domingo, 16 de agosto de 2015

Querencia


(Foto: Emanuel Ortiz)



¿Te acordás d'esa tarde
que a la tranquera
llegó mi malacara
con quince leguas
galopeadas de un hilo
por valle y sierra?
La visión d'esa tarde
la guardo fresca:
¡venía blanco de espuma,
cáido de orejas,
temblorosas las patas,
la crin revuelta,
desbordado en relinchos
pa su querencia!
Lo miraba extrañado.
¿Tanta impaciencia
pa volver a un potrero
que daba pena?
¡donde ni pasto había
culpa'e la seca!
¿Te acordás d'esa tarde?
Lo mesmo qu'ésta,
llegaba un dolorido
con mal de ausencia
a pechar los cruceros
de la tranquera.
¡Cómo tira el recuerdo
de la querencia!
¡Cómo llaman las cosas
donde se enredan
los recuerdos primeros
de la esistencia!
¡Y cómo m'engañaba
cuando las mentas
de las ciudades grandes
me dieron vuelta!
Y desoyendo ruegos,
y desoyendo quejas,
dejaba todo esto
por cosas nuevas.
Al principio es muy lindo.
Las apariencias
t'encandilan los ojos
pa que te pierdas.
Ya el pago lejano
ni se recuerda;
todo queda borroso...
como entre niebla....
Pero al fin, cuando uno
ya ni lo piensa,
el recuerdo lejano
se te presenta
como un cargo que sale
de tu conciencia.
¡Y pensás en tu rancho!
Ves la tranquera;
el campo, que reclama
filo de reja,
y el montón de gaviotas
que está a la espera
de tu yunta y tu arado
cortando melgas.
Después se ven las cosas
como quien sueña:
el tiempo ya ha pasado
sin darnos cuenta
y aquella tierra arada
se hizo cosecha.
Lo demás, se te viene
como si fuera
una cinta en colores
que uno recuerda:
cuando el alba se asoma
sobre las sierras;
cuando llegan las doce...
después de la siesta...
el espejo del pozo
de agüita fresca...
el morir de la tarde...
el nacer de una estrella.
Cuando eso te sucede
ya no hay más vuelta:
¡clavado que tu alma
sufre de ausencia!
¡El sueño se hace potro
que no da rienda
galopeando en la noche
que se hace eterna!
Ya nada te da gusto.
Todo es tristeza,
y un ansia de regreso
te picanea
con el clavo puntudo
de la impaciencia.
¿Te acordás d'esa tarde
que a la tranquera
llegó mi malacara
cáido de orejas,
temblorosas las patas,
la crin revuelta,
desbordado en relinchos
pa su querencia?
¡Así vuelvo a mi pago!
¡Bendito sea!