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jueves, 29 de septiembre de 2016

Tristeza



Mis manos estaban prontas
a pulsar una guitarra,
tal vez a escribir un verso
que diga cosas de amor,
o le cantara a la vida,
a la luna, al sol o al agua.

Y se quedaron muy quietas,
casi mudas de angustiadas,
cuando interrumpió mi mundo
la imagen de un noticiero
que me hablaba de metralla.
La imagen de un noticiero
que me mostraba la sangre
coloreando la pantalla,
y se ensañaba mostrando
lo horrible de esa matanza.

Mas no se equivoque nadie
que me escuche estas palabras:
no me asustaba la muerte
de aquellos hombres que estaban
matándose por sus causas.

Lo que a mí me horrorizó
fue ver calles tachonadas
con cuerpitos muy pequeños,
mojados de aquellas manchas
que indicaban que sus vidas
en ese lugar no estaban,
porque no distingue a niños
la crueldad de las balas.
Porque nunca entenderán
los dueños de la metralla
que los niños no pelean,
sino que sufren su causa,
que es la causa de la paz,
del amor, el pan y el alma.

Por eso nació mi angustia
y se calló mi guitarra.
Por eso me avergoncé
de ser de la especie humana.
Porque si bien es cierto
que es muy lejos la matanza
yo no olvido que son niños,
aunque sean de otras razas,
y que no tienen la culpa
que haya hombres con sus causas
que por imponerlas mueren,
que por imponerlas matan,
olvidando que los niños
son los dueños del mañana,
y que si los niños mueren
también muere la esperanza.

Por eso nació mi angustia
y se calló mi guitarra.
Por eso le pido a Dios,
por tanta muerte sin causa,
que a la peste de las guerras
no le permita jamás
ni arrimarse por mi patria.

martes, 15 de julio de 2014

Tiempo adentro de la siembra





Un hombre camina solo
tiempo adentro de la siembra.
Está paseando su angustia
sobre esa vida de tierra,
que son las pocas hectáreas
de esa chacra pura pena,
donde siempre tuvo algo
que vino a aguarle la fiesta.

Unas veces las heladas
que vinieron tempraneras,
otras veces fueron plagas,
otras lluvias y otras secas.
La cosa es que nunca tuvo
cosecha que fuera buena.

Ahora es otoño en su vida,
esa vida que se seca
como está seca la chacra,
culpa del sol que la quema.
Hoy ya no sabe qué hacer.
Se pasea y se pasea...
los ojos mirando lejos
como añorando su tierra,
o mirando en años mozos
cuando a estas playas viniera.
(Porque a veces, algo ayuda
el recordar cosas viejas).

Pensar en cuando llegó
una mañana serena,
amanecer de ilusiones
que iluminaron su senda
para que encuentre un arado
y se olvide de la guerra.

Ilusiones que anduvieron
caminando en tierra suelta,
cantando junto a su dueño
con cada gota de siembra.
Ilusión que hecha capullos
le permitió que intentara
traer a la que esperaba
en un pueblito de Europa
para ser su compañera.

Y al poco tiempo llegó,
la tímida Federenka.
Pelo rubio y ojos claros
que apuntalaron la siembra
iluminando aquel rancho
con su menuda presencia.
Llegó la gringa y la chacra
parecía estar de fiesta.
Aparecieron cortinas
y hasta mantel en la mesa.

Cantaron mejor las aves
al ver que llegó una dueña,
y tuvo otro gusto el pan
que amasara por las noches
en ese andar de impaciencias,
porque la gringa era arisca
para andarse con pereza
y a todo le puso el lomo
sin preguntar cuánto pesa.

Y así pasaron seis años
persiguiendo la cosecha.
Mas lo bueno dura poco
y la pobre cayó enferma.
El gringo desesperaba
sin saber cómo atenderla.

Temblando la llevó al pueblo
cuerpeándole a la picada
su sendero de culebra,
y sin medir el cansancio
de aquéllas sus pobres bestias.
entró al galope en el pueblo
como a ganarle a la muerte
una vida en la carrera.

Y en esa misma volanta
mensajera de cosechas,
muy triste por la picada
llorando trajo sus penas,
porque se volvió muy solo
sin la pobre Federenka
que se quedó para siempre
debajo de un poncho e'tierra.

Iba llegando a la chacra
y en el rancho creyó verla,
repitiendo esas palabras
que al morir ella dijera:
- Cuidá la chacra, José,
trabajá y nunca la vendas.

Y allí comenzó a vivir
las cuentas de su existir
en un rosario de penas,
porque además de faltarle
su tan guapa compañera,
el destino desde entonces
le mezquinó las cosechas.

Por eso camina solo
bajo aquel sol que lo quema,
como queriendo en su andar
gastar el surco hasta hundirse
para siempre en esa tierra,
como queriendo encontrar
junto a perdidas cosechas
la figura angelical
de su buena Federenka,
para seguir siempre juntos
caminando de la mano
tiempo adentro de la siembra.

 

jueves, 19 de abril de 2012

Casi gringo



Yo soy del Chaco argentino,
nacido en esta región
soy tan hijo de esta tierra,
que me siento emparentado
al quebracho colorado
y al capullo de algodón.

En mis venas corre sangre
de la Italia forjadora,
de la estirpe labradora
que en mi patria se afincó.-

Fueron gringos mis dos padres
y también mis dos hermanos
que desde suelo italiano,
con la América soñaron.-
Aquel sueño y el destino,
los empujaron un día
a dejar toda una vida
por otra, tal vez mejor
y en un buque se embarcó
con lágrimas mi familia,
porque allá dejaron todo
con sus penas y alegría:
a la patria, a sus amigos,
a sus padres, a la villa,
a los sueños de la infancia,
que eran carne de ilusión.

Más sus pupilas mojadas
con llantos de mil ausencias
se secaron de esperanza
al ver esta noble tierra
que esperándolos estaba
para borrar con su sol,
las noches de tantas guerras;
que esperaba para darles
un arado y una reja,
trigo de paz para el pan
y un rancho para querencia.-

Así llegaron al Chaco,
mis hermanos y mis padres
plantando una humilde chacra,
rodeada de quebrachales
pagando en sudor de sangre
sus blancos algodonales
y olvidando con trabajo,
la noche de sus pesares.-

Luego, Dios, que nunca olvida,
premió el sufrir de mi madre
con un puñado de hijos,
tan rubios como trigales
y trigueños color sombra
de adentro de los obrajes.-
Entre ellos, llegaba yo
a ver la luz de este Chaco,
a escuchar sin comprender
los mil murmullos del campo
a gastarme las rodillas,
gateando por todo el rancho
y prenderme de mi madre,
para dormirme mamando.-

Yo ni contaba dos años,
cuando mi madre partiera
para dar vida a otro hermano.........
Ya nunca la volví a ver,
ya nunca estuvo en el rancho,
solo volviò mi familia,
todos de negro y llorando
y mi hermana la mayor,
mientras me alzaba en sus brazos
tratò de hacerme entender,
que mi madre no estarìa
nunca jamàs en el rancho....
porque Dios la habìa llamado
para tenerla a su lado.-

La chacra quedò en silencio,
todos hablaban despacio
y yo recorrìa el patio
siempre buscando y buscando;
màs un dìa se quebrò
el silencio con un llanto
que brotaba de la cuna
hecha de rùstico palo:
hacia adentro fuì corriendo,
los ojos grandes mirando,
y asomado a la cunita,
he visto de cerca el llanto....

Era un trueque del destino,
mi madre por un hermano:
asì terminò su vida,
dejando otra vida en cambio,
y se internò tierra adentro
por sujetarnos al Chaco:
porque si yo tengo sangre
de esa gringa de otros pagos,
tambièn la tiene la sombra
profunda de los quebrachos.

Y si sus huesos y carnes
viven en mi ser andando
tambièn viven en la tierra
de una tumba de este pago
y estàn abonando el suelo,
caliente de nuestro Chaco.-

Por eso es que yo me siento
emparentado a esta tierra;
por eso es que yo teniendo
tanta sangre de italiano
me siento tan argentino,
tan chaqueño y tan hermano
de las chacras, de los montes,
de los indios mocovìes,
de los tobas y matacos,
razas todas que en la selva
de entre los cardos brotaron
como fruto de esta tierra
donde mi madre ha quedado.-

Todo tiene algo que ver
con mi sangre y su pasado....
Por eso, aunque casi gringo,
lo quiero tanto a mi Chaco

Por tantearlo... nada más



En el sillón de febrero
se está hamacando el verano
y exprime de fìesta el sol
como queriendo arrancarle
más fuego del que ya quema
a aquellas tardes del Chaco.
Está tan bravo el calor
que ni los pollos se animan
a cruzar de un trote el patio.

Pero sin embargo el turco,
propietario del boliche
que está cerca del obraje
del Florindo Altamirano,
anda de aquí para allá.
Cruza mil veces el patio
poniendo vino en el pozo,
kerosén en los faroles,
acomodando los bancos,
porque sabe que a la noche
se va a ver bien compensao,
ya que es el fin de quincena
y en el obraje cobraron.

A más, pa suerte del boliche
la paga cayó en día sábado,
asi que el destacamento
le autorizó la bailante
que el turco está organizando.
Y ya pa'el medio'e la tarde
fueron cayendo parejo,
luciendo su mejor ropa
calzando alpargatas nuevas
y el frasco de agua florida
asomando en los bolsillos
de todas las corraleras
y a eso 'e la nochecita
pintaba lindo la fiesta...

Cada vez llegó más gente
con ganas de sacudir
las tabas'en la polvadera
o de encontrar al compás
de un chamamé nostalgioso
alguna guaina lindona
que sirva de compañera
para que la noche corta
se alargue en un río de vino
de cañas y de ginebra....

Y como siempre ocurría,
el vino espesó el ambiente.
y ya al rato el "sapucai"
era el dueño de la fiesta.
Tan dueño, que hubo momentos
ponchos de gritos tapaban
los acordes que lloraba
la acordeona verdulera.
Y entonces cayó el milico
a lucir su prepotencia,
porque era nuevo en el pago,
y no sabía que no es forma
de calmar la concurrencia.

Porque la gente de campo
tiene un modo de probar
si es digna de respetar
la autoridá cuando es nueva.
Y allí donde entró
tallando Antonio Durán,
que en dos trenzas de palabras
armó el lazo de la gresca.
El milico se jué al humo
pa'sofrenarle la lengua,
pero el Durán lo esperaba
empuñando la herramienta.

Y entonces nubes de rabia,
presagiosas de tormenta,
entraron a ennegrecer
las lunas de aquella fiesta.
Los brillos oscurecidos
de dos fierros en pelea
dibujaban en el aire
la presencia de la muerte
queriendo cobrar su presa.
Mas de ahí no pasaría
la tanteada de la fiesta.

La muerte quedó encerrada
en barrotes de destreza,
porque el Durán se hamacaba
casi sin tocar la tierra.
Y en un amague de punta
de esos pa'bandear madera,
atorao por defenderse
cambió la guardia el milico
y el Durán me lo acostó
con un planazo en la jeta.
Y con eso terminó
el hambre de la pelea.

Al gaucho se lo llevaron
a la sombra de una celda,
hasta que el comisario vino
y reclamó su presencia.
-¿Así que vos sos el malo,
peleador y prepotente
y el matón, pero de lengua?
-Ni lo uno ni lo otro,
dijo pausado el hachero-
yo soy hombre del obraje,
capaz de pasarme un año
metido por esos montes
sin conocer lo que es pueblo.

Si esta vez llegué al boliche
fue por tirarme unos pesos
en caña y en retozar,
pero ya al segundo grito
cayó su milico nuevo
a imponer autoridá
y usté sabe la costumbre:
cuando los gallos son nuevos
pa'probarles las espuelas
siempre hay que hacerlos pelear.
Jué simplente por eso
que yo saqué el de cortar.
Así que, mi comisario,
le ruego no me confunda
y me sepa disculpar.

Si lo topé a su milico
no fue ni por achurarlo
ni por hacerme matar.
Fue por ver si era tan hombre
de hacer de que lo respeten
peleando de igual a igual.
En una palabra, jefe,
mi profesión es el hacha
y no la de matonear.
Si esta vez pelié un milico,
fue por la vieja costumbre
"¡de tantearlo, nada más!"

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Chaco


Chaco!...Provincia pujante
en la vida de la Patria,
tierra que antaño fuera
rugir de tigres y hachas,

de gente que por poblar
morían a punta de lanza,
porque el malón no perdona,
su defensa es la matanza.

Tierra de selvas tupidas
y también de extensas pampas,
de chacras entre los montes,
de mucho tiempo sin agua,

de cañadas y de esteros,
de bichos de toda laya,
de las mangas de langostas
matadoras de esperanzas.

Tierra de surcos rebeldes
que a veces no devolvían
lo que el hombre les prestaba;
de obrajes con jornaleros

que vuelcan su alma en el hacha,
sus vidas son de los montes,
de las miserias y farras.

Pero al telón de ese Chaco
el tiempo lo va cerrando
y donde el tigre rugía
hoy hay tractores arando.

Se acabaron los malones,
las tribus se han vuelto mansas
y están chuseando la tierra
con rejas en vez de lanzas.

Ramillete de indios fuertes
de melancólicas razas,
son también hijos del monte,
simbólicos como el hacha.

Y no es de menos valor
el gringo de tierra extraña
que se metió en nuestros montes
y luchó en pos de sus ansias.

Tuvo que afrontar mil contras,
ahuyentar penas que matan
y en la lucha por la vida
aprendió a querer mi Patria.


Ese puñado de cosas
más voluntad y esperanza
fueron levantando el Chaco
al nivel de sus hermanas.

Hoy sigue golpeando el hacha
y la reja no descansa
por eso los pueblos brotan
como por arte de magia.

Los caminos se hacen anchos,
se va agrandando la Patria
y el algodón de las chacras
va curando las heridas
de los quebrachos que sangran.

¡Chaco! Provincia querida
que al progreso se encamina,
hoy abraza a sus hermanas
de ésta, mi tierra argentina.

Hubo pago en el obraje


Corre el año treinta y nueve
en un obraje del Chaco...
Enero lo aviva al sol
como apurando un churrasco
y allí en el medio'el monte
entre crujidos y hachazos,
la gente distingue un ruido
que no es común en el pago,
es el ruido de un motor
que está llegando a los saltos
porque viene en la picada
queriendo domar las huellas
que le dejaron los carros.

El hachero que escuchó
dejó amagado un hachazo
y gritando de alegría
se fue corriendo a los saltos
porque ese ruido no es otro
que el ruido claro del auto
en el que llega el patrón
con la plata del salario...
por eso corren contentos,
por eso van a esperarlo;
todos quieren ser primeros
en saber la hora del pago
pa'dirse a lavar al rancho
mientras tejen ilusiones
y hacen planes pa'gastarlo...

-Yo voy a comprar ropa nueva.
-No...Yo provista para rato.
-Yo viá ver si llego al pueblo
porque no fui en todo el año.
Y otros entre truco y vino
seguro han de liquidarlo.

Y así, entre la algarabía
de prepararse pa'el pago,
la gente olvida que un Dios
les dio a todos un destino
que es un camino marcao
y que si alguno lo deja
se ensume hasta las orejas
en el charco del diablo...
pero en eso naide piensa...
y ya en el medio e'la siesta
las guainas barren un patio
le acomodan los asientos
y cuelgan unos faroles
pa'que sirva pa'la fiesta.

-Ya abrió la administración!
-Gritó un hachero a la gente-
y asomó un señor de lentes
que le llaman "el contador",
se escuda en un mostrador
que encaja contra una puerta
y allí pide las libretas
pa'hacer la liquidación.

-A ver, Ramiro González...
-¡Presente! -gritó un paisano
que refregando sus manos
se acerca hasta el mostrador.
-Esto es lo que te sobró,
son treinta y tres con noventa
poné el dedo en el recibo
aquí tenés tu libreta...
y sí es que querés chupar
pagá la caña al contado
porque ya saben ustedes
que para el chupi no hay cuenta.

-Ajá -le dijo González-,
Traiga nomás esa caña
Ya que es plata lo que suebra.
Y se fue a esperar el baile
Prendido de la botella.

Y así sigueron pasando
los hacheros en cadena,
cada hachero un eslabón
cada eslabón una pena,
penas que pronto olvidaron
con esa caña que quema,
porque todos se llevaron
para el baile su botella...

Hasta que llegó la noche
en aquel rancho de fiesta
fiesta pobre del hachero
que no sabe ni una letra
y el que montao en sus sueños
quiere escapar rienda suelta
por el camino del vino
hasta una vida más buena...
Pero el vino es traicionero
y lo aparta de esa huella
él lo empuja desde adentro
para que vuelva a la fiesta
él lo invita que demuestre
que es más hombre cualquiera,
porque el vino manda fácil
cuando el hombre es sin escuela.

Y así comienza la cosa,
tal vez por una zoncera,
empieza la discusión
los ánimos se caldean
y después de un empujón
ya está lista de pelea.

Benítez quiso sacar
a la novia de Cabrera
y el novio en cuanto lo vio
copó la banca en la fiesta.

-No chupe si es que no aguanta
y conmigo no se meta
no sea que lo planche
de un cachetazo en la jeta.

Y ese fue todo el motivo
que originó la tragedia.
Benítez sacó el cuchillo,
también lo sacó Cabrera.

Y al pobre viejo don Castro,
cuando vino a separar,
Benítez le erró un puntazo
Que de darle lo bandea...
Los cuchillos se encontraron
se gatearon como fieras,
Benítez perdió dos pasos
que fue ganando Cabrera,
se hicieron unos amagues
como estudiando flaquezas,
Benítez tanteó el destino
dejando la guardia abierta
y el otro que no era manco
lo convirtió en osamenta.

...Y allí empezaron los gritos
lamentaciones y quejas,
el patrón vino corriendo
se agarraba la cabeza
y le echó mil maldiciones
a los que hicieron la fiesta...
Benitez era buen hachero
y perderlo era una pena...
el contador de los lentes
que llegaba en camiseta,
mirando dijo en voz alta
sin reparo a que lo oyeran:

-Cuando nó, estos negros tapes
no van a andar en pelea
tienen plata y ya se chupan
¡más vale que ni nacieran!.

-No, mi amigo, no se pase
que también es culpa nuestra
-dijo el patrón en un tono
como a callarlo sin seña.
-Nosotros trajimos plata
y vendemos ese vino
que fue el que tomó Benítez
y hecho sangre ahora chorrea.

Aunque de todas las culpas
la mayor es la ignorancia
de esta gente sin escuela,
que se divierte a su modo
ya que chupar es su fiesta.

No se divierten mejor
porque nadie les enseña,
lo mismo que el trabajar
y ese vivir como bestias,
o el de no saber firmar
por no conocer las letras,
fue por que nadie les dijo
que en el pueblo hay una escuela,
donde hay un director
y tal vez una maestra,
que ya hubieran evitado
hace rato esta pelea,
con esos dones de padres
que brotan de su paciencia...

Pero ya no pudo hablar
se hizo el duro a su manera
y se corrió pa'lo oscuro
disimulando su pena...
Y en el medio de aquel patio
como una muestra inservible
de otro tipo de coraje
se fue apagando Benítez
tendido en un viejo catre...

La noche se hizo profunda,
quedó en silencio el obraje,
un hacha quedó sin dueño,
un hijo quedó sin padre,
y un cuzco pensó pa'dentro
"si estaré solo en el rancho
ya no hará falta que ladre".

Allí quedaba ese hachero
personaje de una historia
escrita en su propia sangre
para carne de los chismes
de las viejas del paraje
o pa'que al llegar al pueblo
en un cajón sin lustrarse
la gente diga tristona
"je...hubo pago en el obraje".

miércoles, 19 de mayo de 2010

Lluvia de verano


Esta es la historia de Ramón Escobar, hermano de crianza de L.L.

A veces en esos días
llovedores de verano,
por la ventana 'e la lluvia
me pongo a mirar pasao.
Porque no hay nada en el mundo
que a través de tantos años
se repita tan igual
como la lluvia 'e verano.
Ella es la misma que ayer,
cuando yo andaba gateando,
volcó su chorro de plata
pa'que se enyene mi charco.
Y es la misma que más luego
cuando quise andar cazando,
me diò agua pa'la tierra
de mis balines de barro.
Y así aprendí a buscar
con ojos esperanzados,
porque el agua es bendición
en este caliente Chaco
y hay que esperar que ella llegue
para enterrar el arado.
Ella me hermana con todo
el tiempo que he caminado,
hasta con el día lejano
que me anduve enamorando
porque fue en día de lluvia
que el olor a torta frita
me fue empujando hasta un rancho,
y entre el humo de los leños
en que la estaban fritando
se me asomó una sonrisa
y dos ojos me alumbraron.
Después ya formé mi nido.
Dos cachorros lo alegraron
y entonces me ganó el monte
por sacar pan del quebracho.
Y en esa vida de obraje
fui carrero, capataz,
y hasta anduve administrando.
(Porque el que no dentra en el molde
lo sueltan pa' otro conchabo).
Y allí me pasé algún tiempo
endurenciendo mis años
hasta que paró el obraje
y rumbié para otros pagos.
Anduve de domador,
de alambrador y tropero,
carpidor y cosechando,
haciendo de todo un poco
porque eso sí, y a Dios gracias,
para todo fui baquiano.
Y... ha de ser porque de chico
el machete de la vida
me fue curtiendo a planazos.
Y esas nostalgias las trae
la lluvia de tantos años.
Agua que endulza recuerdos
también de tiempos amargos
porque supe quedar solo,
como gaucho allá en el rancho
esperando que volviera
la madre de mis muchachos.
Pero no quiso volver...
Comentaban que juí malo
porque jugaba algún truco
y a veces vine borracho.
Dijo que la castigué
que tenía otra mujer,
y otras cosas fue aumentando,
tanto por justificar
el llevarse los muchachos.
Pero... son cosas que pasan
y yo ya la perdoné,
porque no fue por un hombre
que ella se fue de mi rancho.
(Cuando una yunta de bueyes
no son parejos pa'el tire,
lo mejor es separarlos).
Por eso que ya hace mucho
me di cuenta, pero tarde,
que en algún tiempo fui malo.
De ahí que en la galería
mientras tomo mis amargos,
con el hilo de la lluvia
voyt enhebrando retazos
de todo el tiempo pasado.
Me alegro, me pongo triste,
y a veces hasta he llorado.
Porque no hay nada que hacer
con la lluvia de verano.
Muchas veces le pedí
que me lave los recuerdos,
que los entierre en el barro.
Y no sé si por amiga
o tal vez por caprichosa
nunca quiso hacerme caso.
Porque viene el aguacero
y en vez de lavar recuerdos,
me los viene amontonando.

jueves, 6 de agosto de 2009

Maestra de campo


Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.

Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´ terreno tan arisco.
A más, mujer buena moza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por,
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.

Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.

Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido,
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo,
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.

Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en Pampa del Indio.

Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán,
se hizo paredes de adobe,
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"aquí hay saber y cariño".

Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes;
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.

La escuela, la escuela
le había pedido
hasta ese sacrificio:
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.

¿Era premio o era castigo?
mil veces se preguntó.

- "No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos
¿por qué se tiene que ir?".

Esas voces y unas manos
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido...
Allí dejaba sus años,
allí dejaba su vida.

La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
- "¡Adiós señorita Rosa!"

¡Adiós maestra de campo!
en usted, a todos les canto
los maestros de mi tierra.
No sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que yo siento;
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido,
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.