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sábado, 30 de marzo de 2013

Alboreando

(Fotos: Eduardo Amorim)


Con los primeros destellos
de las auras incipientes,
el monte muestra su frente
y el pajonal sus cabellos,
un gallo estirando el cuello
arrea su clarinada
y el vapor de las cañadas
sobre el ondulante cauce,
besa las ramas de un sauce
que llora en su correntada.

La hacienda se despereza
al tiempo que se disgrega,
mientra’un molino despliega
su sonido con pereza.
Allá en un rancho bosteza
de a ratos los chimenea,
los borregos juguetean
en el tronco de un ombú,
y al divisarme un ñandú
sus alones balancea.

Un mensual con un puestero
que están arroyo por medio,
gritan: “-No habrá más remedio
que perseguir los nutrieros”.
“-Y lo que valen los cueros…”
Entre otras cosas se dicen.
Echao en una raíces
tapo con uncos las trampas,
y al divisarme se zampan
entre unas matas, los cuíces.

Un vuelo de martineta
se despierta en la llanura
y cruzan de patas duras
al tranco, las gallaretas.
Allá las garzas inquietas
en las barrancas vigilan,
las lechuzas intranquilas
le chistan a los caranchos
y yo gano rumbo al rancho
como a su cueva la anguila.

De miedo que alguna ‘mora’
quiera rasguñarme el cuero
me hago un gato en el estero
y un relámpago en la aurora.
Me chairo entre las totoras,
me peino en los cañadones
y me siento en los garrones
igual que carpincho viejo,
si grita un tero a lo lejos
o los horneros arcones.

Sé que si tomo una copa
a vece’en la pulpería
me tienen antipatía
como toruno en la tropa.
Y en cuanto cambio de ropa
se dicen: “-Este ha robao”.
Y si me ven bien montao,
se averiguan de soslayo:
“-¿De quién será ese cabayo
que está tan bien ensiyao?”

En una reunión de criollos
hay torcidos y derechos,
y atrás de cada repecho
hay flores como pimpollos.
En el vuelo de los rollos
va la posición del brazo,
se defiende a los zarpazos
el puma que se ha sentao
y el animal muy peliao
¡previene los cimbronazos!


domingo, 24 de marzo de 2013

A la mujer campesina


(Foto: Pedro Luis Raota)

Entre piones y sirvientas
fui piquete y fui nochero
cruzando los trasfogueros
en esas noches friolentas.
Me acuerdo'e Doña Vicenta,
viuda de Ciriaco Paz,
crió sus hijos y uno más
que le regaló la huella,
por eso que en nombre de ella
hoy le canto a las demás.

La que a la ropa gastada
la aprovecha algún pedazo,
y hace una nueva de paso
pa'vestir la muchachada,
la de las manos caurteadas
como la tierra reseca,
la que pican las culecas
cuando le agarra algún pollo,
la de aroma de pimpollo
y ternura de muñeca.

La que lava ropa ajena
a puño en cualquier batea,
y abraza cualquier tarea
desimulando sus penas.
La más gaucha, la más buena,
de un destino nazareno;
ella que en cualquier terreno
sin prejuicios ni querellas,
alimenta el hijo de ella
como amamanta el ajeno.

¡Esa es la gaucha, la criolla,
la de honradez campesina,
mata un bicho o una gallina
sino hay qué,  echarle a la olla;
la que arrolla y desarrolla
un lazo cuando es preciso,
la que le enfrena el petizo
al amor de su pequeño
la que se olvida de un sueño
si hay que improvisar un guiso.

La que cría un cordero guacho,
un ternero o un lechón,
y de la puerta al galpón
aconseja a sus muchachos.
La que estriba un vivaracho
y en la vuelta se le sienta
y levanta una herramienta
si alguien la dejó tirada,
y no se pega en la almohada
cuando arrecian las tormentas.

A esa mujer que remienda
las pilchas de su marido
y se luce en un zurcido
o el bordao de alguna prienda.
A esa que a su hijo entienda
que hay que cuidar el cuaderno,
¡esos ejemplos maternos,
no está de más exaltarlos!
y pensando en abrigarlo
pasa tejiendo el invierno.

La que cuando no hay galleta
prepara una torta frita,
y rejunta la gracita
y charquea una paleta,
y se levanta en chancleta
cuando llama algún vecino;
la que abre y cierra el molino
y nos da un trago'e agua fresca,
sin llegar que le agradezcan
los errantes del camino.

La que a índice y pulgar
vuelve en hebras el bellón,
que en un rincón del galpón
lo tenía para lavar.
A mano sabe escardar,
saca abrojos y rosetas,
y se arrima a la pileta
aunque esté el agua escarchada,
con las manos arrugadas
y las mejillas violetas.


Mujeres que al quedar viudas
con un enjambre de chicos,
repiten: "me sacrifico",
aunque la suerte sea cruda.
Los protege, los ayuda
con un amor sin resuello,
suele rechazar aquellos
que le niegan fortaleza,
y pone el alma en la mesa
pero el corazón en ello.

Saludo a los chacareros
con sus mujeres risueñas,
las que siembran , las que ordeñan,
sin descanso el año entero.
Que saben del sol de enero
y las heladas de mayo,
la que a pata del caballo
carga y descarga los carros,
cuando hay seca, cuando hay barro,
haya sol o caigan rayos.

Al hombre y a la mujer
del ambiente campesino,
la que impulsan el camino
y ven la patria crecer,
las que p'hacer de comer
aunque la tierra esté dura,
riegan, cosechan verdura
pa'darle gusto a un puchero,
y sabe estaquear un cuero
y aprovechar las achuras.

La que cura una bichera
como le quiebra el empacho,
y esquila un borrego guacho
sin maniarlo donde quiera.
La que encierra las lecheras
y sabe por el balido
si el ternero no ha comido,
saliendo al patio del rancho,
o por el vuelo'el carancho
si hay un animal caído.

La que conoce en la ubre
si el animal ha parido,
o si al hijo lo ha escondido
(oservándolo descubre)
y en los menguantes de octubre
sabe el suelo preparar,
una planta trasplantar
para mejorar su fruto
como hacer de un tronco bruto
un banco para su hogar.

Esa mujer representa
un sacrificio tamaño,
porque al cumplir cuarenta años,
parece tener sesenta.
Áspera, limpia y violenta
afronta con valentía,
el quehacer de cada día
como las he visto yo,
aquellas que le cantó
don Luis Acosta García.







Bolada





Vi'a a pedir una bolada
solo por no estar callao,
pero de un  toro cansao
cuídensen de la topada.
Soy como tiento'e papada
Pa’soportar un tirón,
me estiro como el hurón
me cimbro como culebra,
cuando me topa algún "quiebra"
a vistear por afición.


Si llego a una pulpería
y hallo a los indios mamaos,
como perro acostumbrao
oservo al pedir la mía;
y  como gata con cría
de todos tengo recelo,
aunque mi cuero es de un pelo
si alguno me pega un seco,
como dormilón culeco
se arrastrarme contra el suelo.


Curioso como bagual
si una discusión soporto,
pa conversar soy más corto
que sogueo pa’ corral.
Pa campiar un temporal
soy como el gato pajero,
como  ñandú de ligero
cuando escucho ruido a rama,
los lechones cuando maman
se apilan en el chiquero.


Si apartando una pelea,
alguno me corta el cuero
me aguanto como el ternero
que la madre lo patea;
oservo la chimenea
en cada rancho que acampo
y si algún recuerdo estampo
lo hago a manera'e consejo
despacio y mirando lejos
como quien recorre el campo.


Si alguna pena perdida
se gana en mi corazón,
la dejo sobre un rincón
como una fiera dormida.
Por los labios de una herida
calculo la cicatriz,
pa'el surco he sido perdiz,
pa'la noche teru-tero,
pa'l monte como el matrero
y para el viento, raíz.


Pa'l amor como el yuyero
tengo lo que les complazca
el que anda eligiendo guasca
debe conocer de cueros.
Y soy pa'los parejeros
como el gringo pa'la huerta,
que el zonzo que se despierta
me han dicho que es pa'l amor
cargoso y encarador
como borrego a la puerta.


Igual que la tierra arada
muestro el revés cuando escribo
y se largar los estribos
a tiempo en una rodada.
La mujer y la picada,
hay que vivirla cuidando,
 aquél que ande matrereando
debe saber decidirse;
donde es peligroso hundirse
es mejor cruzar nadando.


Me gusta aguantar callao
cuando no puedo dormirme
aunque suelo sacudirme
igual que un  perro mojao.
A potro descosquiillao
palmealo por los encuentros,
pa cortar un cuero al centro
empezá por la estaquiada
que en cuevas abandonadas
siempre hay algún bicho adentro.


Bueno, tengan de recuerdo,
el alma de mis endechas
que toda taba derecha
sale del garrón izquierdo.
Vi'a desensiyar mi lerdo
que se le ha crecido el tuze,
ansina no se hagan cruces
si les apuré un demoro
que’n donde escarban los toros
hacen nido los ñanduces.

viernes, 27 de noviembre de 2009

A la mujer Argentina


Por gaucha y por femenina,
por lo patriótica y bella
tiene apariencia de estrella
nuestra mujer Argentina.
Es poesía y heroína
y en las èpicas contiendas
cortó rumbo y abrió sendas
cuando el Santo de la espada,
tendió el arco su mirada
lindando con la leyenda.

En la sala colonial
el caballero español,
ante ella postraba el sol
del antiguo cuño real.
Esa hermosura especial
que la muestra interiormente,
es un ósculo en la frente
de las más bellas memorias;
marco de triunfo en la gloria
y canción en el presente.

Si se hamaca en una danza
es acorde musical,
y si borda una inicial
es amor y es esperanza.
Si un amargo nos alcanza
hasta el alma se arrocina,
es gracia cuando camina,
fragancia cuando nos besa;
por eso tiene grandeza
nuestra mujer Argentina.

Nada que ver con las diosas
ni con la Venus del Nilo;
tiene cadencia de estilo
y curvas maravillosas.
Es fragante y hacendosa,
sencilla y cautivadora,
elegante, seductora,
dúctil, suave y atrayente;
como el agua de una fuente
que los astros enamora.

Cuando los años hostiles
me conviertan en despojos,
y se humedezcan mis ojos
por encontrar sus perfiles;
los motivos varoniles
serán ayes de locura,
añorando su blancura
he de proyectar mi suerte,
como un presagio de muerte
que no encuentra sepultura.

Cuando presiento la boca
de la que yo quiero tanto,
la copla se vuelve llanto
en mis inquietudes locas,
inmaculada provoca,
en sueños la oigo decir...
y no puedo describir
el misterio de su trazo:
quiera Dios entre sus brazos
pueda tranquilo morir.