martes, 31 de marzo de 2009

Martín Fierro ilustrado



Realizado para el Museo Hernández por Juliana Lozada

lunes, 30 de marzo de 2009

Artesano del silencio

Rancho de adobe a dos aguas,
un chiquerito, dos perros,
un “malacara” estrellero
y una guitarra partida
son las cosas que la vida
le ha dejao al criollo viejo.

Al ladito ´e la laguna
donde llueven cuatro sauces
sabe verse a Don Rosales
trenzar un botón de tientos,
estirar un lazo nuevo
o arreglar unos bozales.

Como todo rancho humilde
tiene su riqueza adentro:
cuchillos, espuelas, frenos,
maneas, riendas y taba,
un catrecito, una pava
y una olla pal´puchero.

Comentan que fue baquiano
pa´la doma y la pialada,
ligero pa´la “vistiada”,
enlazador contra el campo;
juventud de un amor blanco
que se le murió en el alma.

Si descuelga la guitarra
con sus manos de madera
toda la tierra lo espera
para beber de su boca,
y en cuanto canta una copla
viene el viento y se la lleva.

Es rey de las soledades
porque cultivó el silencio.
En el creció y se hizo viejo.
Con el morirá algún día,
sin llantos ni despedidas
con su caballo y sus perros.

Memoria adentro.


Anduve caminos largos
con el corazón al hombro,
partí mi vida en escombros
por esos campos amargos...
Sufrí también los letargos
que da la tristeza plena
y en noches de luna llena
yo salía a buscar consuelo
de tanto que luna y cielo
me aliviaron de las penas.


Florecí como florecen
esas matitas camperas,
bebiendo en las pasajeras
lluvias que al campo estremese;
supe andar entre las mieses
sin dejar de ser un yuyo,
envuelto en mi poncho puyo;
yo anduve de peregrino
aprendiendo del camino
hasta el mínimo murmullo.


Siempre anduve entre la gente
y nunca me he creído mas,
prefiero quedarme atrás
que hacerme el inteligente.
No presumo de prudente
pero si de precavido,
por fuerza es mas advertido
quien sabe cerrar la boca,
hablando cuando le toca
uno escucha y es oído.

Me he topao con el orgullo,
hermano de la ignorancia;
con la necía extravagancia
De pensar desde un mangrullo
hecho grito en el barullo
de puebladas ciudadanas.
Asistí a todas las vanas
ambiciones de los hombres
enaneses ya sin nombres
de las pasiones humanas.


Uno sabe compartir,
a otros les gusta llegar
y a muy pocos disfrutar
lo que tienen por vivir.
Con eso del porvenir
muchos se vuelven mezquinos
y algunos hasta asesinos
por conseguir a la fuerza
que un pueblo entero no ejerza
su voluntad y su destino.

Y ya me largo a la huella
mi amigo, discúlpeme,
en décimas hilvane
pensamientos como estrellas.
Si mi filo no se mella
pelearé con la esperanza
y si la vida me alcanza
se que he de ver algún día
alegre y en armonía
a este mi pueblo que avanza.

jueves, 19 de marzo de 2009

Cimarrón de ausencia





Cimarrón sos más amargo
que el amor que viste ausencia
y sos polvo de querencia,
que llevó el camino largo.
En el pesado letargo
de mis soledades muertas,
tu savia es aroma incierta
de tristes evocaciones,
y es sangre que a borbotones
pierdo de una herida abierta.

Sos atrancao, por momentos,
como lágrima enredada
flor agreste, tierra arada,
tu sabor es pampa y viento.
Pero sos también lamento
en el sorbo de la agonía
y en esta tristeza mía
que derramas en la tea
cuando a mi pulso flaquea
un temblor de lejanía.

Sos vertiente de agua mansa
que va regando el potrero,
tu calor es sol de enero
y tu verde es esperanza.
Sos puñal, rebenque y lanza,
blandiendo en puños de gloria.
Gota amarga ‘e la memoria
del que perdió su querencia.
Y estás ensillado de ausencia
como el flete de mi historia.

Plata e pobre.



Que me dejás? y... ¡gueno! vayase domas mosa;
Yo a la china y al perro ni jugando he maniao.
Que me ráigo y no yoro? Chá que sos pretensiosa!
Que querés, que aura yore? Si no siento otra cosa
qu'el haberte encontrao!

Que tenes otro rico qu'es de mas abulengo
co'estancias pal norte y hasta playas pal sú?
Que te dure m'hijita! Yo lo qu'es te prevengo
que a denguno le cambio la jortuna que tengo:
la guitarra y salú.

Que mi rancho era pobre como nido e torcasa
y en el catre apenitas si caviamos los dos?
Q'en lugar de las sedas qu tendras pa entre casa
yo, te tráiba pa lujo di una humilde sarasa
los vestidos pa vos?

Cierto, si er'ansina; pero hay otra riquesa
que jamas, pa tus ojos, no valió un nasional,
Porqu'es plata e los pobres tener solo ternesas,
en las manos carisias, en la frente noblesa,
y en el alma...¡un zorzal!


Chimangos


Esta mañana al divisar pal campo
Descornando el "venao" con un amargo,
Méntretuve mirando un rato largo
cómo andaba pasiándose un chimango,
sobr'el lomo del pobre saino sarco
moy orondo y chiyando,
y...¡pucha! cuantas cosas me trujieron
las gueyas del ricuerdo galopiando!

Juera en antes, pensé, ni con la sombra
lu iba a dir a tocar por las paletas,
cuando al solo ruidito e las yoronas
era capas de basuriar cualquiera.
Cuando no hubo partido en la redonda
quien pudiera ganarle una cuadrera,
y se traiba en las clinas, a las mosas,
adornos del color de mi bandera!

Pero aura, ¡claro!, yo también entonces
d'entraba en tuitas porque nu era manco,
er'un silbido pa cuerpiarle al fierro
y como horqueta de juertón pal basto.
Guapiador pa las leguas de un arreo,
segurón pa volcar un tiro 'e laso,
y tampoco quedaba entre los piores
menudiando posturas al malambo!

Que le vamos haser! Ya no hay tutía;
poco a poco d'entramos'achicarnos,
tuito tiene su tiempo su alegría,
como tiene en su tiempo flor el cardo,
pero al ñudo es mosquiar caundo la vida
ya nos suelta po' el lomo los chimangos...
.........................................
..........................................
Con esta riflesión golví p'adentro,
saludé la mañana y más contento
arrimao al jogón, seguí yerbiando.

Lo que soy


Soy como el viento pampero
que pecha la cerrazón,
soy la rueda en el fogón,
soy brasa en un trasfoguero.
soy la astucia del carrero
con la chata empantanada
soy del lazo, la armada,
soy tiento para un soguero
soy puente y soy clavijero
en la guitarra templada.

Soy el grito de la yerra
de aprete y caña patrón
soy el silbo del peón
cuando la tropilla encierra
soy quien defiende su tierra
a través de un decimal,
soy relincho de bagual,
del reservado cabriolas,
soy rastra, facón y bola
soy matera y soy corral.

Soy del cencerro su trino
para orientar al mensual.
Soy revolcón en un pial,
en nuestro campo Argentino.
Soy el cantor peregrino
que defiende lo pasado,
soy la reja del arado
soy del payador su verso,
soy el sueño y el esfuerzo
de nuestros antepasados.

Soy pontro en una sentada
que hace crujir el palenque
soy espuela, soy rebenque,
bota 'e potro bien sobada.
Retozo de la yeguada
saliendo de la laguna,
soy concurrida tribuna
mirando la jineteada,
serenata pa' una amada
en clara noche de luna.

Así soy por ser campero:
soy cielito y pericón,
soy malambo, soy mojón
que están indicando el sendero.
Soy el castigao tropero
por frío, viento y calor.
Soy cabresto y mañador,
cincha, encimera y corrión;
humilde de corazón
pero ser gaucho es mi honor.

A las tortas fritas




Nadie sabe a que se debe
que las criollas tortas fritas
suelen ser más exquisitas
sí son hechas cuando llueve,
no falta quién no las pruebe
sí no es bajo un temporal,
también la siesta nupcial
de una parejita nueva
sólo siempre y cuando llueva
tiene un sabor especial.

Se forma una simple masa
de harina con agua y sal
que admite y no queda mal
agregarle leche o grasa,
su fórmula tan criollaza
no exige más condiciones
pero por sus propios dones
tolera ingredientes nuevos,
cómo ser un par de huevos,
muñatos y otras cuestiones.

Después que un rato se soba
se hacen los discos de masa
cuando ya suelta la grasa
su fragancita que arroba,
sí no hay ni un palo de escoba
pa' darle forma y orilla,
se recurre a la sencilla
solución de una botella,
y a veces a falta de ella
se moldean en la rodilla.

Se frien en la sartén
pudiendo hacerse en la olla
que es la manera más criolla
y es la más propia también,
cuando la grasa está bien
dando burbujitas mudas
se les hace estando crudas
y antes de echarlas adentro,
dos tajos en cruz al centro
pa' que no queden panzudas.

Las tortas son un deleite
cuando están fritas en grasa
pero sí ésta fuera escasa
lo mismo sirve el aceite,
no hay hippie que no se afeite
sí un sicólogo le exhorta
que acepte oler una torta
y al instante le hace creer,
que sólo podrá comer
quién tenga la barba corta.

Son un gran bocao caliente
y una regia cena fría,
y hay quienes las frien un día
pa' comerlas al siguiente,
pueden ser naturalmente
redondas o punteagudas
pero de lo que no hay dudas
es de que siempre son ricas,
ya sean grandes o chicas
quebradizas o guascudas.

En rueda de tortas fritas
aprovechando el momento
se estudia el comportamiento
de las diversas visitas,
no faltan las señoritas
que sintiéndose observadas,
muerden cómo desganadas
con veinte mil miramientos
y abundan los angurrientos
que se las meten dobladas.

Los de fino paladar,
afirman y hacen muy bien
que estén hechas cómo estén
las tortas son un manjar,
el que las quiera probar
y darse la tal panzada,
no tiene que hacer más nada
que esperar un chaparrón,
y apearse en cualquier fogón,
que en fija están de torteada.

Agua Tata, agua Mama!


Hermanito de mi vida
perdoname esta aflojada
Mi saludo es un pañuelo
voy a decirte adiós en mi carta:
yo no sé que me ocurre,
ni se qué me pasa...

Me tiro del catre al suelo,
me hecho en el catre de espaldas
quiero llorar’ y no puedo,
quiero respirar y me ahogan
estos nudos misteriosos
que las amarguras atan.


Estoy solito en mi rancho
Me he queda’o solo en las casas...
Ladran los perros afuera
Como si i’vieran fantasmas
Y alumbran mis pensamientos
Candiles de luces malas.


Hermano, te acordas?
Te acordas de mi Justino,
el pobre hijito de mi alma?
Ocho años, mi nombre tenía
Y despertó una mañana
Con los ojos inflamados
Y el cuerpecito echando llamas.


¡Me muero tata¡- me dijo,
me muero mama¡- gritaba.
Tengo una sed de martirio,
siento un fuego que me abrasa.
Traigame cartas Tita,
agua!, agua!, agua! mama!
agua!, agua!, agua! tata!


Volé en mi caballo al pueblo,
Siete leguas de distancia,
Siete puñales de punta,
metidos en la garganta
Y el grito de m’hijo adentro:
De ¡agua Tata¡ ¡agua Mama¡


Le expliqué al doctor el caso,
se sentó en la retranca:
Que el camino era muy fiero,
Que se iba a quedar en llantas...
La ciencia no es del pueblo,
La ciencia no es de los pobres,
La ciencia no anda a caballo.


Y por los mesmos caminos
donde los médicos no andan,
cruza al galope la muerte
va y viene la desgracia.


Me hizo dar en la botica,
un frasco de limonada
Y que trujese al enfermo
Cuando la fiebre pasara.

Volví!
volví como vuelve un pobre
en iguales circunstancias:
El corazón en la boca
Y la tristeza en el alma.


El médico no venía
No por que fuese tan malo el camino
que va a mi rancho,
sino por que me faltaba!
me faltaba! Con qué pagarle!
Con que pagarle a la ciencia
siete leguas de distancia.


La fiebre duró poquito
Se le apagó una mañana,
Entre un cantar de zorzales
Y el suave clarear del alba.
La madre abrazada a su hijo
Mi hijo la frente helada…
Y yo sin voz ni presencia,
parado al pie de la cama.


Poco después de enterrarlo,
comenzó a turbarse Juana.
Se lo pasaba Llorando,
Se lo pasaba callada,
Se lo pasaba riendo
con los ojos en el aire
con los brazos avanzados...

Lo mesmo que se acunara contra su pecho
una criatura dormida
ansí se me fue!
ansí se me fue la pobre!
Ansí la tierra la guarda
con los brazos sobre el seno
acunando mi desgracia...


Hermano, hermano!...,
Habla por mi, habla por mi si mañana
dicen que soy un bandido,
un mal hombre, sin entrañas…
j’ui cordero y me hacen puma,
j’ui buey y me han puesto garras


Que pronto que viene el día!,
Que pronto que viene el día,
Y si es cierto que hay un dios
Que corte el alba, que corte el alba y ese grito,
ese grito, de agua!¡ agua!, agua!,
agua tata! agua mama!

miércoles, 18 de marzo de 2009

Mensual de campo

¿En qué potrero lejano
se prolongará su marcha,
bajo dureza de escarcha
o trebolar de verano?.
¿Tras qué ternero orejano
o rastro de yeguarizo
en el pangaré mestizo
o el malacara lunanco,
irá recorriendo al tranco
el horizonte rojizo?.

Lo enlutaba la golilla
y el sombrero con ribete
y andaba siempre paquete
de botas de cabritilla.
Solo adornaba una hebilla
su cinto de cuero crudo
era fuerte y corajudo
y serio como un facón,
de poca conversación
pero atento en el saludo.

Debajo del cojinillo
acostumbraba llevar
la cuchilla de cuerear
de corvo cabo amarillo.
Tenía un recao sencillo,
corto a la usanza surera
y al borde de la encimera
la california tocaba,
con ruido seco de aldaba
la llave torniquetera.

Con parecido reflejo
al de su sonrisa franca,
la cincha de lona blanca
listaba el apero viejo.
Tusaba liso y parejo
dejando un martillo bajo
y usó para su trabajo
con escondida jactancia,
en vez de los de la estancia,
los dos caballos que trajo.

Uno liviano ligero
el pangaré ya nombrao
tenía paso recortao
y laya de parejero.
Arrollado coscojero
y pronto para montar,
aunque manso en el andar
cualquier madrugada fría
en el arranque podía
arrastrarse a corcovear.

La estampa del malacara,
salvo el anca defectuosa,
era bruñida y vistosa
del lomo a la frente clara.
Reciedumbre de tacuara
que en cada nudo reluce,
ancho y renegrido el tuse
y brasa encendida el pelo
como si tal cosa al suelo
tumbaba una vaca al cruce.

Hombre y caballo parecen
unirse en una figura
sobre la larga llanura
por donde desaparecen
y entre vislumbres que mecen
su incertidumbre en un giro
aún imagino que miro
su porte cuando se fue
montao en el pangaré
y el malacara de tiro.

Leyenda

(Foto: Eduardo Amorim)

Dicen que siempre cruzaban
por esos campos del mundo,
Juan en un flete tordillo
con Ramón en un oscuro.

Pero que no eran hermanos!
La vida los hizo, justo,
pa que uno talle en el naipe
y otro talle en el trabuco.

Como un día y una noche
encontraos en un crepúsculo,
Juan siempre andaba de blanco
y Ramón siempre de luto.

Jugando pa divertirse
los dos que eran medio brujos,
sacaban "flores" del mazo
desorejao por el uso.

Era como una payada
verles guitarrear un truco:
brindan con el as de copas,
gastan los oros por lujo,
montan el caballo 'e bastos
pa atropellar un retruco
y ganan el "vale cuatro"
con "cruz", con carta y con rumbo.

Y en la calle del boliche,
matando el sueño con yuyos,
noche a noche se amadrinan
el tordillo y el oscuro.

Pero en el "monte con puerta",
ande no se hace barullo,
cuando el candil lagrimea
en la cerrazón del humo
y la muerte pide carta
para jugarse hasta el pucho;
ande le miran las manos
al que baraja en lo oscuro:
-blancas, mientras talle limpio;
rojas, cuando talle sucio-
allí Juan no conocía
más amigo que el trabuco.

Y en una jugada e "monte",
ande se enriedaron mucho,
la talla, una sota, un copo
y el gatillo del orgullo;
Juan asesinó a Ramón
que era su hermano de truco.

Salta en el flete tordillo
y naide le sigue el rumbo.
La luna borra con plata
las huellas de su matungo.

Es libre! Se va del pago!
Son d'él la vida y el mundo...!

De pronto, escucha un galope:
se güelve pa detrás suyo
y entonces ve que lo sigue
el caballo del dijunto.

Un rejucilar de luna
le amandinga el pelo oscuro,
en la cabeza e'los bastos
trai dos ojos de corujo;
es un caballo de naipes
que juegan del otro mundo...!

En cuanto Juan se santigua,
ya lo atropellan los buhos.
Juye. Siempre su tordillo
fue más guapo que ese oscuro...

Y Juan mocha las espuelas,
pisa alambres, muda rumbos,
lo deja cansao al viento,
enhebra los montes crudos,
y siempre, siempre, lo sigue
el caballo del dijunto!

Entonces se suelta a reir
por tanto asustarse al ñudo:
"si aquél mancarrón lo sigue
de amadrinao con el suyo...!"
En cuanto largue el tordillo
lo deja en paz ese oscuro...

Desprende las "tres marías",
boléa al primer matungo,
monta y ni mira pa atrás!
Aura Juan está seguro
de no ver más en la vida
al caballo del dijunto.

Güelve a escuchar el silencio;
es tan grande, tan projundo
de paz, de sueño y de luna,
que se oyen crecer los yuyos.
Si áura un mancarrón se mueve,
Juan sentiría el retumbo...

Sofrena pa convencerse;
no se le arrima el murmullo;
mira despacio p'al anca
y Juan se yela hasta el pulso;
porque trai como de tiro
el caballo del dijunto!

Al trasluz del costillar
se ven estrellas y trucos.

Y compriende que ese pingo
es carne del otro mundo,
carta que juega Ramón,
copo que gana el dijunto.

Dicen que dende ese entonces
los dos ya siguieron juntos,
pues, ande vaya el tordillo,
en su sombra va el oscuro.

Y si Juan baraja un mazo,
talla al monte o juega al truco,
siempre los cuarenta naipes
están pegajosos y húmedos;
porque pa Juan sigue fresca
la sangre de aquél dijunto.

Canto a Salta



Allí donde galopa el Mojotoro-(rio salteño)
y la tierra se entrega
en un sonoro perfume a palo santo,
hay una tierra algarrobera,
hay un terruño toro,
que sube rumbo al canto,
usando el corazón por estribera.


Hay un país con melgas y muchachos,
encendido de ceibos y lapachos,
hay un ámbito de nido,
sabroso como humita envuelta en chalas,
un limite de machos,
que monta hecho alarido,
en el humo animal de las bagualas.


Hay un pais de pelo de una laya,
donde habitan la ulua y la papaya,
una comarca amicha (siamesa),
que acollara la selva con la puna,
y en épocas de chayas
fermenta como chicha,
en la fresca de la luna.


Es un país que baja
con las aguas tirando como flechas
a sus guaguas al centro del paisaje.
Donde esconden sus mieles las colmenas,
con veranos como fraguas,
que yescan el obraje,
y le dan un amargo gusto a pena.

Es un país con bueyes y senderos,
por donde silban largo los hacheros,
y de tuscas y mistoles que descargan
mazorcas de chicharras,
con hondos chalchaleros
y changos de guitarras,
hondeando lagartijas y colcoles. (col-col-pájaro que emite un canto símil a esa palabra)


Sus días son ardidos y guasunchos, (corvados)
y bajan hasta el techo
de los ranchos tusándoles la giba.
Y tienen en las calidas mañanas
un pozo de caranchos cavado cielo arriba,
en busca de distancias artesianas.


El hombre es solo un árbol que camina,
nada mas que una verde “cina-cina”
que vive como puede.
Es solo un árbol con los ojos fijos,
una carnal harina que amasa y nos concede,
el pan siempre barato de los hijos.


Es un árbol morrudo
que se mueve, casi un “cebil” (árbol)
que diariamente llueve su sombra a chaparrones.
Es un juntador de hachazos que apenas
si se atreve a darnos sus canciones
y la honrada madera de sus brazos.

Si esta en el “vino alegre”, es TODO SALTA.
y el alma se le va cansina y alta,
por anchos madrejones.
Y ronda crespa entre las selvas bajas,
carnosa como palta, moliendo plantaciones,
en el lento mortero de las cajas.

Y si en el “vino bravo” se divierte,
buscándole las patas a la muerte.
Y el resto que le queda se lo pone
lo mismo que un anillo,
para hurgonear la suerte,
tirando una moneda que gire
con la vida en el cuchillo.

Su cuerpo es una cuota del paisaje,
casi un recodo que se va de viaje.
Es una flauta humana, que cuando el aire o Dios,
o alguien la sopla derrama su linaje
de música alazana,
en el caliente arroyo de la copla.


Es una taba que cayo “pinino”-(de punta en equilibrio),
y la dejaron sola en el camino.
Es una fértil y fresca agricultura.
Es un viejo campesino
que viene a nuestro encuentro,
con las manos repletas de ternura.


Se parece a la lluvia.
Y se parece al río Colorado
cuando crece hartado de pereza.
Y es familiar en mucho a esos cigarros
que veces nos ofrece moviendo la cabeza,
igual que tentemozo de los carros.


Es un silencio herido por un grito
que quiere acariciar el infinito.
Cuando la voz se alarga al lado del caballo y de la huella.
Un ávido distrito. Casi una flor amarga,
brotando sobre el anca de una estrella.

Yo que llevo su tierra y su tormenta,
y es la que a los dos nos emparenta
un mismo y limpio techo.
Lo tiemblo desde el alma hasta los poros.
Y su aire me alimenta entrándome en el pecho,
lineal como el mugido de los toros.

Cuando miro que llora su corteza,
y se le hace resina la tristeza
en los troncos mas gruesos
por el poco de guiso que le falta
me duele su pobreza y hermano hasta los huesos,
les digo a los amigos: “Soy de Salta”.

Soy de Salta, sus cerros y sus ríos,
De sus valles con claros sembradíos.
De sus gentes conformas que llegan con el bombo
y con el santo por únicos avios.
De sus noches enormes que suben
rumbo a Dios y rumbo al canto.


Soy de Salta, de Moldes, de La Poma,
de sus tardes con pájaros de goma.
De ese viento padrillo
que llena mi provincia con su cría.
Y del dolido aroma que corta con cuchillo,
las simientes de su amable geografía.


Soy de un país hermoso y permanente.
Con algo de otoño combatiente
metido en sus entrañas.
De un país de dulces “quirusillas”
que riega su simiente con agua de montañas,
para que crezcan alto sus semillas.

Soy tierra, todo tierra pero de ésta.
Y se que, carne al mar la llevo puesta,
rumbeando al corazón
con el alma colgada con los tientos.
Por mi se manifiesta y sale hecha un malón
de sangre abierta hacia los cuatro vientos.

Soy de Salta, paisanos y hago falta.
Tan solamente por que soy de Salta.
Mi tiempo se cultiva cuando transita con su alforja al hombro.
Y hasta la piel se esmalta.
Agatas la saliva me contagia,
el sabor con que la nombro.


La tengo de los pies a los cabellos
y aspiro en mis pulmones sus resuellos.
La siento hasta la cepa.
La llevo hecha tonada en el oído,
la toco entre mis valles,
y escucho que me trepa, juntando continente y contenido.


Porque soy—salteño como todos—mellizos
en las penas y en los modos.
Cuñados en lo guapos,
cumpitas en la aloja y en los puyos.
Y hundido hasta los codos me voy hacia el guarapo,
por el trapiche azul de los coyuyos.


Porque amamos la tierra por sentida,
sabiéndola la carne de la vida.
Y el hombre, todo el hombre
esta hecho a su entera semejanza.
A su misma medida, tal como si su nombre
Fuera el exacto fiel de su balanza.


Porque de tanto andar por las quebradas,
nuestra sangre conoce sus aguadas.
Y bebe limpiamente. Y bebe con la “chuña” (cigüeña del monte)
y el helecho, las flores apretadas
que nos mojan la frente,
y nos sacian los cantaros del pecho.


La tierra nos conforma la presencia,
nos mide la estatura y la existencia.
El intimo paisaje.
Y alzando su galaxia montonera,
nos muestra la querencia, en tanto que el linaje,
se sale de la piel tacuara afuera.


Nos grita en el Abuelo y en el Tata.
En la gente de bota y alpargata.
Nos tienta con su duende.
Y al darnos su brutal acometida,
igual que garrapata sentimos que se prende,
de la parte mas honda de la vida.


Por eso digo siempre:
Soy de Salta,
soy de Salta paisanos...
y hago falta.

martes, 17 de marzo de 2009

Jugando de mensual



Nunca pudo ser alguien,
Era mensual no más,
Y por instinto solía entrar
Agarrar pa´ los rincones
Y se pilaba solo en el silencio

A veces se misturaba
Pero a veces no más
Cuando los que charlaban
eran hombres de vía pal llano

Del lado de afuera y se habla de cosas de trabajo
la esquila la alpillera u otras nadas
de esas nadas que abundan en el llano

Aplomar un horcón,
Hacer un brete,
Sacarle punta al día,
Echando tierra con la pala
de buey a un australiano

Echarle kerosene a un torniquete
O ayudarle a cinchar a otro cristiano

A veces de respostar,
Otras blanquiando
Moler maíz pa´ los pollos,
Cortar yuyo

Echarle una aceitada a los molinos
Lavando los tractores o alambrando
Nada no mas que tiene la llanura
Como pa´ andar el tiempo de jugando

Habría que andar un mes nombrando cosas
De las que hace un mensual que no hace nada

Porque, ya que vas a ir a echar las vacas
Hay un poste quebrado cerca de la entrada
Mas vale cambiarlo hoy Porque mañana
hay que cambiar de cuadro las majadas
y si no llueve hay que puntiar la quinta
y esta llena de malva y paja brava

Nunca pudo ser algo, Era mensual no más
Y es no ser nada.

Ya que estas, no te animas ha hacerle
Una encarada al ruano
Sin espuelas ni guachas Por si andas

Si le pones los cueros
Te prometo que te lo
Priesto para una fiesta patria

Porque en seis meses dan las vacaciones
Y vienen los muchachos Pa´ la estancia

Y quisiera que lo ande el mayorcito
Que es el que estudia la veterinaria
Y no me gustaría que una de esas
Se vaya al suelo y ande dando lastima

Mejor andalo vos que sos mas duró y
Pa´ estos brutos no te faltan mañas

Y allá va don mensual pisando escarcha
Con las patas azules reventadas
Con el dedo chiquito haciendo fuerza
Como cadeneriando la alpargata.

El ayuda en la esquila y no por latas
El hecha muescas a un palo pa´ contarlas
Igual que en la cosecha andará en todo
Rogando pa´ que rindan las hectarias

Una de esas le tiran unos pesos
Porque siendo mensual no hay reclamada
Si al patrón le va bien por hay afloja
Si dice que fue mal no pasa nada

Cuando no sirva más volverá al pueblo
Y algún letrado le arrimara un contento
Que no hay nada que hacer si no hubo aporte
Y que por ley no tendrá jubilamiento

Como es que nunca pensó en hacer papeles
Que había sido chambón
Que no es momento
Si llega a pasar algo
Yo le aviso, Mire
por hay salió un decreto
y listo el cuento

Algún día andará como andan tantos,
Mendigando un auspicio pa´ sus huesos
Por haberla vivido como perro,
Jugando de mensual, solo por eso.

Serenata




Sucedió una noche de hace ya... cien años:
Pablo Luna, un mozo "tapao" -un misterio-
llegó con su carga de amor y de agravios
por un rumbo oscuro... borrado en el tiempo.

Pulsó su guitarra, como alucinado;
creció un grillerío de fiebre y tormento,
y su serenata de adios, en el patio,
subió a la ventana de los jazmineros:

"Escúchemé, moza.
La recuerdo tanto...
sin que usté lo sepa... pa' mí... y en secreto,
que su nombre, en cada terrón de mi rancho,
florece en mis noches; guitarra... y silencio...

Guitarra y silencio le nuembran...
Mi canto,
ni se alza de humilde... tristón... y nochero...
y en cuantito quiere rumbiar a lo pájaro, ç
le corto las alas... y lo a'ugo en el pecho.

-...Yo no quiero, moza, que se alce mi canto,
sabe?
... No sea cosa que lo lleve el viento,
y ande esparramando -semillas de cardo-
"l'azul y espinosa tristeza que tengo!

Semilla'e cariño, se riega con llanto.
No es cuestión de hacerlo medianero al viento,
sembrador dispuesto pero... chambonazo!
...Capaz de sembrarlas en tierra'e disprecio.
Pa' que naide sepa que la quiero tanto,
cerca suyo ni alzo los ojos del suelo
y ansí, cuando baila, yo voy cosechando
las flores menudas de sus zarandeos!

Con ellas, ya tengo pa'dir salpicando
mis noches más largas, de merino negro,
cuando las garugas me aprietan los párpados
y me quiebra el'ala del sombrero el viento...

D'ellas, saco mieles pa' endulzar mi amargo.
Con ellas se me hace chapeao el apero.
Por ellas, a veces, me tiemblan las manos
cuando las deshojo mendigando un sueño...

No me olvide ahora que me voy del pago...
Que haiga una nadita'e favor pa'l trovero!
Sólo una mirada... pa' alumbrar un largo
camino'e tiñeblas priendido al cabresto...

Me voy... -sombra y noche-. Me voy - pluma y canto-.
Me voy -lluvia y río-. Me voy -nube y viento-.
Me voy con mi pena vestida de blanco
sentada en el anca de mi parejero!".

.........................................

Dice la leyenda, que aquella ventana
no abrió una rendija de luz para el sueño,
y el cantor matrero, silencio y guitarra,
se perdió en la noche...
guitarra... y silencio!

Canción del peón "recorredor".




(A la memoria de don "Perdigón")

Yo soy pión "recorredor",
y me gusta mi trabajo...

Cuido el campo como mío
porque ... si vamos al caso,
pa'nacer o cairse muerto,
no es ajeno ningún campo...

Mi oficio, es dir recorriendo
los potreros, tranco y tranco,
y hacerle patancha al tiempo,
llueva, truene... o caigan rayos.

No todo es curar bicheras
o acomodar postes caidos;
ocasiones... las garugas
me ven prosiar con los cardos...

Me train noticias, el viento,
y el vuelo de los caranchos...

Presencio las pariciones
igual que un Dios: de a caballo;
y es ley que sobre el lomillo
salve algún borrego guacho...

Pa' mí no tienen secretos
la sierra, el monte, ni el llano;
yo sé a'nde anidan los teros
con sólo mirar al campo...

No se me va ni un carpincho;
sin querer les pispo el rastro
mientras las abras del monte
me ven pasar pitanguiando...

La "achatada" de la costa,
suele esperarme con algo;
si han pasao contrabandistas,
municiones... caña... o naco.
Y... ansí voy, juntando tiempo
p'hacerme viejo, sin asco.
Madrugada o sobretarde,
Sol, o lluvia, tranco y tranco...

Se me han cuadrao ocasiones;
pero... no les cierro el lazo:

Nací pa' "recorredor"
y me gusta mi trabajo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Hasta el domingo Mama


Hoy hace un mes que Luisa encerró el cusco,
y con su Ramoncito en alpargatas,
fue a entregar el lavao a la patrona
y el hijo a la escuelita de la estancia.
Dejó su corazón a cuatro leguas
y viene a verlo un día por semana.
Se quema pa que el niño en esas luces,
aprienda los deberes de la máitra.
Es domingo. El silencio lo aprovecha
pa ceitar los ferrumbres de la pásulas,
la sombra de un petiso e lavandera
se hechó sobre los yuyos y descansa;
porque con los bolsones de la ropa
lleva horquetao un bombachudo en ancas.
Y en la cicina gris, el nene gaucho,
perdido en el colegio de la estancia,
le pregunta a la madre: y mi cachorro,
no llora nunca pa este rumbo, mama...?
Luisa no lo oye, está mirando el cielo
por el ventanillo azul de la pizarra
donde el niño ha soltao una palomas
que pa los leidos deben ser palabras...
¿Ya escribiste todo eso...? no señora...
dice el gauchito con la voz mojada.
Él no ha domao el lápiz entuavía...
Lo que escribió es el sueño de una carta:
Ramoncito nomás puede leerla,
le faltan haches y le sobran lágrimas...
Yo...sabe...?era un bichito cariñoso
emplumao en el pecho de mi mama
y ella me dió, como si juera un cusco
por un puñao de letras a la máitra...
Cuasi no llega a verme...y cierro tanto
balido en el chiquero e la semana
que dos o tres horas, no me dan tiempo
a mamar en lo tibio de mirarla...
Yo nunca viá prender; sabe? su amor enllena
el gueco de mi alma,
pa que dentre un puntito en mi cabeza
tengo que echar un beso suyo, mama...
Acaricieme un poco...Ella no lo oye,
ya le duelen las manos...si lo agarra
esconde en un bolsón ese tesoro
y juye pa que el niño crie alas,
como juyó sobre un burrito blanco
con el niño Jesus, la Virgen santa...
y no lo besa. Ramoncito ahora
no es suyo; es de los libros y la máitra.
Ya montó. Yá su pena está a caballo
en la carne sufrida de una gaucha.
A ver, no llores más....?
Y diga en hombre: -Hasta el domingo mama.
El gurí con los puños en los ojos.
Trata de hablar, pero no puede, se auga.
Ya luisa en su petiso e lavandera
ha repechao unas cuarenta varas,
y siente que el niño llora entuavía
porque no dice hasta el domingo mama...
Como lo deja ansí...tiene ocho años...
Y si el precisa luz como la apaga...!
y en la portera gris, el nene gaucho,
se sube a los alambres de la jaula
y pa serle creer que ya no llora,
le grita un largo, hasta el domingo ma..ma...!

Como prosiando




("Año terrible")

Vengo´hablarle Patrón… Don Jesucristo:
Soy un gaucho nomás; sol, piedra y cardo;
y se me hace que i´nora que yo esisto
pués no sé ni rezar… pa´ no amolarlo.

Vengo de lejos… sabe?
Y muy transido!
Si lo he campiao una ponchada di años,
y a´ura vengo´apriender que hay un camino
nomás -el del silencio- pa´ encontrarlo!
Como no sé rezar… tampoco m´hinco;
frente a la Cruz del Sur, sombrero en mano
y de hombre a hombre, como Usté lo quiso,
m´esplicaré, Patrón
…como prosiando:

Siempre jui de Su ley;
de güen instinto;
di una sola palabra pa´ los tratos;
lial pa´l cristiano amigo… o enemigo;
gaucho pa´ tuito el mundo!
Hasta´el tutano!
…Juí dueño de la tierra.
Había nacido pa´ ganarle al pampero di a caballo;
como tuitos los rumbos eran míos
crecí libre y cantor…
como los pájaros.
Viví libre y cantor.

Pero está dicho
que el bien, ni el mal, pueden durar cien años:
Mi libertá, Patrón, cayó en peligro
y pa´ salvarla ensangrenté los pastos.

Me creció un nombre: Patria!
Un nombre lindo
como el Suyo, Patrón;
Projundo, y claro.
Y lo grité! Y temblaron con mi grito,
el cerro, el río, el puma y el quebracho!

Pa´llegar´alcanzarla, mi cuchillo
se trepó a una tacuara;
y jué tan alto,
que le cruzó en el pecho al cielo herido
la franja federal de los ocasos!

Y la patria jué mía.
Y su cariño
m´envolvía en un sueño… azul y blanco,
cuando "por ella" apechugaba el frío,
despanzurrao y solo entre los pastos.

Después…
Vaya´saber!
…Ya jué distinto.
Patrón… Usté y la Patria me olvidaron
y a´ura se me hacen cortos los caminos
y el caminar sin fé… se me hace largo.

A´ura soy "gaucho alzao";un perseguido!

Yo, que acuné la Libertá en mis brazos,
por defenderla hasta la muerte, vivo
topando con la ley…
y el alambrado!

El monte es mi guarida.
Perseguidos,
yo y los yaguareteses nos codiamos
noche a noche en los pasos escondidos
bebiendo agazapaos en los remansos…

Pero aún soy de los Suyos;
y es sabido
que, no faltando el chala ni el amargo,
se puede morir di hambre el pulguerío
que no le doy ración,ni me lo rasco!

Usté me dio este rumbo, y voy solito
mezquinándole el cuero a los caranchos;
no lo viá dejar mal:
jamás se ha visto
dispararle a los perros al lión bayo!

Porque… ta´ claro nó?
Si recebimos
la vida de Usté mesmo, de Sus Manos,
el deber es cuidarla;
cualquier bicho,
si no es muy ruin, busca morir matando!

* * * * *
…Perdone si lo amolo con la prosa;
la soledá ocasiones dentra´a´ugarnos
y es cuestión de volverse medio loco
sin más ni una compaña qu´el caballo…

Ricién nomás, siguiendo esa picada
me topé con el cielo a boca´e jarro
y halle la Cruz…
pa´ mí que se inclinaba
como una bendición sobre estos llanos!

Y… algo se me ablandó;
talvés l´achura
que llaman corazón…
pero hace tanto
que el tiempo me borró las oraciones,
que le dentré a rezar… como prosiando,

y a'ura…
me voy, Patrón.
Mientras estribo,
yo… que todo lo he dao, viá pedirle algo:

Sálveme la guitarra!
La preciso…
pa´ estar seguro de morir cantando!

Compuesto para una pena zaina


...Vine al monte, porque dicen
qu'está llenito 'e pitanga.
- No es que ande en busca 'e silencio
pa' sismar en mi desgracia...-

Eso sí: dende hace un tiempo
no tengo gusto pa'nada...
Dejuro que algún mal di ojo
me ha aventao las esperanzas...

Y aquí voy; por el sendero
desvirao en la barranca...
- Traigo los pasos barbudos
de arrastrá las alpargatas!-

Ya ves...
dende que te juiste
se m'hizo perdíz el alma
y ando afinando un chiflido
pa' ver si puedo pialarla...

Ocasiones se me añuda
la soledad en la garganta
y entonces...
soy un jilguero
llorándote en la guitarra!

Vine al monte...
pero, di a'nde
viá vení por las pitangas
si ojalá me esté muriendo
ni alzo las vistas p'hallarlas!

Vine... a darle agua a los ojos;
y truje esta pena zaina
que vos dejaste potra
pa' ver si podia amansarla...

Malaya la pena bruta!
Velay la pena bellaca,
me tiene enteco y sumido
...puro talero y rodajas!

L'otra vez, de puro bruto
la palenquié pa'ensillarla;
ni bien le templé la cincha
me desparramó las garras,

y... de a'nde saltarla en pelo!
...La pena me ha güelto maula.
Si hasta de a pié voy charquiando
priendido de un chifle 'e caña.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Chuzas


Traigo en mi "encordao" primores
y un zorzal en mi garganta
y donde éste payador canta
se acabaron los cantores
hagan pues rueda señores
y salga al medio el que quiera
jugarse en esta carrera
si es que le asíste un derecho
que pa'mí,.. la cola es pecho
y el espinazo cadera.

Yo no hago cuestión de nombres
cuando a cantar se convida
e' tranqueao mucho en la vida
pa'que algo nuevo me asombre
me precio de ser muy hombre
y si dentro en un rodeo
no me gasto en el floreo
soy como leña de cardo
si me arriman fuego ardo
y si me tocan,... chuceo.

No soy hombre que me encojo
cuando la mala me aprieta
yo soy!.. como la galleta
que se hincha al primer remojo
donde me "priendo" no aflojo
mas siendo en un entrevero
soy como el zorro "canchero"
pa'gambetarle a la trampa
es muy baqueano este "pampa"
pa'dejar en ella,... el cuero.

Y "ahura" les pido perdones
si es que me he "pasao" un tanto
me píden,.. que cante y canto
pa'que me oigan los varones
pa'no entrar en discusiones
dejo mis cuentas saldadas
y como última verseada
ahí va mi mano y les digo
les ha cantado un amigo..
y aquí!..no ha pasado,..nada.




Servidor...


No he de gastarme en apronte
pa' presentarme ante ustedes:
Yo soy Nemesio Paredes
nacido en la Guardia 'el Monte.
Mi prienda... Cipriana Jonte
por mal nombre "La Varona":
moza linda y querendona
bien parejita en su estampa.
Pa' mi que en toda la pampa
no hay china más comadrona...

Soy de profesión resero
y a veces soy domador.
Nunca he sido payador
pero sí, buen guitarrero.
Tengo un pingo parejero
de la marca e' los Garrido.
Me gusta andar prevenido
sin que me falte ni sobre,
por eso, siempre algún cobre
yevo en mi cinto escondido.

Le tengo a la vida apego
sin que la muerte me haga asco.
Lo mesmo que guacho al frasco
me priendo si se da el juego.
En las malas no reniego
y en las güenas soy goloso:
En el naipe... despacioso
lo mesmo que en el querer.
¡Soy pa' el juego y la mujer
sereno como agua 'e pozo!...

Yo chupo en todas las copas
sin mamarme con ninguna
porque tengo la fortuna
de ser chúcaro sin tropa.
Trato de salvar la ropa
si dentro en una patriada.
No se agacharme ante nada
ni me gasto en el apronte.
¡Yo soy de la Guardia 'el Monte:
...disculpen la refalada!...

Gordita y de minifalda

(Sulky con sombrilla y su propietario, José León Mutuverria Zozaya en la ciudad de Luján)

En el sulky fui al poblau
a buscar los comestibles
vide cosas increibles
que me han dejau atontau.
Hombres sacos coloraus
que parecían mascaritas
mujeres con poyeritas
que no atajaban ni el viento
y hasta los viejos contentos
andar en la calesita.

Una muchacha sin mangas
media gordita y siyona
apretaba su persona
con la corta minifalda.
No hay hombre fuerte que valga
vestirse así ya es antojo
se me salían los ojos
más derecho que una flecha
"si es parte e' la cosecha
¡cómo serán los rastrojos!"

Se agachó junto a mi paso
volió una pata a una moto
si yo no salí en la foto
porque le erró el fogonazo.
-"Yo me anoto por mi acaso
despacha usted su encomienda,
le pido que no se ofenda
si se da cuanta cualquiera
lo que ahorra en la poyera
se lo gasta en otras prendas".

-"Retírese no sea otario,
esas son cosas muy mías"
-"Si usted las alquilaría
yo sería el arrendatario!".
Esto pa' mi es un calvario
quién resiste la ocasión
yo que soy un gaucho chambón
con mirar me convencía
"por la forma de las vías,
está muy cerca la estación".

¡Qué güeya pa' una cuadrera
pal que tiene buen cabayo
y en menos que canta un gayo
apuntarlo a la bandera.
Le dije pa' que entendiera
con mi tono bien campero:
-"yo consigo parejero,
lo amanzamos si es arisco,
si usted pone raya y disco
yo podría ser el rayero".

Un viejo se apareció
iba vendiendo gurriones
y con malas intenciones
su pajarito soltó.
Sobre el pucho se agachó
dándoselas de afligido:
-" Por acá se habrá metido",
le decía el viejo a la piba,
pa' qué miraba pa' arriba
si el pájaro se ha dormido.

Éramos tres en función
mirando aquél monumento
yo estaba en primer momento
después el viejo, con su gurrión
pa' cortar esa reunión
como regalo 'e peludo
sin permiso, ni saludo
yegó un pituco apurau
era un "saco colorau"
con melena y patiyudo.

Y ayí quedamos los tres,
yo como ante: otra vez solo;
y el viejo que a su chingolo
lo echó a la jaula otra vez.
Pobre pájaro, tal vez,
se había hecho la ilusión
que había ayáu en la ocasión
el alpiste amontonau
culpa el "saco colorau"
se quedón sin la ración.

Décimas pluviales.



"Solus Christus suavitas pluviae"
San Agustín, Enarr. in ps. 137, 9.


Sos agua que cae del cielo
sobre la tierra sedienta;
sos la garúa que asienta
el polvo de ciego vuelo;
de la pampa en el pañuelo
sos un llanto de alegría;
sos la verde algarabía
que puebla el monte de cantos;
sos en horas de quebrantos
la más dulce compañía.

Sos esa luz argentina
que hace más verde el verdor,
que muestra el mejor color
de todo lo que ilumina;
nube de incienso divina
de olor a tierra mojada;
sos gramilla endomingada
con su más lujoso apero;
y en las fatigas de enero
la pausa más esperada.

Sos susurro silencioso
entre el pasto del potrero
y en las voces del alero
sos el canto más gozoso;
la que invitando al reposo
y al mate meditabundo
congregás a todo el mundo;
sos caricia que Dios manda
que hasta lo más duro ablanda
por tocar lo más profundo.

Sos la llovizna serena
que sabe entrar sin herir
y adivinar el sentir
de quien esconde una pena.
¡Lluvia generosa y buena,
lamento de los sin voz!
Como el rocío precoz
que riega trigo y maleza,
sos la rotunda certeza
de la ternura de Dios.

martes, 3 de marzo de 2009

Viajando en un gran vapor



En un gran puerto señor
fue donde el susto empezó
cuando en el agua se vio
un gran pescau a motor
mirando a mi alrededor
los ojos se me salían
derecho se me venía
pa' tracar bien a la oriya
de susto hasta una cosquiya
entre la panza sentía.

Dijeron hay que subir
primero me persigné
mi alma a Dios encomendé
y por fin me decidí
al tranco largo salí
dandomelas de pesau
pa' entonces había observau
que una piola lo amarraba
por mis adentros pensaba
por manso te habrán maniau.

Pensé de cualquier manera
hoy no tengo salvación
es mi patria en la ocasión
que me yama a la frontera
requintando la visera
mi frente limpia lucí
al tranco chueco seguí
sin contemplar más pa'atrás
si a los gringos no bajas
de ande me bajas a mí.

Entre suspiros de viejas
y yanto de las muchachas
pa'arrancar medio se agacha
y de la costa se aleja
no sé de ande lo maneja
pero pal medio rumbiaba
de un aujero yo lo espiaba
gritándole "hasta la güelta"
mientras que ya mi usamenta
pal costau se zarandiaba.

Como a las dos horas de viaje
cuando yo iba tranquilito
aquel animal maldito
me dentro a tener de raje
se mandaba unos virajes
que quedaba atravezau
yo diba como trenzau
a unos fierros que tenía
y el loco que sacudía
igual que cusco mojau.

Pensaba pa' mis adentros
si este se yega a encajar
de ande lo vamo a sacar
semejante monumento
sentía por momentos
el de la izquierda paraba
las patitas se me arquiaban
se me movía hasta el piso
hasta sentí de improviso
la ropa interior mojada.

Fue pa' mi como un tesoro
cuando dijo un compañero
mirá si no es el lucero
es la luz de Comodoro
pegué un grito bien sonoro
impulsau por mi alegría
después cuando aclaró el día
vi las torres petrolíferas
entonces si era una fija
que este gaucho viviría.

Se detuvo el armazón
y bufaba como un toro
yo me bajé en Comodoro
dándomelas de Colón
pero de aqueya ocasión
pal agua no valgo nada
y hoy a mi lengua anudada
la verdad sola desata
no me lavé las patas
de miedo a la correntada.

Cachirleando


Disculpe si me presento
ansi nomás como quiera,
vide abierta la tranquera
y entré a sentir movimiento,
me dije pasá un momento
y aquí estoy... si no molesto,
yo soy un hombre modesto
sin ninguna pretensiones,
aunque en varias ocasiones
yo suelo jugarme el resto.

Pero no ha de ser pa' tanto
tan sólo he de estar un rato
y si me dan un barato,
pulso la guitarra y canto,
mi voz no tendrá el encanto
que tuvo en tiempos mejores,
junto a muchos payadores
y entrelazando quereres,
mucho deje en las mujeres
y el resto en los mostradores.

Y acá ande me ven ustedes
cómo aboyadura e jarro,
llevo chapaleao más barro
que reboque en las paredes,
me he visto en tantos enredes
que aura de puro mañoso,
me he vuelto un tanto goloso
pa' atracarme a la mujer,
ventaja que da el querer
cuando el cristiano es buen mozo.

Suelo hacerme el distraído
tan sólo pa' acomodarme
más si pretenden manearme,
no me han de agarrar dormido,
me estiro como el chiflido
pa' cuerpear cualquier apuro,
por eso siempre procuro
dir por la vereda ‘el surco,
yo soy cómo tranco e turco,
cortito pero seguro...

Y he terminao que el destino,
no deje de protegernos,
será pues hasta más vernos
me está esperando el camino,
si en otra ocasión atino
a pasar por esta vera,
junto al poste e la tranquera
volveré a atar mi caballo,
es un decir y me callo,
y que sea hasta que Dios quiera.


Lo que yo traigo


De tanto rondar caminos
traigo un canto guitarrero
el opa de los reseros
sombra de ombúses y talas
traigo miedo de luz mala
y retozos de bagual
también traigo en mi cantar
soledades de taperas
cerrar y abrir de tranqueras
y el silbo del pajonal.

Traigo el verdor de los montes
con greda del cañadón
y del perro cimarrón
traigo su astucia salvaje
los balidos del vacaje
y el sonar de los cencerros
el silencio de los cerros
de los ranchos el horcón
traigo calor de fogón
y el penar de Martín Fierro.

En ancas de mi guitarra
traigo el canto de los vientos
de los pobres el sufrimiento
de los otros el reproche
la inmensidad de la noche
y el polvo de cien caminos
del ave su dulce trino
la soledad de los llanos
traigo el coraje paisano
y el vagar del peregrino.

Yo… traigo quietud de arroyo
y la furia del Pampero
la habilidad del hornero
de las flores su fragancia
recuerdos de mil estancias
de las yerras la emoción
la fiereza del malón
lo cuentos de un viejo sabio
y para mi Madre traigo
mil besos en el corazón.

Delen cancha a las mujeres




Aura que en un hervidero
parece encontrarse el mundo,
con justas razones fundo
lo que aquí decirles quiero.
Si en doloroso entrevero
La mujer pudo mostrar
su coraje pa’ peliar
bien apareada al varón,
¡ha de tener condición,
dejuro, pa’ gobernar!

Dejen que en las elecciones,
por las ideas que ocultan,
demuestren como resultan
triunfando sus opiniones.
Y los que usan pantalones,
no piensen que en las carreras
de estas cuestiones puebleras
mucho tendrán que perder,
con el triunfo ‘e la mujer
que no el de las polleras.

Dejen que de utilidá
sirvan para su valimento
al trabajar con talento
pa’ bien de la humanidá.
Ya que el hombre, en realidá,
en su paso por la tierra
nos ha demostrao que encierra
más que ternura, rencor,
y pa’ dir sembrando el dolor
en los pueblos con la guerra.

Si Dios hizo la mujer
pa’ ser nuestra compañera,
puede ser la consejera
que debemos atender.
A mi juicio no ha de ser
tan sólo pa’ cocinar,
lavar la ropa, planchar,
y otros cuantos menesteres.
¡Tienen ideas las mujeres
que debemos respetar!

No es el caso de gritar:
“Pa’ mandar son los varones”,
defendiendo atribuciones
que naides nos supo dar.
Si al mundo hay que mejorar
pa’ que se acabe el rencor
que va sembrando el dolor,
aumentando padeceres,
¡delen cancha a las mujeres
que son hechas pa’l amor!

Dejen que ellas preparadas
puedan también legislar,
las patrias han de ganar
porque serán mejoradas,
que no vivan alejadas,
que cuiden mejor la raza,
verán cómo no fracasa
la mujer en la contienda:
¡pues no hay menistro de hacienda
como una dueña de casa!

Un viaje en ómnibus.


Grande, pesao, barrigón,
ñato, lo mesmo que un chancho,
con forma, mezcla de rancho,
de casa de alto o galpón;
el ómnibus rezongón
dispara por cualquier lao,
solo, vacido o cargao,
cambiando de direcciones,
y arrancando en tres tirones,
cada vez que se ha parao.

Agarrao de la ruedita
va adelante el que maneja,
serio y parando la oreja,
al mando de la piolita.
Y atrás, con la carterita
en el cogote colgada,
grita con voz entonada,
lo mesmo que un comendante:
"¡un poco más adelante!"
- a la gente amontonada-.

Y viajan, como prensaos,
cuando ya no caben más,
adelante como atrás,
se quejan los apretaos.
Algunos, como colgaos
de las guasquitas del techo,
y no falta el satisfecho
que muestra cara de bueno,
mientras en bolsillo ajeno
escarba pa su provecho.

Las mujeres, sofocadas,
aguantan los apretones,
¡algunas como almohadones,
blanditas y delicadas!
O dicen con las miradas,
que es muy grande el descontento,
cuando hay algún desatento,
que va cómodo sentao,
¡y se hace el disimulao,
pa no entregar el asiento!

Así, al fin de la jornada,
se llega, entre pisotones,
manoseos, refregones,
sobao como tabaquera,
después, cuando puerta ajuera
quiere la gente salir,
ahí se remata al sufrir,
porque empieza el forcejear,
entre el que quiere bajar
y el afanao por subir.

A esta tropilla de males
le llaman comodidá.
Lo cierto es que en la ciudá
no piensan todos iguales,
yo prefiero a mis baguales,
o andar en un reservao,
y no viajar apretao
en un ómnibus pueblero,
que me ha resultao tan fiero
como un galpón con rodao.

Sin güelta



No hay juerza pa’ contener
al progreso que atropella,
pa’ abrir una nueva güelta
sobre la güeya de ayer.
El hombre sigue a mi ver
un camino equivocao,
el invento lo ha arruinao,
pues la máquina ande quiera
deja mucha gente ajuera
del puesto que hubo ocupao.

Aura la humilde gauchita
que jué siempre linda y pura,
muestra al usar la pintura
su afán de ser más bonita.
No sabe la pobrecita
que así mata su frescor,
que no aumenta su valor
el color artificial,
y que por ser natural
es más perfecta una flor.

La música que dejaron
los maistros que ya se jueron,
cuando los nuevos quisieron
arreglarla, la estropearon.
Y tanto la disfrazaron,
que un gato es una ranchera,
un tango, una chacarera,
se hace un vals del pericón,
y hasta en el rancho ‘e terrón
bailan música extranjera.

Más de un crioyo aura es linyera,
y trepando a los vagones
recorre las poblaciones
de un modo que desespera.
Pide en forma lastimera
las sobras para comer,
y no quiere comprender
que pa’ él eso es ofensa,
que "lo último es la vergüenza
que el hombre debe perder.”

Sepa el que quiera escuchar
la verdá que el verso encierra:
nuestra patria tiene tierra
de sobra pa’ trabajar,
que el que busque puede hallar
un rincón pa’ hacer su nido;
antes de andar afligido
no olvide que el güen varón
sin rumbo, sin dirección,
cái muerto antes que vencido.

Ya que el pobre en la ciudá
vive como encandilao
por la miseria maniao,
sin plata ni voluntá,
haga su felicidá
en el lejano rincón,
ande no hay tanta ambición
que a las bondades rebaja,
y ande gana el que trabaja
tranquilidá y mantención.

En la estancia 'e Don Ramón



Era grande la reunión,
de gente, aquella mañana,
porque había yerra en "La Diana",
la estancia de don Ramón.
Iba en "Mi carta" el patrón,
un doradillo mentao,
que había sido sentenciao
más de una vez al cuchillo
cuando era un pobre potrillo
guacho, panzón y arruinao.

Orillando los sauzales
se hizo cortina el ramaje
y el balar del terneraje
era un lloro en los corrales.
Los paisanos serviciales
pa’l trabajo iban llegando;
y entre ellos considerando
que así a la antigua, una yerra,
es algo de nuestra tierra
que ya vamos olvidando.

Los fierros en los fogones
igual que brasa quedaban,
después con ellos marcaban
los animales, los peones.
Y hasta los viejos mirones
rememorando el pasao,
tenían pa’ un pial de volcao
un golpeteo de manos,
como un premio a los puntanos,
que poco se han mestiazo.

Dentrao el sol, la mozada
se dispone pa’ la fiesta,
es la guitarra una orquesta,
que acompaña una tonada,
una zamba bien punteada,
un gato con relación,
y como una tentación
suele ser una paisana
cuando su risa desgrana
pa’ ganar un corazón.

Pa’ que baile algún pueblero,
comedida misia Chola
acomoda en la vitrola
un bailecito extranjero.
Y al formarse el entrevero
un gaucho zapateador
sale prendido a una flor,
ojos claros, medio ñata,
endureciendo una pata
en el fostrot seguidor.

Es que tanto ha dominao
la musiquita extranjera,
que hasta en la fiesta campera
suele ser algo obligao.
De áhi que el gaucho entusiasmao
baile también de arrastrón,
y hasta el mesmo don Ramón
se animara a formar yunta
y saliera haciendo punta
pa’ completar la función.

Cantándole a Tata Dios



De curioso y arriesgao
una tarde de tormenta,
subí al cielo por mi cuenta,
en una nube sentao.
San Pedro salió enojao
cuando golpié la tranquera,
y rascándose la pera,
me dijo: Gaucho atrevido
ya he visto como has subido,
en una nube matrera.

“Debía mandarte al infierno,
por bandido y cachafaz.”
-Yo le respondí ahí nomás:
Cuando me oiga el Padre Eterno,
y con acento más tierno
le dije: “Hágame el favor
dejeme dentrar señor,
que con la guitarra mía,
quiero un rato de alegría,
darle a Dios, como cantor.”

Me hizo pasar. En un trono
estaba el viejo querido.
Dijo al verme: “Bienvenido,
seas cantor. Te perdono,
y siguiendo el mesmo tono
ande la bondá se encierra
me jué hablando de la guerra,
hecha por las ambiciones
y que andaba a trompezones,
pa’ poner paz en la tierra.

“Cantá -me dijo- cantá,
ya que hasta el cielo has llegao
que para hacerlo, te he dao,
talento y habilidá,
y jué tal la claridá
de mi voz en el relato,
que después de oirme un rato
dijo el viejito sereno:
Te has portao, como muy güeno
pero aura, tocame un gato.

Y cuando en un bordoneo
el cordaje retozaba
a Tata Dios le asomaba
las ganas de un zapateo,
y ya cumplido el deseo,
me dijo: “No he de negar
que me has hecho entusiasmar
con ese gato punteao
y solo porque es pecao
no me puse a zapatear.”

Me dio en el lomo un soplido
y me nacieron alitas
que eran blancas livianitas
y de plumaje pulido.
“Bajá áura, como has subido,
me dijo, si ese es tu empeño,
y pa’ todos me dio el dueño
del mundo la bendición...
Corto aquí la relación
que no ha sido más que un sueño.

lunes, 2 de marzo de 2009

Romance de las pulperías.


Rudas paredes de barro
bajo un cielo de espadaña;
mostrador, reja, aguardiente,
galleta, yerba, barajas,
tufo de tabaco usado
y ahogo de pena en caña.

Piso rústico de tierra
candil que consume grasa,
acopio de producciones,
pluma, cerda, cueros, lana,
banco de trueque por “vicios”
con convenios de palabra.

Civilidad que el progreso
clavó en medio de la pampa,
sueños de criollos y gringos,
aventura de horas largas;
convivencia con el miedo
acechante de las lanzas.

Ranchos a cuyos palenques
sujetaron esperanzas,
en una flor, un envido,
en la suerte de una taba,
o en las patas de algún pingo
en improvisada cancha.

Cuando su techumbre
la luna tendió su plata,
y luciérnagas del cielo
extendieron sus guirnaldas,
se hizo música la noche
con el son de las guitarras.

El tiempo arrea recuerdos
Que las memorias alambras,
viejas postas destruidas
donde rondan los fantasmas…
¡el bronce tiene una deuda
de pedestal y de palmas!

Alambrado



Tierra Virgen, pampa abierta,
Henchida de libertades,
Con viejas reminiscencias
De malones y barbarie;
Llega el grito de Sarmiento:
"¡No sean bárbaros, alambren!"

Esencia de evolución
En ganados y cereales,
Vital factor de progreso
Con robustez de gigante,
El poder del alambrado
Impulsó una patria grande.

Bravías bestias cedieron
A su incontenible avance,
Y el agro creció en cosechas
Del Atlántico a los Andes;
Cercas que cantan su triunfo
En llanos, lomas y valles.

Atrás quedaron las zanjas
Y el espinudo follaje,
Tensos hilos dividieron
Las inmensas propiedades,
Y treparon a la sierra
Hechos pirca en pedregales.


Taladro, pala, pisón,
Torniquete, pico, alambre,
Tenazas y california
Un acervo inseparable,
Que tomó el alambrador
Para su obra de arte.

Diapasón para el rasguido,
Del pampero sibilante,
Que en su musical corrida
Ensayó tonos y claves,
Para esparcirlos después
Por la tierra y por el aire.

Suspiros de vastas líneas
En tranqueras que se abren,
Y entre postes y varillas
Se asoman garras punzantes,
Que con lisos intercalan
Renglones horizontales.

Cerco que arrancó a la selva
Quebrachos y ñandubaes,
Para vencer extensiones
Entre riquezas rurales.
¡El sueño de Richard Newton
hoy alambra realidades!...

Mi lazo.



1
El recuerdo “desenroya”
historia de un viejo lazo,
que fue bandera en mi brazo
en ardua tarea “crioya”.
“Presiya”, yapa y “argoya”,
cuero crudo bien “sobao”
el tiempo dejó “grabao”
“meyas” de rudos eventos;
fuerte cuerda de seis tientos
con un prolijo “trenzao”.
2
Prenda de usanza campera,
herramienta de trabajo,
fiel servidor a destajo
“hermanao” a la asidera.
En la cancha de carrera
fue sentencia de llegada,
tensión en cada “pialada”
potenciada en los revuelos,
al encerrar dos brazuelos
en el hueco de su armada.
3
En cada brazada quieta
el tiempo desvira sueños,
de futuros halagüeños
y el vacío de esa meta:
“pial de volcao”, de paleta,
de revés, por sobre el anca,
corto tiro de payanca
invitando a echar verija,
“P’a” que aprisione de fija
las manos de una potranca.
4
El más indómito toro
no pudo con sus tirones,
cuando firme en los garrones
un palenque fue mi moro.
Lazo que tanto valoro
por aguantar la exigencia,
hoy lo guardo en mi querencia
cual reliquia pa’ la suerte,
hasta que corte la muerte
los tientos de mi existencia.

Será él?



Sobre el brocal que resguarda
El viejo pozo aguatero,
Con su percal dominguero
La moza, sentada, aguarda.
Se ve en lo inquieta que tarda
Quién su cariño presiente;
Porque llevando a la frente
Una mano, explora alerta,
La vieja huella desierta
Donde no asoma el ausente.

Y mientras cada mirada,
Tras de un suspiro va huyendo,
Un clavel se va durmiendo
Sobre una cálida almohada.
Ya al sol la agreste lomada,
Lo oculta, y ella abatida,
Mira la flor prometida
Mientras sus manos nerviosas,
Torturan los moños rosas
De sus trenzas renegridas.

Pero de pronto calmando
Sus inquietudes divisa,
A un jinete que de prisa
Viene el camino acortando.
Entonces, como soñando,
Besa con ansia el clavel
Y aunque ya, el instinto fiel
Le confirma su ventura;
Suspirando con ternura
Se pregunta: ¡Será él?

Y lo demás para que
Decirlo, si ya es sabido
El reproche no ha existido
Y la tristeza se fue.
Sólo al mirarlo ya ve,
Que no es posible el enojo,
Hay tanto amor en sus ojos
Que solo pierde terreno,
Mientras temblando en su seno.
Revive el clavel más rojo.




Mi tropilla



Cada uno tiene en la vida
alguna debilidá,
Y está su felicidá
En la cosa más querida.
Pal glotón es la comida,
Pal avariento, la plata
Y este cantor que desata
Está décima sencilla
Ha juntado una tropilla
Como eligiendo 'e la pata.

Como goteando sonido
Va el cencerro en el cogote
De la madrina que al trote
Puntea en el recorrido
Al tranco, -como dormido-
La va siguendo un “tobiano”
Un “pangare”, un “ rabicano”
Un “alazan”, un “tordillo”
Un “zaino”, un “doradillo”,
un “malacara” y un “ruano”.

Retozando un “colorado”
Lindo flete, pa un apuro,
Se arrima un “bayo”, un “oscuro”
Y un “overito rosado”
Un “cebruno” y un “gateao”
Siguen sin hacerle caso.
Un “rocillo” y un “picaso”
Y un “moro” junto a un “bragao”,
Van con un “blanco plateao”
De aguante y de sobrepaso.

Un “azulejo”, un “tostado”,
Un “pico blanco” y un “pampa”:
Pingos de muy buena estampa
Y al cual mejor diseñao,
Siguen a un “bayo encerao”
Que endereza pal potrero
Y junto un “picaso overo”
Redondo, como una bola
Relincha formando cola
Un peticito aguatero.

Pingos, hijos de mi tierra,
guapos, y trabajadores.
Son del mundo, los mejores
en la paz, como en la guerra,
cada uno en su pecho encierra,
coraje, como sosiego.
Tienen a su dueño apego
pa dir a golpe de pata
dende los Andes al Plata
dende Jujuy a Tierra del Fuego!

Canción para mi guitarra.



No es ésta una canción
para el atormentado madero
que me acompaña,
sino para la secreta guitarra
que origina mi canto.
Esa que, como el cardo,
abre una flor azul y deja que el viento
se la lleve en semillas.

I
La hallé en el monte enredada
por el cipó y las enviras
pozo de tiempo, su boca
conservaba todavía
plumas que fueron de un nido,
de alguna cabeza indígena,
o de las alas de un canto
que amaneció en agonía.

Fue casi al llegar al fondo
de alguna senda perdida
donde hasta la luz se agacha
para cruzar fugitiva,
y en lento desovillado
la yarará se desliza.

Hoy más que nunca comprendo
la tristeza que sentía.
Mi raza siempre la tuvo
sobre el pecho adormecida,
la untó con barro de estrellas,
la vistió de lunas finas,
le dio púrpuras heroicas,
y con seda en las clavijas
le imaginaba cabellos
para brindarle caricias.

Cuando la encontré esa tarde,
como olvidada o perdida,
la poblaba un gran silencio
de pájaros con llovizna.
(Es que el monte reposaba
tras la última crecida,
memorioso de naufragios,
y sus vapores prendían,
de las ramas muertas, formas
deshilachadas y efímeras.
No quedaba un solo nido,
ni un solo piar se oía).
Me corrió un frío de muerte
por la sangre más antigua.

Con varios filos de lunas
le fui cortando las fibras
que apretaban entre sombras
su largo cuello de niña,
y le hallé un clavel del aire
florecido en las clavijas.

Me la traje sol afuera.

Sobre un rezo de cuchilla
donde crecen las auroras
de mi pago, donde inicia
su portada el arco iris
cuando escampan las lloviznas,
le escuché medroso el pecho,
la abrigué con mis caricias,
y el buen sol de aquél ocaso
con su roja frase tibia
la bañaba en el concepto
luminoso de la vida.

II
En la rueca de la luna
hilé seis angustias mías;
con ellas hice una escala
luminosa de agua limpia
para entrar a mi guitarra
como una gruta perdida,
y allí estaba el olvidado
cielo de la gauchería;
telaraña con rocío
de estrellas adormecidas
cerca de Dios en la noche
donde la copla suspira;
pago azul recuperado
para el tropel de la cifra;
para que el alma de España
le cante a la raza india
por las rejas de la lluvia
con pena de vidalita;
para que el gaucho no muera;
para que nadie me diga
que ha muerto hace mucho tiempo
crucificado en la risa
con un alambre de púas
como corona de espinas.

Ranchos y parvas



¿Quién podría distinguir
en el campo, a la distancia
si aquel pobre montoncito
es un rancho o una parva?

El mismo color de tierra,
la misma forma aplastada,
el mismo aspecto de abrigo
de pequeñez resignada.

¡Una parva es un ranchito
sin puertas y sin ventanas!

Responso de un monturero. (Estilo).


Fuiste el viejo monturero
de la estancia "La Victoria",
centinela de la historia
en "La Loma del Rodeo";
por eso, cuando te veo
sin remedio derrotado,
siento que se ha terminado
con vos parte de mi vida,
que arrastraste en tu caída
lo mejor de mi pasado.

Aún adivino tu estampa
recortando el horizonte
en el ojo donde el monte
se abre a la luz de la pampa...
Ya no veré el sol que estampa
besos de oro en tu costado,
como cuando, ya cansado,
me llegaba hasta tu alero
como hasta un altar campero
a ofrendarte mi recado.

Eras el templo sagrado
guardián de pilchas camperas:
riendas, matras, encimeras
y cueros amontonados;
al fondo, varios recados
en el aire galopaban,
y al entrar se destacaba,
por su criolla distinción,
el recado del patrón:
mi abuelo, Don Jaime Achával.

Ya es una imagen perdida
ver toda la caballada
en tu palenque ensillada
antes de la recorrida.
Ya tu presencia extinguida
cubrió el yuyo y la maleza,
y me gana la certeza
que a tu palenque olvidado
quisiera morir atado
con un cabresto 'e tristeza.

La Nazarena


Lauro era rubio y ágil como el puma.
Se lo dieron a mama. Lo crió ella.
Los dos usamos una sola cuna.
Los dos juimos en ancas a la escuela,
nos arrastró a los dos una divisa,
nos balaba a los dos una querencia...
y el día que el amor nos puso alas,
nos chamuscamos en la misma estrella!

Éramos carne y carne, Cruz y Fierro:
un poncho, un mate amargo, una estribera...
Amigos! esas dos manos que junta
pa rezar un bendito, la cumbrera;
el ñudo potriador de dos varones
que cuanto más lo estiran, más se aprieta!

Pero el diablo no quiere cosas puras
y nos enamoramos de una prienda
que tenía los ojos pestañudos
y dentradores como dos espuelas.
Lauro la llamó Rosa,
y yo, la Nazarena.

Me la quiso dejar, salió una noche...
Se la quise dejar, gané la ausencia...
Y no se pudo; peludió la yunta
en el tembladeral de su tranquera!
Nacidos pa querer a dos orgullos,
dentramos a sufrir con dos bicheras
y ansí se nos enanca un odio viejo,
un odio de venao y de crucera.

No lo pude peliar: mama vivía.
Y éramos uno pa esa criolla vieja...
Sonréibamos los dos, mascando fuego,
ataos, codo con codo, a la prudencia.
Por el "puma" y por mí, gruñe el amargo...

Un día se nos arde la pacencia:
hay un "venite"! un revoliar de ponchos,
un rechinar de filos, una trenza...!
Se nos cruza mi madre y con su llanto,
nos apagó la brase de las crestas.

Dispués salimos con divisa y lanza;
porque pa suerte, reventó la guerra.
Vamo a jugar a cara o cruz la vida,
en la primer pelea:
uno se ha de quedar con los caranchos
y otro con Nazarena.

En las noches azules de sereno,
Lauro no duerme poro pensar en ella
y yo, sobre el recao lleno de abrojos,
voy pitando hasta el pucho, la pacencia...
Un: Carguen! nos sacó del purgatorio
a púa y a clarín, lanza y sotera.
Yo deseo su muerte y él mi muerte.
Y zambullimos en la polvareda...
Volvimos unos pocos esa noche;
pero el "puma" está allí, no duerme; piensa,
mientras yo en el recao no enriedo el sueño
por más que sigo dando güelta y güelta.

Y una tarde, nos sacan en redota,
con los pingos charquiaos por las paletas.
Vienen cerquita, errándonos trabuco.
Apura, nos alcanzan, revolean...
y los tres puños de las boleadoras
zumban en el carpido de las güeyas.

En eso, rueda un flete: es el del "puma".
Cae parao. Pa morir. Ni me doy güelta!
Por fin, se va a quedar con los caranchos,
y yo, con Nazarena...!

No se pudo! Algo toro, algo que sale
del pecho de mi madre o de mi tierra,
me hace sentar el flete en los garrones;
y hundirlo en la tormenta!
Golví pa cáir con él, en Cruz y Fierro,
pa salir enancaos en una décima,
pa mirar en los ojos a la guacha
que rezó por los dos en mi tapera!
Y lo saqué nomás!

Callaos y tristes
nos vamos acercando a la tranquera
de la mujer que Lauro llamó Rosa
y yo, la Nazarena.
Allí el "puma" me dijo de a caballo,
cuasi al cerrar el alma y las espuelas:
-Yo sigo con la vida que me diste,
vos casate con ella.

Poncho Negro.


Cuando me fui de mi rancho
se puso a llorar el viento.
Estribé, monté a caballo
y lo acuñé en el invierno.

A gatas iba clareando
por una grieta del tiempo
y me fui como la noche
trote corto y poncho negro.

Mire que triste ocasión
andar de riñón cubierto
sintiendo que algo en el alma
nos viene sonando a hueco.

Y mire que cuesta dirse
cuando se ve dende lejos
que la tapera se agacha
como llamando a su dueño.

Quien fuera brujo pa dirse
llevándose como el viento,
lejos de pasos queridos:
risas suspiros y besos

Alcé esa vuelta del rancho
las pocas pilchas que tengo;
lo que no va en las maletas
cabe bien en el pañuelo.

Aquellas cuatro paredes
que cobijaron mi sueño
quedaron desamparadas
cuando me fui en el overo.

Al coronar la cuchilla
miré pa'trás un momento
y me fui como la noche
trote corto y poncho negro.