Mostrando entradas con la etiqueta Juan Manuel Pombo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Manuel Pombo. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de septiembre de 2019

El malón


(Pintura: Angel Della Valle)



El sol allá en occidente
sus hebras de oro ocultaba,
y en sus fauces se llevaba
del día, todo lo riente,
después, triste y lentamente,
de las aves cesó el canto,
tendió su fúnebre manto
la noche callada y fría,
y quedó la pampa umbría
cual un triste camposanto.

De pronto, en la oscuridad
de la pampa, en un tobiano
vi que lloroso un paisano
cruzaba la inmensidad,
cual  un ser en la orfandad
golpeado por el destino,
sigue su triste camino
con el pesar que se aduna
mientras lo besa la luna
con un lampo nacarino.

Sigue el sendero, sin dar
siquiera a su pingo aliento,
como aquel que va sediento
para su sed apagar,
después vi que al sofrenar
bajo un sauce el redomón
queda lleno de emoción
ante una tumba sombría
donde en la cruz se leía
“Fue muerta por un malón”.

Luego tiempla la encordada
y aunque el pasado le aterra,
echa el paisano pie a tierra
con el alma acongojada,
cuelga en la cruz demacrada
su sombrero con gran pena,
y de hinojos en la arena,
triste empieza a balbucear,
mientras el viento al pasar
peina su negra melena.

Luego se oye el dulce son
de su guitarra en combate
y aunque la pena lo abate
lanza esta triste canción:
“Prenda de mi corazón
con el llanto de mis ojos
vengo a regar tus despojos
ante tu huesa transido,
donde tan solo han crecido
espinas, yuyos y abrojos.

Recuerdo la noche aquella
noche triste cual ninguna,
cuando a la luz de la luna
se libraba una querella,
yo por vos perdida estrella
luchaba cual fiero león
mas después ¡oh maldición!
en la oscuridá al no ver
vine a clavar sin querer
mi daga en tu corazón.

Así lo quiso el destino
tuvo más fuerza en vencer
y en tu pecho sin querer
clavé mi puñal dañino,
no me taches de asesino
ya ves que con amargura
envuelto en la noche oscura
con un dolor infinito
vengo a pagar mi delito
al pie de tu sepultura.”

Cesó al rato su guitarra
quedó en silencio la pampa
solo del malón la estampa
se ve que a la cruz se agarra,
después con fuerza bizarra
hizo trizas su instrumento
y en el propicio momento
se mató junto a la cruz
mientras del alba la luz
iba tomando incremento.


                                    (Ca. 1922)




















sábado, 13 de diciembre de 2014

Mi overo gateao


(Pintura: Rodolfo Ramos)


"un verso unitario"



Allá cuando el mazorquero
sostenía al dictador
tuve un pingo escarceador,
vivaracho y coscojero.
Era a la vez más ligero
que una centella, cuñao,
porque donde hubo pisao,
ya dando ventaja, o no,
siempre a su antojo ganó
mi lindo “overo gateao”.

Cuando con él me paseaba
o bien al pueblo caía,
si yo mis prendas lucía
él su prendaje mostraba;
con un recao lo ensillaba
muy lindamente chapeao,
prendas que había apostao
a su “zaino”, un estanciero,
al que un cuerpo entero
ganó mi “overo gateao”.

Con mi pingo escarceador,
vivaracho y coscojero,
a quien cuando no el apero
le ganó hasta el tirador.
Y guardo del dictador
de cierto encuentro mentao
un poncho que hubo donao
-por Manuelita tejido-,
y que en un lance atrevido
ganó mi “overo gateao”.

¡Era de ver a la gente
cuando al palenque lo ataba,
como al pingo acariciaba
desde la cruz a la frente!
Pero casi de repente
quedo de a pie por confiao,
porque un día, enamorao,
al verlo tomar resuello
¡casi me lleva Juan Cuello
mi lindo “overo gateao”!

Dueños de estancias que vieron
disparar a mi animal,
por él, le juro, un platal
y hasta haciendas me ofrecieron.
Pero nada consiguieron
porque al más interesao
-¡palabra de gaucho honrao!-
le decía como le hablo:
-¡Vendería mi alma al diablo,
y no mi “overo gateao”!

Más todo tiene su fin,
y hoy solamente el apero
guardo de mi parejero
con un mechón de su crín.
¡Atención! tocó el clarín,
¡Libertad! gritó el poblao,
y allá en Caseros, cuñao,
con los valientes de Urquiza
¡cayó por nuestra divisa
mi pobre “overo gateao”!

jueves, 19 de abril de 2012

El huérfano y el sepulturero



Estaba muerto de frío
el huérfano que aquel día
en los portones pedía,
del cementerio sombrío.
Pobrecito entre el gentío,
mientras su mano alargaba,
con voz trémula exclama:
!una limosna señores!,
es para un ramo de flores,
para quién tanto me amaba.

La gente entraba y salía,
sorda a la voz penitente,
de aquel despojo doliente,
que en nombre de Dios pedía.
El pobre también quería,
en su nostalgia infinita,
entrar a la Chacarita
y adornar de cualquier modo,
la tumba llena de lodo,
de su santa madrecita.

Pobre niño en su orfandad
y al ver que nadie le daba
y la noche se acercaba
con su densa oscuridad,
empezó con ansiedad,
a recoger unas flores,
que por estar sin colores
y por el sol marchitadas,
fueron al suelo tiradas,
por manos de unos señores.

Despues que un ramo formó
con varias flores del suelo,
le dió gracias al cielo
y en el cementerio entró.
Muy pronto el niño llegó,
con el ramo que oprimía,
al lugar donde sabía,
que se encontraba la fosa,
de su madre cariñosa,
que el sueño eterno dormía.

Pero todo había cambiado,
pues donde su madre estaba,
un panteón se levantaba,
quizás de algún potentado.
El niño desesperado
por el cambio que encontró,
llorando le preguntó
a un viejo sepulturero,
dígame señor, !ligero!,
quién a mi madre llevó ?

Y el viejo sepulturero,
al niño triste le dijo:
-"¡No me hagas preguntas hijo,
que hacerte llorar no quiero!...
Los ricos, los ricos están primero
por eso el lugar le damos,
mal hacemos si lloramos,
por una simple pavada,
los pobre no somos nada
y hasta en la muerte estorbamos"...

jueves, 17 de marzo de 2011

La apuesta




En la estancia "La Oración"
a eso de la madrugada
estaba la paisanada
mateando junto al fogón
cuando uno de la reunión
dijo: - Yo voy a cantar-
y sin hacerse esperar
pulsó su dulce instrumento
y con voz de sentimiento
esta historia entró a detallar.

"De la hija de un boyero
se enamoraron un día
Juan Cruz, gaucho de valía,
y el hijo de un estanciero,
cuál de ellos dos era el primero
naide sabía de fijo
entonces el anciano dijo:
-Cada cual traiga su pingo
y aquél que gane el domingo
será su dueño, exijo!

Llegó el domingo y la gente
alrededor de la cancha
cayó como avalancha
para ver al de la suerte.
Al rato altivo y sonriente
cayó Juan Cruz bien montao
en un oscuro tapao
y detrás el altanero:
el hijo del estanciero
en un alazán tostao.

Y ahí nomás se prepararon
los dos con fe de ganar
y sin hacerse esperar
a la voz de "Ahura", largaron.
Dos o tres gauchos gritaron
mirando para un costao:
-No hay duda, gana el tostao.
mientras que otro sostenía
que el pingo que más valía
era el oscuro tapao.

Los dos pingos en la brecha
disparaban sin desmayo
si el alazán era un rayo
el oscuro era una flecha.
La muchacha satisfecha
esperaba al gaucho ufano,
ella quería al paisano
no al hijo del estanciero,
no ambicionaba dinero
sino un amor soberano.

Iba adelante seguro
el hijo del estanciero,
cuando miró que, ligero,
lo iba alcanzando el oscuro;
se vio el pobre en un apuro
y se puso así amarillo,
y al ver decaer su brillo
con un gesto de locura
le hechó mano a la cintura
y desenvainó el cuchillo.

Su rival sin sospechar...
sin sospechar se acercó
y el cuchillo le clavó
al indefenso animal
que dio un relincho fatal
y cayó en sangre bañao.
Juan Cruz quedó ensimismao
al ver la acción del sotreta
que iba llegando a la meta
y sin poderlo alcanzar.

Pero la joven que vio
la acción de aquella alma ingrata,
besó llorosa a su tata,
el que nada comprendió,
y cuando cerca lo vió
al verlo venir sonriente;
se abrió paso entre la gente
y le gritó: -"Con vos no me hallo-
y a las patas del caballo
se tiró y halló la muerte.