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sábado, 14 de diciembre de 2019

Como el Chingolo


(Pintura: Luis Nuñez)



Por un tiempo al aclarar
me visitaba un chingolo
y como soy hombre solo,
tuve con quien conversar,
le solía preguntar
de cosa y gente amiga
y él jugando con las migas
que hallaba en mi alpargata,
bailoteando en una pata
para sacarme la intriga.

Si molestaba la llama
o el calor de leña gruesa,
se corría hasta la pieza
para andar sobre la cama;
a veces desde una rama
sin hojas de 'uncalipto'
divisaba lo infinito
más allá del firmamento
pa'ganarle horas al viento
y denunciarlo a los gritos.

Cuando me iba a trabajar
se quedaba de casero
o de no de paseandera
solía al campo a volar,
una mañana al pasar
lo ví así como al descuido,
muy mimoso presumido
coqueteando una chingola
que también andaba sola
con ganas de hacer su nido.

Con el andar de los días
la cosa empezó a cambiar
y a mí me entró  a retratar
su manojo de alegría,
con su pareja había
sumido en obligaciones
sustentando las razones
que da el porqué de la vida
como en busca la comida
para criar a los pichones.

Fue un encanto ver crecer
a sus cuatro chingolitos
y la yapa de un negrito
que los tuvo a maltraer,
les pedía de comer
sin denotar suspicacia
y haciendo gala de audacia
cuando estuvo grande y gordo,
les pagó como buen tordo,
se fue sin decirle: gracias.

Hay mucha desemejanza
con el chingolo y 'Mistena'
a mi mujer por ser buena
le dieron un hijo'e crianza,
fue nuestra luz, nuestra esperanza,
mientras estuvo emplumando
pero sin decirnos cuando
como ese tordo alzó el vuelo...
mi mujer ya está en el cielo
y yo en el rancho, esperando.





viernes, 21 de diciembre de 2018

El hijar


(Pintura: Eleodoro Marenco)


Yo tengo un hijar mediano,
que anduvo pegao al basto
y acolchonando los pastos
para dormir en verano.
En parte medio tobiano
por los rigores del uso,
vaya a saber en qué chuzo
supo andar como pellejo,
a mí me lo trajo un viejo
que lo llamaban “El Ruso”.

Me contaron que este cuero
que denota poca cosa
también acampó en la choza
guareciente del matrero,
galopó con el resero
por el desierto pampeano,
fue el amparo soberano
de la gente en las boleadas,
y de noches resabiadas
en los sueños del baquiano.

El paisano precavido
en aguacero y helada
en las pajas coloradas
hizo un hueco protegido,
arriba puso tendido
el cuero pelaje afuera
y pa’ que no se moviera
con hueso o alguna guampa,
le puso una estaca pampa
con tientos de la encimera.

No confundir al hijar
con la parte de la ijada,
son dos cosas separadas
ni siquiera similar,
un caballo al realizar
una tarea pesada
aumenta la resollada
y entre costilla y cadera
fíjese de que manera
hace temblar las ijadas.

Diferencias sustancial
que le recalco mi amigo,
uno, hecho para abrigo
el otro, vida animal
al invento original
de variada aplicación
lo mantengo en el galpón
aparcereando un estribo
porque olfateando percibo
perfume de tradición.

domingo, 16 de agosto de 2015

Les agradezco el barato

Pedí permiso al d'entrar
y al tenerlo concedido
les dije que había venido
con intención de alternar
y aprovechando el lugar
en la rueda fogonera,
pude encontrar la manera
de entretenerlos un tanto,
con mi guitarra, mi canto
y esta milonga campera.

Esta milonga de ayer
que anduvo en las resereadas,
con perfumes de carneadas
hundiendo el atardecer;
ésta milonga que al ser
andariega y sin bozal,
se le ganó en el triunfal
mundo del canto genuino,
al payador Argentino
y al payador Oriental.

Señores mi profesión
es cantar desde muy chico,
de plata nunca fui rico
porque no es mi devoción;
mi fortuna es la emoción
de un aplauso sostenido,
el churrasco compartido
con un amigo de huella,
y encontrar en una estrella
el rumbo para el perdido.

Hoy quise pintar el retrato
detallao de mi persona,
pero al tantear la bordona
dice que ha pasao de rato,
les agradezco el barato
que tuve en esta reunión,
el símbolo, el apretón,
de amigo vaya este amago:
me está esperando otro pago
y el humo de otro fogón.



lunes, 11 de febrero de 2013

Dibujando mi retrato




(Pintura: Carlos Montefusco)


Por huellas de la prudencia
vengo enancas del respeto,
para brindar con afecto
lo auténtico de mi esencia.
Tengo limpia la conciencia
como el soplo del pampero
¡por eso que me sincero
cuando me dan un barato
dibujando mi retrato
con el vocablo campero!

Aquí me tiene señor
ni muy rubio ni trigueño
no soy serio ni risueño
ni me creo payador.
Soy un simple verseador,
escribo porque me gusta,
prefiero la cosa justa
con la palabra del criollo,
y cuando suelto mi rollo
la imitación me disgusta.

Mi cuna fue esa llanura
abierta de Buenos Aires
entre halagos y desaires
fuì creciendo con soltura.
conozco bien la ternura
y las contras del destino,
me ha gustado ser peregrino
 y por mi extenso rodar,
¡tengo mucho pa´contar
de los campos argentino!

La pampa es mi pedestal
y en ella vivo añorando,
nací para andar andando
sin mordaza ni bozal.
Me encanta ver un bagual
en una fiesta campera,
y estando en una carrera
con la monta de confianza,
¡aparte de la esperanza
jugarme hasta la cartera.!

La arpillera



Hecha con hebras cruzadas
en diferentes maneras
la llamaron arpillera
cuando quedó terminada.
empezó a ser divulgada
en variedad de funciones
anduvo en la diversiones
antiguas del carnaval,
disfrazando por igual
a mujeres y varones.-

En las épocas remotas
de mañanas escarchadas
fue la media codiciada
para tamangos y botas,
pero en eso no se agota
la utilidad que fue mucha
la llevaron de capucha
los viejos deschaladores,
repechando los albores
sin aflojar en la lucha.

Fue maleta de los peones
en la sacada de papa
y en las diversas etapas
tuvo otras aplicaciones,
por ejemplo en ocasiones
colgada en una matera
la usó la gente campera
después de la churrasquiada
para dejarle pegada
la grasitud de la pera.

Anduvo en los reñideros
por las peleas de gallos
y abrigando los caballos
que salían parejeros,
la llevaron los nutrieros
en busca de la fortuna
caminando con la luna
en una noche nublada,
para sacar embolsadas
las nutrias de la laguna.

En una melga derecha
fue guía del arador
y chimango volador
en los días de cosecha,
sirvió para hacer la mecha
en los fogones camperos,
alforja de los troperos
para llevar provisiones,
y cincha de mancarrones
que tiraron de laderos.

La usaron como bajera
del recadito cantor
y el hombre caminador
la acomodó en la linyera,
en las cuestiones caseras
ocupó varias escalas
alfombra chica en la sala,
adorno en los almohadones,
y   forro de los colchones
que los llenaron de chala.

Vaya a saber si las manos
que tejieron la arpillera
se dieron cuenta que era
un invento soberano,
la utilizó el ser humano
con los calores y el frío,
pero el progreso con brío
y un pasado que se aleja,
la tienen por cosa vieja
con diagnóstico sombrío.

Me llaman acreditao


(Foto de don Juan Roque Bonafina)

Yo tengo un recao de andar
viejito como su dueño,
confidente con los sueños
que han muerto sin despertar.
Lo armé para reserear
y anduvimos por las huellas,
sin que nos hicieran mella
distancias ni travesías;
hasta que en esa porfía
se fue apagando mi estrella.

Entre memorias de afectos
se quedó apegao conmigo,
y con gusto me prodigo
en mantenerlo completo.
Hace rato que está quieto
en un rincón de la pieza,
en ocasiones de mesa
y en otras, sirve de asiento
para atar mi sufrimiento
al correón de la pobreza.

Aunque no somos iguales
por idénticos carriles,
van pasando los abriles
con macollajes de males.
Él ya no encima baguales
para entibiar las bajeras,
y yo con la bichoquera
que me va dejando enclenque,
vivo embramado al palenque
del que no se recupera.

Hace mucho estoy varao
en la estancia del amigo,
que me da carne, abrigo
y plata que no he ganao.
Me llaman "acreditao",
nombre que viene de lejos
cuando los criollos parejos
que supieron ser patrones,
¡jamás echaron a peones
que se iban poniendo viejos!

A trancos de la matera
tengo sitio pa'mi solo,
me visitan los chingolos
y las palomas caseras.
De vez en cuando me espera
algún peón para yerbear,
y al entrar a recordar
alguna hazaña pasada,
¡es como el agua sagrada
que me hace resucitar!

Pero esa es una salida
transitoria de las penas,
por el cauce de mis venas
se va licuando la vida.
Con estas prendas curtidas
de mi recao bien habido,
se amadrinó el renegrido
mancarrón de mi destino,
¡que galopa en el camino
del tiempo que me ha vencido!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Mi poncho encerado


Aflorando del pasado
con remesones de historia,
se cobija mi memoria
en éste poncho encerado.
Lleva en silencio guardado
el chasquear del aguacero,
que aguantó con el resero
para cuidar su elegancia,
cuando salió de la estancia
al corral del matadero.

Poncho de tono cercano
al negro descolorido,
se nota que fue cosido
sin errores con la mano.
Hecho con lienzo liviano
y de forma circular,
suple al toldo y al hijar
sin ningún impedimento,
¡y al galopar contraviento
"se agacha pa'no volar"!

Prenda de ayer que perdura
por muchas generaciones,
que fiel con las tradiciones
respetaron su estructura.
Aunque ya no la mixtura
de hollín, aguarraz y cera
con clara de huevo que era
aliada a la aceite'e lino;
¡cosas del tiempo argentino
que usó la gente campera!

De boca más vale chica
para que no filtre el agua,
abajo es como paragua
cuando al caer se abanica.
Sobre el caballo se ubica
del anca hasta la "clinera",
tapando las estriberas
para cubrir el encuentro,
y poder pisar de adentro
estribos y agarraderas.

Es un testimonio estable
con entronco soberano,
que en la vida del paisano
fue su amigo inseparable.
Poncho encerado, impermeable
original por su estampa,
con cicatrices de guampas
de diferentes tamaños,
¡que le punzaron los años
y el temporal de la pampa!



(Pintura: Mauricio Fidelis)

domingo, 19 de diciembre de 2010

Adios al resero


En la llanura surera
Le sacó el bozal a un ruano,
Y quedó con una mano
Tanteando la tabaquera.
Con la otra formó visera
Pa observar el callejón,
Y al ver pasar un camión
Con vacas pa´l matadero,
En la cara del resero
Trastrabilló un lagrimón.

Afloraron en su mente
Las horas malas de marchas,
Desollando las escarchas
O bebiendo aire caliente.
Oyó la voz de la gente
Que le iba cortando el paso,
Para ofrecerle un abrazo
En la puerta del corral,
Cuando sin errar un pial
Jugueteaba con el lazo.

La tropilla de asustada,
Por el toque de bocina,
Se apretó con la madrina
Pa volverse a la manada.
Entre las pajas tirada
Quedó la “trebe de fierro”,
Y cerca de ella el cencerro
Se atrincheró boca abajo
Para callar al badajo
Que le tocaba destierro.

Los tientos de la encimera
Se arrugaron de resecos,
El poncho encerao sin flecos
Le dió paso a las goteras,
El sudor de las bajeras
Se salitró en la carona;
Y en la maleta de lona
Que supo ser pa´ los vicios,
Al terminar los servicios
Se oxidaron las lloronas.

Con ese camión jaulero
Y el avance del progreso,
Se consolidó el receso
Permanente del resero.
Ya nunca más el lucero
Le podrá oír el silbido,
Porque en el tiempo se ha ido
Dios sabe pa´ que región;
Ggalopando un redomón
Que le ha prestado el olvido!

martes, 8 de diciembre de 2009

A la mujer fortinera


Noble mujer fortinera,
guapeza en tiempo aciago
que se alejó de su pago
gaolpeando campo afuera.
De buena ley, compañera
del hombre que tanto quiso,
juramentó el compromiso
de no dejarlo hasta el fin,
¡por eso llegó al fortín
y entró pidiendo permiso!

Pasó a la fuerza efectiva
con derecho a las raciones,
y mucahs obligaciones
marcadas por directivas.
Cuando ingresó la cautiva
que pudo ser rescatada,
ella que estaba formada
a la vida de frontera
la protegió en la trinchera
cuando amagaba la indiada.

Le dió valor a la vida
de tanto palpar la muerte,
jugando un poco a la suerte
en los ataques suicidas.
Supo buscar la comida,
ligar una lanza rota,
hacerse de un par de botas
de las patas de una yegua,
¡y del mangrullo a la legua
ver dispersos en derrota!

Cuando salió el regimiento
a cumplir con sus deberes,
quedaron estas mujeres
al mandato de un sargento.
No se escucharon lamentos
y menos gritar llorando,
la corajeraron fumando
sin llmarse por el nombre;
¡a cuántas vestidas de hombre
las vieron morir peleando!

Tuvo hijos por la pasión
que nació del fortinero,
y también del indio artero
que la llevó en un malón.
Como acto de afirmación
de la violencia inaudita,
¡está la puntana "Rita"
que en un toldo cautivada
por un cacique violada
fue madre de "Baigorrita"!

Aunténticas heroínas
fueron las mujeres nuestras,
con abundancia de muestras,
para la historia argentina.
Con estas blancas genuinas
que amojonaron fronteras,
llegaron indias sureras
que bajaron del caballo;
¡un veinticino de mayo
para abrazar la bandera!