"...guacho y gaucho me parecían lo mismo, porque entendía que ambas cosas significaban ser hijo de Dios, del campo y de uno mismo". (Don Segundo Sombra)
Chotis recopilado por el músico Rufino Leguizamon.
Repertorio de música criolla tradicional de la Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Lorenzo Vivanco en acordeon , Martin y Carlos Pereyra en guitarra.
Nos cuenta Fernando O. Assuncao, Olga Fernández Latour de Botas y Beatriz Durante en el libro:
"Bailes Criollos Rioplatenses":
El Chotis o 'Schottisch', no sería ni más ni menos, en sus principios, que una variante, muy leve por cierto, de la antigua 'éccosaise' (una contradanza al modo inglés pero bailada a saltitos), hasta el punto que el maestro Curt Sachs afirma que se originó de la inclusión en la coreografía de aquella, de vueltas al modo de Vals. Sea como fuere, con sus compañeras generacionales La Polca y La Mazurca, arribó a estas playas por la cuarta década del siglo XIX. No le fue fácil, como tampoco lo fue para aquellas el imponerse y de ello dan noticias unos chuscos versos de un periódico de entonces:
"Son el Schotisch y Polca muy airosos
si se bailan, cual deben, con decencia
Si no en jiros obscenos y furiosos
Se estropea el pudor y la inocencia". (Tomado de Lauro Ayestarán, La música en el Uruguay):
Conocido en Argentina como Gato de Geoffroy. "El más Argentino de los gatos". Rango geográfico: centro de Bolivia, Paraguay y sur de Brasil hasta el estrecho de Magallanes. En Argentina está en todas las provincias excepto en Misiones y Tierra del Fuego. Ocupa una gran variedad de ambientes. Desde los bosques y matorrales deciduos del Gran Chaco hasta la estepa semiárida de la Patagonia, pasando por humedales, selvas en galería, pastizales y arbustales.
Ha sido muy útil en la conservación de árboles como el sauce y el álamo, gracias a la orina de este gato. Debido a que, suele funcionar como pesticida natural, ayudando a mantener el equilibrio del ecosistema.
En este sentido, la orina de este animal, no sólo sirve para eliminar las plagas de insectos, sino que además ahuyenta a otros animales como ratones, ciervos y conejos que causan daños en las plantas.
Suele ser perseguido por los campesinos que se sienten amenazados, porque el Montés ataca sus gallinas.
I
En tuita botica busco
para mi mal un Remedio
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
como no puedo encontrarlo
lloro mi mal sin consuelo.
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
Salí Remedio salí
a curar el mal de amor
el que sufre y no se cura
muere en brazos del dolor.
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
el que sufre y no se cura
muere en brazos del dolor.
II
Tengo un dolor yo sé dónde
y me duele un yo sé qué
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
me he de sanar yo sé cuándo
si me cura quien yo sé.
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
Salí Remedio salí
a curar el mal de amor
el que sufre y no se cura muere en brazos del dolor.
Jaralaira, jaralaira,
jaralaira, jaralá.
no permita Dios que muera
en los brazos del dolor.
Yo soy del sur bonaerense
y cuando estoy mudanceando
pongo nombre y apellido
por si me andan precisando.
Bota'e potro o bota fuerte
según el cómo y el cuándo
solito o de contrapunto
si gustan, vamos probando.
Sirva giñebra, patrón!
y empareje el guitarrero
que me hormiguean las tabas
palpitando el entrevero!
Que "no ha golpeao en tapera"
váyase Don enterando!
Se alza una voz varonil
y el ruedo se va formando.
Malambo por sol y sol
la guitarra está invitando
y dos criollos frente a frente
los fierros están chairando.
Bonito el escobillao
con el que se están tanteando,
media res de arriba, quieta,
y la otra media bailando.
Limpio el repique delata
que no es de crudos la yunta
yendo de uno al otro pie
un lujo de taco y punta.
Bajito... que has juntao agua!
pondera un viejo taimao,
y el mozo que está bailando
no se da por enterao.
Y se cruzan las apuestas
y menudean las chanzas
y en el dar y devolver
se suceden las mudanzas.
............................................
Baile de hombres si los hay,
no importa dónde has nacido,
solo importa que prendido
de los paisanos garrones
todos los patrios rincones
supieron de tu existencia
y si tuviste querencia
alguna vez... yo colijo
que en estos pagos, de fijo,
se ha de hallar tu descendencia.
I
Mujer cuando la pampa era una herida,
un padecer continuo y sin palenque,
mujer de nombre hallado en las memorias
que duran hacia el Sur y hacia el Oeste
con la voz amarilla y desgajada
de una lenta torcaz sobreviviente.
No se ha dicho su elogio todavía
en oda nacional de alto copete,
ni sus mentas retumban en la Historia
(la Historia es de los hombres solamente).
Qué mármoles, qué bronces la agasajan,
qué cantar en el viento la sostiene,
qué día entre los días conmemora
su corazón celeste,
su hechura de humildad y sacrificio,
los tumbos incontables de su suerte...
II
MUJERES hondas, chinas fortineras,
que en todos los fandangos de la pampa
esgrimieron su audaz coreografía,
su pecho en madurez, como una espada,
para atajar los crótalos del aire
y los agrios chiflidos de obsidiana.
Parejas en el darse hasta el extremo
y todas ellas de distinta laya,
las había de trigo y aceituna,
las había de tez acebrunada,
de un templado color de greda antigua,
morenas más subidas y más claras,
como la miel silvestre y como el vino,
como un puro tizón, así de ahumadas,
y entre tanto pelaje anochecido,
a veces el candil de una alazana
con hilachas de sol en los cabellos
y un extraño país en la mirada.
Pero todas iguales en la hechura, todas ellas como estacón de tala.
III
MUJER cuando la pampa andaba a gritos,
cuando el Desierto olía a sangre y muerte
disparando con púas en el lomo,
y era el coraje como pan caliente;
guardadora vital de la esperanza,
lámpara fiel erguida a la intemperie,
hembra y soldado en yunta silenciosa
en el estribo anónimo del Fuerte.
Los días le comieron hasta el nombre
y un apodo fue más que suficiente
para mentar su intrépida substancia
y aquella reciedumbre de su temple.
Así fue Pocas Pilchas, Rosa Mala,
La Tigra, Botón Pampa o Pasto Verde;
hembra dulce, bravía o taciturna,
hembra enteramente
(de las que no cuerpean el castigo
ni eligen los colores de la suerte),
y tan capaz, si la ocasión se pinta
de bajarle la prima al más valiente.
IV
TODO el hogar cabía en sus espaldas
y duramente lo llevaba a cuestas
a través de las múltiples llanuras,
del crudo galopar y las contiendas
(los cachorros prendidos en su seno
como frutas morenas).
Soldado en los apuros y servía,
y dos veces soldado en su guapeza
porque peleaba adentro con la vida,
porque peleaba con la muerte afuera.
No, no hay canto que dure en los cordajes,
ni alabanzas de mármol, ni retreta,
para esa china que midió el Desierto
hasta el confín del hambre y de la pena
y anduvo con sus huesos comedidos
por siete comandancias de frontera.
V
MAMA Carmen, milica de una hebra
y como luz en la Frontera Oeste,
acometiendo al orgulloso pampa
con insólita tropa de mujeres.
(Son dieciséis sus muertos por la patria,
y dieciséis los frutos de su vientre).
Mama Pilar y Mama Culepina,
manos oscuras con un algo duende,
incontables de ungüentos y experiencia
para ahuyentar gualichos inclementes;
hechas de amor para las nueve lunas,
hechas de amor y de esperanza siempre.
Presentación, La Parda, tan madura
en el oficio del valor ecuestre;
la tropilla de patrios y la indiada
la tenían de peona a combatiente,
y valiéndose sola en las amargas
lejuras del tehuelche.
VI
Y CUANDO el hombre dobla la cumbrera
quebrantado por lanzas y fatigas,
con los ojos untados de penumbra
y un mordisco animal en las heridas,
allí está desvelada en su corambre
como una diosa antigua,
con el aceite tibio de sus rezos
corriéndolo a mandinga.
(Es la misma mujer que entró en sus noches,
le dio calladamente sus primicias,
y retornó en el hijo iluminada
como una flor abierta a mediodía.
Es la misma del mate socorrido,
la que le pule al sol las tristes pilchas,
y las compone con un lento hueso,
y le borda un clavel en las vigilias).
VII
MUJERES de frutal veteranía,
con un sonoro ritmo de estilete,
como aquella sin par china artillera
que ciñóse el galón de subteniente
casi en el mismo hervor del entrevero,
a fuerza de enredarse con la muerte.
Mozas gauchas de rústico donaire
como aquella cuyana floreciente
que acicateó a los hombres con su hechizo
en la embestida del setenta y nueve,
esa dorada alondra del Desierto
que anidó en el Neuquén: la Pasto Verde.
VIII
Y SI el malón les daba algún resuello,
del fondo de algún cofre silencioso
ella sacaba cintas y verdores,
un pequeño caudal tibio y redondo
para adornar un tiempo deleitable
que apenas era un soplo.
Y el zumo penetrante de una danza
le corría en los dedos y en los ojos,
corcoveaban sus trenzas aguerridas,
y sus pechos, baguales impetuosos.
Después, en las orillas del malambo,
envuelta en un pañuelo de sonrojos
prendíase al hechizo de la espuela,
al repique caliente y jactancioso.
Afuera estaba el tiempo detenido,
la noche soterraba los despojos,
y era tanta la luna que dolía
con un dolor antiguo y misterioso.
(Bajo el liviano pie de las guitarras
yacía el crudo espasmo de los potros).
IX
SE SIENTA a contemplar, con sus espectros,
esa encuerada faz del infinito,
esa llanura fría y persistente
como una larga percusión de olvido;
el confín engañoso, tan callado,
y tan cercano al grito;
el humo de la estrella solitaria
-espejo sideral de su destino-,
con ese modo oscuro, desdoblado,
de estar y haberse ido,
el adios que en sí mismo se disuelve,
un gesto sin caminos.
En el hondo regazo de la pena,
sus ojos, tan antiguos,
sus ojos como pájaros de lluvia,
están en duermevela. Y fugitivos.
(La vida... qué es la vida, Mama Carmen,
si la patria melló todos tus filos,
si ya estás medio muerta de tan sola,
si no te quedan hijos...)
X
ASI fueron las hembras anteriores
que se honraban de andrajos y bravura,
cuando más despilchadas más ardientes,
más fieras al rigor de las hambrunas.
Sobre sus cueros se escribió la patria
con grafías de sangre y desventura,
y ningún resplandor les fue otorgado,
ni metales de honor, ni gloria alguna.
En servicios de arrear las caballadas,
en calabozos y galleta dura,
en hondos costurones de miseria,
en clima solitario de lechuzas,
mordiendo su ración de casi nada,
soñando con fugaces charamuscas
(pañuelos de color y agua florida,
y abejas de percal en la cintura),
ellas dieron sin cesar, hasta las últimas,
como si todo fuera necesario,
su empuje, su yacer y sus penurias,
los hijos para abono del mañana,
y el corazón hirviendo en mataduras.
Y ningún resplandor les fue otorgado,
ni metales de honor, ni gloria alguna.
Hoy son huesos de nadie que disuelve
la agraria esplendidez de la llanura...
Cuando el sol ilumina
sobre las aguas,
un incendio de angustias
me quema el alma.
Y en las rubias arenas
busco tu huella,
cuando el mar con su espuma
la playa besa.
Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...
A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.
El verdor de tus ojos
en la distancia
me mantienen cautiva
de tu mirada,
Si a mi grito callado
lo lleva el viento,
él habrá de contarte
¡cuánto te quiero!
Voy dejando la huella
que tú dejaste,
mi corazón herido
sale a buscarte...
A la huella a la huella
de los recuerdos
y un castillo de arena
que borró el tiempo.
A la huella a la huella
de los recuerdos,
que me endulcen el alma
como tus besos.
Andabas la siesta aquella, corazón de solitario,
derramando tu silencio,
las flores de tus cacharros.
Y entrabas al monte verde,
a su rumor emplumado,
cuando se queja dormido
el pájaro de los llantos.
Clarita me vas andando,
agüita dulce, temblor...
¡Ay, y allá;
por las cañas de Castilla,
cantará, ay, allá,
tu flor, tu flor.
A la muchacha del agua
ví que le andabas buscando,
que por las rojas verbenas
fuiste siguiendo su rastro.
Su boca color de gema
te desnudó sus milagros
porque su alma sabía
que la buscabas, amargo...
Como pa'saber algo más: Hace más de medio siglo Eulogio Fernández García, padre del recordado músico Enrique Fernández Mendía, instaló una bomba de agua en medio de la travesía. Fue en el kilómetro 254 de la ruta nacional 35 entre Padre Buodo y Ataliva Roca. Alrededor de la bomba crecieron cañas de Castilla y el lugar se convirtió en el parador obligado de los viajeros, de los sedientos que encontraban el reparo y las albricias del agua en medio del desierto. El poeta Juan Carlos Bustriazo Ortíz, amigo de Fernández Mendía y constante recorredor de la zona, le dedicó un bello poema que luego fue musicalizado por Oscar García: Agüita del Médano.
Vengo de lejos amigos míos, aquí mi seña les voy a dar, vengo de lejos, soy de Corrientes, soy forastero del Iberá... Nací en el yugo, sufrí la lonja, nada en la vida me asusta ya, como el carpincho juego en el agua... Soy forastero del Iberá.
Igual qu'el toro me afirmo al suelo si es que me quieren atropellar... y cuando en sueños levanto vuelo mi vuelo es manso como el chajá... Traigo en el alma brillo de luna y el silbo dulce del pajonal, canto a mi nido desde la cuna, soy forastero del Iberá.
En mi guitarra las cuerdas tensas templadas traigo para cantar, no escondo nada bajo el ponchillo y es siempre franco mi caminar... Pero prevengo "chaque"* la ofensa porque el insulto no se aguantar y porque el filo de mi cuchillo tiene veneno de yarará.
A todos tengo por mis amigos, a todos voy "co" a respetar, digan, paisanos, digan conmigo ¡Viva la Patria, bella heredad! Y a vos te digo, dulce morena, "eyú* cohapé* che consola" no tengo espinas, soy yerba buena, soy forastero del Iberá.
"Para mí la cola es pecho
y el espinazo es cadera
hago nudos ande quieran
y de lo que encuentro como
me echo tierra sobre el lomo
y me apeo en cualquier tranquera".
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Coplas de tierra y agua
charcos y ramas, que digo
charcos y ramas.
La voz de Santos Vega
nace a la patria, que digo
charcos y ramas.
Un pájaro en la boca
pampa y distancia, que digo
pampa y distancia
y el polvo del camino
florece y canta, que digo
pampa y distancia
Y apretando los dientes
canta mi raza, ¡ahijuna!
canta mi raza.
"Y dejo correr la bola
que algún día ha de parar
tiene el gaucho que aguantar
hasta que lo trague el hoyo
o hasta que venga algún criollo
en esta tierra a mandar".
La pureza de un yuyo
dentro del alma, que digo
dentro del alma...
resuella en el galope
de su guitarra, que digo
dentro del alma.
Por eso un canto criollo
como los de ahura, que digo
como los de ahura...
Un diablo los condena
y otro los mata, que digo
como los de ahura.
Ah! mandinga el progreso
nos avasalla, ¡ahijuna!
nos avasalla.
Yo soy del prado, mi alma,
soy Azuleño,
donde la mata es verde
como mi sueño.
Como éste sueño mío
que no se alcanza,
pero se pone a tiro
de la esperanza.
Estribillo: Vámonos al prado que allá sólo van, las almas, viditas, que amándose están.
Una vuelta "quererme", me prometiste, otra vuelta, vidita, te arrepentiste. Esperanza, esperanza que llegue un día, a la flor de mi prado tu lozanía.
............................
Yo soy del prado, mi alma,
soy de Las Flores,
allí todos cantamos
sin ser cantores.
Yo soy del prado, vida,
donde no hay penas,
allí solo florecen
las cosas buenas.
Estribillo:
Vámonos al prado que allá sólo van, las almas, viditas, que amándose están.
En una vuelta el cielo vide en tus ojos, en otra vuelta el fuego de tus enojos.
Vamos al prado vida, ¡vení conmigo! y regarás las flores de mi cariño.
(Pintura: Eleodoro Marenco)
Salía como jugando
rumbo a la loma,
se internaba en el monte
como una sombra.
Ansina usaba el tiempo,
pasaban horas
fue cazador de oficio:
Pedro Quiroga.
Estribillo:
Un guitarrero de antes,
meta bordonas,
un silbido jugaba
siempre en su boca;
un colorao montaba
de buena soga
y el machete metido
en las caronas...
A la huella, huellita
hoy se hizo sombra,
fue cazador de oficio
Pedro Quiroga.
Un día como siempre
se fue a la loma,
el machete, un silbido
y haciendo ronda.
Fue creciendo el misterio
y el viento sopla,
se han borrado tus huellas
Pedro Quiroga.
Estribillo:
Un guitarrero de antes,
meta bordonas,
un silbido jugaba
siempre en su boca;
un colorao montaba
de buena soga
y el machete metido
en las caronas...
A la huella, huellita
hoy se hizo sombra,
fue cazador de oficio
Pedro Quiroga.
El malambo se baila contrapunteando
escenario lógico: la pulpería.
Suelta la guitarra su ritmo bravío...
de la guitarra se contagian
las rodajas de las espuelas
cuyos pinchos lo inoculan al piso de tierra
que enardecido por la inyección
y acobardado por los pinchazos
se rebela y quiere irse, alzándose en polvareda.
La atención religiosa del auditorio
tonifica los músculos del bailarín.
La misma pulpería se asoma al espectáculo
por la pupila dorada de la botella de caña
que tiembla en el mostrador.
El bailarín
en un alarde imposible de agilidad,
zapatea avanzando y retrocediendo
con pasos cortos y precisos,
fintea con las espuelas
como para despistar de sus intenciones
a un rival imaginario.
Arranca,
zapatea avanzando
y sobre las barbas mismas del contrincante
remata la mudanza de un staccato con brío
como si quisiera
remacharse al piso
para hacerle pata ancha a una embestida.
Pero el malambo va más allá,
hay mudanzas en que el bailarín
sale al medio cuchillo en mano
y al compás de la música
lo va chairando en la bota...
y otras en que lo clava en el piso
y le zapatea alrededor
como en un grito salvaje de adoración.
Enfrenta la liturgia al terminar
la copa de caña que le valió la proeza
es como un cáliz que se alza
en la noche de coraje!
"Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música..." Jorge Luis Borges
"La pampa, señor, es como la serpiente..., lo magnetiza al hombre, lo encanta y lo adormece, y al fin se lo devora". (G.E. Hudson)
Visite al Gauchoguacho en...
Estancia "La Brava"
Pampa
Madre. Horizonte. Soledad. Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva...Cuna, sepulcro y sustento. Creadora del gaucho afirmativo, del caballo amigo de la distancia, del puma escondido y del chajá ascendente. Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta...¡Tú que das resignación al pequeño, empampado de infinito! Ricardo Güiraldes.
El hombre nacido en la pampa tiene todo el cielo y todas las estrellas que parece que se le vienen encima. Tiene las primeras luces del sol a la mañana y las últimas del anochecer. El horizonte es la primera abstracción para el hombre, ya que es una línea que se ve pero que no existe, porque en la medida que avanza, se aleja más. Nunca va a encontrar el horizonte, sin embargo está ahí. Entonces el canto de ese hombre es reflexivo, intimista, profundo, como asombrado por la grandeza de la inmensidad. (Suma Paz)
"La pampa con su mutismo imponente y su monotonía tan característicos, predisponían poco a la locuacidad. -'El campo es tan lindo, me decía cierta vez un gaucho, que no dan ganas de hablar" Leopoldo Lugones
Paisajes
Pareciera que se agacha la huella del horizonte, y uno se pierde en el monte hasta hallar una lomada. La tierra parece nada y en ella se afirma el hombre.
Presentación
De n'antes
De ranchos y taperas
Pa'la moza
Sucedidos
Oficios
Nuestros paisanos los indios
Cosas del campo
Baguales
Jenofonte dice que al andar a caballo se siente la necesidad de que a uno le crezcan alas... Así el caballo resulta no sólo maestro del músculo sino también del alma... El caballo educa, rige al hombre y le da una filosofía propia. La filosofía de un jinete es distinta a la de un caminador...En el caballo se aprende la vida. Sobre su cabeza nace la lejanía y entre sus cascos se fatiga la tierra. A todo el que va jinete en su caballo su soledad lo acompaña. (Eduardo Jorge Bosco). ..................................................................................
A un domador de caballos
"Cuatro elementos en guerra forman el caballo salvaje. Domar un potro es ordenar la fuerza y el peso y la medida: Es abatir la vertical del fuego y enaltecer la horizontal del agua: poner un freno al aire, dos alas a la tierra..." (Leopoldo Marechal)
Juiiira perro
Bichos de mi tierra
De chacota.
Canto con jundamento
Viva la Patria
Aquí me pongo a cantar
Cruz diablo
"He dicho muchas veces que aquí recibí mis primeras lecciones de abismo y de absoluto.
El cielo me las dió, me las dió la llanura abierta y desmesurada. (Olga Orozco).
Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides
siempre he cruzao a los aires
como el pájaro sin nido,
cuanto sé lo he aprendido
porque me lo enseñó un "flaire".