Mostrando entradas con la etiqueta Domingo Zerpa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Domingo Zerpa. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de julio de 2013

Brujas

(Pintura: "Lechuzas" de Molina Campos)

Estas dos viejas
llenas de arrugas
eran hace años
dos hermosuras;

salían al campo
todos los días
a juntar flores
de maravillas;

volvían de noche
bordeando el río,
y era en el valle
todo suspiros.

Los mozos guapos
se desvivían;
compraban guaicas
pa las imillas.

Y pa las fiestas,
no digo nada,
se amancían
por cuchicharlas.

Mas una tarde
(siempre el destino
que anda vichando
por los caminos),

mientras llovía
relampagueando,
a las dos mozas
las voltió un rayo;

Cayeron tiesas
sobre las tolas.
(Se hizo la noche
pa las dos mozas).

¡Pero qué diantres!
No son mentiras:
resucitaron al otro día,
con tantas huellas
sobre la cara
que parecían
achicharradas.

Desde ese entonces
¡Virgen María!
la una hace curas,
la otra adivina.

Van por el campo,
por todo el valle,
buscando enfermos
de golpe de aire.

Tiran la coca
sobre un rebozo,
miran al cielo
con grandes ojos,

y el cielo cae
como una manta,
sobre las cosas,
sobre las almas.

martes, 8 de noviembre de 2011

¡Juira Juira!

Poesía premiada con medalla de oro en el concurso literario del Éxodo jujeño - año 1931

¡Juira juira!¡Juira juira! Burros pardos,
burros negros, vizcachillos y azulejos.
¡Juira juira! pasa el hombre, así gritando,
con cien cargas de costales y aparejos.

¡Juira juira! De las peñas brota el eco
que se pierde como un lloro en los confines.
¡Juira juira! Por el campo triste y seco
pasa el hombre con ojotas y escarpines.

Pasa el hombre con su recua, mustio y grave,
por la falda pedregosa de los cerros;
y las llamas enfloradas de andar suave
van marchando al tilín de los cencerros.

Desde el valle más lejano hasta la Puna
tras su negro cargamento, paso a paso;
muchas veces con los rayos de la luna
y otras tantas con los brillos del ocaso.

¡Pobre paria! De mis llanos sin sonrojos
lejos siempre de los seres más queridos;
con la imagen de sus hijos en los ojos
y la voz de su mujer en los oídos.

¡Pobre paria! doble paria de esta feria
voluptuosa en que se vive y se delira.
¡Pobre paria! que trajina su miseria
sobre el lomo de su grito: ¡Juira juira!¡Juira juira!

¡Juira juira! ¡Juira juira! burros pardos,
burros negros, vizcachillos y azulejos;
¡Juira juira! Por los churquis y los cardos,
y el cantar de las tiutilas a lo lejos.

¡Juira juira! Las vicuñas asustadas
se dispersan por los negros airampales;
y los cuervos... y los buitres por bandadas
van pasando con sus alas espectrales.

¡Juira juira! Sopla el viento en las quebradas
arrastrando nubarrones por los cerros;
y las llamas... las llamitas enfloradas,
siguen, siguen al compás de los cencerros.

¡Juira juira! De repente, sobre el abra,
se arrodilla el caminante ante un mojón,
balbuceando quedamente estas palabras,
esta súplica bañada en emoción:

- ¡Pachamama, santa tierra, Pachamama
de la Puna: io te juro ser tu esclavo,
si es que suben mis burritos y mis llamas,
sin cansarse ni gotita, el cerro bravo!

¡Pachamama! es todo el grito de una raza
que se extingue poco a poco en las colinas,
mientras queda sólo el eco del que pasa
con la eterna voz del Inca: ¡Juira juira! ¡Juira juira!
......................................................

Vocabulario:

¡Juira juira!: Voz que utilizan los arrieros de la Puna para azuzar los ganados.

Churqui: Espino indígena.

Tiutila: Avecilla de color de canela y plomo, con una mancha negra en el pecho.

Airampales: Terreno cubierto de airampos. Airampo: Familia de cactáceas, cuyo fruto utilizan los nativos para teñir.

jueves, 13 de octubre de 2011

De balde

Si yo te contara
no habías de creyer,
de cómo de macho
m’hei güelto mujer,

de cómo estos ñiervos
de runa atrevido,
en vez de estirarse
se han hecho un ovillo,

cuando a rempujones
me sacó tu tata,
dejando sus manos
marcaus en mi cara.

Si ¡pucha! yo digo
lo que es el amor,
capaz de hacer agua
del mejor alcohol.

Si ya me volvía
con los brazos tiesos…
cuando tu retrato
se prendió en mi pecho.

El era tu pagre;
no habiá que tocarlo.
(Al dueño de tu alma,
cuchillo de palo.)

Bajé la cabeza
como un pagre guajcho,
m’inqué de rodillas,
le pedí llorando;

le hablé d’estas manos,
d’estas manos rudas;
d’esta frente humilde
tostao por el fuego
del sol de la Puna.

Pero ha siu de balde,
¡de balde! mi ñata.
Habiá siu de piegras
el pecho e tu tata.

De balde, mi vida,
que los ojos míos
hayan dau di pena
más agua que el río.

De balde mi boca
si’a hecho boca’í cura,
y a largao palabras
llenas de amargura.

¡De balde!... ¡De balde!
Si ¡pucha! yo digo:
pa qué sería pobre,
pa qué sería indio…

Pero eso no importa,
noviecita’e mi alma
qui al amor del indio,
ni el frío,ni el cerro,
ni el huaira lo ataja.

Tomá mi pañuelo,
secá tus pestañas,
qu’esas gotas, prienda,
son huaicas del alma.

Tomá mi rebenque,
mi poncho, mi manta…
¡Vámonos juyendo
por las huellas largas!

Vámonos juyendo
que la virgencita
de Punta Corral,
con las dos velitas
de su cara blanca,
nos ha’i alumbrar.

¡Malhaya!

No vuelvo a mi casa,
pa qui vo’a volver
si sé que mi tata
me v’a sobar bien.

La máquina grande
del tren pasajero,
pitiando, pitiando,
dejó con sus ruedas
chancaus mis corderos,

blanqueando los güesos
encima la vía,
lo mismo que polvo
de harina cocida.

La lana con sangre,
con motas redondas;
no sirve siquiera
ni pa hacerse una honda,

ni pa’hilar en puisca
ni mismir en palo;
’ta pior que talega
comíu por gusanos…

¡Malhaya, los hombres
que han hecho tuito esto,
pa matar la hacienda
de los campos nuestros.

¡Malhaya, los gringos!
Pero y’han di ver
si no soy guapa
pa voltearlo al tren:

le pongo estas piegras
encima la vía,
y caye antarquita…
la panza p’ arriba.