martes, 23 de mayo de 2017

Huella de ida y vuelta


(Pintura: Malena Berrueta)



Por andar esta huella
repecho oscuro,
dejé tanto a mi espalda
que ni me apuro.

Ya de ser voy dejando,
me vuelvo arena,
como aquel río Salado
que una vez fuera.

Andando suele el hombre
tener dos huellas
una que lleva lejos
la otra regresa.
Corazón querenciero,
si usted me afloja
me vuelvo ahorita mismo
pa' Santa Rosa.

No sé en qué madrugada
daré la vuelta
por eso ir pa' adelante
tanto me cuesta.

Siempre vuelvo en las noches
desde tu ausencia,
huella de rastro fresco,
lenta paciencia.

Tanto amor distancioso
mi niña amada,
quemará nuestras bocas
tal vez mañana.

Huella, tosca y espinas
cuando se aleja,
violeta flor de cardo
cuando regresa.

Corazón querenciero,
si usted me aguanta
me vuelvo ahorita mismo
para La Pampa.

No sé en qué madrugada
daré la vuelta,
por eso ir pa' adelante
tanto me cuesta.

La pluma de ñandú






La pluma de ñandú anda en el aire...

Pluma gloriosa donde minhoanes
símbolo airoso de nuestros males,
cuenta su historia, verde cordaje,
guitarra y pueblo: flor de mensaje.

Pluma en la frente, resplandeciente,
anda en la brisa de río a río,
de monte a monte, pluma nutricia
de libertad.

Vuela plumita, vuela,
pluma de la hermandad;
vuela sin desmayar...
Vuela y canta tu credo
al pago montaraz,
tu fiesta de ala y trino
de autonomía, justicia y paz.

Y desde el alba gesta y divisa
la pluma es seña de entrerrianía,
barba de seda en su ramaje
enhebran sueños, temple y coraje;
pluma sagrada de las patriadas,
gauchos viriles de lanza a lanza,
de estrella a estrella
los de Ramirez "el Federal".

Vuela plumita, vuela,
pluma de la hermandad;
vuela sin desmayar...
Vuela y canta tu credo
al pago montaraz,
tu fiesta de ala y trino
de autonomía, justicia y paz.

Vuela plumita, vuela....
Vuela plumita, vuela...







Peoncito de estancia (Chamamé canción)



En un tobiano pasuco
con caronita pelada,
ahi va el peoncito de estancia
cruzando por la picada.

Gauchito varón, maduro el rigor,.
sin saber por qué,
tierno corazón,
falto de calor le tocó crecer.

Cumple su deber, chingolito fiel.
de aquí para allá,
cogollo de amor;
cielo de ilusión, anda, viene y va.

Recién florece su vida:
dura y áspera será;
anda jugando al trabajo
y rinde como el que más.

Los pajaritos del monte
le saludan al pasar
y el peoncito va soñando:
soñando con su silbar.

Pero se endulza el camino
con la frutita del tala
y algún chañar florecido
le va perfumando el alma.

Jugo ‘el macachín, miel de camachuí,
fruto ‘el ubajay, pisingallo, tas
baquiano demás,
sabe bien dónde hay.

Agreste vivir, si tiene un sufrir:
no se escapa un ay, con que despertó.
La tierra lo crió
como el ñandubay.

Cachorro de viaje largo:
¡qué duro es tu trajinar!
Destino sin una queja
de silencio y soledad.

Los pajaritos del monte
le saludan al pasar
y el peoncito va soñando:
soñando con su silbar.

Milonga del guitarrero



Yo que anduve los caminos
sin doblegarme en la huella,
que voy llevando una estrella
prohibida por los señores.
Yo que sé de los rigores
de la infancia abandonada,
que he visto volverse nada
los anhelos más queridos,
quiero salvar del olvido
el canto de mi guitarra.

Porque en ella se amanecen
los sueños de mi terruño
Cerrando bien fuerte el puño
guitarra, grita conmigo;
Para defender mi nido
tengo un fusil guitarrero,
que suele ser muy certero
si de acertar tiene ganas,
y además una mañana
va alumbrando el mundo entero.

Cada vez que canta un pobre
cierran las puertas del viento.
Será porque sus lamentos
despiertan los corazones?
Pobrecitos nubarrones
queriendo apagar el sol,
no saben que si el cantor
canta lo que siente el pueblo,
lo escucharán hasta en sueños
si es el pueblo, su cantor.

Guitarra canta conmigo
aunque te cierren la puerta,
que si la puerta está abierta
cualquier cantor entra y canta.
Pero aunque nos pongan tranca
juntos vamos a cantar,
y nadie podrá acallar
lo que el pecho está gritando;
Primero morir peleando
que estar vivo y no cantar!

Por los caminos (Huella)


(Pintura: Mariana Sandes)



Desandando el camino
que hay en mi pampa,
la tropa va delante,
la suerte en ancas.

No me apure el retorno,
no tengo rancho,
es la suerte el resero
de pago en pago.

Una huella me lleva
soles afuera,
otra huella me trae:
noche y estrellas.
Una huella se acorta
andando al paso,
otra huella se alarga
tal vez pensando.

Trala laralarala
trala laraira,
a la huella, huella, huellita
me voy cantando.

Al tranco de mi bayo
sigo el camino,
pa'chicar las distancias
tengo un silbido.

Poncho negro estrellado,
me pone el cielo,
cuando se hace la noche
tapa mi sueño.

Una huella me lleva
soles afuera,
otra huella me trae:
noche y estrellas.
Una huella se acorta
andando al paso,
otra huella se alarga
tal vez pensando.

Trala laralarala
trala laraira,
a la huella, huella, huellita
me voy cantando.




La rendición de Manuel




Pobre Namuncurá
que se ha entregado,
usa uniforme huinca,
él no es cristiano.
No puede ser, no debe ser,
lo dijo Pincén, Yancamil también.

Pobre Namuncurá
sin su tobiano
cambió las boleadoras
por guantes blancos.
No puede ser, no debe ser
lo dijo Pincén, Yancamil también.

El cultrum te reclama
por el desierto,
trutrucas de la nada
velan tus huesos.
No puede ser, no debe ser,
lo dijo Pincén, Yancamil también.

No peñí, no peñí; no peñí.

Canción para las púas de mis alas



Monte, fogón, y abrazo de guitarra ,
y este colmo de grillos del silencio
y este dialecto líquido , que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo ...

Por el aire, ciudades de luciérnagas ;
y una hogaza de luna, entre los dedos
de los árboles altos,
deja rodar migajas hasta el suelo .

La cerrazón creciente ,
vaga su vaguedad por los senderos
y acompasa sus danzas laterales
con la flauta de vidrio del lucero ...

Lo sauces de la costa
descienden en silencio
su lluvia vegetal, enamorada
de la luz circular en los reflejos.....

Sangro una brasa viva en el cuchillo
para encender el pucho y el recuerdo...
La guitarra, entibiada por la axila ,
se pita mi fogón en su bostezo...

La despierto con alas;
mi caricia no se escurre la luna de los dedos ,
para verla gotear sobre las cuerdas ,
aunque me moje todo el sentimiento.

El monte es un remanso donde se queda el tiempo..
Y aquí, donde dejase mi alborada ,
perdida entre los sauces,
me reencuentro:

Me conocí vagando por la costa
con meses de chicharra y mojarrero,
cuando entre fogonazos de churrinches
brillaba plata viva en los espejos....

Yo merendé color en los chalchales;
me hundí en una réplica del cielo,
cobre de sol maduro , por afuera;
rojo de sol naciente pecho adentro.

Un antiguo coloquio de torcaces
me ablandó el arenal, para los sueños ,
y la oración de manos en la nuca
que me llevó a los pagos del secreto...

Supe ser un gurí bien de mi raza;
pero dejé en los libros el dialecto,
y perdí el fresco aroma de las flores
con nombre guaraní, que fue mi griego...

Junté polvo de trillo en la memoria
siguiendo el rumbo horizontal del tiempo,
y amaba el alma pálida de Europa
como a una flor anémica de invierno...

Hoy he vuelto a mis lares;
al remanso donde se queda el tiempo .
Regresé jubiloso a donde estaba
tantas lunas atrás con mi dialecto,

y miro el diapasón de mi guitarra
como a una escala de llegarme adentro ,
y encuentro ¡ al fin ! intactas mis palabras
sobre la cicatriz de los conceptos.

Ya estoy en mí, y ascenderé mañana
rojo de sol naciente, pecho adentro,
con la misma pasión que por el alba
se despierta el clarín del teru - tero !

Resurgiré con púas en las alas,
de este colmo de grillos del silencio ,
de este dialecto líquido que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo!!



El algarrobo (Estilo)

domingo, 21 de mayo de 2017

Huella de los malones (Huella)



Disparan los ñanduces,
tiemblan los yuyos,
se ve una polvadera
 desde el mangrullo.

La tormenta y salvaje
se viene fiera
y el chaparrón de lanzas,
ya se descuelga.

Donde pasó la indiada
quedó la huella
de los que defendían
su propia tierra.

Es la huella, la huella
de los malones,
grabada para siempre
en los corazones.

Lara lai lara lai
Lara lai lara lai
Grabada para siempre
en los corazones...

Y se ha poblao el aire
de boleadoras
y el incendio a los ranchos
se los devora.

De sus briosos corceles,
sobre las ancas,
se llevan los infieles
mujeres blancas.

Donde pasó la indiada
quedó la huella
de los que defendían
su propia tierra.

Es la huella, la huella
de los malones,
grabada para siempre
en los corazones.

Lara lai lara lai
Lara lai lara lai
Grabada para siempre
en los corazones...

..........................................

Versión de Alberto Merlo con introducción de:
La vuelta del Martín Fierro, canto IV, versos: 475- 487-511.

"Antes de aclarar el día
comienza el indio a aturdir 
la pampa con su rugir
y en cualquiera madrugada
sin que sintiéramos nada
se largaban a invadir...

Para pegar el malón
el mejor flete procuran
y como es su arma segura
vienen con la lanza sola
y varios pares de bolas
atados a la cintura...

Por eso habrán visto ustedes
si en el caso se han hayao, 
y si no lo han o'servao
ténganlo siempre presente
que todo pampa valiente
anda siempre bien montao".




Así soy


Con medio siglo llevando
guitarra y versos a cuestas, 
soy como un sol que se acuesta
pero que sigue alumbrando;
lo que he sembrado cantando
lo recogí en emociones
y el fruto de mis canciones
son espigas de amistad
como un altar de humildad
en todos los corazones.

Hoy que soy fruto maduro,
mi presencia lo atestigua,
soy mojón de Patria antigua
en un siglo de futuro;
estirpe de criollo puro
por varias generaciones
y mis gauchas condiciones
en esta advertencia queda:
que sostendré mientras pueda
afirmarme en los garrones.

Por eso a tranco de viejo
no apuro mi caminata, 
fuego lento no arrebata
y asa el costillar parejo;
despacio se llega lejos,
yo cumplí con mi destino
y ahura de a poco me inclino
igual que un sauce llorón,
soy lo mesmo que un mojón
que está indicando el camino.

Y en cualquier atropellada
hago del poncho, penacho;
soy palenque de quebracho
que aguanto cualquier sentada;
tengo mi fama ganada
y el que quiera esta carrera
coparme en a veinte ajuera, 
va este consejo entre otros:
lazo'e seis y bota'e potro
no son pa'que use cualquiera.

Y ahi le dejo la esperencia
curtido por los inviernos,
y espero el descanso eterno
sin mas juez que mi conciencia,
a los míos dejo de herencia
la honradez de lo vivido,
y al fin de mi recorrido
como el árbol quedaré:
sin fuerzas pero de a pié
y en guardia no estoy vencido.

Alambrador


(Foto: Federico Estol)



1
Los que son alambradores
salen con la jardinera
recorriendo de manera
leguas y leguas, señores.
Esos nobles servidores
duermen siempre a campo raso,
al frío no le hacen caso,
llevan sus mantas de abrigo;
los puesteros son amigos
porque le tienden los brazos.
 2
Él lleva alambres distintos,
pala para hoyo, pisón,
esquineros y estacón.
Viste de bombacha y cinto,
carga la bota con tinto
para poder gorgoriar
y debe siempre observar
que’l alambre esté tirante,
que los postes sean de aguante,
que nada pueda escapar.
 3
Y mientras va recorriendo
ve la hacienda en los potreros.
Estirar torniqueteros
es su trabajo ir cumpliendo.
Observa, todo va viendo,
si es mucha la producción,
comprueba la parición
-caballar, vacuno, ovino-,
y en potreros de porcinos
puede elegirse un lechón.
 4
Pa’ cuando llega la noche
siendo lugar desolado,
prende fuego, hace un asado,
no sabe de los derroches;
duerme debajo del coche
sea furgón  o jardinera,
suelta el caballo ande quiera
que paste, apague su se’.
Todo lo que digo a usté
hace su vida campera.
 5
La pava, mate y bombilla,
yerba o té, como le agrada,
azúcar, muy poca o nada,
lleva una vida sencilla.
Busca siempre la gramilla
acomodando el vellón,
se tapa con un jergón
-manta tejida de abrigo-,
un poncho encerao, amigo,
y se duerme de un tirón.
 6
Y cuando amanece el día
ensilla y sigue rodando
los cuadros sigue mirando,
vive feliz su alegría;
por nada la cambiaría
carne, sal, galleta y yerba,
detesta toda conserva
su vida de peregrino,
el toma en bota su vino
y siempre guarda reservas.
 7
Cuando regresa a la estancia
-el viejo establecimiento-
silba y canta de contento:
ya recorrió la distancia;
rememora la constancia
y después que desensilla,
memoriza la cartilla,
cuenta lo que ha sucedido,
y el Mayordomo le ha oído
si cumplió su vigilancia.
 8
Para él son todos iguales
los días de la semana,
las tardes y las mañanas,
suple todas las bondades;
él pasó sus mocedades
siempre fue muy laborioso,
trabajador silencioso
que a todo puso cuidado,
alambrador, ser honrado,
que seas feliz y dichoso.


(Foto de una muestra homenaje a los alambradores en el Museo de Puán, Prov. Bs.As.)

El cardo


(Pintura: Rosario de Mattos)



El campesino lugar
pinta su color agreste
y bajo un zarzal silvestre
se ve un zorrino trotear.
Nada se sabe ocultar
ni el silencio de oración,
trilla la imaginación
para salir del letargo
y altivo y solo está el cardo
honrando la tradición.

Con esa altivez de macho
se viste también de flor,
blanco y celeste color
da finura a su penacho,
y como se ha criado guacho
yo lo suelo acompañar,
nadie le podrá negar
su raigambre en la llanura,
sobresaliente figura
es el cardo singular.

En forma de escarapela
florece erguido y airoso
y al semillar caprichoso
cuida un rodaje de espuela;
y al plumerillo que vuela
que lo llaman “panadero”
al tomarlo prisionero
le piden con cierto aliño
muchos encargues los niños
por las casas y potreros.

Como cumpliendo un deber
en el jardín de una casa
enorgullece la raza
de quien lo supo traer.
Yo que te he visto crecer
entre plantas extranjeras
quisiera por donde fuera
encontrarte criollo cardo
y que te canten los bardos
para que nunca te mueras.

viernes, 19 de mayo de 2017

El viejo overo rosao




1
Entre un lobuno bragao
y un gateao testerilla,
el ruano taba rosilla,
relinchaba el colorao.
Y el viejo alazán tostao,
el de la ranilla blanca,
repechaba la barranca
porque un cencerro anunciaba
que la madrina pastaba
cerca de un lobuno pampa.

2
Más allá del bebedero,
bajo la sombra coposa
del viejo ombú que remosa
se sombrea un parejero.
Y el que estaquea los cueros
lo raciona con amor
para él, la penca mejor,
le quiebra maíz Pisingallo
y dice, que como el bayo
no ha nacido otro mejor.

3
A poco trecho nomás
el viejo overo rosao,
pingo que solo ha montao
don Ignacio Reparaz.
Allí un lobuno torcaz
se revuelca en la gramilla
y alejao de la tropilla
entre varios charabones,
retozan seis redomones
doradillos gargantillas.

4
Relegao de la tropilla
un zaino mulo tranquea,
es bellaco y corcovea
si algún extraño lo ensilla;
quien quiera blanquear costilla,
jinete o aficionao,
tendrá que tener cuidao,
va mi encargo como digo:
porque ni al mejor amigo
presto el overo rosao.

Martín Fierro (Meditado)




1
Aquí me pongo a cantar
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena estrordinaria
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.

Desde el verso primero de su canto proclama
Martín Fierro su misión: cantar.

Pero no cantar como cantan los cantores de oficio,
los que cantan para ganar dinero o para ver
sus nombres pintados en carteles de colores
y brillando en letreros de luces.

Para Fierro el canto no es oficio sino misión, no
es una profesión circunstancial sino una
vocación con dimensión de inmortalidad;
cantar es su ser mismo. Ha venido a este
mundo para ser canto. Su partitura está escrita
no en un papel sino en su alma. Y la
esencia de su canto es el dolor, inmenso
como su cielo y ancho como su pampa,
por la muerte de su raza. Fierro siente que
en la voz de su canto el gaucho muere para
siempre, y pulsa su guitarra para cantar su
réquiem.

Pero Fierro se equivoca. El gaucho no
muere con él; al contrario, precisamente
gracias a su canto el gaucho sobrevive a
su muerte y despliega su ser en las anchuras
de la inmortalidad que vence al tiempo.
Ha muerto el chiripá, sin duda, lo mismo
que la bota de potro y el facón, la pampa
sin alambres y sus pajonales sin huellas;
pero el alma del gaucho es inmortal, y desde
esa inmortalidad canta Martín Fierro la
canción esencial de los argentinos para
anunciar a los hombres y a los tiempos
el triunfo perdurable del espíritu sobre las
materialidades que perecen, de la grandeza
moral sobre la mediocridad, a partir del
misterio profundo del dolor.

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2
Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento:
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria
y aclaren mi entendimiento.

Todo acontecimiento tiene una cara exterior
que se puede contar en la transparencia
de su obviedad y un rostro interior que se
descubre en la penumbra de su misterio
que se revela en canto.
En unos hombres prevalece el sentido práctico y concreto
de las cosas, y en otros todo lo domina el
sentido poético y alado de la vida. Este es
el primer rasgo del espíritu de los hombres
más hondamente humanos, los que viven
para algo más que la utilidad, el interés y la
conveniencia.
Martín Fierro abre sus labios y pulsa su guitarra
para hablar no como lo hará Vizcacha,
de hormigas astutas, de burros comilones,
de perros flacos o de cerdos gordos, sino
para cantar las profundidades y las trascendencias
de la vida.
Reverso del burdo y cruel pancismo de otros hombres y otros
pueblos, Martín Fierro es pensamiento que
sube a las alturas y penetra las honduras
de la esencia humana. Es vuelo del espíritu
que descubre la luz oculta en el misterio sin
destruir el misterio, a diferencia del científico
y del técnico que destruyen el misterio
para robarle su secreto y aprovechar su utilidad.
Es poeta que llega a los repliegues
más hondos del dolor para traspasar el velo
que esconde su sentido luminoso. Como
un poeta posterior de tangos orilleros, también
Martín Fierro puede decir “soy viajero
del dolor”. Y descubrir y revelar el misterio
del sufrimiento es tal vez la más grande
poesía de este mundo signado por la cruz,
en la cual - y en la cual solamente - se encuentra
el hombre con la verdad profunda de sí mismo.
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3
Vengan santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista 
en una ocasión tan ruda.

¿Quién dijo que creer en Dios es cosa de
mujeres? – Martín Fierro cree en Dios, y hay
que andar muchas leguas para encontrar
otro varón de su estatura..
¿Será, entonces, creer cosa de ignorantes?
¿Y quién dijo que Martín Fierro es ignorante?
Una cosa es que no tenga estudio y
que en su rancho no haya biblioteca; pero
otra muy distinta es que no tenga ciencia y
que no habiten ideas bajo su chambergo.
Además - como él mismo lo dirá a sus hijos
- la verdadera ciencia no está en saber
muchas cosas sino en saber las que valen
la pena.
Y Fierro es más que sabio en estas cosas.
No ha recorrido pampas en vano ni en vano
lo han quemado soles; muchas cosas ha
aprendido contemplando las estrellas en
las noches tranquilas o galopando bajo el
azote de vientos y de lluvias. Con la lentitud
serena de la llovizna fina, Fierro ha sentido
su corazón llenarse poco a poco con la presencia
de un Dios que lo saluda desde las
estrellas lejanas lo mismo que desde cada
mata de pasto.
Fierro no cree en Dios por dulzona piedad
feminoide, ni por obtusa ignorancia; Fierro
cree porque ha sabido leer un mensaje infinito
en el azul del cielo, en el verde de la
pampa, en el misterio profundo del dolor
y de la vida: una palabra honda, sencilla
y ancha que se revela a los que como ella
son de corazón ancho, sencillo y profundo.
Que hay un Dios que todo lo llena con su
presencia, que está muy por encima de nosotros
y a la vez muy adentro de nosotros, y
que sin despegársenos nunca, galopa junto
a cada hombre a lo largo de su vida, en
las buenas y en las malas, aunque no se lo
atienda, aunque no se lo escuche, aunque
se lo tenga olvidado, y hasta cuando de dolor
o de rabia lo mandamos al...caracho!
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4
Yo he visto muchos cantores
con famas bien otenidas, 
y que después de alquiridas
no las quieren sustentar.
Parece que sin largar 
se cansaron en partidas.

Hay en estos versos una burla, una burla
donosa y viril e inteligente. Como que se
burla Fierro de los que se gastan en aprontes
y nunca acaban cosa alguna; los de
boca grande pero de corazón chico; los
mariposones que carecen de firmeza de
hombres; los que después de ganar el tramo
fácil se echan atrás en el difícil.
Pero también hay aquí otra sabia lección de
madurez humana. La vida no se hace con
bravatas ni entusiasmos pasajeros y ruidosos,
sino con tenacidad y trabajo callados y
constantes. El hombre que transita este camino
de silencio y de constancia no se deslumbra
con los alardes de los que se van en
aprontes ni lo asustan las fintas de los que
no pasan de escarceos. Ha doblado muchos
codos de la vida, y está ya de vuelta
de todo lo que no es esencia ni sustancia.
Y junto a la lección profunda de madurez y
de experiencia, hay también aquí una cálida
lección de juventud y de audacia, un
desafío al espíritu enervado y comodón, un
guante arrojado a la cara de los que, una
vez que llegan, ya no quieren arriesgar. La
vida es riesgo, no sólo en los días calientes
de los años mozos sino siempre, hasta el
último latido. La vida no es una ruleta rusa,
pero tampoco es una póliza; es riesgo calculado

y cálculo con riesgo, para una gran aventura.
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5
Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar;
nada lo hace recular
ni las fantasmas lo espantan,
y dende que todos cantan
yo también quiero cantar.

No es difícil encontrar hombres corajudos,
y aquel que sepa buscar hallará hombres
prudentes; pero cosa difícil, aun para el
rastreador más baqueano, es dar con la
huella del hombre valiente y a la vez cauto,
porque, como gato y perro, son cosas que
rara vez se las ve juntas. Los hombres de
coraje son muchas veces ciegos, y los que
de lejos avizoran el peligro no siempre tienen
coraje. Por eso es cosa para apearse
cuando se encuentra al hombre de coraje y
de prudencia juntos.
Y así es Martín Fierro: nada lo hace recular,
pero tampoco se va de boca al peligro; es
medido en el valor y valiente en la mesura;
con un fondo de espesa confianza en
sí mismo, confianza que alguna vez lo impulsará
a incautas bravatas y alguna otra
disimulará con cautela, pero que jamás lo
abandona porque es una sola cosa con él
mismo.
Y Martín Fierro no confía en sí mismo por
soberbia o petulancia, ni por ignorancia o
estulticia, sino porque se conoce: sabe
exactamente donde puede empezar la carrera
y donde tiene que marcar la raya del
final. Y esa ciencia le viene no de libros ni
de escuelas – porque no los tuvo – sino de

haber pasado muchas horas a solas con él mismo.
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6
Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar
y cantando he de llegar 
al pie del Eterno Padre;
dende el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar.

Martín Fierro es canto que anda,
más que por elección suya por un
impulso vital que le viene desde que
su corazón palpita, desde antes que su
lengua hablara; fuerza que lo entregó
al mundo para ser palabra, y que lo
elevará en el viento hasta el trono de
Dios, donde brilla la luz de la eterna
poesía.

Martín Fierro no templa la guitarra
“por sólo el gusto de hablar”, sino para
cumplir un destino, para cantar “males
que conocen todos pero que nadie
cantó”, y “no para mal de ninguno sino
para bien de todos”.

Misión tan grande no se le confía sino
a un elegido, a un predestinado que
cantará no por ocurrencia sino por
deber sagrado. Este es el signo de la
predestinación: hacer lo que hay que
hacer no por gusto y por antojo sino
por deber y vocación, no por mero
oficio sino por misión, hasta el supremo
sacrificio de si mismos si fuere
menester. Y esto es también lo que hace
grandes a los hombres y a los pueblos.

Nadie está en el mundo porque sí, pero
pocos son los que saben para qué están
en el mundo. Estos son los que alcanzan
la grandeza cuando además de saber
para qué viven, viven para hacerlo.
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7
Que no se trabe mi lengua
ni me falte la palabra;
el cantar mi gloria labra
y, poniéndome a cantar,
cantando me han de encontrar
aunque la tierra se abra.

Ciertamente es cosa buena no achicarse
el cuerpo ni encogerse el alma aunque
vengan degollando, sino pegarle
adelante sin frenar, o mantenerse firme
sin retroceder ni ladearse.
Pero tampoco es bueno exagerar la
nota, y por pasarse de guapo acabar
mal por imprudente. Veces hay en la
vida en que es bueno hacerse a un
lado y darles paso a los otros. Cada
cosa tiene su hora y cada hombre su
momento. El valor no se muestra a
ciegas sino a ojos bien abiertos. El
coraje ha de mostrarse cuando llega la
hora; nunca antes, ni tampoco después.
Es cuando ese momento llega que hay
que juntar guapeza y fuerza para hacer
pie firme y no salirse del puesto en que
le toca a uno estar.
Y tal vez éste sea el caso de Martín
Fierro. Él no canta por cantar sino
porque cantar es su camino. No es
por dárselas de guapo ni por ser
gaucho porfiado que proclama su
inquebrantable voluntad de cantar
aunque la tierra se abra, sino porque
su canto es algo a lo que no puede
renunciar sin dejar de ser él mismo.
Pues aunque parezca a veces hacer
alarde de león, y otras escurrirse con
las astucias de un zorro, él sabe que un
hombre ha de ser siempre el mismo en
el fondo de lo que es.
En esto se diferencia la vida del teatro:
en el teatro se cambia de maquillaje y
de vestido para representar personajes
diferentes; en la vida sólo se ha de
cambiar vestido y maquillaje para,
según las circunstancias, presentarse

mejor uno mismo.
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8
Me siento en el plan de un bajo
a cantar un argumento;
como si soplara el viento
hago tiritar los pastos.
Con oros, copas y bastos
juega allí mi pensamiento.

¡Con oros, copas y bastos! Bella manera
de expresar el completo despliegue
de la inteligencia y el pleno dominio
del arte de cantar, no sin una pizca de
vanidad y de inmodestia.
Pero esta vanidad es, en el fondo, la
espontánea expresión de un espíritu
sincero, hermana de la honestidad
con que Fierro mostrará también
sus defectos, sin disfraces ni tapujos,
cuando la ocasión lo pida. Esta
fundamental sinceridad es lo que en
definitiva importa: los hombres no son
buenos porque callen sus virtudes, sino
porque las tienen; ni son malos porque
tengan defectos, sino cuando no los
reconocen.
Y así es Fierro: hombre entero y
derecho de punta a punta, que acepta
sus deficiencias y no oculta sus méritos.
Por cierto no es éste el ideal. El perfecto
modelo de hombre, en esta perspectiva,
es el que no tiene defectos que ocultar y
calla las virtudes que posee. Pero Fierro
no es un ser ideal bajado de las nubes,
sino un hombre real, de carne y hueso,
amasado con tierra de pampa y azotado
por todos los soles, lluvias y vientos.
Pero no hay en Fierro maldad tortuosa
ni enroscada: si alguna vez es malo
será malo como el león, jamás como la
serpiente.
¡Feliz el hombre que así puede andar
a rostro descubierto por la calle sin
temer mostrar lunares, porque le sobra

pecho!
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9
Yo no soy cantor letrao,
mas si me pongo a cantar
no tengo cuándo acabar
y me envejezco cantando:
las coplas me van brotando
como agua de manantial.

Hay en la vida dos maneras de
aprender: una es leer, la otra es vivir.
Martín Fierro confiesa que él no canta
cosas que ha leído y que sus coplas
no le vienen de otros sino que de
adentro se le salen vivas como agua de
vertiente. Y lo dice sin reservas y sin
eso que ahora llaman complejos.
Es que Fierro sabe demasiado bien
que los libros nada dicen a los que
no tienen nada que decir, y que lo que
importa y lo que vale es la propia voz
y la palabra propia. Por la voz propia
cada uno es quien es y propia palabra
debe ser la entrega que cada hombre
hace a los hombres. Los que de otras
voces son eco y de otras palabras copia
no son nadie, sino solamente copia y
eco; nada tienen para saber qué son y
nada tienen para dar al mundo.
En cambio, los que de las alforjas de
sus propias vidas sacan cosas para dar
y en lo profundo de una conciencia
sana las lavan y las limpian, esos son
los que pasan por el mundo como
sembradores de semilla buena, que
extraen de su íntima riqueza como de
un tesoro acumulado a través de penas
y de llantos, de esperanzas, temores y
alegrías.
La palabra de cada hombre es el signo
de lo que cada uno es. El que vive tan
sólo de palabras leídas y no tiene voz
propia es hombre postizo y calcado,
que vive de lo que le prestan o de lo que
roba. Solamente es él mismo aquel que,
con oído atento a todas las voces, vive
del pan amasado con su propia harina.
Su voz y su palabra no son aguas
muertas sino aguas vivas, que brotan
de su boca y de su alma cual ofrenda de

vida para el mundo.
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10
Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman;
naides me pone el pie encima,
y, cuando el pecho se entona,
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.

La prima y la bordona: las dos puntas
del encordado. Gemir y llorar: dos
colores de la misma emoción. Dos
bocas que pronuncian una misma
palabra, dos lenguas que tienen una
sola voz.
Maestría o milagro, o un poco de las
dos cosas, es esta virtud de Fierro
para hacer converger en un solo
camino cosas que por sí mismas tiran
desparejo. Es el arte del concierto y la
armonía, un arte que mucho necesita el
mundo, y que muchísimo escasea. Por
eso valen tanto los pocos hombres que
cultivan esta ciencia y que poseen este
arte de conjugar y de unir. Con ellos la
historia avanza y la Humanidad crece;
sin ellos la Humanidad se debilita y se
desintegra, y la historia de los hombres
se estanca o se extravía.
Pero la Humanidad pocas veces
entiende a los grandes hombres que le
enseñan el camino de la comunión y de
la solidaridad. Talvez sea por eso que
sólo muy de tanto en tanto los hombres
comprenden que toda su historia no es
mas que una larga noche de querellas
que avanza penosamente hacia una
aurora de paz definitiva y de completa
unión.
Martín Fierro no sabía mucha historia;
pero el pulsar sentido y hondo de
su guitarra le enseñó que todas las
cuerdas tienen que cantar como si
fueran una, para que brote de ellas una
armonía sin disonancias, en que todas
las voces en conjugado coro canten una

misma canción.
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11
Yo soy toro en mi rodeo
y torazo en rodeo ajeno;
siempre me tuve por güeno
y si me quieren probar,
salgan otros a cantar
y veremos quién es menos.

La noticia


(Pintura: Emaus Miciu Nicolaevici)

Con el "zaino" ensiyao y el "moro" listo
(adicionao pa’l caso, de carguero),
me avanzó la mañana, que no sabe
asujetar el sol su andar tropero.

M’entretuvo de más el mayordomo
queriendo convencerme que me quede.
Pero… ¿diánde va dar flores el tala…?
Lo que’stá decidido es lo que puede.

Hay que mirar el sol pa’ ver la vida…
hay que buscar la luz pa’ ver la sombra…
y en mi ansia de rumbiar legua tras legua
el campo se me antoja verde alfombra.

Nos tráin las primaveras un renuevo
que’s ganas de vivir, d’ir adelante,
y tráin los chasques las noticias nuevas
que al conocerlas… cambian lo de’nantes.

Y si hay un dispertar hasta en los yuyos
¿por qué no dispertar como de un sueño?
Puede por caso equivocarse’l hombre
que pone pa’ vivir, ganas y empeño.

Doce años han pasao dende aquel día
que gané leguas pa’ sumar distancia
rispetando el color de mi caudiyo
que no era el de mi padre y de su estancia.

Celeste’l hombre -rispetao por eso-
y pa’ disgracia colorao yo salgo,
sin andar con cintiyos en el pecho
el pensamiento firme y en él valgo.

Y queriendo volverme pa’ su rumbo
me sentenció muy fiero en un enojo,
y yo, que a mozo a gatas despuntaba
mordiendo el freno gambetié’l despojo.

Me decidí nomás, sin muchas güeltas
como quien al malón le’scuende’l bulto
y en el silencio de una noche fría
m’hice perdiz, entre las sombra’oculto.

Manotié la tropiya más a mano
que’ra la del servicio de las casa’
y encaré pa’l Azul de “los catrieles”,
por donde Don Prudencio sentó plaza.

Solo un dolor me rajuñaba el pecho
y es que mi madre no supiera nada,
que no podía entonces avisarle.
Y era mejor, no sepa mi jugada.

Cuanti quedó la estancia a muchas leguas
dentré tranquilo a’montonar distancia
firme’n el rumbo que me había propuesto
asujetando, cada tanto, mi ansia.

La cuestión que yegué y hayé conchabo
y hasta’nduve, dispués, en las refriegas,
y en el dir y venir de mi esistencia
deshiló el tiempo lunas andariegas.

Y si bien me curtí por demás bruto,
me dejó mal parao… dudando… incierto…
la noticia que trajera el chasque
diciendo que mi padre… se había muerto…

Lo mandaba mi madre… ¡pobre vieja!,
que también siempre supo -me contaba-
por ande andaba yo, pues me rastriaron
con gente de’yos que hasta’cá dentraba.

Es por eso que’stá cargao el "moro"
y que p’adentro salgo, ya es seguro.
Algo me obliga pa’ que güelva’l pago…
se me ñubla el pasao… y ver procuro.

¿Con qué me’ncontraré cuando regrese?
¿Qué será esa cuestión de aura ser “dueño”?
…si apostando a vivir en lo que creo
me jugué aqueya güelta hasta el empeño!

No tira la querencia… pero es cierto
que’l abrazarla la distancia acorta.
M’he dispertao como de un sueño largo,
güelvo por eya; lo demás…? no importa.

(18/04/1996)

Boliche de Castilla


(Pintura: Luis Nuñez)



Ese apacible domingo
y ya de tarde volviendo
las nubes como un remiendo
le hacían al cielo un respingo,
iba apurao mi pingo
con las ganas de ir llegando,
por la calle escarceando
se atravesaba en la huella
y al cruzar la esquina aquella
ahi me quedé conversando.

Pulpería "El Progreso"
con tesón has perdurao,
si habrá esperao mi gateao
coscojeando mi regreso.
Hoy evoco todo eso
y al cruzar tengo la suerte
de poder volver a verte,
de gozar de la tibieza
de un cimarrón que confiesa
haber vencido a la muerte.

El chaparrón ha limpado
el aire y todas las cosas
así brillan primorosas,
el sol las ha iluminado.
Tu luz me ha acompañado,
vida que tu muro encierra,
de mi alma desentierra
los momentos más felices
restañando cicatrices:
retoño soy de tu tierra.
..........................................

Acotaciones del pintor del cuadro don Luis Nuñez:

"El Almacén de Castilla"

El año pasado llegamos con mi mujer a Castilla con la idea de fotografiar viejas construcciones, previo paso por Suipacha y Rivas. Recorriendo el pueblo, nos topamos con este enorme edificio abandonado y ahí nomás sacamos las cámaras, ya que la luz del momento y la ubicación lo hacía muy potable para transformarse en cuadro...
Por datos que obtuvimos después, supimos que un tiempo funcionó allí un almacén de Ramos Generales a cargo de la familia Marosi. Más tarde pasó a manos de Ángel "Pinocho" Repetto quien ya tenía un restaurante muy cerca de allí, donde hoy funiona el Centro de Jubilados de Castilla.
Allí, bajo su tutela, funcionó el "Restaurante 'El Progreso' de Ángel Repetto, como estaba escrito en el frente. El restaurante y pulpería también funcionaba como almacén de Ramos Generales estando separados los ambientes por vitrinas. Casi siempre había mucha concurrencia, en especial los que trabajaban en los numerosos tambos que había en la zona. Era muy común ver carros por doquier y los palenques con caballos dormitando pacientemente mientras adentro los paisanos comían o bebían algo, jugaban a las cartas, al honguito o sólo pasaban el rato enfrascados en interminables charlas matizadas, de tanto en tanto, por algún pleito sin demasiada importancia.
El local cerró a principios de los 60. Hoy es un mudo testigo de aquellas jornadas, celoso guardián de muchas historias allí vividas, recuerdos de un tiempo que, lamentablemente, ya no volverá...

Compuesto para el malambo


(Pintura: Molina Campos)



Yo soy del sur bonaerense
y cuando estoy mudanceando
pongo nombre y apellido
por si me andan precisando.

Bota'e potro o bota fuerte
según el cómo y el cuándo
solito o de contrapunto
si gustan, vamos probando.

Sirva giñebra, patrón!
y empareje el guitarrero
que me hormiguean las tabas
palpitando el entrevero!

Que "no ha golpeao en tapera"
váyase Don enterando!
Se alza una voz varonil
y el ruedo se va formando.

Malambo por sol y sol
la guitarra está invitando
y dos criollos frente a frente
los fierros están chairando.

Bonito el escobillao
con el que se están tanteando,
media res de arriba, quieta,
y la otra media bailando.

Limpio el repique delata
que no es de crudos la yunta
yendo de uno al otro pie
un lujo de taco y punta.

Bajito... que has juntao agua!
pondera un viejo taimao,
y el mozo que está bailando
no se da por enterao.

Y se cruzan las apuestas
y menudean las chanzas
y en el dar y devolver
se suceden las mudanzas.
............................................

Baile de hombres si los hay,
no importa dónde has nacido,
solo importa que prendido
de los paisanos garrones
todos los patrios rincones
supieron de tu existencia
y si tuviste querencia
alguna vez... yo colijo
que en estos pagos, de fijo,
se ha de hallar tu descendencia.

Carrero


(Pinturas: Ernesto Laroche)


1

Muere la tarde sombría
entre cantos y chistidos
y va el sol descolorido
a hundirse en la lejanía:
alguna nube volvía
su rostro de inmenso velo
mostrando formas al suelo
de diferentes maneras
como inmensa calavera
sobre la esfera del cielo.

2
Sobre el nido terminao
un zorzal su canto arrulla
y la corriente masculla
los peñascos deformao';
el viento en el alambrao
cuelga su canto aburrido
y en los huecos carcomido'
besa los troncos llorando
y se entretiene jugando
con los pedazos de un nido.

3
Entre las inmensas grietas
de los zanjones dormido'
cuelga su triste gemido
el eje de una carreta;
entre las ruedas inquietas
juega el polvo levantao,
el cascabel apurao
describe mil notas raras
al galopar las tacuaras
en los lomos encorvao'.

4
Como una pupila ciega,
inmensa y desorbitada,
el ojo de la picada
está observando al que llega;
el cansancio que doblega
se nota en las colas quietas
colgadas en líneas retas
como pesadas serpientes
que se mueven lentamente
al traquetear la carreta.

5
Ha desunido el carrero
pa'pastorear la boyada
y la tacuara cansada
se acuesta en los candeleros;
circundando el trazoguero
arde lenta la madera,
en el medio la caldera,
y aquél fogón encendido
parece un poncho tendido
con la bayeta pa'fuera.

6
Ambula el humo aburrido
envolviendo la carreta
que parece la silueta
de un cacique malherido,
y como soldao vencido
con el pecho al descubierto
los yugos forman concierto
de cruces, que al cielo miran,
y las coyundas se estiran
como relámpagos muertos.

7
Cuando los vientos cansao'
regresaron al lugar
solo hallaron el lunar
de aquél fogón apagao;
yacía el pasto machucao
en posición indefensa,
interrogación intensa
muestra la muerta madera
y al agua de la caldera
como una lágrima inmensa.

8
Carrero, cuando imagino
me parece que te veo
en el negro ziszagueo
del polvoriento camino;
sos abnegao peregrino
sin derecho ni querencia,
pedazo de independencia
que has pagao tu audacia cara
porque hoy solo es tu tacuara
un relámpago de ausencia.

jueves, 18 de mayo de 2017

La yerra





En los pagos del soldao,
allá metido en la sierra,
es costumbre de una yerra
que el tiempo no la'ha borrao
ver paisanos bien plantaos
tendiendo un royo tras otro
y en el medio del alboroto
en un zainito y al tranco
el Dr. Ramos Barranco….
rumbo a su yerra don Toto.

Una cerrazón helada
lenta empieza a levantarse
y en el cielo al dispejarse
cenicientas pinceladas,
la arboleda está rodeada
por una inmensa humadera,
y como rojiza esfera
que va bordeando una orilla,
corona el sol la cuchilla
que baña en luz la pradera.

En la verde rinconada
donde va a empezar la yerra,
hay un balerío que aterra
de la hacienda amontonada.
A una cuadra aproximada
hay un gran fogón prendido,
con los tres fierros metidos
que es la marca de la casa,
confundida con las brasas
de los talas encendidos.

Allí está como un ciñuelo
de la gente comedida,
la carreta desunida
con el pértigo en el suelo;
al rodeo sin recelo
entran los enlazadores,
en pingos escarceadores,
que al ver revolear los lazos
se balancean al paso
como pisando entre flores.

Uno se viene sacando
un pampa negro machazo,
viene sentao en el lazo
la lengua afuera y balando.
Los pialadores formando
dos filas en su costao
revolean entusiasmaos
dándose tiempo y lugar,
siempre el que sabe pialar
es el menos apurao.

Con dos rollos un volcao,
se le cierran las dos manos
y en su culero el paisano
la cimbra del lazo ha llevao,
se empina el mamón pialao
tras el tirón que lo humilla,
dobla dispués la rodilla,
muestra la barriga blanca,
y chicotea con el anca
sobre la verde gramilla.

Brota el humo en nube espesa
sobre del cuadril quemao
y brama el toro apretao
en su indómita fiereza.
Allí se ve con destreza,
muy común en nuestros criollos,
pialar sin capa ni embrollo
a un toro en ágil gambeta
y por sobre las paletas
pialar con tuitos los rollos.

Lentos zumbidos de armada
ruidos secos de carona,
triste gemir de llorona
y olor a reces quemadas,
y la porfía en la perrada
con los toros de la sierra,
ruido de casco en la tierra
que repercute el sanjón,
y guitarra y acordeón,
al terminarse la yerra.
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Versión del paisano "El Resero de Mataderos":

Desde mis pagos



Al contemplar la hermosura
del suelo donde he nacido,
me siento un ave que al nido
regresa, desde la altura...
Todo es amor y ternura,
besos de madre y esposa,
es todo color de rosa
como en mis años de niño;
Feliz de quien el cariño
entre sus íntimos goza!

La brisa es suave y fragante,
el agua es más cristalina,
y el ave cantora trina
mas fuerte y más arrogante;
son las horas un instante
donde hay amor y placer,
y parece que al nacer
la aurora, trae en su frente,
el sinfónico torrente
de los aplausos de ayer.

Aromas, montes y trinos,
paz, armonía, nobleza,
es el salmo que se reza
en mis lares campesinos;
los arroyos cristalinos
que surcan nuestras campañas,
van bautizando las cañas
cual si por estos terrenos
abundaran Nazarenos
de Carrizos y espadañas.

Cigueñas, flamencos, garzas,
toros, chorlos, gallaretas,
cruzan las aguas inquietas
en incontables comparsas;
mientras que entre las zarzas
se ve un enjambre de nidos,
que se tienen suspendidos
sobre mansas corrientes;
como ideales nacientes
que permanecen dormidos.

Y, mirando la llanura
se ven mecer los trigales,
cual si fuesen los puñales
que nos da madre natura;
creo ver en la espesura
de los trigales crecidos,
todos los ratos vividos
cuando la vida florece,
una madre que nos mece
en nuestros lechos tendidos.

Aquí estoy frente a la vida
laboriosa y productora,
de frente al sol que nos dora
como a la espiga crecida;
fué mi dicha presentida
magna, noble y elocuente;
tras de la lucha ferviente
de darle luz a una idea,
fecundizar la tarea
con el sudor de mi frente.

El costillar de paleta


(Pintura: Juan León Palliere)



Era domingo y soleao.
La chacra de Secundino
plantada junto al destino
pintaba como pa’asao.
Allá abajo en un tinglao
ya un fueguito se veía,
el patrón iba y venía
y enganchao en una horqueta
un costillar con paleta
oreándose presumía.

La patrona de la casa
aprovechando su franco,
corre la sillas, los bancos
y hasta los muebles repasa.
El humo su huella traza
y la carne ya ensartada
comienza a dejar colgada
de grasita, un lagrimón,
y prepara en un rincón
la patrona, la ensalada.

Sentao en banco’e cadera
Secundino prende un pucho,
mientras lo mira “El Barbucho”
sabiendo lo que le espera.
Linda mañana campera,
suave, como la esperanza,
una torcacita mansa
picotea en derredor
y pa’ aliviar el calor
la “doña” un vino le alcanza.

Se va dorando el asao,
ya el paisano lo dio vuelta,
y un fuerte: “-Vieja… -le suelta-
tené todo preparao!”.
Tarro con tierra al costao
pa’ clavar el asador,
y el tan agradable olor
lo motiva al apetito…
y abajo del ucalito
está armao “el comedor”.

Corta el gaucho una pulpita
que aceta su compañera
y queda en lista de espera
un riñón con su grasita.
En la galleta exquisita
come el criollo Secundino;
como testigo, el molino,
de ese cuadro familiar
y así yo quise pintar
cosas del campo argentino.

Jagüel




Si ya has quedau al olvido
y te corona un laurel
y tu nombre de “jagüel”
en el campo se ha perdido
ya no se escucha el chiyido
de tu roldana inquieta,
solo se oservan las grietas
de la bebida rajada
y apenas las rastriyadas
de aquel mancarrón maceta.

Con un recau de arpiyera
‘taba ensiyao el matungo
y un balde que a los tumbos
cabrestiaba a la’sidera .
hoy casi todo es tapera,
el tiempo ríe de gozo
y se derrumba un pozo
donde anidan las palomas
y de tanto en tanto asoma
algún lechuzón curioso.

Nunca falta algún hornero
esperando su charquito
para amasar su barrito
y así construir su alero.
Se oye balar un ternero
-de su madre se ha estraviau-,
la hacienda se ha’montonau
y se rasca en la alambrada
y de tantas rasconiadas
se hayan dos palos ladiau.

La hacienda sedienta espera
ver parir a tus vertientes
pero el destino imponente
ya refrescó su sesera.
Amalaya quien pudiera
de revivir el pasau,
si todo está tan cambiau,
el progreso firme avanza
y su puntiaguda lanza
en tu pecho se ha clavau.

Fidel



Jué una noche clara, de luna en menguante
de un junio tan frío, que helándome está;
como una golilla, blanquiaba la helada
tendida a lo largo del Arerunguá.

No sé si “mandinga” andaba esa noche,
lo cierto es que, ¡diande poderme dormir!
Ojalá me hubiera dormido del todo.
Me duele entuavía lo qu’he hecho sufrir.

Me tiré del catre, con cierto fastidio
al sentir los perros, a gente ladrar,
y vide, en la sombra, de un cerco de talas
que al galpón un hombre pretendía entrar.

Me crucé el de apala, me engolví la faja,
más bien por costumbre, manotié el facón
y me juí agachando por atrás de un brete
con la certidumbre que juera un ladrón.

Lo vide clarito! Jué al gancho’e la carne,
no encontrando nada, por casualidá.
¡Era un mozo güeno como el pan bendito;
mire hasta ande llega la necesidá!

Yo lo conocía, era un gran amigo,
pude comprobarlo, pues más de una vez,
cuando de Entre Ríos tráibamos baguales
de distintas formas probé su honradez.

Pero allá en su choza tenía seis gurises
que, dende esa noche, huérfanos están
y qué no hace un padre que quiera a sus hijos
si llorando de hambre le reclaman pan.

Y en el rancho pobre de rotas paredes
temblando de frío la infeliz mujer,
con cuentos de brujas calmaría los hijos,
esperando a su hombre pa’ hacer de comer.

Como iba diciendo: traté de ocultarme,
pero en ese instante salía del galpón
y dejuro, al verme, de golpe y zumbido
le causó, quien sabe que fiera impresión.

Sorprendido el pobre perdió los estribos,
desnudó la daga y me atropelló!
El frío’e la helada que esmaltaba el campo
lo sentí en mi cuerpo, esa noche yo.

Tal vez de vergüenza no alzaba la vista;
yo alcancé a gritarle: “¡Respete Fidel,
no me comprometa!, ¡piense en sus gurises!”.
Pero estaba ciego el cristiano aquél.

Nunca vi una daga más cerca’e mis ojos
como un rejucilo brillaba al pasar!
Le ladiaba el bulto, y en la mesma panza
como fría culebra la sentía rozar.

Perdí las chancletas, extravié el sombrero
¡como cuadra y media me hizo recular!
A los resfalones entre la gramilla
con helada y todo alcancé a sudar.

Y viendo dejuro, que me achuraría
no había ni un testigo, el cielo era el juez,
eché mano al fierro, y, hasta luego amigo.
¡Qué remordimiento me ha quedao dispués!

Al pensar canejo que al rancho derruido
dispués de esa noche de frío tan cruel
en lugar de carne pa’ los gurisitos
llevaron el cuerpo del pobre Fidel.


Un poncho para mi guitarra



Sírvase le presto el poncho
pa'que tape la guitarra,
realmente me causa pena
que la agarre destapada
esta llovizna tan fría
que atraviesa la enramada.

Se me hace que está temblando
en un horcón recostada,
desnuda la pobrecita
muestra su imagen humana
de alguien que vi alguna vez
y que me llenó de lástima...

¡Tápela, tápela pronto!
ahí tiene mi poncho patria
que por bueno y por tibieza
parece que tiene alas,
será más patria y más poncho
protegiendo a una guitarra.

Lo que me extraña paisano,
las cosas que en ella canta:
con el amor que la pulsa
y ella, cómo lo acompaña,
se vuelve todo sonido
al sentirse acariciarla.

Como la novia más fiel
supo seguirlo en su marcha
y ella le dió pa'l churrasco
y hasta pa'cigarro ycaña,
ante los montones de aplausos
a los que usted dijo "Gracias".

Si es que tanto sentimiento
sabe poner cuando canta,
lo mismo cuando termine
ponga también pa'cuidarla,
ella precisa su abrigo
como usted cuando la abraza.

Además le va a durar
más tiempo mejor cuidada.
¡Ansí me gusta paisano!
Ahura que le vi taparla
le voy a regalar mi poncho...
pero no a usted...¡a la guitarra!



Mi recadito cantor



Como he sido buen campero
cuando andaba mensualeando,
en las estancias domando
de esquilador o resero;
me ha gustado con esmero
tener pilchas de valor
que cuidaba con amor
allá en mis años de mozo;
cuando lucía lustroso
mi recadito cantor.

Una blanca sudadera
dos mandiles y carona,
bastos, matra que aprisonan,
cincha, corrión y encimera,
bien prendida a la sidera
la manea era un primor,
boleadoras, ¡si Señor!,
cojinillo, sobrepuesto;
cinchón dos vueltas y el resto
del recadito cantor.

Estribos de suela y cuero,
bozal, riendas, cabezada,
maneador de "8" brazadas,
bocao, freno coscojero,
un respetuoso talero,
un trenzao de mi flor
sobre el anca tentador
de un pingo de mi tropilla
porque era una maravilla
mi recadito cantor.

Pero los tiempos cambiaron
pues ahora estoy de pueblero,
ya no soy aquel campero
a quien muchos almiraron,
los años se amontonaron
mi pelo cambió el color
y hoy les digo con dolor
cantando aquí en esta rueda:
-"Que ni una pilcha me queda
del recadito cantor" !!

Si no es cierto...


(Pintura: Molina Campos)


Viejo el petizo tostao
y ya tordiyo el hocico,
tiene duro los pichico’
y yeva tres enancao,
a su vejez le ha confiao
(como si juese una agüela)
sus tres cachorros, Portela
capataz de “La Invernada”
pa’ que no les pase nada
dende’l casco hasta la escuela.

Un mandil y un cojiniyo
(todo el apero que luce),
largo y volcao tiene el tuse
pero está gordo y con briyo,
debe tener un colmiyo
como p’hacer una lanza,
le sabe sonar la panza
culpa de tanto talón
y él, agarra un galopón
cortito… pero que alcanza.

Yega justo, medio al trote
(jamás se lo desensiya),
una rienda en la variya
y l’otra atada al cogote;
él pastorea algún brote
que nació de un pajarito,
dispués se queda quietito
sin que haga, del ruido, caso
y al poner de punta el vaso
queda dormido al ratito.

Cuando despierta, los vé
porque terminó la clase,
y entonce’l mayor les hace
a los más chicos, el pie,
él ni se mueve por qué
el más grande di un tronquito
salta y queda sentadito
delante de los hermano’…
las riendas, en esta mano
y en la derecha un palito.

Cuanto alguno se pelea
él moja pronto la oreja,
como poniendo la queja
por más que nadie lo vea,
va, con los tres, como sea,
al galopito o tranquiando,
la madre que está esperando
justo en la puerta, asomada,
sabe que no  pasó nada
porqu’él… los vino cuidando.

Tropero


(Pinturas: Fernando Romero Carranza)


Templao en la lucha dura,
pa’ responder a la vida,
sabe la senda florida,
igual que la senda oscura.
Si hoy, encuentra una ternura,
mañana encuentra un dolor;
pero, él es dueño y señor
de la extensión que domina,
y su estrella, lo ilumina,
siempre pa’l rumbo mejor.

Desde mocito prepara,
la tropilla, con pasencia.
-El gaucho, tiene su sencia,
que para el más sabio es rara.
Y después, con ella, encara,
hacia cualquier lejanía;
puede seguir, noche y día,
sin fallarle la constancia,
venciendo cualquier distancia
tesonero en la porfía.

Prepara la yegua mansa,
que obedece a su silbido,
y acollara al elegido,
pa’ realizar su esperanza.
Muy pocos días alcanza,
pa’ tenerlo acostumbrao;
respondiendo, como ahijao,
al tintinear del cencerro;
después, sigue como un perro,
mansito y arrocinao.

Y de a uno va formando,
la tropilla, de ese modo,
hasta que lista, pa’ todo,
ha de quedar a su mando.
La manejara silbando,
cuando a la huella ha dentrao;
y la yegua, en cualquier lao,
forma de frente, tranquila,
y de ese modo hace fila,
el pingo bien entablao.

Es como un lujo campero,
que no comprende cualquiera,
cuando en cuidarla se esmera,
para su orgullo, el tropero.
Su tropilla, es lo primero,
que el hombre debe atender;
pues con ella ha de vencer,
las leguas en el camino;
y, con ella, su destino,
trabajando, puede hacer.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Soy un zorzal (Valseao)



Soy un zorzal
prisionero y cantor,
que te dedica el trinar;
soy ese humilde zorzal
que ha venido a implorar
un poquito de amor.

Quiero que tu corazón
sea un nido de amor,
quiero en tu corazón
albergar mi pasión,
quiero pedirte mi vida
que cures la herida
de tu trovador.
Quiero que tu corazón
sea un nido de amor,
quiero en tu corazón
albergar mi pasión,
quiero pedirte mi vida
que cures la herida
de tu trovador.

Dame a libar
de tus labios en flor,
para mi vida endulzar
y así por siempre serás
dueña de éste zorzal
que tu amor cautivó.

Quiero que tu corazón
sea un nido de amor,
quiero en tu corazón
albergar mi pasión,
quiero pedirte mi vida
que cures la herida
de tu trovador.
Quiero que tu corazón
sea un nido de amor,
quiero en tu corazón
albergar mi pasión,
quiero pedirte mi vida
que cures la herida
de tu trovador.


Huella de Dios (Huella)




Este es un viaje corto
con un anhelo,
la huella de la vida
nos lleva al cielo.

Por esta huella corta,
vamos paisano,
y camino hacia el cielo:
¡vamos hermano!

Por la huella del campo
tranquiando vamos,
a la casa del Padre
nos acercamos.
Por andar en la huella,
yo siempre insisto,
vamos camino al cielo:
¡huella de Cristo!

Laralaralaira
Laralaralaira
vamos camino al cielo:
¡huella de Cristo!

Por esta huella limpia
vamos en pos,
huella camino al cielo,
huella de Dios.

Por una huella oscura
y otra alumbrada,
huella camino al cielo,
huella soñada...

En la huella espinosa
no hay que asustarse,
salvando a las espinas
sin lastimarse.
Por la huella del cielo,
no anda el demonio,
a la huella a la huella
de San Antonio.

Laralaralaira
Laralaralaira,
A la huella a la huella
de San Antonio.



Con esta huella rendimos sentido homenaje a la cantora Viviana Vigil que siguiendo la huella del cielo se nos fue a los pagos del Tata Dios. Va un respetuoso y sentido saludo y cariño a sus familiaries del pago de San Antonio de Areco.

lunes, 8 de mayo de 2017

Temporal



Es tremendo el temporal,
noviembre parece invierno,
resulta aquello un infierno
como no se vio otro igual;
enloquecido un bagual
dispara rumbo a la estancia,
cae el agua en abundancia
lavando la espiga rubia
y el viento tira la lluvia
veinte metros de distancia.

Un arroyito crecido
va cargado de reptiles,
el agua cae a  barriles
sobre un suelo endurecido;
aquel cielo enloquecido
que no conoce adversario
desata su abecedario
desafiando al mismo Dios
y un rayo lo parte en dos
al ombú ya centenario.

Aquel temporal terrible
se ha salido de la vaina
y como el viento no amaina
avanzar se hace imposible;
aquello resulta horrible,
llueve y llueve sin cesar,
se ve en el bajo flotar
los gajos del viejo sauce
y el agua busca su cauce
para seguir rumbo al mar.

Mi encerado veterano
no permite que me moje,
sin que la tormenta afloje
se hace de noche temprano;
es una laguna el llano,
ya no se ve media vara
y al ver que la lluvia para
monto y sigo campo afuera
y en una pobre tapera
hago noche hasta que aclara.

Amanece, prendo fuego,
caliento el agua y mateo,
sin apuro churrasqueo
y un beso al porrón le pego;
después con un “hasta luego”
dejo la vieja tapera,
ningún problema me espera,
¡vamos!, me grita el camino…
Y como soy argentino
vengo y voy, por donde quiera.

A mi Pago





Ya la noche lentamente
llega copando la escena
y con un tinte de pena
la tarde muere de frente
en el rojizo poniente
se va sepultando el día
la ruidosa algarabía
ha callado en un instante
solo el tero vigilante
está firme todavía.

En un puesto débilmente
se ve brillar una luz
y el penetrante chuz-chuz
de la lechuza se siente
solitaria, indiferente
se ve en un poste sentada
no cruza ni escapa nada
todo en su alerta verá
traspasa la oscuridad
con su fueguina mirada.

En la tranquila laguna
se oyen los patos silbones
y entre negros nubarrones
llega paseando la luna
el viento al pasar acuna
las ramas del viejo ombú
y rompiendo la quietud
del trueno se oye el acento
y un brevísimo momento
asoma la "Cruz del Sur".

Se despeja luego el cielo
viéndose "Las tres Marías"
y buscando lejanías
pasan bandadas en vuelo
haciendo temblar el suelo
cruza un potro retozando
luego un chimango planeando
se ve orillando el sendero
y como nunca "El Lucero"
está grandioso brillando.

Ya la noche en retirada
se fue yendo lentamente
y el sol asomó potente
su cabeza colorada
lo festeja la majada
con su balar lastimero
retumba el grito del tero
que alegre pasa volando
y el "Nochero" relinchando
lo saluda del potrero.

(Dibujo: Eleodoro Marenco)

Juan Lucero


(Foto: Eduardo Amorim)


Igual como viene el día
Venía al tranco Juan Lucero
Con traza de caballero
De instintiva gallardía.
La tropilla que traía
Por delante al trotecito,
Pellizcaba los pastitos
De la orilla del camino
Como olfateando el destino
De ese horizonte infinito…

En un moro bagualón
De colmillo y boca atada,
Cerda entera y recortada
Solo la cola, al garrón.
Lucero en cada talón
Hace sonar las rodajas
Y con golpes de sonaja
Notas de bronce y de fierro,
Lo hace tocar al cencerro
La overa que lo abaraja…

La tarde, que maravilla,
Quiere la noche atajar
Mientras los mira cruzar
A Lucero y su tropilla;
Gaucho de traza sencilla
Igual que sus pingos viejos
Seis moros, un azulejo
Y es madrina de valía,
La overa, que va con cría
Punteando en lo desparejo…


miércoles, 3 de mayo de 2017

Largaron!!


(Dibujos: Montero Lacasa)

Siguen llegando jinetes,
allá retumba el rebenque;
es domingo y el palenque
está repleto de fletes.
En la esquina “Los Tres Sietes”
hay carreras ese día.
Un paisano desafía,
le aceptan y muy confiado
dinero, manta y recado
a su “moro” le confía.

Van dos jinetes de menta
en dos pingos de esperanza
y suben a la balanza
para redondear sesenta.
Allí la suerte no  cuenta,
tan solo la furia impera,
van a soltar a bandera
y, según lo establecido,
corren todo lo carpido
que son, trescientos de afuera.

¡Largaron…! Un griterío
ensordecedor se escucha,
es titánica la lucha
que hace honor al desafío.
Un paisano grita: “Al mío
voy doble contra sencillo”,
por allá brilla un cuchillo,
queda una cara marcada
y el Juez, falla en la llegada:
“Señores: ganó el rosillo”.

Al del barbijo lo curan,
alguien le vendó la cara,
el que lo marco dispara
-tiene deudas que lo apuran-,
los comentarios no duran,
la emoción le pone un velo.
De nuevo retumba el suelo,
la fiesta campera canta
y el que se jugó la manta
en su “moro” sale en pelo.