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domingo, 31 de diciembre de 2017

La lepra - El Hospital Muñiz


(Foto de don Luis Acosta García)




Don Luis Acosta García,
bardo que admiro y venero,
rindo culto a su memoria
desde el nombre al esqueleto.

Pero por más que lo admire
y rinda culto a su verso,
no puedo rendirle culto
en lo que no estoy de acuerdo.

Sobre el Hospital Muñiz
cantó tan profundo compuesto,
haciendo citas de la
historia de cada enfermo.

Y nos invitaba a enviar
un socorro al lazareto,
sitio de muerte y olvido,
de anonimato y silencio.

¿Que no le sería gravoso
el desprenderse de un peso?
Para donarles, decía,
ropas, vendas y remedios.



Pero yo respondo que
si ya no tienen remedio,
si son piltrafas humanas
desahuciados por los médicos.

Que si ya no tienen cura
y es invencible el flagelo,
y no obedece a la ciencia
la enfermedad del enfermo.


Si es un ¡ay!, que pide a gritos
que lo quiten del tormento,
que agoniza y no se muere,
que apesta y que huele feo.

Más vale ante lo imposible,
sin que se entere el enfermo,
que le dieran una droga
de rapidísimo efecto.


Que los fulmina en el acto,
que los salve del infierno,
y libre a miles de seres
del cautiverio dantesco.

Pues los internan porque
ninguno quiere tenerlos;
los miran como a un peligro,
como enemigos directos.


El ser más noble y querido
no quiere cargar con ellos,
y por temor al contagio
los tiran al lazareto.

Unos porque tienen asco,
otros porque tienen miedo
y como nadie los quiere,
todos le niegan su afecto.



Por eso lleva el leproso
el odio dentro del pecho,
por donde pase su ser
deja un rastro de veneno.

Porque sienten  en el alma
el irascible deseo
de hacerle daño a la vida,
de apestar al mundo entero.


Manosean una fruta
y la dejan con desprecio,
para injertarle la peste
al que la compre más luego.

Y refriegan las monedas
en los granos purulentos,
porque saben que el contagio
rueda en el germen disperso.


Es una lacra que toca,
que roza su labio enfermo,
en los bordes de una copa,
en las grietas de un cubierto.

Escupe sobre una flor
en las gradas de un colegio,
en las páginas de un libro
en donde toquen sus dedos.


Son viruelas que acarician
y dan el beso siniestro,
humor que odia, que maldice
y que nos hiere en silencio.

Pestilente con palabras,
llagas que tienen talento,
supuraciones que lloran
y añoran más de un recuerdo.


Montones de pus con ojos
que hacen señas sobre el lecho,
muecas que yacen con vida
y que para el mundo han muerto.

Al verlos se me parecen
una procesión de espectros,
que hacen erizar la carne
y ponen de punta el pelo.


He visto con amargura
las orejas de un enfermo,
largas como las de un asno
que hieden a cerdo muerto.

Que parecen dos espigas,
dos racimos de pus seco,
como un panal de materia,
de humor amarillo y negro.



A quien se le caen los labios
en cachos de carne y cieno,
y en donde tuvo la boca
tiene un agujero, un hueco.

Como una rendija sucia
que es garra y escupe puerco,
y muestra unos dientes largos
como si estuviera riendo.



Otro tiene la nariz
como un sapo virulento,
una plasta de materia
que hace sentir asco y miedo.

Que se le pegan los labios
como un parche, como un sello,
hay que operarle la boca
para que trague el sustento.


A quien se le caen las uñas
con los pedazos de dedos,
y le cuelgan como tiras
lonjas podridas de cuero.

Uno que clama por Dios
mientras solloza en silencio,
creyendo que su dolor
es un castigo del cielo.


Otros saben que viven
porque se les oye el eco
pues dan gritos guturales
como el ladrido de un perro.

Llagas que despiden pus
por donde asoman los huesos,
entre las carnes podridas
y deshilachados nervios.



Que las ropas interiores
se le pegan en el cuerpo
y les arrancan con ellas
los pedazos de pellejo.

Pienso que sería humano
elevarse al Nazareno,
que se les diera una droga
de rapidísimo efecto.

Que los fulmine en el acto,
que los libre del infierno,
y libre a esos pobres seres
del cautiverio dantesco.


Pues resulta una herejía
encerrar tanto tormento,
guardar el dolor de tantos
para que nos den consuelo.

Rendirle culto a la peste,
al contagio, al lodo, al cieno,
como si fueran reliquias
históricas de un museo.

Es la muerte que camina,
peligro que va tras nuestro,
que aulla, que silba, que ruge,
la LEPRA es un lobo suelto.


(Pintura de Benito Pietro: " Padre Damián de Molokai")



(Foto del Cura Brochero con lepra)

sábado, 30 de diciembre de 2017

Mis ganas


Soy el hombre más ganoso
que en el mundo puede haber;
y con ganas me han de ver
haciéndome el ganancioso
y me sé hallar afanoso
con ganas de compadrear,
con ganas de enamorar
la viuda de un hacendado,
sacarle a los rusos fiado
y mudarme sin pagar.

Entre las ganas que tengo,
tengo ganas de llorar,
ganas de querer pelear
y ganas de hacerme el rengo;
con ganas me voy y vengo
corriendo a la disparada;
ganas de hacer una hombrada
aunque me cueste un reproche;
ganas de irme esta noche
con una mujer casada.

Tengo ganas a montones,
ganas de pelear  los guapos;
ganas de agarrar mis trapos
y romperlos a tirones;
ganas de comer ratones
y de comer gavilanes;
ganas de agarrar los panes
y tragármelos enteros,
y buscar en los graneros
ganas de los haraganes.

A veces tengo ganitas,
¿ganitas de qué diré?
Ganitas de yo no sé,
pero ganitas chiquitas
de con mujeres bonitas
pasar noches de jaranas
y charlar  en las ventanas
con Lucila y con Leonor,
porque este gaucho cantor
novia con las dos hermanas.

Tengo ganas de repente,
ganas de morir de frío;
ganas de tirarme al río,
ganas de ser presidente;
ganas de ser muy valiente,
ganas de a todos matar,
ganas de querer celar
a la pobre prenda mía,
ganas de agarrarle un día
y hacerla contracantar.

Tengo una gana importante,
ganas de hacer morisqueta,
ganas de comer galleta,
ganas de ser atorrante,
ganas de ser vigilante
y ganas de ir a misa,
y ganas de tener risa
y ganas de ir a la escuela
y bailar la tarantela
con una turca en camisa.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El cantor de los caminos


(Pintura: Bernabé Demaría)


Tiemplo aquí para cantar
Mi diapasón de quebracho
Con el espíritu macho
Del gaucho tradicional,
Del paisano de mi tierra,
Del labriego, del arriero,
Del valiente ganadero
Y el poblador ancestral.

Es áspero como el tala
El cantor de los caminos
De los patios argentinos
Y del pampeano fogón;
Donde pulsa la guitarra
Se desagringa el ambiente,
Se argentiniza la gente,
se hace gaucha una reunión.

El gaucho es la patria misma,
El gaucho es la misma pampa
Erguida en la estoica estampa
Del paisano patriarcal;
Del hombre de la llanura
surgió el soldao de guerra
que expulso de nuestra tierra
al invasor colonial.

El Gaucho es nuestra bandera
Vestida de granadero,
Mano que empuñó el acero
Como otro no empuñara,
Que calzó bota de potro,
Chambergo y vincha genuina,
Una blusa de lustrina
Y arrogante chiripá.

El gaucho es la libertad
y en su argentina figura
cruzó toda la llanura
la cordillera y el mar;
en donde clavó la insignia
donde esgrimió la tacuara,
en donde clavo la insignia,
donde esgrimió la tacuara
en donde el corvo empuña
los uso para librar.

En la efigie del paisano
cruzó el alma de la raza
la guapeza sin coraza
y la nobleza rural;
el gaucho ha dao la sangre,
el gaucho ha dao una herida,
el gaucho ha dao la vida
por el honor nacional.

Para él heredó los chumbos,
Los chuzazos del acero,
Cicatrices en el cuero
Sin retaceos ni fin;
Para él heredo los cepos,
El apodo de cuatrero,
La fama de bandolero
Y el destierro en un fortín.

Sobre la tierra argentina
El gaucho es como el chingolo
Nace solo, muere solo
Y naides lo oye quejar;
Y naides lo oye por que
Está de más que lo diga
Que el mesmo que lo castiga
Es quien lo obliga a callar.

El Gaucho en la reconquista,
Con Belgrano en Tucumán,
El gaucho con el Titán,
De los Andes al través
El gaucho en la montonera
De las vanguardias del Chacho,
De Lavalle en el Quebracho,
De Urquiza el cincuentaytrés.

Por la guapeza del gaucho
La patria escribió su historia
Y cantan himnos de gloria
Al sagrado pabellón;
Pero su gaucho no tiene
Desde Ushuaia a La Quiaca
Donde clavar una estaca
Para atar su mancarrón.

martes, 16 de agosto de 2016

Payador





El que inventó la guitarra
tuvo la genial idea
de abrirle boca a la caja
para que hablaran las cuerdas
y fue el payador rebelde
el que pulsó la vigüela
y cantó con valentía
la injusticia de la época,
que hay quien la canta ignorando
y quien la oculta a sabiendas.

Se lo oyó en la pulpería,
en la lejana vivienda,
en el fogón de una estancia
como al pie de una carreta
él llegó al rancho de barro
antes que el máistro de escuela
propagando las hazañas
de los héroes de ésta tierra;
¡el payador fue el intérprete
de la gloriosa epopeya!

El bardo de aquellos tiempos
era como una gaceta,
una cartilla cantando
las cinco primeras letras;
él cantó los episodios
más gloriosos de le enseña
y toda la guerra gaucha
después de la independencia;
él las divulgó en la pampa
en sus viriles cuartetas.

O en los tiempos que a rebenque
imponían la obediencia
y acallaban las palabras
en los cepos de cabeza;
cuando al gaucho lo mandaban
a servir a la frontera,
padeciendo en los fortines
hasta dejar la osamenta
que fue blanco de una bala,
puntería de una flecha.

Pero al preguntar cantando
al compás de las seis cuerdas
¿porqué al gaucho se le daba
tan amarga recompensa?,
errando de pago en pago,
sin paco, charque ni yerba
con un ponchito mugriento
y un chiripá de bayeta...
Si alguno cree que exajero
¡ue se pare y me desmienta.

Así insólita pregunta
para darle la respuesta,
apareció la partida
siguiéndolo a sol y tierra
porque el oscuro caudillo
impuso la fuerza ciega
para que la trova libre
en la patria no se oyera.
La tradición fue un palenque,
un rebenque y una venda.

Mas como los bardos de antes
no eran de arriar con las riendas,
no eran de arriarlos, ¡repito!
¡porque las tenían bien puestas!
defendieron la guitarra
como a la misma bandera
envueltos entre las astillas,
cayeron sobre la huella
porque el payador tenía
alma para defenderla.

Así transita el mundo



Soy el bardo suburbano,
suburbio que vivo y siento
en el resplandecimiento
de todo el género humano,
qué gran "todosoberano"
del que como todo soy,
que fue ayer y sera hoy
y continuará mañana,
 mezcla pagana y cristiana
de Nerón y de Tolstoy.

 Sin diferencia ni agravio,
la tierra recibe al genio,
al obrero de alto ingenio,
artista ,poeta o sabio;
a la chusma, al resabio,
la mundana ,el criminal,
en la vida universal
todo se plasma y gravita
y en cada humano palpita
el germen del bien del mal.

 Desde la cumbre al abismo
todo es principio de todo:
tierra ,cielo, mar y lodo
todo es obra de lo mismo,
la selección del purismo
nadie la purificó,
ni forma humana nació
de la forma de tu casta
que es el jugo, que es la pasta
de la pasta que soy yo.

 Las cosas tiene su don
porque el hombre le dio el nombre,
las cosas tiene su don
porque hombre le dio el nombre
pero acaso sabe el hombre
si como las nombra son....
La justa y pura razón
aun se esta por descubrir,
la verdad puede mentir
queriendo estar en lo cierto,
hay mucho en lo descubierto
que se está por descubrir.

 Hace un doctor un injerto
de un miembro del cuerpo humano
como lo hace un hortelano
de la rosa de su huerto,
sobre el cadáver abierto
analiza todo el ser
alcanzando a comprender
la anatómica estructura
y siempre está la natura
mas allá de su saber .

 Estoy pensado y no se
qué fibra me hace pensar,
estoy pensado y no se
qué fibra me hace pensar
y cabe el averiguar
si hay quien lo sabe: por qué,
en mil rarezas pensé
que jamás las prensentí
como un buzo descendí
al hondo mar de mi ser
y no alcanzo a comprender
los misterios que hay en mi.

 Quien dice "yo fui hasta aquí
y mañana lo seré",
quien dice "yo fui hasta aquí
y mañana lo seré",
si nadie sabe porqué
naciera y exista así,
porque lo que hoy esta en ti
mañana no sera tal
en la vida universal
todo se plasma y transforma
y el sol en perfecta norma
a todos alumbra igual.

 No hay nada definitivo
una forma se trasforma
para tomar otra forma
y seguir lo sucesivo,
como todo es relativo
 la espiga se forma y grana
ya que por ley soberana
terminó su forma ayer
hoy vuelve a otra forma a ser
la que no será maña.

 Todos tiene al nacer
el derecho de vivir
y nadie puede medir
los valores de otro ser,
quien puede obligarme a ser
ni a dar mas de lo que doy,
nadie sabe a donde voy
giro como una veleta
soy ¡utópico profeta!
pero yo ignoro quien soy...

jueves, 18 de octubre de 2012

Guitarra roja



Ven guitarra libertaria,
libertaria y redentora
del que sufre, del que llora
del delincuente y el paria.
Tu acorde no es una plegaria
del servilismo indecente,
el bardo altivo y valiente
cuando te pulsen sus manos
ante todos los tiranos
sabe atacarlos de frente.

Guitarra que entre mis manos
vibras y ruges conmigo,
fiel amiga de este amigo
pregón de versos humanos
y en tus trinos soberanos
del libertario cantor
se inspira en versos de amor
de rebelión y templanza,
augurando una esperanza
en los hijos del dolor.

Guitarra, los payadores
hicieron de tu cordaje
palenque del caudillaje
para amasar electores
rutinarios, corruptores
en vez de hacerte valer
te hicieron envilecer
con caudillo de partido
guitarra, guitarra te han corrompido
como una débil mujer.

Guitarra, si en mi vejez
llegara a serte profano,
quisiera ser un insano
sin vista y en la mudez.
Si pierdo la rigidez
del convencido varón,
antes de hacerte un baldón
coyunda para tus notas
quiero, quiero ver tus cuerdas rotas
quebrado tu diapasón.

martes, 9 de octubre de 2012

Don Mateo


(Pintura: Molina Campos)

Cuando murió don Mateo
según la gente censura,
lo excomulgó el padre cura
por incrédulo y ateo;
pues le negó sin rodeo
el descanso en lo sagrao,
y en un cuero retobao
lo arrojaron por los cerros,
de su alma infiel y sus yerros
se hizo cargo el condeano.

Vicio que en la vida hubiera,
don Mateo lo tenía,
no le quedó picardía
que en el pago no la hiciera:
le manotiaba a cualquiera,
una prenda del recao,
falseaba un certificado,
adulteraba una guía,
y él mismo se defendía
porque era como abogao.

Cuando Mateo murió,
de su carne, de su médula,
se separó su alma incrédula
y al cielo eterno llegó;
por un sendero rumbió
que iban otras almas más,
siempre vichando detrás
hasta que halló dos caminos,
el de los reinos divinos
y el de los de Satanás.

"Dios estará disgustao
pues tendrá noticias mías,
dejuro que en éstos días
el cura me ha embarrunao,
que soy un excomulgao
por ateo y por infiel,
y lo habrá puesto de hiel
para que no me dé entrada,
ya no me queda más nada
que encararme con Luzbel".

Cuando al infierno llegó
el diablo salió a su encuentro,
lo invitó a pasar adentro
y sonriente lo abrazó;
-"parece que he caído yo
en un día de función",
-"aquí siempre diversión,
es jarana todo el año",
y sospechando un engaño
entró con más precaucion.

-"¡Pase amigo!, chupe y pite",
dijo el diablo con bonanza,
"arrímese con confianza,
no espere que yo lo invite";
aprovechando el convite
Mateo se entró a servir,
"después si quiere salir
ahí tiene recao y flete,
como sé que es buen jinete
aquí se puede lucir".

Se armaron canchas de taba,
mesas de monte y de dados,
todos muy entusiasmados
ahí se copaba y copaba;
Tatanás vio que vichaba
y dijo: -"pase a jugar",
y le largó sin contar
un royo de patacones,
y sin más explicaciones
ahí Mateo entró a apostar.

Al caer de la oración
llegaron unas cien mozas,
como un mar de mariposas
sobre una rosa en botón;
Satán dijo: -"elija, mi don,
la que le guste de aquí",
eligió una moza ahí,
morocha de ojos tristones,
de unos labios querendones
que siempre decían, sí.

Una vez en confidencia
él le preguntó al Satán,
-"dígame dónde es que están
las almas en penitencia:
En toda la dependencia
a naides vide llorar,
ni pedir ni suplicar,
ni condenarlo al trabajo,
¿como dicen allá abajo
que aquí se viene a penar?"...


-"Si esto se llega a saber
para el cielo sería un desmedro.
y seguro que San Pedro
todo pondría en alquiler...
Usted bien lo puede ver,
usted, es curado de espanto...
El suplicio, los quebrantos
y la ira de Lucifer...
son cosas que hago correr
pa' que no se vengan tantos!".


domingo, 7 de octubre de 2012

El Cabo Rojas

(Pintura: Jorge Campos)



Con un gesto que lo alabo
en un overo pasuco
lo conocí en Chacabuco
a Rojas, cuando era cabo;
más bullanguero que bravo,
cuentero y balaqueador,
cuantas veces al sabor
de la caña, sorbo a sorbo,
lo vi con el sable corvo
golpear sobre el mostrador.

Siempre repitiendo hazañas
de sorpresas y entreveros,
peleas con los cuatreros
que asolaban las campañas;
vichando las alimañas,
el monte y el campo raso,
en guardia contra el zarpaso
del pampa y del gaucho alzao,
a gatillo levantao
y las armas sobre el brazo.

Como era un viejo liero
él siempre andaba a la pesca,
cualquier chisme, en cualquier gresca
en saberlo era el primero;
sabía del pago entero
la vida de cada cual,
embustero y como tal
por entrometerse en todo,
le pusieron como apodo
del diarito matinal.

¡Vieran! viejo mentiroso
capaz de pasarse el día,
comentando una avería
de sus épocas de mozo;
de algún coloquio amoroso
de halago para su ser,
-"¡Antes! me hacía valer"
y cuando empinaba el taco,
era mesmo que el mataco
de duro para ceder.

"Suertudazo para un quiero
en las fiestas cariñosas,
por la elección de las mozas
yo era siempre bastonero;
¡y cantor! que ni el jilguero
me podía competir..."
tan lindo sabía mentir
que al redor del cabo Rojas
se pasaba sin congojas
una noche sin dormir.

Lo acusaba crudamente
la mala voz de las chinas,
que era para las gallinas
un zorro de muy buen diente,
de pasada solamente
se arriaba medio criadero,
cuando en el pasuco overo
Rojas, por los ranchos ronda,
todo el barrio a la redonda
vigila su gallinero.

En una choza del bajo
vive el viejo Goyo Agüero
criollo zaino, pendenciero,
pegador como un badajo;
puedo decir sin atajo
que no hay dos mandrias como él,
provocaba en forma cruel,
con gestos y paradojas,
la fama del cabo Rojas
con quien estaba de yel.

En alta voz repetía:
-"A fe que me llamo Goyo,
a mí no me roba un pollo
Rojas, con su zorrería";
así un día y otro día
oyéndolo balaquear,
Rojas se dentró a enconar
por el desafío impropio,
y afirmó por amor propio
que se los iba a robar.

Don Goyo al pie de la puerta
del gallinero abrió un pozo,
muy hondo, bien espacioso
que era un centinela alerta.
Tapando la boca abierta
en forma tan singular,
que al que llegara a pisar
abajo, a plomo se iría,
y de donde no saldría
si no lo iban a sacar.

Cuerpiando de escollo a escollo
una sombra agazapada,
se acercó una madrugada
al gallinero de Goyo;
llegó hasta el borde del hoyo,
sobre la trampa pisó,
Rojas se precipitó
cayendo al fondo del pozo,
y como en un calabozo
aprisionado quedó.

Pasó un día y otro día,
era un vivo comentario,
a tres columnas un diario
relató su valentía;
celosa la policía
muchos ranchos allanó,
de todo el que sospechó
no se escapó de su garra,
ni del cepo, y de la barra
cuanto linyera cayó.

Don Goyo con alborozo
mamao en la pulpería,
en alta voz reptía:
-"¡Rojas estará en el pozo!,
Dejuro que cayó el mozo
en la trampa que hice yo",
y tanto lo recalcó
que de curioso el pulpero,
se jué hasta el rancho de Aguero
y en el pozo lo encontró.

La sorprendente noticia
como una bomba cayó,
de labio en labio corrió
la bella y sabrosa albricia;
fue una risueña noticia
para todo el pago entero,
cuando en el pasuco overo
lo pasaron esposao,
con rumbo para el juzgao
desde la trampa de Agüero.

Lo que Agüero se enteró
que Rojás cayó en la mala,
de su corazón de tala
un gesto gaucho surgió;
frente al juez dijo: "Jui yo,
que a mi rancho lo llevé,
y llegamos después de
vaciarnos la madajuana,
no recuerdo en la jarana
si se cayó o lo empujé"...

miércoles, 16 de mayo de 2012

Orgullo gaucho



Dicen que en los tiempos de antes,
los hijos de nuestra Pampa
Donde vio la luz la estampa
que escribe estas consonantes
Eran gauchos ignorantes
por ser de origen rural
Y vivían, como tal,
alejados del saber
Pues no sabían leer,
ni escribir una vocal.

No puedo desconocer,
como hombre de buen sentido,
Que hoy el pueblo es más instruido
que en las llanuras de ayer
Pero sin saber leer,
ni escribir una vocal
En el rancho colonial
encontraba el peregrino
Un don de bien argentino,
y de cultura social.

¿Comparar? No hay semejanza
entre el ayer y el presente.
El ayer era otro ambiente,
otra vida y otra usanza.
No voy a hacer comparanza:
las cosas son como son
No puede haber parangón
entre el campesino rudo,
oscuro, estoico, ceñudo,
con el hombre de instrucción.

Nosotros nos hemos criado
sin más letras que la madre
Ni más maestro que el padre,
ni más cuna que el recado
Pero nos han enseñado,
hasta hacernos comprender,
Que es un humano deber
el respetar a la gente
Y obedecer dignamente
a la que nos diera el ser.

Nunca el gaucho analfabeto
trató a sus padres de "ché"
Siempre los trató de "usted"
con sacrosanto respeto.
Ese culto, ese concepto
del respeto paternal
Es todo un credo moral
por la raza transmitido,
venerado y comprendido
por la familia rural.

Ayer, el gaucho ignorante
en el rancho o en el llano,
con el sombrero en la mano
saludaba a un semejante.
Hoy un mocito estudiante
que aspira a ser un letrado
Se cruza por nuestro lado
sin mirarnos en la cara,
lo mismo que si costeara
el poste de un alambrado.

El más oscuro paisano
de los guasos del lugar
no se atrevía a pitar
en presencia de un anciano.
Hoy, en el concierto humano,
se ve a un imberbe escolar
impunemente fumar
ante las canas del padre,
del abuelo, de la madre...
¡En la mesa del hogar!

Si la educación presente
admite achicar al viejo
padre que le da un consejo
a un mocito adolescente,
si cabe el desobediente
dentro de la educación,
si eso es una devoción
en el mejor de los casos,
no lo cambio por los guasos
de mi vieja tradición.

Era la mujer de ayer
de una ignorancia supina
pero era más femenina
que la presente mujer.
Madre que engendró en su ser
una estirpe soberana
mezcla indígena-pampeana,
que son las dos razas buenas
porqué corre por sus venas
sangre pampa-castellana.

Hoy nuestra mujer moderna,
venerado sea su nombre,
fuma lo mismo que un hombre,
se embriaga en una taberna,
se sienta y cruza la pierna
como el hombre más vulgar,
calza botas de montar,
usa breech, polaina y fusta.
Cualquier deporte le gusta
más que el calor del hogar.

La mujer gaucha enseñaba
al hijo, desde muy tierno,
desde el regazo materno
a su modo lo educaba
y más de una vez contaba
diez hijos en su redor
y todos bajo el calor
de su sacrosanto ejemplo
honraban, como en un templo,
a la raza y al amor.

Solo ha tenido el llanero
por escuela y por lectura
el cielo azul, la llanura,
el caballo y el apero.
Y del argentino alero,
como sacra devoción
La maternal prevención
repetida a cada instante:
Respetar al semejante
es honrar la tradición.

Yo me crié en bruto


Yo me crié en bruto, mesmo que los talas,
los gauchos ombuces, las flores del cerco,
las turbias lagunas, los claros arroyos
y cuantas rarezas nacen en el suelo.

Si de los que me oyen supieran cómo era
hace setenta años el pueblo de Merlo.
En aquellos tiempos, por aquellos ranchos,
yo no supe nunca que hubiera un maestro.

No digo estas cosas como una alabanza.
Porque ser un guaso no es un don ni un credo;
lo hago por decirles cómo y cuánto puede
aprender un hombre por su esfuerzo mesmo.

Mi madre ya entonces sabía decirme:
aprienda a abrir surcos y ser buen arriero,
déjese de letras, piense en el trabajo
y, como su padre, sea un hombre bueno.

Sepa cortar sogas y calzar tamangos,
siéntese a un potro y ármese un apero,
forme como un gaucho su tropilla criolla
que al primer silbido busquen el cencerro.

Su padre no leiba, ni escribir sabía,
y compraba potros y vendía cueros;
arrendaba campos sin poner más firmas
que su don de gaucho, que era un visto bueno.

Cuando hizo negocio pesó con el pulso,
midió con la vista, contó con los dedos;
si hubo que hacer partes con todos fue justo,
aunque en el reparto saliera perdiendo.

Yo aprendía en las chacras, junto a los fogones,
a rumiar vocales tarareando versos,
copiando una letra, pronunciando otra
hasta penetrarlas en el pensamiento.

Cuando boyereaba, sentado en el raso,
hacía pizarra de un limpión del suelo
y con un palito iba haciendo un nombre
y un día de tantos, me puse contento.

Ya no soy un bruto, me grité en voz alta,
y mi orgullo gaucho palpitó mi adentro
cuando en cuatro letras supe escribir mama;
con poner su nombre me sentí maestro.

Me ensayé yo mesmo como los pichones
a batir las alas y levantar vuelo,
a rumbear caminos descubriendo pampas,
leyendo en las hueyas como un libro abierto.

Escribí los nombres de todos los pájaros:
el hornero, el tordo, la calandria, el tero,
y de cada flete de mi tropillita
la guapeza criolla, la clase y el pelo.

En la infancia mía no supe por naide
qué era una cartilla, ni dir al colegio.
Hoy siento el orgullo que de un gaucho rudo
oigan los paisanos mis sencillos versos.

Esta piedra en bruto, pulida en el raso
por los fuertes soles y el zumbar del viento,
cuando la golpean suelta chispas de oro,
estrellitas blancas y cantos de fuego.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los dos valientes


(Dibujo: Ricardo Carpani)

Iba el capitán Medina
del ejército del Chacho
caudillo como un quebracho
sobre la pampa Argentina.
Orillando una colina
al frente de un pelotón
y hallaron de sopetón
en una desemboscada
al matrero Justo Almada
sobre un lindo redomón.

¡Alto... gritó el capitán
no se haga matar al ñudo!
Almada insensible y mudo
no hizo ningún ademán.
Acarició su alazán
y el potrillo relinchó.
-¡Rendite!, le repitió
el capitán del piquete,
Almada levantó el flete
y en voz alta respondió:

-"Voy a morir maulamente
"si las tropas argentinas
"empuñan las carabinas
"para matar a un valiente.
"Pero si hay entre su gente
"un decidido varón
"que salga del pelotón
"y me prienda mano a mano
"y echó pie a tierra el paisano
"desenvainando el facón.

Tan grande fue el desafío
tan soberbio el ademán
que hasta el mismo capitán
quedó atónito y frío
pero con el mismo brío
que el matrero desafió
un sargento respondió:
-"Capitán, si me permite
al criollo que hace ese convite
me animo a peliarlo yo".

-"Tiene el permiso sargento,
su voluntad es la mía,
no puedo a su valentía
negarle el consentimiento.
-"Gracias"- dijo, y al momento:
"le pediré otra lealtad.
"Que imponga su voluntad
"para si en el trance muero
"que deje al gaucho matrero
"en entera libertad.

-"Así lo haré como no
si él lo derrota en el lance,-
le dijo - sarganto avance!
y el sargento enderezó.
El corvo desenvainó
en sus agallas confiao
y en un limpión circundao
por jarillas y espinillos
vieron chocar los cuchillos
del matrero y del soldao.

Iban dejando marcadas
sobre las pardas arenas,
rayones de nazarenas
y mil formas de pisadas.
Se oían sordas carcajadas,
montaraces alaridos
y de pronto sorprendidos
vieron con gran descontento
trastabillar al sargento
lanzando fuertes quejidos.

Se formó una tremolina
y en medio del entrevero,
cayó sangrando el matrero
de un tiro de carabina.
-"¿Quién es el que lo ha herido ansia?",
el capitán repetía:
"El que hizo tal cobardía
frente al valor del sargento
no puede en ningún momento
formar en mi compañía".

En el trágico momento
por un afecto sincero
se fue arrastrando el matrero
hasta llegar al sargento
y con hondo sentimiento
los dos se dieron la mano
y el sargento y el paisano
después que se despidieron
al mismo instante murieron
sobre la arena del llano.

Allá sólo en un overo
cavilando en campo llano
iba el maula miliciano
que mató al gaucho matrero.
Parece que el eco austero
del capitán lo seguía:
"el que hizo la cobardía
frente al valor del sargento,
no puede en ningún momento
formar en mi compañía".

Por la falda de un cerrillo
siguió el piquete un sendero,
orillando el entrevero
de jarilla y espinillo.
Todos hacián corrillo
comentando el encontrón,
cada hombre del pelotón
llevaba en gesto ferviente,
la impresión de dos valientes
latiendo en el corazón.

........................................................

Dedico este verso al Sr.Angel Rondanina y dende acá le mando un juerte abrazo pa que siga por la huella... allá en Neuquén, cultivando, "trenzando" y haciendo valer y conocer nuestro folklore y tradiciones.


viernes, 9 de marzo de 2012

El rancho del gaucho Filomeno Acuña "Leña Seca"

Mi último adios.

Bajo del agreste alero
criollo como la glicina,
de la vivienda argentina
de mi amigo y compañero;
todo es de sabor campero
en el rancho de mi dón,
pues concentra en su jogón
recuerdos de todo el llano,
porque Acuña es más paisano
que un viejo sauce llorón.

Ornan su gaucho aposento
priendas y curiosidades
noticias de otras edades
que son todo un monumento;
cuadro de recordamiento
de argentina selección,
de su criolla colección
cada objeto, cada estampa,
es un retazo de pampa
puestos en exhibición.

Rancho que como una clueca
cubre el Museo nativo,
inteligente cultivo
del escritor "Leña Seca";
es su gaucha biblioteca
un aula tradicional,
porque el poeta rural
es más pampa que los pastos,
que el poncho, que un par de bastos
que el agua de un manantial.

Se remoza la elocuencia
al ver los objetos viejos,
vuelve uno pensando lejos
al pie de la descendencia;
lejana reminiscencia
de nuestros antepasaos
los trastos casi olvidaos
datan de tiempos muy crudos,
recuerdos que viven mudos
pero conversan callaos.

Armas que usó el montonero,
cartuchos y proyectiles,
antiquísimos jusiles
que giraban a yesquero,
el trabuco naranjero
adornan la exposición;
que es una remenbración
que surge con el origen
de la barbarie Aborigen
y la civilización.

Arcos, lanzas, boleadoras,
priendas del hombre rural,
que en la guerra colonial
fueron armas agresoras;
allá en las trágicas horas
del comienzo nacional,
hoy es la muda señal
del drama de la llanura
del Museo en miniatura
de la tradición rural.

Ahí están como leyendas
mudas; de tiempos pasaos,
lazos chilenos, trenzaos,
cabrestos, bozales, riendas,
guarda en la sala de ofrendas
estribos, frenos platiaos,
patacones doraos
como monedas de cobre,
recuerdos del gaucho pobre
y de hombres adineraos.

Es un faro la querencia
hecho de curiosidades,
pues de todas las edades
tiene una reminiscencia;
trazó con criolla paciencia
el símbolo singular,
con adobe secular
bustos de tatarabuelo,
estampas de bisabuelo
que hacen sentir y pensar.

Como una perla humorística
cuelga su caricatura,
una obra de galanura
del lápiz de un repentista;
el retrato de un artista
de quien soy admirador,
cuanto se ve al derredor
son señas, datos y tayas,
y símbolo de altas layas
de indiscutible valor.

Quisiera para el poeta
rimarle una trova hermosa
en un pétalo de rosa
con un lápiz de violeta,
para el cultor, el esteta
de las reliquias de acá,
que por su criollismo está
latente el alma genuina,
de nuestra dama argentina
y el señor de chiripá.

(Foto de don Filomeno Acuña y Sra.)

sábado, 18 de febrero de 2012

Rastros que acusan

(Pintura: "LLegando al rancho", Horacio Berta)


En un puesto no lejano
en el campo de esta estancia
(Indicando a la distancia
así comenzó el anciano):
Vivía un joven paisano
con la mujer de su amor
De su fama de cantor
más de una hazaña se cuenta
Y tuito el pago lo menta
como diestro rastreador.

Comenta la paisanada
que el desdén de esa mujer,
una ocasión sin querer
lo descubrió en su pisada,
en las huellas su mirada
rastros de botas notó
y convencido que vio
las marcas de una pareja
el hombre como una queja
a su gaucha interrogó:

-"No es que me sienta encelao
ni quiera hacerte un reproche,
pero por la tapia anoche,
Lucía, un hombre ha saltao…”
-“Si por la tapia ha entrao
algún ratero habrá sido”.
-“El hombre ha entrao y ha salido
y nada nos ha robao.
Si los perros no han ladrao
el ratero es conocido".

-"Parece mas bien que fuera
el extraño visitante,
mas que un ratero, el amante
de una mujer que lo espera”.
-“Lengua mala de azotera
con puntitas de alfiler,
eso me hace suponer
de que sospechás de mí”.
-“Hombre, clarito es así,
aquí no hay otra mujer”.

-“¿Cual es la prueba conciente
que justifique tu duda?”
-“Lo grita la lengua muda
de cada rastro patente:
Hay en la tierra evidente
paso a paso una señal;
al otro lado del tapial
se ven pisadas de un flete
Que esperaba a su jinete
oculto en el matorral".

"Como el intruso ha pasado
sobre la tapia al oscuro,
el hombre con el apuro
los adobes ha voltiao,
por donde mrsmo ha saltao
esta la marca visual
desde juntito al tapial
se ven patente las suelas
fe dos botas con espuelas
hasta abajo del zarzal”.

-“Si en toda la rastrillada
tan solo hay pisadas de hombre
¿De que queres que me asombre
si no he visto ni sé nada?”
-“Tengo la prueba clavada
es al ñudo que negués
hay de mujer a la vez
con la de hombre mesturadas:
y están entre esas pisadas
las dos plantas de tus pies".

"Después él se despidió
de nuevo salto el tapial;
montó sobre su bagual
y al tranquito se alejó.
Eso es lo que he visto yo
en el rastro descubierto;
como encuentro en el desierto
las pisadas de una hacienda,
he descubierto mi prenda
que en tu corazón he muerto".

"¿Por qué es que llorás mujer
si eres mas libre que nunca;
yo no soy hombre que trunca
los derechos a otro ser?
Sos muy dueña de querer
a tu elegido varón
pero no tenes razón
de ahogar el amor que grita
que llega al labio y se agita
a impulsos del corazón”

Él con todo sentimiento
fue despacito ensillando,
ella seguía llorando
solita en el aposento.
Le dijo "hasta otro momento"
y al galope se alejó,
en su cerebro llevó
como una espina clavada
la visión de la pisada
que en su rancho descubrió.

La chismosa

(Pintura: "Chismosas", Molina Campos)

Desde cuando se mudó
en el barrio esta vecina,
diariamente se sucede
en cada puerta una riña.

Porque en cuestiones de chismes
resulta toda una artista:
parece que hay en su lengua
un modelo de mentiras.

Es tan activa en susurros
que ya no queda familia
que no haya sido enredada
en el telar de su intriga.

Es como el higo de tuna
que tiene tantas espinas,
que al tocarle la epidermis
penetran hasta las fibras.

Pero las otras comadres
yo sé que le tienen tirria...
porque ésta trae al mercado
más sustanciosas rencillas.

Por eso le hacen vacío
y le tienen ojeriza;
dicen que por culpa de ella
en el barrio no hay amigas.

Pero es que antes de mudarse
en el barrio esta vecina,
entre las otras chismosas
tampoco vivían tranquilas.

Porque el chisme es un vaivén
en contínua seguidilla;
una lleva y otra trae,
la lengua es como la hormiga.

Siempre que escuché un corrillo
de tertulia femenina,
si hay tres, hablan de una cuarta;
si hay cuatro, hablan de una quinta.

Cuando el corro se desgrana
como la mies de la espiga,
la última que queda sola
dice: ¡Qué lengua de víboras...!

Juanillo



"-Hoy hay lección de historia",
murmuró la maestra,
y reunida la clase
empezó a dar escuela:

"-Ayer di, niños míos,
el tema 'la bandera',
la reliquia más grande
del hijo de esta tierra".

"Ayer dije, niños,
que todos escribierais,
de la gloriosa insignia
la histórica epopeya..."

Su color significa:
libertad y grandeza
de los pueblos más libres
de esta patria de América..."

"Y es un deber sagrado
que todo niño tenga
flamenado sobre el pecho
la hermosa escarapela".

Un niño alzó la mano
y leyó una cuarteta
y obtuvo cinco puntos
de honor, en su libreta.

Otros niños recitan,
de exquisitos poemas,
entre un coro de aplausos
himnos a la bandera...

Y en honor a la clase
luego habló la maestra
diciendo entre otras cosas
que estaba muy contenta.

De pronto se sulfura
y a un pobre niño increpa,
que contemplaba impávido
la bélica comedia.

Juanillo es el pequeño
que la maestra interpela,
pero él no se apercibe,
¡quién sabe en lo que piensa!

"¡Póngase usted de pie!",
le grita la maestra,
"¡dirá porqué ha venido
sin traer su escarapela!".

Y Juanillo se queda
en señal de protesta
con la vista en la banca
y la carita seria...

"¡Juanillo, usted por malo,
quedará en penitencia!",
y rieron sus amigos
diciendo: "¡qué vergüenza!".

Juanillo ante este insulto
entonces se rebela
se ríe de la clase
y acusa a la maestra:

"Yo no llevo en mi pecho
insignia tan pequeña,
que no me dice nada,
que no es útil ni bella"...

"Yo llevo por insignia
una moral moderna,
un corazón amante
y en el cerebro ideas"...

"Yo he roto con el molde
de esa moral añeja,
¡amo la vida pura
sin trabas y sin cadenas!"...

"Pues bajo el patrio símbolo
no es libre aquél que piensa
es libre el que no es hombre,
es libre el que vegeta"...

"Sobre el cuello del pueblo
se ciñe la bandera
para ahogar la palabra
de protesta en la lengua"...

"¡Mi padre, mi padre...está en Usuahia
por pregonar la idea!"
y se limpió una lágrima
y partió de la escuela.




(Foto: Penal de Usuahia)

A mi China


Mi prienda, te has olvidao
de tu viejito querido;
cual mesmo que un gaucho juído
vive por el descampao.
En mi alma sólo han quedao
ricuerdos de esa ocasión
cuando a la orilla del jogón
un cielito te cantaba,
mientras que vos me brindabas
un sabroso cimarrón.

Ricuerdo cuando llegaba
con mi pingo al trotecito,
y esperando a tu viejito
en la tranquera te hallaba.
Donde yo te acariciaba
con un beso en tu boquita;
vos como una palomita
que recién alza su vuelo,
jugabas con mi pañuelo
cantando una vidalita.

Tuavía conservo las prendas
que hacías pa mi recao;
era un pañuelo bordao,
el bocao para las riendas.
Y a veces por esas sendas,
cruzaba con vos en la anca:
y al subir por la barranca
orgulloso me sentía,
por el ruido que me hacía
tu dura pollera blanca.

Cuántas veces sé cantarte
desde mi humilde querencia;
lo triste que me es tu ausencia,
lo mucho que sé adorarte.
Yo nunca podré olvidarte
podés creémelo, viejita,;
así querida chinita
siempre seré tu amador,
aunque me vea por tu amor
juyendo como mulita.

Sombras delatoras


En la falda de una loma
de paja y barro formao,
un rancho había levantao
blanco como una paloma,
perfumao por el aroma
de rosas y de glicinas.
Entre las notas genuinas
del melodioso jilguero,
indiscutible trovero
de las pampas argentinas.

Ese rancho y mi paisana
eran la riqueza mía,
y esperanzas de un mañana;
el trabajo y la alegría,
la dicha en la vida humana
es un alba matutina,
visita de golondrina
que breve instante alboroza,
tallo de una linda rosa
donde se oculta una espina.

Iba en mi picazo overo
atravesando el bañao;
ya la noche había cerrao
cubriendo tuito el sendero.
Yo no sé qué mal agüero
azuzaba en mi interior,
un amargo sinsabor
me daba el presentimiento
que me transportaba el viento
tristeza en su rumor.

El overo asujeté,
pues me sentía intranquilo;
quise silbar un estilo
pero ni uno recordé.
Cabeza loca, pensé;
¡Porqué tienes que dudar!
Sin dejar de cavilar
hasta mi rancho llegué;
en el palenque bajé
y empecé a desensillar.

Como si algo divisara
al otro lao del alero,
entró a orejiar el overo
con una insistencia rara.
Eso hizo que mirara
en la mesma dirección,
y bajo el sauce llorón
vide el zaino malacara
del hijo del viejo Lara,
una criolla estimación.

De pronto, no sé por qué,
entró a pincharme la duda,
y en mi lucha interna y muda
hasta el umbral me llegué,
cuando pa dentro miré
vide un cuadro original,
dos sombras del natural,
enfocadas de perfil,
que reflejaba el candil
en un beso pasional.

Mi vista se oscureció
con una aflición tremenda,
cuando vide que a mi prienda
el paisano la besó.
Yo dije: "Mi amor murió
en la noche de este día";
ante mis ojos tenía
todas las pruebas concretas,
en las patentes siluetas
que el candil reproducía.

Iba a dentrar de pronto, pero
como hombre reflexioné;
volví en puntitas de pie
hasta mi picazo overo.
Velay, le puse el apero,
a rienda alta lo dejé,
desde el palenque silbé
pa que ellos me conocieran,
y en voz alta que me oyeran
"¡Juera!", al perro le grité.

"¿Qué tal?" - le dije sonriente
a medida que iba entrando-
- "Ya ve, lo estaba esperando",
respondió indecisamente,
"Dejuro ha estado impaciente",
dije con cierta ironía;
lo pior que la prenda mía
ni mate le habrá cebao;
siento que lo haya pasao
en tan mala compañía".

"Verlo en esta casa, Lara,
me parece un desatino
hoy lo hallé por el camino
y me dio güelta la cara
- "No lo he visto". - "Cosa rara
yo creo de que me vido
pero yo estoy convencido
aunque me lo niegue a mí
de que usté a venido aquí
viendo que yo había salido".

El paisano titubeó
y dijo: "Me voy a dir":
-"Usted no debe partir,
quien debe dirse soy yo".
Como no me contestó,
sobre el pucho proseguí:
-"Usted es el dueño, insistí,
de este rancho y su alegría,
porque ni la prenda mía
ya me pertenece a mí".

-"No es cierto, soy inocente;
me está acusando a ciegas",
-"Yo no sé por qué lo niegas
si el semblante te desmiente.
El ser que adora y se miente,
traiciona a su mismo ser;
recién acabo de ver
que en la pared reflejaban,
dos sombras que se besaban
de un hombre y una mujer".

Ella lloró conmovida.
Él quiso pedir disculpa.
-"Naides comete una culpa,
cuando el amor lo convida".
Esa fue la despedida
que a mi prienda le dejé;
en el overo monté
con el recuerdo febril
de las sombras que el candil
me reflejó en la paré.

Me sorprendió la mañana
amargado y pensativo,
con el corazón cautivo
al amor de mi paisana,
la dicha en la vida humana
es un alba matutina;
visita de golondrina
que breve instante alboroza,
tallo de una linda rosa
donde se oculta una espina.






domingo, 18 de septiembre de 2011

Diputado por la fauna

Discurriendo en un redil
la Vaca, la Oveja, el Buey,
sobre un proyecto de ley
que la raza pezuñil
elevaría a su rey;

-No sé escribir ni leer
(expuso la mansa Oveja).
-Yo, siendo vaca tan vieja,
ni mi nombre se poner;
¿cómo elevar nuestra queja?

-Yo conozco un leguleyo
(dijo el Buey), y por él corro:
el abogado don Zorro,
hombre de origen plebeyo,
a quien pediré socorro.

Tengo una fecunda idea,
(dijo el rey de la paciencia),
es que una gran conferencia
don Zorro dé en asamblea
ante nuestra descendencia.

-Yo quiero (dijo la Vaca)
que me respeten dos tetas,
y no le pongan trompetas
a mi pobre prole flaca
que pasa días de dieta.

Y la Oveja pidió ufana:
-Abolir el matadero,
piedad para mi cordero,
respeto para mi lana
y la higiene en el chiquero.

Dijo el Buey: -¡Estoy cansado!
La carreta me mancilla:
yo pido una carretilla,
más bueyes en el arado
¡y buen pasto en la rejilla!

¿Y para nuestro abogado,
amigas, qué prometemos?
-Que luego lo votaremos;
y después de diputado,
hacerlo rey prometemos.

Reunida la comitiva
en el rodeo anunciado,
para ello habían enviado
en protesta colectiva
cada raza un delegado.

Tomó el Zorro la palabra
y dijo en tono viril:
-¡Hay que romper el redil!!
-¡Muy bien!- exclamó una Cabra
y lo repitieron mil.

Gritó el Buey en rudo afán:
-¡Por mi parte no hay más que trigo,
no abro una melga, lo digo,
y el que quiera comer pan
venga al yugo a arar conmigo.

-¡No hay más leche ni manteca
(dijo la Vaca), es primero
la leche de mi ternero
que de inanición se enteca
mientras engorda el vaquero.

-¡No doy ni un gramo de lana
(la buena Oveja decía),
reclamo la ropa mía,
la que vestirá mañana
a quien se come mi cría!

-¡Imposible (dijo el Tordo)
que hablen de este modo obsceno
en un régimen tan bueno
donde se vive tan gordo
y se pone en nido ajeno!

Y como única respuesta
chilló el viejo Benteveo:
-¡Este es un asunto feo!
(y alzó su voz de protesta
y acusó a todo el rodeo).

El Zorro protesta y grita
en lo grave del tumulto:
-¡Esto, amigo, es un insulto!
(y la campanilla agita).
¡Es preciso ser más culto!

Un Cerdo muy negro expuso:
-Este es un mundo divino;
quien protesta es un indigno.
El Buey con calma repuso:
-De tu carne harán tocino.

El Loro dijo: -¡Qué horror,
qué pueblo más atrasado!
¡Pretender menú variado!
¿No resultará mejor
que se pida pan mojado?

El Chingolo recrimino:
-¿Por qué si todos son buenos
piden más y piden menos,
cuando el derecho termina
donde empiezan los ajenos?

-¡Protesto!, dicen algunos.
(Se oyen vibrantes chirridos,
relinchos, cloqueos, silbidos;
los asnos lanzan rebuznos,
los pavos broncos graznidos).

-¿Llegarán a ser prudentes!
(gritó el Zorro con bravura).
Vuelvo a pediros cultura,
que si sois benevolentes
obraremos con cordura.

Para llegar a la práctica
hay que obrar con más talento:
no es preciso ser violento;
estas cosas son de táctica
y de largo parlamento.

Tomó la palabra el León
y les dijo: -"Compañeros:
llenos están los graneros,
hay abrigo a discreción;
¡no sois más que pordioseros!"

"Dime, pobre y viejo Buey:
¿tú crees que los amos dudan
de cuánto los bueyes sudan?
¡Si ellos despojan tu grey
y a las ovejas desnudan!"

"¿Cómo les vas a pedir
a los que nunca han sembrado,
a los que nunca han arado
a quien no ha sabido unir
ni una hebra de lo esquilado?"

"Sabes que del gran producto
del amo es todo el derecho,
y el único satisfecho;
porque el que cultiva el fruto
vive sin pan y sin techo."

"¡Amigos hay que morder,
hundir diente, meter garra,
a la ley que nos amarra!"
Y eso vino a promover
un gran tumulto en la barra.

-¡Que lo expulsen!¡Que se calle!
-¡Que lo linchen si porfía!...
-¡A volar con la utopía!
-¡Es un absurdo el detalle!...
-¡No queremos anarquía!...

Los perros, siempre obedientes,
a una simple indicación,
sin darle una explicación,
soliviándolo en los dientes
se llevaron al León.

-¿Veis cómo la autoridad
respeta al Burro juicioso?
El León es un revoltoso;
y el Buey respondió: -¡Es verdad!
-¡Que hable el Zorro!, dijo el Oso.

- (El León estaba acertado,
-dijo el Zorro para sí-;
pero mi misión aquí
es de sacar resultado
benéfico para mí).

(Yo a todas las obras buenas,
por justas que puedan ser,
las debo desmerecer
por causas que son ajenas:
es la forma de vencer).

(¡Los asnos serán mi claque;
sus santas bellaquerías
me brindarán bellos días
y harán que yo me destaque
como un moderno Mesías).

-Camaradas (dijo el Buey);
hemos hecho este llamado,
pues don Zorro el abogado,
trae un proyecto de ley
para el primer magistrado.

-¡Muy bien!, (le respondió el Loro)
estoy por la iniciativa.
Y todos dijeron: -¡Viva!...
Y el Zorro: -(¡Es un saco de oro
esta zonza comitiva!).

"Urgentísimo es que opten,
señores Burros y Bueyes
y todas las otras greyes,
y a diputado me voten
para defender las leyes."

"Yo pediré, camaradas,
más humanas ligaduras
y en vez de usar cuerdas duras
usen cuerdas bien sobadas
y livianas herraduras."

"Para ti, Buey soberano,
voy a pedir protección
intervendré a tu patrón
por un yugo más liviano
y algo más de mantención."

"Después estudiaré el modo
de crear una ley más llana
para que a la Oveja hermana
no la trasquilen del todo
y le dejen media lana".

(Unánimemente un ¡hurra!
surgió de distintas voces
y en expresiones de goces
lanzó un rebuzno la Burra
y repartió varias coces).

Un año de lo ocurrido
como un singular suceso,
llegaba el Zorro al congreso
para, en nombre del partido,
hacerle al rey un proceso.

Pero qué horrible visión
cruzó por su zorra mente:
un Lobo y una Serpiente,
un Tigre y un Lechuzón
esperaban al vidente.

El Lobo estaba en acecho,
el Tigre lanzó bramidos,
y la Serpiente silbidos
y el Lechuzón en cohecho,
y el Zorro sintió vahidos.

Preguntó quién era el Lobo
el enviado de la grey.
Alguien repuso: -Es el rey.
-Para ese excelente probo
traigo un proyecto de ley.

-¿Y aquella gruesa Serpiente
sobre el regio pedestal?
-El señor Don Capital.
-¿Y cómo cree aquella gente
convencer a ese rival?

-¿Y aquél Tigre que me aterra
con su desplante agresor?
-Ese es el Gobernador.
Es el poder de la guerra.
Y el Zorro dijo: -¡Qué horror!

--¿Y ese negro Lechuzón
de fantástica figura?
-Ese pájaro es la usura,
el robo, la explotación.
Y el Zorro sintió pavura.

-¿Y aquél buho que me mira
y de negro manto viste,
que habla del paria y del triste?
-¡Ese buho es la mentira
que arenga lo que no existe!

Luego qué pifia, qué broma,
qué tomadura de pelo,
qué angustia, qué desconsuelo
al presentar el diploma
pasó el nuevo reyezuelo.

Tuvo que rendirle cuenta
sin faltar punto ni coma
al santo culto de Roma
como el artículo ochenta
impone al que el mando toma.

Pensó medios, pensó modos,
investigó su conciencia
y sacó en inteligencia
que haría lo que hacen todos:
luchar por la conveniencia.

Quiso hablar de su proyecto,
y no le dio resultado;
después de desmenuzado
no le encontraron objeto
y al punto fue encarpetado.

Pasaron a la antesala
y allí, en pequeños corrillos
que hicieron en los pasillos,
el proyecto voló en alas
del humo de cigarrillos.

-Todos hemos hecho igual,
todos hemos prometido,
luego ninguno ha cumplido
y a la banca congresal
con tal misión se ha venido.

-Y después, ¿con qué disculpa
volveré a mi pueblo, amigo?
-Haga lo que yo le digo:
vuelva echándole la culpa
a cualquier bando enemigo.

-Y si es que usted nos promete
no alterar nada la norma
y se amolda a nuestra forma,
será un eterno banquete
su archivada plataforma.

De lo contrario, le anuncia
a su pueblo, camarada,
que aquí no podrá hacer nada
y presenta su renuncia
con la misión terminada.

Y terminó por ceder
y alzar la bandera de paz.
-(Si no se puede hacer más
¿qué otra cosa puedo hacer
que hacer como los demás?)

En todas las ocasiones
los enviados al Congreso
definen aquel proceso
como honorables ratones
alrededor del gran queso.

Y como antes de la huelga,
la Oveja sigue esquilada,
la Vaca siempre ordeñada
y el Buey en la recta melga
prosigue la gran jornada.

El Buey marcha cabizbajo
pero siempre esperanzado
que voten en el Senado
el reglamento al trabajo
que elevó su diputado.

En la esclavitud el jumento,
en la libertad el León.
Y la reivindicación
no es obra de parlamento:
ES DE LA REVOLUCIÓN!

viernes, 16 de septiembre de 2011

Caballito criollo


Noble caballito criollo
que en la tierra de mi pampa,
fue la simbólica estampa
de profunda tradición;
¿en qué parte de la historia
por la patria venerada,
no se encuentra su pisada
grabada como un blasón?

Caballito de mi tierra
que para guapo y seguro,
busco el de color oscuro
como el tordillo platiao;
para guapo el doradillo
y siendo moro es el pelo,
de atravesar pampa y cielo
sin desprenderle el recao.

Desde los libres albores
de la Patria y de la historia,
donde empieza la memoria
de una civilización;
donde el hombre puso el pie
sobre la agreste llanura,
dejó la cabalgadura
de sus plantas la impresión.

Cuando el indio domó el potro
y en sus manos lo hizo un flete,
conquistó el viril jinete
la independencia rural;
el flete le dio dominio
en el llano y la espesura,
y conoció la lejura
a galope de bagual.

El caballo le dio al indio
una singular pujanza,
más impetu en la lanza
y en la bola más envión;
enhorquetao en su chuzo
educao a su manera,
se sintió en la pampa entera
el tropel de su malón.

Fue el vehículo indiscutible
el bruto, noble y valioso,
del ejército glorioso
de la guerra colonial;
el fue medio granadero,
media gloria del guerrero,
media historia nacional.

Sin este fiel compañero,
sin este amigo impagable,
la pampa era impenetrable
como imposible guerrear;
la patria digo y repito
con franqueza sin escollo,
le debe al caballo criollo
media gloria militar.

En la guerra del desierto
por la conquista del llano,
los enfrentó al miliciano
y al legendario malón;
hoy alzo como recuerdo,
como un símbolo genuino,
al caballito argentino,
sobre el gaucho corazón.

El caballo fue el amigo
del baquiano, del cuatrero,
del chasqui, del estanciero,
del hombre del bien y el mal;
el lomo del flete gaucho
con todos fue solidario,
con el caudillo unitario
y el caudillo federal.

Y como no venerarlo
a tan bondadoso amigo
que nos prestara su abrigo
del uno al otro confín;
es el caballito criollo
un símbolo de victoria
él lo acompañó en la gloria
al General San Martín.
(Pintura: Eleodoro Marenco)

Los dos fletes de Aguilera

(Foto: Eduardo Amorim)
Le vide en unas cuadreras
cerca de San Nicolás,
su efigie de montaraz
y de gauchas montoneras,
cayó para unas carreras
lindazamente montao:
traiba para su recao,
dos fletes de rica estampa
un potrillo oscuro pampa
y un moro como pintao.

Del flete moro se apeó
con gesto sencillo y franco
y un pañuelo azul y blanco
del cuello se desprendió;
al potrillo lo maneó
con su golilla genuina
que al sentir la seda fina
el flete ni se movió...
parece que conoció
que era la enseña Argentina.

Alguien bajo la enramada
entre sorbo y vocerío,
lanzó en alto un desafío
que aplaudió la paisanada;
como él no dijera nada
por evitar la cuestión
el otro en tono burlón
recrudeció la bravata:
"Le corro por cualquier plata
a su moro regalón".

Aguilera, descontento
respondió: "mis parejeros
son dos potrillos ligeros
capaz de correrle al viento
pero que en ningún momento
por apuesta los corrí;
a nadie le competí
ni en el lance más seguro
porque mi moro y mi oscuro
solo corren para mí."

Resultó desconcertante
la respuesta de Aguilera
y volvió a seguir la hilera
sobre el mismo consonante:
"Hay días que ni un instante
les sé bajar el recao
y pampa y cielo he cruzao
trabajando en un arreo,
apartando en un rodeo
como corriendo un alzao".

"Yo los tengo acostumbraos
que muento y les doy dos gritos
y saltan los dos juntitos
sin tocar los alambrados;
saben disparar boliaos,
corren por un viscachal
con la fijeza cabal
de los caballos del indio;
les dí como el amerindio
una enseñanza rural."

-"Levanto el cargo, aparcero",
dijo el criollo discordante
que le hiciera hace un instante
a su moro parejero;
"desde hoy a mi flete overo
no le daré otro trajín
que el de juirle hasta el confín
a la partida del pago
que me anda haciendo el amago
de remitirme a un fortín".

Estalló un ¡Viva! por cierto
y comenzó liso y llano
a correr de mano en mano
un porrón recién abierto.
Aguilera entre el concierto
hasta el potrillo llegó,
de las manos le sacó
el blanco y azul pañuelo;
como era color del cielo
"¡Viva mi patria!", se oyó.

Y cuando hubieron bebido
los alcoholes fulminantes
y no quedó en los estantes
más que algún porrón vacido,
Aguilera dio un silbido
que el moro lo conoció,
sobre el silbo relinchó
con un acento emotivo
y acercándole el estrivo
escarciando lo esperó.

Después vieron al paisano
sobre el moro galopiando
y al pampa oscuro trotiando
perderse entre cielo y llano;
caballito soberano
de tradición inmortal,
en la guerra colonial
con los paisanos arrieros,
y con los gauchos guerreros
en la Historia Nacional.