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miércoles, 3 de octubre de 2018

Peona corazón de fierro




Fuiste reina indiscutida
vieja cocina de leña,
y mi memoria se empeña
en recordarte por vida.
Quizá sucia y carcomida
te encuentres en un rincón
el fuego de tu emoción
hoy, te calienta la plancha…
porque hiciste la pata’ncha
junto a tu hermano el fogón.

Te vi en el campo con brillo
bien reluciente y limpita,
cuando la buena abuelita
te frotó con un ladrillo.
Método simple y sencillo
para que luzcas esbelta
y al calorcito que suelta
la llama en una ramita…
mientras el fuego crepita
se hace un bife vuelta y vuelta.

Si habrás quemado ilusiones
junto a quienes te rodeaban
en años en que escaseaban
los lujos y patacones.
Si habrás escuchao los peones
en las frías madrugadas
y esa, tu almita tiznada
debe aguardar todavía
el eco de una alegría
o una pena trasnochada.

Pa’l tiempo’e las choriceadas
te hicieron rendir a pleno,
de humo se fue el caño lleno
con tren en repechadas.
Y se puso colorada
la chimenea con razón
por tu férreo corazón
se desangró la ceniza…
y tu horno doró con prisa
la torta de chicharrón.

Vieja cocina querida
cuantas cosas que vivimos,
en tiempos que compartimos
aquel pedazo de vida.
La nostalgia dolorida
en un nudo retorcido
pero el tiempo no ha podido
sacarte de mi memoria…
vos, sos un cacho de historia
con gusto a mate cocido.

jueves, 18 de mayo de 2017

El costillar de paleta


(Pintura: Juan León Palliere)



Era domingo y soleao.
La chacra de Secundino
plantada junto al destino
pintaba como pa’asao.
Allá abajo en un tinglao
ya un fueguito se veía,
el patrón iba y venía
y enganchao en una horqueta
un costillar con paleta
oreándose presumía.

La patrona de la casa
aprovechando su franco,
corre la sillas, los bancos
y hasta los muebles repasa.
El humo su huella traza
y la carne ya ensartada
comienza a dejar colgada
de grasita, un lagrimón,
y prepara en un rincón
la patrona, la ensalada.

Sentao en banco’e cadera
Secundino prende un pucho,
mientras lo mira “El Barbucho”
sabiendo lo que le espera.
Linda mañana campera,
suave, como la esperanza,
una torcacita mansa
picotea en derredor
y pa’ aliviar el calor
la “doña” un vino le alcanza.

Se va dorando el asao,
ya el paisano lo dio vuelta,
y un fuerte: “-Vieja… -le suelta-
tené todo preparao!”.
Tarro con tierra al costao
pa’ clavar el asador,
y el tan agradable olor
lo motiva al apetito…
y abajo del ucalito
está armao “el comedor”.

Corta el gaucho una pulpita
que aceta su compañera
y queda en lista de espera
un riñón con su grasita.
En la galleta exquisita
come el criollo Secundino;
como testigo, el molino,
de ese cuadro familiar
y así yo quise pintar
cosas del campo argentino.

miércoles, 24 de julio de 2013

Ramos Generales


(Pintura: Pinciroli)
















Viejo almacén de campaña
reflejo de un tiempo ido,
hoy, ya has desaparecido
y sos una cosa extraña.
Viejo almacén de campaña
tapera de una estación,
te regalo mi emoción
por todo lo que me diste.
Y te digo que cumpliste
con tu muy noble misión.

Tu caja registradora
que era marca "Nacional",
habrá tirado el total
al llegar su última hora.
Su campanilla cantora
duerme un silencio oxidao.
Ya no se acoda un mamao
en tu mostrador machazo...
ni hay un resero de paso
comprando un poncho encerao.

Las viejas estanterías
ya no encuentran acomodo,
¡pensar que tenían de todo
en otros lejanos días!
De poder, me subiría
a aquél majestuoso tren
que cortaba el terraplén
echando humo en la subida,
y para verte surtida...
trajo cajas al andén.

Hasta vos, llegó el puestero
sin tener una moneda,
y cuanta "Alpargata Rueda"
habrán comprao los bolseros.
Si habrás aguantao mañeros
con una excusa berreta,
y sin que nadie se meta
a revolverte el cajón...
seguro, que en un rincón
quedó impaga una boleta.

Yo iré imaginariamente
pidiendo fiao, un recuerdo,
desandando el tiempo lerdo
de un ayer  de buena gente,
y cuando diga... ¡Presente!
en la puerta de tu casa
se le ha de prender la brasa
al fogón del corazón...
y habrá nostalgia en montón
envuelta en papel de estrasa.

jueves, 2 de junio de 2011

El moro y el alazán

Cierta vez que cabresteando
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.

Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.

Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”

Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!

Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.

Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!

miércoles, 22 de julio de 2009

Tiempo de tropa y camino


Como una estatua viviente
lo miro viejo paisano
y lo recreo por el llano
reseriando hacia el poniente.
Un pingo sobresaliente
con su perro de ladero
requintando su sombrero
y un pañuelo volador,
arrastrando rumbeador
su esperanza en el garguero.

Cada viaje una ilusión
suma de paisaje ancho,
pensando traer pa' su rancho
el ansiado patacón.
Sobre la huella un montón
de trances fieros, constantes,
rutina e' basto y aguante
experiencia que se acuña
canto de vaso y pezuña
tirando siempre adelante.

Inclinados a su paso
lo homenajearon por criollo
los sauces de aquel arroyo,
y el viento pegó su abrazo.
La Pampa le dió un pedazo
pa que llevara a lo largo,
los ajenos por encargo
y en sus noches argentinas
le prestó la "Cina cina"
su alero para el amargo.

Emponchao lo vi pasar
cuando la escarcha se quiebra,
y de un porrón de ginebra,
un taco le vi tomar.
Quizá en su lento andar
en pensamiento sumido
no supo que había salido
tropereándole a su vejez...
Arriando su última vez
en un viaje hacia el olvido.

Por eso viejo paisano
hoy al verlo jubilao
veo en su rostro dibujao
marcas de un tiempo lejano.
Con un nieto de la mano
y añoranzas de camino
le sonríe a su destino
por eso le digo...¡Abuelo!
Es hombre de pata al suelo
y con sello de Argentino.