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lunes, 25 de julio de 2016

Porque le di un reto (Valseao)




En mis años mozos yo tuve un amor
que a fuerza de lonja de puro cariño,
trenzamos cabestros para palenquearnos
y no mañeriarles al calor del nido.

Pa'estar más seguro que el bueno de Dios,
nos manió las almas con dos gurisitos,
maniador que es dulce cuando aprieta fuerte
y rompe las carnes si afloja un poquito.

Un día la moza me olvidó los hijos
porque un forastero le sobó los tientos,
rompió la manea pateando a lo mula,
y se jué del rancho porque le dí un reto.

En otra, un guascazo me marcó la frente:
m´hijo era un cuatrero, lo llevaron preso,
cumplió la condena y cambiando el rumbo
no volvió a las casas porque le dí un reto.

Y la gurisita que era mi alborada
de todos los días pa'este pobre viejo,
me ha dejao sin flores y sin sus caricias...
ya van pa'tres años porque le dí un reto.

Y ya hace seis días que falta del rancho
lo que me quedaba, mi perro ovejero,
lo estoy aguaitando pero en cuanto llegue
lo abrazo bien fuerte...pero no lo reto!



lunes, 28 de noviembre de 2011

Gauchos y Melicos


A mis queridos hermanos.

Después de juntar cansancio
los que nunca guardan nada
entre apartes y rodeos,
llegó el día de cobranza.
Y pa más peor de los males
en sábado justo cáiba.

Cada uno alistó sus pilchas
cobró lo que le adeudaban
y, sin ponerse de acuerdo,
p'al mesmo lao galopaban...
... Como cinchando el camino
p'alejarlo de las casas.

Ansina jué qu'esa noche
la pulpería se hallaba
más tupida que mazorca,
entre gritos y jaranas,
ruidaje del coperío
y rasguidos de guitarras.

-¡Voy diez pesos al que tira!
-¡Va conmigo esa parada!
-¡Que cante otra, el mocito!
-¡Aquí, al rincón, cuatro cañas!
-¡Tenga mano, tallador!
¡Soy sota de salto y carta!

-¡Aquí hay un güetlo olvidao!
¿A quién le sobra la plata?
-Métale caña pa todos;
ya pongo lo que le falta;
y si lo que falta es sed,
yo pongo sed hasta mañana.

La nutrida concurrencia
festejó de güena gana
la salida del metido
con conora carcajada,
que se cortó de repente
como si la degollaran.

-¡Silencio! -gritó una voz
como mandando: ¡A la carga!
La bordona rezongó
por una mano apretada,
mentras la sota de salto
s'escabuyó entre una faja.

La taba se hizo perdiz,
lo mesmo que las paradas;
y era tan grande el silencio
que hasta se óiba cáir l'escarcha.
¡Poruqe'n estas ocasiones
hasta los vasos se ablandan!

¡Soy el Comesario y mano
que se termine la farra!
Yo le viá dar coperío,
pendencias y compadradas;
naipe sinchao con pegote
y andar con tabas cargadas.

Gauchos sucios y rotosos
guapos con la gente blanda,
carneadores en lo ajeno
que no tienen ley ni patria,
ni rispeto para naides
ni amor a las cosas santas.

Nacidos quién sabe dónde;
hijos de un porrón de caña,
en una noche de copas
después de una matreriada,
entre vapores de alcohol
y gente de su calaña.

A ver... ¿ande está ese guapo
que arroya a la melicada?
¡Vaya palpando, sargento!
Y al que me le encuentre un arma
métale, nomás los fierros
y me lo saca a la rastra.

El sargento lo observó
y miró a la melicada,
quedándose sin moverse
como una estaca clavada.
-¡No se me achique, sargento,
qu'es muy fácil l'arreada!

Y se adelantó el primero
hastsa donde estaba Almada;
un gaucho viejo del pago,
güen mozo y de recia estampa.
Muy suave pa conversar
pero de mano pesada.

En cuanto se le acercó
quiso manotearle el arma.
Almada dió un paso atrás
y así lo paró de entrada:
-Téngase quietas las manos
que naide le ha dao confianza.

Y sepa pa'su gobierno
que, toda esta gente honrada
que le ha tolerao insultos,
no gusta ser manoseada;
porque somos, con orgullo,
hijos de una estirpe gaucha.

De esa raza que nació
junto con la historia patria.
Gauchos que, en la Reconquista,
tiñó su sangre las aguas.
¡Rojo mensaje de América
convertido en clarinada!

Gauchos que, frente al Cabildo,
una gloriosa mañana,
en lo más hondo del pecho
sintieron nacer la patria
y se entregaron de lleno
en cuerpo, en vida y en alma.

Gauchos que, allá en San Lorenzo,
junto al Santo de la Espada,
pusieron pecho al peligro
con la histórica batalla,
conquistando el primer lauro
para las patriotas armas.

Los que, junto a San Martín,
por Los Patos y Uspallata
llevaron la libertad
a las naciones hermanas,
haciendo fértil la tierra
regada con sangre gaucha.

Gauchos que, con don Martín
Güemes, en la gaucha Salta,
pararon al opresor
a fuerza de poncho y lanza:
gauchos que todo lo dieron
y nunca pidieron nada.

Gauchos sucios por ajuera
pero muy limpios de alma.
No sólo tenían las pilchas,
también el cuero hecho hilachas
por honrosas cicatrices
con que les premió la Patria.

Gauchos que, en toda la historia,
con sangre escribieron páginas
respetadas por los hombres
que saben de cosas gauchas,
pa'que ahura venga cualquiera
a pretender manosearlas.

Aunque usted, con su uniforme,
a la autoridá proclama,
eso no le da derecho
a insultar a gente honrada,
ni a llevarse por delante
la dignidad de una raza.

Porque estos hijos de naide,
como acusa su ignorancia,
son los hijos del dolor
que sufre la tierra gaucha
por tolerar a mandones
sin sentimientos ni nada.

Porque una cosa es la ley
que a todo el mundo, le alcanza
sin privilegio ninguno,
sincera, justa y humana,
y, otra cosa, la injusticia
en la autoridá amparada.

Esta es gente de trabajo
y naide ha cáido en falta;
y si se juegan un peso
en el naipe o en la taba,
es porque en los grandes clubes
el gaucho no tiene entrada.

Y no compriendo, señor,
por qué, al hombre que trabaja
se le prive divertirse
como le dé gusto y gana,
sin molestar a denguna
y gastándose la plata.

-¡Güeno!¡Basta! ¡Se acabó!
¡Qué tanto gastar palabras!
¡A vos, por más cocorita
te viá sacar a la rastra
pa'terminar de una vez
con tus desplantes y charla!

-¡Mas yo le voy a advertir
que, como me llamo Almada,
qu'esta herramienta e trabajo
también se transforma en arma
cuando és pa'defender
la libertad, que es sagrada!

-¡Y yo te viá demostrar
que no me asustan guapeadas!
Ya mismo, sin dilaciones,
andá entregando el arma,
si no querés que te meta
en el cuerpo cuatro balas.

¡Y gatilló su revólver!
Pero, como luz, Almada
l'esquivó el cuerpo al peligro
y ay se le fué a la carga:
pero lo paró el sargento
esgrimiendo su charrasca.

-¡Quedan los dos detenidos,
y se acabó la payada!
-Soy el Comesario y mando...
-Usté aquí no manda nada!
¡Abuso de autoridá
y atentao a mano armada!

-¡Esa insubordinación
yo no voy a tolerarla!
¡Y ya le ordeno, Sargento...
-Orden que no viá acatarla.
El Comesario Inspector
dirá si yo estuve en falta.

Usté atropelló derechos
con sus insultos, de entrada,
provocando la reacción
de esta noble gente gaucha
y agravó la situación
haciendo uso de armas.

La ropa no privilegia
a quien no es capaz de honrarla,
y no cuentan los galones
cuando se comete falta
provocando las pendencas
quien está para evitarlas.

Cuando cae un capitán
en los campos de batalla,
lo remplaza otro soldao
que se sienta con agallas
y seguro de cumplir
con honor esa patriada.

Usté, señor Comesario,
ha tenido una rodada;
yo tomo el mando e la gente
y le juro por mi raza
que, si no puedo a las buenas,
tendrá que ser a las malas.

Ustedes vayan puertiando.
¡Deme su cuchillo, Almada!
-Aquí lo tiene, Sargento;
y voy de muy buena gana.
¡Hoy tengo fe en la justicia
por usté reprensentada!

Cuando la ley es pareja
naides deja de acatarla
cumpliéndola con respeto;
y con hombres de su laya,
muy pronto se acabaría
con las policías bravas.

Que se creen con derecho
de arroyar a gente honrada
y de mirar con desprecio
a toda la gente gaucha;
que si es noble, en su nobleza
está la juerza e su raza.

A esta raza que nació
junto con la historia Patria,
no ha de ser el atropello
el que pueda dominarla.
¡Raza que ha nacido libre
nunca será encadenada!

viernes, 25 de noviembre de 2011

Yo soy Juan Pueblo, Señores

(Foto de colección de ponchos de Familia Avar Saracho)

Yo soy Juan Pueblo: el mesmito
que payó con Santos Vega,
que mateó con Ascasubi
y con Fierro dió la vuelta.
El que se hizo tacuara
cuando la invasión inglesa.
Y ñandubay hecho lanza
desde la mañana aquella
en que don French y Berutti,
bajo un cielo de tormenta,
nos puso cielo en el pecho
con la criolla escarapela.

El que en barranca'el Rosario
juró defender la enseña
que izara Manuel Belgrano
como un sol en nuestra güella.
El mismo que en San Lorenzo
cargó las armas con piedras
y regó con sangre el surco
que germinó en toda América.
El que junto al Capitán
los Andes cruzó de vuelta
con el cuero remendao
pero sana la concencia.

El que vibró con Moreno.
El que recogió su tea,
y puso luz en las almas
perdidas en las tinieblas.
El que allá en el dieciséis,
en la Tucumán eterna
hizo que el mundo escuchara
el grito de: ¡Independencia!
El que al lao de Rivadavia
luchó en las horas más negras
por unir a los hermanos
que ensangrentaban su tierra.

El que sufrió con Alberdi
el exilio y la miseria
por no poder de rodillas
la dignidad ante la fuerza.
El que cantó a Echeverría
y a Sarmiento, sus ausencias.
Oprimido el corazón,
pero con la voz resuelta.

El que hizo fértil los campos
dándole al suelo grandezas,
y puso oro en las almas
de los hombres de esta tierra,
que no venderán por oro
a ninguno sus conciencias:
porque templaron su espíritu
con el himno de Parera.

Yo soy Juan Pueblo, señores.
El que no acepta tutelas,
ni dominios, ni presiones,
ni de adentro ni de afuera;
el que no tiene más norte
que la libertad señera.
Que hace libres a los hombres
que saben luchar por ella.
Debemos gritarlo, todos...
pa'que el mundo lo comprenda.
¡Yo soy Juan Pueblo, señores!
¡Es hora de que lo sepan!

jueves, 24 de noviembre de 2011

¡Si supiera escribir...!

(Pintura: Rodolfo Ramos)

Si superia escribir, le escribiría;
ya que hablarla, no me atrevo,
... porque me achico al verla y lo juro,
se me añuda la garganta y tiemblo.
Cuantas veces y querido hablarla
dicedido me juí a su encuentro.
Méi pasao las horas contemplándola;
y dispués avergonzao mé i güelto.
Temblando como gurí tomao en falta.
Peliándolo al cobarde que aquí dentro,
me aprieta el corazón y la garganta
y me deja como potro sin resuello.

Dispués; en la noche, cuando el catre
deja de crujir bajo mi cuerpo...
Me salen las palabras más floridas
que pueda trenzar mi pensamiento.
Me paso la noche dando güeltas,
mariao por andar campiando el sueño:
Y sin querer pensar, no hago otra cosa;
Y queriendo olvidarla la recuerdo.
¡Si supiera escribir le escribiría!
¡Sin saber escribir no puedo hacerlo!
¡Si Dios juera tan güeno y me enseñara
a escribir una sola vez! ¡Te quiero!
Con esas dos palabras mi arreglaba
aunque más no sea p'al comienzo,
Qu'en dispués qu'ella sepa mi cariño...
la escretura, la cambéo por mis besos.

La garrapata


Hijo de esta tierra gaucha
y acunado en su nobleza.
Traigo las alforjas llenas
con verdades de mi tierra.
Traigo, azul del cielo pampa.
Plata de las cordilleras.
Esmeralda de los llanos
y amatistas de las sierras.

Traigo oro blanco del sur.
Rojo del país de las quenas.
Y mil brillantes de arroyos
que bañan mi gaucha tierra.
Traigo bordaos de amapolas,
margaritas y verbenas.
Flores sangrantes de ceibo
y hojitas de yerbabuena.

Claveles dobles de Cuyo.
De Salta traigo azucenas.
Azahares de Entre Ríos
y de Córdoba violetas.
Traigo la música toda
de la gaucha pajarera.
Que sólo canta a la vida;
cantando a la Madre Tierra.

Pero traigo pa'mi mal:
Pa, mal de la gente güena.
La mitad de mis alforjas
aprietaditas de penas.
Allá, como aquí las gentes;
están enferma'e tristeza.
Debe ser la garrapata...!
¡La que asigún se comenta,
es un bicho muy dañino
que de sangre se alimenta!

Pero allá; en los animales
es más común la tristeza.
¡Animal garrapateao
es priferible que muera!
Comienza por no comer;
se afiebra, se tambalea...
Se le pone el pelo é punta
hasta que al fin ociquea.

El pobre animal no sabe
el peligro que lo cerca.
y solo piensa en comer,
y que venga de ande venga.

Pero las gentes: El hombre
que piensa con la cabeza.
Debe saber lo que come
y no comer de cualquiera.
Debe ver la garrapata
por más oculta que estéa.
O por más que se disfrace
con bastón y con galera.
Por más que le hable del pueblo,
de la patria o la bandera...
Puede ser la garrapata
que busca la sangre nuestra.

Que no sólo con hablar
y llenarnos de promesas:
¡Nos dieron Patria los grandes
que honraron a nuestra tierra!
En la obra más que en la charla
es donde está la grandeza.
¡El remedio pa'curar
el mal de la gente güena!

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mi viejo


Sueño y mi mente despierta
al conjuro del recuerdo,
y se dibuja en el tiempo
la recia estampa del viejo.

Erguido como una roca,
centinela en el silencio,
oteando el mañana umbroso
sobre la carpa del cielo.

Poniéndole el pecho al mundo,
al sol, al agua y al viento;
y a la maldad que se esconde
a la vuelta del sendero.

Envuelto en la manta pampa,
tejida a cariño y besos,
se hiergue como un titán
la figura de mi viejo.

¡Mi viejo! creyendo
que me engañaba
ponía muy seria la cara
pa hacerme una represión.

¡Mi viejo! que cuando
algo le pedía
daba un portazo y salía
por no decirme que no.

¡Mi viejo! el cuco
con que mi mama
me asustaba
pa que obedeciera yo.

¡Mi viejo! ese viejo
querido que cuando
me dio un chirlo
le dolió en el corazón.

La vieja siempre es la vieja!
No la olvido y la mantengo
en el altar de mi pecho
y en todos mis pensamientos.

Pero es criminal olvido
dejar que transcurra el tiempo,
sin que se eleve una voz
en homenaje sincero.

¡Por eso hoy quiero cantarle
con toda la voz que tengo,
a ese, mi primer amigo;
ese amigo señero,

que me dio todo su nombre
y me enjoyó con su ejemplo
porque al cantarle a mi padre
le canto a todos los viejos!

miércoles, 21 de octubre de 2009

Cumplió la condena



- ¡Contreras Venancio!
- ¡Presente!
- Ya es libre, Contreras,
por buena conducta
cumplió la condena.
De nuevo a la vida,
a la vida buena.
Tan sólo recuerde
que pasó diez años
metido entre rejas
por matar a un hombre
con causa o sin ella,
cuando en el camino
de su nueva vida
quiera su cuchillo
vengar otra ofensa.
¡Que la ley es hombre
y el hombre condena!
- ¡Lo tendré presente, señor,
hasta el día que muera!

-Ahí tiene caballo,
elija la güeya.
- Yo elijo esa:
la que lleva al rancho
de mi pobre vieja.
¡Mi cabayo crioyo;
no descansaremos
hasta dar con ella!
- Dele algún resuello;
son muchas las leguas.
- Y más son mis ansias
que tengo por verla.

El cabayo criollo
estiró el pescuezo,
paró las orejas
y antes de un "adios"
se perdió en la "güeya".
Y a fuerza de patas y manos
arañando tierra;
el caballo criollo
va tarjeando leguas.
Ya pasó la tarde;
ya la noche llega,
y el caballo criollo
baja las orejas.

- No se entriegue, amigo,
le dice Contreras.
Ya nos falta menos,
ya estamos más cerca.
Más dispués descansa;
le juro, por eya.
Comprienda mi amigo,
diez años sin verla.
Diez años sin besos
sin oirla siquiera;
sin sentir sus manos
sobre mi cabeza.

Diez años que escarba
en mi pecho la pena,
el ansia juriosa
de estar junto a eya
tirao a sus pies,
p'a decirle: "Mama";
aunque mil me ofiendan,
yo seré el más maula
que pisé la tierra.
¡Si habré sido maula
que m'olvidé de ella!

Y pasa la noche
y con la alborada
se van las estrellas.
- ¡Ahí está mi rancho!-
exclamó Contreras.
Levanta los brazos,
afloja las riendas;
y hechos un ovillo
ruedan por la tierra.
- ¿S'hecho daño, amigo?-
pregunta Contreras;
y con un ronquido
responde la bestia.
Descanse mi amigo,
que yo voy a verla.
El caballo criollo
se quedó en la güeya
"pa que los caranchos
tuvieran de fiesta".

- ¡Mama, aquí está su hijo!
Aquí estoy de güelta;
pa estarme pa siempre
junto a su poyera.
¿Ande está mi mama?
¿Porqué no contesta?
¿Porqué los cardales
cerraron la puerta
y se hicieron quincha
con la madreselva?

¿Por qué no hay un perro
que ladre o que muerda,
como está mordiendo
aquí en mi cabeza
un grito que dice
que no podré verla.
¡Que se jué pa siempre;
que murió de pena!
Mi santa viejita;
tan solo quisiera,
a juerza de uña,
buscarte en la tierra.

Si ley es hombre
y el hombre condena;
yo pregunto áhura:
por matarla a eya
qu'era lo más noble
que había en la tierra;
mi Santo Dios güeno,
¡a qué me condenas!

jueves, 15 de octubre de 2009

La guitarra gaucha


Dulce como la mujer,
como la mujer formada,
canta por la boca amores,
gime por la boca su alma.

En su telar de seis hilos
teje cantos de alborada,
cuando los bronces guerreros
cesan en sus clarinadas.

Llegó a esta tierra fecunda
portadora de esperanzas,
se hizo nido de zorzales,
de jilgueros y calandrias
y por su boca redonda
comenzó a cantar mi raza.

Cantó primero la angustia
de sentirse esclavizada;
con voz suave como un rezo.

Más tarde con su voz airada,
gritó al mundo su protesta
entre acordes y moharras.

Una mañana de Mayo,
hablaron criollas guitarras
junto al corazón del pueblo,
y sólo dijeron: "Patria".
"Patria", respondió el pampero;
el "zonda" repitió "Patria"
y en la cima de los Andes
el cóndor batió sus alas.

El nuevo mundo al conjuro
del alma de mil guitarras,
escribió con letras de oro
en su historia, estas palabras:
"Libertad, para los pueblos
que han sabido conquistarla".

Volvió la guitarra al llano
atesorando en su caja
"marineras" y "corridos",
"bailecitos" y "vidalas".

Cruzó la Pampa con Vega
hasta la inmortal payada,
cantando sus aventuras
en pulperías y estancias.

Se hizo astillas en "gayeras"
parando una puñalada,
y se perfumó de amor
mil veces en las ventanas.

Alternó con las "manceras"
en manos rudas y ásperas,
y en los días de festejo
balbuceó la canción "patria".

¡Por eso que donde quiera
que se encuentre una guitarra
está diciendo "PRESENTE"
al mundo entero mi raza!

lunes, 4 de mayo de 2009

Gurisa



Que como "jue" eso, que siendo ya viejo,
y cuasi hocicando p’al campo sagrao;
dijunteara a un hombre en mi rancho mesmo;
y, ¿tranquilamente, me haya presentao?

Ustedes no saben. En mi rancho criollo,
como una reliquia guardaba una flor.
Última pitada que ya cuasi añoso
este viejo gaucho le encajó al amor.

Mi linda gurisa, era mi alegria;
por ella vivía, por ella luché.
Por ella mil veces he pasao por maula;
pa’que no llorara, mil rabias tragué.

Pero ayer de tarde se murió en mis brazos,
haciendo pedazos a mi corazón.
Perdóneme Tata, he dado un mal paso;
me dijo en un beso que me enloqueció.

Sabiendo quien era, jui en busca del maula;
un gaucho orejano ‘n’el pago mentao.
A lonjazos limpios lo traje a las casas;
frente a mí gurisa mi honor he vengao.

Aura qué me importa lo que ustedes piensen;
si pa’mí en la vida tuito s’acabó.
No anden con chiquitas, que sea la condena,
si fuera posible; a muerte, señor.

Mala estrella



Al pie de una cruz de palo
donde no hay ni una flor seca,
se han arrodiyao dos criollos:
se persignan y se alejan
tomando distinto rumbo...

Hasta que la polvareda,
que se levantó a mirarlos,
al no verlos más...se acuesta.
A según cuenta el que sabe,
bajo esa cruz de madera
está enterrada la causa
que los junta y los aleja.

Ella jué una linda moza
de ojazos y trenzas negras;
de cuerpo pa dir con guía
y no perderse en sus sierras
y no enredarse en sus brazos
qu'eran misturao con yedra
y no besarla en la boca;
qu'era firmar la sentencia.

Ellos; dos criollos, hermanos;
sin más amor que la vieja
que los créiba dos gurises;
y ellos: siempre a complacerla,
a quién le daba más mimos
o a quién sabía más quererla.

Pero apareció Mandinga
de ojazos y trenzas negras
y pialó a los dos hermanos.

Ellos, dejaron la vieja
abriéndola campo al odio
y estaquiando a la concencia.
Ella jugó con los dos.
Hasta que llegó una güelta
que los dos se dispusieron
perder la vida por ella.

Y llegaron junto al rancho
alocaos, a toda rienda;
y dispuestos a matarse
echaron los dos pie a tierra.

-"¡Por sus ojos!..." dijo uno
y su facón fue una flecha;
y el otro parando el golpe
gritó:-"¡Por sus trenzas negras!"
Mas hay algo tan extraño
en tan extraña contienda...

Los cuchillos sin buscarse
en cada amago se encuentran.
¡Es serenata de muerte
qu'están cantando por ella!
Y ella responde al llamao.

En cuanto asoma a la puerta,
un grito; rueda en los campos
que repercute en las sierras.
Es un grito de dolor;
un grito de madre y hembra.

Un grito desesperao
de mujer que se despierta
cuando ya, su cuerpo es vaina
de dos cuchillos, que ella
hizo poner frente a frente
tal vez por su mala estrella.

Y al cumplirse cada año;
bajo esa cruz de madera
se arrodillan dos paisanos,
se persignan y se alejan
tomando distinto rumbo.

Hasta que la polvareda
que se levantó a mirarlos,
al no verlos más, se acuesta.

Miranda


Dentraba el domingo en lunes
entre duraznos y caña;
y estaba la pulpería,
con tanta gente "achicada".
Unos jugaban al truco,
en un rincón se tallaba,
el bolichero servía
mientras la dueña cobraba.
Y un mamao buscaba pilchas
para tenderse una cama.

En la puerta del boliche
una viejita clamaba:
-"¡No beba más mi muchacho!"
-"Vaya tranquila mi mama,
que yo hace tiempo que solo
me sujeto las bombachas...".
Y volviéndose al boliche,
gritó: -"¡Pulpero, otra caña!
A la salud de mi vieja
y por el finao Miranda,
que ya se quedó sin moza
en el baile de los talas".

-"No se apure a brindar solo
amigo, ¡pida otra caña!"
Gritó un jinete en el patio
que traiba una china en ancas.
Jusilao por los mirones
dentró al boliche Miranda.
-"¡Vengo, porque yo sabía
que aquí alguien me esperaba
para pedirme perdón,
a causa de una judiada!".

-"A usted le hablo, mocito;
deje pa luego esa caña".
Y de un revés hizo polvo
el vaso contra las chapas!
Hacen cancha los mirones.
Dos fierros dejan su vaina.
Al mamao le sobran pilchas,
y una flor queda orejada.

Los dos buscan en el candil
les de la luz en la espalda
y defienden fierro a fierro
por tener esa ventaja.
Se hacen arco en un esquive,
en un hachazo se agrandan,
es puñalada que tiran
y es puñalada que atajan.
Y el chocar de los cuchillos
un fin trágico presagian.
Ahí cái un sombrero al suelo
con un barbijo en el ala.

¡Miranda sangra en la frente,
el otro en el pecho sangra!
Y mientras pierde terreno,
Miranda saca ventaja;
y ha enfilado su cuchillo
con la furia de la rabia.

¡Un grito llena la noche
que deja la sangre helada!
Es el dolor de una madre
que pide pa su hijo, gracia.

Miranda detuvo el brazo.
Pero no pudo la anciana
detener el de su hijo
que en traidora puñalada
dejó tendido en el suelo,
a quien ya lo perdonara.

Y limpiando su cuchillo,
gritó: -"¡Pulpero, otra caña!
¡A ver si hay alguien capaz
que me prive de tomarla!"

¡Y se la bebió de un trago
mientras la madre...rezaba!