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jueves, 13 de julio de 2017

El payador



El pueblo me ha dado nombre
y me ha adjudicado hazañas,
yo no tengo más campañas
que las que tienen los hombres.
Mientras la suerte me alfombre
un canto con pasto puna,
no pretendo mas fortuna
que engrandezca mi linaje
me basta con lo que traje
desde el fondo de mi cuna.

Fui brazo de una mancera
guiando el timón de un arao
jinete sobre un recao,
cuando el caso se ofreciera;
le hice puño a una tijera
para voltear un vellón,
le eche bolsas a un galpón
y en el tiempo de la espiga
anduve en toda fatiga
trabajando como peón.

Por estirpe rumbeador,
tal vez mi tatarabuelo,
anduvo el eterno hielo
con nuestro Libertador.
Genio, pujanza, valor,
guiando a la hueste guerrera
aquél que a nuestra bandera
la llevó hasta el Chimborazo,
y la levantó en el brazo
para que el mundo la viera.

Hoy me dicen: Payador,
el pueblo me ha dado nombre,
quiero que nadie se asombre
si el pueblo está en un error;
agradezco ese favor
si lo tengo merecido
pero de ser lo que he sido
quiero que nadie lo borre:
si es cierto que el tiempo corre
junto con él he corrido.





martes, 9 de octubre de 2012

Frente a frente



En la estancia "El Espinillo"
de los campos de Guerrero
tuve con un compañero
por un asunto sencillo,
un duelo criollo a cuchillo
con desiciones de muerte.
Los dos encaramos fuertes
deseosos de terminar
pero al muy poco de andar
me tocó la mala suerte.

Era una noche de luna
en un callejón perdido
y en un lugar convenido
para una hora oportuna
donde persona ninguna
pudiera llegar a ver;
fue cosa de no creer
cuando el contrario caía:
escuché a la espalda mía
el grito de una mujer!

-"¡Lo mataste falso amigo
tan solamente por celos!,
¡Lo juro por mis desvelos
que vas a pelear conmigo!"
Más chato que pasa de higo
me dejó su aparición,
y arrancándole el facón
de la mano del finado
si yo no me hago a un costado
me manda pa'otra región.

Rugiendo como una fiera
me tiró una puñalada
y cual vaca acalambrada
se mañó con la pollera.
Ahi pasó que sucediera
pa que yo me haya salvado,
porque me hubiera dejado
acompañando al dijunto,
pa'salir de aquél asunto
¡me vi bastante apurao!

Salí sin dejarme ver
por la noche protegido,
ya alguno había consentido
que lo mató la mujer;
al tiempo vine a saber
que ella se había degollao
y que se había desangrao
sobre del pecho del muerto,
yo aseguro que fue cierto
porque a mí, no me han buscao.

Seguí trabajando allí
pero era cosa imposible,
con el recuerdo terrible
del hecho que cometí.
Pedí las cuentas, me fúi
pero sin decir adónde
porque a nadie corresponde
saber lo que no le importa,
¡sólo aquél que lo soporta
sabe el delito que esconde!

(Pintura: Jaime Rosa)



lunes, 8 de octubre de 2012

El viejo resero



Cuando al salto y de escondido,
trecho a trecho y mata a mata,
el tiempo vistió de plata
mi cabello renegrido,
mucho habré desmerecido
de mozo pa’ ser anciano,
pero sé que algún paisano
me cuartiará en el camino.
¡Sobre mi suelo argentino
hay muchos hombres humanos!

Yo soy de alcurnia muy baja
porque nací en pobre cuna
y no tengo más fortuna
que la de aquel que trabaja.
Cuando muera, mi mortaja
será el tiempo que he vivido,
el polvo que ha removido
mi tropilla en los senderos,
un adiós de los reseros
y un negro poncho de olvido.

Pero mientras siga andando
quiero tener el consuelo
de andar en mi propio suelo
viejo, pero trabajando.
Y mientras siga sonando
el cencerro en la madrina
desde el Plata a las andinas
tierras dirán los camperos:
¡Allá va un viejo resero
de nuestra Patria Argentina!

Quizás vaya de regreso
al declinar la esistencia;
los campos de mi querencia
los necesita el progreso.
Más no creo que por eso
se acabe la tradición;
donde quede una estensión
de campo allí habrá un overo
que llorará en los potreros
la muerte de su patrón.

No sé en que sierra o quebrada
daré el relincho postrero
recostao sobre el apero
al terminar mi jornada.
Pero en mi mano cerrada
han de encontrar mi facón
y mi última esclamación
ha de llegar hasta el cielo
¡que se levante del suelo
pa’ servirme de oración!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Yo canto

(Dibujo: N. Freytes)

Yo canto en cualquier momento
sin elegir el ambiente
canto donde me presente
porque siempre he sido atento;
no ando con retenimiento
para demostrar quien soy;
si donde cantando estoy
alguno me hace un desprecio
pago con el mismo precio
levanto el poncho y me voy!

Mientras siga caminando
en yunta con mi destino
a cada lao del camino
me van a encontrar cantando;
sólo Dios sabe hasta cuando
ha de durar mi rodaje;
de un paraje a otro paraje
cantaré por Tradición:
mi escenario es un fogón
y mi auditorio el gauchaje.

No se han de cortar las cuerdas
de mi guitarra andariega
que pronto conmigo brega
por las glorias que recuerda;
pasarán las horas lerdas
como circundando un sueño;
yo seguiré con mi empeño
por donde debe seguir
hasta que vaya a morir
allá en mis campos sureños!

Cuando haya crecido el pasto,
si alguien conmigo tropieza
encontrarán mi cabeza
haciendo almohada en los bastos,
exento de todo gasto
y libre de sepultura,
los cuervos de la llanura
han de chaquiar mi osamenta
porque siempre tuve en cuenta
que pa ellos no hay carne dura!

Allá será la final
de mi cuerpo y mi guitarra
bajo las feroces garras
del carnicero animal;
mi overo en el pajonal,
correrá la misma suerte
cuando le llegue la muerte
en el momento postrero
tendrá que entregar el cuero
aunque quiera hacerse el fuerte!

De menos nos hizo Dios:
nacemos para morirse;
ni pensarlo ni afligirse
ya que nos vamos los dos!
¡Pobre overo!... yo con vos
no hemos respetado arroyo;
cruzamos ríos y escollos
con la hacienda más salvaje
tu guapeza y tu coraje
mostró tu raza de criollo!

(Dibujo: Tito Saubidet)

El Salao (Relato)

(Foto: Eduardo Amorim)

1
Áhi tiene sobre’l fogón
ese mate, échele yerba:
en mi rancho se conserva
algo de la tradición:
dele un soplido al tizón
que dure’l agua caliente;
ponga leña suficiente,
áhi tiene un tarro con grasas
que’n cuanto se hagan las brasas
pondremos algo pa’l diente.
2
Acaricie ese porrón
de ginebra marca “Llave”;
vaya tratándolo suave
que nos aguante’l tirón,
que’n cuanto la cerrazón
medio se haya despejao
después de’char un bocao
le meteremos los cueros;
usté póngale al “overo”
yo le pondré al “colorao”.
3
Sabe Don que la niblina
se ha estendido con grandeza
y se ha puesto más espesa
que’l humo de la cocina;
usté lleve la madrina
yo atracaré a los baguales;
al pasar los totorales
se abre un claro en el arroyo
donde le llaman los criollos
“el paso de los juncales”.
4
Largue la yegua, no baje
si el agua bordea la orilla;
por detrás de la tropilla
los pingos harán coraje;
reserve’l poncho pa’l viaje
y aprete bien el sombrero
dele riendas al “overo”
que se atraque al “colorao”
¡mi flete es como pescao
pa’ las aguas, aparcero!
5
Sabe que’staba crecido
por suerte sin correntada;
son aguas de la cañada
por lo tanto que ha llovido;
si no lo dejó en olvido
usté ha de tráir el porrón;
bebamos con discreción
para dirnos calentando
y aura entremos galopando,
ya se ha ido la cerrazón.
6
Adrián Sosa y Justo Agüero
con rumbo pa’l Saladillo
van cruzando “Los Cerrillos”
de los campos de Terrero:
dos criollos de sello entero
capaces de cualquier cosa
que si valiente era Sosa
también lo era el gaucho Justo
¡capaz de peliar de gusto
con la mazorca de Rosas!
7
Muchas leguas galopiaron
a lo largo de aquel día
y otras tantas faltarían
a donde nunca llegaron;
era de noche y toparon
con el viejo río Salao
que’staba de lao a lao,
sin bajada y sin barranca
¡que hasta los pastos arranca
cuando se alza encorrentao!
8
Si es bravo el Samborombón
que tanta gente ha llevao
el viejo río Salao
tiene entrañas de dragón
pero la gran decisión
de los gauchos argentinos
por adelantar camino
y por ser demás valientes…
se los llevó la corriente
con triste y fatal destino.
9
Cuenta después un baquiano
botero de’sa pasada
y que tiene la morada
en un barrancón cercano,
que sintió gritos humanos
que venían del Salao
y con un tono apurao
que debía ser de Agüero
que decía: “¡Atraque’l “overo”
cerquita a mi “colorao”!”
10
Tristeza y desolación,
angustia, temor y pena
causa la terrible esena
de la desesperación;
y al cerrarse la oración
que’l cielo en estrellas brilla
dicen que de orilla a orilla
cada vez que está crecido
se siente’l triste sonido
de un cencerro sin tropilla.
11
Alguno con devoción
en el nombre de Jesús
ha colocado una cruz
junto al pie de un albardón;
bien cabe la presunción
que duermen en una fosa;
hay una planta frondosa
de respetable espinillo
¡memoria de “Los Cerrillos”
de Don Juan Manuel de Rosas!
............................



Pd: ¡Gracias don Carlos Raúl Risso por mandarme la "varilla" faltante!

Este suceso, dicen que fue real, aconteció en 1914.


(Tomado de la revista "El Caballo" de junio de 1958).



sábado, 17 de septiembre de 2011

La tigra muerta

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Yo soy el que siempre he sido,
'concetos' que el alma encierra,
para defender mi tierra
tuve un valor decidido.
Los campos donde he nacido
me dieron libre extensión,
no tengo más estrusión
que la del gaucho en su escuela
lazo, boleadora, espuela,
poncho, rebenque y facón.

Por baquiano y por destreza
fui soldao veterano,
con una lanza en la mano
y una vincha en la cabeza.
Me encarné con la fiereza
del potro del pajonal
los dos brutos por igual
por montes, cerros y llanos
en partes medio cristiano
y en parte medio animal.

Y ya que se cuadra el caso,
les voy a contar un cuento
deserté de un regimiento
en un redomón picaso.
Boleas, maneador y lazo
llevaba como escondido
y aprovechando el descuido,
las maletas bien cargadas,
ansí llegué a la cañada
de los campos del "Perdido".

Daba una satisfación
el junquillo con su aroma
y en los bordes de una loma
viboreaba el cañadón.
Desensillé el redomón
no porque fuera cansao...
Yo si, andaba desvelao
con ganas de echarme un sueño
por eso no puse empeño
en pasar pal otro lao.

Cuando el sol perdió su brillo
pa asegurarlo mejor,
prendí al pingo el maneador
y lo até en un duraznillo.
Ahi nomás me hice un ovillo
en las pilchas del recao.
Después de haber descansao,
desperté con el lucero
le puse al bagual los cueros
y me pasé al otro lao.

Enderecé a un pajonal
como pa esconder el bulto
y al bagual lo dejé oculto
adentro de un matorral.
Pensé que era el sitio ideal
pa que juera mi guarida
¡pero qué diablo! enseguida
pegó el picaso un bufido
porque allí cerca había un nido
con una tigra parida.

Les juro que me asusté,
se me añudó la garganta
me eché en el brazo la manta
y el sable desenvainé.
Pa no quedarme de a pie
matarla jue mi esperanza;
¡la tigra se me abalanza
derecho a darme un zarpazo!
le metí en la boca el brazo
y le hundí el sable en la panza.

En ese momento atrós
cayó con la boca abierta
y al ver a la tigra muerta
le di las gracias a Dios.
De aquél animal feroz
llevo una gran impresión,
y si en alguna ocasión
me tocara el mismo caso
las patas de mi picaso
no medirán la extensión.

Al rato pegué la güelta
y me encontré dos cachorros
tomando la leche a chorros
de la pobre tigra muerta.
¿A quién no se le despierta
la fibra del corazón?
Pero yo sin compasión
les dentré a clavar el sable,
¡vieran que carne agradable
más sabrosa que un lechón!

Le alvierto a cualquier matrero
si en el caso no se hayao,
que el tigre es mejor bocao
que la carne de cordero.
Este hecho verdadero
quizá ninguno lo cree,
pero yo seguro se
que aqueya zona desierta
le llaman: "la tigra muerta",
¡la tigra que yo maté!