jueves, 24 de mayo de 2012

Rosa Leyes, el indio (Vidalita)


Qué más da que yo le cante, vidalita,
si se quedó en el camino,
siempre de tosca y abrojos, vidalita,
Don Rosa Leyes, el indio.

Fumaba siempre la pipa, vidalita,
que le regaló el destino.
El era amigo de todos, vidalita,
y nunca tuvo un amigo.

Aunque inocentes, a veces,vidalita,
qué malos somos de niños.
Nos burlábamos, me acuerdo, vidalita,
de Rosa Leyes, el indio.

Le quitaron el caballo, vidalita,
mucho antes de haber nacido
y fue arriero de su vida, vidalita,
de a pie, como un peregrino.

Porque él era de otra raza, vidalita,
que el hombre blanco no quiso
que galopara la pampa, vidalita,
como Dios lo había previsto.

Un día se fue despacio, vidalita,
como abrazando al olvido.
Con un poco de tabaco, vidalita,
y una limosna de vino.

No hubo ni llanto ni duelo, vidalita,
por Rosa Leyes, el indio.
Su muerte, toda la vida, vidalita,
se la fue llorando él mismo.

Por eso qué mas da que yo le cante
si se quedó en el camino,
siempre de tosca y de abrojo
don Rosa Leyes, el indio.

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