martes, 7 de abril de 2020

Más que fresco


(Foto: Celine Frers)




Al cáir al rancho de güelta
en una oración tan fría
aquerencia la alegría
tibia, que la brasa suelta;
el fogón, en su resuelta
atitú de dar calor,
ofrece’l reparador
amparo de su templanza,
y el cuerpo mejor descanza
con un mate sentador.

A un banco que suelta quejas
-sentao- las botas me saco
y los pie’ cansao atraco
a unas alpargatas viejas;
al bigote y a las cejas
los siento como mojao,
a los ojos, achinao,
y a la cara muy reseca
¡que te hace’l frío una mueca
el gesto más delicao!
 
Suerte que al lao del fogón
se hacen las horas serenas,
hasta se’ntibian las penas
y se templa el corazón.
Un charrusco sabrosón
bien empareja las cargas
y acorta las noches largas
un verso de muchos pié,
de’sos mesmos que trencé
en tiempo de horas amargas.

Al catre va la osamenta
pa’ redomoniar un sueño,
que amuestra la noche’mpeño
pa’ una helada suculenta;
más de una matra calienta
la cama de mi sosiego
y endemientras que m’entriego
dispacito al dormir mío
pienso, ¡amalaya, que frío!
…y habré de toparlo, luego…

                    (23/07/2001)


Sangre de Fierro

La historia de los hijos de Fierro:

sábado, 15 de febrero de 2020

A poncho nomás

(Foto: Eliseo Miciú)


Voy a pedir un barato
creyendo que soy capaz
de hacer a poncho, nomás,
el decir de mi relato,
es medio potro y lo ato
pa’ darle una palenquiada
enfrente’e la paisanada
y ya con un trecho andau
veré si salgo parau
si pega una costalada.
 
Formé “tropilla” de sueño
a lo largo de mi vida
y entablé la recorrida
ensillando, “el empeño”.
Nunca de nada fui dueño
pero sí en mi corazón,
ha latido la emoción
de manera muy genuina
porque tuve una “madrina”
que se llamó “la ilusión”.
 
Su madre fue “la esperanza”
y su padre “el pensamiento”,
le embozalé “el fundamento”
y de cencerro, “confianza”,
el tañido que se afianza
al valorar la querencia
en los campos de “la ausencia”
entre loma’y pajonales
atravesando los males
curtido con “la vivencia”.

Y entablando “el placer”
también entablé “el sufrir”
y en ese ir y venir
fui sumando “el querer”,
que junto con “el deber”
anduvieron el camino,
cerca’e la madrina vino
uno de pelo intrigante,
medio a la par, adelante,
y su nombre fue “el destino”.

 Marcó un rumbo “la pobreza”,
pero sin tener un real,
de algún momento especial
guardó la mayor riqueza;
tuve “el logro” con guapeza,
que también supe entablar
y otro, pa’ mal recordar
que se llamó “el fracaso”,
ese que cortó mi lazo
y entraron a disparar.

 Ya no estoy entropillando,
es otro tiempo, otra acción,
hoy tengo este redomón
“el relato”, enriendando;
los años fueron pasando
y aquí me tienen plantau,
algo mío he valorau
para seguir en la huella…
Y si no alcanzo una estrella
por lo menos… lo he intentau.

    (23/01/2020)

La flor del Ilolay (Leyenda)



Don Juan - Bernardo


Erase una viejecilla
que en los ojos tenía un mal
y la pobre no cesaba
de llorar.

Una médica le dijo:
- Te pudiera yo curar
si tus hijos me trajesen
una flor del Ilolay.-

Y la pobre viejecilla
no cesaba de llorar,
porque no era nada fácil encontrar
esa flor del ilo-ilo Ilolay.

Mas los hijos que a su madre
la querían a cual más,
resolvieron irse lejos a buscar,
esa flor maravillosa
que a los ciegos vista da.
------------------------------
Bernardo

- Va rajado el cuento, abuelo,
como vos me lo contáis.
¡ No habéis dicho que los hijos
eran tres!
........................................
Don Juan

- Bueno, ¡Ya están!
Y los tres, marchando juntos
caminaron, hasta dar
con tres sendas, y tomaron
una senda cada cual.

El chiquillo que a su madre quería más,
fue derecho por su senda sin parar,
preguntando a los viajeros
por la flor del Ilolay.

Y una noche, fatigado
de viajar y preguntar,
en el hueco de unas peñas
acostóse a descansar.
Y lloraba, y a la pobre
cieguecilla recordaba sin cesar.

Y ocurrió que de esas peñas
en la lóbrega oquedad,
al venir la media noche
sus consejos de familia
celebraba Satanás.
Y la diabla y los diablillos,
en horrible zarabanda
se ponían a bailar.

Carboncillo, de los diablos,
el más diablo para el mal,
¡Carboncillo cayó el último
de gran flor en el ojal!
- ¡Carboncillo!- gritó al verle
furibundo Satanás -,
¡petulante Carboncillo,
quite allá!

¿Cómo viene a mi presencia
con la flor de Dios hechura
que a los ciegos vista da?
Metió el rabo entre las piernas
y poniéndose a temblar,
Carboncillo tiró lejos
el adorno de su ojal.

Y el chiquillo recogióla,
y allá va,
¡corre, corre, que te corre,
que te corre Satanás!
el camino desandando sin parar,
y ganó la encrucijada
con la flor del Ilolay.

Le aguardaban sus hermanos,
y al mirarle regresar,
con la flor que no pudieron
los muy tunos encontrar,
¡le mataron, envidiosos,
le mataron sin piedad!
le enterraron allí cerca
del camino, en un erial,
y se fueron a su madre
con la flor del Ilolay.

Y curó la viejecita
de su mal,
y al pequeño recordando
sin cesar,
preguntaba a sus dos hijos:
-¿Dónde mi hijo, dónde está...?

- No le vimos, contestaban
los perversos, - que quizá
extraviado con sus malas
compañías andará.-

Y los días y los meses
se pasaron, y al hogar,
¡nunca, nunca el pobrecillo
volvió más!
Y una vez un pastorcillo
que pasó por el erial,
una caña de canutos
vio al pasar.

Con la caña hizo una flauta,
y poniéndose a tocar,
escuchaba el pastorcillo
de las notas al compás,
que la caña suspiraba
con lamento sepulcral:

- Pastorcillo, no me toques
ni me dejes de tocar:
¡Mis hermanitos me han muerto
por la flor del Ilolay!




(Pintura: "La flauta del pastor" de Sophie Anderson)

viernes, 7 de febrero de 2020

No vayas al Ingenio




Si no tuvieras hambre, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Si no tuvieras vicios, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Y si tuvieras ropa, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Que allí de madrugada 
deschalarás la caña 
con un machete largo 
y la noche en la espalda. 

Que en el Ingenio, al alba 
sonará la campana, 
y volverás de tarde 
cuando la tarde caiga, 
para comer tu cena 
de batatas asadas. 

Que mientras tú trabajas 
y el cacique te manda, 
él se queda sentado 
de botas y bombachas. 

Que al final de la zafra 
al peso que te guardan 
de los dos que por día 
con el machete ganas, 
te lo dará el Ingenio 
en un par de alpargatas, 

un chaleco, una manta, 
alguna yegua flaca, 
cinco kilos de azúcar 
para endulzar la marcha 
de regreso a tu monte 
porque ya no haces falta. 

Si no tuvieras hambre, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Pero el conchabador 
te arranca de la tierra 
dándote de regalo 
unos kilos de yerba 

y unos litros de alcohol, 
aunque después ingreses 
al Ingenio endeudado 
y al regalo lo tengas 
que saldar con trabajo. 

Si no tuvieras vicios, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Que el Ingenio te mata 
con el sol que te abrasa, 
con el tabaco oscuro 
y la coca que mascas… 

Y si tuvieras ropa, te diría: 
no vayas al Ingenio. 

Pero te compran, indio, 
como a un niño ingenuo, 
con un rifle oxidado, 
con la luz de un espejo, 
con un saco amarillo 
con un sombrero viejo...

sábado, 14 de diciembre de 2019

Como el Chingolo


(Pintura: Luis Nuñez)



Por un tiempo al aclarar
me visitaba un chingolo
y como soy hombre solo,
tuve con quien conversar,
le solía preguntar
de cosa y gente amiga
y él jugando con las migas
que hallaba en mi alpargata,
bailoteando en una pata
para sacarme la intriga.

Si molestaba la llama
o el calor de leña gruesa,
se corría hasta la pieza
para andar sobre la cama;
a veces desde una rama
sin hojas de 'uncalipto'
divisaba lo infinito
más allá del firmamento
pa'ganarle horas al viento
y denunciarlo a los gritos.

Cuando me iba a trabajar
se quedaba de casero
o de no de paseandera
solía al campo a volar,
una mañana al pasar
lo ví así como al descuido,
muy mimoso presumido
coqueteando una chingola
que también andaba sola
con ganas de hacer su nido.

Con el andar de los días
la cosa empezó a cambiar
y a mí me entró  a retratar
su manojo de alegría,
con su pareja había
sumido en obligaciones
sustentando las razones
que da el porqué de la vida
como en busca la comida
para criar a los pichones.

Fue un encanto ver crecer
a sus cuatro chingolitos
y la yapa de un negrito
que los tuvo a maltraer,
les pedía de comer
sin denotar suspicacia
y haciendo gala de audacia
cuando estuvo grande y gordo,
les pagó como buen tordo,
se fue sin decirle: gracias.

Hay mucha desemejanza
con el chingolo y 'Mistena'
a mi mujer por ser buena
le dieron un hijo'e crianza,
fue nuestra luz, nuestra esperanza,
mientras estuvo emplumando
pero sin decirnos cuando
como ese tordo alzó el vuelo...
mi mujer ya está en el cielo
y yo en el rancho, esperando.





Gaucho cielo


        (Pintura: Enrique Castro)


                                            A mi overo “El Llamador”


Deseguro en “trapalanda”
mi gaucho “rosiyo overo”
se haberá güelto matrero
pues la libertá ayí manda.
Naides te’nsiya ni te anda,
solo el viento sabe cómo,
se apila sobre tu lomo
y te sacude las porras
aprontándote a que corras
libre y señor de tu aplomo.

¡Tierra gaucha si la hay:
el cielo de los cabayos!
ande overos, zainos, bayos
retozan libres, velay!
tuitos los pelo’están áhi
en una inmensa manda.
A veces, a las chuequiadas
se acercan gauchos parejos
como a pispiarlos de lejos
pa’ evitar la desbandada.

Ojalá de que haya un cielo
tal cual, pa’l que’s güen paisano
ande se traten de hermanos
hombres gauchos de este suelo,
esos machazos agüelos
que son como libro abierto
y ande se mezcle, por cierto
aquel que joven marchó…
Ese cielo quiero yo
¡si hasta lo sueño dispierto!

“Trapalanda”, cielo puro
ande retoza el cabayo
que me yevó sin desmayo
sobre su lomo, seguro;
en mi compuesto procuro
con el ricuerdo mejor
la milonga superior,
homenaje al pingo mío,
canto crioyo al que confío
sepa yegar cumplidor.

                          (12/12/2019)

domingo, 27 de octubre de 2019

Colorao, Colorao...! (Tango campero)



Un relámpago, a lo lejos,
cruzó como puñalada,
y un trueno, tras el reflejo,
rodó en la sombra angustiada.

Una carreta cargada
con un farol titilante
se ve hamacando, cansada,
siempre sendero adelante.

Hay ansias de pasar pronto
del repecho al otro lao;
después, déjelo que llueva,
cuando estemos resguardaos.

Colorao, Colorao...!
Siempre sobón. . .!
Colorao, Colorao...!
Ay, bueycito regalón. . .!

Qué pucha, la loma negra,
hoy es como nunca 'e larga. . .!
Empezó a chispear; por suerte,
llevo tapada la carga:

la seda, el paño, la sarga,
la yerba y la medecina,
no corren el riesgo, y menos
el pañuelo de mi china.

Ya ventió pa' la querencia
el 'Hosco', y pega un envión;
el Colorao, como siempre,
tan pesadazo y sobón.

Colorao, Colorao...!
Siempre sobón. . .!
Colorao, Colorao...!
¡Ay bueycito regalón. . .!

Gracias a Dios, que pasamos
muy a tiempo la cañada,
pues cuando crece es difícil
salvar de alguna volcada.

Ya diviso la ramada
y la luz de mi ranchito;
picanearé al Colorao
despacito, despacito...

Qué pucha, si el 'Hosco' tiene
mas apuro que los dos. . .!
Deja que llueva, que el agua
es la bendición de Dios.

Colorao, Colorao...!
Siempre sobón. . .!
Colorao, Colorao....
¡Ay, bueycito regalón....!



viernes, 11 de octubre de 2019

De vuelta (o "Rumbeando Pa Las Casas" -Milonga)

(Pintura: Francisco Madero Marenco)



Después de haber castigao
quemando en forma severa
el sol dió la vuelta entera
y allá abajo se ha tumbao.
Sus rayos han aflojao
y ante sus fuerzas escasas
librao de sus amenazas
voy a marchar con la fresca,
pa que así cuando amanezca
me halle cerca de las casas.

Allí cerca, a la madrina
diez rosillos la rodean;
diez pingos que se florean
si les toca una fajina.
Una que otra cina-cina
le hacen marco a la visual,
y el reseco pastizal
al mirarlo así aparenta
una alfombra amarillenta
que nace atrás del corral.

Ya queriendo anochecer
casi estando entre dos luces
desde el puesto "Los Ombuses"
la vuelta voy a emprender.
Salí al tranquito y al ver,
del sol muy escasos brillos,
entre el canto de los grillos
vi echando atrás a mirada,
que seguían a la gatiada
los otros nueve rosillos.

En un silencio absoluto
que ni se siente avanzar,
la noche, al poquito andar
se está vistiendo de luto.
La distancia le discuto
a la güeya con prudencia,
porque yo tengo querencia
y estoy ansiando el regreso
impaciente como el preso
que está esperando sentencia.

El montado, de improviso,
una espantada me intenta
al ver blanquiar la osamenta
de un animal yeguarizo.
Alzo la vista y diviso
todito el cielo estrellao,
y hasta se me ha figurao
viendo allá arriba la cruz
que estoy mirando al trasluz
un poncho todo augeriao.

Corría un vientito de frente
medio fresco y además,
arreaba pa el lao de atrás
la polvadera caliente.
Al tranco y pausadamente,
de mi voluntad muy dueño
sigo el rumbo con empeño
y a los amagos primeros
entre el cencerro y los teros
me van ahuyentando el sueño.

Me doy cuenta al ir marchando
aunque parezca mentira
que una lechuza me mira
y un chajá me está sobrando.
Más allá como añorando,
está un viejazo esquinero
donde hizo nido un hornero
y al verlo tan tieso y mudo
parece un negro desnudo
que está parao sin sombrero.

Paré pa mudar caballo
en la inmensa soledad,
calculando la mitad
si en la distancia no fallo.
Pa que sepan les detallo
todo el cuidado que tomo,
y con precaución y aplomo
al soltarlo a mi rosillo
con el revés del cuchillo
le di vuelta el pelo al lomo.

Ni un alma se me ha cruzao
mientras voy pa mi destino
porque en la noche, el camino
es muy poco transitao.
Pa hacer las penas a un lao
que me atropellan de intento
le doy vuelo al pensamiento
y un estilo en la ocasión
es freno pa el corazón
y manea pa el sentimiento.

Ya en el rancho este paisano
está al cimarrón prendido,
y el día se ha sorprendido
por que le he ganao de mano.
El sol ilumina el llano
y en la campera extensión
cada rancho es un mojón,
monumentos los baguales,
y las güeyas y corrales
un altar de tradición.