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jueves, 7 de septiembre de 2017

Fogón de ausencia (Milonga entrerriana)



Una copla y una flor
siempre me das, Entre Ríos
-tierra querida, no olvido
tu dulce calor,
tu corazón de lino-
tu acento me ronda
y alumbra mi tiempo niño.

Raíz antigua de cantor,
florece en coplas tu suelo;
por tus cuchillas sestean
la luz y el calor
espejándole al cielo
-cielito entrerriano
por donde se van mis sueños-.

En mi fogón de ausencia sos
rescoldo de cariños
-vuelvo con tu silbar:
(chiflido)

A tus pagos ya me voy,
la huella se me hace corta
-el aire acuna un lejano,
un dulce rumor
de chamamé y milonga
y el tiempo se vuelve
bandada de brillo y sombras.

Tierra gaucha y fraternal,
quisiera ser otro río,
para abrazarte por siempre
y dejar en tu paz
mi tiempo de caminos
-crecerme barranca,
cañada, timbó, espinillo.

En mi fogón de ausencia sos
rescoldo de cariños
-vuelvo con tu silbar:
(chiflido)


viernes, 14 de julio de 2017

Una carrera en Antelo

(Pintura: Pascual Costoya)


Recuerdo aquella carrera
que corrieron en Antelo
el rosillo de Marcialo
con el tostado de Melo.

Había carpas, carros, sulkys
y lucí la caballada,
autos y gente platuda
que se jugó su ponchada.

En la ocasión no faltaba
para endulzar el combate
vendedoras de pasteles
y cebadoras de mate.

Las partidas comenzaron
y las apuestas hervían
como cargando tormenta
los minutos se tupían.

El rosillo era una malva,
manso y blandito de boca
y el otro un fuego filoso
que crecía en llama l'hoja.

Emparejar en el "¡Vamos!",
no era un asunto sencillo
y cuando por fin largaron
sacó ventaja el rosillo.

Dos balas palpitadoras
dejan el viento deshecho,
la tarde se desmorona
y golpea en cada pecho.

Estallido de dos ansias
en parejo torbellino,
repiquetea en las patas
de los pingos, el destino.

Fue dura'más no poder
la lucha hasta la llegada,
¡Señores, ganó el rosillo!
pero no le sobró nada.

...Pero no le sobró nada
pero no le sobró nada!


Décima con trinos



Anda una brasa jugando
a incendiar un viejo tala,
brasita que tiene alas
y va al fuego pregonando.
De sangre y muerte es el bando
y con repique marcial
el guerrero cardenal
al aire da su pregón
y ostentando va el morrión
rojo orgullo federal.

Su pardo overol enloda
este honesto jornalero
y al amparo de un alero
su nido barro acomoda.
No le interesa la moda
ni gorjeos solitarios,
no pretende campanarios
ni burgueses privilegios:
su pico no tiene arpegios,
el hornero es proletario.

Es la tristeza del canto
de mujer que ya no espera,
su lejana primavera
llorada con desencanto,
es haber querido tanto
que el canto sólo consuela.
Tiene el corazón en vela
la calandria en su dolor
y por sus trinos, amor,
canta , llora, ríe y vuela.

Oscuras penas de amor
le hicieron buscar olvido,
corazón de amor herido,
quiere esconder su dolor
y con silbo gemidor
llora su amarga congoja
y mientras su llanto moja
la tarde de triste splin,
sólo vemos del crespín
un temblor entre las hojas.

Su canto diminutivo
como su cuerpito es
un canto que no es,
tal vez, un canto sino un motivo.
Es un punto suspensivo
que monótono musita,
es el monte que palpita
 en el sopor de la siesta.
La batuta de la orquesta
la robó una tacuarita.

Por frágil cristalería
suben y bajan las notas,
sinfonía que denota
una agreste juglaría.
El pentagrama que guía
a este entrerriano cantor
es una misa mayor
en dulce clave de miel,
es música de Montiel
en un zorzal de mi flor.

jueves, 13 de febrero de 2014

Milonga de un entrerriano



Soy medio de Feliciano
y aunque naci en Paraná
fue en Colón donde en verdad
aprendí a estrechar la mano.

Me han querido en Gualeguay,
llanura de suaves termas
cuyo río es un poema
que baja de Villaguay.

Federación es clavel
de una costa incomparable
que supo blandir el sable
con "Guarumbá" el indio fiel.

Cuanto a Concordia y sus lares,
salvo mejor opinión,
no es mala ponderación
llamarla tierra de azahares.

La Paz igual que Diamante
se empinan en gesto airoso
junto al Leonado anchuroso
que mira siempre adelante.

El Tala y el Nogoyá
son arroyos que dan nombre,
a unos pagos donde el hombre
es un hombre de verdad.

De Uruguay corazón ancho,
refugio de tradición,
digo con viva emoción
que fue cuna de don Pancho.

Victoria con sus cuchillas
en las luces de la tarde,
palabra que sin alarde
es la octava maravilla.

Gualeguaychú ya se amansa
junto al agua que va al mar,
como el que acaba de amar
y disfruta la bonanza.

Milonga de un Entrerriano,
retozona y verdadera,
te adiviné toda entera
en la palma de mi mano.