jueves, 22 de marzo de 2012

Mancha y Gato

(A don Felix Ayme Tschiffely)

Al evocar las hazañas
de Chifler, con Mancha y Gato,
mi canto criollo desato
relatando sus campañas,
por cuantas güeyas extrañas
camino con todo ahinco,
cuidándole a Mancha el brinco
por su fama de cerril,
cuando partió un mes de abril
de mil nueve veinticinco.

De Buenos Aires partía
Chifler con su itinerario,
y los pagos del Rosario
le brindó su algarabía.
Santiago, su simpatía,
Tucumán, le dio quimeras
y peligrosas laderas
les empujaban a su
sangre que se iba al Perú
trepando las cordilleras.

El camino no se alivia
y a unas diez leguas de marcha,
por día sobre la escarcha
entran al fin a Bolivia.
La marcha no se le entibia
pero cruza con fortuna,
Potosí, La Paz y en una
de esas, el guía se aplastó,
en cambio Chifler siguió
aún afectado por la puna.

En donde un lugar hallaba
pa'que pellizcara un pingo,
allí se quedaba el gringo
y era donde descansaba.
Toda precausión tomaba
su pasión aventurera,
a mano la tabaquera
cuando se ponía a matear,
y pal lado de marchar
armaba la cabecera.

Sin guía a cincuenta grados
de calor cruza un desierto,
con un pingo casi muerto
por vampiros atacados.
Sin agua deshidratados
siguen su marcha serena,
dejando atrás toda pena
continuaba con su rol
todo arena, arena y sol,
todo calor, sol y arena.

Entra al Perú y en la cima
después que ha pasado Cuzco
desde su sendero brusco
la vió a la ciudá de Lima.
Castigado por el clima
en esa cuenta jornada,
notó que la "quijotada"
en el pecho le hizo un triz
y se sintió más feliz
cuando empezó la bajada.


En marchas muy fatigosas
y marcando bien su trazo,
fue orillando el chimborazo
entre murallas rocosas.
Se extasió en las primorosas
blancura de las montañas,
internado en las entrañas
mismas de un paisaje en flor
cuando el pueblo de Ecuador
aplaudía sus hazañas.

Dejó el pueblo ecuatoriano
entre güeyas desdeñosas,
y por sendas montañosas
penetró en el colombiano.
En el centro americano
orgulloso se sentía,
a los pingos que traía
con caricias les pagó,
en el poncho se envolvió
y durmió hasta el otro día.

Cruza el suelo panameño
y sin guía se dedica,
atravesar Costa Rica,
dándole rienda a su sueño.
Al cumplir su desempeño
en sus pingos se apuntala,
la experiencia le acaudala
dos años de luchador,
pasando San Salvador
y cruzando Guatemala.

Entre los climas ardientes
de revoluciones viejas
y picadas desparejas
de las selvas imponentes.
Luchando con mal vivientes
cruzando ríos y pantanos,
eran ya tres veteranos
pa'emprender cualquier trajín,
cuando se internan al fin
en el suelo mexicano.

El pueblo azteca dejaba
con dos años ya cumplidos,
de marcha a Estados Unidos
con toda la gloria entraba,
su rostro el plano mostraba
a pesar de su gran porte,
lo engalanaba el aporte
de sus criollos y el albur,
desde América del Sur...
hasta América del Norte.