martes, 15 de julio de 2014

Tiempo adentro de la siembra





Un hombre camina solo
tiempo adentro de la siembra.
Está paseando su angustia
sobre esa vida de tierra,
que son las pocas hectáreas
de esa chacra pura pena,
donde siempre tuvo algo
que vino a aguarle la fiesta.

Unas veces las heladas
que vinieron tempraneras,
otras veces fueron plagas,
otras lluvias y otras secas.
La cosa es que nunca tuvo
cosecha que fuera buena.

Ahora es otoño en su vida,
esa vida que se seca
como está seca la chacra,
culpa del sol que la quema.
Hoy ya no sabe qué hacer.
Se pasea y se pasea...
los ojos mirando lejos
como añorando su tierra,
o mirando en años mozos
cuando a estas playas viniera.
(Porque a veces, algo ayuda
el recordar cosas viejas).

Pensar en cuando llegó
una mañana serena,
amanecer de ilusiones
que iluminaron su senda
para que encuentre un arado
y se olvide de la guerra.

Ilusiones que anduvieron
caminando en tierra suelta,
cantando junto a su dueño
con cada gota de siembra.
Ilusión que hecha capullos
le permitió que intentara
traer a la que esperaba
en un pueblito de Europa
para ser su compañera.

Y al poco tiempo llegó,
la tímida Federenka.
Pelo rubio y ojos claros
que apuntalaron la siembra
iluminando aquel rancho
con su menuda presencia.
Llegó la gringa y la chacra
parecía estar de fiesta.
Aparecieron cortinas
y hasta mantel en la mesa.

Cantaron mejor las aves
al ver que llegó una dueña,
y tuvo otro gusto el pan
que amasara por las noches
en ese andar de impaciencias,
porque la gringa era arisca
para andarse con pereza
y a todo le puso el lomo
sin preguntar cuánto pesa.

Y así pasaron seis años
persiguiendo la cosecha.
Mas lo bueno dura poco
y la pobre cayó enferma.
El gringo desesperaba
sin saber cómo atenderla.

Temblando la llevó al pueblo
cuerpeándole a la picada
su sendero de culebra,
y sin medir el cansancio
de aquéllas sus pobres bestias.
entró al galope en el pueblo
como a ganarle a la muerte
una vida en la carrera.

Y en esa misma volanta
mensajera de cosechas,
muy triste por la picada
llorando trajo sus penas,
porque se volvió muy solo
sin la pobre Federenka
que se quedó para siempre
debajo de un poncho e'tierra.

Iba llegando a la chacra
y en el rancho creyó verla,
repitiendo esas palabras
que al morir ella dijera:
- Cuidá la chacra, José,
trabajá y nunca la vendas.

Y allí comenzó a vivir
las cuentas de su existir
en un rosario de penas,
porque además de faltarle
su tan guapa compañera,
el destino desde entonces
le mezquinó las cosechas.

Por eso camina solo
bajo aquel sol que lo quema,
como queriendo en su andar
gastar el surco hasta hundirse
para siempre en esa tierra,
como queriendo encontrar
junto a perdidas cosechas
la figura angelical
de su buena Federenka,
para seguir siempre juntos
caminando de la mano
tiempo adentro de la siembra.