miércoles, 4 de julio de 2018

El canto del sur herido (Milonga)



Le pregunté a un locutor
que hablaba de festivales,
cómo eran los recitales
acá o en el interior;
ya que no vi ni un cantor
surero en un escenario,
siendo que es tan necesario
el canto de la llanura
que encierra tanta cultura
como tiene un diccionario.

Dijo que el canto surero
era aburrido, tristón,
y que no llama la atención
a los que ponen dinero;
que hay que serles más sincero,
cantar fuerte, mucho ruido
para darle otro sentido
sino la gente rezonga,
aparte escuchar milonga
es solo para entendido.

Me dije: "pobre de mí,
yo que soy paisano nato
y ando buscando un 'contato'
de ir a cantar por ahí",
y bueno si esto es así,
lo voy a tener presente
y muy cuidadosamente
mi guitarra dejaré,
tan solo la agarraré
para cantarle a mi gente.

A veces no puedo creer
cómo esto ha cambiado tanto,
han ladiao a nuestro canto
y no lo dejan crecer,
no se lo hacen conocer
al que no es de este pelo,
lo esconden bajo de un velo
a tantos cantores grandes,
y ni hablan de José Hernández
que es nacido en este suelo.

Pero soy un convencido,
hay gente que los escucha
y habrá que seguir la lucha
para que no se haga olvido.
El canto del sur herido
porque no quieren que esto haya,
yo seguiré la batalla
sin que naides se interponga
y voy a cantar milongas
por dondequiera que vaya.

Pa'que rumbee

(Pintura: Stella Maris Hansen)


Pago de Samborombón,
día tres, del mes de mayo;
señor, Hilarión Carbayo,
Estancias “El Albardón”.
Con profunda estimación
es que le escribo paisano
deseando que esté cercano
el día de su visita
y espero que esta notita
me lo encuentre fuerte y sano.

Estas líneas Hilarión
aparte de saludarlo,
sirvan para anoticiarlo
de mi nueva ubicación;
discutí con el patrón
don Adrián Ceballos Montes
y pulsando los aprontes
vi que’ra pa’ disgraciarme
y allí decidí largarme
buscando otros horizontes.

Llegando al boliche’e Vedia
que usté conoce y recuerda,
vuelque con rumbo a la izquierda,
más o menos legua y media
si es que el sofocón lo asedia
allí hallará tres ombuses
y un callejón con dos cruces
allí, tuerza pa’l poniente
y lo ha de dar mesmamente
al arroyo Tacuruces.

Cruzando el puente se topa
con un callejón estrecho,
allí metalé derecho
como gringo en plato’e sopa,
saldrá al camino’e la tropa,
ahí tome de referencia
de una loma, la eminencia
y al borde de la barranca
verá una tranquera blanca,
dentre que esa es su querencia.

Si es que conserva el overo
aquel de oreja rajada,
creo que en una jornada
podrá enfrentarse a mi alero;
lleguesé, que aquí lo espero
como en tantas ocasiones,
gustando unos cimarrones
largo y lindo prosiaremos
y entonces retozaremos
mesmo que dos muchachones.

Gente que pasa...1.000.000 !!!




martes, 19 de junio de 2018

Gorra 'e Vasco


(Cuadro: vascos con boina y jugando al mus)



Quizás un vasco lechero
con vos vino desde España
y fuiste a la campaña
acompañando al tambero;
al que corría un parejero
como disputando un duelo
para sujetarse el pelo
le hicistes como una cincha
y le supliste la vincha
que se hacía con un pañuelo.

Y te empezó a usar el criollo
por el vasco alambrador
que trabajaba mejor
si tenía que hacer un hoyo,
o desparramando un rollo
de la púa o de la lisa,
y alguno que la precisa
como que era regalada
la blanco o la colorada
luego usó como divisa.

Gorra’e vasco te nombraron
porque algún vasco te trajo
pero después pa’l trabajo
gringos y criollos te usaron;
si en verano te guardaron
pa’l invierno se te deja,
ya descolorida y vieja
y por el tiempo estirada
cuando era fuerte la helada
sabía tapar una oreja.

Te supo usar el resero
en días de mucho viento
mientras que colgó a los tientos
pa’ bien seguir, el sombrero;
suplistes al serenero
en cuanto al raso ha acampao
o usando el poncho encerao
entonces no te mojaba
pero lo mismo abrigaba
al que iba encapuchao.

Hasta de guante ha servido
en el tiempo de la arada:
una cadena escarchada
en el yuguiyo has prendido,
pa’ la hora’el matecocido
como asiento se te usaba
y… siempre bien le quedaba
al que corría la sortija,
y pa’agarrar la manija
si era caliente la pava.

Te ha usao el deschalador
cuando cargó la maleta,
pa’ jinetiar a un sotreta
también te usó el domador,
el bolsero estibador
en la plancha o descargada,
media chata y alargada
también el calvo te ha usao
¡y si andaba enamorao
disimuló la pelada!

 (Ca. 1984)


 

Gaucha matera


Le doy rienda a la memoria.
buscando en mi suelo apoyo,
pa'tirar con todo el rollo
a tu pasado de gloria
por encerrar tanta historia
en tus paredes camperas,
sacarte grande quisiera
en esta criolla poesía
que trencé en la lejanía
para cantarte matera.

Y ya que me diste usura
vi'a poner todo el talento,
entropillando argumentos
pa'pintarte en la llanura;
porque tu gaucha figura,
sencilla, sin arrogancia,
la retengo en la distancia
cerca 'e la pieza 'e los peones,
más pa'l lao de los galpones
que del chalé' de la estancia.

Por eso gaucha matera,
reliquia de los mensuales,
no cambiarán tus modales
por costumbres extranjeras
ni ocupará la tetera
tu lugar pava tiznada,
compañera en las yerbeadas
cuando solía el paisano,
voltear el aspa temprano
esperando la alborada.

A tu interior me deslizo
con mi duende soñador,
y aunque no esté el asador,
recuerdo el hoyo en el piso
y de un banquito petiso
se recorta la silueta
y restos de una paleta
mezquina un gato barcino
y hasta la bota de vino
veo colgando en la horqueta.

Mientras sigo imaginando
me arrimo hasta tu fogón
y siento que el corazón
quiere seguir retozando,
la pava me va inspirando
con su clásico chiflido
y un perro viejo dormido,
también disfruta el calor
y oigo en la voz de un cantor
versos de Santos Garrido.

Y ahura sujeto el bagual
tordillo del pensamiento
y vuelvo a atar a los tientos
el trenzao sentimental
como siempre liberal
cuando le pego el tirón
y más en esta ocasión
que ha cruzao por mi mollera,
cantarte gaucha matera
escuela de tradición.

miércoles, 6 de junio de 2018

Marcha del caballo criollo



Pequeño gigante de América
sumiso trotante, legüero sin hiel
herencia de noble y estirpe valiente
de brío escondido y morir de pié.

Pequeño gigante de América
galopes heroicos hicieron la luz
librando banderas en el continente
Argentina, Chile y el Alto Perú.

Caballo de peón,
caballo de soldado,
sublime en Chancay
con el abanderado.

Sufrido y tenaz,
olfato de venado,
relincho triunfal,
clarín americano.

La fragua de sus hollares
y sus músculos martillos,
templaron huesos de acero
en cuatro yunques bruñidos.

Grabaron sus iniciales
donde abrieron los caminos
con la "V" de la victoria
los candados esculpidos.


A vos no te importe

(Pintura: Ricardo Martinez Galván)



A vos no te importe 
que tuitos te digan
que yo soy un hombre 
llenito'e defetos'
y que soy dañino 
como el mío-mío
y hasta que soy fiero...

¿Vos no has visto nunca 
cuando se alza un águila
pa'llegar volando
cerquita'e los cielos,
la farra machasa
que arma el bicherío menudo
gritando de envidia su vuelo?

Pues la mesma cosa les pasa
a los que hablan de mí, 
porque saben que me estás queriendo.
Si pa'un hombre, China, 
tener tu cariño
es cuasi lo mesmo 
que llegar al cielo.

A vos no te importe
tuito lo que digan, 
pa'cruzar la vida
hacé lo que yo hice:
Pa cruzar la vida
puse en las maletas
de un lao el cariño, 
del otro el disprecio.

Y en tuitos los ranchos
ande diba llegando,
asigún la gente,
sigún el momento,
sacaba mi carga
pa'dir ripartiendo...

Y llegué a tu rancho!!!
Parece mentira pero yo
(chuic/beso) te juro po'esta cruz
que es cierto...
El lao del cariño
estaba sin tocarlo
y cuasi vacío 
el lao del desprecio.

Cualquiera compriende
que una carga ansina
no empareja el peso
y pa'emparejarlo,
pa'emparejarlo bajé las maletas:
te hablé de un cariño 
que había'e ser eterno.
Te miré los ojos, 
te besé las manos,
te juré' e rodillas
ser siempre bien bueno,
te juré llorando 
quererte ¡pa'siempre!
¡Pa'siempre, canejo!

Y aquél lao que traigo
rebosando'e lleno
temblando'e ternura, 
los volqué a tus pieses
y... y quedé contento!


Po'eso: no te importe
que mucho te digan
que soy un mal hombre, 
que soy un perverso.
Yo pa'vos: soy güeno,
si pa'otros soy malo
será culpa de ellos...!

Porque yo chiruza,
como el espinillo,
¡tengo flores de oro
y espinas de acero!



¡No te enloquezcaas...! (Ranchera)


(Pintura: Molina Campos)



I
Cuano la toque'nel anca
me tiró una patada
a l'altura de la guata
vino otra pa'mis males...
los órganos jienteales
los pude salvar a gatas.

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

II
La nombré, le pegué el grito,
se dio vuelta redepente,
se me vino con los dientes
y no fue de salamera;
me rajó la corralera...
¡la madre que te pariente!

III
Resoplaba la nariz
y me encaró manoteando,
meta silvo y esquivando
la manotié del copete.
¡Hice mierda un caballete,
me despidió revoleando!

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

IV
Hecho culo en un rincón,
mesmo que chancha perreada,
como en la pechera augada
le agarró una tembladura
y la carretilla dura
como tenaza encontrada.

V
Siempre ha sido flor de pinga,
el frente y el anca daba,
suavecito le hablaba
y en donde la mano elija,
por ejemplo la verija
y ni siquiera mosqueaba.

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

VI
"Tal vez ha desconocido
y agarró pa'la macana,
de seguro que mañana
la yegua se ha sosegao'".
-"Ninguna yegua cuñao:
'toy hablando de su hermana".


martes, 5 de junio de 2018

Pero qué lindo al regreso


(Pintura: Ricardo Martinez Galván)




Pero qué lindo al regreso:
se hacen ovillo las leguas,
enormes ansias sin treguas
acorreonadas con rezos.

Ta´que lindo que al regreso,
ya con el pelo crecido
de las ausencias rendido
y de caricias taperas,
trepar como enredadera
hasta tus ojos dormidos.

Pero qué lindo al regreso:
relinchando la entablada,
retretas de clarinadas
me erizan dende los huesos.

Ta'que lindo que al regreso
un guardaganao de hornero,
palo a pique, pajarero,
mangrullando la tranquera.
Y al fondo un rancho que espera
con olor a pan casero.

Pero qué lindo al regreso:
un apuro parejero,
extrañando los aleros
y la ternura del beso.

Ta'que lindo que al regreso
te sorpendan los tallidos
con el fogón encendido
del abrazo siempre estrecho
y en la pampa de mi pecho
se acollaren tus latidos...



lunes, 4 de junio de 2018

A primera sangre


Decía en las jineteadas:
"¡Voy al hombre ,voy al hombre!"
y ganó justo renombre
en ruedas de paisanadas,
quedan las frases grabadas
de aquél criollo genuino
porque fue don Secundino
Cabezas, la gaucha esencia,
diplomada de experencia
en la escuela del camino.


De un modo sencillo y llano
escarbando en la memoria,
quiero relatar la historia
que él me contó mano a mano.
-"Fue en Mataderos, hermano",
me decía con fervor,
"ahi probamos el valor
y trenzamos sin recelo
a primera sangre un duelo
con Dalmiro, el escritor".



El hombre quería probar
sus corajes, sus temores
entre trágicos fulgores
de los filos al chocar.
Quería esa historia contar
después de vivirla él mismo,
encarando el periodismo
de una manera distinta,
mezclando sangre con tinta
para darle más realismo.


Y aunque un duelo es la fiereza
que tantas tragedias labra,
entre el filo y la palabra
puede tallar la nobleza.
Cuando por suerte o destreza
decía el criollo: "lo corté
y en la frente lo marqué
hice pie, dí un paso atrás
y por las dudas, nomás
en guardia firme quedé".


Agregaba: "Esa ocasión
quedé un momento parado
ya que de un hombre cortado
nadie sabe la reacción.
Le dije: "¡Párese don!,
¡don Dalmiro párese!".
Con respeto lo traté
ya que un paisano sencillo
ni peleándose a cuchillo
trata al contrario de 'ché'.


Dalmiro Saenz ese día
ganó por siempre mi afecto,
guardó el facón con respeto
y estrechó la mano mía.
De esta forma repetía
Secundino y  al final
rescato el proceder leal
de dos hombres que pelearon
y a cuchillo cimentaron
una amistad fraternal.



Verso del payador don José Curbelo
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Revista:













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Nota de don Carlos Raúl Risso publicada en su blog "Escritor Costumbrista" el Domingo, 6 de Mayo de 2018.-

Cuando el despuntar del pasado mes de diciembre, se cumplieron 50 años -¡medio siglo!-, de un acontecimiento vinculado a la cultura criolla, que la mayoría de la gente del tradicionalismo desconoce. Ese mes del año 1966, en el ámbito del Círculo Criollo “El Rodeo”, en tiempos en que estaba en el Palomar, el escritor Dalmiro Sáenz enfrentó en duelo a cuchillo y a primera sangre, al poeta gaucho y relator de jineteadas, Julio Secundino Cabezas, “Cunino” para los más allegados.
Esto que así narrado parece algo descabellado, tenía su razón de ser.


El 29/07/1965, Editorial Atlántida lanzó al mercado su nuevo producto: “Revista Gente y la Actualidad”, la misma que 52 años después, luce vigente en los escaparates de los kioscos del país. Como lo resalta su título abarca temas de ‘actualidad’, y del espectáculo, destacándose en sus páginas a personajes de la farándula, artistas y modelos, lugares de vacaciones locales y del mundo, y varios etcéteras. Desde los inicios su éxito era palpable. Y para el público lector su nombre si limitaba (…y así sigue siendo),  a: “Gente”.
Cuarenta años acusaba en esos días Dalmiro Sáenz, quien por entonces ya había publicado una media docena de títulos, conocido el  éxito de ventas y el halago de premios importantes. Trabajaba para la revista escribiendo notas de un tenor y tema distinto al habitual.
Sáenz se caracterizaba por ser un escritor provocador, que no dudaba en meterse con la iglesia y poblar de sexo sus escritos, algo nada común y resistido por parte de la sociedad de esos años. Pero él seguía adelante y así lo hizo hasta el final de su vida, siempre por el mismo andarivel.
Era sobrino del sabio criollista Don Justo P. Sáenz (h) -si mal no he entendido-, porque era hijo de su hermana Lucrecia casada con su primo Dalmiro Sáenz, recibiendo para sí el nombre paterno.
Cincuenta y siete años cargaba Julio Cabezas, de quién ¿qué podemos decir que los amigos lectores no sepan? Por otro lado en el “primer” Tradicional, aquel que era periódico, publicamos en el número 36 un artículo con datos  biográficos al que podemos remitir a los interesados; no obstante recordamos que era un reconocido poeta criollo, que de alguna manera profesionalizó la animación de jineteadas, e hizo popular en sus relatos la expresión “¡Voy al hombre, nomás…! Natal del Chubut, se acercó a Buenos Aires hacia 1929 con motivo de cumplir con el servicio militar, y cumplido el mismo quedó como domador en el 8 de Caballería, y años más tarde ingresó al Mercado Nacional de Haciendas, donde finalmente se jubiló.
Afamado tirador de lazo, en el año ’30 integró el equipo de jineteada que participó de un concurso internacional organizado en Montevideo, Uruguay, donde se coronaron ganadores.
Publicó varios libros de pequeño formato, de los que, muchos paisanos tomaron las letras para cantar por milonga, y varias de ellas fueron llevadas al registro discográfico en la voz de reconocidos cantores sureros.
Presentados, de alguna manera, los partícipes del duelo, volvamos a ese asunto.
Con motivo de presentar una nota “rara” y de fuerte contenido, Dalmiro se propuso vivir un duelo criollo y hacer la crónica escrita de esa, su propia experiencia: de los nervios, de la emoción y adrenalina de estar frente a un adversario que en cualquier momento te puede tener en la punta de su cuchillo, o de lo que se puede sentir si el que primero corta es uno.
No testifica como llegó a “Cunino” ni por qué lo eligió, porque en realidad no ha trascendido que éste tuviera fama de cuchillero; nunca nada al respecto se dijo de él.
Pero lo cierto es que lo visitó, dice, en su domicilio de calle Miguel Quintana, de Villa Insuperable, a pocos metros de la Gral. Paz, donde concertaron el “enfrentamiento a primera sangre”, a desarrollarse en el Círculo Criollo “El Rodeo”. Cuenta Sáenz: “…iba a la casa de un hombre llamado Julio Cabezas, un domador de prestigio, un verdadero artista del lazo, un hombre que manejaba el cuchillo con la misma naturalidad con que yo manejo la birome sobre este papel en donde estoy escribiendo. Iba a pedirle que sostuviera conmigo  un duelo criollo a primera sangre.”
Al día siguiente, a media mañana se encontraron en el lugar acordado, sumándose a los duelistas dos reporteros gráficos y un jurado, al que Dalmiro cita como “el hijo de Cabezas”, aunque el tal mozo -al que siempre presentaba como su hijo-, era un sobrino (Víctor, si mal no recuerdo), hijo de un hermano suyo del que tiempo después que naciera ese hijo nunca más se supo de él, por lo que Julio -que sí tenía una hija mujer-, lo crió como hijo propio.
Dalmiro se descalzó y arremangó un tanto el pantalón vaquero, mientras que su diestra sostenía un cuchillo con defensa en “S”, al que describió como un “facón caronero que yo hace años tuve que acortar porque se me había quebrado la punta”, pero que viendo las fotos uno duda de tal descripción.

Por su parte, Cabezas, empuñaba un facón cabo de plata, sin defensa, que a juzgar por el testimonio gráfico, bien pudo ser una daga (hoja de dos filos); vestía bombacha sujetada por la faja, sin tirador, y lucía sobre el cuello de la camisa de puños abrochados, un pañuelo tendido, coronando su testa un clásico chambergo chico, de ala requintada, mientras que un ponchito liviano de guarda pampa, a manera de escudo le cubría el brazo izquierdo.
Aproximadamente 45 minutos duró la tenida, la que como estaba acordado finalizó cuando asomó la sangre. En un recuadro y en tercera persona, se lee al final de la nota: “…Julio Cabezas es un esgrimista que pone el cerebro en la punta de su arma. Coloca cada golpe y mantiene su defensa de manera tal que pareciera que cuenta con horas para pensar cada movimiento. En realidad todo es cuestión de fracciones de segundos. Dalmiro Sáenz, por su parte, es más intuitivo y actúa mucho en base a reflejos. El duelo -silencioso e intenso como un miedo-, terminó poco después de que el cuchillo de Cabezas rozara el brazo de Sáenz y punteara su frente. Lo de “primera sangre” se había cumplido. El día seguía gris y frío. Se miraron y se dieron la mano. Palabra de hombre.”

Con una foto en color y a toda página, y ocho de distintos tamaños en blanco y negro, la edición N° 73 de Revista Gente del 15/12/1966, se engalanó con una nota distinta, corajuda y curiosa, reviviendo aquellos trágicos duelo en una pulpería, una tabeada, una cuadrera, una riña de gallos… donde “no se jugaba a primera sangre” sino que se jugaba la vida.
Los otros duelos, aquellos para lavar el honor o limpiar ofensas también existieron entre nosotros, pero nunca entre gauchos, sí entre políticos, militares y periodistas. A propósito, en 1878 fue publicado el Primer Código Argentino sobre duelos, intentando fijar normas y reglas para librar los mismos.
En el que aquí evocamos, Dalmiro Sáenz buscó revivir la demostración de coraje de los tiempos gauchos, y enfrente lo tuvo a Julio Cabezas. Claro que ya ha transcurrido medio siglo de aquella remembranza, y ninguno de los dos vive hoy para agregar detalles…
La Plata, 22 de Agosto de 2017

(Publicado en la página Web de El Tradicional, con fecha 22/08/2017)