Mostrando entradas con la etiqueta Higinio Cazón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Higinio Cazón. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de agosto de 2012

Una invitación especial

(Foto de Higinio D. Cazón)

Hoy de mañana temprano
una esquela recibí,
el papel muy perfumado
más o menos decía así:
Perdone el atrevimiento
que tengo señor Cazón,
de ofrecerle una comida
al terminar la función.

No solo es voluntad mía
es también la de mi hermana
estará Crecencia y Juana,
Genoveva y Agustina,
María Antonia y Agripina,
Tuburcia y Doña Ramona,
son excelentes personas
buenas para la cocina.

Entre los animalitos
que hemos de sacrificar,
el toro viejo de tata
el burro de mi hermano Juan,
sólo la oveja de mama
la vamos a respetar,
hasta el lechón de mi primo
lo vamos a degollar.

Del avestruz de mi hermano
sacaremos la picana
la chancha de doña Juana
la vamos a choriciar.
Así que Higinio sabrá
que si cumple el compromiso,
cuando usted vuelva a su casa
se llevará unos chorizos.

Hay chatasca y carbonada,
locro de trigo del país,
empanadas y pasteles,
zapallo asado y chipá,
tortas fritas, mazamorra
humita y rosas de maíz,
de potro un matambre asado
y un guiso de bacaray.

Desde hace días mamita
está haciendo la provisión:
Manuela mandó la mesa,
Sinforiana el asador,
doña Ciriaca los bancos,
Rufina mandó el colchón,
yo soy la de los pasteles
para obsequiarlo a Cazón.

No deje de traerlo a Nava
el payador oriental,
nos ha prometido Ezeiza
que esta noche asistirá
invite usted a sus amigos
bien recibidos serán,
así ¡que yo los invito!
¿me quieren acompañar?

Córdoba, en Abril de 1889.-

jueves, 10 de febrero de 2011

El gaucho


Del gaucho,¡ya ni recuerdo
De ese tipo va quedando!...
Todos se van acabando
Como una raza maldita.
Darle honor se necesita
Porque el paisano luchó
Y toda su sangre dió
Por esta tierra bendita.

Güemes y sus gauchos de nota
Se supo hacer coronar
De gloria como patriota,
Con gente de chiripá.
Hoy debemos lamentar
Que han muerto esos servidores
Que enlazaron los cañones
Del enemigo tenaz.

Del Paraná en sus riberas
Más de un recuerdo han dejado
Los paisanos que han luchado
Con honor por su bandera.
El paisano adonde quiera
Ser buen soldado mostró,
En Chacabuco y Maipó
Y más tarde en las fronteras.

Vean los hechos nacionales,
Busquen un hecho de guerra,
Que no esté representado
El paisano de esta tierra.
Es el primero en la guerra,
Sarmiento solía decir:
El último en recompensas,
Y el duro para morir.

El ombú coposo

(Pintura: Pueyrredón)
Una tarde vi pasar
un hombre triste y lloroso,
bajo el ombú coposo
sentóse allí a descansar.
Lo vi ponerse a llorar,
lo miré sobresaltado,
después que había descansado
bruscamente se levantó
y de tan recio tropezón
que vuelve a caer sentado.

Al verlo quedé admirado
mas dijo: ¡será demente!
Lo vi secarse la frente,
hasta el sombrero tirar,
sus dientes a rechinar
comenzaron al instante,
aquel desgraciado errante
para mí encontró reposo
al quedarse dormitando
bajo el ombú coposo.

El sueño fue tan extenso,
la noche se aproximaba,
una niña apareció
llorosa y descabellada,
era un ángel por su forma
descalza y muy fatigada.
¡Levántate!, le gritaba,
soy tuya y serás dichoso,
y el joven siempre dormía
bajo del ombú coposo.

La joven vestía de seda,
de color de carmesí,
a gritos decía: ¡Ay de mí!
que nací tan desgraciada,
¡por una mujer malvada
toda mi suerte acabó!
A su amado levantó,
limpió sus ojos llorosos,
el joven seguía durmiendo
bajo del ombú coposo.

Con ademán lastimero
en un tronco se sentó,
empezó a rogar a Dios
por el fin de su querido,
creyó que no estaba vivo
mas la pobre equivocó,
en la frente lo besó
diciéndole:"ángel hermoso,
vienes a buscar la tumba
bajo del ombú coposo.

Con los vestidos rasgados
y de rodillas hincadas
llorando a Dios suplicaba
que le cambiase la suerte
¡Oh, Dios! Mándame la muerte
como mi amado encontró,
¡qué desgraciada soy yo!
¡Matame! Dios poderoso,
contenta muero a su lado
bajo del ombú coposo.

Dándole un beso amoroso
en la frente con lealtad,
diciendo: - Si fría está
la frente de mi querido,
la pérfida lengua ha sido
la que mal nos malquistó,
mi amado la muerte halló
bajo de éste árbol hermoso.
¡Adios mundo! También muero
bajo del ombú coposo.

Un puñalito incrustado
con esmeralda tenía,
en su mano relucía
inclinado el corazón,
al lado de él se sentó,
sus sollozos reprimía
y con la mayor sangre fría
lo clavó en su pecho hermoso,
cayó medio agonizante
bajo del ombú coposo.

Se enterró en el corazón
con tanto brío el puñal,
que fue la sangre a saltar
a la cara de su amante.
Volvió en sí él al instante,
mas un triste cuadro vió,
medio ciego se levantó
aquél joven tembloroso,
sin saber cómo se hallaba
bajo del ombú coposo.

Entre cortados sollozos
la joven se despedía,
tiernas palabras decía.
Cuando a su amante escuchó, ´
él triste enloquecido
con la sangre congelada,
mira, conoce a su amada
y exclama: "¡Dios poderoso!
cae perdido y sin sentido,
bajo del ombú coposo.

Se levantó atemorizado
después de pasado el mal,
corre, le arranca el puñal,
la joven había expirado.
Loco, ciego y atolondrado
alto el puñal elevó,
en su pecho lo clavó
con un desprecio grandioso,
así fue el fin de los dos
bajo del ombú coposo.