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jueves, 16 de noviembre de 2017

Me visitó la Virgen


(Dibujo: Rodolfo Ramos)

¡Me visitó la Virgen, gracias a Dios! Mi rancho
que se despluma y  tiembla al paso de los vientos
y lo sacude un largo destino de tapera,
se me ha llenao de flores, de niños y de rezos.

Yo vivo pa'los negros misterios de la tierra
y a las alturas solo mi pensamiento elevo,
cuando desvelos hondos me embargan y procuro
estrellas o relámpagos pa'iluminar mi verso.

Cuando se jueron todos y me quedé con ella,
me puse pa'adorarla mi chiripá más nuevo
y viejo por afuera y por adentro niño,
la contemplé con todo mi proverbial respeto.

¡Qué linda estaba llena de celestial belleza!,
tan pura como el agua del manantial que tengo
pa'que en las noches bajen los astros a mi rancho
o apaguen en las sombras sus ansias los viajeros.

Por una herida vieja que la techumbre tiene
se derramó la luna pa'humedecerle el pelo
y pálida luciérnaga que floreció en la noche,
le puso en la diadema su pulsación de fuego.

Tu tela araña como tutela de crepúsculo
hilando luna y seda se descolgó del techo
y le tejió paciente, un manto a su pobreza
que asujetó a lo alto, horcones de silencio.

Cuando se jueron todos y me quedé con ella
me puse pa'almirarla el chiripá más nuevo,
y hoy tengo los altares del alma florecidos
y sin saber la causa, me siento más contento.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Déjenmén en tierra (Recitado)



A mí no me recen
endispués de muerto,
en hacer gauchadas
gasten ese tiempo.
No quiero que el alma
me abandone el cuerpo…

Anduve la vida
por caminos güenos,
resignao y manso,
priestando mi apero,
priestando mi poncho
mi moro y mi techo,
que’s, al fin de cuentas
lo poco que tengo,
ganao con trabajo
y en míseros sueldos.

El cuchillo sólo
lo usé de tropero
hachando algún gajo
pa’ priender el juego.
Pa’ cortar alambre,
ni a Dios se lo empriesto;
corto una estribera
si un bagual mañero
arrastra algún gaucho
del estribo’e fierro.
En peliar? Mil veces
lo empeño primero.

Es pa’ mi lo mesmo
un blanco que un negro,
y en las religiones,
por denguna dentro
porque en todas ellas
encontré lo mesmo.

A mí que no me recen
porque tengo miedo
que los oraciones
me lleven al cielo
ande -dice- han ido
tantos que no quiero
ni en la mesma gloria
toparlos de nuevo.

Pasaron en vano
la vida, y mintiendo,
negándole al niño
el pan y los sueños;
matando a miseria
puebluchos enteros,
y haciendo de muchos
que sirven pa’ ejemplo
con sus injusticias
jaguares y perros.

Si es, que esos mandingas
han subido al cielo
empujaos de abajo
por misas y rezos
porque se achicaron
y se arrepintieron;
o porque donaron
pa’ salvar el cuero
a la Santa Iglesia
los robos que hicieron;
déjenmén en tierra
por si acaso es cierto.

A mí no me recen
que me voy contento
déjenmén el alma
pegadita al cuerpo…
Pero eso sí, hermanos:
que me entierren quiero
al pie de algún árbol
-cualquiera es lo mesmo-
déjenmén pagarle,
algo por lo menos
a la madre tierra
que tanto le debo.

Subiré a la savia…
brotaré en renuevos,
me abriré en las flores
de pétalos frescos,
ofreciendo el netar
al dardo mielero…
Maduro en semillas
nutriré polluelos…
cantaré en sus picos,
volaré con ellos…

A mí no me recen
que me encanta el suelo;
quiero ver la luna
que inspiró mis versos,
andar por los riachos
corriendo, corriendo…
Oír la guitarra
errante del viento,
aliviar las hondas
tristezas del muerto
extraño y profundo
dolor del silencio.



jueves, 17 de agosto de 2017

Maidana


(Foto de Serviliano Maidana, baqueano del general Lavalle)


Jué en una de mi flor. Hasta en los cerros
nacían margaritas coloradas
y quedamos dispersos unos pocos,
con malas armas y ninguna bala.

Entreviero feroz: ¡Vinchas y bolas!
melenas y clineras enredadas,
relámpagos de sables y facones;
divisas rojas y divisas blancas.

Allá sobre la frente del sol bajo,
semejaba una vincha roja franja.
Dejuro había salpicao la orilla
del horizonte azul la sangre gaucha.

Nos traiban derrotaos y de tan cerca,
los gritos nos golpiaban en la espalda,
y nosotros echaos sobre el pescuezo
charquiando los reyunos a rodajas.

Llovía un chaparrón de boliadoras
que acalambraba los matungos maulas;
como trío de yaras cabezonas
se enredaban juriosas a las patas.

Maidana me seguía a un tiro’e lazo
gastándole el resueyo a un criollo pampa,
cuando lo vide cáir, tosiendo sangre
ensartao en las aspas de una lanza.

El caballo cruzó. De puro instinto
lo agarré del cabresto a la pasada,
pa’ llevarle, a lo menos si volvía
la noticia a la viuda y las cacharpas.

Mejor me hubiese güelto sobre el pucho
a vender junto a él, la vida cara
a quebrar el facón contra los sables
pero a morir en ley como Dios manda.

Y lo dejé nomás… Pobre mi amigo…
Amigo de la paz y las patriadas;
amigo de las malas y las güeñas,
y amigo de las güeñas y las malas.

Y espueliando por juera a un duro’e boca
-como adentro el dolor pinchaba mi alma-
me escabullí por fin del chucerío,
como dice el refrán, echao en l’anca.

Se hizo la paz y regresé al ranchito
del que quedo tirao en las quebradas
defendiendo el color de una divisa
vergüenza ponzoñosa de mi raza.

Me acuerdo que me dijo muchas veces
en charlas del fogón o de la carpa:,
“-Si sos amigo y regresas con vida,
cuidame el gurisito si me matan”.

Por eso lo lloré junto con ella.
Igual que un perro le cuidé las casas
y gasté con los suyos los vintenes
que en domas o tropiadas agenciaba.

Y al gurisito, con cariño’e padre,
si se dormía, lo acosté en mi falda
y si lloraba de mimoso que era
le empriesté pa’ juguete mi guitarra.

Pero vino después la “primavera”;
se ajuntaron de a yuntas las bandadas,
y echaron flores, dende los rosales
hasta esos yuyos que a la hacienda matan.

Y un vaho de vida resurgió violento
que en ley pareja la natura implanta,
y ardió el instinto como un juego interno,
que a procrearse las especies manda.

Y ella tenía veintidós abriles…
Eran sus senos como dos torcazas,
tenían sus ojos un mirar profundo,
había en su boca contenidas ansias!

Y, yo me paro, si a degüeyo tocan,
y a veces, antes de copar la banca…
pero si dentran a jugar polleras,
si solo no me paro… no me paran!

Y como me conozco y soy güen gaucho
-antes dejuro, de meter la pata-
junté las pilchas, ensillé mi moro,
y con tristeza le anuncié la marcha.

Pensaba dirme como el hombre limpio,
bien atrás el sombrero, la frente alta!
que potros pa’ montar y chinas lindas,
ni nunca me faltaron ni me faltan.

Le dije: “-Me viá dir por un tiempito,
me han echao en el pago la perrada,
pero cuente lo mesmo con mi ayuda
que, teniendo yo plata, tendrá plata”.

Ñubló sus ojos el cristal del llanto,
bajó la frente de dolor cansada;
como una hermana se abrazó a mi cuello,
y yo la recibí como a una hermana!

Casualidá fatal que ató a mi vida
el ñudo potriador de la desgracia!,
sentí ruido de espuelas, miré afuera;
cuando en la puerta se paró Maidana!...

Nos miró sacudiendo la cabeza.
Tenía en los ojos un mirar de rabia
y se quedó parao como un palenque
sin decirnos siquiera una palabra.

Después, besó al botija que en un banco
como una piedra dormidito estaba
pa’ envolverlo temblando entre los pliegues
rojos y azules de su poncho patria.

Y con él en los brazos montó’e nuevo
y se puso chiquito a la distancia…
Mejor me hubiese güelto aquella tarde
a vender junto a él la vida cara…!!

miércoles, 21 de junio de 2017

Pa'qué (Candiles)




Nací como los pumas en los pajales
... me crié campiando rumbos de loma en loma
y le robé los trinos a los zorzales
enredaos en cimbrones de las bordonas.

Las rosadas auroras de cada día
adornaron mis sueños desde muchacho
y escribí las primeras estrofas mías
a facón en el tronco de los lapachos.

Muy temprano por cierto me despertaron
los gritos de mandato de mi destino
y locas inquietudes que me tentaron
a pisar las culebras de los caminos.

Y enristrando mi pluma como una lanza
a corazón y brazo me abrí salida
y en el criollo incansable de mi esperanza
en busca de horizontes dientré en la vida.

Y en la vida, mis sueños dejé dispersos
a cambio de experiencias y de dolores,
dolores que en mi pecho se hicieron versos,
y versos que en mis labios se hicieron flores.

Y adorné mi guitarra con mis quereres
y la cinta sonora de su armonía
y libé en los pimpollos de las mujeres
pal camoatí sabroso de mi poesía.

He rendido a mis sueños caro tributo;
aura que nu'hay remedio lo he comprendido...
cultivé mi cerebro pa dar su fruto
y aprendí los caminos pa'andar perdido.

Aura que el desengaño corrió la venda
que apretaba mis ojos como una garra
veo sólo seis cuerdas como seis sendas
que me guían al fondo de mi guitarra.




jueves, 18 de mayo de 2017

La yerra





En los pagos del soldao,
allá metido en la sierra,
es costumbre de una yerra
que el tiempo no la'ha borrao
ver paisanos bien plantaos
tendiendo un royo tras otro
y en el medio del alboroto
en un zainito y al tranco
el Dr. Ramos Barranco….
rumbo a su yerra don Toto.

Una cerrazón helada
lenta empieza a levantarse
y en el cielo al dispejarse
cenicientas pinceladas,
la arboleda está rodeada
por una inmensa humadera,
y como rojiza esfera
que va bordeando una orilla,
corona el sol la cuchilla
que baña en luz la pradera.

En la verde rinconada
donde va a empezar la yerra,
hay un balerío que aterra
de la hacienda amontonada.
A una cuadra aproximada
hay un gran fogón prendido,
con los tres fierros metidos
que es la marca de la casa,
confundida con las brasas
de los talas encendidos.

Allí está como un ciñuelo
de la gente comedida,
la carreta desunida
con el pértigo en el suelo;
al rodeo sin recelo
entran los enlazadores,
en pingos escarceadores,
que al ver revolear los lazos
se balancean al paso
como pisando entre flores.

Uno se viene sacando
un pampa negro machazo,
viene sentao en el lazo
la lengua afuera y balando.
Los pialadores formando
dos filas en su costao
revolean entusiasmaos
dándose tiempo y lugar,
siempre el que sabe pialar
es el menos apurao.

Con dos rollos un volcao,
se le cierran las dos manos
y en su culero el paisano
la cimbra del lazo ha llevao,
se empina el mamón pialao
tras el tirón que lo humilla,
dobla dispués la rodilla,
muestra la barriga blanca,
y chicotea con el anca
sobre la verde gramilla.

Brota el humo en nube espesa
sobre del cuadril quemao
y brama el toro apretao
en su indómita fiereza.
Allí se ve con destreza,
muy común en nuestros criollos,
pialar sin capa ni embrollo
a un toro en ágil gambeta
y por sobre las paletas
pialar con tuitos los rollos.

Lentos zumbidos de armada
ruidos secos de carona,
triste gemir de llorona
y olor a reces quemadas,
y la porfía en la perrada
con los toros de la sierra,
ruido de casco en la tierra
que repercute el sanjón,
y guitarra y acordeón,
al terminarse la yerra.
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Versión del paisano "El Resero de Mataderos":

Fidel



Jué una noche clara, de luna en menguante
de un junio tan frío, que helándome está;
como una golilla, blanquiaba la helada
tendida a lo largo del Arerunguá.

No sé si “mandinga” andaba esa noche,
lo cierto es que, ¡diande poderme dormir!
Ojalá me hubiera dormido del todo.
Me duele entuavía lo qu’he hecho sufrir.

Me tiré del catre, con cierto fastidio
al sentir los perros, a gente ladrar,
y vide, en la sombra, de un cerco de talas
que al galpón un hombre pretendía entrar.

Me crucé el de apala, me engolví la faja,
más bien por costumbre, manotié el facón
y me juí agachando por atrás de un brete
con la certidumbre que juera un ladrón.

Lo vide clarito! Jué al gancho’e la carne,
no encontrando nada, por casualidá.
¡Era un mozo güeno como el pan bendito;
mire hasta ande llega la necesidá!

Yo lo conocía, era un gran amigo,
pude comprobarlo, pues más de una vez,
cuando de Entre Ríos tráibamos baguales
de distintas formas probé su honradez.

Pero allá en su choza tenía seis gurises
que, dende esa noche, huérfanos están
y qué no hace un padre que quiera a sus hijos
si llorando de hambre le reclaman pan.

Y en el rancho pobre de rotas paredes
temblando de frío la infeliz mujer,
con cuentos de brujas calmaría los hijos,
esperando a su hombre pa’ hacer de comer.

Como iba diciendo: traté de ocultarme,
pero en ese instante salía del galpón
y dejuro, al verme, de golpe y zumbido
le causó, quien sabe que fiera impresión.

Sorprendido el pobre perdió los estribos,
desnudó la daga y me atropelló!
El frío’e la helada que esmaltaba el campo
lo sentí en mi cuerpo, esa noche yo.

Tal vez de vergüenza no alzaba la vista;
yo alcancé a gritarle: “¡Respete Fidel,
no me comprometa!, ¡piense en sus gurises!”.
Pero estaba ciego el cristiano aquél.

Nunca vi una daga más cerca’e mis ojos
como un rejucilo brillaba al pasar!
Le ladiaba el bulto, y en la mesma panza
como fría culebra la sentía rozar.

Perdí las chancletas, extravié el sombrero
¡como cuadra y media me hizo recular!
A los resfalones entre la gramilla
con helada y todo alcancé a sudar.

Y viendo dejuro, que me achuraría
no había ni un testigo, el cielo era el juez,
eché mano al fierro, y, hasta luego amigo.
¡Qué remordimiento me ha quedao dispués!

Al pensar canejo que al rancho derruido
dispués de esa noche de frío tan cruel
en lugar de carne pa’ los gurisitos
llevaron el cuerpo del pobre Fidel.


lunes, 24 de abril de 2017

El Amigo


(Pintura: Aldo Chiappe)

Éramos como hermanos, con mi amigo:
suyas eran las pilchas de mi apero,
mi “moro”, mi guitarra, mi confianza,
y hasta la intimidá de mis secretos.

Y era mío también todo lo suyo:
su caballo, su poncho, su dinero,
y sus males también y sus pobrezas.
Éramos como hermanos con Ruperto…

En yunta trabajamos en las yerras
o rondando ganao pasamos sueños;
por turnos galopiamos los ariscos
o charquiamos a espuela los mañeros.

Me ayudó y lo ayudé, parejo siempre,
en la paz, en la guerra, en todo tiempo.
A brazo lo saqué de una creciente
y en ancas me sacó de un entreviero.

Después, pa’ mi desgracia hice una muerte
de esas que llegan como llega el viento,
que nos pecha nomás y en cualquier caso,
resulta inútil perfilarle el cuerpo.

Ya metida la pata no sabía
si ganar las bagualas o dir preso.
Conozco las angustias de la celda
y la arisca tristeza del matrero…

“Tenés un gurisito y una moza
que viven de tu amor y de tus pesos
-me aconsejó con su habitual sonrisa-
cambiame de facón y yo me entriego”.

No pude disuadirlo de su idea.
Era como hijo’e vasco el indio’e terco,
y después de acordar declaraciones,
a presentarse se marchó pa’l pueblo.

El tiempo que pasó, no estoy seguro,
pero jue, más o menos… año y medio.
Cuando una tarde regresó con todas
las hondas cicatrices del encierro.

Y como antes lo ayudé otra güelta:
con mi confianza lo acerqué a mi pecho
pa’ansí ahuyentar la timidez huraña
de perro cuando llega a rancho ajeno.

Y le di la mitá de unos baguales
-que amansarles, le agarré a los Lemos-;
la mitá de los tragos de mi chifle,
un medio corazón y un medio techo.

Y tuvo pa’ sus potros mi palenque,
mi gaucha lira pa’enredar recuerdos;
la sombra de mi ombú pa’l sol de estío
y el calor de mi poncho pa’l invierno.

Pero una tarde comprobé una escena
que aunque la vide, me costó pa’ crerlo.
Y me hinca el corazón como una espuela
y me hace lagrimear cuando me acuerdo.

Jue en ese tiempo que se ve en las lomas
repuntar las manadas los enteros
y los toros alzao taparse en tierra
rompiendo los lunares del rodeo.

Y se ajuntan de a dos los pajaritos
y los jaguares de la selva, en celo,
con las diez medias lunas de sus garras
les dibujan tatuajes a los ceibos.

Y máullan mano a mano los monteces
en arco el lomo y erizao el pelo,
y charquiaos a colmillo andan sangrando,
los cimarrones de peliarse entre’llos.

Que los vide clarito junto al poso…
y la que con su amor tejió mis sueños,
entornó los ojazos media augada
con el calor asfixiador de un beso.

Me asujeté del crimen, a una vara.
Pa’ que me vieran me compuse el pecho
y me puse a ensillar de lomo duro
como dice el refrán, pero en silencio.

Por eso, cuando agarro una guitarra
pa’ ahuyentar el dolor que llevo adentro,
me salen remolonas las versadas
como si me lerdiara el pensamiento.




(Dibujo: Vasco Machado)

domingo, 9 de abril de 2017

Veneno y sol


(Pintura: Carlos Montefusco)


A vos Morocho Barboza.


Tacataca el pingo moro,
tin tin el duro cencerro,
tan tan, las duras rodajas...
Y el camino polvoriento
se eleva en tirabuzones
de ardiente polvo hasta el cielo.

El sol cae sobre mis hombros
como un aliento de infierno
y entre yo y el horizonte
el río, lejos muy lejos
lleva sus frescos cantares
por largos senderos frescos.

Aquí, del codo p'arriba,
puse hace horas un tiento
con tres güeltas y tres ñudos
y aura no sé que se ha hecho...
ha de estar en ese tajo
que rodea el codo negro...

Y éste eterno taca taca
y el duro tan tan eterno
en este camino largo
bajo un polvo como juego.
En este brazo deforme
se me hace sentir que tengo
gravidez de cien cruceras
porque el brazo es un incendio.

Mentira la vencedura
el que vence es el veneno,
y la víbora ignorancia
que envenena nuestro tiempo.
Si hubiera trajiao mi brazo
y chupao bien el veneno,
y hubiera hundido el cuchillo
en el indio curandero
pa'ir salvando la ignorancia
de un mal tran criollo y tan viejo.

Mentira la "vencedura"
si yo me vengo muriendo
con éste ardor de rescoldo
quemante ardor de cien juegos.
Y esta fiebre y esta angustia
y en los ojos este peso.

Y este tajo sobre el codo
ande até temprano un tiento...
con tres güeltas y tres ñudos
pa que no pase el veneno.

Mentira la "vencedura"
maldito los curanderos
y la ignorancia maldita
como el duraznillo negro
que reverdece en la seca
y no muere en el invierno.

Taca taca, el pingo moro,
tan tan el duro cencerro,
tin tin mis grandes rodajas...
si no me apuro me muero
y si me apuro me caigo;
y el río lejos, tan lejos
que a veces el horizonte
le impide a mis ansias verlo.

Yo quiero llegar en antes
que me caiga sobre el seco
y polvoriento camino
bajo ese sol del infierno
con éste brazo encendido
en un fogón de veneno
y cien cruceras peliando
en grandes flores violetas
ande en antes hubo un tiento
que no ha desatao denguno
y ha de estar por áhi adentro...
atajando las cruceras
que no se corran pal cuero.

¡Qué lentas pasan las horas
cuando uno se está muriendo...!

Taba


(Pintura: Carlos Montefusco)


¡Cómo te pareces a esas mujeres
que tienen siempre retobada el alma!
que a veces nacen buenas y la vida
de tanto hacerles mal… las hacen malas.

Mis manos te lustraron a caricias;
te llevé en las maletas cuando andaba,
gastando los caminos de la tierra
en busca de carpetas y tabiadas.

Y juistes en mis noches de desvelos
novia sin encetar, amiga, hermana,
toda mi fe de jugador sin suerte
pendiente de tu mísera esperanza.

Pues mi sencia en vos, con yapa y todo;
cuando entré a ejercitar tus güeltas pálidas
me faltó maña pa’enriendar un potro
o buscar un estilo en la guitarra.

Y, a siete pasos te dejaba siempre
como nacida allí… medio inclinada
sobre cualquier saliva en cancha dura;
naides pudo aguantarme en las oladas.

¡Y cómo me sentía de seguro
cuando las libra rebalsaban blancas!
¡Eres el alma de mi mano lisa
a riendas de domar, cabresto y grasa!

Cuando aburrido de gastar caminos
busqué la soledad de mi guitarra
pa’ revivir recuerdos en mis versos
y curarme de heridas que no sanan…

Te puse en la solera, pa’ olvidarte,
porque si bien me dista mucha plata
causaste con tu… liso, mi deshonra
como esas pobres mujercitas malas.

¡Por vos robé baguales entrerrianos,
pasé cien contrabandos pa’ mi Patria,
copé paradas sin tener ni un peso
y pelié sin razón; por vos malvada!

Me olvidé de rezar y de la Virgen,
me olvidé de golver de las tropiadas
al rancho tibio de mis padres pobres
ande la vida sus promesas canta…

Y estuve entre las celdas y los montes
pobre y hasta sin fe que es cosa amarga…
Te tengo un odio extraño vieja amiga,
Mezcla de compasión, cariño o rabia!

Tu amartillo tiricia, tu azaroso
vivir entre machaje, vino y caña
manoseada por todos, por cualquiera,
igual que esas mujeres desgraciadas.

Que viven muertas por su propia vida,
me hacen sentir por vos cariño y rabia;
tu suerte es falsa, volcadora, arisca…
y eso que eché mis veintidós clavadas.

A ocasión no puedo con el vicio
te saco’e la solera toda ahumada
te barajo en mi mano endurecida
a riendas de domar, cabresto y grasa.

Me voy al patio y en cualquier blandito
-como el que nace pa’ tirar la taba-
te dejo inclinadita a siete pasos
como en mis peores días, ¡qué desgracia!

miércoles, 20 de abril de 2016

Dejenmen en tierra




A Hugo Beltrán


A mí no me recen
en dispués de muerto
en hacer gauchadas
gasten ese tiempo.
No quiero que el alma
me abandone el cuerpo...

Anduve la vida
por caminos güenos,
resignao y manso
priestando mi apero,
priestando mi poncho,
mi moro y mi techo,
qué's, al fin de cuentas
lo poco que tengo,
ganao con trabajo
y en míseros sueldos.
El cuchillo sólo
lo usé de tropero
hachando algún gajo
pa'priender el juego.

Pa'cortar alambre,
ni a Dios se lo empriesto
corto una estribera
si un bagual mañero
arrastra algún gaucho
del estribo'e fierro.
En peliar? Mil veces
lo empeño primero.

Es pa'mi lo mismo
un blanco que un negro,
y en las religiones
por denguna dientro
porque en todas ellas
encontré lo mesmo.

A mí no me recen
porque tengo miedo
que las oraciones
me lleven al cielo
han de -dice- han ido
tantos que no quiero
ni en la misma gloria
toparlos de nuevo.

Pasaron en vano
la vida, y mintiendo,
negándole al niño
el pan y los sueños;
matando a miseria
puebluchos enteros,
y haciendo de mucho
que sirven pa'ejemplo
con sus injusticias
jaguares y perros.

Si es, que esos mandingas
han subido al cielo
empujaos de abajo
por misas y rezos
porque se achicaron
y se arrepintieron;
o porque donaron
pa'salvar el cuero
a la Santa Iglesia
los robos que hicieron;
dejenmén el alma
pegadita al cuerpo...

Pero eso sí, hermanos:
que me entierren quiero
al pié de algún árbol
-cualquiera es lo mesmo-
dejenmén pagarle
algo por lo menos
a la madre tierra
que tanto le debo.

Subiré en la savia...
brotaré en renuevos,
me abriré en las flores
de pétalos frescos,
ofreciendo nétar
al dardo mielero...
Maduro en semillas
nutriré polluelos...
cantaré en sus picos,
volaré por ellos...

A mí no me recen
que me encanta el suelo;
quiero ver la luna
que inspiró mis versos,
andar por los riachos
corriendo, corriendo...

Oír la guitarra
errante del viento,
aliviar las hondas
tristezas del muerto
extraño y profundo
dolor del silencio.

............................................................................

Nota aclaratoria:

El payador don Pablo Diaz ha omitido algunos pocos versos en su sentida recitación que acá se los acercamos pa que refresque su memoria cuando guste y  precise...Y pa'los que no los conocían va en su  completa versión sin transgresión y a lo toro.
(Sacados del libro "Trote Chasquero" pags., 48,49 y 50).

miércoles, 13 de abril de 2016

Ida (Romance recitao)


(Pintura: "Velorio del angelito" de Molina Campos)

Me pidió sollozando
que  agenciara remedios,
en los brazos tenía
el mayorcito enfermo
y un tremendo dolor en las pupilas...
Un dolor puntiagudo que aún lo siento.
Y me dijo también el pobrecito:
"¡Si usted no va, me muero!..."

Sobre el pucho a mi moro
 le acomodé los cueros
y le puse por alas, dos rodajas de fierro.
para envainarlo al camino
y a la noche melenuda de viento
pues la vida de un niño vale más
que toda una tropilla'e parejeros.

¡Qué noche más oscura aquella noche!
¡Qué camino más feo!
¡Nunca he visto tormenta tan tormenta
ni recuerdo pampero más pampero!
Le temía a las nubes que tiznaban el cielo
negras como las sombras de los espacios negros
porque estaban repletas de amenzas,
y heridas por relámpagos siniestros.

"¡Si se quedara inmóvil!", yo pensaba,
el arisco reflejo que prende el rejucilo
en el estar, el patio con su yesquero inmenso,
¡si le salieran alas al caballo
o se pusiera un poncho el pago entero!
¡Si me vieran los ojos de Jesús Nazareno:
acortaría el camino o acercaría el pueblo,
pa ayudarme a salvar a un niño rubio...
rubio como las clines del lucero.

Yo ende chico le tuve a los difuntos, miedo,
si se vuelven luz mala pa'buscar cementerio;
a los toros alzaos de campo ajuera,
los tigres cebados de monte adentro,
al apuro del rayo, al galope del trueno,
a los ríos crecidos y a los campos desiertos...
¡Pero pa'hacer un bien no temo a nada!,
porque pa'hacer un mal a todo temo,
y llevaba la idea amojonada al pecho...
Si encuentro luces malas, me santiguo y las dejo,
que no es de buen cristiano enquistarse por muertos.
A perro cimarrón le disparo
y a gauchos cimarrones, los peleo.
pero po'el camino por donde voy, regreso,
pa que tenga esperanzas una madre,
y un niño tenga, pa la madre: beso.
------------------------------
La carpeta tenía el candil en el medio
como un ojo que mira por la emoción pa'dentro,
y un redondel de gaucho melenudos
amadrinados por el calor del juego.
Se estrellaba con oros la media noche un peso
las espadas cortaban de las ansias los flecos
y el "tintín" amarillo de las libras
al sueño degollado de un cencerro.

De los gajos torcidos de los bastos,
torcidos y espiguientos,
colgaban esperanzas, caras como los pesos
y volcaban las copas sobre el poncho
un mundo contenido de silencio.
El mazo mesturaba sus cuarenta secretos
como cuarenta dudas o cuarenta misterios,
echando buenas pa'los hombres malos
y echando malas pa'los hombres buenos.

Y me llevó una sota
lo que traiba pa comprar los rimedios,
el rey zurdo, el facón de plata y oro,
y Salomón el poncho pa' recuerdo
y después un caballo sobre el lomo:
hasta la última pilcha de mi apero.

"¡Pero me queda el moro!", yo pensaba,
pa jinetearlo en pelo y atravesar la noche
como un pájaro negro,
aunque me crucifique al camino,
todos los rayos
que ha tendido el cielo
y mientras lo levanto en la llorona
recordaré algún rezo
pa'pedirle su ayuda
al que murió en la cruz
por ser tan bueno...
y rezo y espueleo,
pa'que tenga abajo nazarenas
y arriba al Nazareno...

Pero ¿pa'qué Señor
quiero el caballo,
si no tengo ni un
cobre pa'remedio?
Y lo jugué al as de oro
porque tiene en el centro
una cara igualita
a la de aquella
que a Nuestro Redentor
llevó en su seno,
y Él sabe lo que vale,
un hijo rubio,
rubio como las clinas del lucero.
-----------------------------------
Se corrió la tormenta
y en el azul del cielo,
se hundieron las estrellas
con sus pabilos muertos
y puso el alba con un arco grande,
su abanico de luz sobre los cerros.
Con temblores de pájaros ariscos
despertaron los campos soñolientos,
con temblores de pájaros que traiban
cuerdas, pa la guitarra del silencio,

Han pasao muchos años en la noche,
que hasta mi moro chamusqué en el fuego
y ando siempre domando y siempre en potros...
¡Ha de ser maldición... del niño muerto!


sábado, 9 de abril de 2016

Confianza


(Pintura: Carlos de la Torre)

Es reducido mi rancho
pero se le empaca al viento,
mientras le quepa el recao
que desensillen viajeros.
Lo alcé pa'mí, pa'l que llegue
sin mirar si es blanco o negro,
techo pa'l bueno y pa'l malo
fogón pa'l malo y pa'l bueno.

Yo nunca tuve enemigos
ni los tendré, ni los quiero
me suebra con mis baguales
pa'andar armao de resero.
Y aunque me gusta estar solo
pa'madurar el silencio,
se lo agradezco al camino
cuando me acerca un viajero.

Pa'él siempre el primer amargo,
el mejor sitio en el fuego
y en cuanto está el churrasquito
que corte siempre primero.
Jamás le pregunto el nombre,
(¡tan mal costumbre no tengo!)
si es oriental o es bayano,
si es entrerriano o porteño.

Si viene mojao, pa'cama,
alguna pilcha le empriesto
aunque suelo andar de pobre
que me lloran los pelegos.
Pa'mi confianza me basta
con haber sido y ser bueno:
yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré, ni los quiero...

yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré, ni los quiero.





Relincho


Redonda e inoportuna
por la tormenta cerrada,
al oír la relinchada,
rompe un nubarrón la luna.
Todo duerme pero una
inesperada invasión
de gauchos en dispersión
que a la campaña estremece,
emerge como si fuese
la vanguardia de un malón.

Anda gente misteriosa
rejuntando caballada,
se comenta en las ranchadas
y en la solitaria choza;
todo duerme y reposa
sobre la llanura yerta
desgrana el chajá su alerta
chapaleando luna y lodo
entonces sí, todo...todo...
lo que dormía...despierta.

Relincha un potro salvaje,
por el rumor conmovido,
como un clavideño erguido
sobre un pezón del paisaje;
aurio su fino pelaje,
marfileña su clinera,
desparrama la carrera
en la sonora llanada
donde inquieta una manada
ebrio el relincho de espera.

Y como una marejada,
la correntada clinuda,
se incrusta la noche muda
por el tropel desvelada.
La detiene una lomada,
imperativo resuello,
y al hincharse cada cuello
parece cada pescuezo
un clarín de carne y hueso
que está tocando a degüello.

Y de cuchilla en cuchilla
se oye el agreste mensaje,
va de paraje a paraje
de pago, de orilla a orilla.
Lo transporta una tropilla
de piquetes al corral,
va de caballo al bagual,
de la pulpería al quincho:
el cristalino relincho
flota en el aire oriental.

¡Ojo! No es el mismo que al compás
del cencerro y de badajo
se oyó en horas de trabajo
en plena aurora de paz.
Es mal agüero además,
marchita niña esperanza;
toma el joven, vieja lanza
y sin saber dónde va
en busca de libertad:
estriba, monta y avanza.

Clarín de llano y colina
presagio de mal agüero,
eco inquietante agorero
y anuncia desgracia y ruina...
Pinta el sol cuando declina
rojo horizonte otra vez,
niega orfandad, desnudez,
resurgiendo del olvido;
el luto desvanecido
cosió la ropa al revés.

Por las madres llora el río
y en las campiñas sombrías
¡Salvanos Virgen María,
ayudanos Señor mío!
Resurge el grito bravío
en busca de igualdad,
justicia, paz, libertad,
venganza, sangre y desquite;
una voz nueva repite:
"¡retrógrada humanidad!"

Manda ensillar el caudillo,
ensilla el chasque el baqueano
y el pacífico paisano
junta su apero sencillo.
Se encuentran sable y cuchillo
remora heroica bandera,
desciende el rancho a tapera,
le abre la fraterna mano
y en el desolado llano
duerme el arao a mancera.


Milico Gaucho


(Pintura: Carlos Montefusco)


En cuanto escampó quedaron
todos los charcos despiertos.
Y la primer virazón
los hizo temblar de miedo.
Salió la luna con frío
y unas estrellas con sueño
mientras hacían las ranas
gorgoritos de silencio.

Entonces todos los charcos
se llenaron de agujeros
pa' que las ranas se fueran
a romper cristales lejos.
Y allá en el bajo se oyó
sordo el rumor del carguero,
y estornudar las lechuzas
al despertarse los teros.

Yo era la guardia avanzada
y en mi confiaron el sueño,
diez hombres llenos de orgullo
servidores del gobierno.
¡Audaces! Marchar con luna
bajo la comba del cielo,
onda de azul infinito
ancha de campo y silencio.

Y haberme tocao' la guardia
por disgracia a mí que quiero
economizar las balas
pa' no fundir al gobierno.
¡ Audaces ! Marchar con luna
y tantos astros despiertos...
y esas lechuzas resfriadas...
y ese bochinche de teros.

Venir marchando con luna
y con un frío tremendo
que ha endurecido los pastos
y me ha torcido los dedos.
Ellos no saben que allí
hay diez milicos con Remington
pero sí saben que allá
están sus hijos hambrientos.

Y es tan pequeño el delito
que enguelven en los cargueros
que a veces hasta lo olvidan
y andan con luna y con sueño.

¡ Qué saben de la tragedia
que sufre el pobre!, los teros
mejor hicieran más nidos
y no ensuciaran los huevos.
Y quién mandó a las lechuzas
chismear que va un carguero
si a pobres naide les gana
y a contrabandistas menos.

La luna clara enemiga
oblicuo chorro echa al suelo
pa' que se aclare un delito
hijo bastardo del tiempo.
Brilla al chairarse en las vainas
de los sables miliqueros,
fría se cuela en los ponchos
gastaos a lluvia y a viento.

Ella que ha entrao a los ranchos
por las heridas del techo
y ha visto a niños temblando
ante el horror del invierno...
Ella que ha visto morir
esos saquitos de huesos
por ir con hambre y con frío
¿pa' qué brilló en el sendero ?

¿Pa' qué brilló? ¡delatora!
Si nunca echó de su seno
calor al rancho con frío
y al triste rincón del preso?.
¡Y viene a salir ahora!
Hoy justamente que quiero
que no se gasten las balas
pa' no fundir al gobierno.

Y yo apostao en la guardia
irresoluto y temiendo
que me divise el baquiano
o se despierte el sargento.
Garabateo un "¡alerta!"
me corro por el sendero
lo hago bandera en el sable
y vuelvo orondo a mi puesto.

Yo cuido lo del estao'
pa' eso me paga el gobierno
vaya a saber . . . ¡ cuantas balas !
le economizo con eso.

Consejos a los hijos varones




Por milonga

Yo se que no han de entenderme
pues son chicos todavía
pero ha de llegar el día
prodigando claridades
en que verán mis verdades,
rumbos, caminos y  guías.

No se den por mal servidos
si  fortuna no les dejo
ya que en la vida ¡canejo!
solo rejunté esperencia
le viá dejar por herencia
buen nombre y algún consejo.

No abandonen muy temprano
el rancho donde han nacido,
y aunque se crean precavidos,
traten primero: emplumar,
que tarda más en volar
el pichón que cae del nido.

No se apuren demasiado
si a un buen fin quieren llegar,
y en el que no se sabe andar:
peligro de sucumbir,
pingo bravo pa'partir
se cansa antes de largar.

Rejunta el caminador
buenas como malas mañas,
quien cruzó muchas campañas
toma un rumbo más seguro;
pero los gestos mas duros
se ven en caras extrañas.

Lejos de las amistades
son más amargos los males,
y entre dos hombres iguales
hay notable difierencia:
saliendo de la querencia
se arrocinan los baguales.

En estudios provechosos
bien ampliadas son las horas,
de aquellas cosas que ignoran
no tienen derecho a hablar,
la piedra sin redondear
no sirve pa'boleadora.

Mas solo con estudiar
no se va al triunfo derecho,
entuavía queda un repecho
regular por recorrer,
pues la cencia del saber
es sacarle buen provecho.

Pa'equivocarse en la vida
cada cual tiene su hora,
cuando la suerte es traidora
es ventaja ir adelante,
y a veces el ignorante,
sabe lo que el sabio ignora.

Es difícil aflojar
teniendo razón bastante
mas no olvide el que se plante
esta verdad d'entradora:
que el que no sabe que ignora
es dos veces ignorante.

Y si algo cierto no sabe
es conveniente callarse
se salvará de mezclarse
en cuestión que esté enredada
pues con la boca cerrada
no hay peligro de atorarse.

Con justicia y seriedad
se marca una senda cierta,
y en ella ha de hallar abierta,
de la vida, la tranquera
y podrá entrar ande quiera
con la cara descubierta.

Pa'entropillar desventuras
hay lugares muy propicios,
se encuentran los malos vicios
sin empeñarse en buscarlos,
solo dispués pa'dejarlos
es que cuestan sacrificio.

Yo también anduve en él
pero conocí el terreno,
le puse a los vicios freno
y lo que aprendí, regalo,
porque conozco lo malo:
distingo mejor lo bueno.

Nacen con las criaturas,
diferentes condiciones
y a veces las precauciones
ocultan las ignorancias,
y también las circunstancias
transforman los corazones.

Por Cifra

Si está enviciao a jugar
no trabaje que es en vano;
triste que pierda un paisano,
plata que ganó a sudor,
el que solo es jugador
cuando pierde queda a mano.

No hay peor juego que a facón
se pierde siempre peleando,
hasta es bueno hacerse el blando
sin dejarse pisotear,
pero si dentra a bailar,
amanézcase bailando.

El malo es muy conocido
sus intenciones dañinas,
sus maneras son mezquinas
y yo saco en conclusión,
qu'es más duro el corazón
del árbol que tiene espinas.

Hombre que mira'e soslayo
no es muy de facilitar,
no lo vaya a descuidar
si lo tiene compañero:
todo redomón mañero
vuelca la oreja al montar.

No se deje manosear
ni de entrada al alcahuete
haga que a usted lo rispete
el que de patrón lo ensilla:
que el animal sin cosquillas
queda pronto pa'l piquete.

Al manso todos lo ensillan
dice un refrán con aplomo,
ni patrón ni mayordomo
andan en caballo flaco,
ni he visto a ningún bellaco
estar lastimao del lomo.

La confianza compañera
de la vista sin reves,
no la de toda a la vez
y si la da, sepa darla,
porque es más fácil negarla
que retirarla dispués.

En la carpeta'e la vida
no juegue una sola carta,
jamás su dolor comparta
y aguante mascando el freno,
que el dolor no duele menos
aunque a muchos lo reparta.

Sufra el fuego sin balar
si una disgracia lo faja
es alivio y es ventaja
hacer el mal llevadero,
aprendiendo del hornero
que canta mientras trabaja.

El aguantar resignao
es de hombre manso y sereno,
afligirse es un veneno
que suele aumentar los males,
atrás de los vendavales
viene siempre el tiempo bueno.

Hasta los mismos volcanes
un día habrán de apagarse;
luche sin acobardarse
hasta con la mala suerte,
solo el sueño de la muerte
empieza pa'no acabarse.

Cuide el cuerpo y la salud
que siempre es más el más fuerte,
por mala que sea su suerte
no se apresure por d'irse,
porque hay tiempo p'aburrirse
por linda que sea la muerte.

De la mujer yo no se
si es bálsamo o es veneno,
y el almíbar en su seno
por contraste se juntaron
Dios y el diablo la formaron
de lo malo y de lo bueno.

Y es pa'l que la ha de elegir
tarea muy peligrosa,
ella escuende habilidosa
las maños bajo del ala:
rara vez de novia mala
se saca una buena esposa.

Desconfíe de la mujer
que ya lo anduvo engañando,
al ñudo la irá cuidando
pues como la mula es:
¡ande lo volteó una vez
lo querrá seguir volteando!

Hágale una tanteadita
que ya le va a disparar,
dése vuelta sin mirar
que si es de ley va a volver,
no olvide que a la mujer
¡no se le puede rogar!

Al desnudo la verdad
en mis verdades enanco,
mas nunca salga del tranco
quien quiera andar con firmeza,
porqu'es linda la franqueza
pero hay que saber ser franco.

Mienta obligao solamente,
porque eso es muy desdeñoso,
humillante y vergonzoso,
dice un refrán verdadero:
en boca del embustero
lo cierto se hace dudoso.

Por Estilo

De cristal fino, una copa,
representa la pobreza
una de oro: la riqueza,
si llenan de agua igual:
solo a través del cristal
se nota si hay impureza.

La libertad y la salud
bien se pueden comparar;
se suele el duro ablandar
de la libertad privao,
canta el pájaro enjaulao
porque no aprendió a llorar.

Las canas solas no guían
por caminos desparejos,
ni han juntao todos los viejos
esperencia y desengaños,
yo aprendí en muy pocos años
lo que digo en mis consejos.

Juzgar por las apariencias
no es pues de gaucho baqueano,
yo he visto en centros urbanos
hombres piores que salvajes:
y aves de bellos plumajes
que habitan en los pantanos.
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Y lleven siempre adelante
éstos consejos por guía,
yo aprendí en mis correrías
a golpes y trompezones
que al sembrar buenas acciones,
se cosechan simpatías.

Nunca lleguen a olvidar
esto que en verdad les digo
llevenlo siempre consigo,
guardado en el corazón:
porque mis consejos son
de padre, hermano y amigo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Mesiva: "La respuesta"...

  • (Pintura: Ángel Della Valle)

    Recibí con fecha trece tu sentimental cartita
    y te juro que al leerla lagrimié, no soy tan cruel,
    vos también al escribirla le has echo el gusto a tus ojos,
    por que es claro que con llanto está manchado el papel.

    Yo estoy firme en mi capricho, como tala en las cuchillas,
    ya se agotó la cachimba que emanaba con pasión,
    no me hacen meya los males ni el más cruel de los dolores,
    tengo como piedra e´bola retobado el corazón.

    Me dices que injustamente me atravesé en tu camino,
    vos también cruzaste el mío, solo soy culpable yo,
    iba al trote en mi destino, por senderos de la vida,
    se me atravesó un cariño embustero y me engaño.

    Razón tuve para dejarte, te aguanté tres años largos,
    bien sabes que te quería, no te pude tolerar,
    me tiró del poncho el nene, no te dejé antes por eso,
    pero los flecos del poncho se empezaron a cortar...

    Soy joven y sin embargo varias canas me han salido,
    porque en el cinto de mi alma te llevo a vos y al gurí;
    antes sufrí no lo niego, porque por eso eh venido,
    pero después que me vine otro tanto mas sufrí.

    Muchas de esas noches largas, en el galpón de alguna estancia
    sobre el recado muerto de sueño y cansancio me acosté,
    y después de muchas horas, sin poder dormir de frío,
    bajo el viejo poncho pampa por ustedes dos lloré....

    En el yugo del matrimonio nos unió a lazo el destino,
    nos movimos recuartiando, dele y dele peludiar,
    es inútil afirmarse hay que tirar muy parejo
    para llevar por buen camino la carreta de un hogar.

    Embriagado en el aroma, del amor nos encontramos,
    no supimos comprenderlo, nos perdimos sin pensar,
    para tomar un rumbo cierto, hay que hablar con la experiencia,
    y sin su consentimiento, preferible no rumbiar.

    Educa nomás al nene, yo te alcanzaré algun peso,
    la escuela abrirá sus ojos ya que nadie los abrió
    que no sufra injustamente los errores de nosotros
    que no sea el pobrecito como vos y yo...

    Mientras haya en las estancias baguales de clinas largas,
    quizás no me falte un peso para poderte remediar,
    pero dejame acá lejos, que nadie sepa que sufro,
    pues llorando bajo el poncho, no me pueden ver llorar...

martes, 9 de octubre de 2012

Incendio


(Pintura: Molina Campos)

 
En los días de calor
cuando el sol vuelca inclemente
sobre el campo incandescente
su caudal abrazador,
como por calmar su ardor
bajan al río las cuestas
y en las márgenes opuestas
cuelga el zarzal en sus garras
las flautas de las cigarras
encendidas en las siestas.

¡Quién no ha visto en los pajales
rubio de sol y de llama,
cuando el incendio derrama
sus ímpetus colosales!,
invaden los esterales
sus legiones destructoras
y en el fragor de esas horas
de fatal desasosiego,
van destemplando en el fuego
sus facones las totoras.

Las llamas parecen hadas
de los reinos encantados,
que con sus trajes dorados
van de las manos tomadas.
El viento en las hondonadas
su ígnea cabellera enriza,
y con violencia y con prisa
en siniestros remolinos
se levantan torbellinos,
torbellinos de cenizas.

Cuando el viento con sus manos,
con sus manos invisibles,
le da empujones terribles,
empujones soberanos,
ellas corren por los llanos
tendiendo sus mayas finas
y trepan a las colinas
hasta los confines mágicos
como bailarines trágicos
danzando sobre las ruinas.

Y la función imponente
en maravilla quedó,
cuando el coloso abrazó
el destertor del poniente,
quedó el campo incandescente
humeando, poro por poro,
y bajo el cielo incoloro
es la tade agonizante
una princesa gigante
con la cabellera de oro.

Y cuando el cielo sombrío
hacia el sur tira su cruz,
y pasan bichos de luz
pitando su pucho frío;
cuando el apuro del río
de extraño rumor se viste
y al hondo silencio embiste
con su cristalina hebra,
cae la noche triste y negra
sobre el campo negro y triste.


jueves, 19 de julio de 2012

Me voy

(Pintura: Juan Manuel Blanes)


Me pienso dir aparcero
a buscar lo que me falta,
con la frente limpia y alta…
Echao p’atrás el sombrero.

Pa qué viá quedarme ¿a qué?
si al fin de tanto luchar
no tengo ni qué ensillar
y ando a la vejez a pié.

En cualquier estancia pido
algún “cebao a voltear”
preparo con qué ensillar
estribo y me hago el perdido.

Porque an’que no me lo creo,
seá redomón o bagual,
si no quiero un animal,
conmigo no bellaquea.

Me voy an’que sea un bagual
con dolor dejo mi tierra
pero le hacen mucha guerra
al paisanaje oriental.

Ende chiquito de pión
y hace tiempo que no agarro
ni yerba pa’un cigarro
ni yerba pa’un cimarrón.

No sé cuanto hace hermanito,
an’que a veces lo deseo,
que ni pa’remedio veo
en el juego un churrasquito.

Yo, que me he criado en la estancia,
-claro que siempre de pión-
con yerba en el cimarrón
y la carne en abundancia.

sábado, 16 de junio de 2012

Por la muerta



Estaban todos dormidos
en la estancia "Los Candiles",
quedan solo custodiando
de las brasas el calor,
varios perros y un paisano
que había llegado forastero
y amargiaba mano a mano
con Gonzalo el domador.

A través de varios pagos
lo había venido buscando,
y en la senda del destino
aquella noche lo halló,
y fue cuando el silencio
se hizo profundo en la estancia,
agarrarse cara a cara
en esta forma le habló:

-"Gonzalo vengo a pedirte
vos que siempre fuistes bueno,
en el nombre de mi hermana
que te vayas a casar,
sé que no me pertenece
andar por estas cuestiones
pero qué querés Gonzalo
no puedo verla llorar.

En el rancho ya no hay calma
desde que tú te viniste,
hacelo por mi casate
si las fuerzas no te dan,
te daré mi majadita
con tres yuntas la carreta,
y con todito mi herraje
ensillado en mi alazán".

Dijo el otro: -"y yo no quise
ni un poquitito a tu hermana,
me debían una cuenta
que jamás olvidaré
y esa fue la coyuntura
que encontré para vengarme,
sin que ella lo supiera
por venganza la engañé.

Yo también tuve una hermana
tan buena como la tuya,
mi palabra no la ofenda,
ella debe estar junto a Dios,
se mató la pobre un día
por la traición de un infame
y ese traidor mirá Goyo
ese traidor fuistes vos".

Aflojó el hombre los brazos,
cayó el mate y la ceniza,
quedó una huella marcada
de un lagrimón que cayó,
Cuando Goyo dejó el pago
en procura de Gonzalo
dijo que él no volvería
sin traer sumiso aquí;
"si es duro y no se ablanda
le corto los chinchulines
pa que li'aten el umbligo
el día que nazca el gurí".

A través de la mirada
sale a rencor el delito
y era muy emocionante
pero dispué continuó:
-"pero fijate Gonzalo
decime si es cierto o no,
que culpas tiene mi hermana
si había sido malo yo".

Al sentir esto Gonzalo
trágico y enfurecido
dijo: -"yo me he de casar con Rosa
si es que así lo manda Dios,
pero la muert'e mi hermana
la debés toda tu vida
y pa descanso de su alma
tendré que matarte a vos".

Y al saltar por entre el fuego
de un tirón le abrió la blusa
pero al recoger el brazo
pa sepultarle el puñal
vio el retrato de la hermana
colgao al cuello de Goyo,
como una mano muy blanca
protegiendo el corazón.

Aflojó también los brazos,
quiso hablar en algo extraño,
quiso hablar en algo extraño
lo hace detener la voz,
y el facón mango platiado
quedó como un crucifijo,
quedó como un crucifijo
en el medio de los dos.


jueves, 7 de junio de 2012

Vicio (Valseao)

(Pintura: Molina Campos)


-"No tomés Anselmo", le decía su madre,
"no pueden mis ojos verte tambalear
"no esperes que el vicio se arraigue en tu cuerpo
"porque nunca, nunca lo podrás dejar.

"No ves que los hombres que toman ansina
"ven en el futuro una oscuridad,
"no son en la vida dueños de ellos mismos,
"pues la caña mata la moralidad".

Anselmo volvía en la madrugada
tambaleando siempre, torpe la palabra,
y su pobre vieja allá en la cocina,
con su gran paciencia su vuelta esperaba.

-"Hombre..." ya su esposa, le dijo mil veces,
"no tomés Anselmo, tené compasión
"de nuestros hijitos que lloran de hambre,
"inocentes sufren por tu perdición.

"No ves mi vestido, lo mejor que tengo
"solo puedo usarlo por necesidad
"tengo que esconderme cuando llega gente
"se me alza la cara de verguenza ya.

"Ni un pedacito'e carne de hechar a la olla
"tiene muchas veces tu Laura infeliz
"ni un poquto'e yerba pa cebarte un mate
"cuando de la estancia, por verlos, venís.

"No tomés Anselmo, que el alochol te mata
"por nuestros hijitos, por nuestros dos
"por tu pobre vieja que mató tu vicio
"no tomes Anselmo por amor de Dios".

Y él de estribo a estribo, volvía pa su rancho
y en la pulpería dejaba el jornal
hasta sus hijitos le decían al verlo:
-"¡No tomés papito, porque te hace mal!".

Una de esas noches lo volteó el caballo,
en una embocada del destino cruel,
y a su pobre rancho lo trajieron muerto
qué cuadro más triste, compañero, aquél.

La más chiquitita, una tierna niña,
que la alzó un vecino para hacerle dar
un beso en la frente del paisano muerto
dijo tristemente, rompiendo a llorar:

Con su media lengua, al notarlo yerto,
-"No tomés papito, porque te hace mal",
y esa frase triste que oyó tantas veces
y que el pobre padre no escucharía más.