Mostrando entradas con la etiqueta Alejo Ignacio Balbiani. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejo Ignacio Balbiani. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de enero de 2019

Gaucho


Vengo mi rastro dejando
igual que dejaron otros,
rastro de botas de potro
y de lanzas arrastrando;
yo soy el que estuve cuando
la patria me precisó,
aquél que el cuero dejó
por la libertad naciente,
ese que anónimamente
por esta tierra "pelió".

Soy el gaucho libertario
que a campo raso vivía
y el desierto conocía
como medio necesario,
a veces fui perdulario
si la ocasión me obligaba
mas cuando el clarín sonaba
por la libertad naciente,
yo era el que anónimamente
por esta tierra peleaba.

Soy el de sangre mestiza
que anduvo en los entreveros
de trabuco y caroneros
defendiendo una divisa,
cuando se haga la requisa
de la historia como fue
se darán cuenta por qué
en la libertad naciente:
yo fui el que anónimamente
por esta tierra "pelié".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Buenos Aires (Triunfo) y Soy (Milonga)

(Pinturas: Eleodoro Marenco)




Buenos Aires

Buenos Aires provincia
donde he nacido
es mi pago tan querido.

El viejo río salado
cuando crecido
cruzando campos tendido.

San Antonio de Areco,
Monte, Las Flores,
con Madariaga y Dolores.

Cuna de guitarreros
que son primores,
reseros y domadores.

Lara laralarelo
Larailarelo,
reseros y domadores.

Viene por los caminos,
de lejos llega
el alma de Santos Vega.

Trenque Lauquen, Fortines,
y esas refriegas:
los dos Pincén y Villegas.

En Ranchos, Martín Gomez,
trenzó una vida
con la palabra cumplida.

Tropillas entabladas
van repartidas
en tus estancias queridas.

Lara laralarelo
Larailarelo,
en tus estancias queridas.


----------------------------------------------



Soy

Soy un cardo de castilla
a la orilla de un camino,
y el reflejo cristalino
del rocío en la gramilla,
cencerro de una tropilla,
atador cortao a vueltas,
soy la yeguada que suelta
retoza con la tormenta
y esas garzas que se asientan
y se alborotan revueltas.

Soy sangrante atardecer
sobre los campos tendidos
y la luna que ha salido
después del anochecer;
calandria que baja al ver
la grasa sobre de un palo,
soy el pingo viejo malo
que le cae al domador
y esa pilcha de valor
cuando viene de regalo.

Soy el toro empacador
metido entre los juncales
y esa yunta de bozales
colgados del corredor,
perfume que da la flor
de la menta o la verbena,
la bomba sapo que resuena
al caer la tardecita
y ese zorro cuando grita
en madrugada serenas.

Soy cabeza de una tropa
que a la salida y trotiando,
la va un gaucho sujetando
en donde la calle topa;
las pilchas con que se arropa
un domador o un resero,
soy la presa del puchero
servido en plato de loza
y esa picana sabrosa
de un macho, negro y ligero.





martes, 18 de septiembre de 2018

Poncho (Milonga)

(Foto: Aldo Sessa)



Bajo tu trama apretada,
en blanco y negro tejido
mi poncho pampa querido,
está mi vida tapada
que al verla parece nada
pero es vida de valor;
vos por ser caminador,
yo prudente y recatado
hay recuerdos silenciados
que duermen a tu calor.

Fueron tus flecos torcidos
al borde de mi recao,
en silencio acompasao
como caricia sin ruido;
y ese ribete zurcido
de tu boca floja y muda
en donde mi alma se embuda,
es como abrazo de amigo,
siempre buscando tu abrigo
pa'no sentirse desnuda.

Por delante en mi regazo
te eché en forma cautelosa
y son una misma cosa:
vos, mi cuchillo y mi lazo,
cada cual  es un retazo
cocido de gaucho modo
pero con vos me acomodo
donde se apea mi osamenta
y así los dos en la cuenta
lo pasamos codo a codo.

Guardás en tu paño entero,
desteñido y opacado,
abnegación de soldado
y tiemple de cuatrielero;
como Cruz en el desierto
fueron los dos compañeros,
el mismo destino incierto
nos va gastando a los dos
hasta que al fin quedes vos
tapando mi cuerpo yerto.





La cañada


Sobre el paño verde seco
Donde muestra la cañada
Una tarde desangrada
Detrás de un juncal enteco,
Se cuelga en el aire el eco
De un chajá que desde el suelo
Grita y levanta su vuelo
Tan lento como un olvido
Como otro intento fallido
Por querer llegar al cielo…

Están bordando la orilla
Unos flamencos rosados
Con un pespunte apretado
Sobre cetrina puntilla,
Con el agua a la rodilla
Rumean unos animales
Vestidos todos iguales
Con su traje de levita,
Completan la agreste cita
Puñados de teros reales…

Las nutrias en los junquillos
Dejan su rastro de barro
Como un dibujo bizarro
Hecho a punta de cuchillo,
Se peinan los canutillos
Mientras se mira el reflejo
El día en barroso espejo
Es un cuadro la cañada
Con silvestres pinceladas
Y de color sepia viejo….

Morada



Bienvenido viajero a mi morada
Que según, es palacio o madriguera,
Es un tiro de lazo campo afuera
O salón de reuniones encumbradas…

No pregunta de dónde ni destino,
Es sencilla, prudente y recatada.
Fogón, agua caliente y carne asada
Hallarás al ladearte del camino…

En ella encontrarás sombra o abrigo
Depende la inclemencia de esos días;
Si triste, sentirás que es alegría
Si solo, sentirás que es un amigo.

Es igual que mi alma lisa y llana,
Guarda un mundo secreto en sus terrones,
Se nutre de camperas emociones
Y tiene esa manera… tan paisana…



viernes, 20 de julio de 2018

A mis amigos queridos...

(Foto: Aldo Sessa)


Como un cencerro sonando
que desde lejos se siente,
el tiempo va mansamente
las almas amadrinando
y aunque sea de vez en cuando
en un vino compartido,
o en un abrazo tendido,
lo llevo del lao izquierdo,
así siempre los recuerdo
a mis amigos queridos.

Puse cuidao y desvelo,
mi amistad es noble y sencilla,
de no agrandar la tropilla
tampoco juntar de un pelo;
con ellos levanta vuelo
mi corazón que ha vivido,
por haberlos elegido
sin tener un desacuerdo,
así siempre los recuerdo
a mis amigos queridos.

En esta vida profana
la amistad es poncho de abrigo
y en yunta con un amigo
cualquier hazaña es jarana.
Se alegra mi alma paisana
si estoy con ellos reunido,
o en un estilo sentido
cuando mi guitarra encuerdo,
así siempre los recuerdo
a mis amigos queridos.

Aunque no voy a nombrarlos
y no es muy larga la lista,
al que este verso lo asista
habrá de saber guardarlo
pues yo quisiera llevarlos
en el corazón prendido,
una vez que me haya ido,
sin vueltas y al tranco lerdo
para siempre en el recuerdo
y a mis amigos queridos.



miércoles, 25 de abril de 2018

Me gusta

(Pintura: Aldo Chiappe)



Me gusta en las madrugadas
Serenas y misteriosas
Mirar con la manta rosa
Que se emponcha la alborada,
Escuchar la clarinada
Del cencerro que allá lejos
Alerta mis azulejos
Y ese monótono ruido
Como si fuera un quejido
Que larga el molino viejo.

Me gusta ver al tranquito,
Cuando pinta el horizonte,
Sombras a trasluz del monte
De colores infinitos.
Sentir… cuando necesito
El silencio campo afuera
Y en una noche cualquiera
Por temple y en la guitarra
Tocar las notas bizarra
De un estilo a mi manera.

Me gusta cuando la tarde
Viste un traje de misterios
Bajo silvestres sahumerios
Antes de que el sol se guarde;
Ver en un sencillo encuadre
Una tropilla entablada,
Con la madrina trabada
Mientras corta el domador
Un arisco flor y flor
De penacho y boca atada.

Me gusta con la tormenta
Que retoza la yeguada,
Porque en cada atropellada
Es un malón del setenta,
Ver la senda polvorienta
De los reseros de antaño
Y a veces parece extraño
Porque encuentra el alma mía
Belleza, luz y poesía
Donde otros ven campo huraño…

lunes, 8 de mayo de 2017

Juan Lucero


(Foto: Eduardo Amorim)


Igual como viene el día
Venía al tranco Juan Lucero
Con traza de caballero
De instintiva gallardía.
La tropilla que traía
Por delante al trotecito,
Pellizcaba los pastitos
De la orilla del camino
Como olfateando el destino
De ese horizonte infinito…

En un moro bagualón
De colmillo y boca atada,
Cerda entera y recortada
Solo la cola, al garrón.
Lucero en cada talón
Hace sonar las rodajas
Y con golpes de sonaja
Notas de bronce y de fierro,
Lo hace tocar al cencerro
La overa que lo abaraja…

La tarde, que maravilla,
Quiere la noche atajar
Mientras los mira cruzar
A Lucero y su tropilla;
Gaucho de traza sencilla
Igual que sus pingos viejos
Seis moros, un azulejo
Y es madrina de valía,
La overa, que va con cría
Punteando en lo desparejo…


miércoles, 15 de julio de 2015

Tiempo y olvido




Dicen que tiempo y olvido
Se precisan mutuamente
Que si hay un recuerdo ausente
Hay un tiempo transcurrido
Traté pero no he podido
Dejando el tiempo pasar
Más te vuelvo a recordar
Y como lo presentía
Se desangra el alma mía
Porque no aprendió a olvidar…

Dicen que tiempo y olvido
Se hermanan en el sendero
Donde uno pasa primero
Siempre el otro lo ha seguido
Yo voy a un recuerdo asido
Y el tiempo pasa de largo
Tu recuerdo se hace amargo
O dulce según la hora
Mientras lento y sin demora
El transcurre sin embargo…

Dicen que tiempo y olvido
Se desafían muchas veces
Y un recuerdo permanece
Sobre el tiempo suspendido
Caprichoso y decidido
Tu recuerdo es una espina
Que junto al tiempo camina
A la par mía callado
Y he de llevarlo guardado
Como nadie se imagina…..

Badajo



(Foto: Guido)


Con la silente luz de la mañana
Se despereza el día en su bosquejo
Y a penitas se escucha desde lejos
Que un badajo en el bronce....... toca diana.

Amanece en la estancia y es arcana
La rutina tan agreste y natural
Mientras se escucha un tropel en el corral
Que un badajo en el bronce....... toca diana.

Volverá a caer la tarde limpia y ruana
Sobre el campo sereno, húmedo y frío
Para esperar paciente el tiempo umbrío
Que el badajo en el bronce....... toque diana.


lunes, 9 de junio de 2014

Los moros

(Foto: Eduardo Amorim)


Viene un gaucho trajinao
que deja ver en su traza
que anda lejos de las casas
por cómo se ha'comodao.
Sus pertenencias ha liao,
en dos maletas sencillas,
hay leguas en su tropilla
se ve y al son del cencerro
van ocho moros de fierro
tras la madrina rosilla.

Llega a un paraje y se apea
donde hay una cina-cina,
y le pone a la madrina
despacito la manea;
mientras los moros ventean
un charco que hay en la orilla,
con paciencia desensilla
para caballo mudar
y luego va'embozalar
a un morito testerilla.

Trata el gaucho con cuidao
al animal que es de rienda,
y pa' que el moro lo atienda
bajito lo ha conversao;
una vez que lo ha ensillao
le acomodó las maletas
y allí cerquita está quieta
la yegua como esperando,
y entre los moros jugando
el potrillo a las gambetas.

La madrina desmanió
y lo que sonó el cencerro
están los moros de fierro,
atentos... mirándolo.
Una vez que agua les dio
con el cabresto en la mano
vuelve a montar el paisano
y así a galopear se inclina,
va celando la madrina
otro moro rabicano.

Los moros no tienen brillo
pero a la usanza campera
van todos de cola entera
y tuzados con martillo,
aunque de aspecto sencillo
se nota del gaucho el tino,
es dueño de los caminos
con tropillas de esa laya:
y libre por donde vaya
pisando suelo Argentino.