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lunes, 30 de septiembre de 2019

Jineteada


(Foto del Archivo General de la Nación)

Un bagual, que es reservado,
y un domador de los buenos.
Campo abierto… y unos cardos,
mudos testigos del cielo.
El criollo se ha puesto vincha
sujetando el negro pelo
y en su brazo se prolonga
el ancho y rudo talero.

De un salto queda montado
en el potro, que al momento
de afirmarle las espuelas
arranca en el bellaqueo.
Y en el aire las lloronas
-que al bruto le sacan fuego-
parecen chispas salidas
de dos estrellas de fierro.

Baja implacable la lonja
-cuero dando contra el cuero-
floreciendo en el arisco
los corcovos como flecos.
Se vuelve un arco en el aire;
pega tieso contra el suelo…
luego gira en remolinos
y se abalanza de nuevo!...

Después, bañado en espuma,
poco a poco va cediendo
al rigor con que lo abrazan
las dos estrellas de fierro.
El criollo ni se ha movido.
Parece cosido al cuero
del potro que, ya entregado,
toma un trote desparejo.

¡Rigor de espuela y de lonja,
fuerza y baquía en cotejo!...
Campo abierto… y unos cardos
mudos testigos del duelo!

lunes, 23 de julio de 2012

Así quiero mi tropilla

(Pintura: Francisco Madero Marenco)

¡En mi tropilla de versos
galopea la esperanza…!

Quiero ver muchos baguales
rodeando la madrugada
como una yegua madrina
de pelo “overo-rosada”.
A los “blancos” de Villegas
luciendo como una plata
junto a un “oscuro lucero”
que lleva la noche en ancas.

Tener el “moro” de Urquiza
para bolear una garza
en el salto, porque dicen
que con él hacía la hazaña.
O aquél “moro” de Facundo
para que hable con mi alma
y en toda suerte de amores
me haga ganar la batalla.

Quiero el “pangaré” famoso
“Buey”, que Machado montaba,
para correr las cuadreras
o lucirme en las boleadas.
O el “pangaré” de Calfiao
que bebía las distancias
y en los médanos corría
con las potreras atadas.

El cacique ranquelino,
Ramón, formidable lanza,
supo tener un “picazo”
ligero como luz mala.
Ese pingo yo quisiera
en mi tropilla baguala.
Con un buen recado criollo
¡cómo luciría la plata!

Quiero un flete “doradillo”
como el sol de la mañana,
igual al de Manuelita
que por Palermo paseaba.
O el “bayo” de San Martín
que en San Lorenzo cargaba.
Con un “gateado barcino”
¡qué pingos para una hazaña!

“Azulejo” de Ramírez
(nube azul-humo su capa)
era un pedazo de cielo
en las tardes entrerrianas.
Ah! quién pudiera tenerlo
en la tropilla soñada
con el “manchao” de Grigera
y largarlos a la cancha!

El pingo “gateado overo”
de Baigorrita volaba,
y lo quiero en mi tropilla
para lujo de mi marca.
Con el superior “lobuno”
de Lamadrid, flete pampa,
y algún “alazán tostado”
tendré tropilla entablada.

Tropilla con la madrina
de pelo “overo-rosada”
cencerreando mi recuerdo
por la huella de nostalgias.
Así yo quiero mis pingos:
todo pelo y sola marca,
¡criollos, que son de mi tierra
como vivas flores gauchas!

¡La tropilla de mis versos
va galopando la pampa…!

Atardecer


Sueltan al aire los cardos
su lluvia de panaderos
y las torcazas, buchonas,
van buscando el monte viejo.

La tarde se estira a lonja
en la carrera del tiempo
y hace puesta con el sol
en un rojizo entrevero.

Se viene tendiendo un poncho
que la noche tira al vuelo
pa' poder tapar la luz
y echarle un pial de silencio.

Los balidos se resbalan
sobre el lustre de los cerros
y de rebote a los pastos
le pasan a contrapelo.

Está cerrando la noche
como un lazo flojo y negro
entre un concierto de ruidos
retobados de misterio.

En la tristeza del campo
cambiante pucho nochero
de los bichitos de luz
entra a velar el silencio.

Cuando agoniza una tarde
hay un día que está muerto,
y lo estaquean las sombras
pa' que lo seque el lucero.

En la quietud del ocaso
abismó el sol su destello.
Y se duerme, susurrando,
el atardecer campero!