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miércoles, 12 de abril de 2017

El Negro alegre (Tango)


(Pintura: Molina Campos)

Yo soy el negro que alegre,
cantando la vida
se suele pasar;
y que jamás siente pena,
porque con la risa
la sabe ahuyentar;
y cuando veo otro negro,
con cara muy triste,
¡qué risa me da!
¡Ja, jajajá,
ja, jajajá
ja, jajajajá!
Y esta es la vida se ve,
que debemos de pasar,
ahuyentando los pesares
con la risa y nada más.

¡Cuando la veo a Panchica
que sale el domingo,
contenta, a pasear,
y con Benito del brazo,
allá por Palermo,
la suelo encontrar!
Al ver la yunta de negros
como dos mandingas,
¡qué risa me da!
¡Ja, jajajá,
ja, jajajá
ja, jajajajá!
Y en este mundo se ve,
todos tienen que reír:
yo me río de los otros
y otros se ríen de mí.

Bailando anoche un tanguito
con la negra Pancha
el negro Ramón,
queriendo hacer firuletes
como fardo al suelo
se fueron los dos;
se lastimaron la trompa
y toda la mota
se le alborotó...
¡Ja, jajajá,
ja, jajajá
ja, jajajajá!
Pobre los negros, Ramón,
¡ay que risa que me da!
¿Quién lo metió a hacer piruetas,
a los negros, si no sabía bailar?

Yo soy el negro que alegre,
cantando la vida
se suele pasar;
y que jamás siente pena,
porque con la risa
la sabe ahuyentar;
y cuando veo otro negro,
con cara muy triste,
¡qué risa me da!
¡Ja, jajajá,
ja, jajajá
ja, jajajajá!
Y esta es la vida se ve,
que debemos de pasar,
ahuyentando los pesares
con la risa y nada más.
¡Ja, ja, ja, já!
¡Que demonio de "bulero" este!



Tango de 1907

Testamento paisano


(Pintura: Molina Campos)



Señores, mucha atención,
escuchen por un momento
voy a leer un testamento
por demás original.
El paisano Juan Lucero,
antes de estirar la pata,
quiere que toda su plata
se reparta por igual.

Como no tiene familia,
hermanos, tíos ni madre,
ni “perrito” que le ladre,
como se suele decir;
quiere que de su ganao,
su rancho, recao y pingo,
no se haga dueño algún gringo,
cuando lo vea morir.

Diez ovejas y una chancha
le deja a doña Severa,
una vieja curandera
que una ocasión lo curó;
tres chivos y dos carneros
se los deja a don Nazario,
y al compadre Belisario
el pingo y un maniador.

El facón, las boleadoras,
las caronas y un talero
se las deja pal barbero
que en su vida lo afeitó;
tres limetas de ginebra
se las deja á José Larra,
con quien andando de farra,
más de una vez se mamó.

El tirador con diez libras
se lo deja a Teodolinda,
que fue la china más linda
que siempre lo acompañó;
dos bolsas de “mais pisao”
y un kilo de charque seco,
se los deja a Juan Areco
pa’ que coma un buen locrón.

Un par de espuelas a Lucio,
un poncho a Juan Talavera,
y el colchón y la catrera,
a su padrino Ramón;
y no habiendo ya más bienes
concluye su testamento,
y al morir muere contento,
dando un viva a su nación.

lunes, 2 de julio de 2012

La morocha



Yo soy la morocha,
la más agraciada,
la más renombrada
de esta población.
Soy la que al paisano
muy de madrugada
brinda un cimarrón.

Yo, con dulce acento,
junto a mi ranchito,
canto un estilito
con tierna pasión,
mientras que mi dueño
sale al trotecito
en su redomón.

Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares
y alegre pasa la vida
con sus cantares.
Soy la gentil compañera
del noble gaucho porteño,
la que conserva el cariño
para su dueño.

Yo soy la morocha
de mirar ardiente,
la que en su alma siente
el fuego de amor.
Soy la que al criollito
más noble y valiente
ama con ardor.

En mi amado rancho,
bajo la enramada,
en noche plateada,
con dulce emoción,
le canto al pampero,
a mi patria amada
y a mi fiel amor.

Soy la morocha argentina,
la que no siente pesares
y alegre pasa la vida
con sus cantares.
Soy la gentil compañera
del noble gaucho porteño,
la que conserva el cariño
para su dueño.