajín,
cuando se internan al fin
en el suelo mexicano.

El pueblo azteca dejaba
con dos años ya cumplidos,
de marcha a Estados Unidos
con toda la gloria entraba,
su rostro el plano mostraba
a pesar de su gran porte,
lo engalanaba el aporte
de sus criollos y el albur,
desde América del Sur...
hasta América del Norte.

Los blancos de Trenque Lauquen


El "Tres de Caballería"
que comandaba Villegas
fue un regimiento que a ciegas
pesaba lo que valía,
en toda su correría
el viejo cabo también
se dió el gusto de ser quién
domine todos los flancos,
con más de trescientos blancos
lujo de Trenque Lauquén.

Para cualquier patriada
los "Blancos" fue lo mejor
y era su orgullo mayor
en cualquier atropellada.
Pero una madrugada
de asombros quedó el tendal
como rodada fatal
unos pampas decididos
al ver los guardias dormidos
se los roban del corral.

Había unas treinta tropillas
en ese corral de zanja
y hasta el cuartel una franja
que un sargento la hizo astillas.
El Pampa hizo maravillas
en su burlona jornada
nunca ha de ser igualada
por diestro en esos trabajos
fue trabando los badajos
y se arrió la caballada.

Carranza el sargento tal
llegó se paró temblando,
pálido y tartamuedeando
ante su jefe oriental.
Sólo pensaba en el mal
de su horrenda mala suerte
tan solo huyendo del fuerte
se salvaría de esa falta
porque la pena más alta
se pagaba con la muerte.

Un piquete de soldados
salen de Trenque Lauquén
tras los bravos de Pincén
pa'rescatar lo robado.
La indiada ya había cruzado
la frontera con fortuna,
la maloqueada oportuna
fue de brillante maestría
y caen a la toldería
orillando la laguna.

El milicaje por hay
vio que no podía dar tregua
y anduvo cuarenta leguas
del fortín a Loncomay.
Había que volver y guay
con toda la caballada
después de esa galopada
se vengó un gesto burlón
a tiro de "remingtón"
en la cómoda patriada.

Todo milico volvió
repleto de pilchas finas
a más de unas cuantas chinas
y chafalonías que halló.
En el fortín se contó
la chusma pasó de cien
y el "Cabo Viejo" también
pudo ver recuperada
la famosa caballada
blanca de Trenque Lauquén.

Volviendo al rancho

(Pinturas: Molina Campos)

La otra tarde volviendo pa'mi rancho
aunque era largona la distancia,
por traer desbocao el pensamiento
el viaje se me hizo una pitada.

Me venía recostando en la fortuna
en esa que uno tiene dentro el alma,
y el recuerdo imborrable que aparece
de aquella hermosa inquietú de la infancia.

De los cuentos que oí por los fogones
que me hicieron querer las cosas gauchas,
de ver los pájaros cantando libres
disfrutar los ríos, querer las plantas.

Endulzarse la vida con las notas
que uno apenas la raspa en la garganta,
y adormecer entre unas manos tiocas
misterios musicales de guitarra.

Del petizo que díabamos a clase
que a los tres chicos llevaba'e las casas
y después se volvía de un galope
con dos más grandes cargaos en el anca.

Yo venía pensando en todo eso
con gran tristeza yo también pensaba,
en lo otro que le llaman riqueza
que viene a ser lo que no vale nada.

La otra tarde volviendo pa mi rancho
aunque era largona la distancia,
por traer desbocao el pensamiento
el viaje se hizo una pitada.

Rumbeando pa'otros pagos

(Dibujo: Esteban Diaz Mathe)

Voy acortando distancias
a paso lerdo y cansino,
por ese largo camino
que va a una estrellada estancia,
voy bebiendo la fragancia
del aire puro y sus flores,
llevo un puñado de amores
guardados en los bolsillos,
y en mi alma llevo el brillo
de mis pasados albores.-

Caminé por hondonadas
por huellas y pedernales,
y el cantar de los zorzales
alegraron mis mañanas,
a mi paso las ventanas
de muchos ranchos cerraron,
y solo me saludaron
los cuzcos con sus ladridos,
que al escuchar mi silbido
buen trecho me acompañaron.-

Y así sigo caminando
por la pampa de la vida,
muchas veces sin comida
pero nunca rezongando,
paso los días pensando
con una aurora soleada,
con las caricias amadas
de una china querendona,
o en tremolar de bordonas
bajo una luna plateada.-

Ya veo que voy llegando
y el cansancio voy sintiendo,
pero he de seguir sonriendo
y a las penas olvidando,
al amigo recordando
por su afecto y su asistencia,
y cuando llegue la ausencia
por el viaje que he emprendido,
sabrán que nunca hay olvido
si fue buena la presencia.-

miércoles, 21 de marzo de 2012

Romance de una cautiva



(Pintura: Emaús Miciu)


I.

Me sucedió en SAUCE CHICO,
salí a bolear unos días,
pa'armarme de algunos reales
o bien ganarme la vida.
Me pareció ver un Pampa
con una hermosa tropilla,
y fue grande mi sorpresa
cuando vi que era una India,
que andaba muy bien montada
no muy aindiada que diga.

Tenía rasgos españoles
tal vez podría ser mestiza,
me fui acercando despacio
le manotié la madrina,
claro... que, no podía juir
la cosa aquí jué distinta,
porque pasó que la yegua
había parido ese día,
y el mismo instinto de madre
tal vez la dejó tranquila,
aunque estaba algo asustada
por sentirse mi cautiva.

Le dije: "¿Habla español?"
Me contestó que de niña.
Y ya rumbié pa'las casas
con las alforjas vacías.
Al llevármela pa'l rancho
vi en su rostro una sonrisa,
con luz de una vida nueva
bortada de sus pupilas:
me fue contando su historia
de la sual se siente indigna.

Que de una maloqueada
el Cacique Baigorrita,
la robó de Bahía Blanca
del pago de donde es hija,
que su padre y madre han muerto
en esas tristes guerrillas,
que apenas tenía diez años
cuando vivió esa desdicha
que es la esposa de un Ranquel
que tiene unas cuantas chinas,

que le dieron muy mal trato
que así son con las cautivas
que fue mujer en un tiempo
en que la vida llovizna,
que no cumplió veinte años
y ya dio luz tres caricias,
que quedaron en los toldos
del Cacique Baigorrita.
(Pintura: Eleodoro Marenco)



II.

Recuerdo la primer noche...
apenitas llegué al rancho,
ahí manié las dos madrinas
pa'que se quedaran pastando,
yo, por las leguas andadas
estaba tan trajinado,
que al recostarme en el catre
quedé tendido a lo largo.
Me desperté con el alba,
salté más veloz que un rayo,
y allí la ví, junto al fuego,
sentada sobre los bastos,
esperando que despierte
con el mate en una mano.

Me senté junto al fogón
por momentos que miramos,
y así sin hablar palabras
hemos pasao muchos ratos.
Al poco tiempo no más
le fui notando algo raro,
dejó las pilchas indígenas
que las colgó de unos ganchos,
y entró en la usanza paisana
fue algo así como un milagro,
le miraba de reojo
ese misterioso cambio,
que transformó su color
y sus facciones de arauco
hasta ese, rostro oscuro
recuerdo después de un año
perdió el rescoldo del sol
y se empezó a poner pálido.
Comenzó a soltar sus trenzas
de su lindo pelo zaino,
y hasta se echó agua florida
en una blusa de raso,
que una viejona vecina
me le trajo de regalo.
Así lavando mi ropa,
cosiendo, limpiando el patio,
haciéndome de comer,
y mil cosas que no hallo,
me fue cambiando la vida
y ordené en el trabajo.
Yo me la llevé pa'eso...
pa'que me atienda, caracho!...
Pero la cosa cambió
murió mi sangre de "bravo";
aunque en cuestión de mujeres
fuí más porfiao que los vascos,
a más, pertenezco a esos
que han sido siempre orejanos,
y disparan tierra adentro
por no querer montar "patrios".
La custión me entró a gustar,
aunque soy hombre de campo,
me embobaba la figura
de sus pechos y sus pasos,
la mirada de sus ojos,
y su bello talle alto.
En un chispazo el amor
se puso a nuestros respaldos;
ella corrió enloquecida
a refugiarse en mis brazos,
y exprimimos en un beso
la pasión de nuestros labios.

(Pintura: Carlos Alonso)

III.

Ya hace trece años largones,
que su tremenda amargura,
se ha transformado en sonrisa
lo triste quedó en penumbra.
Ella disfruta el amor,
a mí su vida me embruja,
pero pasa que la dicha
a veces también se nubla,
y la luz que de repente
tanto y tanto nos alumbra,
se nos hace oscuridad
y lo hermoso se derrumba.
La empecé a notar muy seria
le vi una tristeza oculta
que le amargaba la vida
y yo no quería que sufra.
Le pregunté qué pasaba,
me digo: -"Mi pena es mucha,
el recuerdo de mis hijos
me dice que soy injusta,
que cambié por nuestra dicha
aquellas mis tres dulzuras,
aunque encontré en este rancho
una tremanda fortuna,
que no sabía que existía...
pues mi alma estaba desnuda".
Me pidió que la dejara
que la nostalgia la inunda,
que quiere ver a sus hijos,
que simulando una fuga
su esposo la aceptaría
aunque parezca una burla.
Me pidió que la acompañe
hasta el camino que cruza
en donde la hallé aquél día
que hablando en leguas con muchas.
Me costó decir que sí,
pero la ví tan confusa
que acomodé las tropillas
y hasta ensillé por las dudas.
Descolgó sus pocas pilchas,
se vistió a lo pampa chusma,
montó..., y salimos al tranco
con una tristeza mutua.
La dejé en la rastrillada
y que ocurra lo que ocurra...
Rumbeó pa'las tolderías
con tres esperanzas juntas
quería ver a sus hijos
y "¡que el sueño se le cumpla!".

En el puesto de "Las Tunas"

(Pintura: Gustavo Solari)

Una tarde de tabeada
el hombre se disgració
y como pudo juyó
por entre la paisanada.
A poco andar de pasada
hasta un puesto fue a llegar,
y después de saludar
a un atento paisanito
le dijo: -"Busco mocito
al encargado pa'hablar".

Mientras que un cusco ladraba
y un "juera"... al perro gritó,
el muchacho contestó
de que su padre no estaba.
Y que su familia andaba
por el pago desde ayer,
si algo tiene usted que hacer
o por alto tiene prisa
diga nomás qué precisa
que lo voy a complacer.

-"Vea mi amigo y es lo cierto,
tuve una brava de a pié,
con el hombre que pelié
dispués lo dieron por muerto.
Debo ganar el desierto
lo necesito ganar,
pero debo descansar
hasta la noche cerrada,
por si alguna milicada
quiere salirme a campear".

Era el hijo del puestero
de quince años nomás,
muy responsable y capaz
de jugarse todo entero.
Al montao y al carguero
los escondió en el galpón
y después con atención
le dio el catre de un hermano
en donde durmió el paisano
hasta más de la oración.

Cuando el hombre despertaba
con un bello atardecer,
le dio el muchacho a entender
que todo tranquilo estaba.
Mientras un mate le daba
también le alcanzó un porrón
y tenía en el fogón
a fuego lento, en la orilla
bien dorado a la parrilla
un pedazo de capón.

Después que cenó el paisano
bien decidido movió
y en el galpón ensilló
un oscuro rabicano.
El otro oscuro una mano
medio quería aflojar.
-"Despacio tendré que andar
haciendo en horas derroche,
- dijo- tranqueando de noche
me les puedo disparar".
....................................

A lo criollo decidido
cuando al padre vio llegar,
le empezó el chico a contar
lo que había sucedido.
Como si hubiera cumplido
con una deuda, le habló
y el paisano que entendió
lo que su hijo había hecho
le dijo muy satisfecho:
"lo mismo hubiera hecho yo".

martes, 20 de marzo de 2012

El sueño (Estilo)


Anoche, mientras dormía,
del cansansio fatigado,
no sé qué sueño adorado
cruzó por la mente mía;
soñé de que te veía,
y vos me estabas mirando,
y yo te estaba contando
mi vida triste, muy triste,
y que desapareciste
al despertarme llorando.

Volví a conciliar el sueño,
después de pasado un rato,
pero otra vez tu retrato
lo vi, con mayor empeño;
soñé de que era tu dueño
y que tú me acariciabas,
que muchos besos me dabas,
llenos de inmenso cariño,
y que otra vez, cual un niño,
llorando me despertaba.

Ay, qué sueño delicioso
y bello en la realidad...
lindo soñar que es verdad,
¡más despertar doloroso!
ver el cambio pavoroso
que se encierra en el sendero;
quisiera soñarte, pero
tengo el alma desgarrada;
quisiera soñar, mi amada,
que junto a tu lado muero.


El rebenque

(Foto de Armando Deferrari)

No se lo debe dejar
en ningún sitio olvidado:
en él está señalado
el derecho de mandar;
no se lo puede colgar
en la muñeca ni elija
quien castigue la verija
ni la cabeza del pingo,
que esas son cosas de gringo
en esta tierra prolija.

Su destino de obediencia
curtido en el cuero crudo,
va del azote al saludo
con dócil condescendencia,
y con la misma cadencia
del brazo que lo acompaña,
en anca arisca se ensaña
o restalla en el cogote,
calculando en el rebote
el sitio donde más daña.

En el cabo que atestigua
señales de vida dura,
muestra su noble finura
maciza la plata antigua,
pero el brillo se amortigua
en el filete abollado,
donde la lucha ha dejado
esas resacas borrosas
que ostentan todas las cosas
usadas en descampado.

La lonja tiene un derecho
reseco, de tierra parda,
y en él el golpe se aguarda
con la firmeza del pecho,
y un fofo revés deshecho
por la lluvia y el sudor,
de calcinado color,
en cuya blandura vibra
estremeciendo la fibra
más encrespado el rigor.

Atributo de varón
conoce su oficio duro,
y sabe sacar de apuro
íntegro en toda ocasión,
y se cuelga del facón
a veces, como si fuera
nada más que una manera
simbólica de mostrar
que el lujo de castigar
tiene en la muerte frontera.

(Pintura: Gustavo Solari)

La doma

(Pintura: Justo Cruz García Errecaborde)

Se alarga, intensa, la espera
en los seres y el paisaje,
crispando adentro el coraje
y la jactancia por fuera.
El potro muestra el ultraje
en la mirada sangrienta
y el encono la acrecienta
el relumbre del pelaje.

Avanza la mano atenta
acomodando el apero
con el elástico esmero
de un pájaro que se asienta;
cruje la cinta de cuero
del correón sobre el metal
en seco tirón brutal
que cimbra en el cuerpo entero,
y aunque se alza el animal
en fuerte salto truncado,
vuelve a sentir el arqueado
embarazo del pegual.

Las dos vueltas del bocado
se van tiñendo de rosa
entre la baba pastosa
del belfo martirizado,
y el crepúsculo reposa
en la llanura dorada
donde junta la manada
su desconfianza curiosa.
El paisano -vista airada
y cuerpo de duraznillo-
deja chambergo y cuchillo
sobre una matra doblada,
y con gesto de caudillo
hace vincha del pañuelo
rayando el negro del pelo
que azula en ondas su brillo.

Estira el verdor del suelo
un silencio de tambor
que es ansia en el domador
y en el cautivo recelo,
y el hombre es sólo vigor
cuando, ya sobre el recado,
sueltan el nudo mojado
y prieto del maneador.

Zumba el furor desatado
como remonte de hoguera
que avanza por la pradera
con los padrinos al lado;
el rebenque reverbera
en rítmico castigar
y el arco del corcovear
alza la recta carrera.
No hay más que un mismo jadear
de hombre y bestia contenidos
por los galpones tendidos
de los que van a la par;
remotos teros perdidos
en las nubes del ocaso
cortan con grutos su paso
sobre el temor de los nidos,
y el campo parece escaso
cuando la carrera afloja
mientras la vincha se moja
y duele el largor del brazo.

Aun vuelve la espuela roja
a buscar en las paletas
las gruesas venas violetas
donde la furia se aloja,
y aunque las ansias repletas
curvan la fiebre del bote,
las desmenuza el azote
marcando la huella en vetas.

Ya los padrinos al trote
comentan alto la hazaña
y rota su fuerza huraña
dobla el potrillo el cogote.
Espesa espuma lo baña
y cada tirón lo agita
desde la frente marchita
a la hondura de la entraña.

Pausadamente palpita
entonces un resplandor,
como ligero templor
que tañe la tardecita,
y estremeciendo el color
lejano del firmamento,
flota en el cuerpo del viento
la forma azul del valor.

Perdiendo el tiempo

(Pinturas: Molina Campos)


¡Pucha, gurí, me dá risa
verte tán enamoráo!
T'está poniendo entecáo
el amor d'esa gurisa!
Te ha dentráo com'ojerisa
y tuito el día sismás,
no sé qué diantr'esperás...
Pero, asigún yo presumo,
si no te le "vás al humo",
es que no te le animás.

¡Si andás lleno de ataduras
como pájaro de jaula!
Atropeyá, no seas máula,
y dejate de posturas.
¡Siempre ha de comer achuras
el gaucho qu'es resagáo!
No séas tan disgrasiáo,
no esperés qu'eya te invite:
Náides te dará un "envite"
sin que antes háigas "tocáo".

¡Y qué bicho la mujer
pá entregársele de lleno!
¡Si agarra la pierna'el freno,
dispués sí, te quiero ver!
¡Pucha...! Vós vas a saber
lo que se sufre y se siente!...
No podrás meterl'el diente,
y en viéndote ansí entregáo,
te v'á tener más meniáo
"que sarandí en la corriente".

Siguiendo en esa bobada
no dentra ni con indulto,
andáte derecho al bulto,
no le reculés parada.
No li hagás ni un'aflojada
pá que apriénd'a cabrestiar;
solita se há de amansar,
y dispués que ya está ansina...
"¡Agarrate, Catalina,
que vamos a galopiar!"

El hombre siempre ha'e tener
audasia, que ansina crese:
qu'el hombre bobo padese,
y hase tamién padeser.
Y en tocante a la mujer,
nunda debe de arroyarse,
y tratar de acomodarse,
y pá'elante atropeyar;
qu'eya no quiere puntiar,
pero le gust'atajarse.

Siguiendo un juerte carteo,
a la larga no hay cortejo;
no dispresiés mi consejo,
que yo juí muy "benteveo".
Que quede siempr'en deseo;
no li hagas el juego ver,
y no ti hás d'entristeser
si te hase alguna diablura:
¡La leña más seca y dura
echa humo antes de arder!...

Sin haber sido cargáo,
nunca dá juego un trabuco;
y naides quiere un retruco,
sin haberle retrucáo.
Ansina, no seas ladiáo,
has'e tripas corasón;
aprovechá la ocasión,
"endureséle la pata":
¡La piedra'aboy'a una lata
y dá juego al islabón!...

Yo sé que tuito es bobada,
qu'esto no t'entra, borrego;
porqué, como ya estás siego,
la vés a eya y más nada.
¡Ya pegarás la rodada
que te dejar'álvertido!...
Debieran di haberse unido,
pá que no jueras sotreta,
tus años con la carpeta
del viejo SANTOS GARRIDO.

A defender libertá

(Pintura: Francisco Madero Marenco)

Mirá mujer, debo dirme,
la Patria reclama brazos
y es deber en estos casos
que a la tropa deba unirme.
Ya es una noticia firme
que nos quieren invadir
y pa’ que puedan vivir
mis hijos, en libertá,
mi obligación está ayá
…anque me toque morir!

La lanza y el caronero
me yevo con dos cabayos:
esa yuntita de bayos
que amansé con tanto esmero.
En verdá golver espero
cuando tuito sea pasao;
cuando el gringo derrotao
vaya rumbiando a su cueva:
cuando ya nunca se atreva
a venirse pa’ este lao.

Claro que anque yo no crea
que voy a’ndar a los tumbos
por áhi, entre tantos chumbos,
me bajan en la pelea;
y si bien la mano es fea
cuando uno debe perder,
quiero les hagas saber
a mis hijos, cuando entiendan,
que su libertá defiendan:
la que hoy voy a defender.

Si es que duermen los gurises
les doy un beso en el sueño
y pa’ vos, flor de mi empeño,
tuito el querer que priecises.
Sé que’n cuanto te organices
sabrás repechar mi ausencia
y esperarás con pacencia
que yegada la ucasión,
sin peligrar la Nación
yo güelva pa’ la querencia.

(24/06/1982)

Orillando el cañadón

(Pintura: Alberto Freixas)

Un recadito pobrón
y dos riendas de cadena;
un cojinillo que apenas
lo aprieto con un cinchón,
madrugón, tras madrugón
y el día resulta chico,
pero si quiere le explico
pa’ que sepa compañero,
que el trabajo de nutriero
no es para irse de hocico…

Pa’ comenzar la nutriada
tengo un tostado sillón,
tiene marca del patrón
bien clarita en la quijada…
las trampas bien colocadas
esperan de boca abierta,
ni bien el día despierta
ya me largo a recorrer
y enseguida alcanzo a ver
un chajá que da su alerta.

Atravesando juncales
voy tiritando de frío,
escuchando el griterío
de distintos animales;
gaviotas y teros reales
vuelan haciendo piruetas;
el agua que no esta quieta
forma olas y remansos
como acunando a los gansos,
patos, cisnes, gallaretas…

Y después de andar un rato
“como chancho en el maizal”,
voy rumbeando pa’ un pajal
donde le tiendo a unos gatos.
Si he trampeado uno, lo mato
con un gesto de alegría
y al hacerlo, a sangre fría,
pienso ¿por qué lo maté?
pero cazando un montés
rinde mucho mas el día.

A veces siento dolor,
que no lo calmo con nada,
por culpas de las heladas
que me han tratado con rigor.
trabajos, habrá mejor:
mensual por día o puestero,
pero yo le soy sincero,
no se si tendré razón,
mientras haya un cañadón
¡yo seguiré de nutriero!

miércoles, 14 de marzo de 2012

¿Ande está el gaucho?


¿Ande está el gaucho? -preguntan-,
los que son ciegos pa verlo;
y luego, pa comprenderlo,
y pa estudiarlo, se juntan.
Así, mil datos apuntan,
de su vida en el pasao,
lo dejan pasar de lao,
aunque lo tienen cerquita,
y aunque la razón les grita:
"¡El gaucho se ha transformao!"

Se ha cambiao del lao de ajuera,
com pa andar en el centro,
siguiendo del lao de adentro,
ansina como antes era.
Su mano, abierta es sincera,
es la mesma en la amistá;
tiene la mesma lealtá,
su palabra es documento,
y sabe, en cualquier momento,
defender su libertá.

Sube al auto, lo maneja;
como maneja un tractor;
si lo nuevo es lo mejor,
lo de otro tiempo, lo deja.
como el arao de una reja,
sólo sirve pa lerdear,
ya disponer para arar,
varias rejas a la vez,
y se ha de agenciar, después,
la máquina, pa sembrar.

La hoz, aura es cansadora,
pa trabajar de agachao;
le da mejor resultao,
manejar la cortadora.
La máquina trilladora,
que es una buena invención,
la maneja cualquier pión,
la tarea es más sencilla,
saliendo mejor la trilla,
que a pata de mancarrón.

Tiene así mayor ventaja,
y sale mejor pagao,
la tierra, siempre le ha dao,
más fruto al que lo trabaja.
Cuando alguno lo rebaja,
él, ya no agacha la frente;
sino que sabe valiente,
su posición defender;
muy diferente al de ayer,
es el gaucho del presente!

Es gaucho que sabe leer,
y no se achica ante el grande,
y no se entrega al que mande,
sólo para obedecer.
Él sabe que pa valer,
hay que tener condición;
y que nunca esa es razón,
pa humillar al que está abajo;
y sabe que es el trabajo,
puntal de su situación.

No es el gaucho del pasao,
que José Hernández presenta;
el gaucho que desalienta,
por maula y arrocinao.
Hay que rumbear pa otro lao,
pa comprender cómo jueron,
los que peleando murieron,
para quedar en la historia;
y que cubiertos de gloria,
la Patria libre nos dieron!

Y ese: el gaucho valiente,
de boleadora y de lazo,
de lanza en el férreo brazo,
es el gaucho del presente.
Lo ha pulido la corriente,
de todo el tiempo pasao,
y en ese cambio, ha ganao,
porque siguiendo esa ruta,
es, como la piedra bruta
que se hace canto rodao...

Porque, de tanto rodar,
la dura piedra se gasta,
pero, no cambia la pasta,
que no se puede ablandar.
El gaucho, pudo aguantar,
mil choques en su carrera;
como sándia chacarera,
tiene dulce el corazón,
¡Lo bueno'e la tradición,
no se halla del lao de ajuera!...

......................................

Dedico este verso a una moza jujeña de apelativo "Sauvignona" que me hizo reflexionar sobre los gauchos de'nantes y los de ahora. Este verso va ¡a su salud!

Sin pedir perdón


Pienso que’l gaucho surero
nunca ha sido alabancioso,
pa’ saludar, respetuoso
siempre se quitó el sombrero.
Jue’n el combate, altanero
repeliendo al invasor;
en las lides del amor
embozaló su coraje,
y al regresar al paraje
por vocación, jue cantor.

Cantor, sí, porque sentía
amor cristiano y profundo
por la gente de su mundo
y la tierra en que vivía.
Con lo poco que tenía
conciente de su pobreza,
jamás faltó a una promesa
y si llegaba un viajero
solía servirle primero
el mejor pan de su mesa.

Pero hoy, escucho cantores
cantar milongas sureras
con palabras altaneras
y versos provocadores,
suficientes, superiores;
parece -más que cantar-
que invitaran a peliar
como vulgares matones,
con semejantes facones
que ni saben afilar.

Hablan más de un parejero
que de un pingo pa’l trabajo;
mentan al que luce un tajo
que otro le marcó en el cuero.
Con lenguaje pendenciero
cantan, como provocando
mientras le siguen cantando
al paisano verdadero:
¡que no hay hombre más campero
que’l hombre que’stá cantando!

No hablo del cantor social
que denuncia un atropeyo
o defiende todo aqueyo
de interés universal.
Hablo del cantor “trivial”
que desperdicia el talento
y no sigue un mandamiento
muy difícil de olvidar:
“-Acostúmbrense a cantar
en cosas de fundamento”.

No quiero un cantor sumiso
que aguante cualquier chirlazo
o, que pa’ salir del paso
eluda algún compromiso,
ni aquel que pide permiso
pa’ dejar una verseada
usa de la compadrada
cosa que yo no la entiendo
pues, dispués sale pidiendo
perdón por la refalada.

Bueno… ¡ya me desahugué!
no solo por criticar,
yo no canto por cantar
mi canto tiene por qué.
Si a algún colega chucié
por lo que he dicho opinando
no han de verme disculpando
porque siento un soberano
respeto por el paisano
¡que’s pa’ quien estoy cantando!

Vieja pavita campera

(Dibujo: Esteban Diaz Mathé)

Vieja pavita campera
a vos te quiero cantar
Dios te quiso acollarar
al mate de mis quimeras.
Antigua y noble aparcera;
desinteresada y leal
fuiste amiga del mensual
y la novia del resero…
Y más de un viejo puestero
te ha sabido valorar.

Calderita compañera
fierro, bronce y aluminio,
te cuidaba como a un niño
aquel viejazo linyera.
Reliquia gaucha que fueras
estandarte en mil patriadas,
y aunque estás muy aboyada
que hasta te baila la tapa,
capaz de darme la yapa
si el agua está bien templada.

Si hasta detrás de las rejas
consolaste los quebrantos,
fuiste testigo del llanto
de un pasao que nos aqueja.
Tu fiel estirpe refleja
(aunque tiznada tu estampa)
que sos símbolo en las pampas
de nuestro suelo genuino…
Sos más criolla que los trinos
de un chingolo en una guampa.

Por eso quiero cantarte…
“vieja pavita campera”
con devoción verdadera
viá estas décimas brindarte.
M’he tentao de calentarte
con leñas del sentimiento,
y aprovechando el momento
de mi agreste inspiración,
te llevo en mi corazón…
Y enancada en mis “seis tientos”.

Apadrinador

(Foto: Adalberto Gutierrez)

Oh! gaucho apadrinador
que sobre el lomo de un pingo
cuidás en cada domingo
al jinete o domador,
en el caballo mejor,
de buena rienda y ligero,
todo el ambiente campero
comenta de tu experiencia,
apadrinar, una ciencia
donde hay que jugarse el cuero.

He visto algún reservao
tomar el campo con furia
y en situación de penuria
al jinete enhorquetao,
fue allí donde tu montao
supo jugarse al instante,
siendo lo más importante
salvar el hombre del caso
sacándolo con un brazo
y echándolo por delante.

En aquella jineteada
que no talle tu presencia
tal vez que la concurrencia
observe gente golpeada,
la estampa prefabricada
de aquellos que quieren ser,
jamás podría reponer
tu destreza conocida
porque cuidar una vida
no se trata de aprender.

Vos cortaste la estribera
del quedó en el estribo
y ya más muerto que vivo
flameaba como bandera.
En cada fiesta campera
donde el pago está reunido,
pasas desapercibido,
te olvida el animador,
pero yo, apadrinador,
te canté lo merecido.

Luna gaucha

(Pintura: Molina Campos)

La noche viene bufando
y entre el vapor de su aliento,
se ve un rancho ceniciento
y a dos que están “dragoneando”.
El viento pasa escardando
la nube que encuentra guacha,
y en tanto que a la muchacha
él se declara formal,
ella mira el delantal
para buscarle una hilacha.

Entre el color amarillo
de la luz que dá un candil,
están los dos de perfil
haciendo un cambio de anillo.
Ese traspaso sencillo,
ese amor que no se grita,
ni pide a la margarita
que al deshojarla de un sí,
guarda miel de camoatí:
silvestre pero exquisita.

Cuando ya, codo con codo,
preso el amor se quedaba,
la luz del candil mermaba
hasta apagarse del todo.
La luna buscó acomodo
entre una nube barrosa
y al asomarse, curiosa,
volvió a esconderse, perpleja,
porque vio que la pareja
se besaba cariñosa.

La pucha con la visita

(Pintura: Castells Capurro)

Medio como retaciada
de a rato en rato perdido
he dejao como al descuido
la tropilla bien tuzada,
patas bien desranillada’,
la cola corta al jamón,
y en un gatiao redomón
afiné todo mi empeño
porque va a venir “el dueño”
que’s el hijo del patrón.

El mocito que se ha criao
pegadito a mis talones
jugueteando en los galpones
con pilchas de mi recao,
compadrito y entonao
pa’ entrar en conversación,
siempre afilaba un facón
que yo le hice de una lata,
limpiándolo en la alpargata
soñando con que era un pión.

Con tres marlos del chiquero
le hice un par de boleadoras,
y él se pasaba las horas
con su cachorro ovejero;
por bolear algún cordero
que andaba por la bebida
casi siempre’n la embestida
de apurao las enredaba,
y una palabra largaba
de’sas que tenía prohibida.

Un día lo hallé llorando
sentadito en el galpón
y sentí que un lagrimón
el labio me iba salando,
despacio me fui arrimando,
no sea que se me apocara,
pero una sonrisa clara
al verme, le floreció,
de mis piernas se prendió
y yo me limpié la cara.

El tiempo que atropelló
como pa’ enseñar los años
le dió el primer desengaño
de su vida, y lo apretó;
el perro se le murió
y la yegua que él quería,
el padre se la vendía
porque s’hizo rodadora
pensando con la señora
que pa’l chico no servía.

Después que me casorié
y me dieron de puestero
ya no fui el compañero
de su día y lo estrañé,
por eso le regalé
el gatiao que aquí comento.
Un mensual me trajo el cuento
de que’l muchacho hoy vendría
a pasar conmigo el día
¡la pucha que’stoy contento!

(Dibujo: Esteban Diaz Mathé)

Por el camino

(Pintura: Tito Saubidet)

Repite el eco el silbido
y un perro desde una estancia
del boyero, a la distancia
contesta el viento al oído;
se oye en el campo dormido
la queja de los molinos,
y allá cortando caminos
se dibuja la silueta,
de una pesada carreta
que tiran bueyes barcinos.

Ji-ji-ji-jú, perezozo
(se escucha por el camino)
Güeya, “Guay” con ese pozo
¡cachaciento guay barcino!

Y a los gritos del boyero
que va al yugo picaneando
pisan los bueyes salvando
los peligros del sendero.

Ji-ji-ji-jú, perezozo
(se escucha por el camino)
Güeya, “Guay” con ese pozo
¡cachaciento guay barcino!

Se acerca la madrugada
y por detrás de la loma,
el sol la puntita asoma
como roja llamarada;
en la florida enramada
surge un concierto de trinos
mientras cortando caminos
se ve alejar la silueta,
de una pesada carreta
que tiran bueyes barcinos.

Frontera Norte

(Pintura: Gustavo Solari)


I
Sujeto el caballo
junto a la frontera...

Pensativamente
le cruzo las riendas
y entro a armar un chala
pasando la pierna
por la cabezada;
floja la osamenta...

La primer pitada
me trae una idea:

... Aquí, no se acaba
mi amor por la tierra!

Los "marcos" me dicen
que abuelo y abuela
gastaron tropillas
rastrillando leguas
por las dilatadas
llanuras abiertas...

Mozo riograndense,
-vida turbulenta,
pero al modo antiguo:
de una sola pieza-
mi abuelo a caballo
cruzó la frontera,
facón y pistola,
buscando querencia.

Hija de hacendados
de preclaras mentas,
polizón, rosario,
costurero y reja,
mirando a las lomas
le esperó mi abuela...

Y, como en los cuentos
de hadas y princesas
"hubo quince días
continuos de fiesta".

Para el casamiento
se esperó a las "yerras"
y las poderosas
familias linderas
trajeron peonadas
de vincha y melena.

Se carneó "con cuero",
se marcó la hacienda,
se domaron potros,
hubieron cuadreras,

y en el viejo y fuerte
casco "de azotea",
se bailaron shottis
y polkas... y aquellas
danzas de los tiempos
de la Independencia!

Por el guardapatio,
cruzaban secretas
pasiones los mates
-que traen y que llevan
desdenes que enfrían
y amores que queman-.

Rumbo a los galpones
sangraban endechas
heridas guitarras
bajo las estrellas...

Cuando, en el carruaje
se fue la pareja,
las duras peonadas
que en todas las gestas
revolucionarias
se hicieron leyenda,
le dieron escolta
-por lujo y soberbia-
quemando cartuchos
hasta la frontera...

II
Ya se ha dado un siglo
de vino en las cepas.
Ya no queda sombra
de abuelo y abuela,
sencillos señores
de vida serena.

Pero en estos campos,
todo el que recuerda
qué clase de sales
engorda la tierra
de las invernadas
junto a la frontera,
no entiende la industria
de criar hacienda
sin un limpio orgullo
de sangre campera.

-Mi caballo inmóvil
cual si comprendiera
piafando bajito
cambia las orejas-.

Tiendo una mirada
que contrabandea
mi alma a los pastos
donde mi ascendencia
crió más Historia
que vacas y ovejas,

y digo a los "marcos"
que la sangre nueva
mestiza fulgores
de bravas enseñas;

sangre fronteriza
que borra fronteras:

de tan orientala,
... medio brasileña.

Y digo a los "marcos",
para que otros sepan,
que éstos son los campos
de mi gente vieja;
barro de mi carne,
cal de mi osamenta,

río enamorado
que me arde en las venas
gritando a los vientos
matreros de América

que aquí,
no se acaba
mi amor por la tierra!

Los dos valientes


(Dibujo: Ricardo Carpani)

Iba el capitán Medina
del ejército del Chacho
caudillo como un quebracho
sobre la pampa Argentina.
Orillando una colina
al frente de un pelotón
y hallaron de sopetón
en una desemboscada
al matrero Justo Almada
sobre un lindo redomón.

¡Alto... gritó el capitán
no se haga matar al ñudo!
Almada insensible y mudo
no hizo ningún ademán.
Acarició su alazán
y el potrillo relinchó.
-¡Rendite!, le repitió
el capitán del piquete,
Almada levantó el flete
y en voz alta respondió:

-"Voy a morir maulamente
"si las tropas argentinas
"empuñan las carabinas
"para matar a un valiente.
"Pero si hay entre su gente
"un decidido varón
"que salga del pelotón
"y me prienda mano a mano
"y echó pie a tierra el paisano
"desenvainando el facón.

Tan grande fue el desafío
tan soberbio el ademán
que hasta el mismo capitán
quedó atónito y frío
pero con el mismo brío
que el matrero desafió
un sargento respondió:
-"Capitán, si me permite
al criollo que hace ese convite
me animo a peliarlo yo".

-"Tiene el permiso sargento,
su voluntad es la mía,
no puedo a su valentía
negarle el consentimiento.
-"Gracias"- dijo, y al momento:
"le pediré otra lealtad.
"Que imponga su voluntad
"para si en el trance muero
"que deje al gaucho matrero
"en entera libertad.

-"Así lo haré como no
si él lo derrota en el lance,-
le dijo - sarganto avance!
y el sargento enderezó.
El corvo desenvainó
en sus agallas confiao
y en un limpión circundao
por jarillas y espinillos
vieron chocar los cuchillos
del matrero y del soldao.

Iban dejando marcadas
sobre las pardas arenas,
rayones de nazarenas
y mil formas de pisadas.
Se oían sordas carcajadas,
montaraces alaridos
y de pronto sorprendidos
vieron con gran descontento
trastabillar al sargento
lanzando fuertes quejidos.

Se formó una tremolina
y en medio del entrevero,
cayó sangrando el matrero
de un tiro de carabina.
-"¿Quién es el que lo ha herido ansia?",
el capitán repetía:
"El que hizo tal cobardía
frente al valor del sargento
no puede en ningún momento
formar en mi compañía".

En el trágico momento
por un afecto sincero
se fue arrastrando el matrero
hasta llegar al sargento
y con hondo sentimiento
los dos se dieron la mano
y el sargento y el paisano
después que se despidieron
al mismo instante murieron
sobre la arena del llano.

Allá sólo en un overo
cavilando en campo llano
iba el maula miliciano
que mató al gaucho matrero.
Parece que el eco austero
del capitán lo seguía:
"el que hizo la cobardía
frente al valor del sargento,
no puede en ningún momento
formar en mi compañía".

Por la falda de un cerrillo
siguió el piquete un sendero,
orillando el entrevero
de jarilla y espinillo.
Todos hacián corrillo
comentando el encontrón,
cada hombre del pelotón
llevaba en gesto ferviente,
la impresión de dos valientes
latiendo en el corazón.

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Dedico este verso al Sr.Angel Rondanina y dende acá le mando un juerte abrazo pa que siga por la huella... allá en Neuquén, cultivando, "trenzando" y haciendo valer y conocer nuestro folklore y tradiciones.


Caña

(Pintura: Molina Campos)

En segunda repetida

Ahura, pa diferensiar,
mi vers'otra ves se baña
con la virtú de la caña,
qu'es cuestión de no acabar.
Tuito es poco pá ensalsar
esto, que solo, descueya;
qu'es ansí com'una estreya
en la noche del dolor...
¡Si uno nunca está mejor
qu'enfrente di una boteya!

Vamos a seguir mentando
la bondá que l'acompaña
a ésta macanuda caña
que yo siempre estoy chupando.
Cuand'un vaso rebosando
tengo, se me cai la baba;
el alma gosa sin traba;
pero, al dirse concluyendo,
siento ese dolor tremendo
de tuito lo que se acaba!...

Güeno, amigo: Si el invierno
lo abatata con su saña,
priéndalé duro a la caña,
anque la chupe en un cuerno.
Si el Verano es un infierno
de calor, com'una fragau,
y el cuerpo se le desagua
de tanto y tanto sudar,
no deje de gorgoriar
vasos de caña con agua.

Un rimedio "de mi flor"
cuando la gripa se cuela,
es la caña con canela,
lo mejor de lo mejor.
¡Si áhura la manda el dotor
hast'a los más señorones!
Y en bautisos y riuniones,
pá mí no hay cosas más lindas
que chupar caña con guindas,
o caña con orejones.

¿Que sin poderlo evitar
se duerme com'un muchacho?
¡"Métale caña, caracho,
que se v'a "despabilar"!
¿Qué no se quiere acostar
porqué le anda matreriando
el sueño, y pasa sismando
las noches d'estrey'a estreya?
¡Chupe juert'en la boteya
que pronto v'a estar roncando!

Al romatismo, paisano,
curábamos en campaña,
rosiando muncho con caña
y sobando con la mano.
Pá un aruñón, o pá un grano,
pá un empeine o pá un nasido,
pá los tajos de un herido,
pá tuito golpe o dolor,
es la caña lo mejor
qu'en la vida he conosido.

Ansina como la caña
nos mata el dolor de un tajo,
ansina mesmo, ¡barajo!
al dolor del alma engaña.
Como mujer tiene maña,
y muncha delicadesa:
Chupa usté con contentesa
porqué sus penas mitiga,
"la manda pá la barriga
y ella se v'a la cabesa".

"Borracho y enamoráu
siempre tienen Dios aparte":
dise un reflán, que comparte
el bruto y el ilustráo.
Yo, que hasta el fondo he sondiáo
cosas de tuita calaña,
sé qu'este reflán entraña
sólo 'e l'audasia el valor:
L'audasia que dá el amor
y l'audasia de la caña.

Cuando la hembra primera,
-que m'ensartó hasta los ojos
me dejó el alma en rastrojos
con una traisión artera,
¡qué triste y qué lastimera
vía tuita la campaña!...
Una muerte honda y estraña
se coló en mi corasón...
¡Gracias qu'en esa ocasión
hay'el rimedio en la caña!

Disen, si, que su plaser
y su consuelo es mentido:
¡Ahí está el gran paresido
de la caña y la mujer!
¡Disgraciáo del que ha de crér
lo que por verdá se dá!
¡Hilo es su felisidá
que junto al juego s'estira!...
¡Si a veses, una mentira,
es mejor que una verdá!

¿Miente un consuelo, un plaser?
¡Si como verdá se siente!...
Tamién la mujer nos miente,
¡y crémos en la mujer!...
¡No es chica la suert'e crér
tuita ilusión y pavada!
Y por eso a la mosada,
crér es lo que le conviene,
¡Que dimasiáo pronto viene
el tiempo'e no crér en nada!

Esto ya vá pa patraña,
que m'está saliendo fofo;
¡si tristón y filosofo
me ha puesto un frasco de caña!
¡Cuánto he sismáo en la estraña
marcha en eses de un bebido!
Sinos de pregunt'han sido
qu'el misterio los esconde,
y que ni a gancho responde
el viejo SANTOS GARRIDO.