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viernes, 1 de agosto de 2014

¡Entrerriano soy, señores!


(Pintura: "El Entrerriano" de Eleodoro Marenco)

1
¡Entrerriano soy, señores,
a mucha honra, es verdá!
Y de la costa’e Yeruá
si quieren más pormenores…
Quizá los pagos mejores
de cuantos yo recorrí
del Basualdo al Ibicuí,
de Diamante a San José
y de la barra del Clé
a las puntas del Ayuí.
2
¡Bien haya esos campos míos
que en mil cuchillas se quiebran
y los montes que se enhebran
a lo largo de sus ríos!
¡Bien haya aquellos sombríos
Rincones del Gualeguay,
los Palmares de Yatay
en sus tierras coloradas
y las lomas decoradas
por el recio ñandabubay!
3
Recuerdo bien sus ceibales
como pintados de grana,
y el silbido en la mañana
de boyeros y zorzales…
Cuando el día, los chilcales
dora en su primer albor
hasta que el sol, su fulgor
recorta sobre la loma,
y todo el aire se aroma
con el espinillo en flor.
4
Y no olvido las cuadrillas
de avestruces y venados
que en otros tiempos pasados
erraban por las cuchillas…
Ni los carpinchos a orillas
del agua profunda y quieta…
Y guardo la visión neta
de los virachos nerviosos
al salir entre retozos
desde el fondo de una isleta.
5
¡Ah, el Entre Ríos aquel
de las haciendas bagualas,
más ariscas y más malas
que los tigres de Montiel…!
¡Veo sus hombres, sin hiel
para el caballo o el lazo,
y en el monte o campo raso
boleadores tan certeros
como temibles lanceros
cuando les llegaba el caso!
6
Evoco sus acordeones
o el rasguear de sus guitarras
en chamarritas bizarras
y pausados pericones.
Y ello me trae a montones,
a modo de raro imán,
viejas memorias que van
a aquellos años de duelo
cuando peleaba mi abuelo
con los de López Jordán.
7
Pero todo eso pasó…
Entre Ríos ha cambiado
y la reja del arado
con el gaucho terminó.
La tierra se dividió,
bichos, pocos quedan ya…
Tan solo el paisaje está
más o menos como era
cuando vi la luz primera
en las costas del Yeruá.
8
Mas debo concluir aquí
para no alargarla tanto
esta milonga, que canto
a la tierra en que nací.
Si algo la desmerecí
o exageré sus valores
perdónenme los errores
y sepan disimular.
Pero déjenme gritar:
¡Entrerriano soy, señores!

sábado, 2 de noviembre de 2013

El overo de Aguilar



Si habrá volteao domadores,
el overo de Aguilar,
¡Qué animal pa'corcovear,
Ja, una máquina señores!
Y pa'hacer las cosas peores
sin sujetarse un instante,
se voleaba por delante
dentre las mesmas costillas,
así partió'a las islillas
al correntino Escalante.

Y a cuántos más no estropeó
diganló los Alderetes,
dos hermanos muy jinetes
que eran del "Rincón de Ajó".
A uno cuasi lo mató
largándolo como globo,
y si no es el peón de Cobos
que salvo la vida a gatas,
pues lo abarajó en las patas
y al largarlo en un corcovo.

Corcoveando por derecho
y gritando a lo lechón,
cada brinco es un cimbrón
de esos que dejan deshechos.
Se volcaba al poco trecho
y la crin toda revuelta,
la cabeza floja y suelta
lo mismo que un remolino,
se apretaba aquél indigno
para corcoviar a vueltas.

Lo conocí al reservao
en "El Tala"'e los Ocampos
como a diez leguas de campo
de las costas del "Pescao"
Ahí funcionaba el Juzgao,
había posta y pulpería;
dos veces al mes solía
pasar yo con la galera,
cuando estaba en la carrera
de Juarez a Lobería.

Y allí lo dejó Aguilar,
al pasar con un arreo,
que llevaba según creo
pa'las costas de la mar,
y no lo volvió a buscar
el pobre ánima bendita,
porque a causa de una cita
un tal Liborio Collazo,
lo mató de un trabucazo
allá por la Mar Chiquita.

Y cuadró que en esa ocasión
que al pasar yo por "El Tala"
viene, pues, y me regala
ese caballo el patrón.
Nunca suebra un mancarrón
a un mayoral de galera,
pues sea ese como quiera
igual le saca provecho,
con la lanza atao al pecho
o en una cuarta cualquiera.

Y allí me lo até también
sin que me diera trabajo,
pues era de manso de abajo
y cabresteaba muy bien.
Cuando arrancamos recién
macaqueó un poco el overo,
pero como iba'e ladero
en una cuarta de atrás,
tuvo que seguir nomás
mansito como un cordero.

Que con buenos postillones
y en un camino apropiao,
al sotreta más porfiao
se lo hace entrar en razones.
Cuestión de algunos tirones
en el momento preciso,
pa evitar un estropicio:
¡guasca nomás andequiera!,
eso lo sabe cualquiera
que haiga sido del oficio.

Con el overo enterito
llegamos a la otra posta,
que estaba junto a la costa
'e la laguna "El Chorlito".
En la esquina'e Gorosito,
seguía como si tal,
y al mudarlo en "San Pascual",
estancia del vasco Esquerro,
amagó a cociar un perro,
que lo torió en el corral.

Resultó guapo endeveras,
cansarse ese pingo ¿cuándo?
si se hizo como jugando
doce leguas bien enteras.
Y eso entre cuestas tan fieras
como por allí se ve,
por el camino va bien
entre la sierra'e "La Tinta",
y se estira como cinta
por las lomas del Quequén.

miércoles, 4 de julio de 2012

Despedida

(Foto de San José del Morro en San Luis)

(Motivo Puntano de 1890)

¡Adiós, San José del Morro!
¡Adiós, Balde de Taboada!
Que me voy pa los disiertos
en mi mula colorada.

Ya no se oirá mi guitarra
en la puerta'e la cocina
mientras se za'uma la tarde
de poleo y peperina.

¡Adiós, aloja y patai!
¡Adiós los cercos de rama!
¡Adiós, también el telar
ande trabajaba mama!

Me despido de'sos valles
cubiertos de algarrobal
ande corre la corzuela
y silba siempre el zorzal.

Adiós, mi ranchito viejo;
quizá no te vuelva a ver...
que me voy por el delito
de fiarme de una mujer.

Nunca más m'hei de dar yo
a otras hembras por entero
porque cambian de cariño
como la víbora el cuero.

Y agora... ¡Dios me perdone!
aunque yo no lo haiga hecho,
pues al otro lo dejé
con un buraco en el pecho.

Y que sirva de lección
a los que tienen por güeno
el meterse a pastoriar
adentro de campo ajeno.

Pura jarilla y guadales
se vuelve la travesía
y más triste que las penas
que agobian el alma mía.

Quema el sol; a'uga la arena...
Y allá entre los alpatacos,
va juyendo viento arriba
una tropilla'e guanacos.

¡Velay la mulita guapa
que me trae de tan lejos!...
Me hace dormir su "marchado"
porlo suave y lo parejo...

Y es pa pior que'so me ocurra
porque dentro a soñar fiero
que estoy al ladito d'ella
diciéndole que la quiero,

pa despertarme de golpe
y cair a la realidá.
¡Epa, mula! ¿Qué te pasa
que tanto te alborotás?

¿Ventiaste el agua? ¡Qué suerte!
¡Bien clarito se te nota!
¡Como que dende ayer tarde
no probamos ni una gota!

Ya se divisa el río Quinto
y sus montes de chañares
y también diviso yo
el final de mis pesares.

Ya estoy en los campos libres
ande el destino me lleva.
¡Quede mi pasado atrás;
empecemos vida nueva!

Ya estoy en los campos libres
ande no hay naide que mande;
no se ve ni un alambrau
y canta la perdiz grande.

Y será hast'otra ocasión
si Dios me conserva vivo.
Mi nombre es: Emerenciano,
Gatica, de apelativo.

martes, 3 de julio de 2012

La milonga'e Santa Tecla



¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!...
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua en las vertientes.

Qué gloria sería pa’ mi
al ratito de aclarar,
ver los carpinchos andar
por la costa del arroyo,
¡y en un buen caballo criollo
por los campos galopar!

Y que lindo recorrer
la orilla de los esteros,
alborotando los teros
y haciendo volar los patos...
¡Y qué macanudos ratos
charlando con los puesteros!

¡Mi Dios lo que yo daría
por conocer a un cainguá!
¡Ver algún guazú pihtá
brincando entre las totoras!
¡Y pasarme largas horas
contemplando el Yberá!

Escuchar el alarido
de los tapes jineteando,
ver tantas aves nadando
por las inmensas lagunas...
¡Y en esas noches de luna
amanecerme cantando!

O bien cuando a medio día
el sol reluciendo está
sobre el río Paraná,
y ya la calor aprieta
¡sentir desde alguna isleta
el grito del carayá!

¿Y las tropas de carretas
cómo en tiempo que pasó?
¡Bien quisiera verlas yo
entre arenales y zanjas
hasta el tope de naranjas
rumbeando pa’ Utúzaingó!

Y aquellos trabajos “a uña”
puerta ajuera del corral
entre griterío infernal,
balidos y polvadera.
¡Amalhaya quien pudiera
presenciar escena igual!

¿Y estremecerse en la noche
oyendo el urútaú?
¿Bolearse al cruce un ñandú,
en medio del desplayado?
¿O asustársele el montado
ante un boacuriyú?

O con mi buen 30-30
al que tengo tanta fé,
balear algún yacaré...
Y hasta pienso que pudiera
¡en la isla ‘e Talavera
rastrear un yaguareté!

Tomar mate con chipá
a la sombra ‘el corredor
y aspirar el rico olor
de una vaquilla con cuero
mientras canta un guitarrero
algún compuesto en mi honor.

Vagar entre los palmares...
y saliendo a mariscar,
en la canoa remar
contorneando un embalsado,
o ver algún toro alzado
por el monte disparar.

Y presenciar un rodeo
faena por demás ruda
lo que nadie pondrá en duda
ni un momentito siquiera...
¡Con lo brava y lo ligera
que’s esa hacienda guampuda!

¡Y a lucirse correntinos
que no tienen fama en vano!
Rueda de pronto un paisano
¡y... se me hace estarlo viendo
salir al indio corriendo
con el cabresto en la mano!

¡Jué pucha!... y que bien vendría
aprovechar la ocasión,
pa’ entrar en un pericón
en esos mates danzantes,
que evocando el tiempo de antes
gusta de dar el patrón.

¡Ah bailes de Santa Tecla!
donde no hay yerros ni tachas,
cuajaus de lindas muchachas
y tanto criollo prolijo,
de tirador y barbijo,
espuela, poncho y bombachas.

Con todo, nada ‘e lo dicho,
me hiciera ese viaje hacer,
si no fuese Ernesto Ezquer
(por mal nombre “Gato Moro”)
¡cuya amistá es un tesoro
de inapreciable valer!

¡Les garanto!... Hay pocos hombres
que como él, no tengan falla.
Buenos, leales y de agallas,
caballeros, generosos...
¡Pucha si hacen falta mozos
como Ernesto Ezquer Zelaya!

¿Y qué diré de los suyos?
La patrona ‘el Caraí,
Papín, precioso gurí
y la señora mayor...
¡Familia más superior
no se vido por aquí!

¿Y la gente de su estancia?
Bien creo valdrá la pena
mentar a Pantaleón Sena
y a Claudelino Esquivel...
aquel criollo bravo y fiel
de negra y larga melena.

Y seguiré enumerando
a toditos los de allí
y no me lo olvido aquí
a Isidro Zarza, como hombre
que goza de gran renombre
pa’ manejar el Smith.

Viene aura “Camba Thiú”
indio crudo y peleador,
cuyo probado valor
falló una vez en Posadas
ante las bruscas bajadas
de un condenado ascensor.

Y Moncho, los Barrios, Chito
hombres de facón y lazo...
Rojas, Ferreira... y si acaso
dejo alguno en el tintero,
¡sépanse que a todos quiero
confundir en un abrazo!
................................................

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua, en las vertientes!

Buenos Aires, junio de 1938

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Por milonga

(Foto: Cristian Benaprés)

Atribuyendo importancia
a pequeños incidentes
y escenas intracendentes
en la vida de una estancia,
le cantaré a la fragancia
del campo recién llovido,
al pastizal florecido
de macachín y verbena
y a la enorme luna llena
que tras del monte ha salido.

Tambien le quiero cantar
al sol que ni bien asoma
ya todo el plan de la loma
lo va empezando a dorar
a la tropa que al pasar
va dejando olor a vaca
a la petiza bellaca
que ayer lo voltió al boyero
y al alazán parejero
que da vueltas en la estaca.

Igual cantaré a ese perro
que mató a la comadreja
y a la madrina azuleja
que hace sonar el cencerro,
al viejo mojón de fierro
que marca el camino a Pila
a la laguna tranquila
rodeada de cortaderas
y al chirriar de las tijeras
en los galpones de esquila.

También cantaré al destete
que orillando el alambrado,
bala desasosegado
queriendo hallar un boquete,
al misto en el mojinete
saludando al aclarar
al que está por vacunar
en la manga los novillos
y al vagón con los tordillos
que se niegan a arrancar.

Y tambien cantarle quiero
a la vieja ordeñadora
que desde temprana hora
lidia con balde y ternero,
al zumbar bajo el alero
del cargoso mangangá,
a esa tropilla que está
detras del corral de ovejas
apuntando las orejas
hacia el eco del chajá.

Merece canto también
la media res del capón
que al reparo del galpón
se puso al fuego recién
y esos polvos que se ven
alzándose en remolino
y a la rueda del molino
brillando en tenues reflejos
y a la brisa que de lejos
trae el tufo del zorrino.

Hay que cantarle al corral
repleto de yeguarizos
y al halcón que de improviso
se abate sobre el juncal,
al bravío cardo aznal
que va naciendo a su antojo
y al inmenso color rojo
del sol que ya va bajando
y a aquel mensual que va arriando
los toros para el rastrojo.

Y he de cantarle al placer
dificil de describir
que significa salir
bien montado a recorrer,
al que se apió a componer
un torniquete gastado,
al capataz emponchado
siempre arrastrando el rebenque
y al patrón que en el palenque
está ensillando un tostado.
(Pintura: Carlos Montefusco)

lunes, 31 de octubre de 2011

La milonga perdida


La milonga se ha perdido
No la pueden encontrar
Unos dicen que la vieron
Cerca de San Nicolás.

El resero Gorosito
Surero del lau de Puán,
Asegura que la ha visto
Por la orillita del mar.

Y anda por ahí lo que dice
Don Gabino, el mayoral
Que la sintió muy quejosa
Allá por la paternal.

La milonga se ha perdido
No la pueden encontrar.

No falta quien asegura
Que la escucho en un portal
En labios de una morena
Adorno de soledad.

El aire de la milonga
No se pierde así nomás
Mientras haya una guitarra
Argentina u oriental.

Tal vez ha cambiado un poco
Pero es la misma nomás,
Atardecida en la pampa
Trasnochada en la ciudad.

La milonga se ha perdido
No la pueden encontrar.


domingo, 9 de octubre de 2011

Relato de un mayoral

¡Las leguas que m'he tragau
con la galera de Vargas!
Como que van treinta largas
de Barracas al Salau...
Y diez más desde el Venau
que n'ues paso de los peores,
a la Posta'e Miraflores
en la laguna'e las Yeguas;
total: cuarentiséis leguas
hasta el pueblo de Dolores.
Venían después los uncales
de la Cañada 'el Vecino,
¡Mi Dios, qué flor de camino
pa rematar animales!
Unos bañaos fatales
que pasábamos por fin
a costa de gran trajin
y de embarrarnos muy mucho
pa dentrar en Ayacucho
al sonar de mi clarín.
Porque he sido mayoral
en la Estrella del Desierto,
en todito el Sur, por cierto,
empresa muy principal.
Luis Vargas, un oriental,
fue su dueño y mi patrón,
muy colorau de opinión
y hombre recto y sin engaños,
que no bien cumplí doce años
me tomó de postillón.
¡Si habrá volcau mi galera!
¡Si habré sufrido encajadas!
¡Y si habré pegau rodadas
en la cuarta delantera!
Esa es la cosa más fiera
que a uno le pueda ocurrir,
aunque peor, en mi sentir,
porque se cae como en trampa,
es toparse con el pampa
cuando ha salido a invadir.
Nunca me olvido el día aquél
que, lleno de gente el coche,
llegamos a boca'e noche
a lo de Pablo Esquivel.
Veré si de modo fiel,
pues me parece oportuno,
mis recuerdos les reúno:
veníamos del Tandil
y era pa fines de abril
del año sesenta y uno.
Yo me quería quedar...
No me gustaba la cosa
porque allá en la Barrancosa
algo me dio que pensar.
¡Era una de pasar
gamas, yeguas y avestruces
como pa hacerle hacer cruces
y llamarle la atención
al gringo más chapetón
o al criollo de menos luces!
Andaban indios, seguro,
y eso le dije al pasaje,
pero todos seguir viaje
me pidieron con apuro,
pa peor, del campo'e Goyburo
traiba un mocito quebrau;
un inglés endemoniau
se quejaba'e la demora,
y a más, venía una señora
qu'iba salir de cuidau.
Por estas razones fue,
y otras varias que me dieron,
que al cabo me convencieron
y en mala hora aflojé.
Con todo, yo me alegré
porque luna llena había,
y esto bien me suponía
con caminos superiores
poder estar en Dolores
con el aclarar del día.
Y ya caballos mudamos
sin perder un solo instante;
me acomodé en el pescante
y ya también arrancamos.
La doble zanja cruzamos
de la Posta que les hablo,
y saludando a don Pablo
que supo ser maistro d'ella,
tomamos por esa huella
como alma que lleva el diablo.
¿Quién diría que la suerte
del cristiano está suspensa
y, cuando menos se piensa,
en desgracia se convierte?
Como digo, íbamos fuerte,
meta brinco y sacudones,
yo, atento a los postillones,
el pasaje entredormido,
y galopiando tendido
nuestros ocho mancarrones.
Linda la noche, sin viento,
el campo, blanco de luna,
y las leguas, una a una,
yéndose qu'era un contento.
De pronto, y justo al momento
d'ir costeando un fachinal
que, junto al camino real,
se alzaba como una valla,
por todas parte estalla
un vocerío infernal.
Y tras él, muchos jinetes
- más de doscientos, presumo-
que se nos vienen al humo
a media rienda'e sus fletes.
Salieron como chijetes
del pajal que les decía
y con atroz gritería
a las cuartas atropellan,
y por poco no se estrellan
contra la mensajería.
¡Los indios! ¡Santos benditos!
¡Señor, no nos abandones!
¡Partían los corazones
las mujeres con sus gritos!
Y llegaron los malditos
rodeándonos con presteza,
y a favor de la sorpresa
al postillón Elizondo
¡Me lo hicieron cair redondo
de un bolazo en la cabeza!
Y no hubo más que hablar.
Quedó parau el carruaje;
había, pues, que hacer coraje
y resolverse a pelear.
El primero en empezar
fue el inglés con su fusil;
apagó como candil
a uno que montaba un bayo
y a otro bajó del caballo
con un chumbo en el cuadril.
Los infieles al ver esto
dentraron a retirarse
pa después organizarse
y venirse echando el resto.
Ya nosotros, por supuesto,
perdimos toda esperanza
porque en su afán de matanza
pasaban a la carrera
y hasta dentro'e la galera
nos llegaban con la lanza.
Para peor, armas de fuego,
solo había unas pocas buenas,
y municiones, apenas,
como se verá más luego.
Hasta el día de hoy reniego
de un balazo que le erré
con mi vieja Lafuché
a un pampa, que abajo'el brazo,
vino y me encajó un lanzazo
en cuanto me descuidé.
Con más pulso, un pasajero
que viajaba en la "berlina",
voltió con su carabina
a un chino de poncho overo.
Yo, desangrándome entero,
porque me chucearon mucho,
del pescante, sobre el pucho,
me escurrí como luz mala,
dispuesto a meterles bala
hasta el último cartucho.
¡Pero qué! No bien me asomo
deande me había atrincherau,
viene un indio condenau
y me lancea en el lomo.
Me dejé cair como plomo
e igualito que lombriz,
me fui arrastrando, en un tris
que alguno me descubriera,
y atrás de una cortadera
conseguí hacerme perdiz.
Y siguiendo mi relato,
diré qu'ntre la maciega,
a una cuadra'e la refriega
me acurruqué como un gato.
Los tiros, al poco rato,
ya no se escucharon más,
pero siguieron nomás
vibrando los alaridos
y oyéndose unos quejidos
que no olvidaré jamás.

¡Cosa triste y afligente
era estar sin hacer nada
de mientras tanto la indiada
se cebaba con mi gente!
No podía enteramente
moverme siquiera un poco,
y aunque yo nunca me apoco
esta vez fallé fierazo,
pues el dolor del lanzazo
me tenía medio loco.
También me hacía parecer
remordiendo mi conciencia,
esa terrible imprudencia,
que acababa'e cometer.
Yo nunca debí atender
los pedidos del pasaje
prestándome a seguir viaje
ansí, sin más precaución,
bajo anuncios de invasión
y en semejante paraje.
Cuando se dentró la luna,
pasada la medianoche,
del lau en que estaba el coche
no se oiba ya bulla alguna.
La indiada, pa mi fortuna,
un redepente se fue,
su galopear escuché
perdiéndose a la distancia,
hasta que me vino un ansia
y ahi no más me desmayé.
No tengo idea completa
del tiempo que estuve ansí,
hasta que al fin volví en mí
en un catre de loneta.
Me hallaba en una carreta
de la tropa de Irazú
que del Puerto del Tuyú
iba con mercadería
pa no sé qué pulpería
en la costa'e Langueyú.
Según yo me lo imagino
y lo creo de verdá,
Dios en su inmensa bondá
puso al vasco en mi camino.
Pero pa'otros el destino
se mostró por demás fiero,
como que del entrevero
según lo supe enseguida
¡No logró salir con vida
ni tan solo un compañero!


Hallaron a los finaus
-dijeron los de la tropa-
sin una pilcha de ropa
y toditos degollaus;
sus equipajes robaus
y quemada la galera...
¡No se salvó tan siquiera
del asalto, un expediente,
qu'el alcalde'e San Vicente
me pidió que le trujera!
Si no acierta por ventura
a encontrarme el capataz,
me hubiera muerto ahí nomás
tirado como basura.
Soy de buena carnadura,
y con yuyos y a su modo,
un viejo - "Miche", de apodo-
curandero cordobés,
me atendió tan bien, que al mes
estaba sano del todo.
Al Azul me fui derecho
en cuantido pude andar
para ver de interesar
al ejército del hecho.
Pero no se tomó a pecho
mi denuncia y con razón:
principiaba una función
qu'iba a terminar de prisa
con la derrota de Urquiza
en el arroyo Pavón.
Ansí con guerra civil
y el país, hech'un vivo infierno,
a la final d'ese invierno
me volví para Tandil.
Al cacique Cañumil
se culpaba por allá
de ser el mesmo quizá
que mandó el malón aquél...
También se habló de Catriel
y el viejo Calfulcurá...
Pero quienquiera que fuese,
el asunto quedó en la nada
sin castigarse a la indiada
por más que lo mereciese...
Los mesmos pampas, parece,
fueron los que'n Lobería
cautivaron a María,
la mujer de Pedro Iriarte...
pero esa es historia aparte
que les contaré otro día.

sábado, 8 de octubre de 2011

El regalo

(Dibujo: Castells Capurro)
(Motivo entrerriano)

¡Güenas tardes, niña!
Le traiba este cuero...
Sí, pues... es de Tigre... Lo maté yo mesmo...
Vez pasada supe que andaba queriendo
uno ansí grandote
pa llevar pal pueblo...

Y quiso mi suerte
que ayer a la tarde,
al dir recorriendo el Rodeo'el Sauce,
le hallara los rastros entre unos chilcales,
ahi sobre la costa
del Arroyo Grande.

¡Chá, con el overo,
que nos dio trabajo!
¡Toca! ¡Toca! ¡Zorro! ¡Chua!¡Chua!¡Chua! ¡Picazo!
Y contra unos talas ya me lo empacaron...
¡Sin perros el hombre
es naide en el campo!

¡Y los tres mejores
me mató el indino!
Pero loco'e rabia, no le di respiro,
y al pegar el salto como un rejucilo,
¡Hasta el mesmo puño le sumí el cuchillo!

¿Qué tengo en el pecho?
Es una zoncera...
Me rajuñó un poco, igual qu'en la pierna.
¡Pero no se aflija, que nu'es cosa seria!
Ya m'hice una cura
con "yerba'e la piedra".

No, niña, dispense...
Yo no busco plata...
Su deseo cumplido. Con eso me basta.
Llévelo'e ricuerdo de aquí de la estancia...
Tal vez que le sirva
pal pie de su cama...

Ansí, cuando se halle
de güelta en el pueblo,
y al ganar la cuja lo vea en el suelo,
se acuerda un poquito, mientras llega el sueño,
del pobre paisano
que le trujo el cuero...

Campeando

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
(Tema salteño)

A pillar el osco yuto
hi salío esta mañana
pues el patrón m'encargó
que a las casas lo llevara
por eso lo ando campiando
con toíta la perrada.

Ansí en mi bragao i marcha
salí a recorrer los cerros
calao el coleto i suela
los caricantines puestos
y sujetos al recao
mis guardamontes overos.

Por churo que soy pal monte
jué que se me dió el encargue
y he jurao volver hoy mesmo
con el osco por delante.
¡Yo soy gaucho cumplidor
y eso el patrón bien lo sabe!

En todo el campo i la finca
no hay un toro más matrero
siempre sin aguada fija
siempre cambiando i rodeo
¡Pero cuidao que si lo hallo
va a conocer lo qu'es bueno!

Por fin oigo ochar los perros
en el fondo i la quebrada
y veo rastros fresquitos
en la boca de aquella abra.
Deben ser del osco yuto
que viene bajando al agua.

¡Ah-já! Se a cortao solito
y anda enojao y sediento
debajo de aquel cebil
se ve que se'a estao lambiendo
una cornada en el cuarto
que lo ha dejao medio rengo.

¡Pero Dios! ¿Qué veo allí?
¡Un rastro de ojota nueva!
Tanto pensar en el toro
recién reparo esa guella
¿No será la Domitila
que va para la represa?

¡Juay pucha! Allá la deviso
no se había alejao muy mucho.
Agora que l'hallo sola
vo'a pasar un rato a gusto.
¡Y que manden otro pion
a pillar el osco yuto!

martes, 31 de mayo de 2011

El lobizón


Ya van pa'seis meses que gané los montes,
desde aquél mal día que me desgracié...
La pucha que es fiera la vida'e matrero,
lo que se padece, solo yo lo sé.

Si habré pasao'soles, heladas y lluvias,
con las pocas pilchas que de casa alcé...
No tengo tabaco... La yerba que truje,
hace mucho tiempo que la terminé.

Angustias a bochas pa'conseguir carne,
agüaitando siempre la oportunidad,
de hallar un carpincho apartao'del agua,
o bombiar con tiempo un güasuvirá.

La cosa jué ansina: Yo andaba tropiando,
allá por las puntas del Mocoretá,
con unos patrones que arrendaban campos
a los Goichochea, de Puerta Yeruá.

Y saliendo un día, con trescientas reses
compradas al corte, en lo de un inglés,
como a boca'e noche, llegamos a un campo,
que era pastoreo de un tal Juan Cortés.

Rodeamos la tropa... Mudamos caballos;
y encendimos fuego pa'cimarronear...
Y yo con mis chifles, toqué pa'las casas,
a ver si hallaba algo pa'hacer de cenar.

En el medio'el patio, toda la familia,
estaba reunida, agüaitándome...
Si cuando me acuerdo de ésa pobre gente,
siento dentro el pecho, como un no se qué.

Entraron a hablarme... y flor de atenciones
tuvieron conmigo, cuando me abajé...
Colejí enseguida que algo les pasaba,
pero, por supuesto nada pregunté.

Era una señora con tres guricitos;
y el marido, un indio de bastante edad;
que en un catre'e tientos, parecía tullido,
vaya uno a saberlo de qué enfermedád.

Un medio borrego iba acomodando
sobre el cirigote, pa'marcharme ya...
Cuando la patrona, que andaba atrás mío,
comenzó a decirme, con gran ansiedad...

"Fíjese paisano lo que nos sucede...
ésto ya no es vida, a mi modo'e ver...
pasan aquí cosas tan demás tremendas;
que yo le aseguro, no sé lo que hacer...

De un tiempo a ésta parte, toditas las noches,
un lobizón suele llegar hasta acá...
Le pido paisano... no nos deje solos...
ésta noche es viernes... y aparecerá".

Qué quiere que hiciera... No pude negarme;
y en mi china vieja, al tiempo pensé...
Y ni bien llegaba mi cuarto de ronda,
de nuevo en el rancho me les presenté.

En el medio el patio, bajo un espinillo,
tendí unas pilchas para descansar...
Ni bien me dormía; y en un redepente,
sentí que los perros, entraron a aullar.

Escuché unos lloros que venían del rancho...
Con unas palabras, medio los calmé...
Y con las potreras listas en la mano,
con un par de saltos, pa'juera gané.

Obscura la noche... Mientras yo bombiaba
pa'tuitos lugares con prolijidad...
Vide que los perros reculando aullaban,
ante algo que véian en la obscuridad.

Tuca, tuca, tuca, les grité a los perros,
pa'ver si podía hacerlo aflojar...
Y pelando el fierro, ya me puse en guardia,
porque el caso no era de facilitar.

En cuanto me vido, se vino a toparme,
con un trote ansina como el agüará...
Si cuando me acuerdo, es cuando más pienso,
que hice la pata ancha de casualidad.

Mi Dios... Bicho fiero había sido aquello...
En cuanto lo vide, ya me persigné...
Era un bulto grande con laya'e ternero;
y el ocico largo como el yacaré.

La Virgen te ampare... me acuerdo le dije...
Serás o no ánimoa... y ya revolié...
Luciéndome tanto con las tres marías,
que del primer tiro me lo aseguré.

Como trenza de ocho, rodamos po'el suelo...
Yo a las puñaladas... y el por hacer pié...
Cuando una voz débil sentí que decía:
"No me mate amigo... por Dios, déjeme".

Fué tal la sorpresa que perdí el resuello...
Trémulo y confuso, sujete, ahi nomás...
Viendo que aquel bicho se me iba escurriendo;
y salía un cristiano, por el lao' de atrás.

Dió unos sacudones, queriendo pararse...
Y yo, de ayudarlo, al punto traté...
Y él, pegando un grito, se cayó de espaldas...
Del mundo'e los vivos, pa siempre se jué.

... Ya van pa'sies meses que gané los montes,
desde aquél mal día que me desgracié...
La pucha que es fiera la vida'e matrero...
Lo que se padece, solo yo lo sé.
..........................................
Autor: Justo P. Saenz (h) quien firmaba con el seudónimo de Higinio Cuevas.

jueves, 19 de mayo de 2011

Del tiempo de antes

(Foto: Eduardo Amorim)
A la hora en que’l sosiego
de la oración se venía
y en el poniente se hundía
el sol, como bola ‘e fuego,
cuando el lucero muy luego
a encenderse comenzaba,
desde lejos se alcanzaba
a divisar un jinete
que al galope de su flete
cortando campo avanzaba.

Fácilmente se hacía cargo
quien lo mirara un instante
de que tenía por delante
algún viaje medio largo.
Pues se vía sin embargo
d’ir bajo el pellón guardau
más de un chifle y a su lau
pa’ que menos sitio abarque,
un gran pedazo de charque
tras de los bastos atau.

Montaba un gatiao overo
entuavía tan potrillo
que a gatitas el colmillo
le asomaba por entero.
Tanta pinta de ligero
tenía el animal aquel
que’l avaro más sin yel
le hubiera sin duda alguna,
fiado todo su fortuna
en cualquier andarivel.

Las narices como hornalla,
ancho el pecho, corto el lomo,
no se vía ni por asomo
en todo el pingo una falla
y si por su linda laya
era de justa alabanza,
no tenía comparanza
pa’ correr en el rodeo,
o florearse en lo más feo
de algún entrevero a lanza.

De redomón al estilo
iba el potrillo enriendau
con un sencillo bocau
hecho de puro pabilo
y pa’ viajar más tranquilo,
como gaucho previsor,
al cogote el maniador,
y a manera de cencerro
iba la pava de fierro
colgándole del fiador.

Vestía poncho de pañete
grueso y largo por demás
pues por la parte de atrás
le tapaba el anca al flete.
Pa’ que’l frío lo respete
iba en bayeta forrau,
a la cabeza añudau
un pañuelo que se atara
y haciendo sombra a la cara
el panza ‘e burro inclinau.
.......................................

Y cuando allá en el confín
de los horizontes vastos
murió el sol sobre los pastos
entre celajes carmín,
en la llanura sin fin
el jinete del gateado
cada vez más esfumado
por la oscuridad creciente
era un símbolo viviente
de nuestro heroico pasado.

martes, 26 de abril de 2011

La carrera



Surcando el dorso leonado
del ondulante pajal
se estira el camino real
sobre el llano dilatado,
y en una altura apostado
como si fuera un vigía,
rompe la monotonía
del horizonte infinito
la silueta de un ranchito
blanqueando en la lejanía.

Pulpería "El Tropezón"
es el nombre que le han puesto,
en el que va, por supuesto.
encerrada una intención,
pues en toda la región
no hay quien no de en ella al fin.
Desde el boleador mas ruin
y el poderoso estanciero
al mercachifle extranjero
o el milico del fortín.

Flameando en el mojinete
izado en una picana
el banderín color grana
mil diversiones promete,
y cual al lugar compete
por su aislada situación
vese además de un zanjón
rodeando el recinto suyo
el consabido mangruyo
para vichar el malón

Junto al galpón, el corral
de palo a pique formado,
y el palenque levantado
frente al rancho principal:
cuyo pobre aspecto es tal
que nadie al verlo creería
que además de pulpería
es posta de la galera
que va de "La Yegua Overa"
al fuerte de Olavarría.

De fogones un enjambre
se ve por doquier humear,
que carne no ha de faltar
a quien arribó con hambre.
De cerda, pluma y corambre
hasta los topes repletas
se alinean ocho carretas,
y unas tropillas rodeadas
junto a las yeguas maneadas
se arremolinan inquietas.

Es un domingo de mayo
esplendoroso y sereno,
la luz del sol baña a pleno
el inmenso campo bayo.
Ocupando todo el playo
bajo los sauces sin hojas,
descansan con cinchas flojas
los buenos pingos traídos,
entre relinchos, bufidos,
y resonar de coscojas.


Todo el criollaje del pago
se encuentra en "El Tropezón",
de suerte que la reunión
causa verdadero halago.
Unos por echar un trago
se han venido de ex profeso,
otros por tirar el "güeso"
y los de más tragaderas,
para ver si en las carreras
pueden ganar algún peso.

Lucen allí sus colores
los ponchos pampas más raros
y osténtase los más caros
facones y tiradores.
Los calzoncillos mejores
muestran su cribo sutil.
Vense chiripases mil
de rico paño merino.
Y más de un sombrero fino
de paja de Guayaquil.

La excelencia pregonando
del amasijo casero,
un mulato pastelero
se desgañita gritando.
Y más allá, demostrando
guardarse mutuo recelo,
callados como en un duelo
varios gauchos en cuclillas
con sus filosas cuchillas
trazan marcas en el suelo.

Tras la enrejada ventana
en donde atiende el negocio,
trajina el dueño y su socio
con porrón y damajuana.
Mientras, en grata jarana
agrúpanse las personas
y a sus voces chacotonas
viénese alegre a mezclar
el metálico rodar
de las personas lloronas.

2

Ya El Tropezón ha quedado
poco menos que vacío
porque todo aquel gentío
en la cancha se ha volcado,
cuando uno recién llegado
de modales altaneros
"Vamos a ver, caballeros"
vociferando propuso
"le corro con este chuso
al que le abaje los cueros".

Con un silencio completo
recibe esto la reunión,
y el gaucho en tono zumbón,
vuelve a repetir el reto
añadiendo: "¡les aceto
cualquier parada, canejo.
Ya ven el pobre azulejo
que aura tengo aquí ensillao,
lo traigo medio aplastao"
porque es un sotreta viejo".

Otro hombre se abre paso
entre la rueda de gente
y dice tranquilamente
sujetando su picazo:
"Le corro, pues, amigazo,
"aunque sé, no vi'a ganar"
mas bien lo hago por probar
este animal tan bellaco
en cuanto a correr lo saco
"se me arrastra a corcoviar".

Ya la apuesta concertaron
los dos a cual mas ladino,
y al costado del camino
los fletes desensillaron.
Ya sus rayeros nombraron
depositando la plata,
dejaron junto a una mata
sus sombreros en el suelo
y ambos se ataron el pelo
con una vincha escarlata.
...................................
Pronto ambos emparejaron
y en haciéndolos picar
a sus pingos a ganar
el tirón se prepararon
en cuanto se acomodaron
el azulejo salió
el del picazo paró
el animal y enojado:
¡Sujete no he contestado!
a su adversario gritó

Este comprendió al momento
que "madrugar" no podía
pues el otro conocía
su intención y estaba atento
así que regresó lento.
Cuando pararon los fletes,
nuevamente como cohetes
los parejeros partieron
y los dos ¡Vamos! se oyeron
lanzados por los jinetes

Se vinieron, y la gente
para no perder detalle
abriose formando calle
en dos filas frente a frente
y en velocidad creciente
avanzan como un turbión
mientras meneando el talón
los mozos sobre los tuses
van casi echados de bruces
espiándose la intención
.....................................
Y cuando en raudo correr
cerca de la raya estaban
y todos ya descontaban
que "puesta" tenía que ser
viose al picazo perder
pìe y cambiar de mano
mientras su jinete en vano
por seguir en la contienda
lo levantaba en la rienda
con esfuerzo sobrehumano

Pero que, ya no hubo caso
fue una "calzada" maestra
y ya no quedó ni la muestra
de la furia del picazo
aprovechando su atraso
el de la trampa apuró
en dos saltos se cortó
y por mas de un cuerpo entero
al caballo forastero
la carrera le ganó

3.-
Ahora en el mostrador
con un porrón a su alcance
comenta a su gusto el lance
muy contento el vencedor
tiene hinchado el tirador
que de vez en vez tantea
en tanto se pavonea
satisfecho de su obra
porque él es hombre que cobra,
y si no cobra pelea

Mas de pronto una advertencia
alguien susurra a su lado
y el gaucho se ha enderezado
barruntando la pendencia
pues poniendo en evidencia
hallarse resuelto a todo
arremangado hsta el codo
y el poncho arrollado al brazo
encáralo el del picazo
y apostrofa de este modo:

"¡Oiga don, salga pajuera"
"venga pa acá; atráquese"
"ya maliciará porque"
"le hablo de esta manera"
"cuando se arma una carrera"
"diciendo libre de pata"
"me parece que se trata"
"de correrla bien legal"
"por lo que aura; tal por cual"
"me va a devolver la plata!"

Quebrándose los sombreros
uno y otro antagonista
corrieron la mano lista
en busca de sus aceros
"que me cuentan caballeros"
"me habrá tomao por ladrón"
"¡Oigan la reclamación!"
el del azulejo grita
agregando "a ver mulita,
ya basta de alegación"

Y con ademán veloz
las dagas desenvainaron
y de firme se cargaron
a punta y hacha, los dos
de una puñalada en pos
viene un quite o un revés
y ya avanzan a la vez
o pierden terreno a trechos
entre el jadear de los pechos
y el resbalar de los pies

Hasta que en una topada
y a todo vigor del brazo
logró entrar el del picazo
con certera puñalada
Se rodeó la paisanada
en torno del gaucho muerto
y a favor del desconcierto
el matador, al tranquito
marchó a esconder su delito
en el pajal del desierto.-

sábado, 9 de abril de 2011

El overo de Aguilar

(Foto: Eduardo Amorim)
Si habrá volteao domadores,
el overo de Aguilar,
¡Qué animal pa'corcovear,
Ja, una máquina señores!
Y pa'hacer las cosas peores
sin sujetarse un instante,
se voleaba por delante
dentre las mesmas costillas,
así partió'a las islillas
al correntino Escalante.

Y a cuántos más no estropeó
diganló los Alderetes,
dos hermanos muy jinetes
que eran del "Rincón de Ajó".
A uno cuasi lo mató
largándolo como globo,
y si no es el peón de Cobos
que salvo la vida a gatas,
pues lo abarajó en las patas
y al largarlo en un corcovo.

Corcoveando por derecho
y gritando a lo lechón,
cada brinco es un cimbrón
de esos que dejan deshechos.
Se volcaba al poco trecho
y la crin toda revuelta,
la cabeza floja y suelta
lo mismo que un remolino,
se apretaba aquél indigno
para corcoviar a vueltas.

Lo conocí al reservao
en "El Tala"'e los Ocampos
como a diez leguas de campo
de las costas del "Pescao"
Ahí funcionaba el Juzgao,
había posta y pulpería;
dos veces al mes solía
pasar yo con la galera,
cuando estaba en la carrera
de Juarez a Lobería.

Y allí lo dejó Aguilar,
al pasar con un arreo,
que llevaba según creo
pa'las costas de la mar,
y no lo volvió a buscar
el pobre ánima bendita,
porque a causa de una cita
un tal Liborio Collazo,
lo mató de un trabucazo
allá por la Mar Chiquita.

Y cuadró que en esa ocasión
que al pasar yo por "El Tala"
viene, pues, y me regala
ese caballo el patrón.
Nunca suebra un mancarrón
a un mayoral de galera,
pues sea ese como quiera
igual le saca provecho,
con la lanza atao al pecho
o en una cuarta cualquiera.

Y allí me lo até también
sin que me diera trabajo,
pues era de manso de abajo
y cabresteaba muy bien.
Cuando arrancamos recién
macaqueó un poco el overo,
pero como iba'e ladero
en una cuarta de atrás,
tuvo que seguir nomás
mansito como un cordero.

Que con buenos postillones
y en un camino apropiao,
al sotreta más porfiao
se lo hace entrar en razones.
Cuestión de algunos tirones
en el momento preciso,
pa evitar un estropicio:
¡guasca nomás andequiera!,
eso lo sabe cualquiera
que haiga sido del oficio.

Con el overo enterito
llegamos a la otra posta,
que estaba junto a la costa
'e la laguna "El Chorlito".
En la esquina'e Gorosito,
seguía como si tal,
y al mudarlo en "San Pascual",
estancia del vasco Esquerro,
amagó a cociar un perro,
que lo torió en el corral.

Resultó guapo endeveras,
cansarse ese pingo ¿cuándo?
si se hizo como jugando
doce leguas bien enteras.
Y eso entre cuestas tan fieras
como por allí se ve,
por el camino va bien
entre la sierra'e "La Tinta",
y se estira como cinta
por las lomas del Quequén.
(Foto: La Chata de Garbiso)