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jueves, 8 de mayo de 2014

El lujo de Corvalán


(Pintura: Vasco Machado)


Don Jacinto Corvalán
del suelo felicianero,
montaba un “picaso tero”
si lo apuraba su afán…
Y tenía el “alazán”
calzado -de patas blancas-
de cargar chinas en ancas…
Y el “sabino” era una pluma:
sobre el río era un  espuma
borboteando en las barrancas.

“Tordilla” fue la madrina
de lunar en el cuadril,
punteado como alguacil
que el viento no arremolina…
Cada aurora campesina,
cencerreaba en la “tordilla”…
Y al trotear por la gramilla
casi se volvió un refrán:
“Donde chifla Corvalán
es que viene la tropilla”.

Muy mansos los dos “overos”…
Y el “moro”, tirando a plomo,
siempre era frío de lomo
cuando le ponía los cueros…
cuidaba dos parejeros
“zainos” para el otro evento…
Cada uno era un portento
para las lides cuadreras:
que silbaban las clineras
si corrían contra el viento.

De acollarar redomones
tenía el “bayo”, por si acaso,
lunanco del lao del lazo,
pero con sus condiciones…
También por las extensiones
cruzó el “ruano testerilla”
y el “obscuro gargantilla”
que era bueno como el pan:
y sostenía Corvalán
que era un lujo en su tropilla.

lunes, 6 de junio de 2011

La doma y la jineteada


Ahora le voy a explicar
-si la compresión asoma-;
qué significa la "Doma"
y lo que es "Jinetear".
Las he visto emparentar
y confundir en la idea
pero, por si usted desea
hablar bien, sin más tardanza:
Domador es quien amanza
y el otro es quien jinetea.

El oficio no es igual,
entre paciencia y pelea,
el que solo jinetea
no doma ningún bagual.
Y si lo doma, hace mal
y suele ser un obstáculo
pues para el arte vernáculo
que lo es la jineteada:
con la tropilla amansada,
es muy malo el espectáculo.

Usted podrá comprobar,
sin enojos ni retobos
que con aguantar corcovos,
ya se puede jinetear...
y domar es amansar
en todo nuestro País.
No estará usted muy feliz
confundiendo en la ocasión:
gordura con hinchazón
o lechuza con perdiz.

Es una ciencia nativa
amansar... y es más trabajo:
antes se doma de abajo;
y después, recién de arriba..
En cambio, el jinete estriba
el bravo bagual mañero;
aguanta el corcovo artero,
luciendo criolla altivez:
y si no lo doma, es
mejor para el tropillero.

El yuyero de mi pago

(Pintura: Sara Cabrera)
Tranqueador de los caminos
en ciudades y campañas...
Ropa gastada en el tiempo
de colores y de escarchas...
Canasta grande en el brazo,
surtida como farmacia...
Manso mirar, medio ausente,
igual que buscando el alma:
lo conocen por yuyero
y es así como lo llaman.

En diabetis: eucalipto,
sarandí blanco y genciana...
Indigestión: arazá,
menta, manzanilla y tala.
Catarros y tos: mastuerzo,
cambará, miel y naranja...
En úlceras: carnicera,
llantén, laurel rosa y salvia:
y en calvicies a destiempo,
mastuerzo y hojas de alfalfa.

Yerba de la piedra, en té,
a la bilis demorada...
Palpitaciones nerviosas:
toronjil hervido con agua...
Verrugas: savia de ombú;
y en problemas de lactancia:
fruta de mburucuyá,
avena, maíz y malta...
Y para ojos irritados:
lavajes con rosa blanca.

En reumatismo: mil hombres,
ortigas y ruda de caña...
Hojas de higuera, limón
y ajo macho, en presión alta.
Le caben todos los yuyos,
en esa vieja canasta;
andando entre el pobrerío,
receta sin cobrar nada:
lo conocen por yuyero
y es así como lo llaman.

Mi canto de payador


Para José Luis Mondragón.

Donde se enciende un fogón
porque sopla el viento nuestro:
yo vuelvo a ser el maestro
del Pueblo y su Tradición...
Del apartado rincón
hasta el centro de lo urbano;
donde vive el buen cristiano,
con amor de tierra y gente:
surge el verso consecuente
del payador entrerriano.

Allí donde está el abrigo,
con el aprecio de alhago:
está el corazón del pago,
en el pecho de un amigo.
La mano abierta prodigo,
en la alegría o el llanto:
entonces brota el encanto
de la copla más certera,
porque el alma sale afuera,
en la guitarra y el canto.

Cuando vibra la encordada
surge el verso, en su compás,
no por la risa fugaz,
tristemente comerciada...
Sin fama promocionada,
ni cobro grande y seguro,
pero con ideal maduro
y fiel a mi apostolado:
soy una luz del pasado,
proyectada hacia el futuro.

Enemigo de la guerra
hacia la justicia voy,
y siempre estuve y estoy
donde vive el hombre-tierra...
El Club céntrico y la yerra,
tuvo mi empeño mejor...
y, procurando el Amor
y humanos entendimientos,
siembro hacia los cuatro vientos,
mi canto de payador.