Tuve en mis años primeros,
de marca de don Cruz Trejo,
un guapo macho azulejo
como una luz de ligero.
Me hice, también, de un apero
a la usanza cordobesa:
la caronilla... ¡como esa
no he tenido igual en mano!
Fue de origen tucumano
la carona'e suela gruesa.
Recado de altos arzones,
cincha'e ramales de tiento,
y pa'ablandar el asiento
cueros de chivo y pellones.
Seguiré dando razones
de mi recado serrano:
un lazo de seis, liviano;
espuelas, de las chilenas,
cabezadas, riendas buenas
y un facón siempre en la mano.
Gran guardamonte de cuero,
de carpincho el sobrepuesto;
fuerte bozal con cabresto
y un freno criollo de acero.
¡Lindo correr un ternero
por faldeos y quebradas!
o salir a las boleadas
de guanacos que, en otrora,
pastaban adonde ahora
ya ni queda paisanada.
Cuando a recorrer salía
por varios días los cerros
llevaba siempre mis perros
"Jazmín", "Cual" y "Policía".
Alzaba en la alforja mía
charqui, quesillo, patay...
Agua ande quiera la hay
en arroyos y vertientes
y en chifles el aguardiente
o caña del Paraguay.
En llegando la oración
al macho desensillaba
y preparaba la pava,
los avíos y el fogón.
Yerbera era en la ocasión
un cuerito de ternero
sacado, en bolsa y entero,
con verdadera baquía.
Y al fin, cuando el agua hervía,
dulce tras dulce al garguero.
El recado acomodado
me formaba blanda cama
y colgaba de una rama
el charqui que había quedado.
Con los perros a mi lado,
envuelto en poncho y pellones,
me quedaba en dos tirones
dormido como un bendito
sin sentir nada el fresquito
que llegaba a remezones.
¡Qué lindas noches aquellas
las que en el campo pasaba!
De admirar jamás dejaba
a la luna y las estrellas.
Y para hacerlas más bellas
la salvia, el palo amarillo,
la peperina, el tomillo...
me brindaban su fragancia
y también, en abundancia
su perfume el espinillo.
Todo aquello es un recuerdo
que se pierde en la distancia.
Hoy son quintas, las estancias
y jardines, los potreros;
y ya en mis años postreros,
aunque negando ser viejo,
creo ver, allá a lo lejos,
entre huaycos y pampillas,
los guanacos en tropillas
y roznando a mi azulejo.