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sábado, 28 de septiembre de 2019

Décimas al Viejo Pancho


(Dibujos: Vasco Machado)



Viejo que sos un pedazo
de las canciones del pago,
ya dulce como un halago
o fiero como un lonjazo.
Sos querendón como un lazo,
endecha de crudo encanto,
risa mojada con llanto,
cinta lindando en divisa,
sos una cosa mestiza
entre un rezongo y un canto.

Tenés sabor a carneada
cuando al caer en las brasas
cantan las gotas de grasa
como chicharras doradas.
Tenés tonos de alborada
como pecho de paloma;
tu madrina es una loma
y tu padrino es un cerro;
son música cimarrona
como tin-tin de cencerro.

Viejo que estás por entero
en lo que tiene sabor
a campo y a cardo en flor
o a chispazo de yesquero.
Estás en el grito 'el tero;
en el olor a carona;
en la pava barrigona
que cuelga bajo la cincha,
en el ñudo de la vincha
y en las trenzas de la piona.

Cantan en vos los zorzales
y blasfeman los matreros,
y resuellan los pamperos,
y cortan los pa j onales.
De todos los orientales
desmontaste en la memoria,
ya te acorraló la historia
digo, y nadie se me asombre,
que es un abrojo tu nombre
pegao al lomo 'e la gloria.

Viejo Pancho, estás en todo
y yo te canto por eso;
estás en el lao del gü.eso
de sabor como no hay otro;
en el corcovo del potro,
en la luz de la luz mala,
en las espinas del tala,
en las trenzas de mi china:
y en la palabra argentina,
y en la palabra orientala. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

El Indio

(Pinturas: Eleodoro Marenco)


Venía
no se sabe de dónde.
Usaba vincha como el benteveo,
y penacho como el cardenal.
Si no sabía de patrias sabía de querencias.
Lo encontró el español establecido:
pescador en los ríos, cazador en los bosques,
bravío en todas partes y cerrándole el paso
con arreos de guerra, vivo o muerto;
siempre como un estorbo, siempre como una cuña
entre él y el horizonte.


Modelado en barro de rebeldías,
pasa como una sombra, desnudo y ágil,
por los senderos ásperos de la Leyenda.
Esbelto, musculoso, retobado en hastío,
entre el cobre y el rojo estaba su color;
una señal de guerra le hacía punta a su instinto
y entonces, por sus venas
en vez de correr sangre, corría sol.


Estético instintivo
se ponía en el rostro los más vivos colores,
y en la cabeza plumas, como las aves bellas;
si el exceso de adornos no lo hacía más indio
cuanto más se adornaba se sentía más hombre.



Señor de la comarca,
por un pleito de caza con la tribu vecina
blandía su coraje afilado en el viento;
como los troncos de la flora indígena
era dulce por fuera y era duro por dentro;
su única dulzura temblaba en su lenguaje,
como en las ramas de la flora india
tiemblan las pitangas.



Vadeaba los arroyos en canoas;
entraba a las querencias de las fieras
o ambulaba durante varias lunas
en una aspiración horizontal
-curtido de intemperie,
rojo de sol o húmedo de tormentas-
en los días rayados de chicharras
o en las noches tubianas de relámpagos.



La conquista española enderezó sus rumbos:
y las tribus que erraban por rutas diferentes
se ataron en un haz, alrededor de un jefe,
para rodar a un tiempo como las boleadoras.


No sabía reír ni sabía llorar;
bramaba en la pelea como los pumas
y moría sin ruido, cuando mucho
con un temblor de plumas, como mueren los pájaros.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Payada

(Pintura: Molina Campos)


Especial para el diario: "La Prensa"-23/VII/61.-

1.Aquí me pongo a cantar
lo que me dicta la sangre.

2.La sangre es la tinta roja
y el tintero el corazón.

1.El corazón es la achura
en donde late la vida.

2.La vida es lo más preciado
que Dios al hombre le dió.

1.Le dió la vida, es verdad:
con orden de devolverla.

2.Devolverla lo más limpia
es misión del hombre bueno.

1.Hombre bueno es aquél hombre
que ama a sus semejantes.

2.Semejantes son los seres
que lucen los mismos rasgos.

1.Los mismos rasgos admiten
diferencias abultadas.

2.Abultadas son aquellas
cosas que ocupan un sitio.

1.Un sitio ocupan también
las cosas que ve la mente.

2. La mente ve aquellas cosas
que no se ven con los ojos.

1.Los ojos ven todo aquello
que tiene forma o color.

2.Color azul tiene el cielo
y el sol tiene color luz.

1.La luz la tienen los hombres
en el ver y en el pensar.

2.El pensar es luz que al hombre
sirve para ver a Dios.

Payada de contrapunto

(Pintura: Molina Campos)

1.
Aquí me pongo a cantar
lo que me brota del alma.

2.
Alma tiene el hombre bueno,
y el que no, es un desalmado.

1.
Desalmado es el pulpero
porque bautiza la caña.

2.
La caña que se bautiza
huele a pozo más que a iglesia.

1.
La iglesia suele ser pozo
donde se apoza la cencia.

2.
La cencia nunca se apoza
porque anda de mente en mente.

1.
Demente es el hombre loco
a quien le falta el baquiano.

2.
Baquiano es el que trabuca
las palabras como usté.

1.
Usté sabe que en las cuartas
sólo se enriedan los bueyes.

2.
Los bueyes que más se enriedan
son los que trabajan más.

1.
Y más -pa escrebirlo pronto-
se escribe haciendo cruz.

2.
Cruz se le pone a los muertos
para que vayan al cielo.

1.
Al cielo no van los muertos
porque lo que va es el alma.

2.
El alma es lo que perdura
cuando la vida se acaba.

1.
Y se acaba esta payada
porque mentamos el alma,
y el alma fue la palabra
principio del contrapunto.

2.
Y ya que el punto nombró
pongamos punto final,
que ansí se payaba enantes,
cuando era un lujo el payar.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Romance


Cuentan las mentas antiguas,
más antiguas de los campos,
que estos campos y estas nubes
vieron un casorio extraño.
Que un árbol, con una estrella,
una ocasión se casaron,
en el cauce de un gran río
haciendo su lecho blando.
Siendo luna y sol, padrinos;
siendo testigos, los pájaros;
sacerdote, el arco iris
y templo el cielo azulado.
Y que vivieron felices
-las mentas siguen contando-
pues burlaban la distancia
que separa cielo y campo,
dándose cita en el fondo
fresco del río embrujado.

Que vivieron muy felices
esa estrella y ese árbol,
y que tuvieron un hijo,
y que ese hijo fue el gaucho.

Que a tales hombres, por eso
tanto les gustaba, tanto,
conversar con las estrellas;
cielos vivir respirando;
volar de un confin a otro
en las alas del caballo;
abrazar una guitarra
que tiene alcurnia de árbol;
y si cumplida la noche
se perdían en los campos,
algún celeste lucero
servíales de baquiano.

Cuentan las mentas antiguas
más antiguas de los campos.

Yo sin leyendas ni fábulas
amada, también soy gaucho:
por ser un hombre poeta
-que es cielo y tierra cruzados-;
porque cumplo mi destino
de andar cielos respirando
en el color de tus ojos
que es el color del espacio;
porque oigo en tus palabras
todo el canto de los pájaros;
porque en tus suspiros siento
virazones de verano,
y son tus propios desvíos
ay, mis espinas de cardo;
porque eres una guitarra
cuando te tomo en mis brazos;
porque en la pampa de tu alma
vivo perdido y vagando,
en la pampa de tu alma
que es el mayor descampado.

Yo, sin leyendas ni fábulas
amada, también soy gaucho!

Romance de la tarde criolla

(Pintura: Tito Saubidet)
La tarde le va estirando
la crin al potro del viento.
Llega la luna enlunada
con la luna de los cuentos.
Pasa una bruja buscando
luces malas p'hacer fuego
y los ranchos agachados
se confiesan sus misterios.

Caballos en el palenque
atados por el cabestro
-déle que déle sonando
las coscojas de los frenos-
en el río verde y lejos
empapan sus escarceos:
música de fierro y lengua
para bailes de matreros.

El viento me tira el poncho
embanderándome el cuerpo;
al galopón galopando
entro y salgo del sendero
con una novia en la frente
que me va cayendo al pecho...
Con una novia en la frente
y en el cigarro un lucero.

Romance de la curandera


Los grillos son estrellitas
que han caído de lo alto,
estrellitas que se apagan
cuando uno se va acercando.

Pasa un criollo, jinete
en un caballo plateado;
va jineteando su sombra
al trote largo y elástico.

Las espumas del arroyo
se deshacen en un llanto,
y le ponen a la orilla
suspiros con cribos largos.

Un rancho de ojos abiertos
con un candil candileando,
tizna siete caras brujas
con su negro humo lacio.

La curandera recita
con los labios apretados,
un credo dicho al revés
para que no lo oiga el diablo.

La luna descalza y fría
a la puerta se ha asomado,
tendiendo sus piernas blancas
sobre el piso duro y pardo.

El enfermo espuma y gime
con una cruz en las manos...

En el aullido de un perro
la Muerte se va acercando.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Romance del negro criollo

Negro criollo, negro criollo,
el que yo nunca canté,
te estoy debiendo un romance
desde el fondo del ayer.
Negro criollo, patizambo,
sin derecho ni revés,
como la bota de potro
que se calza en cualquier pie.
Negro con risas de choclo,
tu risa es como un cartel
para que escriban los hombres
blancos la palabra "fiel".

¡Ay, lo que el blanco te debe,
ay, lo que hiciste por él!
Por uno que te fue justo
los injustos fueron cien,
vos sí que pagaste siempre
bien por mal y bien por bien.

Negro "pa todo trabajo",
como subrayaba aquel
documento que en el fondo
de un mueble viejo encontré.
Fuiste bueno para todo
sin capital ni interés,
"pa'un fregao, o pa'un barrido",
sin protestas y sin hiel.

Negro "pa'todo trabajo"
como un reyuno de ley,
en vos se paró la Patria
como quien dice en un pie.
¡Ay, lo que el blanco te debe!
¡Ay, lo que hiciste por él!

Negro criollo, fuiste infante
casi a la fuerza porque
el gaucho quería caballo,
no sabía pelear de a pie;
y fuiste la infantería
para morir a granel.
Nuevamente las espinas
te tocaron otra vez.

Negro de poncho canela
y ala echada para atrás,
con dos luceros de fierro
sujetos al calcañar.

Negro para enviar un chasque
y con la luna viajar
uniendo noche con noche
las dos juntas en un haz.
La noche se hacía día.
Quedabas viudo, ¡velay!
hasta que a las pocas horas
la volvías a encontrar.

Negro, para bien mandado
porque en vos todo era igual;
tanto cebar un amargo,
o cortar un temporal,
como velar un enfermo,
como domar un bagual,
como tocar a degüello
en llamado a degollar,
como dejarse vender
para el dinero aportar
al tirador del caudillo
y con él armas comprar
para defender la Patria
en tiempos de adversidad,
que así lo hizo el Pardo Luna
con Rivera el General.
(¡Ah, negro! ¡Llamarse Luna
como esperando blanquear!)

Negro criollo, sin derecho,
sin izquierdo y sin revés;
sirviente por todo el año,
pero el 6 de enero: ¡Rey!
Rey de galera y levita,
Rey "para servir a usted..."

Siempre estuviste "a las verdes";
las maduras, ya sabés:
fueron todas para el blanco
que "ansina había de ser".

Aquella "ley del embudo"
la conociste muy bien,
y aunque Moisés no la dijo,
es más vieja que Moisés:
Ancha arriba, angosta abajo,
cual tu tamboril, porque
¡por más lindo que tocaras
tu tamboril fue tu ley!

jueves, 28 de abril de 2011

Pampa y viento


En la Pampa inmensa;
en la Pampa que es campo y cielo.
Arenilla en la boca, en los pliegues del poncho,
en los bollos del sombrero;
arenilla en todo, arenilla hasta
en el ruido que hace el cuchillo
al salir de la vaina.
Y atrás, volando, el viento, borroneador de huellas;
el viento como un gran pájaro afónico
con alas invisibles y buche de nube de tierra.

Mi caballo al galope
va dejando una siembra de pisadas sin cuento;
pisadas para el pico,
pisadas para el buche,

¡Del viento!

miércoles, 27 de abril de 2011

Los potros




Son cuatrocientos potros
trotando, trotando, trotando.
Van como una tormenta
hecha de un trueno largo
y de una nube parda;
los cuatrocientos potros -casi todos de pelos oscuros-
van como una tormenta
con relámpagos tordillos, blancos.

Jinetes en caballos ha tiempo arrocinados;
sacudiendo los ponchos de calientes colores,
mal doblados en pliegues y colgantes del brazo,
con silbidos y voces
los troperos los van azuzando.

Así marchan los potros trotando, trotando, trotando
cuando encuentran un río
lo vadean a nado,
y por unos momentos solamente se ven
las cabezas ansiosas a flor de agua boyando.
Al salir a la orilla,
jadeantes y empapados,
agachan las orejas, se sacuden las crines,
relinchan unos cuantos,
y en seguida, otra vez
son cuatrocientos potros trotando, trotando, trotando.

Cuando llegue la noche, cumplida la jornada,
-previendo una posible disparada de potros-
los troperos harán cuatro fuegos bien grandes
que arderán a la vez en las puntas del campo;
luego, mientras vigile quien se quede de ronda,
hombres y animales buscarán el descanso;

¡Y los potros salvajes dormirán sin saber
que su albedrío ha muerto, y que lo están velando!

Puñal

(Fotos: Ra Tor)
Puñal,
eres el arma
que prefieren los hombres que no temen
acercarse al peligro.

Tienes mucho de gaucho;
eres de la familia de la guitarra;
de los anchos sombreros con barbijo;
eres el compañero del mate amargo
y el aliado del poncho.

Mi diestra a cosa alguna
ha acariciado tanto como a ti,
porque tu empuñadura es el objeto
que se amolda mejor a una mano cerrada.

Tu hoja y mi conducta no conocen
otro camino que el camino recto;
nos entendemos y nos completamos,
si yo contigo nunca tuve miedo
tú conmigo tampoco la tuviste.

Puñal,
nos completamos:
tienes mucho de gaucho
como yo tengo mucho de mi abuelo.

Eres un arma hermosa;
si en tu puño de plata hay flores de oro,
tu hoja de acero
en la primavera de nuestra historia
ha dado muchas veces flores de sangre.

Encerrado en la vaina tal como en un estuche
pareces un juguete inofensivo;
pero si te desnudo tu vaina queda hueca
como una puñalada que no cerrará nunca...
Pero si te desnudo pareces una brújula
que tuviera por norte un corazón.

Ahora
estás en decadencia, ya pasó tu apogeo;
tú eres de otro tiempo;
del tiempo de los novios ausentes
y los jopos románticos;
del tiempo en que te usaban los caudillos
hasta con los dedos recién mojados
en agua bendita.
Entonces te salías de la vaina
por cualquier cosa, hasta por una cinta;
entonces la carne te atraía lo mismo que un pecado,
y al matar perdonabas;
eras un poco de arma y un poco de crucifijo.

Puñal,
la conquista te trajo hasta nosotros;
viniste con el León y con la Cruz;
eres un español que se hizo americano
y en la América india -donde todo era grande-
te agrandaste dos pamos llamándote facón.

viernes, 22 de abril de 2011

Milonga para todos

(Pintura: Pablo Uriburu)

Aquí me pongo a cantar
al compás de la guitarra;
no tiene cintas celestes
ni blancas ni coloradas,
no es guitarra con bandera
no es nada más que guitarra.

Tanto me puede escuchar
el criollo como el gringo,
y ninguno de los dos
se ha de sentir ofendido;
los aprecio por igual
y hacia los dos me dirijo.

Yo no necesito cintas
para cantar de adeveras;
me basta embrazar un palo,
un palo hueco y con cuerdas;
en las violas de tal palo
caben todas las banderas.

Y canto y he de cantar
aunque se apaguen las velas,
aunque ninguno me escuche,
aunque me pasen la cuenta,
aunque me niegen un trago,
aunque revienten las cuerdas.

Lo que tengo que decirles
a toditos interesa,
tanto al criollo como al gringo
basta que esté en esta tierra;
por dentro somos iguales
la diferencia espor fuera.

Pero esa diferencia
se ha de borrar a la larga;
el sol y el aire de América
ha de emparejar las caras;
cuanto a las almas hay una,
ni blanca ni negra: humana.

El que nació en este suelo
como el que vino de otro
y aquí vive y le va bien
y sus hijos nacen criollos,
es de aquí como el que más,
como un cardo o como un potro.

La ley acá es para todos;
la ley no mira el color;
para todos el trabajo,
el dulzor o el amargor;
cualquiera sale de pobre
con baquía y con sudor.

Yo soy gaucho y le abro cancha
al que quiera trabajar;
que venga de donde venga
ya dejó de interesar;
al que tenga buenos brazos
la puerta de par en par.

Pero un momento, paisanos,
eso sí, tengan en cuenta
que aquí tenemos relojes
para relojear conciencias;
traigan la bolsa vacía
pero tráigannos decencia.

Y ya está dicho, aparceros,
-que a todos doy este nombre-
sepan llevarlo con honra
y que nunca se les borre;
este es el canto de un gaucho,
este es el canto de un hombre.

El mate amargo


No sé qué tiene de rudo;
no sé qué tiene de áspero,
no sé qué tiene de macho,
el mate amargo.

El sirve para todo:
para lo bueno, para lo malo;
él lava los dolores del pecho a cada trago;
es el cúralo todo en la casa del gaucho;
alegra la alegría y destiñe la pena,
el mate amargo.

Él es contemporáneo de la bota de potro,
y de las nazarenas, y de la guitarra;
pero de la guitarra que usa cintas
-como las chinas-
cintas celestes o coloradas.

En el campo
no hay boca masculina que rehuse besarlo,
ni manos callosas que no le hagan un hueco
¡al mate amargo!

¡Cómo me siento suyo; cómo lo siento mío,
al mate amargo!
Yo lo llevo disuelto en la sangre
como un jugo americano.

No sé qué tiene de símbolo
el mate amargo;
por el pico plateado de la bombilla
canta de madrugada como un pájaro guacho.

sábado, 8 de enero de 2011

El poncho

(Pintura: Jorge Campos)
¡Pobre mi poncho viejo, ya lo estaba olvidando!
Para que se oreara lo he dejado
extendido en el cerco;
y luego de una noche a la intemperie
amaneció cubierto de rocío,
húmedo de alborada,
húmedo y estirado
como si el viento se lo hubiera puesto.

¡Pobre mi poncho viejo, vas perdiendo el color!
También, no es para menos
con las lluvias y las tormentas
que te han lavado,
con los soles y los veranos
que te han secado;
y aún te quedan abrojos prendidos en los flecos:
abrojos amarillos
que parecen semillas de recuerdo.

En el baúl causabas
impredión de abandono, pero ahora
que te ha dado la noche, y el cielo, y el sol,
eres casi el de antes, todavía conservas
sabor a crin de potro, y a campo, y a fogón.

Pero entonces tenías algo de heroico:
el invierno y el viento te ponían romántico;
con tus listas marrones y con tus listas claras
flameabas en mi cuerpo como una bandera
de la que yo era el asta;
entonces
eras una bandera y eras un aletazo.

¡Cómo estamos de unidos uno al otro!...
Hasta el mal cuarto de hora que los hombres tenemos
me lo recuerdas con las dos quemaduras
que te hizo aquella bala,
esas dos quemaduras que son como dos manchas.

Aún estás saturado de otro tiempo;
del tiempo en que mi vida se agitaba
debajo de tu gran cuadrilongo,
y las puntas de mi golilla
se abrían en el aire, enlazándome el cuello
como si fueran dos bracitos blancos.

Poncho: cuando te extiendo no cabes en el cuarto;
te pasa lo mismo que a mí me pasaba;
cuando vine del campo no cabía en el pueblo.
Poncho
que después de una noche a la intemperie
amanece cubierto de rocío,
húmedo de alborada,
húmedo y estirado
como si el viento se lo hubiera puesto.

Gaucho

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Gaucho:
Naciste en la juntura de dos razas
como en el tajo de dos piedras
nacen los talas.

Con un poco de tierra y otro poco de cielo,
amasaste el adobe para construir tu rancho
-mismo como el hornero-.
Por eso yo te veo ascendencia de pájaro.

Eras,
una mitad liada abajo y otra mitad hacia arriba;
una mitad de tierra y otra mitad de cielo;
un mitad de carne y otra mitad de alas;
carne tu forma física;
alón tu forma lírica;
y si eso no bastara para llamarte alado:
alas en tu caballo,
alas en tu sombrero,
alas todo tu poncho.
alas, a media espalda flameando en tu pañuelo;
y alas también llevabas fijas en los talones:
las agudas rodajas de tus espuelas.

Gaucho:
naciste en la juntura de dos razas
como nacen los talas
en el tajo de dos piedras.




lunes, 10 de mayo de 2010

Milonga del hijo'e naide


Aquí me pongo a cantar
bajo la noche serena
mi desgracia que no es poca,
voy embretando mi pena
entre un verso y una copa.

Poco tiene que contar
mi vida que se deshoja
igual que el árbol o el yuyo,
una vida sin baruyo
como freno sin coscoja.

Poco ruido hacen mis males,
pero declaro que hay uno
que resueya por la herida,
no se cura con bebida
ni con remedio ninguno.

Sé que me nombran "el guacho"
porque soy un hijo'e naide,
y yo pregunto, caracho,
¿de qué clavel, entre tantos,
es hijo un clavel del aire?

jueves, 15 de octubre de 2009

Alma en pena



Con el sombrero gacho puesto sobre los ojos,
por el campo, en la noche, sin saber hacia donde
voy andando, andando,
detrás de la estrellita roja de mi cigarro.

He pasado tres veces por el mismo sendero,
y tres veces me he herido en las mismas espinas,
andando, andando,
detrás de la estrellita roja de mi cigarro.

Mañana los vecinos dirán y con razón,
-prendiéndole a la Virgen un cabito de vela-
anoche por el campo anduvo una luz mala;
anoche por el campo anduvo un alma en pena!

Romance de los dos cuchillos


I
En un barco, desde Europa,
varios cuchillos vinieron
procedentes de una fábrica
renombrada por su acero,
y en la lujosa vidriera
de una casa de comercio
fueron mostrados con arte
junto con otros objetos.
Pasó un señor bien trajeado,
se detuvo un punto al verlos;
entrando, compróse uno
de los cuchillos del cuento,
y al capataz de su estancia
lo envió en el primer correo.

El otro también fue al campo
llevado por un pulpero,
y estando para su venta
en la pulpería expuesto,
fue a parar por unos pesos
a la cintura de un criollo
de ancha barba y pelo suelto.
Y ahora que ya tenemos
a los cuchillos con dueño,
vamos a ver cómo fue
que un día se conocieron.

II
Como formando una equis
se cruzaron los aceros,
y luego de unos segundos
esa letra deshicieron
para seguir, en su esgrima,
dibujando el alfabeto;
esgrima que el hombre hacía
entonces, desde pequeño,
y venía a constituir
uno de sus parcos juegos.

La esquina o la pulpería
con techos de paja o cielo
fueron las típicas canchas
para esta clase de duelos,
a los que "vistear" llamaban,
o "barajar", lo recuerdo,
cuando era para entrenarse
o para matar el tiempo.
Y como todas las cosas
de aquellos bárbaros medios,
lo que empezaba jugando
a veces concluía en serio,
ya que solía ser con sangre
el mencionado visteo,
y a la vista de la sangre
el instinto rompe el freno.
Así peleaban los hombres
esenciales de otro tiempo,
acero venciendo al fierro,
coraje venciendo al miedo.

Tras los labios apretados
se asfixiaban los denuestos,
con más filo y con más punta
aún que los mismos aceros.
En esgrima cimarrona
el poncho en el brazo envuelto
paraba las puñaladas
haciendo de escudo el pecho.
Abajo, dos paralelas
formaban los pies derechos
a una prudente distancia
asentados sobre el suelo,
"haciendo la pata ancha",
como dice el refranero,
que es un decir muy jugoso
y tiene sabor a pueblo.

Las vainas en las cinturas,
cual puñaladas de cuero,
aguaitaban sin premura
el retorno de sus dueños,
que a veces volvían con sangre
como trágico recuerdo,
y a veces nunca volvían,
que el viaje había sido eterno.

III
Pasó el tiempo, y los cuchillos
fueron a dar al museo,
sin saber una palabra
del destino de sus dueños.
El asombro de los tales
iba en continuo aumento
al observar cuánta gente
se paraba para verlos,
hasta que un día ¡por fin!
descifraron el secreto.

Lo que soñaron en vida,
o desearon ser, sus dueños,
los cuchillos en mensaje
misterioso recibieron
(permítanme esta mentira
por ser bella y ser en verso)
y así, escuchando la voz
que les venía desde lejos,
uno dijo con orgullo
respondiendo el compañero:
-"Yo fui de un tal Juan Moreira"
-"Y yo de un tal Martín Fierro".

Leyenda de la flor de ceibo


Me lo dijo un indio viejo y medio brujo
que se santiguaba y adoraba al sol:
los ceibos del tiempo en que yo era niño
no lucían flores rojas como hoy.

Pero una mañana sucedió un milagro,
-es algo tan bello que cuesta creer-
con la aurora vimos al ceibal de grana,
cual si por dos lados fuera a amanecer;

Y era que la moza más linda del pago,
esperando al novio, toda la velada,
por entretenerse se había pasado
la hoja de un ceibo por entre los labios.

Entonces los ceibos, como por encanto,
se fueron tiñendo de rojo color...

Tal lo que me dijo aquél indio viejo
que se santiguaba y adoraba al sol.

Romance de la tardecita


La tardecita se esconde
bajo el ala de los pájaros;
del sol sólo queda una
resonancia en colorado.
Se apagan las enramadas
tendidas en cuatro palos;
se iluminan las guitarras
con la llama de los cantos,
y en los lustrosos palenques
una fila de caballos
está mascando la plata
de una luna de verano.