lunes, 30 de junio de 2008

"Receta"


Via a darles unos consejos
y que me atiendan les pido:
Saben que soy conocido
como curandero viejo.
Y me da rabia ¡Canejo!
ver que a través de los años,
toavía creen en los engaños
que tiene la medecina;
si que ajuera cualquier china
sabe curar hasta daños.

¡Hay que dejarse e bobiar ,
pa creer la realidad
Si naides en la ciudad ,
puede saber pa' enseñar.
Si la cencia de curar
no se apriende a dos tirones
Y aunque nieguen los naciones
esta machaza verdad:
pa' cualquier enfermedad
bastan yuyos y oraciones.

Pa que vean que soy macho,
sin mañas ni malas tretas,
via darles unas recetas
y abran el ojo¡caracho!
Para curar un empacho
un dotor no sabe nada.
Yo con pezuña quemada,
yerba, el pollo y santiguao
dejo el empacho curao
sin tener una fallada.

No hay nada mas apropiao
pa' curar del padrejón;
que el hinojo o el cedrón
con algun manipuliao.
El sauco: pal resfriao;
pa sabañones, la ortiga;
Marcela, pa' la barriga
y mejor remedio no hallo:
que arazá y cola e caballo
pa' riñones y vejigas.

Al pasmo real ,Don Garrido ,
lo cura presto y sin yerros
con bosta blanca de perro ,
y abrojo grande, cocido.
Pa la histiricia es sabido,
un remedio muy mentao
pues yo siempre la he curao
por mas bellaca que sea:
colgando en la chimenea,
un trapo e lana mojao.

Si el asma da un sofocón,
se pita un cigarro chico
hecho con flor de chamico ,
o con las del floripón.
Pa curarse un sabañon:
se deja en el fuego un rato
un poco e tuna en un plato,
despues lo refriega fuerte;
Y , pal orzuelo es la muerte:
la cruz con la cola el gato.


Pa partos: vahos de artemisa ,
pa la fiebre: suzuayá
y raiz de mburucuyá:
A la vejiga suaviza.
Al intestino lo alisa
la oreja e tigre en pomada.
Pa coyontura sacada,
la leche del higuerón;
y el güen apio cimarrón ,
pa' tuita herida infestada.


Pa' la mala enfermeda
ya sea de nueva o de vieja:
El Quelpe ,yerba 'e la oveja ,
la miona , o el zucará.
Un remedio de verdad,
pa curar la Risipela:
es friyendo con canela
y hojas de moralito,
otras tantas de eucalipto
y un poco de sebo e vela.

Bueno ... con Dios mis paisanos.
Yo con la Virgen me quedo.
Por hoy salgo de este enriedo
y doy descanso a mis manos
Deseando que esten hermanos ,
contentos de haber nacido.,
Reciban como despido,
con tuita sincerida':
Un guascazo de amistad
Del viejo Santos Garrido.

Por culpa de las gauchadas.


Estaba bastante en ruina,
sin plata en el tirador
y calzé de domador
en una estancia vecina.
Cuando pisé la cocina
a una sirvienta que había,
los ojos se le salían
del aujero 'e la cabeza;
yo pensé de mi pobreza
la moza se asustaría.

Al otro día bien temprano
mi recau acomodé,
si hasta un mandil le saqué
pa' que quede más liviano.
Vino la moza, en la mano
un mate amargo traía;
al tiempo que me pedía
que le ayudara a ordeñar
"si es baquiano pa' apoyar
yo tironeo todo el día"...

Ordeñamos la lechera.
Me fuí a buscar la manada,
al volver la vi afirmada
en el palo e' la tranquera.
Me dijo: "yo aura quisiera
me ayudara uste a juntar,
unas leñas que hay pa' echar
en aquél monte tupido;
pa' que no se haga el perdido
yo lo voy a acompañar"...

Llevé leña a la cocina,
apurao me fui a ensiyar;
me habían dau pa'galopiar
el potrillo e' la madrina.
Pero esa moza ladina
se me volvió a aparecer.
Dijo: "usté no va a creer,
ayúdeme a cortar chala
los chanchos están sin comer"...

Puse a los chanchos panzones
medio atoraus por los choclos.
Eya decía: "otro poco
que estos son muy comilones"...
Se empacharon los glotones
ya había yegau medio día,
entonces ya no podía
al potrillo galopiar
y tuve que desensiyar
con la bronca que tenía.

Así después de almorzar
me tiré un rato a la siesta
¡pero que china molesta!
me tuvo que despertar.
Me dijo: "Va a perdonar,
están todos descansando,
pero de acá estoy mirando
unos patos entre los juncos;
vamos nosotros dos juntos
no sea que se estén augando"...

Era un pato cimarrón
y dos o tres gallaretas
y en esas tantas gambetas
me topé con el patrón.
Me preguntó: "El redomón,
¿ya pronto podré ensiyar?"...
Hoy se la pude chantar
y arreglarle bien las cuentas:
"Si acá manda la sirvienta,
yo no puedo jinetiar".

Conté todo lo pasau
aquél atento señor.
Me dijo: "Hágame el favor,
váyase por ande ha entrau".
Otra vez ando tirau
culpa esa china malvada,
lástima tan reservada
que nunca me dió un lugar;
sino ya le iba a enseñar
tanto pedirme gauchadas.


¡Qué ocurrencia!...



Trajo el patrón, pa la estancia,
un toro fino, importao,
y creo que lo había comprao
en Inglaterra o en Francia.
Un animal de prestancia
con más cuidao que una alhaja,
y pa sacarle ventaja
mejorando los planteles
dormía el toro en "Los Jagüeles"
en cama de buena paja.

Yo pa ese entonces, me acuerdo,
redomoniaba un picazo
que era más "pronto" que hachazo
pegao con el brazo izquierdo.
Y como nunca fui lerdo
pa enseñar un animal,
como un hombre liberal
pero con mala intención
saqué al toro del galpón
pa soltarlo en un corral.

Monté y después, despacito,
-como escondiendo una treta-
al toro, por la paleta,
le pegué un empujoncito.
Escuchó el picazo un grito
con mi acento varonil,
y sarandeando el cuadril
se dió el toro a disparar,
y ahí se lo entré a "descolgar"
a dos velas y un candil.

Como el pingo tenía rollo
le iba gritando certero:
¡acomodate extranjero
que te está golpiando un criollo!
De entre las patas, un pollo,
salió con vida arañando,
todo asustao, cacariando,
pasando alguna penuria
cuando yo en toda la furia
traiba al toro recostando.

Después... para qué les cuento...
se apareció el mayordomo,
malísimo, hinchando el lomo,
hasta quedar sin aliento.
Me parece que lo siento
gritar desde la tranquera;
más colorao que una hoguera
estaba loco de atar,
y...¡ya lo mandé a "pasiar"
con una frase muy fiera!

Cuando lo supo el patrón
enseguida me pagaron
y como a un perro me echaron
sin darme una explicación.
Pero si esa tentación
me costó una sacudida
aunque pierda otra partida
no hay cuidao que retroceda,
¡y seguíré mientras pueda
haciéndome el gusto en vida!

La llovizna.


Aclaración:(Este tema originariamente se llamaba: "El día en que las copiosas precipitaciones desbordaron las posibilidades de defensa de los pobladores de un vasto territorio de un área deprimida de nuestra provincia").

Todo empezó a media tarde
cuando un viejo salió afuera
y así como una zoncera:
hablar de sabiduría,
dijo que le parecía
que ese día iba a llover.
Pero mucho no iba a ser,
a lo sumo cuatro gotas
nadie preparó las botas
y en efecto entró a llover.

El viejo les había dicho
mirando la luna llena
que ni valía la pena
que amasaran torta frita.
La cosa iba a ser cortita,
una nube pasajera;
no había peligro e goteras,
el viejo un poco le erró:
y así fue como llovió
once semanas enteras.

Llovía como en Europa,
o sea, de arriba pa' abajo
las viejas pelaban ajo
y en la estancia "el Avestruz"
se había cortado la luz
ese día justamente.
Es por eso que la gente,
que narra esta trayectoria
si no le erra mi memoria
y yo mal no los educo:
se estaban jugando un truco
a lo oscuro, de memoria.

Se había juntao tanta agua,
hasta el altor de la mesa.
Se les veía la cabeza
a los que estaban sentados
y seguían encarnizados,
orejeaban chapoteando,
iban los naipes flotando
de muy náutica manera,
en fuentes y compoteras
que ahí oficiaban de bote
casi oxidado el cogote,
verde de humedad la pera.

Un rey de copas remando
con el canto del as de espada
pasó que se las pelaba
en un plato hondo y veloz.
Una sota andrajosa
daba lástima de verdad,
muy mojada y además
ya casi azul por el frío:
el panorama invadido
por los bichos de la humedad.

En vez de mezclar los naipes,
los paisanos, escurrían,
estiraban, retorcían,
y ahí nomás le seguían dando.
Se les iban oxidando
los oros y las espadas,
los bastos se les brotaban,
las copas estaban llenas;
pues iban buenas y buenas
y ninguno le aflojaba.

Ya para el segundo treinta
los petisos ni hacían pie
prender fuego, haigalé,
si estaba todo mojado.
Los fósforos denigrados
por un destino pluvial
reflotaba cada cual
lo mejor que se podía
y la lluvia que seguía
cargosa en el vendaval.

Los porotos pa' anotar
con semejante humedad,
germinaban y ahi nomás
eran plantas de poroto.
Estaba el equilibrio roto,
en la madre biología,
los perros medio se hundían
de nadar acalambrados
y en el techo acomplejados
los gatos sobrevivían.


Los sombreros ida y vuelta
salvataje de gallinas,
sapos, ranas y sardinas
formaban sus procesiones
algunos patos silbones,
veintinueve gallaretas,
cadáveres de tijeretas,
alpargatas y chimangos,
eran objetos flotando
a la altura de la jeta.

El agua ablandaba todo:
disolvió una mortadela
y arrastró catorce abuelas
que miraban el torneo.
Todo se puso más feo
cuando uno de los presentes,
va y rompe inocentemente
el flotar de una botella,
detergente había en aquella
y otra desgracia se suma
la casa llena de espuma
y pánico que atropella.

Al final la correntada
los arrastró a una laguna
y le cortó treinta y una
a un viejito protestón.
Había llovido un montón
y un gaucho que se asomó
con la dialéctica ¿vió?,
tan típica del paisano,
dijo cruzando las manos:
-"La pucha: ¡cómo llovió!".

Romance en celeste y blanco.


Un pedazo de suelo de mi patria
y un fogón orillando la alborada
entre mate y pitada, trasnochao,
el cimarrón girando en rueda gaucha,
mientras a media voz sobre el paisaje,
un cuento se alza en vuelo de guitarras
y la voz paisana del relato,
forma prieta golilla en la garganta.

"Fue, fue cuando en tuita Salta
no hubo criollo que mezquinara
el pecho ante las balas...
La montaña...
la montaña y el llano eran altares
donde el coraje macho de la raza;
entre lágrimas, chuza, sangre y sable
consagraban la victoria de mi patria".

"Cada voz,
cada voz era un grito de: "¡¡¡A LA CARGAAAAAA...!!!"
que sonaba a clarín en las patriadas
y cada mano gaucha: garra fiera
que la batalla prolongaba en lanza".

..............................................
- "Con su permiso, Señor".
- "Pasá muchacho"...
-"Vengo de Tacuaral soy Juan Peralta
y he galopiao diez leguas
pa' pedirle que me deje
peliar en las patriadas.
Tengo un ruano ligero como el viento
y una daga...
y una daga filosa en mi tacuara".

-"¿Un encargo, decís?"
-"Mesmo. E' un encargo de mi Mama.
Ej una deuda ¿sabe?...
Ej una deuda que me ha dejao mi Tata,
cuando cayó guapeando en una carga;
pa' que su hijo mayor se la pagase
con la sangre caliente de esos maulas".

-"¿Y...cuántos años tenís?
-"¿Yo?... yo voy pa' trece...
y mi hermano por once, por hay le anda".

-"¿y qué dirá tu mama si los matan?
-"...¿Qué se yo? Mi Mama...
¡Mi mama va a decir que supimos morir como... Peralta!".
.................................

Y el más chico agarrao a los pantalones
del Comandante y llorando,
llorando pero sabiendo que va a morir
por ese algo "MACHO",
por ese algo grande
que es como la madre
que tuito lo da
y que nada lo pide
y que se llama: ¡PATRIA!

Arrodillao le dice:

-"¡Señor!, ¡Déjeme morir peleando, Señor!
¡Que yo se lo juro!
Mi Mama no va a llorar si nos matan, Señor,...
Mi Mama no va a llorar si nos matan, Señor,...
porque mi Mama, Séñor...

mi Mama es ¡¡¡GAAUCHAAA!!!".

El Brujo


Soy "brujo".
Vivo en el pago...
cuasi al borde de l'ausencia.
Siempre hay resabios de noche
rondando por mis taperas...

Cerca nomás, está el monte:
le saca punta a mis mentas
con garras de ñapindaces
y colmillos de cruceras.

Tuito el pago me conoce.

Mi nombre recorre leguas
dentrando por las bombillas
a las prosas fogoneras,

filtra por quinchas raliadas
a'nde la luna gotea,

y se mete, en los boliches
al naipe... por las orejas.

Ya hace mucho que no salgo.

Vivo encerrao en mi cueva,
retobao y ponzoñoso
como araña de manguera.

Soy una sombra.
En las sombras
dos puntas como de yesca;
un frío casi sin sangre
-como una muerte que acecha-

y un montón de yuyos secos
y de cueros de culebras...

"D'en antes era otra cosa..."
-según el pago comenta-

(Pero... yo truje el asombro,
la fantasma, las leyendas...
Aquerencié lobizones,
puse el susto en las taperas,
y encendí las luces malas
para alumbrar las tragedias...)

Sin embargo...
Cuando vine,
mi intención no era la mesma:
Yo era agatas, un yuyero
baqueano p'hayar las yerbas
que curan algunos males
y alivian... tuitas las penas.

Por un disgraciao, peleaba
con los montes y las sierras
hasta arrancarles un yuyo
sin precio pa' la pobreza!

Pero entonces... me acosaron:
"Líguelo al Juan, que me deja!

"¡Echele "mal di ojo a Pedro!"

"¡Al Ramón, que me disprecia,
si lo hace secarse en vida
le doy los pesos que quiera!".

Y luché en contra del odio,
la ignorancia y la miseria,
hasta que al fin, ni el milagro
de mi "magia" - cuasi cencia-
de mi "magia" -"yuyo verde"-
pudo con la magia negra
de la maldá rencorosa
de los machos y las hembras!

Por eso es que los odeo

Por eso vivo en mi cueva,
retobao y ponzoñoso
como araña de manguera:

Me vencieron
Me apartaron
¡Me hicieron "brujo" a la fuerza!

Por eso...
Vivo en el pago
cuasi al borde de l'ausencia...

Siempre hay resabios de noche
rondando por las taperas
a'nde nunca hubo un rescoldo
de piedá pa mi esistencia!

"Ta bién nomás...
Seré "brujo".
Pero es bueno que se sepa
que no hay pior brujo que el pago;
Yo?
... solo llevo las mentas!


Con el lenguaje del mate.



Me largué pa' saludarla,
a ñá Florinda Raquel.
Una viejaza tan fiel
que bien merece nombrarla.
A más, vale ponderarla
y no a modo de remate,
antes que yo me desate
a hacerle un buen homenaje;
a quien me enseñó el lenguaje
con el idioma del mate.

Dijo que es cosa genuina
que el llamado "cimarrón"
tanto lució en el fogón,
como lució en la cocina;
y que la china argentina
lo tuvo pa'su combate
y ansí esta expresión le late
con divino resplandor
y habló en secreto de amor
ayudada por el mate.

Cualquier moza irá diciendo
con un mate muy caliente...
de que segura presiente
que ya se está derrientiendo.
Cualquier gauchito sonriendo
a esta costumbre se ata.
Mate muy dulce desata
a una prienda decidida,
diciéndole que "enseguida
tenés que hablar con el tata"!.

Mate dulce es amistád
y con leche estimación,
con café se da un perdón
con toda sinceridad.
Cuando hay cordialidád
es con azucar quemada,
espumoso que es su amada
y con naranja el lenguaje
dice que "tome coraje
y se la lleve robada".

Amargo es indiferencia
o quitate la ilusión,
llegás tarde a mi rincón,
molestás con tu presencia.
Ansí poniendo su cencia
obraba con desagrado,
al dar un mate lavado
la moza quería decir:
que se va a tener que ir
a tomar mate a otro lado.



 

sábado, 28 de junio de 2008

Los diez hermanos Rosales.




Un rancho que allá se vía,
viejazo, largo, achatao,
fue el puesto más alejao
en la estancia "LA PORFÍA".
Daba un ombú su alegría
pegadito a los corrales,
y entre haciendas, pastizales,
y entre relinchos de potros
allí nos criamos nosotros;
los diez hermanos Rosales.

Mi padre el viejo Zenón,
cumplidor, serio y formal.
Jamás carnió un animal
sin que supiera el patrón.
Mi madre, Aurelia Almirón
fue virtuosa pa' cumplir
y aunque el lavar y zurcir
mucho tiempo le llevaba,
siempre un rato le quedaba
pa' enseñarnos a escrebir.

Mi hermano mayor, Hilario,
como pa zurdo, por tal caso,
tanto al facón como al lazo
los lleva del lao contrario.
Tiene pa' el trabajo diario
seis bayos y un azulejo,
y aunque va llegando a viejo
pobrón y con poca suerte
puedo decirles bien fuerte
que es un paisano parejo.

Yo soy Jacinto Rosales,
soltero por conveniencia
porque a resero, la ausencia,
suele acarrearle sus males.
El tranco de mis baguales
por cien rumbos me ha llevao
del catre estoy olvidao
y voy, sin que me haga meya,
reseriando en cualquier güeya
y durmiendo en el recado.

El que sigue es Antenor,
campero entre los camperos,
corredor de parejeros
bailarín y buen cantor.
Por caprichos del amor
cambió a menudo de china,
pero en una tremolina
del pago se hizo perdiz
y aura vive muy feliz
"arrimao" con Juana Urbina.

Demetrio, Ignacio y Benito,
-por los consejos de tata-
reuniendo una poca plata
han arrendao un campito.
Ahí resalta como escrito
el valor de cada cual,
y como el medio rural
al más "quedao" despabila
vieron después de la esquila
redoblao el capital.

Victoriano es de alma buena,
pero...la sangre salpica...
y encerrao en Sierra Chica
'ta purgando una condena.
Recuerdo con mucha pena
cuando por unas zonceras
tras dos palabras muy fieras
se desmontó de un tordillo,
y en una pelea a cuchillo
mató a un hombre en las carreras.

BAlbino y Julián Rosales
son aplicaos domadores
que de sus mismos valores
no me hallaran dos iguales.
En sus riendas y bozales
resalta el trabajo fino,
y aquí mi opinión mezquino
porque pa' hablarles sincero
si Julián es buen soguero
¡ahí nomás anda Barcino!

Serión, pero mal arriao,
mi hermano menor, Tadeo,
supo ser mensual de arreo
en "Las Tunas" de Alvarao.
Si el hombre no anda alunao
es suave como una esponja
pero no es santo ni es monja,
y no se porqué cuestión
le dió una soba al patrón
que cuasi gasta la lonja.

Y ansí somos los Rosales
gente campera y honrada,
capaces de una gauchada
como los más liberales.
Virtudes muy naturales
con que Dios quiso dotarlos,
y al terminar de nombrarlos
viá decir, mordiendo el freno,
¡que habrá que pitar del bueno
pa' atracarse a repecharlos!.

viernes, 27 de junio de 2008

El regalón de mi Tata.



En una noche e verano,
clara como huevo e tero,
iba montao en mi overo,
llevando de tiro al ruano.
Era caballo baqueano
pa cabrestear a la par
y eso que entraba a escarciar
con la fresca y relinchando,
pa mi que diba cantando
con las ganas de llegar.

Fui mensual de Las Mostazas,
en el Carmen de las Flores
como quien va pa Dolores,
a unas seis leguas escasas,
iba yendo pa las casas
pobre, triste y achatao.
Iba medio acobardao,
cruzando esos cañadones
y más caído en ocasiones
que hoja de zapallo helao.

Llegué a General Belgrano
donde se cruzan dos trenes,
al tiempo que unos jejenes
me espantaba con la mano.
En eso se paró el ruano
y quedó como clavao,
el mancarrón asustao
me quitó y salió sin yel,
encaró el paso a nivel,
y el tren me lo hizo finao.

Gran pucha las que pasé
en esa noche tan fiera,
nunca corrí una carrera
donde tan fiero me fue.
Cuasi tuve una de a pie
cuando el capataz me echó
y ahura ta que lo tiró,
viene el tren y me lo mata
al regalón de mi tata
que tanto me lo encargó.

Cero a cero.



Allá por el horizonte,
en un estadio cerrao,
juegan los seleccionaos
de las sierra y los montes:
de un lao el rinoceronte,
un mono y un avestruz,
un perro, un pato, un ñandú
y los cinco delanteros:
un lagarto, un burro, un tero,
un caballo y un tatú.

Del otro bando la urraca,
un elefante y un ciervo,
de jalf es un gato, un cuervo
y del centro - jaf, la vaca;
las cinco piezas que atacan:
son un gallo y una pantera,
una tortuga guatera
y un loro que es una flecha,
y allá en la punta derecha
han puesto una chancha overa.

Comienza el partido...
Toma la pelota el gallo,
que es un huevo de avestruz,
este la pasa al ñandú,
pero intercepta el caballo;
con la rapidez del rayo
este la tira a un costao,
como está bien colocao
la está griando el lagarto:
habran campo, que los parto,
pero tira muy desviao.

Toma el perro ,da a la vaca
esta le hace un pase al ciervo
pero intercepta el cuervo
que vuela al ras de la cancha;
se produce una avalancha
todo el mundo se alborota,
la culpa es de la gaviota
que gritó desde el tabú,
- "que lo saquen, al tatú,
que no agarra una pelota!".

Viene el centro alto y ceñido,
toma de voleo el perro,
le tiene miedo a los fierros
y se pasa a los ladridos;
el juego está suspendido,
está que explota la hinchada,
el burro flor de patadas
la dio en la panza al caballo,
quiso cacarear el gallo
pero el juez no cobró nada.

Cuando arremetía el pato,
detiene la carga el loro
pa cobrarle faul al toro
en la persona del gato,
suena de nuevo el silbato,
viene el huevo de avestruz
salta el perro y el ñandú;
y el mono con una piola
lo tiene atao de la cola,
por si entra al juego, el tatú.

Domina el juego la chancha
que tira bajo y rasante,
pero atento el elefante
ya está al medio de la cancha.
La tortuga hace la plancha
entonces toma la vaca
esta primero se hamaca,
le hace un pase a la pantera:
esta tira de primera
pero ataja bien la urraca.

Se arma lío al poco rato
entre el caballo y la chancha
porque este de atrás la engancha,
ella le gritó : "animal"...!;
el mono gritó: -¡"penaaal!"
y el juez lo echó de la cancha.


Se han entrompado el elefante
y se ha vuelto pura arruga
por culpa de la tortuga
que no va para adelante,
hay un chajá vigilante
que nervioso se pasea
después se armó otra pelea
porque un grillo en el vestuario,
dijo que no es partidario
de tacticas europeas.

Ya se juegan los descuentos
el score es cero a cero
toma el huevo el teru teru
que arremete como viento,
en ese mismo momento
se produce un caso extraño:
la urraca sufre un engaño,
el perro se ha puesto malo,
la culpa es del picapalo
que le comió el travesaño.

En eso grita la chancha,
desde el extremo derecho,
que si no le dan afrecho
se retira de la cancha,
vuelve, otra vez, la avalancha,
entra el león enfurecido,
queda el estadio vacío
cada bicho pa su agujero.
El score es cero a cero
y así terminó el partido.




El pedido


Mándeme en nombre paisano
de la amistad de nosotros
un par de botas de potro
bien graniaditas a mano.
Bolee cualquier orejano,
cuando salga a las laderas,
encebe bien sus potreras
y le ajunta los garrones,
suebran por esas regiones
crudos pa´engordar bicheras.

Aunque usté sabe cueriar
tenga cuidado al sacarla
y sobre todo al lonjiarla,
no me las vaya a cortar
las quiero pa´zapatiar
con mis espuelas de plata
y aunque pueda creer que a gatas
me asujeto los garrones
sepa q´en los pericones
me baja el alma a las patas.

Póngaselas con rocío
usté q´es medio patón
me les amolda el garrón
a lo justo p´al pie mío
en su sabencia confío
gaucho prolijo lo sé
las punteras cuésale
con un pespunte Oriental
y no deje delantal
que estribo con todo el pie.

No les haga de botón
las guasquillas de jareta
porque mis dedos macetas
no sirven pa´ un apurón
las prefiero de correón
pál hombre que anda en baguales
y aunque no es muy de Orientales
son fácil de desatar
ñudo pampa der acortar:
dos tientos en dos ojales.

Pa´estreno les voy a atar
mis enormes nazarenas
con cabrestos de cadena
o alzaprima de ajustar
un crudo voy a ensillar
pa´ lucirlas si él me deja
tengo la costumbre vieja
que cuando voy jineteando
corro la pata espueliando
hasta el tronco de la oreja.

Cuando me las traiga vamos
a asar un buen costillar
chupando sin apurar
pa´ver si no nos mamamos,
porque si a hablar empezamos
de yerras ,de jineteadas,
pericones y payadas
y estancias que conocemos;
es seguro que tendremos
el chifle a las testeriadas.

La boina'e vasco



(Foto: Luis Pedro Hardoy)

En pocas palabras quiero
contarles como al descuido
algo que está en el olvido
de muchos versos camperos,
opino que es lo primero
que un hombre va a acariciar
cuando se dentra a pasar
la mano por la cabeza,
le da una tibia pureza
“la boina ‘e vasco” al rozar.

Con el tambero ella espera
madrugadas de rocío,
se calienta en el vacío
de alguna vaca lechera,
pa’ largar una carrera
como bandera se usó
y si algún criollo encontró
huevos de tero fresquitos
en la boina y al tranquito
pa’l rancho se los llevó.

Porque es prenda muy barata
se acomoda donde quiera
y la usas de agarradera
cuando hirve la pava ‘e lata;
su presencia es siempre grata,
no molesta en ningún lau
y hasta en el mismo poblau
la veo lucirse orgullosa
sobre el pelo de una moza
o algún viejito acriollau.

La boina no se acompleja
por la forma que le diera,
si hay sol le encajás visera,
si hay viento, hasta las orejas;
ella comparte tus quejas,
sufre con tus desconsuelos,
por áhi la tirás al suelo
descargando un malestar
y a veces pa’ festejar
feliz, la tirás pa’l cielo.

La “conserva” es colorada
y blanca la “radical”,
la negra es primordial
que a todo criollo le agrada;
pienso que nadie ni nada
puede olvidar tu pasao
y hoy contento he comprobau
con alegría y anhelo
que una gris con mucho vuelo
se está ganando al mercau.

Si le prestás atención
a su vida cotidiana
verás que la boina hermana
nuestra gaucha tradición;
se encuentra en cualquier reunión,
le calma el nervio al cristiano
cuando a veces el paisano
le habla de amor a una china
buscando palabra fina
la hace jugar en sus manos.

Si un día queda en la huella
y ya no puedas usarla
la que venga a reemplazarla
va a ser eficaz como ella;
los años no le hacen mella
pero le abrirán la herida,
si le das la despedida
sin tenerle compasión,
tirándola en un rincón
por vieja y por desteñida.

Viejo facón.


Viejo facón oriental
que un bisagüelo entrerriano
atravesando un pantano
encontró por un casual.
En mi vida de mensual
sos la mas clara evidencia,
y apegao a mi existencia,
en tu vaina descansando,
vas conmigo desvirando
los tientos de la paciencia.

Viejo facón cabo e' plata
gastao en la empuñadura
hermano de mi cintura
y regalo de mi tata:
con vos tuzé aquella ingrata
que me quiso basurear,
y tuve que lastimar
al que salió en su defensa,
jurando por esa trenza,
no volverme a disgraciar.

Sin embargo aquella vez
que me rigorió el patrón,
aunque yo tenía razón
no quisiste hacer de juez.
Por respeto a su vejez,
me jui tragando amargura
y el mal recuerdo me dura
porque en vez de hincharle el lomo,
a mi mano, ni se cómo,
la asujeté en mi cintura.

Cuando la hija 'el puestero
se ahorcó por un mal amor,
vos cortaste el mañador
que ella ató en el alero.
Cuando en un pial certero
cayó un sotreta quebrao,
vos mesmo lo has despenao
de la manera más criolla,
dentrándole justo en la golla
pa' que muera desangrao.

Viejo facón camarada,
de hoja delgada y filosa
sin mí vos no sos gran cosa
y yo sin vos no soy nada.
Tu punta en una rodada,
me habrió un tajo en la cadera.
Pero la moza pueblera
que me atendió de esa herida,
con una pasión fingida
me hizo otra herida más fiera.

Viejo facón justiciero,
que en una tacuara larga,
entraste en la última carga
de aquél abuelo pionero.
Reliquia, plata y acero,
prolongación de mi brazo;
sos el amigo gauchazo
que me harás sentir más juerte,
cuando al peliar con la muerte
le tire el último hachazo.





jueves, 26 de junio de 2008

Estilo Nº 8"De la calandria".





En un paisaje de adobes
y de piedras solitarias,
debajo del cielo puelche
una calandria cantaba.

(En el corazón tenía
una guitarra hechizada.)

Cuántas cosas le salían
de su sangre enamorada:
todo el canto de la tierra
le cabía en la garganta.

(Qué dios remoto y silvestre
le regaló tanta magia?)

Era el triste de los yuyos,
la huella de las aguadas,
era el estilo del viento,
la milonga de las bardas.

(Porque mil pájaros sabios
era la sola calandria.)

Una vez regresó el río
con pifulcas desbordadas,
y sus viejas sinfonías
me repitió la calandría.

(Era una niña de cobre
con un cacharro de lágrimas.)

Dónde andará con su canto?
De quién serán sus tonadas?
Con esta música vuelve,
pero mi voz no la alcanza.

(Se me ha vuelto la calandria
una guitarra con alas!)


a Margarita Monges, poeta

miércoles, 25 de junio de 2008

El Perdón.


Son las cinco de la tarde
en un pago de leyenda.
A estas horas el ombú,
se saca el poncho violeta
y lo tiende sobre el suelo
curtido de la tranquera.

No pasa una virazón.
El patio se recalienta
con un brasero e'malvones,
prendido no bien clarea,
adonde las ponedoras
van a pintarse las crestas
y cuasi siempre murmuran
su rosario las abejas.

El rancho es de palo a pique.
Parece que jué carreta;
porque entuavía se ven
entre los yuyos dos ruedas:
una, es la boca del pozo
y la otra, la manguera.

Dicen que todo era dulce:
el agua, el techo y la dueña,
una viejita muy blanca,
que dejó viuda la guerra
con cuatro hijos varones...
y se echó esa cruz a cuestas.

Sus manos son un milagro
de amor; porque sale de ellas,
tierno el pan del amasijo,
tibia la leche que ordeñan,
blanco de espuma el mantel
en el altar de la mesa,
donde esas manos bendicen
la caridá de la cena,
con la hostia de la luna
azulando la cumbrera.

Esas manos día a día,
sacan calor de la rueca,
pa antibiar cuatro pichones
que desplumó la pobreza.

Y esas manos de la madre,
con diez palitos sin juerza,
van haciendo cuatro gauchos
a rigor de potro y sierra.

Si alguna vez se enojaba
con un gurí, siempre ella,
antes de cerrar la noche,
le dió la mano derecha
para que él se la besase
con un: "perdonáme vieja"!
Nunca se pudo dormir
con un hijo en penitencia.

Y esa tarde, el más muchacho,
estando solo con ella,
olvida la ley de Dios,
levanta un puño y golpea
el pecho de aquella madre,
que es una santa de güena.
A'i nomás monta a caballo
dejándola cáida en tierra.

Y a la oración, cuando güelven
los cuatro para la cena,
está el fogón apagao
y hay un frío de tapera...
-¡Mama! - nadie le responde.
Temblando ya, la campean.
Como buscan a la altura
del corazón, no la encuentran;
porque la madre está allí,
pero sobre el piso: muerta.

Los cuatro mozos de luto,
al campo santo la llevan.
Pesaba tan poco en vida...
y aura no pueden con ella!

Doblan por las cuatro puntas
aquél pañuelo de tierra...
cain unas flores de yuyo...
se santiguan ... y la dejan.

Al otro día un vecino,
al pasar por allí cerca,
avisa que a la finada
le quedó una mano ajuera.

¡Cómo ! Se miran los cuatro
y denguno malicea,
güelven, le cubren la mano
y pa mejor protegerla,
rodean la sepultura
con un corralito'e piedra...

Y la misma tarde, un hombre
que cruza con su carreta,
le dice que vió la mano
otra vez a flor de tierra...

Entonces, al más muchacho,
le habló al 'oido la concencia;
porque se puso 'e rodillas
en el corralito 'e piedra,
bajó la frente y llorando,
pa que la madre l'oyera,
como cuando jué gurí,
dijo: "Perdoname vieja!"
Cubrió de besos la mano...
después la cubrió de tierra...
y como salía solo
para perdonar la ofensa,
dende la tarde del beso
ya descansó bajo tierra...

Y naides más vio la mano
de la madrecita güena,
que nunca pudo dormir
con un hijo en penitencia.


(Dibujo: José Montero Lacasa)

martes, 24 de junio de 2008

Una moto resabiada.


Tengo tropiya entablada
me quise motorizar
y se me ocurre comprar
una moto colorada.
La mandaron embalada
envuelta en una arpillera
casi pura de carrera
que joya más colosal
pa correr es especial
la llaman "superligera"

Estaba loco e contento
ya ni en el suelo pisaba
a mi vieja le mostraba
pa los dos era el asiento.
Cuando tengamo un momento
la tenemos que estrenar
te la viá hacer disparar
por el asfalto brilloso
los vecinos envidiosos
cómo van a criticar

Toqué el botón de "contrato"
y la dejé acelerada
con una juerte patada
puse en marcha el aparato
-"Viejita esperáme un rato
le via encajar un vareo
verás como piloteo
mirá de abajo el ombú
si me encuentro algún ñandú
seguro te lo boleo".

Echando gran humareda
arrancó a los avalanzos
pasó por dentro e los gansos
los tapé en la polvadera
la pucha que cosa fiera
ya no veía más la vieja
por la güella despareja
me temblaba el caracú
me le eché sobre el tustus
y agarráu de las orejas

Recién me vine acordar
tantos botones tenía
pero cuál se apretaría
cuando uno quería parar.
Por hay me tocó pasar
por el rancho a la carrera
mi vieja que estaba afuera
a gata alcanzó a gritar:
"No te vayas a largar
que se te va a hacer mañera!"

Vieran visto disparar
a mi moto colorada
tal vez estaría asustada
que ya no quería parar.
Otra vez vine a cruzar
junto al rancho un pajonal
mi vieja tan servicial
siempre valiente y serena
le hacía ruido con la avena
que había echau en el morral

Cambiando de dirección
hasta un vecino llegué
y a la pasada grité
cuál era la solución.
Menos mal un mocetón
que la sabia manejar
con otra me echó a la par
yo pensé que iba a enlazarla
Me gritó: "Tenés que augarla
si no la podés parar!"

Agarré derecho al río
que hay que augarla yo sentí
al medio la zambullí
todavía se ve el chisperío
Me sacaron muerto e frío
y con la ropa empapada
la moto quedó allá augada
no me crean atrasao
algún chambón la ha cargau
a esa "moto resabiada".




domingo, 22 de junio de 2008

Cosas que pasan


Nadie salió a despedirme
Cuando me fui de la estancia,
Solamente el ovejero,
un perro,... cosas que pasan.
El asunto, una zoncera,
Un simple cambio ´e palabras,
Y el olvido de un mocoso,
Del que pude ser su tata.
Y yo que no aguanto pulgas,
A pesar de mi inorancia,
Ya no más pedí las cuentas,
Sin importarme de nada.
Y no hubiera pasao esto,
Si el padre no se marchara,
Pero los patrones mueren,
Y después los hijos mandan.
Y hasta parece mentira,
Pero es cosa señalada,
Que de una sangre pareja,
Salga la cría cambiada.
Los treinta años e servicio,
Pal´mozo no fueron nada,
Se olvido mil cosas buenas,
Por una que salió mala.
Yo me había aquerenciao,
Nunca conocí otra casa,
Y apegao a las costumbres,
Me hallaba en aquella estancia.
Si hasta parece mentira,
Mocoso sin sombra e´barba,
Que de guricito andaba,
Prendido de mis bombachas.
Por él le quité a unos teros
Dos pichoncitos. ¡Malaya!,
y otra vez, nunca había bajao un nido
y por el gatié las ramas.
Cuando ya se hizo muchacho
Yo le amansé el malacara
Y se lo entregué de riendas,
Pa´que él solo lo enfrenara.
Tenía un lazo trenzao,
Que gané en una domada,
Pal´santo se lo osequié,
Ya que siempre lo almiraba.
Y la única vez que el patrón
Me pegó una levantada,
Fue por cargarme las culpas,
Que a él le hubieran salido caras.
Zonceras, cosas del campo,
La tranquera mal cerrada
Y el terneraje e´plantel
Que se salen de las casas,
Y eso , pal´finao patrón,
Era cosa delicada.
Y bueno pa´qué acordarme
De una época pasada,
Me dije pa´mis adentros,
Todo eso no vale nada.
Sin mirar nos arreglamos,
Metí en el cinto la plata,
Le estiré pa´despedirme
mi mano, pa´que apretara,
Y me la dejo tendida,
Cosa que yo no esperaba.
Porque ese mozo no sabe,
Si un día de hacerle falta...
Tranqueando me fui hacia el catre,
Alcé un atao que dejara,
Y rumbié pal´palenque,
Echándome atrás el ala,
Ensillé, gané el camino,
Pegué la última mirada:
Al monte, al galpón,
los bretes, El molino, las aguadas.
De arriba abrí la tranquera,
Eché el pañuelo a la espalda,
Por costumbre, prendí un negro,
Talonié mi moro pampa,
Y ya me largué al galope,
Chiflando como si nada.
Nadie salió a despedirme
Cuando me fui de la estancia,
solamente el ovejero, un perro,
cosas que pasan....

El maceta viejo

1

Tenía marcada "El Maceta"
una pechera en el pecho,
el lomo medio deshecho
del recao y la silleta.
En la panza y la paleta
güellas de cincha y pretal,
detanto tratarlo mal
aquella gente perversa,
quedó tobiano a la juerza
y bichoco el animal.

2
Siendo caballo de andar,
anduvo pal chacaneo
y siempre que hubo un rodeo
lo agarraron pa enlazar.
Jue guapo pa galopear
y tragó leguas sin fin.
Movía con el rastrín
por más cargao que estuviera
o rompía la pechera
o quebraba el balancín.

3
El sirvió más de una noche
pa dir hasta una milonga,
atao a la villalonga,
entre las varas del coche
El anduvo a troche y moche
con el barril aguatero,
jue cadenero y ladero,
jue de sulky y jardinera,
y en los "trescientos" de ajuera
cuidao con él compañero!

4
Pero el tuso le cortaron
y le pelaron la cola
y a una calle media sola
una mañana lo echaron.
De esta forma le pagaron
todo el servicio prestao!
les cabrestió resignao,
como siempre... liberal;
le sacaron el bozal
y allá quedó abandonao.

5
Dejó el pasto que él comía
pa otro caballo mejor,
era el último favor
que el dueño ingrato le hacía.
Al tiempito no tenía
más que los güesos y el cuero,
a veces el día entero
pasaba como distráido,
y el labio de abajo cáido
como un inmenso puchero.

6
Allá vivió como pudo,
entre vizcachas y cuises,
a veces comió raíces,
haciendo las del peludo.
Aunque estaba medio habudo
un tiempito pellizcó
y tan mal no la pasó
mientras tuvo agua el pantano
pero al llegar el verano
ni un charquito le quedó.

7
Enfrente de la tranquera
desesperao vino a dar,
pero ya podía esperar
pa que alguno se la abriera!
No había duda que aquel era
el principio de su fin.
Aunque jue güen saltarín
saltar no podía tampoco,
porque estaba tan bichoco
que lo paraba un piolín.

8
Al ver un matungo flaco
que estaba cáido en el suelo,
sofrenándose en el vuelo,
se le arrimó un pajarraco.
Después de este bicharraco
vino enseguida un montón
y, por equivocación
ya creyéndolo osamenta,
un chimango le revienta
el ojo de un picotón.

9
Levantó el cogote a gatas
cuando lo dejaron tuerto.
Todavía no estaba muerto
y alcanzó a mover las patas,
hizo tiritar las matas
con un resuello profundo;
allí estaba el cuervo inmundo
que le deseaba la muerte...
Así suele ser la suerte
del que hace bien en el mundo!

10
Aquel que llevara el tarro
con el mate p'al rastrojo;
aquel que nunca fue flojo;
ni en el arao ni en el carro;
aquel que pisara el barro
quién sabe pa cuántos ranchos
murió rodeao de caranchos,
gaviotones y chimangos
que habían de hacerlo miñangos
con los perros y los chanchos.

11
En una de las orillas,
donde ya se entierra solo,
sabe asentar un chingolo
sobre las blancas costillas.
Y allá contra las varillas,
aunque naides lo recuerde,
la osamenta ya se pierde
en un trebolar en flor,
que en todo su alrededor
crece más alto y más verde.

12
Si algún resero asujeta
por el camino el arreo,
la tropilla hace un rodeo
y aquellos güesos respeta.
La madrina queda quieta
deteniéndose en el viaje
y mientras que hace coraje
pa dir a olfatear el perro,
hace un silencio el cencerro
como en señal de homenaje.


La leyenda del mojón.


Llovía torrencialmente
Y en la estancia del Mojón
Como adorando al fogón
Estaba tuita la gente.
Dijo un viejo de repente:
"Les voy a contar un cuento
Aura que el agua y el viento
Train a la memoria mía...
Cosas que naide sabía
Y que yo diré al momento.


"Tal vez tenga que luchar
Con mas de un inconveniente
Pa que resista la mente
El cuento sin lagrimear,
Pero Dios que supo dar
Paciencia a mi corazón
Tal vez venga en esta ocasión
A alumbrar con su reflejo
El alma de un gaucho viejo
Que ya lo espera el cajón.

"No se asusten si mi cuento
Les recuerda en este día
Algo que ya no podía...
ocultar mi sentimiento.
Vuelquen todos un momento
La memoria en el pasao
Que allí verán retratao
Con tuitos sus pormenores
Una tragedia de amores
Que el silencio ha sepultao.

"Hay cosas que yo no puedo
Detallar como es debido,
Unas, porque se han perdido
Y otras, porque tengo miedo...
Pero ya que en el enriedo
Les metí, pido atención,
Que si la imaginación
Me ayuda en este momento
Conocerán por mi cuento
"La leyenda del Mojón".

"Alcáncenme un amargo
Pa que suavice mi pecho,
Que voy a dentrar derecho
Al asunto, porque es largo;
Haré juerza sin embargo,
Pa llegar hasta el final,
Y, si atiende cada cual
Con espíritu sereno,
Verán como un hombre güeno
Llegó a hacerse criminal.

"Setenta años, ¡quien diría!
Que vivo aquí en estos pagos
Sin conocer más halagos
Que la gran tristeza mia.
Setenta años no es un día,
Pueden tenerlo por cierto,
Pues si mis dichas han muerto
Aura tengo la virtud
De ser pa esta juventud
Lo mesmo que un libro abierto".

Iban a golpear las manos
Por lo que el viejo decía,
Pero una lagrima fría
Los detuvo a los paisanos.
"Hay sentimientos humanos,
-Dijo el viejo conmovido
-Que los años con su ruido
No borran de la memoria,
Y este cuento es una historia
Que pa mi no tiene olvido.

"Allá en mis años de mozo,
Y perdonen la distancia,
Sucedió que en esa estancia
Hubo un crimen misterioso.
En un alazán precioso
Llegó aquí un desconocido,
Mozo lindo, muy cumplido,
Que al hablar con el patrón
Quedó en la estancia de pión
Siendo dispués muy querido.

"Al poco tiempo nomás,
El amor lo picotió
Y el mocito se casó
Con la hija del capataz.
Todo marchaba al compás
De la dicha y el amor
Y pa grandeza mayor
Dios les mandó con cariño
Un blanco y hermoso niño
Mas bonito que una flor.

"Iban pasando los años
Muy felices en su choza,
Ella alegre y guena moza,
Él juerte y sin desengaños.
Pero, misterios extraños,
Llegaron... y la traición
Deshizo del mocetón
Sus mas queridos anhelos
Y el fantasma de los celos
Se clavó en su corazón.

"Aguantó el hombre callao
Hasta dar con la evidencia
Y un día fingió una ausencia
Que jamás había pensao.
Dijo que tenía un ganao
Que llevar pa la Tablada.
Que era una guena bolada
Pa ganarse algunos pesos
Y así entre risas y besos
Se despidió de su amada.

"A la una de la mañana
Del otro día justamente,
Llegó el hombre derepente
Convertido en fiera humana;
De un golpe hechó la ventana
Contra el suelo en mil pedazos
Y avanzando a grandes pasos,
Ciego de rabia y dolor,
Viendo que su único amor
Descansaba en otros brazos.

"Como un sordo movimiento
en seguida se sintió,
después un cuerpo cayó
y otro cuerpo en el momento.
Ni un quejido, ni un lamento
Salió de la habitación.
Y pa concluir su misión
Cuando los vió dijuntos,
Los enterró a los dos juntos
Donde hoy está ese mojón.

"En la estancia se sabía
Que la ingrata lo engañaba
Pero a él nadie le contaba
La disgracia en que vivía.
Por eso la polecía
No hizo caso mayormente,
Pues dijeron: "La inocente
Se jue con su gavilán..."
Y en cambio los dos están
Descansando eternamente".

- ¡Ahi juna! - grito un paisano
-Si es así lo que habla el viejo
Ese era un macho, ¡canejo!
¡Yo le besaría la mano!...
-¡Yo soy! - le grito el anciano
-,¡Venga, m´hijo, besamé!...
Yo jui m´hijo el que maté
A tu madre disgraciada
Porque en la cama abrazada
Con otro hombre la encontré.

- Hizo bien tata querido
- Gritó el hijo sin encono
-,Venga, viejo, lo perdono
Por lo tanto que ha sufrido;
Pero aura, tata , le pido
Que no la maldiga más,
Que si jue mala y audaz
Por mi perdónela, padre,
Que una madre, siempre es madre,
Déjela que duerma en paz!...

Los dos hombres se abrazaron
Como nunca lo habían hecho,
Juntando pecho con pecho
Como dos niños lloraron,
Padre e hijo se besaron
Pero con tal sentimiento,
Que el humano pensamiento
No puede pintar ahora
La escena conmovedora
De aquel trágico momento.

Los ojos de aquella gente
Con el llanto se inundaron
Y todos mudos se quedaron
Bajo un silencio imponente,
Volvió a decir, nuevamente,
Allí están en el mojón
Y poniendo el corazón
El anciano en lo que dijo,
Le pidió perdón al hijo...
Y el hijo le dio perdón.


Pd: Juan Pedro López, seudónimos "Pata brava" y "El león", nació en Echevarría (Canelones) en 1885 y falleció en Montevideo, en La Unión, en 1945.



viernes, 20 de junio de 2008

Un par de botas.





Sentado en su despacho,
el comisario estaba ojeando expedientes,cuando el cabo
se presentó trayendo al detenido,
un mozo de treinta años a lo sumo,
vestía bombacha gris y corralera
pilchas que a juzgar por la vejez,
daban pruebas de la miseria de su dueño.

- "...Me lo entregó el sargento, comesario!
Este es el que antiyer robó unas botasle robo unas botas
del boliche 'e los Vascos...".
- "...Unas botas... ¡aha!, ¡ladron barato!
¿como te yamas, vos?"-
- ..."Orencio Nievas...",
- "¿Y de ande sos?,
- "De acá mesmo, siñor"!
- ¿Trabajas?,
- "...no siñor. No hayo trabajo.
Estuve conchabao pa' la cosecha
en la chacra e Barcala, pero en cuanto
termino la juntada del máis, me echaron
Aura hago algunas changas y ansí vivo..."
- "¿A que le llamas "changas"..., a andar robando?"
El paisano bajo la vista al suelo.
-"¿Ande tenes la botas?"
- En el rancho.
- "¡Cabo!... ¡mande a buscarlas!
y paseló nomás pal calabozo
que ya vamos a ver cuanto le damos"

Salió el cabo llevando al detenido,
y el comisario se quedo pensando:
-"Un par de botas!", ni pa robar sirven
estos paisanos vagos.

No habian pasao dos horas,
que un milico se le cuadró:-"Con licencia!,
-¡Acá tiene las botas, comesario!
Me las dio la mujer del detenido;
las tenía puestas el hijo,
un chiquilín de unos siete años...".

- Ajá!...¿Conque esas son las botas?,... son muy chicas
pa ensuciarse las manos!...
y que decia la mujer?,
- "¡Y.... nada,! Yoraba como una Madalena, comesario
...y cuando me hiba a dir, me dio esta carta
pa que se la entregue a ud en sus propia manos...".

- "Haber... deame"
-"... Mujeres que les piden los maridos,
¡nada mas natural!..., pero lo malo
que siempre los hayan angelitos,
aunque les hagan sombra al mesmo diablo!...
¡Pero esa carta era distinta a todas!
Escrita en un papel de estraza,
mugriento y arrugao, las palabras
eran una hilera torpe de garabatos
que habia estampado la gracia y la inocencia
de aquella criatura de siete años,
¡ajena por completo a la desgracia
que la miseria echó sobre su rancho.

El ceño del comisario se fruncía
al tiempo que la hiba descifrando,
y al acabar de leer, casi temblaba
la hoja de papel entre las manos!

- "¡Agente!",
- "¡Mande mi comesario!".
- "¡Vaya y degüélvale a la mujer de Nievas
esas botas que ha traido!,
... Dígale que jue un error, que nos disculpe...,
Dispués va y le pregunta al bolichero
cunato cuestan las botas..., ¡se las paga
y que se olvide 'el caso!
¡Espere!... ¡No se vaya!...A Orencio Nievas
ya mesmo me lo larga... y que no deje
de llegarse hasta aqui mañana mesmo,
...puede que le haiga hayao algun trabajo...".

Se retiró el milico tras la orden.
El comisario se acomodó en la silla
y al par que liaba un poco de tacao
repasó aqueya carta, que aun temblaba
como un pajarito hondiao entre sus manos.

-"Siñores reyes magos: Yo les pido
que se acuerden este año
de trairme las botitas. Yo soy gueno
y asegún me han contao los otros chicos,
si uno se porta bien todito el año,
ustedes siempre dejan un regalo..."

...Al apartar la mirada de la hoja
sintió como una brasa adentro 'el pecho,
y echó afuera la rabia murmurando;
-"... ¡Mientras que la miseria haga ladrones
yo nunca serviré pa' comesario"!.

jueves, 19 de junio de 2008

El Pampa Rosendo


El pampa Rosendo Luna
había nacido pueblero.
Se crió en el rancherío,
cerquita del matadero.
Sin conocer ni alpargatas,
çcon las ropas que le dieron,
y pa disgracia mayor,
sin darse el gusto del juego,
y ni siquiera poder dir
como otros pal colegio,
porque entre mañana y noche,
no le quedaba más tiempo
que trabajar dende chico
en lo que le iba saliendo.

Hacer mandados pa todos,
y juntar leña pal fuego.
De ir a pedir las achuras,
cuidar de un abuelo viejo,
porque ni padre tenía y su mama...
iba pal pueblo,
de casa en casa a lavar,
pa ganarse algunos pesos.

Y ansi, se fue haciendo grande
sin darse cuenta.
Yo pienso que atrás
dejaba los años mezclados,
con padecimiento.

De muchachito, temprano,
vendiendo diarios lo vieron.

Después, siguiendo unas chatas
supo salir de boyero.

Y ya de hombre,
las estibas del galpón de un serialero
le hizo chorrear los sudores
en largos días de enero.

El campo lo vio en juntada,
alambrando algún potrero,
o en los días de remate
apartando en los loteos,
o prendido en una tropa
salía de peón recero.


Y aunque pudo ser de todos,
el peor, no le dio por eso,
y nunca anduvo en pendencias,
tampoco en copas ni juego,
Y no se dio ni un milico
el gusto de llevarlo preso.
Y sin ser naides, nomás,
que el pobre pampa Rosendo,
un día enterró a la madre,
cuando se le fue pal cielo,
cansada de trabajar
y de aguantar sufrimientos,
quedando solo en el mundo
en aquel ranchito viejo
que hacía cruz con la esquina
del frente del matadero.


Y ahí... y ahí se podría decir
que aquí se terminó el cuento,
pero ocurre que su historia...
se alargó, pa no creerlo.

Porque hace poco, nomás,
un comentario fue el pueblo:
el juez de paz recibía
lo que llaman documento,
que el señor Rosendo Luna,
Atte, el pampa Rosendo,
era el único en el pago
dueño de un gran testamento,
una estancia con hacienda,
en el banco muchos pesos
que, al morirse,
e dejara un conocido estanciero
que se declaraba el padre
de ese único heredero.

Y al llamado, llegó Rosendo,
sin que se le mueva un pelo,
le dijo al juez: vea señor,
no sirve estancia ni pesos
si la que pasó mi madre
no alcanza con ese precio.
Yo no me ensucio las manos
con bienes de ese estanciero
que quiso comprar vergüenza
ta luego después de muerto.

Dele destino a esas vacas,
lo mismo al campo y los pesos,
que vayan pal pobrerío
de hospitales y colegios.
Que hoy más que nunca
yo quiero saber que seguiré siendo
el hijo de aquella gaucha,
que está seguro en el cielo,
y que me dió está fortuna
que vale más que el dinero:
la honradez de ser muy hombre,
porque seguí sus consejos.
No se hable más del asunto,
y que termine todo esto,
no quiero ser señor Luna,
yo... yo soy el pampa Rosendo.

El remate.

Falta el aire y sobran moscas,
este domingo de Enero.
El sol fríe las chicharras...
duerme un matungo azulejo...

Algunos pollos con árganas
estan de picos abiertos.
En los charquitos de sombra
hay unas guachas bebiendo.

Por los caminos calientes
pasa la siesta en su lerdo.
Ojos azules de cardos
curiosean desde lejos,
y asoman por las goteras
ojos azules de cielo...

Todo es dulce de tan pobre...¡

Frente al rancho de estantéo
que anda con los cuatro codos
deshilachados de tiempo,
subasta un rematador
las pilchas de un criollo viejo.

Hay muchos interesados;
son vecinos todos ellos,
muchachos que hasta hace poco,
le llamaban: el agüelo.

Recostao en el palenque,
los mira triston el viejo:
han ido a comprar barato
cosas que no tienen precio...
Y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo...¡

-"¿Que vale este par de espuelas?"
Y las rodajas de fierro,
son como dos lagrimones
que llorasen por su dueño.
Con ellas salió a ganar
hace ya muchos inviernos,
la novia en un bagual blanco;
la vida en un bagual negro.

Los mozos suben la oferta:
-"Doy diez,quince,veinte pesos!",
Disputan como caranchos
el corazón del agüelo.
Al escucharles, se pone
rojo de vergüenza el ceibo.

-"Son suyas las nazarenas"
dice a uno el martillero.
Le han vendido las lloronas
hoy, por desgracia! Hoy ,tan luego
que en el palenque ,la vida
ató su bagual más negro...
y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo...!

Sacan a la venta un poncho,
donde garuan los flecos,
para mojarle los ojos
al que se lo lleve puesto.

Tiene la boca zurcida
y lo gastó tanto el viento,
que al trasluz del calamaco
se ve la historia del dueño...
Guampas,chuzas y facones
lo cribaron de agujeros...
pero su filosofía
siempre le puso remiendos:
de día con un celeste;
de noche ,con un lucero.

-Yo pago por esa pilcha
toda la plata que tengo!
-Subo una onza la oferta!
Si no hay quien dé más, lo quemo!

Entonces cai el martillo
en lo duro del silencio...
Un joven se lleva el poncho.
Y allí cerca el gaucho viejo
está temblando de frío
en una tarde de Enero,
y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo...!

Así pierde en la bajada ,
lo que ganó en el repecho:
una a una, las ovejas;
pilcha por pilcha, el apero...

Quisiera salvar del lote
su mancarrón azulejo,
pa que lo agarre la noche
en un caballo estrellero.
No tiene más que uno...Y ése
se lo quema el martillero!

Allí termina el remate.
Cobró su cuenta el pulpero.
Aura sí: al verlo de a pie,
tan amargo,tan desecho,
todos los rumbos arrollan
los lazos de los senderos
y son cuatro pialadores
que estan esperando al viejo:
en cuanto quiera salir,
lo van a dar contra el suelo!


Entonces , aquellos mozos,
se acercan a defenderlo
y el más ladino le dice
ante temblón y risueño:
-Todos compramos sus pilchas,
pa salvárselas, agüelo.
Aqui tiene sus espuelas...
Aqui tiene su azulejo..
Uno le trai en los brazos
igual que un niño, el apero
y otro le entibia las manos
con aquel poncho de flecos...

¡Porque sigue dando criollos,
muy lindos criollos , el tiempo!

Romance del Malevo

Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho, ni durmiendo;
¿pa qué! si del lado de ajuera,
por malo que juese'l tiempo,
la enrejaba de colmillos
el coraje de mi perro! ...
Cimarrón; medio atigrao.
Lo hallé perdido en las sierras,
boquiando de agusanao.
Malo, como manga'e piedras!
Tuve que trairlo enlazao
pa curarle las bicheras.
Y... a'i se quedó: aquerenciao.
Compañero de horas lerdas...
Trotiando abajo'el estribo
ni carculaba las leguas!
y ande afluejaba la cincha,
se echaba a cuidar las priendas.
Eso sí ¿eh! Muy delicao!...
¿Manosiarlo? Ni le cuento!
Se ponía de ojo estraviao
y se l'erizaba'l pelo.
Conque... tenía bién ganao
su apelativo:"el Malevo".
¡Que animal capacitao
pal trabajo en campo abierto!
Había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo...
De ser cristiano, clavao
qu'era dotor aquel perro!
¿Yo echar tropilla'l corral?
Le chiflaba entre dos dedos,
y embretaos en el chiflido
me los traiba clin al viento;
y era un abrojo, prendido
de los garrones de un trueno!
Una vez, bandiando tropa
con much'agua en el Río Negro,
cai quebrao di un apretón
entre un remolino e'cuernos
y me ganó la mollera
l'escuridá y el silencio...
Cuando golví'abrir los ojos,
cruzaba una nube'l cielo...
Gemidos y lambetazos
llegaban como de lejos...
Redepente compriendí!
Medio me senté en el suelo,
pa darle gracias:
"Hermano! "
d'esta, te quedo debiendo.
"No me halla ni el pan bendito "
si no me sacás, Malevo!
Y una inmensa gratitú
se me atracó en el garguero!!

Güeno; la cosa pasó.
Yo dentré pal casamiento.
Hice l'horno, la cocina...
Mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charquió el arroró, y el rezo.
A los dos años, gatiaba
mi gurí sobre un pelego!
O andaba pol guardapatio,
prendido a la cruz del perro;
ah! porqu'el me le sacó
las cosquillas al Malevo!

...Lo habrá tomao por cachorro
de su cría, el pendenciero...
Le soportaba imprudencias,
se priestaba pa sus juegos,
y ande amenazaba cáirse
se l'echaba abajo'el cuerpo!

La cosa jué tan de golpe
que hasta me parece cuento...
Jué dispués de un mediodía,
como pa fines d'enero:
Yo me había echao en el catre
pa descabezar un sueño;
La patrona, trajinaba...
prosiando con el borrego;
y un redepente, aquel grito
como de terror:- "Rosendooo!"
y ya me pelé pal patio
manotiando el caronero.

Ella, estaba contra l'horno
tartamudiando en silencio;
tenía al gurisito, alzao,
tembloroso contra'l pecho;
y avanzando, agazapao
como una fiera, mi perro!

Enseñaba unos colmillos
como puñales! Los pelos
se le habían parao di un modo,
que costaba conocerlo;
y en las brasas de sus ojos
se habían quemao los recuerdos!

De un salto me puse enfrente:
le pegué el grito: "Malevo!"
lo ví soltar una baba;
-"Está rabioso, Rosendo!!"
- "No te me acerqués hermano!
¡echá p'atrás!¡¡ Juera perro!!"

Redepente me saltó:
ladié pa un costao el cuerpo,
sentí como que la mano
lo topaba contra el pecho,
y cayó; cuasi sin ruido;
como una jerga en el suelo...

...Cuando lo miré, los ojos
se le habían puesto muy güenos,
como dándome las gracias!
Se le acortaba el resuello!

Se arrastró, lambió mis pieses,
y... me brotó un lagriméo: ...
"No tenía pa elegir "hermano!
'tabas enfermo... "Jué pol cachorro ¿sabés?
"de nó no lo hubiera hecho!!"
Menió la cola una vez,
dos veces, y quedó muerto!

Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perro;
y cuando voy de a caballo,
me parece que lo siento
seguir abajo'el estribo
trote y trote por el tiempo!

El Rancho

(Foto: Eduardo Amorim)

Tengo un rancho de totoras
ataperao´ por el tiempo,
tirao´ a un lao´ de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

Son de adobe son las paredes,
de adobe son los cimientos,
de tala son los horcones
y las cumbreras del techo.

y como no tuve paja...
pa' terminar el alero
me faltó entre otras cosas
las ganas de hacerlo y tiempo.

Cazé un puñao de ilusiones
me agencié de algunos sueños
los mesturé con suspiros
y se lo puse de alero.

Y pa que no me lo arranque,
el viento de los recuerdos,
lo afirmé con cuatro cifras
con estilos y con cielos.

Ansí levante mi rancho,
ansí lo puse derecho
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

En él no me falta nada
aunque no me sobra un cuero.
Tengo güen horno, fogón,
catre, pa dos tengo hecho.

Porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos.
Privilegio de los zonzos
que somos cortos de genio.

Varias cabezas de vaca
tengo pa hacerme de asiento
y en las paredes: cencerro,
bolas, lazos, cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.
Y alla en un rincón, dormida
hasta que no la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que es pavada de estrumento.

Ni bien le pego un rasguido
parece que tiene dentro:
cien zorzales encerraos
que se dispiertan riyendo
y que juyen por sus notas
cara al sol y pecho al viento.
De cuando en cuando uno de ellos
se para en el clavijero
pa leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice "Dolores Funes"
¡Pa quien me ha robao el sueño.


Todo eso tengo en mi rancho
y algo más ¡qué ni me acuerdo!
En él son bien recibidos
amigos y forasteros.

Los primeros por ser tales,
los segundos por aquello
de que en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
en que tirarse una noche,
un pedazo de asao tierno
o un goyete a que prenderse
si no mezquina el garguero.

Si pasa por él mi amigo
apeesé sin recelos
va a entra al rancho de un criollo
más servicial que un yesquero.

Es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallarán al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

Lo que quiero tener.


Yo quiero un rancho tener
clavado en medio del llano,
como un nido soberano,
como un altar de placer.
Que nunca pueda caer
hecho con fuertes horcones,
con dos aleros o alones
y que visto a plena luz,
se parezca a un avestruz
que esconde los charabones.

Tener allí para andar
un pingo atado a la estaca,
donde no falte una vaca
para poder ordeñar.
Ovejas para carnear,
unos bueyes aradores,
amapolas y otras flores;
un chajá de vigilante
y un gallo pa que cante
sus desafíos y amores.

También, en el corredor,
como adornos naturales,
habrán lazos y bozales,
boleadoras, maneador.
Una chaira, un arreador,
y metida en la solera
no faltará la tijera
que sirva para tusar,
una pala de puntear
y un arado e' mancera.


Una acacia bien lozana
con un ombú secular,
en donde venga a cantar
la calandria en la mañana.
Donde la brisa pampeana
llene de goces el pecho
y donde el surco derecho
pueda sembrar ilusiones,
mientras cuelgue mis canciones
en las totoras del techo.

Y en el silencio campero
que precede a la mañana,
me despierten con su diana
el chingolo y el hornero.
Donde el alerta del tero
sentido en el cañadón,
sea así como el botón
o broche de oro, cerrando
este cantar, que flotando,
encuentro en el diapasón.

Mal tiempo.


Una nube encapotada
le hace a la comba un recorte
mientras del lado del norte
bosteza la madrugada.

Retumba un trueno y ahuyenta
a una bandada de teros
y alborotan los horneros
presagiando la tormenta.

Que gris se ha pintado el cielo
la lluvia regando el suelo
le da alivio a los sembrados,
Abre brecha un rejucilo.
El viento toca un estilo
que gimen los alambrados.

Ya se largó el temporal
sin darse tregua un momento.
Y en su atropello del viento
lo hace crujir al sauzal.

El agua en los cañadones,
rebozan las palanganas
y hacen barullo las ranas
molestando a los silbones.

El viento gimiendo afuera
que se abra una puerta espera
para ganarse en las casas
y la gente en los galpones
están velando capones
en resplandores de brasa.

 

 

miércoles, 18 de junio de 2008

Anocheciendo en la pampa.



Como un poncho colorao
Se divisa el horizonte,
Se van perdiendo los montes
Y el campo queda enlutao.
Los teros como asustaos
De pronto dan un volido
Porque sienten algún ruido
O algún galope que cruza,
O el chistido e la lechuza
Entre los pastos dormidos.

Como ahuyentando una pena
Se siente largo el chiflido,
De la perdiz que se ha ido
A dormir entra la avena.
La pampa queda serena
Cuando la noche ha llegao,
El cielo queda bordao
Por un cinfín de estrellitas
Como si fueran florcitas
En un campo cultivao.

Como una extraña figura
Se distinguen unos cerros
Y el eco de algún cencerro
Que viene de la llanura.
De las aves con ternura,
Ya no se sienten los trinos
Y en los campos argentinos
Todo en silencio ha quedao
Como un gigante amarrao
Se está quejando un molino.

Cuando una luz repentina,
De pronto deja un reflejo,
Y una estrellita a lo lejos
Se pierde en la cina-cina.
El viento de la glicina
Trae de su flor la fragancia,
Un chingolo a la distancia
Se despereza de un sueño;
Se siente un cantor sureño
En el fogón de una estancia.


Tormenta 'e verano.



Un rojo alambrao de un hilo
Divide el cielo un momento,
Y el potrero polvoriento
Queda un instante tranquilo.
El lazo de un refucilo
Piala una oscura tapada,
Y, aunque se corta la armada,
La hace tronar contra el cielo,
Entre esa hacienda de un pelo
Que es la tormenta enojada.

Las pajitas por la greda
Van jugando al remolino,
Se vuelve loco el molino
Y se le borra la rueda.
En un "sálvese quien pueda"
Van los pollos pa´l cardal;
Se embravece el avenal
Con un ruido de suspiros,
Y comienzan a los tiros
Las sábanas del tendal.

Llega un vientito chiflando
Con una tropilla de hojas;
Dicen: "¡Ay!" Las chapas flojas
Que están de miedo temblando.
Una lata bellaquiando
Se dispara campo ajuera,
Ya cerca de la tranquera
Levantan tierra unas gotas,
Las primeras son grandotas...
Y llueve a la polvadera.

La paineta del alero,
lo pone el malvón contento,
Y madejas de agua el viento
Retuerce sobre el potrero.
Contemplando el aguacero
Los chicos se quedan bobos.
Cruza el patio a los corcovos
Don Sapiola muy campante,
Y se va de comandante
Con un escuadrón de globos.

Un de repente limpea;
Goteras en la cocina,
Rebalsando está la tina,
Don Gallardo cacarea.
Una pata cucharea
El sol que se hunde en un charco
Allá arriba se ve el "arco"
Con las puntas en el suelo,
Con siete listas que el cielo
Le ha puesto a su poncho zarco.
LLega arriando nubarrones
el resero de la noche,
haciendo un vasto derroche
de brillantes patacones
en la rastra de botones
que el cielo se ha puesto nueva.
Hay un bicho en cada cueva
y en cada charco una luna,
y allá brama la laguna
que el demonio se la lleva.