miércoles, 6 de junio de 2018

Marcha del caballo criollo



Pequeño gigante de América
sumiso trotante, legüero sin hiel
herencia de noble y estirpe valiente
de brío escondido y morir de pié.

Pequeño gigante de América
galopes heroicos hicieron la luz
librando banderas en el continente
Argentina, Chile y el Alto Perú.

Caballo de peón,
caballo de soldado,
sublime en Chancay
con el abanderado.

Sufrido y tenaz,
olfato de venado,
relincho triunfal,
clarín americano.

La fragua de sus hollares
y sus músculos bravíos,
templaron huesos de acero
en cuatro yunques bruñidos.

Grabaron sus iniciales
donde abrieron los caminos
con la "V" de la victoria
los candados esculpidos.


A vos no te importe

(Pintura: Ricardo Martinez Galván)



A vos no te importe 
que tuitos te digan
que yo soy un hombre 
llenito'e defetos'
y que soy dañino 
como el mío-mío
y hasta que soy fiero...

¿Vos no has visto nunca 
cuando se alza un águila
pa'llegar volando
cerquita'e los cielos,
la farra machasa
que arma el bicherío menudo
gritando de envidia su vuelo?

Pues la mesma cosa les pasa
a los que hablan de mí, 
porque saben que me estás queriendo.
Si pa'un hombre, China, 
tener tu cariño
es cuasi lo mesmo 
que llegar al cielo.

A vos no te importe
tuito lo que digan, 
pa'cruzar la vida
hacé lo que yo hice:
Pa cruzar la vida
puse en las maletas
de un lao el cariño, 
del otro el disprecio.

Y en tuitos los ranchos
ande diba llegando,
asigún la gente,
sigún el momento,
sacaba mi carga
pa'dir ripartiendo...

Y llegué a tu rancho!!!
Parece mentira pero yo
(chuic/beso) te juro po'esta cruz
que es cierto...
El lao del cariño
estaba sin tocarlo
y cuasi vacío 
el lao del desprecio.

Cualquiera compriende
que una carga ansina
no empareja el peso
y pa'emparejarlo,
pa'emparejarlo bajé las maletas:
te hablé de un cariño 
que había'e ser eterno.
Te miré los ojos, 
te besé las manos,
te juré' e rodillas
ser siempre bien bueno,
te juré llorando 
quererte ¡pa'siempre!
¡Pa'siempre, canejo!

Y aquél lao que traigo
rebosando'e lleno
temblando'e ternura, 
los volqué a tus pieses
y... y quedé contento!


Po'eso: no te importe
que mucho te digan
que soy un mal hombre, 
que soy un perverso.
Yo pa'vos: soy güeno,
si pa'otros soy malo
será culpa de ellos...!

Porque yo chiruza,
como el espinillo,
¡tengo flores de oro
y espinas de acero!



¡No te enloquezcaas...! (Ranchera)


(Pintura: Molina Campos)



I
Cuano la toque'nel anca
me tiró una patada
a l'altura de la guata
vino otra pa'mis males...
los órganos jienteales
los pude salvar a gatas.

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

II
La nombré, le pegué el grito,
se dio vuelta redepente,
se me vino con los dientes
y no fue de salamera;
me rajó la corralera...
¡la madre que te pariente!

III
Resoplaba la nariz
y me encaró manoteando,
meta silvo y esquivando
la manotié del copete.
¡Hice mierda un caballete,
me despidió revoleando!

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

IV
Hecho culo en un rincón,
mesmo que chancha perreada,
como en la pechera augada
le agarró una tembladura
y la carretilla dura
como tenaza encontrada.

V
Siempre ha sido flor de pinga,
el frente y el anca daba,
suavecito le hablaba
y en donde la mano elija,
por ejemplo la verija
y ni siquiera mosqueaba.

"Ay que joderse
pa'componerse
sino se jode
no se compone".

VI
"Tal vez ha desconocido
y agarró pa'la macana,
de seguro que mañana
la yegua se ha sosegao'".
-"Ninguna yegua cuñao:
'toy hablando de su hermana".


martes, 5 de junio de 2018

Pero qué lindo al regreso


(Pintura: Ricardo Martinez Galván)




Pero qué lindo al regreso:
se hacen ovillo las leguas,
enormes ansias sin treguas
acorreonadas con rezos.

Ta´que lindo que al regreso,
ya con el pelo crecido
de las ausencias rendido
y de caricias taperas,
trepar como enredadera
hasta tus ojos dormidos.

Pero qué lindo al regreso:
relinchando la entablada,
retretas de clarinadas
me erizan dende los huesos.

Ta'que lindo que al regreso
un guardaganao de hornero,
palo a pique, pajarero,
mangrullando la tranquera.
Y al fondo un rancho que espera
con olor a pan casero.

Pero qué lindo al regreso:
un apuro parejero,
extrañando los aleros
y la ternura del beso.

Ta'que lindo que al regreso
te sorpendan los tallidos
con el fogón encendido
del abrazo siempre estrecho
y en la pampa de mi pecho
se acollaren tus latidos...



lunes, 4 de junio de 2018

A primera sangre


Decía en las jineteadas:
"¡Voy al hombre ,voy al hombre!"
y ganó justo renombre
en ruedas de paisanadas,
quedan las frases grabadas
de aquél criollo genuino
porque fue don Secundino
Cabezas, la gaucha esencia,
diplomada de experencia
en la escuela del camino.


De un modo sencillo y llano
escarbando en la memoria,
quiero relatar la historia
que él me contó mano a mano.
-"Fue en Mataderos, hermano",
me decía con fervor,
"ahi probamos el valor
y trenzamos sin recelo
a primera sangre un duelo
con Dalmiro, el escritor".



El hombre quería probar
sus corajes, sus temores
entre trágicos fulgores
de los filos al chocar.
Quería esa historia contar
después de vivirla él mismo,
encarando el periodismo
de una manera distinta,
mezclando sangre con tinta
para darle más realismo.


Y aunque un duelo es la fiereza
que tantas tragedias labra,
entre el filo y la palabra
puede tallar la nobleza.
Cuando por suerte o destreza
decía el criollo: "lo corté
y en la frente lo marqué
hice pie, dí un paso atrás
y por las dudas, nomás
en guardia firme quedé".


Agregaba: "Esa ocasión
quedé un momento parado
ya que de un hombre cortado
nadie sabe la reacción.
Le dije: "¡Párese don!,
¡don Dalmiro párese!".
Con respeto lo traté
ya que un paisano sencillo
ni peleándose a cuchillo
trata al contrario de 'ché'.


Dalmiro Saenz ese día
ganó por siempre mi afecto,
guardó el facón con respeto
y estrechó la mano mía.
De esta forma repetía
Secundino y  al final
rescato el proceder leal
de dos hombres que pelearon
y a cuchillo cimentaron
una amistad fraternal.



Verso del payador don José Curbelo
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Revista:













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Nota de don Carlos Raúl Risso publicada en su blog "Escritor Costumbrista" el Domingo, 6 de Mayo de 2018.-

Cuando el despuntar del pasado mes de diciembre, se cumplieron 50 años -¡medio siglo!-, de un acontecimiento vinculado a la cultura criolla, que la mayoría de la gente del tradicionalismo desconoce. Ese mes del año 1966, en el ámbito del Círculo Criollo “El Rodeo”, en tiempos en que estaba en el Palomar, el escritor Dalmiro Sáenz enfrentó en duelo a cuchillo y a primera sangre, al poeta gaucho y relator de jineteadas, Julio Secundino Cabezas, “Cunino” para los más allegados.
Esto que así narrado parece algo descabellado, tenía su razón de ser.


El 29/07/1965, Editorial Atlántida lanzó al mercado su nuevo producto: “Revista Gente y la Actualidad”, la misma que 52 años después, luce vigente en los escaparates de los kioscos del país. Como lo resalta su título abarca temas de ‘actualidad’, y del espectáculo, destacándose en sus páginas a personajes de la farándula, artistas y modelos, lugares de vacaciones locales y del mundo, y varios etcéteras. Desde los inicios su éxito era palpable. Y para el público lector su nombre si limitaba (…y así sigue siendo),  a: “Gente”.
Cuarenta años acusaba en esos días Dalmiro Sáenz, quien por entonces ya había publicado una media docena de títulos, conocido el  éxito de ventas y el halago de premios importantes. Trabajaba para la revista escribiendo notas de un tenor y tema distinto al habitual.
Sáenz se caracterizaba por ser un escritor provocador, que no dudaba en meterse con la iglesia y poblar de sexo sus escritos, algo nada común y resistido por parte de la sociedad de esos años. Pero él seguía adelante y así lo hizo hasta el final de su vida, siempre por el mismo andarivel.
Era sobrino del sabio criollista Don Justo P. Sáenz (h) -si mal no he entendido-, porque era hijo de su hermana Lucrecia casada con su primo Dalmiro Sáenz, recibiendo para sí el nombre paterno.
Cincuenta y siete años cargaba Julio Cabezas, de quién ¿qué podemos decir que los amigos lectores no sepan? Por otro lado en el “primer” Tradicional, aquel que era periódico, publicamos en el número 36 un artículo con datos  biográficos al que podemos remitir a los interesados; no obstante recordamos que era un reconocido poeta criollo, que de alguna manera profesionalizó la animación de jineteadas, e hizo popular en sus relatos la expresión “¡Voy al hombre, nomás…! Natal del Chubut, se acercó a Buenos Aires hacia 1929 con motivo de cumplir con el servicio militar, y cumplido el mismo quedó como domador en el 8 de Caballería, y años más tarde ingresó al Mercado Nacional de Haciendas, donde finalmente se jubiló.
Afamado tirador de lazo, en el año ’30 integró el equipo de jineteada que participó de un concurso internacional organizado en Montevideo, Uruguay, donde se coronaron ganadores.
Publicó varios libros de pequeño formato, de los que, muchos paisanos tomaron las letras para cantar por milonga, y varias de ellas fueron llevadas al registro discográfico en la voz de reconocidos cantores sureros.
Presentados, de alguna manera, los partícipes del duelo, volvamos a ese asunto.
Con motivo de presentar una nota “rara” y de fuerte contenido, Dalmiro se propuso vivir un duelo criollo y hacer la crónica escrita de esa, su propia experiencia: de los nervios, de la emoción y adrenalina de estar frente a un adversario que en cualquier momento te puede tener en la punta de su cuchillo, o de lo que se puede sentir si el que primero corta es uno.
No testifica como llegó a “Cunino” ni por qué lo eligió, porque en realidad no ha trascendido que éste tuviera fama de cuchillero; nunca nada al respecto se dijo de él.
Pero lo cierto es que lo visitó, dice, en su domicilio de calle Miguel Quintana, de Villa Insuperable, a pocos metros de la Gral. Paz, donde concertaron el “enfrentamiento a primera sangre”, a desarrollarse en el Círculo Criollo “El Rodeo”. Cuenta Sáenz: “…iba a la casa de un hombre llamado Julio Cabezas, un domador de prestigio, un verdadero artista del lazo, un hombre que manejaba el cuchillo con la misma naturalidad con que yo manejo la birome sobre este papel en donde estoy escribiendo. Iba a pedirle que sostuviera conmigo  un duelo criollo a primera sangre.”
Al día siguiente, a media mañana se encontraron en el lugar acordado, sumándose a los duelistas dos reporteros gráficos y un jurado, al que Dalmiro cita como “el hijo de Cabezas”, aunque el tal mozo -al que siempre presentaba como su hijo-, era un sobrino (Víctor, si mal no recuerdo), hijo de un hermano suyo del que tiempo después que naciera ese hijo nunca más se supo de él, por lo que Julio -que sí tenía una hija mujer-, lo crió como hijo propio.
Dalmiro se descalzó y arremangó un tanto el pantalón vaquero, mientras que su diestra sostenía un cuchillo con defensa en “S”, al que describió como un “facón caronero que yo hace años tuve que acortar porque se me había quebrado la punta”, pero que viendo las fotos uno duda de tal descripción.

Por su parte, Cabezas, empuñaba un facón cabo de plata, sin defensa, que a juzgar por el testimonio gráfico, bien pudo ser una daga (hoja de dos filos); vestía bombacha sujetada por la faja, sin tirador, y lucía sobre el cuello de la camisa de puños abrochados, un pañuelo tendido, coronando su testa un clásico chambergo chico, de ala requintada, mientras que un ponchito liviano de guarda pampa, a manera de escudo le cubría el brazo izquierdo.
Aproximadamente 45 minutos duró la tenida, la que como estaba acordado finalizó cuando asomó la sangre. En un recuadro y en tercera persona, se lee al final de la nota: “…Julio Cabezas es un esgrimista que pone el cerebro en la punta de su arma. Coloca cada golpe y mantiene su defensa de manera tal que pareciera que cuenta con horas para pensar cada movimiento. En realidad todo es cuestión de fracciones de segundos. Dalmiro Sáenz, por su parte, es más intuitivo y actúa mucho en base a reflejos. El duelo -silencioso e intenso como un miedo-, terminó poco después de que el cuchillo de Cabezas rozara el brazo de Sáenz y punteara su frente. Lo de “primera sangre” se había cumplido. El día seguía gris y frío. Se miraron y se dieron la mano. Palabra de hombre.”

Con una foto en color y a toda página, y ocho de distintos tamaños en blanco y negro, la edición N° 73 de Revista Gente del 15/12/1966, se engalanó con una nota distinta, corajuda y curiosa, reviviendo aquellos trágicos duelo en una pulpería, una tabeada, una cuadrera, una riña de gallos… donde “no se jugaba a primera sangre” sino que se jugaba la vida.
Los otros duelos, aquellos para lavar el honor o limpiar ofensas también existieron entre nosotros, pero nunca entre gauchos, sí entre políticos, militares y periodistas. A propósito, en 1878 fue publicado el Primer Código Argentino sobre duelos, intentando fijar normas y reglas para librar los mismos.
En el que aquí evocamos, Dalmiro Sáenz buscó revivir la demostración de coraje de los tiempos gauchos, y enfrente lo tuvo a Julio Cabezas. Claro que ya ha transcurrido medio siglo de aquella remembranza, y ninguno de los dos vive hoy para agregar detalles…
La Plata, 22 de Agosto de 2017

(Publicado en la página Web de El Tradicional, con fecha 22/08/2017)

Santos Vega no se calla (Milonga)


(Pintura: ilustración de Juan Carlos Huergo. Almanaque "Avanti" 1948. Colección Biblioteca del Museo Popular José Hernández) 



Al arrimarme a un fogón
en sus tizones ardiendo,
la raza resplandeciendo
deslumbra mi corazón.
Luz de nuestra tradición
que entre los talas acampa,
perfiles de aquella estampa
palpitantes todavía,
despertando con poesía
la soledad de la pampa.

Cuando escucho un guitarrero
natural de llano y monte,
limpia frente de horizonte
bajo el ala del sombrero,
voz templada en el pampero
junto al imponente ombú,
presiento que el caracú
de la estirpe se estremece
mientras que la gloria crece
del payador del Tuyú.

Santos Vega no se calla
porque es la voz de la tierra
y en la paz como en la guerra
junto a nosotros batalla.
Frente a un tiempo que avasalla
su derecho a nuestra gente,
es luminosa corriente
que va clareando lo oscuro,
desde el pasado al futuro
su recuerdo tiende un puente.

Ni el viento de otros lugares
que todo lo gaucho niega,
borrará el nombre de Vega
del criollismo en sus altares.
Cristo de nuestros cantares
su derrota ya es victoria,
si quiso el diablo y la historia
crucificarlo de olvido,
las guitarras han podido
resucitar su memoria.

El puestero (Valseao)


(Dibujo: Alejandro Arnuti)

Permítame patrón, una palabra
que quiero preguntar y por supuesto,
Usted que's hombre leido y de esperencia
sabrá darme razón de lo que siento.

Diez años trabajé de peón de estancia
y veinte con Usted van de puestero,
y al cabo'e treinta años de trabajo
no tengo asegurao ni pan ni techo.

Y fíjese, patrón lo que me pasa,
no puedo trabajar: estoy enfermo;
no se si por las muchas mojaduras
me ha entrao el reumatismo por los huesos.

Y dijo el capataz ésta mañana
que ya no sirvo más, que estoy muy viejo;
que trate de buscar ande meterme,
que tiene en mi lugar otro puestero.

Con una mano atrás y otra adelante,
después de trabajar tantos inviernos,
al verme despreciao cansao y triste
tal vez no han de seguirme ni los perros.

Y es por eso que quiero preguntarle
y dispense, patrón si lo molesto:
el porqué tiene Usted tantas estancias
y yo no tengo ni ande cairme muerto...




Floreos

(Foto del paisano don Julio Secundino Cabezas)



I
Vaya desmontando y pase;
la tranquera está abierta.
Entre sin golpear la puerta,
no espere que lo agasaje.
Usted conoce el paraje,
ábrale grande el garguero
que yo me juego hasta el cuero
por esta tierra que es mía
y no ando con medios días
habiendo días enteros.

II
Mientras estaba sentado
sobre del garrón derecho
sentí que compuso el pecho
y templaba su encordado.
Y aquí me tiene, cuñado;
perdone, no es por su hermana.
Soy hombre que pinta canas
y lo respeta, de veras.
Tengo tres que son solteras:
María, Petrona y Juana.

III
Largue, no más, cuñado,
todo su orgullo argentino;
que sólo deja el camino
matungo que está despiado.
A usted la tierra le ha dado
una voz como a ninguno
y hoy que el caso es oportuno
vaya bordoneando y cante
siempre firme y p'adelante
como patada'e vacuno.

IV
Echele a la tierra arada
semillas de su cosecha;
extiéndale la derecha
al que le haga una gauchada.
Cante que no cuesta nada
como no ocupa lugar...
aquél que sabe enlazar
no anda buscando el viento
con lazo de un solo tiento
hay que saber tironear.

jueves, 31 de mayo de 2018

Templando alto


¡Ah, mi amigo! Si señor
¿cómo no le viá contar?
¡si cuando empiezo a cantar
me tiemplo como el mejor!
Verdá qu’he sido andador
y que andador sigo siendo,
soy de los que aprienden viendo
y oservando los detayes
que’n cayejón, güeya o cayes
la esistencia jué’scribiendo.

Me ha dao el andar la vida
alegría, sinsabores,
desdichas, también honores,
algo grato, alguna herida;
en esa esperencia anida
el saber que me apuntala;
ave que’stiende sus alas
remonta el güelo sin prisa
y cada crioyo priecisa
curtirse, pa’mostrar galas.

Siempre me gustó ensiyar
en cuestiones de paseo
un pingo que’n su escarceo
se supiera soliviar;
en cambio pa’ trabajar
busqué’l de aspeto dormido
pero que se hace estampido
cuando en la rienda se siente.
(Ese sosiego prudente
le deja un resto escondido).

En el cayar con prudencia
no se’sconde cobardía,
es cobarde’l que a porfía
se vuelca pa’ la osecuencia;
el que atúa con decencia
y habla sin gritar, con tino,
defendiendo lo genuino
con firme convencimiento,
¡ese es valiente sin cuento
y en ese rumbo me inclino!

Ser valiente es proceder
dispuesto pa’l tranco atrás
si se dijo algo de más
o se’quivocó al hacer;
agayas hay que tener
si hay que defender a fondo
la cuestión que cala hondo
y enráiza en el sentimiento,
a esas cosas las enfrento:
si hay que responder, ¡respondo!

Ya ve: templando me animo
a cantar con fundamento.
(No siempre’l canto del viento
es el mejor ni el que’stimo);
al fogón a que me arrimo
vuelco mi gaucha esperencia,
y unque humilde de presencia
del diablo, el refrán le dejo:
de que sabe más por viejo
que toda su mala cencia.

Y aura me yama el cencerro
que hace sonar la madrina
de las costumbres genuinas
por un rumbo que no erro;
es que a la güeya me aferro
que trazaron mis mayores
con sus saberes mejores
por los que hoy canto y opino,
con este acento argentino
que tiene patrios colores.


 (17/11/2000)