domingo, 16 de agosto de 2015

Redomoniando






A un mes qu’estoy amansando
“el tordillo a patacones”
me lo elogian los mirones
y hasta lo andan codiciando.
Cuando lo estaba “quemando”
una tarde el martillero
me habló al óido un aparcero:
“-Compreló, se lo asiguro
que’s hijo de un criollo puro
de la estancia “El Trocadero”.

Potro mediano de alzada,
ancho d’encuentros, morrudo,
juerte de tabas y nudos
y el anca bien conformada,
la cruz como dibujada,
lomo ascendente y mediano,
cabeza que ni hecha a mano,
orejas cortas y alertas,
fozas nasales abiertas
pa’ beber aire lejano.

Me gustó tanto el bagual
que cuando cayó el martillo
yo había “confiao” al “tordillo”
tres sueldos de pión rural.
Lo palenquié, y por casual
lo monté y salió al tranquito
y aunqu’e cogote cortito
montao nomás lo tiré
y a señas lo goberné
hasta que aflojó solito.

Quien hoy lo viera: silbé
y aunque nublao y temprano
cuando le mostré una mano
dio el frente y lo embozalé.
En las patas lo manié,
dejé el cabresto tirao,
del galpón traj’el recao
y aunque le escuché un bufido
ni un tranco se había movido
del sitio en que había quedao.

En el alambre al bocao
lo resobé esa mañana
que quedó hecho una badana
pues hizo noch’engrasao.
El redomón enriendao
saborió con gusto el cuero
entonces con el esmero
de quien no niega su cuna
pilcha por pilcha, una a una
le puse tuito el apero.

Con cuidao lo desmanié
perfilao sobre’l encuentro
después de una güelt’adentro
ágil me le’nhorqueté.
A los dos lao lo volqué
en cuanto estribé un ratito
‘tantiao’ reculó un poquito,
me incliné, miró una senda
y barajando las riendas
soltó un galope cortito.

Como es costumbre de ajuera
o por probarlo quizás
ya sin apiarme nomás
abrí y cerré una tranquera.
Me lo asustó en la carrera
un ñandú con sus alones,
yo le arrimé los talones
y se tendió hecho un venao
y al tantiarlo en el bocao
lo hice arar con los garrones.

Repetí la operación
de cuando recién monté,
luego el lazo desaté
pa’ enseñar al redomón.
Lo arrastré por precaución
y aunque anduvo desconfiando
despacio lo jui enrollando,
armé: y tras algunos giros
al aire hice varios tiros
así se va acostumbrando.

Saben que no fantaseo
sin tenerme por chambón
y no faltará ocasión
pa’ floriarlo en un rodeo.
Me anda chusiando un deseo
y aunque le arisquea a los perros
capaz que al gusto no le erro,
caigo y les canto una flor
en la esquina “El Vencedor”
como quien va al puent’e fierro.

Vuelve el ayer hecho idea,
cosas de un gaucho sencillo
sobre’l “crédito tordillo”
en los campos de Perea.
El que en la ciudá me vea
sin caballo y con vigüela
sabrá que tuve otra escuela
anterior a este horizonte
a cuatro leguas de Monte
y dos de Zenón Videla.