Mostrando entradas con la etiqueta Boris Elkin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Boris Elkin. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de septiembre de 2017

Recado



Tal vez alguno diga
que yo me alabo
y qu’eso de alabarme
no es cosa’e gauchos;
pero a mi se me ocurre
que no ha pecado
quien habla de su apero
como yo hablo.

¡Venga, mi amigo gringo;
venga a mirarlo!
Y si usté me asegura
que allá en su pago
se luce algún apero
como el recado,
¡por la cruz de mi acero:
se lo regalo!

No miremos la plata
que hay en los bastos
ni ese poquito de oro
que no hace al caso:
miremos el apero
¡limpio! ¡pelado!
(¡Que así se ven las cosas
que valen algo!).

Acá va la encimera,
la cincha, el basto,
los mandiles, las matras,
pegüal y lazo;
cojinillo, carona,
carpincho u chancho,
boleadoras y estribos,
rienda y bocado.

Con ese apero tiene
nuestro paisano
todo cuanto precisa
pa’ su trabajo.
En la marcha, le ofrece
su lomo blando;
cuando el hombre se apea
para un descanso
el recado se arrolla
y hace de banco.

Y cuando al fin la noche
les manda un alto
y es preciso tenderse
bajo los astros,
el recado se estira;
se pone largo
y su dueño se duerme
como en el rancho:
¡la cabeza en la almohada
que le hace el basto!

¡Venga, mi amigo gringo,
venga a probarlo!
Y si usté me asegura
que allá en su pago
ha visto algún apero
como el recado,
¡por la cruz de mi acero:
se lo regalo!



domingo, 16 de agosto de 2015

Querencia


(Foto: Emanuel Ortiz)



¿Te acordás d'esa tarde
que a la tranquera
llegó mi malacara
con quince leguas
galopeadas de un hilo
por valle y sierra?
La visión d'esa tarde
la guardo fresca:
¡venía blanco de espuma,
cáido de orejas,
temblorosas las patas,
la crin revuelta,
desbordado en relinchos
pa su querencia!
Lo miraba extrañado.
¿Tanta impaciencia
pa volver a un potrero
que daba pena?
¡donde ni pasto había
culpa'e la seca!
¿Te acordás d'esa tarde?
Lo mesmo qu'ésta,
llegaba un dolorido
con mal de ausencia
a pechar los cruceros
de la tranquera.
¡Cómo tira el recuerdo
de la querencia!
¡Cómo llaman las cosas
donde se enredan
los recuerdos primeros
de la esistencia!
¡Y cómo m'engañaba
cuando las mentas
de las ciudades grandes
me dieron vuelta!
Y desoyendo ruegos,
y desoyendo quejas,
dejaba todo esto
por cosas nuevas.
Al principio es muy lindo.
Las apariencias
t'encandilan los ojos
pa que te pierdas.
Ya el pago lejano
ni se recuerda;
todo queda borroso...
como entre niebla....
Pero al fin, cuando uno
ya ni lo piensa,
el recuerdo lejano
se te presenta
como un cargo que sale
de tu conciencia.
¡Y pensás en tu rancho!
Ves la tranquera;
el campo, que reclama
filo de reja,
y el montón de gaviotas
que está a la espera
de tu yunta y tu arado
cortando melgas.
Después se ven las cosas
como quien sueña:
el tiempo ya ha pasado
sin darnos cuenta
y aquella tierra arada
se hizo cosecha.
Lo demás, se te viene
como si fuera
una cinta en colores
que uno recuerda:
cuando el alba se asoma
sobre las sierras;
cuando llegan las doce...
después de la siesta...
el espejo del pozo
de agüita fresca...
el morir de la tarde...
el nacer de una estrella.
Cuando eso te sucede
ya no hay más vuelta:
¡clavado que tu alma
sufre de ausencia!
¡El sueño se hace potro
que no da rienda
galopeando en la noche
que se hace eterna!
Ya nada te da gusto.
Todo es tristeza,
y un ansia de regreso
te picanea
con el clavo puntudo
de la impaciencia.
¿Te acordás d'esa tarde
que a la tranquera
llegó mi malacara
cáido de orejas,
temblorosas las patas,
la crin revuelta,
desbordado en relinchos
pa su querencia?
¡Así vuelvo a mi pago!
¡Bendito sea!

Canto a la espuela





¡Espuela!
Por un raro capricho del destino
tiene forma de estrella
y bullicioso corazón de grillo;
humildad que se arrastra a flor de pasto
y soberbia brutal cuando el pie gaucho
la coloca a la altura del estribo.
El grillito cantor que lleva adentro
salta a tierra al sentirse suspendido
y la estrella de acero se parece
a un ojo criminal de duro brillo
estudiando el matambre cosquilloso
que el potro le mezquina por instinto.

¡Espuela!
Que de pronto se vuelve puro oído
para escuchar el ¡larguen! de su dueño
y prenderse al bagual como un vampiro.
Estrella centenaria
que mantiene a su dueño en equilibrio
sobre el oleaje desparejo y bravo
del potro enardecido.
Diente de perro cimarrón hambriento
que no da suelta hasta ver que su vencido
regresa hacia el palenque, tembloroso
y un poco avergonzado de sí mismo.

¡Espuela!
No de gusto la extraña nuestro gaucho
cuando lo privan de ella;
si es la púa que nace en sus talones
en los albores de la adolescencia,
sostén en la domada,
voz que anima el coraje que flaquea
y atrevido requiebro que en la danza
amenaza enredarse en las polleras
cuchicheando palabras misteriosas
al compás de la zamba y de la cueca.

¡Espuela!
Aletazo que apura la carrera,
distancia entre partida y perseguido;
minuto que se roba a la impaciencia
y poderoso impulso de la lanza
gestadora de nuestra independencia.

¡Espuela!
Si el olvido cayera sobre el gaucho
y su nombre pasara a ser leyenda,
no permitas que su alma pierda el rumbo
entre las sombras de la indiferencia
y remóntate en vuelo hacia la noche
para alumbrar de allá, ¡como una estrella!




sábado, 15 de agosto de 2015

No me compadezcas




No me compadezcas
ni me tengas lástima;
qu'esas son monedas
que no valen nada
y que dan los blancos
como quien da plata.
No me compadezcas
ni me tengas lástima;
nosotros los coyas
no pedimos nada;
pues faltando todo
todo nos alcanza.
Dejame en el valle
vivir a mis anchas:
trepar por los cerros
detrás de mis cabras,
pillar un quirquincho,
tener unas llamas
y echar a los vientos
la voz de mi flauta.
¿Dices que soy triste?
¡Qué quieres que haga!
¿No dicen ustedes
qu'el coya es sin alma,
qu'es como las piedras:
sin voz, sin palabras,
y llora p'adentro
sin mostrar las lágrimas?
¿Y si juera cierto
a qué tanta lástima?
¿No jueron los blancos
venidos de España
que nos dieron muerte
por oro y por plata?
¿No hubo un tal Pizarro
que mató a Atahualpa
tras muchas promesas
bonitas y falsas?
Y entonces ¿qué quieres?
¿Qué quieres que haga?
¿Que me ponga alegre
como día de chaya
cuando mis hermanos
doblan las espaldas
por cuatro centavos
que ustedes les pagan?
¿Quieres que la risa
m'ensanche la cara
cuando mis hermanos
son bestias de carga
llevando riquezas
que ustedes se guardan?
¿Quieres que me alegre
cuando en la montaña
viven como topos:
¡escarba y escarba!
mientras se enriquecen
los que no trabajan?
¿Quieres que me alegre
cuando las muchachas
van a casas ricas
lo mismo que esclavas?
No me compadezcas
ni me tengas lástima.
Déjame en el valle
vivir a mis anchas:
tocando mi quena,
cuidando mis cabras,
pillando un quirquincho
o hilando una manta.
Déjame tranquilo,
que aquí la montaña
me ofrece sus piedras,
acaso más blandas
que esa condolencia
que tú me regalas.





jueves, 13 de agosto de 2015

Desconsuelo



(Pintura: Velorio del "angelito" de Arturo Gordon)



¡Pobre m'hijo!
Ya no hay que hacerle.
Hoy lo vido el dotor y me dijo
que lo está consumiendo la fiebre.
Me mostró ese tubito de vidrio
-que pa medirla a propósito tiene-
y vide blanquiar la rayita
cuasi un dedo arriba de los treinta y nueve.
Dispués...me miró con tristeza,
guardó en el estuche el tubito
y me dijo que tenga pacencia,
que tal vez mañana...será un angelito...
Pero..¡en fin! Que hay milagros a veces
que en sus libros no vienen escritos
y puede que Dios se apiadara
devolviendo la vida de m'hijo.
Por eso he rodiado de velas
esa imagen que tengo de Cristo
y le dije a mi china que rece
todo lo que sabe, por el gurisito...

miércoles, 24 de junio de 2015

Romance para un arriero


(Pintura: Georg Miciu)

Tan fiel conservo tu estampa,
tu estampa gaucha, resero,
que a veces yo me pregunto
si es verdad que te recuerdo
o es que te llevo en el alma
como la vaina al acero.

La admiración que sintiera
por ti en mis tiempos primeros
es la misma admiración
que hoy siento llegando a viejo.

Yo sé que es mucho pedir
pintarte de cuerpo entero,
pero valga la intención
que pongo al hacer los versos.

¿Tu nombre? don Ezequiel,
don Zenón, don Anacleto...
(¡Qué bien quedaba ese "don"
nacido de mi respeto,
cuando yo te saludaba
echando mano al chambergo!).

¿El apellido? Giménez,
Navarro, Gauna, Requejo,
Godoy, Quiroga, Ramirez,
Roldán, Lavarga, Peredo
(que los nombres se hacen gauchos
según quien los lleve puesto).

Me basta cerrar los ojos
para encontrarte de nuevo
montado sobre un lobuno,
sobre un zaino, un lunarejo,
un "colorao sangre'e toro",
un alazán o un overo,
(que el pelo tampoco le hace;
todo es la mano del dueño).

Me basta reconcentrarme
para salir a tu encuentro
por esos largos caminos
donde mis ojos te vieron.

Resero de bota y poncho,
blusa, bombacha y pañuelo,
que nunca saldrá de pobre
porque le sobra con eso.

Yo te quisiera pintar,
pintarte de cuerpo entero,
pero me faltan palabras
para pintarte por dentro.

Nacido para el camino,
es tu destino, resero,
un eterno ir y venir,
un ir y venir eterno.

Plumón de cardo pampeano
que va enancado en el viento,
apenas tenés querencia
que haga apurar el regreso:
tu vida es estar llegando;
estar llegando y partiendo.

Triste destino es el tuyo:
nacer y morir resero;
ir enhebrando distancias
siempre detrás del arreo,
como quien va inútilmente
queriendo cazar un sueño.

¡Nacer y morir arreando!
¡Nunca lo tuyo! ¡Siempre ajeno!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Leñita de vaca


Ya que los puebleros no valoran nada
que no tenga brillo, ni lujo, ni encanto,
quiero demostrarles que hay cosas sencillas
que en ciertos momentos se valoran tanto.
.........................................
Leñita de vaca, que en esos inviernos
que bajó la nieve pa blanquiar mi rancho
te miré sin verte mientras esperabas
que alguno precise pedirte una mano.
¡Y las cosas llegan como llega todo!
La disgracia quiso visitar mi pago
y una mala noche la encontré a mi mama,
con una fatiga que s'estaba augando.
El dotor me dijo qu'era pulmonía;
me mandó unos frascos
y además me dijo que las cataplasmas
eran necesarias pa curar su daño.
¡Y ahi jue la de a peso! Si en aquél invierno
ya no me quedaban ni yerba ni marlos...
Yo agarré pal campo buscando algún yuyo
-sin mucha esperanza de poder ayarlo-,
cuando una bostita muy seca y muy chata
pareció decirme: "¿Dónde vas, muchacho?
¿No ves que yo sirvo pa encender un fuego?
¡Parece mentira que jueras del campo!"
Pensando en mi mama, qu'estaba tan cáida,
me las fui juntando; las cargué en mis brazos...
¡Y mi mama vive! ¡Vive todavía!
¡Por eso, bostita, te quiero y te canto!


Boyerito

(Foto de la película "Don Segundo Sombra")


Gauchito de pocas pilchas
hecho a dormir en el suelo,
sin más almohada que el basto,
sin más colchón que los lienzos,
ni más calor que el calor
que a veces le dan los perros.
A la edad en que otros niños
se divierten en sus juegos
este gauchito ya sabe
cómo se para un rodeo,
cómo se ajusta una cincha,
cómo se piala un ternero.
A la edad en que otros niños,
la mente llena de sueños,
creen en las hadas amigas
que velan siempre por ellos,
él se enfrentó con la vida
para ganar quince pesos
y aliviar a los suyos
con una boca de menos.
Chiquilín que a los diez años
tiene costumbres de viejo
y hasta monologa a veces
mientras desvira unos tientos.
Pichón de gaucho, curtido
por los azotes del viento
y el azote de otras cosas
con que se va endureciendo.
Incapaz de una aflojada,
es duro en el sufrimiento
y se agranda ante el dolor
"ojalá se esté muriendo".
Lo mismo, cuando el patrón
injusto le pega un reto
se queda mirando fijo
mientras se muerde en silencio
para cerrarle las puertas
al toro que lleva adentro.
Chiquilín que nunca vio
ni a media legua un colegio,
¡qué bien dibujo la "O"
revoleando el lazo abierto!
¡Y qué bien hace el palote
cuando el azote certero
sobre las ancas vacunas
deja la marca entre el pelo!
Gauchito madrugador
desayunado a luceros,
si no fuera por tus gritos
chicoteando a todos vientos,
el campo, que es remolón,
habría seguido durmiendo...

Gaviotas

(Gaviotas Capucho Café -"Larus maculipennis"- por Hernán Tolosa)

Mi gaviota amiga,
mi amiguita blanca,
¡qué alegre trabajo
cuando me acompañas!
Y en tanto el arado
incansable traza
esos paralelos
de mis esperanzas,
contemplo tu vuelo
y escucho tu charla,
que es canto al trabajo
y es pan para el alma.
Por eso contemplo
todas las mañanas
el azul del cielo
que al irte surcaras,
buscando el saludo
que me hacen tus alas.
Mi gaviota amiga,
mi amiguita blanca,
¡qué triste me siento
cuando tú me faltas!
El surco parece más hondo, más negro.
Me parecen las horas ¡más largas!
... Y mientras la reja del aburrimiento
traza un surco profundo en mi alma,
pienso en tus desdenes, mi gaviota amiga,
y una gran tristeza siento que me embarga.
No sigues mi arado porque yo te quiero;
te interesa el surco y el insecto que hallas.
Mi gaviota amiga,
mi amiguita blanca,
¡qué alegre trabajo
cuando me acompañas!
¡Miénteme cariño!
¡Miénteme tu charla!
¡Miénteme el saludo
que me traen tus alas,
pero en pos de otro
labrador, no vayas!




martes, 22 de mayo de 2012

Caballito criollo

(Dibujo: Diaz Mathé)

Caballito criollo que en la Independencia
sacudiste airoso encrespada crin
y con un relincho de rara elocuencia
te diste a la empresa del gran San Martín.

¡Caballito gaucho de inmortal aliento!
Te vieron mis pampas cruzar la llanura
llevando el empuje soberbio del viento
que te dio la gloria de beber alturas.

¡Caballito guapo que allá en la contienda
pusiste en la carga... tanto corazón,
que mordiendo el freno por pedir más rienda
te encontró la bala que escupió el cañón!

Caballito criollo que la cordillera
sobre sus picachos te sintió pasar
envuelto en los pliegues de nuestra bandera
pintada en los trazos de la inmensidad.
...........................................
¡Qué bien te has ganado, caballito guapo,
las estrofas de oro que escribió Roldán!


(Dibujo: Diaz Mathé)

Charqueando



Para aquellos que no sepan
qué quiere decir "charqueando",
aclaro que es el recurso
pobre, de algunos paisanos
que se meten de jinetes
siendo flojitos pal basto.
Y apenitas el bagual
se agacha y pega dos saltos
pierden toda su apostura,
quedan desacomodados
y se agarran al apero
para evitar el porrazo.
Y a mi me pasa lo mismo;
pensaba anotarme un tanto
creyendo que domar versos
no es cosa que dé trabajo.
Y ya metido en el baile,
no se extrañen si me aguanto,
ya "que no ha nacido el potro
que me revuelque en el pasto".
(Disimulen, aparceros;
no digan que voy charqueando).

Mi burro cenizo


No se gaste en ofertas,
señor; ya le'i dicho:
usté no se lleva
mi burro cenizo.
Si a usté le hace falta
yo digo lo mismo;
con la diferencia
que usté es hombre rico
y eso que usté quiere
más bien es capricho.
Como tiene plata
quiere mi burrito
y aumenta la oferta
de a cinco y de a cinco
pa ver si me dobla
y le doy el cenizo.
Usté tiene un auto
grandote, nuevito,
que apenas lo monta
sale como tiro;
con asientos blandos,
rodeado de vidrios;
donde no entra tierra
ni calor, ni frío,
y quiere entuavía
llevarme el burrito.
Pero no se gaste,
señor; ya le'i dicho:
con plata y sin plata
yo vivo lo mismo.
Cómo vo'a venderte
mi burro cenizo
si más que de burro
lo tengo de amigo.
Y eso es decir poco:
por estos caminos
siempre andamos juntos
como dos mellizos,
sin otro atadero
que nuestro cariño.
No tengo otra cosa,
señor. El destino
me ha quitado todo:
la mujer, el hijo...
Sin rancho, ni perro,
ni chancho, ni chivo,
¡gracias que el burrito
se quedó conmigo!

Mal camino

(Pintura: Mariana Sandes)

Volvete, muchacho, qu'es malo el camino.
A gatas te asoma la punta del bozo
y y'andás metido
con otros mocosos de tu mesma laya
por cuanto boliche se te pone a tiro.
Ayer por la noche,
me dijo un vecino
que al verte en el suelo
¡mamao como un chivo!
te cargó en la grupa
y te trujo al tranquito.
Si pa un hombre grande
eso queda fiero,
pa un mocoso'e porra
no debe ser lindo...
Dispués, en confianza,
me dijo este amigo
que aparte del trago
tenés otros vicios:
que te gustan los naipes por plata,
que a la taba le hacés unos tiros,
y no se arma carrera en el pago
sin que dentre a correr tu petizo.
Pa pior de los males
te has güelto atrevido
y dos o tres veces
sacaste el cuchillo
-que al fin lo guardaste
como había salido-,
pero sacar armas
es pa compromisos.
Dejate de naipes,
dejate de vicios;
dejá las carreras
y encará el petizo
pa cualquier estancia
donde te hagan hombre,
y no un pobre gaucho
mamao y ladino,
que anda dando lástima
en las pulperías;
en vez de ganarse
respeto y amigos.

Para mí todas son madres


¡Qué me importa a mi del mundo
y qué me importa a mi de la sociedad!...,
la sociedad y el mundo me exige
que yo heche a rodar mi hija
¿Y porque voy a echarla?

¿Echarla a mi hija,
porque me ha traido
un nieto de regalo
sin que naide supiera?
¡Vaya un pecado!...

¿Acaso no han comenzado sus amores
cuando empezó a puntiar la primavera,
que fue pal tiempo aquél que el potro
rompió el cabestro para seguir la yegua,
que el toro saltó los alambrados
y al trotecito se nos fue la perra...?

¿Echarla a mi hija,...
¿Echarla a mi hija me pide el mundo
porque no supo venderse
a cambio de una libreta?
Si hasta el reptil ponzoñoso
procrea con libertad
en sus abrigadas cuevas,
y el río serpentea libremente
por ser hijo natural
del corazon de la tierra...

Solamente la mujer,
solamente la mujer tiene sociedad
que la desprecia
pero esa sociedad admite,
permite y fomenta el cabaret,
el mercado de las hembras...
Allí naide pregunta si una mujer es buena,
allí el pudor es un mito,
un chiste la desverguenza
allí el pedazo de seda tapa las marcas
qe han dejado las poleas
cuando esta mujer soñó ser una madre
honrada, trabajadora y buena.

¿Echarla a mi hija... ?
¿Echarla a mi hija me pide el mundo
porque me ha traido un nieto de regalo
sin que naide supiera?
¡Vaya un pecado!
¡Vaya un pecado mas grande...!

¡A criar su hijo
a criarlo como Dios manda,
en vez de mal parirlo
sin que la vean...!

¡Bendita sea la mujer,
bendita sean todas las mujeres
que contra el mundo
y la sociedad que las desprecian
levantan en alto el bello fruto
de sus entrañas maternas!
................................
¡Madre, madrecita mía del alma
que estás en el cielo,
si vos madre tuviste la desgracia
de ser igual que ellas:
¡mil veces madre!,
¡mil veces madre bendita seas!
......................................

Pd: este relato de Boris Elkin tiene una versión más corta con el título "De carne somos" en su libro "Charqueando".

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Contestando

(Foto de la película: "Don Segundo Sombra")

¿Por qué me empeño en escribir en "gaucho"
en lugar de escribir versos modernos,
y me aferro al pasado con las fuerzas
con que el ombú enraíza en el terreno?
¿Por qué me empeño en escribir en gaucho?
Ha de ser, yo calculo, porque tengo
esta paisana voz para mis cantos
y este pobre decir para mis versos.
Y ha de ser por capricho del destino
que me quiso elegir como instrumento
sin probar la apagada resonancia
que se encierra en la caja de mi pecho.
Pero voy a cantar, mientras me quede
una nota en la voz, vida y aliento
para avivar las brasas recubiertas
por la ceniza que acumula el tiempo
y el olvido que ponen los ingratos
sobre el pasado que quisieran muerto.
Honrar la tradición no es una forma
de escribir para nuestro lucimiento:
es poner devoción en cada estrofa;
es vivir venerando los recuerdos;
es sentir emoción limpia y serena
frente a la estampa de un paisano viejo,
y es querer al retoño que aparece
junto a las raíces de su noble abuelo.
Sentir la tradición es asomarse
a ese pozo de luz de nuestro acervo
y reiniciar la marcha hacia el futuro
sin olvidar lo que quedó atrás nuestro.
Si un país sin tradición es como un rancho
que se derrumba, falto de cimientos,
¿cómo es posible, entonces, que sus hijos
no den su apoyo para sostenerlo?
Yo cumplo mi deber de esta manera:
¡escribo en "gaucho" porque así lo siento
y hay treinta años de camino y surco
que me enseñaron a querer lo nuestro!

Guapeando

(Pintura: Carpani)

No crea, compadre, qu'es llanto
lo que usté ve correr de mis ojos,
sino que la leña está verde
y pal humo, le juro, ¡soy flojo!
No se vaya a pensar que ando triste
por culpa'esa china rastrera
que se jue y ha dejado mi rancho,
¡ya lo ve, compadre, como una tapera!
Pero es claro: hay momentos qu'estraño.
Tanto tiempo he vivido con ella
que áura, al no verla, mi rancho
parece potrero de todas las penas.
Cuantas veces qu'he güelto cansao
de andar galopiando las leguas y leguas,
en lugar de dormir me he quedao
mirando el retrato a la luz de la vela.
Y cuando los gallos, a la madrugada
alegres dispiertan cantando
y el cielo s'enllena de sangre cuajada,
me voy pal palenque, ande tengo el saino,
y en cuanto lo ensillo, m'encamino al pago
ande algunos dicen que se jue mi china;
dispués me arrepiento, me güelvo.
¡No vale la pena buscar a una indina!
Pueda ser que mañana, cansada
de llevar esa vida que lleva,
se le dé por volver a mi rancho
pa pedirme perdón, la hija'e perra.
Y entonces, parao en la puerta
le diré riyendo: "¡Andate y no vuelvas;
qu'el corazón aprende a hacerse duro
y áura tengo en el pecho una piedra!"
... Y tal vez la perdone, compadre.
¡No! No es porque la quiera;
sino pa mostrarle que somos
los hombres más nobles que ellas.
Pero yo no la quiero, compadre.
Si mis ojos de llanto se preñan
es por culpa de este humo tan juerte.
¡Pucha, digo!, ¡ta verde la leña!

jueves, 26 de mayo de 2011

Concencia


¡Vaya la pregunta que se te ha ocurrido!
Le he buscao la güelta,
y por más que quiero darle a mi palabra
la forma acertada pa que vos la entiendas
no le hayo la punta; y hasta me parece
qu'estoy enredando mi mesma madeja.
¿De ande se te ocurre, muchacho del diablo,
venirme con ésas,
y a boca de jarro pedir que te esplique
qu'es eso qu'el hombre llama su concencia?
Pondremos pal caso, qu'es un policía
que paso tras paso te sigue la güeya
y a quien es al ñudo mezquinarle el cuerpo
o escurrirle el bulto pa que no te vea,
porque te vigila desde adentro mesmo
y sabe las cosas cuando uno las piensa.
¿Que cómo procede? No sabría decirte.
Ricuerdo una güelta
que mi taba andaba tan atravesada
que ni de limosna m'echaba una güena,
y era tanta el hambre, que desesperado
crucé un alambrado y enlacé una oveja.
Mi concencia vido que saqué el cuchillo
pa carniar la ajena,
y en vez de gritarme pa evitar que lo haga
se hizo la distráida... como que no véia.
Engolosinado, quise alzarme el cuero
pa comprar los vicios con lo que me dieran,
cuando de repente me cruzó un guascazo
y me dijo: "¡Epa!,
el hambre es el hambre y los vicios, vicios.
El cuero lo deja.
¡Y bien a la vista sobre el alambrado,
pa'qu'el dueño sepa
que usté no es un bicho ladrón o dañino,
sino qu'es un criollo que lo hizo a la juerza!".
Y güeno, muchacho, ya estás enterado.
Así es la concencia:
te sigue los pasos mesmo que tu sombra
y anda misturada junto a tus ideas.
Por ahi te da soga pa verte el galope
y por ahi te pega un tirón de las riendas.
¡Cuanto más amiga, menos te perdona;
cuanto más te cruza, tanto más te aprecia!
Sólo en ocasiones se hace la distráida,
como aquella tarde que carnié la ajena...

Mal cristiano

(Pintura: Pablo Uriburu)
¿Que no soy güen cristiano -usté me dice-,
porque no rezo pa Semana Santa
y en lugar de pasarla a bacalao
me como un churrasquito como nada?
Es la juerza'e la costumbre, solamente.
Los criollos de mi laya
si no tienen asao lindo y jugoso
pa darle rienda suelta a las quijadas
se sienten enfermos, apocaos
y hasta les dentran a temblar las tabas.
¿Que es pecao no rezar? No es culpa mía.
Yo no he tenido quien me lo enseñara,
y pa aprenderlo solo no he podido
ya que de ler no entiendo una palabra.
Además -a mi ver- debe rezarse
cuando una voz se enanca sobre el alma;
cuando una voz de adentro nos reprocha
y alguna mala acción nos echa en cara.
Y yo -gracias a Dios-, llegué hasta viejo
sin manchar mi facón de sangre hermana;
no he robao, ni lo pienso.
Mi palabra de gaucho es más sagrada
que mucho documento que se escribe
y que al final... no sirve ni... pa nada.
Mi rancho, pal cansao, no tiene puertas.
A naides le he negao ni pan, ni agua,
ni el pedazo'e churrasco que hoy me dicen
que comerlo es pecao esta semana.
Tampoco he codiciao la prenda ajena
ni la fortuna que el vecino gana,
ya que parece estar de Dios escrito
que los gauchos de ley no tengan nada.
Por eso no maldigo contra naides
ni me arrodillo pa pedirle gracia:
¡No es pecao no rezar, pa quien no sabe,
ni es pecao no rezar si no hace falta!
¿Que yo lo niego a Dios? Eso es mentira.
Y además que no es tanta mi ignorancia,
siendo que Dios se muestra en todas partes:
en el valle, en la selva, en la montaña,
en el calor que dora los trigales,
en la lluvia, en el viento y en la helada.
Dios está en la luz, está en la sombra,
en el pico ganchudo de las águilas,
en la guampa puntuda de los toros
y en la dureza que le dio a la garra.
Pero también está en la mariposa,
en el gusano lerdo que se arrastra
y en la sencilla flor que nace a campo
y perfuma el aleinto'e la mañana.
¿Que yo lo niego a Dios? ¡Qué ia negarlo!
¡Si en las horas oscuras de la Patria,
dispués de darle luz al pensamiento
de los hombres nacidos pa'librarla,
Dios estuvo en el filo'e los machetes,
en la chuza puntuda de las lanzas,
en el clarín que manda a la pelea
y en el coraje de la raza gaucha!

La calandria


Un muchachón apunta con la honda
a una calandria que en el árbol canta
y el viejo Zoilo - que lo ve- de un salto
se le pone a la par y se la arranca.
-"¿Has pensao lo que hacés, ¡pedazo'e bruto!,
al quererle tirar a esa calandria?
-No la quise matar -dice el muchacho-.
Yo pensaba voltiarla,
pa ponerla en la jaula del jilguero
y sentirla mejor cuando ella canta.
-¿No sabés que ese pájaro sencillo
es el espejo de la raza gaucha?
¿De ajuera? Vale poco...
una pilcha barata;
no es engreída, no se mete con naides
¡pero es bien agalluda si hace falta!
Así como la ves en ese sauce
cantándole al solcito'e la mañana,
¿no te da en pensar que se parece
a los gauchos, señores de la pampa,
que por cantar confiaos
los quisieron hondiar pa darles jaula?
Sin embargo, ya ves, tanto sacaron
los que quisieron pisotiar la raza
como has de sacar vos si de un hondazo
conseguís dar por tierra a la calandria,
ya que ni el gaucho, ni ella,
cantan pa naides en las jaulas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fiesta Patria

(Pintura: Carlos Montefusco)-Venga p'acá, m'hijo,
y siéntese a lo gaucho, junto al fuego,
pa contarle a su tata lo que vio
hoy, que le dio permiso pa ir al pueblo.
¿Taban lindos los festejos patrios?
-Pa decir la verdad...¡yo ni me acuerdo!
Iba tanta gente por la plaza
haciendo tanta bulla, tanto estruendo,
que salí como zonzo y almariado
de esa que más que plaza era un infierno.
-Y áura, contésteme esta pregunta
que de la vaina se me está saliendo:
¿Sabe m'hijo lo que es el patriotismo?
-Y... el patriotismo es, por lo que veo,
salir pa un 25'e Mayo o un 9 'e Julio
luciendo el trajecito dominguero,
vivar la bandera azul y blanca,
llevar botones lindos en el pecho
y subir, como dicen, la tribuna
pa dende arriba, discursearle al pueblo.
-¡Todo ese patriotismo que usté vido
no vale un pucho de tabaco negro!
Porque no es patriotismo andar gritando
todos amontonaos como borregos,
ni lucir los colores de la patria
cuando se lucen pa adornar el pecho,
ni tampoco subir la tribuna
y decir cosas que las lleva el viento...
El verdadero patriotismo, m'hijo,
lo demostraron nuestros bisagüelos
allá por Tucumán, en Ayacucho,
en Suipacha, Maipú y en San Lorenzo,
peliando como liones por la patria;
conquistando de a jemes el terreno
y cruzando después la cordillera
pa darle una manito a los chilenos.
Pero jue patriotismo sin alardes,
ni llevaron más lujo sobre el pecho
que la rosa de sangre que el mosquete
al escupir les dibujó de lejos.
Y hay también otra clase'e patriotismo
que a juerza de mirarlo ni lo vemos,
y es el patriotismo de los hombres
que engrandecen al país con sus esjuerzos.
Trabajando, muchacho, arqueando el lomo,
martillando los fierros,
destripando terrones con la reja
pa llenar hasta el tope los graneros;
recortando ladrillos;
levantando edificios pa colegios
y estudiando los libros
pa mañana o pasao llegar a maestro
y enseñarle a escribir a los muchachos,
y a sacar unas cuentas por lo menos.
El otro patriotismo, el que usté vido,
¡no vale un pucho de tabaco negro!