miércoles, 16 de mayo de 2012

Orgullo gaucho



Dicen que en los tiempos de antes,
los hijos de nuestra Pampa
Donde vio la luz la estampa
que escribe estas consonantes
Eran gauchos ignorantes
por ser de origen rural
Y vivían, como tal,
alejados del saber
Pues no sabían leer,
ni escribir una vocal.

No puedo desconocer,
como hombre de buen sentido,
Que hoy el pueblo es más instruido
que en las llanuras de ayer
Pero sin saber leer,
ni escribir una vocal
En el rancho colonial
encontraba el peregrino
Un don de bien argentino,
y de cultura social.

¿Comparar? No hay semejanza
entre el ayer y el presente.
El ayer era otro ambiente,
otra vida y otra usanza.
No voy a hacer comparanza:
las cosas son como son
No puede haber parangón
entre el campesino rudo,
oscuro, estoico, ceñudo,
con el hombre de instrucción.

Nosotros nos hemos criado
sin más letras que la madre
Ni más maestro que el padre,
ni más cuna que el recado
Pero nos han enseñado,
hasta hacernos comprender,
Que es un humano deber
el respetar a la gente
Y obedecer dignamente
a la que nos diera el ser.

Nunca el gaucho analfabeto
trató a sus padres de "ché"
Siempre los trató de "usted"
con sacrosanto respeto.
Ese culto, ese concepto
del respeto paternal
Es todo un credo moral
por la raza transmitido,
venerado y comprendido
por la familia rural.

Ayer, el gaucho ignorante
en el rancho o en el llano,
con el sombrero en la mano
saludaba a un semejante.
Hoy un mocito estudiante
que aspira a ser un letrado
Se cruza por nuestro lado
sin mirarnos en la cara,
lo mismo que si costeara
el poste de un alambrado.

El más oscuro paisano
de los guasos del lugar
no se atrevía a pitar
en presencia de un anciano.
Hoy, en el concierto humano,
se ve a un imberbe escolar
impunemente fumar
ante las canas del padre,
del abuelo, de la madre...
¡En la mesa del hogar!

Si la educación presente
admite achicar al viejo
padre que le da un consejo
a un mocito adolescente,
si cabe el desobediente
dentro de la educación,
si eso es una devoción
en el mejor de los casos,
no lo cambio por los guasos
de mi vieja tradición.

Era la mujer de ayer
de una ignorancia supina
pero era más femenina
que la presente mujer.
Madre que engendró en su ser
una estirpe soberana
mezcla indígena-pampeana,
que son las dos razas buenas
porqué corre por sus venas
sangre pampa-castellana.

Hoy nuestra mujer moderna,
venerado sea su nombre,
fuma lo mismo que un hombre,
se embriaga en una taberna,
se sienta y cruza la pierna
como el hombre más vulgar,
calza botas de montar,
usa breech, polaina y fusta.
Cualquier deporte le gusta
más que el calor del hogar.

La mujer gaucha enseñaba
al hijo, desde muy tierno,
desde el regazo materno
a su modo lo educaba
y más de una vez contaba
diez hijos en su redor
y todos bajo el calor
de su sacrosanto ejemplo
honraban, como en un templo,
a la raza y al amor.

Solo ha tenido el llanero
por escuela y por lectura
el cielo azul, la llanura,
el caballo y el apero.
Y del argentino alero,
como sacra devoción
La maternal prevención
repetida a cada instante:
Respetar al semejante
es honrar la tradición.

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