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sábado, 28 de enero de 2017

Codiciando (Estilo)




Dios le conserve a la moza
todo el fuego en la mirada,
la mejilla de alborada
y la figura preciosa.
Es un pimpollo de rosa
esperando la mañana,
p'abrir con la mesma gana
con que yo la besaría,
pero a la manera mía:
con toda mi alma paisana!

No puedo bien compararla
con una paloma; es poco,
ni veo la flor tampoco
que ha de poder igualarla.
Su lindura es pa soñarla
y guardársela en el sueño;
es pa luchar con empeño
hasta peligrando el cuero,
y jugarse tuito entero
por llegar a ser su dueño!...

En ella está retratao
lo lindo del suelo mío,
como las aguas del río
después que se han serenao.
Y también la he comparao
con el cielo en sus enojos.
qu'escurece los rastrojos
con nube bien renegrida,
¡cómo escurece mi vida
cuando ella cierra los ojos!...





jueves, 25 de agosto de 2016

Como el lagarto




Quiero hallarte en el camino
cada vez que salga en viaje,
como adorno del paisaje
y mojón de mi destino.
Verte en todo lo divino
que tiene el amanecer,
y la nube que al correr
presente a mi vista Dios,
será mensaje de vos
cuando no te pueda ver.

Quiero hallarte, quiero verte,
sentirte en cada momento,
pues eres mi pensamiento
y presagias mejor suerte.
Intenté para atraerte
mis canciones entonarte,
pero resultando en parte
chúcaras y cimarronas,
han cortado mis bordonas
y no he podido cantarte.

Quiero correr sin parar
por lo llano y escabroso,
para llenarme de gozo
cuando te pueda alcanzar.
Después... para completar
apasionados antojos,
besarte los labios rojos
y en un limpión del esparto
¡quedarme como lagarto
dormido al sol de tus ojos!

miércoles, 24 de agosto de 2016

Al tranquito


(Pintura: Gustavo Solari)


Después de un solazo ardiente
lindo es salir al tranquito
en un caballo mansito
pero vivo y reluciente;
tender la vista hacia el frente
como agrandando el lugar
y con otro comentar,
que la tarde, ya en derrota,
le abre una puerta grandota
al sol que se quiere entrar.

Corre a tal hora una brisa
que invita a seguir andando
al tranquito… conversando
y siempre sin darse prisa;
el mosquito, a banda lisa,
sigue tenaz, cargador,
y se va alzando el olor
de los pastos, que asoleados,
se ven como marchitados
y van perdiendo vigor.

Llegamos a una tapera,
que en un lugar solitario,
es templo sin campanario
existente campo afuera;
entre el silencio que impera,
nace alguna sugestión,
pues parece que un cordón
de mostazas y flechillas,
estuvieran de rodillas
rezándole una oración.

Tras de una hojita que vuela
o un cascotito rodando,
parece estarse escuchando
las pisadas de una abuela;
inmensamente se anhela,
a pura imaginación,
remover cada terrón,
por descubrir lo que ha sido
y ante escombros de su olvido
hacer su reconstrucción.

Seguimos, y algún yuyito
de seductora fragancia,
lo lleva a uno a tal distancia
que lo interna en lo infinito;
parece abrir despacito
las portadas del placer
y, como si florecer
quisiera en el pensamiento,
forma pimpollo un lamento
entre alegrías de ayer.

Ya noche casi cerrada,
con la última vislumbre,
al regresar, por costumbre,
bajamos en la enramada;
la luna, como incendiada,
va comenzando a subir;
lo que convida a seguir
después de un buen asadito,
al tranco… siempre al tranquito,
como nuestro porvenir.

Galpón de estancia


(Dibujo: Pepe Gonzalez Guerrico)

Como en sus años primeros,
perfectamente plantado,
cuando se hallaba atestado
de bolsas, lanas y cueros;
dando frente a los potreros
y con dejos de arrogancia,
está el galpón de una estancia
contemplando la ladera,
como si un símbolo fuera
de eternidad y constancia.

Hay un ombú ya viejón
que su raíz extendiendo,
parece estar pretendiendo
echarse al hombro el galpón,
y no es tal su pretensión:
es que el ombú corpulento
lo abraza por el cimiento
con mil recuerdos que añora,
le da un beso en cada aurora
y lo protege del viento.

Él no tiene más ofrendas
que allá en su tirantería,
telas de araña a porfía
y de avispas las viviendas;
hay en sus puertas leyendas
hechas a punta de acero,
la marca del estanciero
puesta en forma repetida;
y una volanta vencida
que sirve de gallinero.

Allí está, como trofeo,
serio, sin una sonrisa…
y ni luce la camisa
del revoque o del blanqueo;
por eso cuando lo veo
sin la actividad pasada,
lo emponcho con la mirada;
al alejarme lo pierdo
y queda con mi recuerdo
en la soledad callada.


Junto al fogón



En la estancia “El Pajonal”
partido de Pueyrredón,
encontró a Lorenzo Alcón,
Juan Ceferino Cabral;
después del ‘dentrá’ habitual,
se pusieron a matear
y en su mucho recordar
escarbando en la memoria
hallaron penas y glorias
que los hacían meditar.

Acorralaron hazañas,
acollararon motivos
y relatos sucesivos,
de llanuras y montañas;
no hallaron cosas extrañas
de que hablar ningún momento;
recordaron a un Barriento,
gran jinete y domador,
mientras algo evocador
florecía en el pensamiento.

Mil recuerdos barajaron
que del recuerdo salían
y que iban y venían
porque ellos los despertaban;
las alegrías se mezclaban
a malos ratos de ayer;
contradicciones, placer…
todo una íntima historia…
músculo hacía la memoria
por no dejarse vencer!...

Al fin la mente exprimida
tanto y tanto recordar,
se entraron a lamentar
que se acortaba la vida;
mientras yo, a mi despedida
al salir fui deduciendo,
que esos dos hombres haciendo
sus más viejas narraciones,
eran como dos mojones
dos épocas dividiendo.

Y ya cerrando el final
de aquella conversación
dorada en aquel fogón
por Lorenzo y por Cabral;
éste, pisando el umbral
y con voz del que hago olvida,
preguntó a su despedida:
-¿Y de qué murió Mariano?
-Mirá… pa’ decirte, hermano,
murió de falta de vida!

martes, 15 de julio de 2014

Entre viejos



(Dibujo: Eleodoro Marenco)





















-Dicen de que Zoilo chico
se está viniendo pobrón?
-Ese no salió al patrón
ni al tío don Federico!...
El finao que era hombre rico,
le dejó güena fortuna,
pero él, una por una,
va las estancias tirando...
¡y el sol se l'está dentrando
y se le escuende la luna!...

-Eso amigo es la ciudá
que los tira y los atraca,
pero no ven que la vaca
plata pa tirar, les da.
Es una temeridá
que fortuna como esa,
por falta'e güena cabeza
se vea que baja y baja...
¡Al jagüel que no trabaja
se le seca la represa!

Cayeron un día, trajiaus,
él y dos que lo seguían,
ni los ojos se les vían
tras unos vidrios quemaus;
habló de baúles compraus
pa dir a Francia, Inglaterra,
porque le han contao que encierra
mucho lindo lo extranjero...
¡Pero no han pensau, primero,
conocer bien a su tierra!

El es puro Mar del Plata,
autos, lujos, maravillas,
del padre vendió tropillas,
recaos y priendas de plata;
todito lo desbarata,
lo ha fundido o lo ha empeñao,
pero nunca ha reparao
que con lo que tira, rueda
el nombre 'e Zoilo Sepeda,
¡santa herencia del finao!

Dicen que a unos cabarece
que es güen sitio pa farriar
temprano sabe dentrar
y gastando se amanece;
lo demás no le merece,
no tiene al trabajo apego;
se ha hecho aficionao al juego,
ruleta, naipes, carreras,
y lo arrastran las polleras.
¡Y ésa es la madr'el borrego!

lunes, 30 de junio de 2014

¡Preciosa!




Mucho más que la lindura
de algún rosal florecido,
eres lucero nacido
que brilla en la noche oscura.
No sé si tu preciosura
llama, convida o provoca,
y si Dios, en su ansia loca
de cosas originales,
de perlas y de corales
¡quiso llenarte la boca!

Tienes un modo tan bello
que es lo que más linda te hace,
pues de bondad eres frase
siendo de ternura el sello.
Se te encuentra en todo aquello
en que puedes descollar,
sabes como nadie estar
donde hay las menos coquetas
y por eso entre violetas
¡también se te puede hallar!

No sé si te quiero tanto
o si es que el alma delira,
pero sos la que me inspira
todos los versos que canto;
por eso, cuando levanto
mi canción o me desvelo,
voy como sembrando el suelo
con ilusiones que esparzo
y en mi recuerdo te engarzo
como lucero en el cielo.

Yo te encontré sin buscarte
como una joya extraviada,
y en mí te llevo guardada
para inspirarme y cantarte;
para poder entonarte
un himno como al escudo
y pido, insisto y ayudo
para que Dios te bendiga;
el cariño cuando liga
ajusta muy fuerte el nudo.

jueves, 8 de mayo de 2014

Campiando

(Dibujo: Diaz Mathé)

“-Ave María, patrón.
-Sin pecado es concebida.
De güelta pue’sa bebida
y dentre en aquel portón…

-Busco quien me dea razón
o me sepa anoticiar
si no me han visto pasar
unos caballos perdidos,
o que güenos conocidos
me los jueron a buscar…
…A la madrina gatiada,
va acollarao un bagual,
que es lunanco el animal,
punta de oreja rajada;
va un rosillo anca nevada,
dos picazos, como teros,
de unos muchachos puesteros
del lao de “La Dorotea”,
y va un rosillo batea
y un zaino lomos overos.

Va un escurito cacunda
con un cebruno sillón,
y un pangaré redomón
de la estancia “La Segunda”;
y pa’ que naide confunda
la tropilla que campeo,
va un colorao algo feo,
contramarca’e la mojarra,
que Don Florentino Parra
me regaló en “El Recreo”.
-Si han pasao, yo no he’cho caso;
ningún cencerro he sentido;
solo anoche oyí un chiflido
y después un rebencazo…"

Se despidió; rumbo a un paso
siguió aquel hombre apenao
que se había lamentao
que tan solo le dejaron,
dos petizos que no arriaron,
el de tiro y el montao.”

martes, 18 de junio de 2013

Negociando un bayo

 
(Pintura: Molina Campos)
-Póngale precio, señor-
dijo el dueño de un caballo
al mostrar un lindo bayo
airoso como el mejor;
muéntelo, haga el favor,
y verá que no es chacota,
si en él golopea o si trota
podrá llevar, si es baquiano,
un vaso de agua en la mano
y sin volcar ni una gota.

También, como es de rigor,
hágale una atropellada
pa’ que vea en él retratada
la mano del domador;
da güelta como el mejor
porque no es un sancochau
y pa’éste y pa’l otro lau
vuélquelo en cualquier momento…
es un remolino’e viento
en un callejón trillau!...

En lo demás de la doma
pa’ que lo viá ponderar?
es también de levantar
en el anca una “paloma”,
no se encoge ni por broma
si lo toca una pollera,
y pa’ enlazar campo ajuera…
siempre con él me he lucido
porque es de salir prendido
con la yegua más ligera.

Estando parejeriau
hay que correrle con güeno
y cuando le pongo el freno
yo sé que ando bien montau;
es mejor que un colorau
que supe tener primero;
me lo compró un estanciero
al que no pude negarlo;
sin dentrar a valorarlo
me lo tapó con dinero.

-Sin hacer ningún desprecio
después de haberlo probado,
resultando de mi agrado
no le haré cuestión de precio;
yo a lo que es bueno lo aprecio
y ante la razón me callo;
si es tan bueno su caballo,
pida lo que va a pedir…-
-Vea, señor… me viá dir…
No voy a vender mi bayo!...

domingo, 7 de abril de 2013

El rancho abandonado (Cifra)



Aún estás rancho clavado
a espaldas de la cuchilla,
donde enflora la gramilla
de cariños que he sembrado,
como solo y olvidado
nadie cuida tus rincones,
y como que entre cordones
de cardos, te veo dormir,
hoy te quiero interrumpir
el sueño con mis canciones:

Te canto rancho querido
sin reparos ni rodeos,
y con modestos gorjeos
como canta el renegrido,
para cantarte he pedido
elocuencia a la ladera
pues parece que tuviera
entre sus pastos escritos,
un padrenuestro, un bendito,
que en mi canción tradujera.

Los años van carcomiendo
todo tu techo de paja,
y a manera de mortaja
el verdín te va cubriendo,
tus paredes van cediendo
aunque no así, los horcones,
y la cocina de peones
es lo primero caído,
porque la ausencia ha sentido
de guitarras y facones.

Hoy te veo abandonado,
solo el tero te vigila
y está el galpón de la esquila
de sabandijas plagado,
yo que te vi engalanado
en tanta reunión campera,
como una ofrenda quisiera
dejarte, ya que he venido,
todo mi afecto escondido
en tu agobiada cumbrera.

viernes, 12 de octubre de 2012

La doma

 (Pintura: Rodolfo Ramos)


A Fermín Iribarne. Parish.

Es lindo de tradición
quizás para alguno ver
con alegría y placer
entonar una canción.
Como en otro la expresión
que más le suele agradar
es ver al criollo cantar
en sui guitarra templada
pero para mí no hay nada
más lindo que el ver domar.

Porque el criollo qu'es mentao
como intrépido jinete
tiene que ver como al flete
le coloca su recao;
así, fuese reservao
y más malo que un caín
como lo agarra y al fin
tomándolo de la oreja,
se le acomoda y lo deja
que se sacuda la crin.

Deshacerse del paisano
salvo el caso de rodar
de boliarse o costalar
el conseguirlo es en vano.
Porque el criollo americano
tiene un don tradicional
que al indómito bagual
lo hace mansito y ligero
por arisco y por mañero
que haya sido el animal.

Después que le tiene dado
algunos cuantos galopes
y de rienda unos retoques
tiene el potro dominado
y rápido su chapiado
le suele así colocar
como también enancar
en él a su hermosa china
o sea su bella argentina
para salir a pasear.

Eso es lo que a mí me agrada
como criollo charabón,
no es oír una canción
sino ver una domada
porque al fin de la jornada
como de tantas llegó
el criollo que antes vivió
con alegría en la pampa
hoy no queda ni su estampa
ni el rancho donde nació.

lunes, 8 de octubre de 2012

Mi escuela

(Pintura: Carlos Montefusco)



Más escuela no he tenido
para mi instrucción campera
que la extensión toda entera
de mi suelo tan querido;
es en él donde he leído
lo que he logrado aprender,
pues bien se puede leer
en el suelo, con cariño,
aprendiendo desde niño
lo que de hombre hay que saber.

Yo deletrié en la cartilla
de nuestras cosas primeras,
en los ranchos, las taperas,
y en la volanta sencilla;
vi un plano en cada tropilla
de esos hombres aguerridos,
indicando recorridos
de distancias inmedibles,
cuando a ellos los imposibles
les eran desconocidos.

Yo leí en los pajonales,
en las sierras, lomas, llanos,
en las zarzas, los pantanos,
en el monte y los breñales;
yo aprendí de los zorzales
la expresión nativa y pura,
yo conquisté la hermosura
de mi suelo con mi amor,
y así cada estrofa es flor
que hoy me brinda la llanura.

Yo leí en los tajamares,
en los jagüeles, la noria,
a lo que hoy me es una gloria
dedicarle estos cantares;
son tratados seculares
que veo desaparecer,
en los que pude aprender
las cosas que en mí palpitan;
tratados que no se editan
pero en que se puede leer.

Yo he leído hasta en la luz
que besa la cortadera,
en la larga carretera
y del toro en la testuz;
en la gama, el avestruz
cuando hace una escaramuza,
en el tero y la lechuza
que dicen tanto en su grito,
y "Patria" está como escrito
en el chiripá y la blusa.

Aún leo en el prenderío
y galas del paisanaje,
como el memorial del viaje
del cariño a lo que es mío;
aún leo en el atavío
de la china bien plantada,
y al cruzar de una bandada
de patos y de cigüeñas,
leo memorias porteñas
que firma el sol de pasada.

Y sigo siempre constante
con esa lectura bella,
de la vida por la huella
y lo nuestro por delante;
aprenda así el ignorante
en su propio suelo a leer,
aprenda para poder
hoy o mañana enseñar,
que el suelo nuestro es altar
y que la patria es deber.

jueves, 26 de julio de 2012

Presumido el hombre


En el paisanaje viejo,
pero paisanaje flor,
conocí entre lo mejor
a un tal Rudecindo Trejo;
hombre prolijo y parejo
para ensillar y vestir,
y se me sabía ocurrir
cada vez que lo veía,
que en todo él se leí:
¡no puede el gaucho morir!

Era una estampa divina
del hombre puro y altivo,
digno estudio y fiel motivo
del gaucho de la Argentina;
de melena lacia y fina
y elegante hombre campero,
con su vestir y su apero
imponía el mayor respeto,
pues era como un decreto
expulsando lo extranjero.

Vestía de negro merino
chiripá a la pantorrilla,
ensortijada golilla
y un poncho a listas, muy fino;
eran , un medio Argentino
de su blusa los botones,
el oro y los patacones
cubrían su tirador,
y un facón y rastra flor
decían: ¡quedan varones!

Un sombrero que era en fijo
bien gaucho y de lo mejor,
con retranca y pasador
de oro, ajstando el barbijo;
y las botas, yo colijo,
fueron de un potro azulejo;
las espuelas como espejo
se veían relumbrando,
tal como si el sol testando
les legara algún reflejo.

Como en todo presumía,
presumía de bien montao,
y más sobre un colorao
cabos negros, que tenía;
el apero relucía,
pues era deslumbrador;
y para decir mejor
ese hombre así presumiendo,
era un horcón sosteniendo
lo que adora este cantor.

lunes, 4 de junio de 2012

Brava la paisana

(Pintura: Molina Campos)


Me fí pa ver a Loreta
por encargo de Velarde,
y de alunada esa tarde
ya se pisaba la jeta.
Andaba de mala veta,
ni el paine se había pasao;
con cada ojo colorao
como tajada e'sandía,
y pu arriba se le vía
qu'el horno estaba caldiao.

Poco me gusta dentrar
en cuestión con las mujeres,
ellas son pa sus quihaceres
y el hombre pa trabajar.
Yo la quise conversar
con palabras de güen criollo,
y anque sabe que no arrollo
y corajiando la indina,
me cargó como gallina
cuando le agarran un pollo.

Y ya pegué la sentada
pa no tener que aporrearla,
porque ¡a qué diantre ib'hablarla
viéndola así encachilada!
Chispiando la condenada
lo mesmo que un jogonazo,
y como no le hacía caso,
de purita indinación,
gritaba como un lechón
cuando le cierran el lazo.

Yo sé que cuando m'enojo
como cualesquier soy malo,
y podía, de darle un palo,
quedar rivoliando el ojo.
No s'iba a morir de antojo
si es lo que andaba buscando,
y la intención sofrenando
antes que me tentara,
me volví en mi Malacara
muchas, mil cosas pensando.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cantando

(Pintura: Campodónico)

Hoy quiero desparramar
mis contenidas canciones,
por eso en simples renglones
las comenzaré a volcar;
he despertado a cantar
a lo que vivo adorando,
y al ver que todo va ahogando
el crecer del adelanto,
mi recuerdo se hace llanto
mientras escribo cantando.

Le canto a mucho de aquello
que en este suelo es hermoso:
al ombú, al ceibo añoso,
al tala y al sauce bello;
a la guitarra que es sello
de tradición que aún está,
al teru-tero, al chajá
de los campos centinelas,
y le canto a las espuelas
y al gaucho del chiripá.

Canto a la parva, a la trilla,
al primitivo estanciero,
al viejo gaucho puestero,
al rodeo y la tropilla;
canto al poncho y la golilla,
al peón de campo, al baqueano,
a la hermosura del llano,
y a los años que he vivido,
porque ellos me han acrecido
este sentir de paisano.

Le canto a la luz del día,
al sol que nos da calor,
a la mujer que es amor
y emblema en la tierra mía;
yo le canto a la alegría
que sepulta los pesares,
y le canto a los cantares
de Del Campo y Marín Fierro,
que están repletos, sin yerro,
de enseñanzas ejemplares.

Al lazo también le canto;
boleadoras, maneas y fiadores,
prendas que se usaron tanto;
y aquí al facón lo agiganto
porque supo relucir,
y, como las veo morir
del olvido en las contiendas,
le canto a las gauchas prendas
de ensillar y de vestir.

Le canto aquí a la carreta;
la galera de viajar
y al carruaje secular
que hoy mi recuerdo respeta;
al ñandú, la martineta;
y ahogado de tradición
le canto en esta ocasión
al palenque, al atador,
y del nudo potreador
no debe hacer exclusión.

En fin, le canto al jagüel,
y al corral de palo a pique,
que aún está como un cacique
pero sin la tribu de él;
yo le canto al tiempo aquel
más nuestro y más verdadero,
le canto al rancho de alero,
la enramada y al fogón,
por donde la tradición
se ha paseado un siglo entero.

Y ahora sería de esperar
que nuevas generaciones
investiguen tradiciones
y las quieran cultivar;
porque no por renovar
se debe de permitir
pisotear hasta extinguir
cosas que han sido sagradas,
para que otras no deseadas
las vengan a sustituir.

Temblando

¡Linda estaba la tarde en que la vide,
el patio de su rancho acomodando
y aunque guapo pa'todo me sentía,
no pude hablarle y me quedé temblando!

¡Estaba como nunca la había visto,
vestido livianito de zaraza,
con el pelo volcao sobre los hombros
era una virgen que encontré en la casa!

¡Ni ella ni yo, ninguno dijo nada,
con sus ojazos me siguió quemando,
dejó la escoba que tenía en la mano,
me quiso hablar y se quedó temblando!

¡Era el recuerdo del amor primero,
amor nacido en una edad temprana,
como esas flores rústicas del campo
que nacen de la noche a la mañana!

¡Amor que está oculto en los adobes
de su rancho paterno tan sencillo
y en la corteza del ombú del patio
escrito con la punta del cuchillo!

¡Me di vuelta pisando despacito,
como quien desconfía de una trampa,
envolviendo recuerdos y emociones
entre las listas de mi poncho pampa!

¡No sé que me pasó, monté a caballo
y me fui galopiando a ríenda suelta,
con todos los recuerdos y emociones
que en las listas del poncho saqué envueltas!

¡Linda estaba la tarde en que la vide,
el patio de su rancho acomodando.
La tarde que aunque guapo me sentía
no pude hablarle y me quedé temblando!

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mi guitarra

(Pintura: Federico Reilly)
Tengo una guitarra pobre,
vieja pero conservada
porque la tengo cuidada
para que en vida me sobre;
hace que ánimo recobre
si estoy triste o me aletargo,
y, cuando de un rato amargo
para olvidarme la afino,
parece que a cada trino
las penas pasan de largo.

Mi guitarra es montaraz
porque guarda en su madera,
la melodía montera
del zorzal, y la torcaz;
cuando fue planta, quizás
de poco a poco, sin prisa,
copió a la selva maciza
el rumor de las marañas,
sus armonías extrañas
y suavidad a la brisa.

Parece que fue construída
del corazón de la planta,
cuando en su son agiganta
su melodía sentida;
tiene del ave que anida
el arrullo a los pichones,
zumbidos de moscardones
y de abejas el libar,
por eso ayuda a endulzar
las zambas y pericones.

Pulsada con emoción
salen sus notas afuera,
sirviéndole de escalera
los trastes del diapasón;
notas múltiples que son
las voces del campo abierto,
que dicen bien que no han muerto
nuestras canciones sentidas,
¡notas que allí dormidas
pero a las que yo despierto!

Siempre fue mi compañera,
por eso le tengo amor,
y su estuche es el calor
de mi gratitud sincera;
es por eso que quisiera
arrancar de su cordaje,
una canción al paisaje
de su selva originaria,
que llevando mi plegaria
fuera mi ardiente homenaje.

viernes, 29 de julio de 2011

Allá...

(Pintura: Molina Campos)
Yo canto allá en los rincones,
en donde naide me escucha,
allá donde no se lucha
por encontrar afecciones.
Yo busco los albardones
solitarios del recuerdo;
yo del pasado me acuerdo
con entusiasmo y lo quiero,
y siguiendo su sendero
entre sus brumas me pierdo.

Yo canto en noche callada
cuando todo es sentimiento
y el eco de mi lamento
corre a perderse en la nada.
Soy ave mal emplumada
que por subir aletea
y que el viento la ladea
sin permitirle ascender...
¡Cuando Dios quita el poder
debiera matar la idea!

Yo cruzo arroyos y zarzas
sin salpicar con el lodo
mi plumaje blanco, al modo,
como lo cruzan las garzas.
Soy refractario a las farsas,
me gusta la soledad,
prefiero la tempestad
que los bosques despedaza,
que ver indigna mi raza
viviendo en la falsedad.

Yo duermo en los matorrales
como duermen las perdices,
paso mis horas felices
contemplando los sauzales.
Yo busco los pajonales
y me interno en la espesura:
cruzo también la llanura
cuando quema el sol ardiente,
sin marchitar en mi frente
del recuerdo la frescura.

Ya no se escucha al cantor
con el deseo vehemente
con que hoy escucha la gente
al extranjero tenor.
Ya no se le hace el honor
de dispensarle un momento;
escuchando el sentimiento
con que entona alguna endecha...
¡Planta en miñangos deshecha
por los azotes del viento!

Hoy veo con gran pesar
que todo desaparece;
es ley que lo que envejece
se tiene que terminar.
La tradición al pasar
busca el frío de los polos;
rondan los recuerdos solos,
pues ya en los campos no quedan
¡ni cardales donde puedan
anidarse los chingolos!

domingo, 19 de junio de 2011

Mi poncho

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Para Alberto H. Acuña, que fue el primero en poner música a mis versos.

Yo tengo un poncho estimado
que conservo con cariño,
porque casi desde niño
mis noches ha cobijado.
Tiene el secreto guardado
de las cosas que he vivido,
y si hallándome sentido
lo extiendo o lo abro en la mano,
¡parece mostrarme el plano
de lo que hemos recorrido!

El ha contado mis horas
de trabajo y diversión,
él fue conmigo al fogón
y a salas deslumbradoras.
El copió de las totoras
el color de su tejido,
en el que tiene escondido
mi palpitar de campero,
y azotes que del pampero
mil veces he recibido.

Ese poncho compañero
que siempre tengo presente,
fué chiripá en caso urgente
y manta del parejero.
Terrible en un entrevero
y útil en cualquier lugar;
me sirvió para arrollar
una hacienda en disparada,
y en los pastos lo hice almohada
cuando he querido sestear.

Y cada nudo observando
de su fleco bien tejido,
parece que fuera un nido
de recuerdos incubando;
recuerdos que están hablando
porque son muy decidores;
recuerdos que ya son flores
o esperanzas deshojadas,
¡que en la vida hay madrugadas
obscuras y sin albores!

Ha sido en época inquieta
de exigencia y de rigor,
abrigo de lo mejor,
colcha de cama y carpeta.
Y aunque el tiempo no respeta
lo querido y lo sagrado,
los recuerdos no ha borrado
del poncho que quiero tanto...
¡Y es por eso que le canto,
para sellar su pasado!

Palenque

(Pintura: Montefusco)

Palenque, poste plantado
de madera resistente,
que está firme en el presente
como añorando el pasado;
que está como amojonado
de hazañas de domadores,
y a cambio de los rigores
del tironear de baguales,
hoy lo escoltan los cardales
como rindiéndole honores.

Mucho podría contar
de bozales y atadores,
de maneas, maneadores
y de los que vió domar;
de cuando ha visto soltar
esa alegre carcajada,
que escapaba acollarada
a un dicho con picardía,
cuando a cualquiera se veía
charquiar en la jineteada.

Hay en él originales
leyendas como rayones,
escritas a manotones
por vasos de los baguales;
fue testigo de los piales
puerta afuera y con destreza,
cuando entre tanta proeza
en que el tiempo transcurría,
cada gaucho parecía
una expresión de grandeza.

De ñandubay o quebracho
de la estancia colonial
fue poste fundamental
cuando el hombre era bien macho;
cuando el de sombrero gacho
o de vincha en la melena,
calzando la nazarena
sobre el bagual se lucía,
cuando aquí no se admitía
ni mordaza, ni cadena.

El que alcanzó a palenquear
muchos soberbios baguales,
que hasta de altos Generales
fueron caballos de andar;
hoy sólo podrá esperar
por toda compensación,
que quiera un nuevo patrón,
de esos de pelo dorado,
verlo en su estufa, trozado,
dándole calefacción.

(Pintura: Carlos Montefusco)