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miércoles, 17 de abril de 2013

Ternero a las brasas



Volvíamos de un arreo
a la villa 'e Biguerón
de embarcar en la estación
ganao pa Montevideo,
«tráibamos» hambre y deseo
de un sueño reparador
y el petizo Sofanor
dijo: «Voy a ver si salgo
a tratar de encontrar algo
pa ponerle al asador.»

Lo acompañaron el Moncho
y el mellao Algañaraz,
el primero, un cachafaz,
y el otro, un pardo rechoncho;
yo, acomodándome el poncho,
hice el fuego y, de repente,
volvió trayendo la gente
medio de arrastro, enlazao,
a un ternero colorao
con una mancha en la frente.

Allí no más lo maniaron
y, sin darle ni resuello,
lo pasaron a degüello
y enseguida lo cuerearon,
y después se disculparon:
«Nos moríamos sin comida,
y este ternero enseguida,
en un gesto extraordinario,
se ofreció de voluntario
para salvarnos la vida.»

Casi sin dejarlo orear
lo pusieron en las brasas
y, entrando a llorar la grasa,
empezó el mate a girar;
y, cuando se entró a dorar,
la luna quebró su brillo
en la hoja de los cuchillos
devastando a troche y moche,
sólo se oía en la noche
el mascar de los carrillos.

Yo cortaba grandes trozos
pa Juan Moreira y pa mí,
y nos hartamos así
con el asao más jugoso;
en eso, la voz de un mozo
que apareció en un petizo,
interrumpió de improviso,
y mirando de soslayo
nos gritó desde el caballo:
«Buenas noches, con permiso...»

»Quiero saber, buena gente,
si por aquí no ha pasao
un ternero colorao
con una mancha en la frente;
Voy a hablarles francamente:
mi padre, santo varón,
sin saber por qué razón
y causándonos gran pena,
las noches de luna llena
se nos vuelve lobisón.»

»Hoy se nos ha transformao
en un ternero machazo
y yo, rastreándole el paso,
hasta acá mesmo he llegao.»
Y, al ver el cuero colgao
y el hueserío esparcido,
el mozo dio un alarido
gritando desde la silla:
«¡Lo han asao a la parrilla,
tata, tata, lo han comido!»

Juan Moreira en unas matas
parecía echar las tripas
y yo no caí de chiripa
desmayao en la fogata;
los dos clavamos la pata
haciendo tronar el piso
y, enfrentando el compromiso,
quedaron lejos, pa atrás,
Sofanor, Algañaraz,
el Moncho y el del petizo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Juan Moreira el "Gran Campeón"



Mi perro sentía aversión,
yo diría un odio asesino,
por aquél gato barcino
de la vieja Encarnación.
Ya en más de una ocasión
las rencillas fastidiosas,
pasaban de simples cosas
a espectáculos incultos
por los tremendos insultos
de aquella vieja furiosa.

Fue por entonces que un día
que andaba mal de plata,
oí la noticia grata
que despertó mi alegría
pues en ella entreveía
mi oportunidad divina;
se estudiaría la fina
calidad de la región
con la "Gran Exposición
Nacional de Raza Ovina".

Con un premio en efectivo
y trofeos ejemplares,
solicitaron lanares
de gran clase y con recibo.
Mi perro me dió el motivo
pa entrar en aquél evento,
y con mi conocimiento
y mis costumbres paisanas,
¡compré diez kilos de lana
y un frasco de pegamento!

Juan Moreira desconfiado
por lo que se avecinaba,
seguramente pensaba
que iba a salir mal parao
pero se prestó al mandao
porque él era macanudo.
Con la lana, el engrudo,
con gran paciencia y esmero
¡lo convertí en un carnero
notablemente lanudo!

Al llevarlo a concursar,
el encargao de admisión,
no ocultó su admiración
por aquél raro ejemplar.
Después lo entró a mirar
igual que una cosa extraña,
y con expresión huraña
me exigió la referencia,
certificao, procedencia
y nombre de la cabaña.

¿Yo que sabía de cabaña,
certificao, referencias?...
En cuanto a la procedencia
dije: "Somos de campaña"
tratando de darme maña
pa salirme de la cuestión,
agregué con desición
pa que no se diera cuenta:
-"Pongalé que representa
a la Cabaña del Tío Tom"!



Juan Moreira, ¡flor de amigo!
por la mirada de la gente,
se daba cuenta claramente
que no la tenía consigo,
y cuando con un testigo
el Presidente investido
se le acercó decidido
a calificar el lote,
¡serio como perro en bote
lo miró de ojo torcido!

El Presidente perplejo,
rascándose la cabeza,
le susurró al otro viejo
-"No lo ubico con certeza"
El otro miró la pieza
pa dar un fallo certero
y dijo: -"Éste carnero
es de una raza confusa,
parece ser una cruza
de oveja con perdiguero.

Aumentando el embarazo
de la tensa confusión,
apareció doña Encarnación
con el gato abajo'el brazo.
Yo quise salirle al paso
pero no fui tan ligero,
y llegando ella primero
sin advertir el yerro,
se paró frente a mi perro
disfrazao de gran carnero.

Y pa qué seguir contando
lo que fue aquella carrera...
¡gritos, llantos, polvadera
y la gente disparando!
El corderaje balando
por toda la exposición,
y aumentando la confusión
y agrandando más los ruidos,
los espantosos chirridos
de la vieja Encarnación!

El testigo y el jurao
se afanaban diligentes,
levantando al Presidente
que cayó desparramao.
Y como saldo alocao
de aquél tremendo remolino
la señora de un vecino,
gritaba: -"¡Viejo, ¿estoy soñando?
¡Pasó un cordero balando
detrás de un gato barcino!

 
..........................................
Casi un mes a calabozo,
declaraciones, testigos...
¡Menos mal que unos amigos
me sacaron de aquél pozo!
Por fin ha llegao el gozo
de una vida diferente;
doña Encarnación conciente
de qué era lo más sensato:
se marchó y llevó a su gato
a vivir con otra gente!





miércoles, 13 de abril de 2011

La trenzada


No llore, vieja, no vé
que ya no sangra la herida;
no vi'a dirme de esta vida
dejándola sola a usted.
Fué un tropezón que pegué
y que el otro aprovechó,
naides ignora que yo
tuve tuita la razón,
si le partí el corazón
fue porque él se lo buscó.

El hombre andaba rabioso
porque le quité la prenda,
y se me vino a las riendas
hechando mano al filoso.
Pero no soñaba el mozo
que era brava la topada,
al darme esta puñalada
que cuasi me abrió el costao
y ahi nomás quedó enrollao
lo mesmo que pata asada.

Alcánceme un trago, vieja,
pa suavizar el garguero
fue muy duro el entrevero
la cosa fue bien pareja.
Yo no pegué ni una queja
cuando su acero me entró,
él tampoco se quejó
si hasta le falló el intento,
de un tajo corté el aliento
que a la 'esistencia' lo ató.

Vieja, alcánceme esa caña...
llene hasta el borde ese vaso...
Mire que el tajo es machazo,
¡Tá... que me tiró con saña...!
Pero,vieja, que está extraña...
¿porqué me mira llorando?
¡No ve que me voy quedando
dormido así..., despacito...
viá descansar un ratito...
dispués... le sigo... contando...!