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jueves, 13 de abril de 2023

El tostao y la pulpera

(Dibujo: Tito Saubidet)

 







Llegó en un pingo tostao,

pampa, muy bien definido,

y dicen que había venido

de los pagos del Calfiao.

Prolijamente ataviao

al estilo bien surero:

de botas, poncho, sombrero,

de carpincho el tirador

y aunque era pión domador

lucía como un estanciero.


 Y al ver la ocasión propicia

se apió en el “Rincón de Lera”

a donde hay una pulpera

más linda que una caricia,

que ha sido y es la codicia

de los criollos lugareños

y por más que han puesto empeño

en robarle una atención,

dicen que su corazón

no ha reconocido dueño.


 Después que manió el tostao

debajo de un sauce chico,

lo acarició en el hocico

y lo alivió del bocao,

y una vez que hubo dentrao

saludó con cortesía

y aunque mucha sed traía

al ver una flor tan bella,

ni reparó en las botellas

que había en las estanterías.


 Era además el paisano

guitarrero y buen cantor

y había sobre el mostrador

siempre una guitarra a mano.

La pulsó y derecho al grano

le cantó en forma precisa,

y al notarla escurridiza

le buscaba en notas suaves

para encontrarle la llave

del cofre de su sonrisa.


 Y como haciendo la armada

pa’ pialarle esos ojazos

siguió juntando retazos

de canciones olvidadas.

Y cuando en la madrugada

le relinchaba al lucero

aquel criollo forastero

que tan lindo había cantao,

se despidió y al tostao

le entro a acomodar los cueros.


Y antes que la cerrazón

viniera a opacar la luna

salió bordeando unas dunas

que escoltan a un cañadón.

Y quedó triste el patrón

de la “Pulpería de Lera”

al ver que allá campo afuera

se va achicando su estampa

que ancas de un tostao pampa

lleva una hermosa pulpera.



domingo, 19 de julio de 2020

Blas Ardao El Bagayero (Relato)

(Pintura: Molina Campos)



Blas Ardao tenía una novia
fruto de un rancho muy pobre,
casi aripuca, nacido
mismo en las barbas del monte.

Más que nacido, allí estaba
como esos zarzos que pone
la resaca de los ríos
en sarandíes y molles.

Alrededor del ranchito,
tradición de pescadores,
tendido al sol, el trasmallo;
varado en la arena, el bote;

más allá, playa y ausencia...
Arriba... lunas y soles.
...Linda y buena la chinita.
De apelativo, era Gómez;
y de nombre... Flor Celeste
-por la flor del camalote-.
Mestiza; de ojos rasgados
a filos de medianoches,
solía empolvarse el cabello
con rocío, y era entonces
que -por no llevarlo suelto-
se lo ataba con canciones.
Sólo tuvo una ilusión:
ser de su Blas.
                       Pero entonces,
bendecidos por el cura
y -con ser huérfana y pobre-
llevar un vestido blanco
con encajes y con flores.

Blas, un mozo bagayero.
Bien de la costa. Muy hombre.
Capaz de domar el río
que - cuando viene salobre-
se levanta en cerrilladas
de corcovos cimarrones.

Era un "dorao" en el agua!
Había que ver los colores
con que el sol le resbalaba
por los músculos de bronce!

Sólo tuvo una pasión:
Flor Celeste.
                    Pero entonces,
era su ley no casarse
sin adornar sus amores
con aquél vestido blanco
que era el sueño de la pobre.

Pensaba... en "el otro lao".
Después de juntar cobres,
ya lo hallaría en El Tigre
o en San Fernando o en donde
pusiera Dios un vestido
con encajes y con flores.

Primero... por ser su oficio.
Y después...por ser muy hombre
cuajar en seda y peligro
su ilusión y, entre rubores,
entregarle aquél regalo:
"... Pa'vos, Flor Celeste Gómez!".

El Paraná de las Palmas
y el Miní, vieron cien noches
cruzar su larga canoa
cortando las cerrazones
o soslayando la luna
por la sombra de los montes.

Mire que corrió peligros!

Un guardacosta una noche
le ametralló la canoa,
y se salvó porque el pobre
sabe tener Dios aparte
si el coraje le responde.

Lo sacó  esa vez en ancas
un zarzo de camalotes
donde halló una flor celeste
como Flor Celeste Gómez.

Después ganó una ponchada
de estrellas, lunas y soles.

Fue y vino. Trajo esperanzas
y llevó desilusiones.

Los remos en los toletes
iban lustrando aquél nombre
de flor que siempre se abría
cuando cerraba la noche...

Hasta que un día en la playa
le confesó a tropezones:

"...Voy a buscarte el vestido.
"Anduve juntando cobres...
"Si Dios me ayuda en el río
"volveré pronto y ...entonces,
"vamos a hablar con el cura
"por fin... Flor Celeste Gómez!".

Pero ella, ya lo sabía:
Se lo anunciaban los golpes
del corazón en el pocho,
la playa, el cielo y el monte,
y hasta el río le cantaba.
"Por fin, Flor Celeste Gómez!".

Es duro ser bagayero...
Pero hasta es lindo ser pobre
para juntar la esperanza
de a poquito... cobre a cobre.

Flor Celeste rezó mucho.
La vieron los pescadores
varias veces en la playa
y en cruz con el horizonte...

Varios vestidos de novia
le dieron las cerrazones;
tiaras cuajadas d'estrellas
puso en sus sienes la noche;
la brisa vino a ofrecerle
marchas nupciales, y el monte
sus profundas catedrales
sin oro, plata, ni bronces.

Al fin...
             Ardió todo el tiempo
de la espera, y una noche
llevó a Celeste a la playa
su sueño de camalote.

Pero esa noche, bramaba
la sudestada...
                       Esa noche
las manadas del oleaje
quebraron el horizonte.

...De rodillas en la arena
-tronchada flor de temores-
se fue desgranando en lágrimas
como un rosario salobre.

Blas, ya estaba de regreso.

Luchaba entre los fulgores
de unos relámpagos bajos
que taladraban la noche
mostrándole cerros de agua,
bayos... oscuros... deformes...

Un rayo fundió las sombras
y el cielo combado en bronce
retumbó  bajo la furia
de los truenos;
                       desde entonces,
todo el tiempo fue granizo
descolgado en chaparrones
ocultando la canoa,
hasta que un tronco de molle
que giraba en la creciente
se la hundió de un solo golpe.

Blas, luchaba todavía;
nadó mucho.
                     Casi sobre
la costa, rayando el alba,
se dejó hundir con un nombre
de mujer entre los labios:
"Adiós... Flor Celeste Gómez!"

A los pies de Flor Celeste
llegó un vestido esa noche...
Se lo trajo el Uruguay,
padrino de sus amores...

Los tules eran de espuma,
flores del monte las flores,
y el río pasó cantando:
"Adiós, Flor Celeste Gómez!".



miércoles, 2 de octubre de 2019

De Ley


(Foto de carrera cuadrera del Archivo General de la Nación)


Se proyectó una carrera
para el día de la raza
cuando el dueño de la casa
daba una fiesta campera;
es tiempo de primavera
cuando el amor se perfila
y la laguna tranquila
sirve de espejo a las garzas,
y cuando están las comparsas
en lo mejor de la esquila.

Al caballo del patrón
de la casa en que la fiesta,
resultaba una protesta
a toda desolación,
lo corría un mocetón
todo orgullo de paisano
y se sabía de antemano
que era un listo corredor,
el mejor esquilador
del capataz: don Cipriano.

Cierto señor vanidoso
era el contrario mentado
quien muchas había ganado
en la ley o por tramposo,
quería salir airoso
de nuevo y ser el mejor
y por eso el corredor
contrario se le fue en fija,
era el novio de la hija
y había por medio el amor.

El pago se había citado,
era animada la fiesta,
ejecutaba la orquesta
y ya chirriaba el asado,
el vanidoso a un costado
al mozo trató de ver
y en voz baja y sin temer
le dijo en forma rastrera:
-"Si me ganas la carrera
pierdes de m'hija el querer".

Rugió la fiera bravía
del mozo sin contenerla
y ante el temor de perderla
mil veces más la quería
pero igual con valentía
dijo entonces iracundo:
-"Su proceder es inmundo,
esa propuesta me ofende,
este criollo no se vende
por todo el oro del mundo".

Corrieron...corrieron y el vanidoso
no tuvo más que arrear cola
y como a tiro de bola,
robó la carrera el mozo.
El paisanaje afanoso
aplaudía al ganador
que era como esquilador
tan bueno para correr,
ya no quedaba qué hacer,
había ganado el mejor.

Siempre las buenas acciones
encuentran su recompensa,
despreció el gaucho la ofensa
y ganó los corazones,
hoy lo aclaman las reuniones
y sigue su buena racha
nadie en el pago le tacha
y cruza por donde quiera:
supo ganar la carrera
y el amor de la muchacha.



La Estancia "El Placer"

(Dibujo: Eleodoro Marenco)


En una triste región
donde la basta llanura
desafía con su hermosura
a la civilización,
ahí donde la tradición
no ha llegado a fenecer,
como un despojo de ayer
se contempla a la distancia,
la vieja y trágica estancia
denominada "El Placer".

Dicen que en esa mansión
aparece una luz mala
que se esconde al pie de un tala
que existe frente al galpón
y hacen una narración
donde la fatalidad
revelando la verdad,
puso un ejemplo maldito
que fue del honor un grito
hacia la infidelidad.

Un paisano verdadero
de noble y antiguo gesto
tenía a su cargo un puesto
que cuidaba con esmero,
era como tan sincero
mentado por su coraje
y decía el paisanaje,
comentando a la sordina,
que poseía a la china
más linda de aquél paraje.

Cierta vez apresurado,
llegó a su rancho y se apeó,
la gaucha se sorprendió
porque no lo había esperado
y exclamó al verlo ofuscado:
-"Qué viento te trajo aquí!",
él respondió: -"Vengo así
a preguntarte mi cielo
ande tenés el pañuelo
que aquella tarde te dí?".

La gaucha que bien sabía
quién el pañuelo guardaba,
agregó que no lo hallaba
no sé cuánto tiempo hacía,
pero él que allí lo tenía
para juzgar la traición,
mientras con doble intención
lo dejó caer al suelo,
le dijo: -"Aquí está el pañuelo,
hoy se le cayó al patrón".

La mujer palideció
dominada por el ansia,
y el nombre de aquella estancia
muy hondo repercutió,
el gaucho la comprendió
y sin usar de violencia,
hablando con su conciencia,
miró triste al infinito
y cabalgando al tranquito
abandonó la querencia.

Hoy por toda la región
los criollos con desconsuelo,
comentan un triste duelo
que se definió a facón;
fue tan grande la impresión
que conmovió al pago entero
y junto al fogón campero
de "El Placer" aun se advierte,
lamentar la triste muerte
del patrón y del puestero.






lunes, 30 de septiembre de 2019

El malón


(Pintura: Angel Della Valle)



El sol allá en occidente
sus hebras de oro ocultaba,
y en sus fauces se llevaba
del día, todo lo riente,
después, triste y lentamente,
de las aves cesó el canto,
tendió su fúnebre manto
la noche callada y fría,
y quedó la pampa umbría
cual un triste camposanto.

De pronto, en la oscuridad
de la pampa, en un tobiano
vi que lloroso un paisano
cruzaba la inmensidad,
cual  un ser en la orfandad
golpeado por el destino,
sigue su triste camino
con el pesar que se aduna
mientras lo besa la luna
con un lampo nacarino.

Sigue el sendero, sin dar
siquiera a su pingo aliento,
como aquel que va sediento
para su sed apagar,
después vi que al sofrenar
bajo un sauce el redomón
queda lleno de emoción
ante una tumba sombría
donde en la cruz se leía
“Fue muerta por un malón”.

Luego tiempla la encordada
y aunque el pasado le aterra,
echa el paisano pie a tierra
con el alma acongojada,
cuelga en la cruz demacrada
su sombrero con gran pena,
y de hinojos en la arena,
triste empieza a balbucear,
mientras el viento al pasar
peina su negra melena.

Luego se oye el dulce son
de su guitarra en combate
y aunque la pena lo abate
lanza esta triste canción:
“Prenda de mi corazón
con el llanto de mis ojos
vengo a regar tus despojos
ante tu huesa transido,
donde tan solo han crecido
espinas, yuyos y abrojos.

Recuerdo la noche aquella
noche triste cual ninguna,
cuando a la luz de la luna
se libraba una querella,
yo por vos perdida estrella
luchaba cual fiero león
mas después ¡oh maldición!
en la oscuridá al no ver
vine a clavar sin querer
mi daga en tu corazón.

Así lo quiso el destino
tuvo más fuerza en vencer
y en tu pecho sin querer
clavé mi puñal dañino,
no me taches de asesino
ya ves que con amargura
envuelto en la noche oscura
con un dolor infinito
vengo a pagar mi delito
al pie de tu sepultura.”

Cesó al rato su guitarra
quedó en silencio la pampa
solo del malón la estampa
se ve que a la cruz se agarra,
después con fuerza bizarra
hizo trizas su instrumento
y en el propicio momento
se mató junto a la cruz
mientras del alba la luz
iba tomando incremento.


                                    (Ca. 1922)




















domingo, 29 de septiembre de 2019

La Hija del Capataz



En el pago comentaban
que en una estancia vivía,
una moza que reía
de quienes la idolatraban;
junto a ella trabajaban
dos gauchos, hombres de acción
y ambos con igual pasión,
estaban enamorados
esperando resignados
que ella hiciera la elección.

A los dos había engañado
porque a ninguno quería,
para ella nada valía
el amor de un gaucho honrado,
su orgullo había soñado:
un hombre de posición,
en su vana aspiración
daba a su vida otra faz,
como hija del capataz
tenía esa pretensión.

Un día llegó a citar,
los dos a la misma hora,
y con voz engañadora
los empezó a entusiasmar.
-"Mi cariño ha de ganar"
dijo, "aquél de más valor,
siento por los dos amor,
los dos me quitan el sueño
y quiero que sea mi dueño
el que salga vencedor".

Y como el paisano es noble
y de sus actos consiente,
decidieron frente a frente
poner sus pechos de roble,
cada hombre sintióse doble
para correr su destino
y por ese amor divino
que encendióse a su albedrío,
lanzaroncé un desafío
para la cruz del camino.

Lejos de retroceder
y cuando ya la natura,
tendió el manto de negrura
que nos hace entristecer,
se vieron a aparecer
a definir la cuestión
y sin más explicación
en el lugar indicado
el lance quedó iniciado
mano a mano y a facón.

Pero el viejo capataz
que tuvo conocimiento,
llegó ese mismo momento
para imponerles la paz.
Dijo: "Uno y otro es capaz
y aunque ninguno va en fija
pemitan que los corrija",
y agregó al gritar sus nombres:
"No han de perderse dos hombres
por el orgullo de mi hija".

Los rivales se pararon
sin terminar el cotejo,
y por las canas del viejo
los facones envainaron.
Luego con él comentaron
lo que es un cariño fiel
y en honor al viejo aquél,
estrechándose las manos
juraron ser como hermanos
y olvidar la gaucha cruel.

Regresaron a la estancia
y ella que esperaba ansiosa
por ingrata y desdeñosa
vio burlada su arrogancia;
se traslució a la distancia
entre aquellos el aprecio,
comprendió su orgullo necio
y la amargó la verdad:
viendo que su vanidad
pagaron con el desprecio.


(Pintura: Juan L Blanes)

sábado, 28 de septiembre de 2019

Cruz de Acero




A la estancia "El Ruiseñor"
después que el sol se había entrado,
con el caballo cansado
llegó un gaucho payador.
Cualquiera al verlo cantor
pensaría que era feliz
pero él buscaba el matiz
que trae la vida sonriente
y cada arruga en su frente
parecía una cicatriz.

Hizo rueda en el fogón
y una moza que allí estaba
le preguntó si cantaba
le contestó su intención.
Corrió hacia la habitación
volviendo en el instante
después en forma galante
dijo la moza bizarra:
-"aquí tiene mi guitarra,
quisiera que en ella cante".

Tomó el sonoro instrumento
y ensayó un preludio suave
como el gorjeo de un ave
herido de un sufrimiento;
después elevó su acento
que parecía un gemir,
muchos creyeron oir
a un melodioso jilguero
cuando este triste trovero
puso todo su sentir.

La mocita emocionada
dijo: "gaucho no se ofenda,
"mi guitarra es una ofrenda
"y usted la tiene ganada.
"Se verá siempre templada
"que lo sabrá acompañar,
"y en ella podrá cantar
"la desdicha de su amor
"y no olvide payador
"que a su dueña hizo llorar".

-"Gracias paisana hechicera",
exclamó el mozo al instante,
"y esta guitarra vibrante
"será mi fiel compañera.
"La llevaré en mi carrera
"ya que usted me la obsequió",
con cariño la estrechó
como a una novia se agarra,
cuando él besó la guitarra
la moza se estremeció.

Un paisanito taimao
que en vano la pretendía
resultó que a sangre fría
el cuadro había presenciao.
Se acercó disimulao,
fuertemente saludó;
él también felicitó
pero en forma inesperada,
se le escapó una mirada
que el viajero comprendió.

Dende entonces aquél trovero
para eludir un reproche,
decidió esa mesma noche
de seguir su derrotero.
Les dijo que era un matrero
que lo sabían perseguir,
y ya disuesto a partir
dando la rueda la mano,
imaginó que el paisano
muy cerca le iba a salir.

En cuanto dejó la estancia,
allá en el primer bajito,
de "¡alto!", le dieron el grito
a muy cortita distancia.
Con aptitud y arrogancia
estaba el otro nación,
echando mano al facón
le exclamó firme en la huella:
-"Me das la guitarra de ella
o te parto el corazón".

El que llegaba se apeó
y los facones chispearon,
y en cuantito se trenzaron
un cuerpo se desplomó.
El matrero en pie quedó
aunque de sangre cubierto
con su facón y el del muerto
clavó allí una cruz de acero
se persignó aquél trovero
y se fue rumbo al desierto.




lunes, 4 de junio de 2018

A primera sangre


Decía en las jineteadas:
"¡Voy al hombre ,voy al hombre!"
y ganó justo renombre
en ruedas de paisanadas,
quedan las frases grabadas
de aquél criollo genuino
porque fue don Secundino
Cabezas, la gaucha esencia,
diplomada de experencia
en la escuela del camino.


De un modo sencillo y llano
escarbando en la memoria,
quiero relatar la historia
que él me contó mano a mano.
-"Fue en Mataderos, hermano",
me decía con fervor,
"ahi probamos el valor
y trenzamos sin recelo
a primera sangre un duelo
con Dalmiro, el escritor".



El hombre quería probar
sus corajes, sus temores
entre trágicos fulgores
de los filos al chocar.
Quería esa historia contar
después de vivirla él mismo,
encarando el periodismo
de una manera distinta,
mezclando sangre con tinta
para darle más realismo.


Y aunque un duelo es la fiereza
que tantas tragedias labra,
entre el filo y la palabra
puede tallar la nobleza.
Cuando por suerte o destreza
decía el criollo: "lo corté
y en la frente lo marqué
hice pie, dí un paso atrás
y por las dudas, nomás
en guardia firme quedé".


Agregaba: "Esa ocasión
quedé un momento parado
ya que de un hombre cortado
nadie sabe la reacción.
Le dije: "¡Párese don!,
¡don Dalmiro párese!".
Con respeto lo traté
ya que un paisano sencillo
ni peleándose a cuchillo
trata al contrario de 'ché'.


Dalmiro Saenz ese día
ganó por siempre mi afecto,
guardó el facón con respeto
y estrechó la mano mía.
De esta forma repetía
Secundino y  al final
rescato el proceder leal
de dos hombres que pelearon
y a cuchillo cimentaron
una amistad fraternal.



Verso del payador don José Curbelo
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Revista:













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Nota de don Carlos Raúl Risso publicada en su blog "Escritor Costumbrista" el Domingo, 6 de Mayo de 2018.-

Cuando el despuntar del pasado mes de diciembre, se cumplieron 50 años -¡medio siglo!-, de un acontecimiento vinculado a la cultura criolla, que la mayoría de la gente del tradicionalismo desconoce. Ese mes del año 1966, en el ámbito del Círculo Criollo “El Rodeo”, en tiempos en que estaba en el Palomar, el escritor Dalmiro Sáenz enfrentó en duelo a cuchillo y a primera sangre, al poeta gaucho y relator de jineteadas, Julio Secundino Cabezas, “Cunino” para los más allegados.
Esto que así narrado parece algo descabellado, tenía su razón de ser.


El 29/07/1965, Editorial Atlántida lanzó al mercado su nuevo producto: “Revista Gente y la Actualidad”, la misma que 52 años después, luce vigente en los escaparates de los kioscos del país. Como lo resalta su título abarca temas de ‘actualidad’, y del espectáculo, destacándose en sus páginas a personajes de la farándula, artistas y modelos, lugares de vacaciones locales y del mundo, y varios etcéteras. Desde los inicios su éxito era palpable. Y para el público lector su nombre si limitaba (…y así sigue siendo),  a: “Gente”.
Cuarenta años acusaba en esos días Dalmiro Sáenz, quien por entonces ya había publicado una media docena de títulos, conocido el  éxito de ventas y el halago de premios importantes. Trabajaba para la revista escribiendo notas de un tenor y tema distinto al habitual.
Sáenz se caracterizaba por ser un escritor provocador, que no dudaba en meterse con la iglesia y poblar de sexo sus escritos, algo nada común y resistido por parte de la sociedad de esos años. Pero él seguía adelante y así lo hizo hasta el final de su vida, siempre por el mismo andarivel.
Era sobrino del sabio criollista Don Justo P. Sáenz (h) -si mal no he entendido-, porque era hijo de su hermana Lucrecia casada con su primo Dalmiro Sáenz, recibiendo para sí el nombre paterno.
Cincuenta y siete años cargaba Julio Cabezas, de quién ¿qué podemos decir que los amigos lectores no sepan? Por otro lado en el “primer” Tradicional, aquel que era periódico, publicamos en el número 36 un artículo con datos  biográficos al que podemos remitir a los interesados; no obstante recordamos que era un reconocido poeta criollo, que de alguna manera profesionalizó la animación de jineteadas, e hizo popular en sus relatos la expresión “¡Voy al hombre, nomás…! Natal del Chubut, se acercó a Buenos Aires hacia 1929 con motivo de cumplir con el servicio militar, y cumplido el mismo quedó como domador en el 8 de Caballería, y años más tarde ingresó al Mercado Nacional de Haciendas, donde finalmente se jubiló.
Afamado tirador de lazo, en el año ’30 integró el equipo de jineteada que participó de un concurso internacional organizado en Montevideo, Uruguay, donde se coronaron ganadores.
Publicó varios libros de pequeño formato, de los que, muchos paisanos tomaron las letras para cantar por milonga, y varias de ellas fueron llevadas al registro discográfico en la voz de reconocidos cantores sureros.
Presentados, de alguna manera, los partícipes del duelo, volvamos a ese asunto.
Con motivo de presentar una nota “rara” y de fuerte contenido, Dalmiro se propuso vivir un duelo criollo y hacer la crónica escrita de esa, su propia experiencia: de los nervios, de la emoción y adrenalina de estar frente a un adversario que en cualquier momento te puede tener en la punta de su cuchillo, o de lo que se puede sentir si el que primero corta es uno.
No testifica como llegó a “Cunino” ni por qué lo eligió, porque en realidad no ha trascendido que éste tuviera fama de cuchillero; nunca nada al respecto se dijo de él.
Pero lo cierto es que lo visitó, dice, en su domicilio de calle Miguel Quintana, de Villa Insuperable, a pocos metros de la Gral. Paz, donde concertaron el “enfrentamiento a primera sangre”, a desarrollarse en el Círculo Criollo “El Rodeo”. Cuenta Sáenz: “…iba a la casa de un hombre llamado Julio Cabezas, un domador de prestigio, un verdadero artista del lazo, un hombre que manejaba el cuchillo con la misma naturalidad con que yo manejo la birome sobre este papel en donde estoy escribiendo. Iba a pedirle que sostuviera conmigo  un duelo criollo a primera sangre.”
Al día siguiente, a media mañana se encontraron en el lugar acordado, sumándose a los duelistas dos reporteros gráficos y un jurado, al que Dalmiro cita como “el hijo de Cabezas”, aunque el tal mozo -al que siempre presentaba como su hijo-, era un sobrino (Víctor, si mal no recuerdo), hijo de un hermano suyo del que tiempo después que naciera ese hijo nunca más se supo de él, por lo que Julio -que sí tenía una hija mujer-, lo crió como hijo propio.
Dalmiro se descalzó y arremangó un tanto el pantalón vaquero, mientras que su diestra sostenía un cuchillo con defensa en “S”, al que describió como un “facón caronero que yo hace años tuve que acortar porque se me había quebrado la punta”, pero que viendo las fotos uno duda de tal descripción.

Por su parte, Cabezas, empuñaba un facón cabo de plata, sin defensa, que a juzgar por el testimonio gráfico, bien pudo ser una daga (hoja de dos filos); vestía bombacha sujetada por la faja, sin tirador, y lucía sobre el cuello de la camisa de puños abrochados, un pañuelo tendido, coronando su testa un clásico chambergo chico, de ala requintada, mientras que un ponchito liviano de guarda pampa, a manera de escudo le cubría el brazo izquierdo.
Aproximadamente 45 minutos duró la tenida, la que como estaba acordado finalizó cuando asomó la sangre. En un recuadro y en tercera persona, se lee al final de la nota: “…Julio Cabezas es un esgrimista que pone el cerebro en la punta de su arma. Coloca cada golpe y mantiene su defensa de manera tal que pareciera que cuenta con horas para pensar cada movimiento. En realidad todo es cuestión de fracciones de segundos. Dalmiro Sáenz, por su parte, es más intuitivo y actúa mucho en base a reflejos. El duelo -silencioso e intenso como un miedo-, terminó poco después de que el cuchillo de Cabezas rozara el brazo de Sáenz y punteara su frente. Lo de “primera sangre” se había cumplido. El día seguía gris y frío. Se miraron y se dieron la mano. Palabra de hombre.”

Con una foto en color y a toda página, y ocho de distintos tamaños en blanco y negro, la edición N° 73 de Revista Gente del 15/12/1966, se engalanó con una nota distinta, corajuda y curiosa, reviviendo aquellos trágicos duelo en una pulpería, una tabeada, una cuadrera, una riña de gallos… donde “no se jugaba a primera sangre” sino que se jugaba la vida.
Los otros duelos, aquellos para lavar el honor o limpiar ofensas también existieron entre nosotros, pero nunca entre gauchos, sí entre políticos, militares y periodistas. A propósito, en 1878 fue publicado el Primer Código Argentino sobre duelos, intentando fijar normas y reglas para librar los mismos.
En el que aquí evocamos, Dalmiro Sáenz buscó revivir la demostración de coraje de los tiempos gauchos, y enfrente lo tuvo a Julio Cabezas. Claro que ya ha transcurrido medio siglo de aquella remembranza, y ninguno de los dos vive hoy para agregar detalles…
La Plata, 22 de Agosto de 2017

(Publicado en la página Web de El Tradicional, con fecha 22/08/2017)

viernes, 11 de mayo de 2018

Soy tuya si me alcanzás


 (Foto: Celina Frers)



Si gustan me vi'a ser cargo
de hacerles este relato
pa'que pasemos el rato
si me ceban un amargo
porque es un asunto largo
lo que les digo al momento
y aunque parezca que es cuento,
es una historia real,
que del principio al final
ya que estoy se las comento.

Esto ya pasó hace mucho,
treinta años a lo menos,
fue hazaña de un criollo bueno
de los pagos de Ayacucho,
el caso que desembucho
fue en las tierras Tandileras;
una pareja extranjera
su gran estancia tenía
y era su única cría
una moza quinceañera.

Ese era el paso obligao
entre Balcarce y Tandil,
y eran cerca de seis mil
hectáreas sin alambrao;
caminos muy transitaos
por viajantes y matreros,
también los gauchos reseros
por allí solían cruzarse
con hacienda pa'Balcarce
de los campos Tandileros.

La chica era muy mimada,
consentida de los padres,
y la niña, ni a la madre,
le cabresteaba pa'nada;
sabía andar siempre montada
en un petiso picaso
y ansina sin hacer caso
de su casa se escapaba,
y se iba a ver si encontraba
algún jinete de paso.

No era casual que pasara,
como dije, algún viajero:
un día cruzó un forastero
que andaba en un malacara.
Rumbeaba pa'Santa Clara
donde estaba el capataz,
cuando la mocita audaz
se le cruzó en el camino
y gritó con desatino:
-"¡Soy tuya si me alcanzás!".

Quedó el hombre sorprendido
y al no poderlo creer,
cuando vio que la mujer
era ya un punto perdido.
Siguiendo su recorrido
cuando a un boliche llegó,
del malacara se apió
y al dentrar con buenos modos,
el paisano contó a todos
el caso que le pasó.

Lo creyeron fantasía
cuando el relato escucharon,
los paisanos que llegaron
a aquél boliche ese día.
Casi nadie le creía
pero pronto aparecieron,
dos que aquella chica vieron
cruzar en ese picaso,
ligero como balazo
y que de vista perdieron.

La historia se repetía
porque así, de cuando en cuando,
apareció otro contando
lo mesmo en la pulpería.
Más de un gaucho la seguía
pero era bravo el lugar
y por miedo de rodar
el paisano abandonaba,
la moza se le burlaba
y conseguía disparar.

Se levantó el comentario
por boca de los reseros,
o por algún guitarrero
que andaba en el vecindario.
Lo desparramaron varios
y en una ocasión cualquiera,
llegó el cuento a Las Matreras
que está pa'l lao de Cangallo,
ande un montón de caballos
domaba Zoilo Contreras.

Un tal Rogelio Almirón
queriendo hacer un reproche,
contó aquél caso una noche
churrasqueando en el fogón;
le prestó mucha atención
el paisanito Contreras
y pensaba: "si pudiera
dir pa'esos lao' algún día,
qué susto le pegaría
a esa gringa aventurera".

Ya tenía bien amansao,
porque era hombre de constancia,
los caballos de la estancia
que eran catorce gateaos.
Estaban tuitos enfrenaos
y hasta mansos de enlazar
mas cuando los fue a entregar,
le pidieron que agarre otro
pero él no quiso más potros
para poderse marchar.

Por eso a las dos semanas
se alejaba de Cangallo,
con ocho propios caballos
y la madrina tobiana
que lucía muy galana
su cencerro y su hermosura
y cruzaba la llanura,
el Zoilo de mucha pinta
porque en sierras de la tinta
lo esperaba una aventura.

Se sacudía el penacho
de su brioso redomón,
y bailaba el corazón
de aquél inquieto muchacho
que por orgullo de macho
iba en ese atardecer
a encontrar a la mujer
del picaso como rayo,
que a paisanos de a caballo
había logrado vencer.

Los datos que le había dao
 Almirón, eran precisos,
sin preguntar pues no quiso,
llegó hasta el campo indicao.
Largó el redomón cansao
y ensilló un caballo echo
cinchó en el ala del pecho
pa'correr medio adelante
y el crédito en un instante
volvió a montar satisfecho.

Como pa'estar preparao,
el paisano que les digo,
envolvió el poncho de abrigo,
adentro del encerao
y lo dejó acomodao
en el lomo 'e la madrina
y buscando esa ladina
pa'tenerla cara a cara
diba como si rumbeaba
pa'l campo'e Santa Marina.

Como un sol cuando asoma,
asustada la vió
depronto cuando notó
que despuntaba una loma
y esperándose una broma,
tomó el rumbo que seguía
y al tiempito la tenía
a su lado muy cerquita,
y vió que era más bonita
de lo que él se creía.

Zoilo nunca imaginó
encontrar tanta belleza,
y al verla en montura inglesa,
pinta'e pueblera oservó.
Marrones, según contó,
los breches de lo mejor,
botas del mismo color,
una fina blusa blanca,
con barbijo y sin retranca,
chambergo que era un primor.

Puso a la par su pingazo,
lo saludó cortesmente
caracoleaba impaciente
de puro brioso el picaso
pero ella con firme brazo
a su flete asujetó
entonces le preguntó
al gaucho de dónde era
y el paisanito Contreras
pensó y luego contestó.

Como era gaucho alvertido,
para no ser descubierto,
le dijo que no era cierto
que en Balcarce era nacido,
que allí siempre había vivido
porque donde se había criao,
que siempre había trabajao
en los campos de "El Retiro",
y dijo: "Ahura me las tiro
del Tandil al otro lao".

"A mí me mandó a avisar
mi tío, Climaco Hernandez
que hay en una estancia grande
muchos potros pa'domar"...
Mas no terminó de hablar,
de un fustazo sintió el ruido
y ella de un modo atrevido
le gritó a metros nomás,
-"¡Soy tuya si me alcanzás!"
y el convite consabido.

Aquél picaso salió
más ligero que el ciclón
y el final de la oración
el Zoilo lo adivinó;
a la madrina soltó
que allí se quedó parada,
por sus caballos rodeada
mientras que él a aquél picaso,
le iba siguiendo los pasos
en su ruano anca nevada.

El hombre se las vió fiera
al encontrarse de frente
un matorral de repente
muy alto de cortaderas;
sin achicar la carrera
el picaso lo saltó
tantas veces lo pasó
que ya estaba muy baqueano,
no fue el caso de su ruano
que dudó y por fin dentró.

Al salir del matorral
de narices corrió el ruano
y en las riendas el paisano
lo levantó al pisar mal,
aquél tropezón fatal
y dado en tan mala hora
daba más ventaja ahora
al picaso tan ligero,
no dudó el Ayacuchero:
desató las boleadoras...

El paisano que era astuto
y boleaba con baquía,
revoleó las 'tres marías'
en medio del campo bruto,
así en menos de un minuto
"no quebrarlo", pidió a Dios
apurao las reboleó
una vuelta y media exacta,
y quedaron en las patas
de aquél picaso veloz.

Su dueña lo contenía,
el flete arrastró las patas,
quiso caminar y a gatas
pero boleao, no podía...
Sin saber lo que ocurría,
 la muchacha desmontó
y ahi fue cuando se encontró
mas que con rabia, con susto
que quien sabe qué disgusto
le iba a dar quien la boleó.

Llegó al tranco el domador
se desmontó sin apuro
y allí desmaneó seguro
al pingo disparador;
ella presa del terror
ni siquiera se movió,
entonces él le alcanzó
para que muente, las riendas,
pero en antes a esta prienda
el gaucho la aconsejó:

Mire niña, yo le pido,
que tenga mucho cuidao
puede dar por estos laos
con más de un gaucho bandido...
Con un gesto agradecido
le sonrió en tono sincero,
y dijo el Ayacuchero
al tiempo en su despedida,
"Ciertas deudas en la vida
no se cobra un caballero".

Dispués también montó él,
orgulloso de aquél hecho,
debió hacer un largo trecho
pa' hallar la madrina fiel
que ni bien sintió el tropel
de su ruano anca nevada,
la tobiana colorada
sin moverse del lugar
le comenzó a relinchar
con las orejas paradas.
--------------------------

Dos caprichosos destinos
unidos por el azar,
se habían vuelto a separar
cada cual por su camino,
así el relato termino
de la hazaña de Contreras...
Don Hermenegildo Herreras
en Aselain fue puestero,
me lo ha contao compañero,
yerbeando allá en la matera.




lunes, 1 de enero de 2018

Mensual de confianza



-Buenas noches, don Almada.
-Desmonte y pase, Santiago,
¿qué lo trae por mis pagos
en horas tan avanzadas?
-Vengo de “Las Coloradas”
de Saturnino Valdez,
me echaron, sabe, y de a pie
sin ninguna explicación;
menos mal de que Almirón
me prestó su pangaré.

-Cuéntemé lo sucedido,
desembuche con confianza.
-Cositas sin importancia
que yo pronto las olvido.
A veces, de comedido,
otras de puro gauchazo.
Ayer maté de un pechazo,
sin intención!, un novillo;
y hoy se quebró un padrillo
en la yapa de mi lazo.

Mullidos los gramillares
donde retozan los puros
y no hay pingos, se lo juro,
pa’ que muden los mensuales.
Toda clase de animales
vacas, toros y padrillos,
potros, yeguas y potrillos
y cien carnero’ importaos.
¡Mire, Almada, pa’l recao!
¿Le gusta mi cojinillo?

Se ha puesto muy rezongón,
quisquilloso sin abuela;
monté un toro con espuelas
y me llamó la atención.
eché al fuego el pizarrón
con datos de la semana,
pa’ peor, la otra mañana
vengo y boleo, ¡caracho!
a un ñandú criado guacho
pa’ comerle la picana.

Cuando lleve el pangaré
dele las gracia’a Almirón,
y a ese viejo rezongón
haga el favor, digalé
que los gauchos ni de a pie
pierden a sus esperanzas,
lo que sobran son estancias
en esta tierra bendita
ande un patrón necesita
mensual de toda confianza.

Porque saqué a la sirvienta
en anca, a la recorrida,
se alzó como leche hervida
y me cantó las cuarenta;
sus modales me revientan
siempre me anda pastoreando.
Y yo que me he criao domando
por detrás del cola fina,
costumbre de mi Argentina
y he de seguir resereando.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El castigo

(Detalle de pintura de Molina Campos)


No me caiga la chinita
con otro hijo a la querencia,
porque a fuerza de chicote, de las casas
pa'que aprenda,
la v'ia echar en tus narices
pa'que veás que rigureada, se endereza,
¡Qué se cree! ¿Que soy un rico
pa'ponerme a alimentar una colmena?
Yo la tengo que lomear, y la olla es grande
pero falta lo de adentro: mantenencia.

Vos que sos la madre, Flora,
que lidiás de sol a estrellas,
en cuantito te arma llanto la chinita
te me hacés la mosca muerta,
me dejás abandonado en el pantano,
no das cuarta a tu buey viejo que se entierra,
y ablandás mi corazón con lo de siempre:
"perdonámela esta vuelta".

¿Qué es mi sangre? Mirá Flora:
si así fuera,
como todos los que llevan mi apellido
sentiría peor que chirlo la vergüenza...
y de yapa vos así,
dele trenza con las manos,
de ojos bajos como chico en penitencia,
arrimándote despacio, sosegándome los brazos
pa'pedirme lo de siempre:
"¡Perdonámela esta vuelta!".

Pa'que sepa lo que cuestan
sus recáidas de coneja;
pa'que sepa que este rancho
no es criadero'e comadrejas,
v'ia largarle al Aguará pa'que a colmillo
me le enseñe a respetar lo que es decencia.
Y ahora vos andá p'adentro
que no quiero que te vea.

Por la senda que marcó doña costumbre
sobre el borde del pajal de la ribera,
bronce en llanto, con un sol sobre su pecho
caminaba la costera...

Y cayeron al silencio hasta los pájaros.
Aguará falló el torido y se dio vuelta
pa'seguirla a mama Flora,
que sacando su tejida pañoleta por bandera,
envolvió el cuerpito tibio que mostraba
por la boca del envuelto, sus rulitos de oro y seda.

Manso el río, quieto el viento; solamente
están vivas las estrellas lampareras;
se han dormido los chajases,
y las puntas de las flechas
desmocharon las gargantas de los teros.
Un cajón se balancea
y el "barato" desbarranca su ceniza
sobre el brazo que del catre se descuelga...

El candil cortao de pulso
'ta boqueando por la mecha,
pero alcanza p'alumbrar adentro el rancho
a una rubia cabresteada que se acerca,
y se funden en un mazo plato y oro,
cana y seda,
y solloza el tordo viejo
sobre el piar del pichoncito en la querencia:
Es machito... y es mi sangre; que se quede..
¡Valió trago compañera!


sábado, 19 de agosto de 2017

Serrana



Sí; supe hoy que jamás me has querío;
qu'el fierro 'e tus mañas
me puso en la frente la marca 'e marío...,
pa' usarme 'e pantaya.

Sé también de qu'en yerra de amores
pialaba tu honra un juerte serrano,
y que po' eso en la falda 'e "Los Moyes"...
descansa tu hermano.

Y qu'en l'abra del monte 'e los seibos
duermen dos varones,
con quienes jugaste al juego 'e los selos...
con cartas falderas, ¡que jueron facones!.

Y entuavía pa' ráirte 'e mi gasto,
me pedís, ¡mal hembra!,
que te truja del serro más alto
las flores más blancas, más lindas que tenga.

¿Y desís que tu antojo es pavada
pa' un hombre sin miedo?
Asertastes; me suebran agayas,
y en ves 'e las flores..., ¡mi daga te priendo!


jueves, 17 de agosto de 2017

Maidana


(Foto de Serviliano Maidana, baqueano del general Lavalle)


Jué en una de mi flor. Hasta en los cerros
nacían margaritas coloradas
y quedamos dispersos unos pocos,
con malas armas y ninguna bala.

Entreviero feroz: ¡Vinchas y bolas!
melenas y clineras enredadas,
relámpagos de sables y facones;
divisas rojas y divisas blancas.

Allá sobre la frente del sol bajo,
semejaba una vincha roja franja.
Dejuro había salpicao la orilla
del horizonte azul la sangre gaucha.

Nos traiban derrotaos y de tan cerca,
los gritos nos golpiaban en la espalda,
y nosotros echaos sobre el pescuezo
charquiando los reyunos a rodajas.

Llovía un chaparrón de boliadoras
que acalambraba los matungos maulas;
como trío de yaras cabezonas
se enredaban juriosas a las patas.

Maidana me seguía a un tiro’e lazo
gastándole el resueyo a un criollo pampa,
cuando lo vide cáir, tosiendo sangre
ensartao en las aspas de una lanza.

El caballo cruzó. De puro instinto
lo agarré del cabresto a la pasada,
pa’ llevarle, a lo menos si volvía
la noticia a la viuda y las cacharpas.

Mejor me hubiese güelto sobre el pucho
a vender junto a él, la vida cara
a quebrar el facón contra los sables
pero a morir en ley como Dios manda.

Y lo dejé nomás… Pobre mi amigo…
Amigo de la paz y las patriadas;
amigo de las malas y las güeñas,
y amigo de las güeñas y las malas.

Y espueliando por juera a un duro’e boca
-como adentro el dolor pinchaba mi alma-
me escabullí por fin del chucerío,
como dice el refrán, echao en l’anca.

Se hizo la paz y regresé al ranchito
del que quedo tirao en las quebradas
defendiendo el color de una divisa
vergüenza ponzoñosa de mi raza.

Me acuerdo que me dijo muchas veces
en charlas del fogón o de la carpa:,
“-Si sos amigo y regresas con vida,
cuidame el gurisito si me matan”.

Por eso lo lloré junto con ella.
Igual que un perro le cuidé las casas
y gasté con los suyos los vintenes
que en domas o tropiadas agenciaba.

Y al gurisito, con cariño’e padre,
si se dormía, lo acosté en mi falda
y si lloraba de mimoso que era
le empriesté pa’ juguete mi guitarra.

Pero vino después la “primavera”;
se ajuntaron de a yuntas las bandadas,
y echaron flores, dende los rosales
hasta esos yuyos que a la hacienda matan.

Y un vaho de vida resurgió violento
que en ley pareja la natura implanta,
y ardió el instinto como un juego interno,
que a procrearse las especies manda.

Y ella tenía veintidós abriles…
Eran sus senos como dos torcazas,
tenían sus ojos un mirar profundo,
había en su boca contenidas ansias!

Y, yo me paro, si a degüeyo tocan,
y a veces, antes de copar la banca…
pero si dentran a jugar polleras,
si solo no me paro… no me paran!

Y como me conozco y soy güen gaucho
-antes dejuro, de meter la pata-
junté las pilchas, ensillé mi moro,
y con tristeza le anuncié la marcha.

Pensaba dirme como el hombre limpio,
bien atrás el sombrero, la frente alta!
que potros pa’ montar y chinas lindas,
ni nunca me faltaron ni me faltan.

Le dije: “-Me viá dir por un tiempito,
me han echao en el pago la perrada,
pero cuente lo mesmo con mi ayuda
que, teniendo yo plata, tendrá plata”.

Ñubló sus ojos el cristal del llanto,
bajó la frente de dolor cansada;
como una hermana se abrazó a mi cuello,
y yo la recibí como a una hermana!

Casualidá fatal que ató a mi vida
el ñudo potriador de la desgracia!,
sentí ruido de espuelas, miré afuera;
cuando en la puerta se paró Maidana!...

Nos miró sacudiendo la cabeza.
Tenía en los ojos un mirar de rabia
y se quedó parao como un palenque
sin decirnos siquiera una palabra.

Después, besó al botija que en un banco
como una piedra dormidito estaba
pa’ envolverlo temblando entre los pliegues
rojos y azules de su poncho patria.

Y con él en los brazos montó’e nuevo
y se puso chiquito a la distancia…
Mejor me hubiese güelto aquella tarde
a vender junto a él la vida cara…!!

miércoles, 21 de junio de 2017

¡Por eso me mamo!


(Pintura: Speroni)



¡Ahí van mis riales, pulpero,
eche giñebra hasta el borde;
tengo algo en el garguero
y pa que el maula no estorbe
al que llevo en el costao,
quiero ahogarlo con giñebra...
Es mi dolor de una hebra,
que sólo duerme ¡mamao!

¡No me mamé, madre mía!
cuando la perdí a usté,
ni tampoco me mamé
al dirse mi china un día!
Pero hoy sí, quiero curarme
con esa agüita que quema;
pa que ella pueda pialarme
del alma esta honda pena.
..........................................

Corrió mi flete el domingo,
¡Jué luz en el entrevero!
Pero Mandinga, ¡aparcero!
lo hizo rodar a mi pingo.
Quedó arrollao en el suelo
el crédito'e la cuadrera...
Demás se me hizo el consuelo
de tanta gente pueblera.

Lléneme otra vez el vaso
que este zonzo e' corazón
quiere pialar la intención
de llorar por mi ¡Picazo!
¡Pobrecito! ¡Si aún lo veo
diciéndome con los ojos:
"¡Velay que he rodao feo
pa'cáir entre los abrojos!"
..............................................

¡Cuánto dolor pa' un momento!
Yo lo mandé a despenar;
y un facón logró apagar
su tremendo sufrimiento!
Es por eso que hoy me mamo...
Sirva giñebra hasta el borde,
pa'que el corazón no estorbe
queriéndome armar la mano.

viernes, 2 de junio de 2017

No me abandones ahora (Milonga andina)


(Pintura: Rodolfo Ramos)

...Continuamos con los mensajes 

para el hombre de campo:
"Se comunica a Zenón Martinez 

de estancia "El Tero", puesto "La Vasca", 
que en ésta ciudad su esposa 
ha dado  a luz a un hermoso varoncito! 
Tanto la madre como el hijo
se encuentran en perfecto estado de salud...
Y debido al temporal 

se recomienda "NO VIAJAR"...
Repito: se recomienda "NO... VIAJAR".

------------------------------

Poncho de lona encerado,
No me abandones ahora,
Que está nevando tupido
Y el viento sopla escarchado;
Se me hace largo el camino
Por la noticia en la radio:
Mi hijo nació en el pueblo,
Los dos me están esperando...

Apure zaino ese tranco
Mientras se vea la huella
Que  ha llegao el hijo mío
Y ha llegao el hijo de ella,
Si el cielo está encapotado
Igual me llueven estrellas
Aunque no sienta las manos
Pa'acariciar la más bella.

Cómo no voy a llegar
Virgencita de la huella,
No ha dejado de nevar
Y el sueño blanco me acecha
Siento en el pecho un dolor
Que me hiere como una flecha
Ansias de mi corazón
Por ver al hijo y a ella.

Cómo no voy a llegar,
Si habré aguantao temporales,
Un hijo es algo vital
Como el agua como el aire.
Ya no puedo respirar
Tal vez mi aliento se escarche
No me vayas a fallar
Zaino seguí pa'delante.

¡La pucha que está nevando!
Tanta nieve no me acuerdo,
desde un puesto cercano
me están ladrando unos perros..
¡Campanas debieran ser
o por lo menos, cencerros!
Para anunciar que mi hijo
me está esperando en el pueblo.

Hoy le preparé en el rancho
un quillango de chulengo,
para abrigar su cuerpito,
solcito de los inviernos,
ya no serás como antes:
cañadón de los silencios,
la risa de mi muchacho
te hará canción en el viento.

Cómo no voy a llegar
Virgencita de la huella,
No ha dejado de nevar
Y el sueño blanco me acecha
Siento en el pecho un dolor
Que me hiere como una flecha
Ansias de mi corazón
Por ver al hijo y a ella.

Cómo no voy a llegar,
Si habré aguantao temporales,
Un hijo es algo vital
Como el agua como el aire.
Ya no puedo respirar
Tal vez mi aliento se escarche
No me vayas a fallar
Zaino seguí pa'delante.


viernes, 19 de mayo de 2017

La noticia


(Pintura: Emaus Miciu Nicolaevici)

Con el "zaino" ensiyao y el "moro" listo
(adicionao pa’l caso, de carguero),
me avanzó la mañana, que no sabe
asujetar el sol su andar tropero.

M’entretuvo de más el mayordomo
queriendo convencerme que me quede.
Pero… ¿diánde va dar flores el tala…?
Lo que’stá decidido es lo que puede.

Hay que mirar el sol pa’ ver la vida…
hay que buscar la luz pa’ ver la sombra…
y en mi ansia de rumbiar legua tras legua
el campo se me antoja verde alfombra.

Nos tráin las primaveras un renuevo
que’s ganas de vivir, d’ir adelante,
y tráin los chasques las noticias nuevas
que al conocerlas… cambian lo de’nantes.

Y si hay un dispertar hasta en los yuyos
¿por qué no dispertar como de un sueño?
Puede por caso equivocarse’l hombre
que pone pa’ vivir, ganas y empeño.

Doce años han pasao dende aquel día
que gané leguas pa’ sumar distancia
rispetando el color de mi caudiyo
que no era el de mi padre y de su estancia.

Celeste’l hombre -rispetao por eso-
y pa’ disgracia colorao yo salgo,
sin andar con cintiyos en el pecho
el pensamiento firme y en él valgo.

Y queriendo volverme pa’ su rumbo
me sentenció muy fiero en un enojo,
y yo, que a mozo a gatas despuntaba
mordiendo el freno gambetié’l despojo.

Me decidí nomás, sin muchas güeltas
como quien al malón le’scuende’l bulto
y en el silencio de una noche fría
m’hice perdiz, entre las sombra’oculto.

Manotié la tropiya más a mano
que’ra la del servicio de las casa’
y encaré pa’l Azul de “los catrieles”,
por donde Don Prudencio sentó plaza.

Solo un dolor me rajuñaba el pecho
y es que mi madre no supiera nada,
que no podía entonces avisarle.
Y era mejor, no sepa mi jugada.

Cuanti quedó la estancia a muchas leguas
dentré tranquilo a’montonar distancia
firme’n el rumbo que me había propuesto
asujetando, cada tanto, mi ansia.

La cuestión que yegué y hayé conchabo
y hasta’nduve, dispués, en las refriegas,
y en el dir y venir de mi esistencia
deshiló el tiempo lunas andariegas.

Y si bien me curtí por demás bruto,
me dejó mal parao… dudando… incierto…
la noticia que trajera el chasque
diciendo que mi padre… se había muerto…

Lo mandaba mi madre… ¡pobre vieja!,
que también siempre supo -me contaba-
por ande andaba yo, pues me rastriaron
con gente de’yos que hasta’cá dentraba.

Es por eso que’stá cargao el "moro"
y que p’adentro salgo, ya es seguro.
Algo me obliga pa’ que güelva’l pago…
se me ñubla el pasao… y ver procuro.

¿Con qué me’ncontraré cuando regrese?
¿Qué será esa cuestión de aura ser “dueño”?
…si apostando a vivir en lo que creo
me jugué aqueya güelta hasta el empeño!

No tira la querencia… pero es cierto
que’l abrazarla la distancia acorta.
M’he dispertao como de un sueño largo,
güelvo por eya; lo demás…? no importa.

(18/04/1996)

jueves, 18 de mayo de 2017

Fidel



Jué una noche clara, de luna en menguante
de un junio tan frío, que helándome está;
como una golilla, blanquiaba la helada
tendida a lo largo del Arerunguá.

No sé si “mandinga” andaba esa noche,
lo cierto es que, ¡diande poderme dormir!
Ojalá me hubiera dormido del todo.
Me duele entuavía lo qu’he hecho sufrir.

Me tiré del catre, con cierto fastidio
al sentir los perros, a gente ladrar,
y vide, en la sombra, de un cerco de talas
que al galpón un hombre pretendía entrar.

Me crucé el de apala, me engolví la faja,
más bien por costumbre, manotié el facón
y me juí agachando por atrás de un brete
con la certidumbre que juera un ladrón.

Lo vide clarito! Jué al gancho’e la carne,
no encontrando nada, por casualidá.
¡Era un mozo güeno como el pan bendito;
mire hasta ande llega la necesidá!

Yo lo conocía, era un gran amigo,
pude comprobarlo, pues más de una vez,
cuando de Entre Ríos tráibamos baguales
de distintas formas probé su honradez.

Pero allá en su choza tenía seis gurises
que, dende esa noche, huérfanos están
y qué no hace un padre que quiera a sus hijos
si llorando de hambre le reclaman pan.

Y en el rancho pobre de rotas paredes
temblando de frío la infeliz mujer,
con cuentos de brujas calmaría los hijos,
esperando a su hombre pa’ hacer de comer.

Como iba diciendo: traté de ocultarme,
pero en ese instante salía del galpón
y dejuro, al verme, de golpe y zumbido
le causó, quien sabe que fiera impresión.

Sorprendido el pobre perdió los estribos,
desnudó la daga y me atropelló!
El frío’e la helada que esmaltaba el campo
lo sentí en mi cuerpo, esa noche yo.

Tal vez de vergüenza no alzaba la vista;
yo alcancé a gritarle: “¡Respete Fidel,
no me comprometa!, ¡piense en sus gurises!”.
Pero estaba ciego el cristiano aquél.

Nunca vi una daga más cerca’e mis ojos
como un rejucilo brillaba al pasar!
Le ladiaba el bulto, y en la mesma panza
como fría culebra la sentía rozar.

Perdí las chancletas, extravié el sombrero
¡como cuadra y media me hizo recular!
A los resfalones entre la gramilla
con helada y todo alcancé a sudar.

Y viendo dejuro, que me achuraría
no había ni un testigo, el cielo era el juez,
eché mano al fierro, y, hasta luego amigo.
¡Qué remordimiento me ha quedao dispués!

Al pensar canejo que al rancho derruido
dispués de esa noche de frío tan cruel
en lugar de carne pa’ los gurisitos
llevaron el cuerpo del pobre Fidel.


lunes, 24 de abril de 2017

El Amigo


(Pintura: Aldo Chiappe)

Éramos como hermanos, con mi amigo:
suyas eran las pilchas de mi apero,
mi “moro”, mi guitarra, mi confianza,
y hasta la intimidá de mis secretos.

Y era mío también todo lo suyo:
su caballo, su poncho, su dinero,
y sus males también y sus pobrezas.
Éramos como hermanos con Ruperto…

En yunta trabajamos en las yerras
o rondando ganao pasamos sueños;
por turnos galopiamos los ariscos
o charquiamos a espuela los mañeros.

Me ayudó y lo ayudé, parejo siempre,
en la paz, en la guerra, en todo tiempo.
A brazo lo saqué de una creciente
y en ancas me sacó de un entreviero.

Después, pa’ mi desgracia hice una muerte
de esas que llegan como llega el viento,
que nos pecha nomás y en cualquier caso,
resulta inútil perfilarle el cuerpo.

Ya metida la pata no sabía
si ganar las bagualas o dir preso.
Conozco las angustias de la celda
y la arisca tristeza del matrero…

“Tenés un gurisito y una moza
que viven de tu amor y de tus pesos
-me aconsejó con su habitual sonrisa-
cambiame de facón y yo me entriego”.

No pude disuadirlo de su idea.
Era como hijo’e vasco el indio’e terco,
y después de acordar declaraciones,
a presentarse se marchó pa’l pueblo.

El tiempo que pasó, no estoy seguro,
pero jue, más o menos… año y medio.
Cuando una tarde regresó con todas
las hondas cicatrices del encierro.

Y como antes lo ayudé otra güelta:
con mi confianza lo acerqué a mi pecho
pa’ansí ahuyentar la timidez huraña
de perro cuando llega a rancho ajeno.

Y le di la mitá de unos baguales
-que amansarles, le agarré a los Lemos-;
la mitá de los tragos de mi chifle,
un medio corazón y un medio techo.

Y tuvo pa’ sus potros mi palenque,
mi gaucha lira pa’enredar recuerdos;
la sombra de mi ombú pa’l sol de estío
y el calor de mi poncho pa’l invierno.

Pero una tarde comprobé una escena
que aunque la vide, me costó pa’ crerlo.
Y me hinca el corazón como una espuela
y me hace lagrimear cuando me acuerdo.

Jue en ese tiempo que se ve en las lomas
repuntar las manadas los enteros
y los toros alzao taparse en tierra
rompiendo los lunares del rodeo.

Y se ajuntan de a dos los pajaritos
y los jaguares de la selva, en celo,
con las diez medias lunas de sus garras
les dibujan tatuajes a los ceibos.

Y máullan mano a mano los monteces
en arco el lomo y erizao el pelo,
y charquiaos a colmillo andan sangrando,
los cimarrones de peliarse entre’llos.

Que los vide clarito junto al poso…
y la que con su amor tejió mis sueños,
entornó los ojazos media augada
con el calor asfixiador de un beso.

Me asujeté del crimen, a una vara.
Pa’ que me vieran me compuse el pecho
y me puse a ensillar de lomo duro
como dice el refrán, pero en silencio.

Por eso, cuando agarro una guitarra
pa’ ahuyentar el dolor que llevo adentro,
me salen remolonas las versadas
como si me lerdiara el pensamiento.




(Dibujo: Vasco Machado)

domingo, 9 de abril de 2017

Veneno y sol


(Pintura: Carlos Montefusco)


A vos Morocho Barboza.


Tacataca el pingo moro,
tin tin el duro cencerro,
tan tan, las duras rodajas...
Y el camino polvoriento
se eleva en tirabuzones
de ardiente polvo hasta el cielo.

El sol cae sobre mis hombros
como un aliento de infierno
y entre yo y el horizonte
el río, lejos muy lejos
lleva sus frescos cantares
por largos senderos frescos.

Aquí, del codo p'arriba,
puse hace horas un tiento
con tres güeltas y tres ñudos
y aura no sé que se ha hecho...
ha de estar en ese tajo
que rodea el codo negro...

Y éste eterno taca taca
y el duro tan tan eterno
en este camino largo
bajo un polvo como juego.
En este brazo deforme
se me hace sentir que tengo
gravidez de cien cruceras
porque el brazo es un incendio.

Mentira la vencedura
el que vence es el veneno,
y la víbora ignorancia
que envenena nuestro tiempo.
Si hubiera trajiao mi brazo
y chupao bien el veneno,
y hubiera hundido el cuchillo
en el indio curandero
pa'ir salvando la ignorancia
de un mal tran criollo y tan viejo.

Mentira la "vencedura"
si yo me vengo muriendo
con éste ardor de rescoldo
quemante ardor de cien juegos.
Y esta fiebre y esta angustia
y en los ojos este peso.

Y este tajo sobre el codo
ande até temprano un tiento...
con tres güeltas y tres ñudos
pa que no pase el veneno.

Mentira la "vencedura"
maldito los curanderos
y la ignorancia maldita
como el duraznillo negro
que reverdece en la seca
y no muere en el invierno.

Taca taca, el pingo moro,
tan tan el duro cencerro,
tin tin mis grandes rodajas...
si no me apuro me muero
y si me apuro me caigo;
y el río lejos, tan lejos
que a veces el horizonte
le impide a mis ansias verlo.

Yo quiero llegar en antes
que me caiga sobre el seco
y polvoriento camino
bajo ese sol del infierno
con éste brazo encendido
en un fogón de veneno
y cien cruceras peliando
en grandes flores violetas
ande en antes hubo un tiento
que no ha desatao denguno
y ha de estar por áhi adentro...
atajando las cruceras
que no se corran pal cuero.

¡Qué lentas pasan las horas
cuando uno se está muriendo...!

martes, 21 de febrero de 2017

Recorriendo el monte




De tarde me preparé
para salir bien temprano,
puse la linterna a mano
tapé el fuego y me acosté.
Un cabresto mordacié,
estirado dejé un lazo,
le arreglé al overo un vaso
y antes de que el sol remonte
salí a recorrer el monte
solo por un por si acaso.

En la rama de un vinal
encontré una lechijuana
y bajo de ella una iguana
le codiciaba el panal.
En la punta'el salitral
un toro busca pelea
se echa tierra, cabecea,
y hacia un costao, lo más pancho,
se estaba rascando un chancho
en el tronco de una brea.

En el tallo de un chañar,
un pájaro carpintero,
picoteando hace un ahujero,
seguro está por huevear.
Yo que pasé a revisar
mis trampas junto al camino,
era para el campesino
un buen conchabo que había
t¡iempo aquél cuando valía
cuero de zorro y barcino!.

Si los cuervos en la altura
arman círculo volando
cualquier chico está pensando
que es osamenta segura.
Cuando la ulúa madura
qué delicioso alimento!
pero hay que estar muy atento
que si el cambio es con garúa,
la cabra busca la ulúa
y se escapa contra el viento.

Unas tunas coloradas
bajé a comer ese día,
corté unos jumes que había
pa'darle una cepillada.
Una botella forrada
llevaba de cantimplora
y después de estar media'hora
limpié en la tierra el cuchillo,
guardé bajo el cojinillo
donde'iba la boleadora.

Después de aquél buen instante
me acerqué al rosao overo,
pa'comodarle el apero
que se le fué pa'delante.
Y monté lo bien campante
pero ni bien salí yo
un ternero se cruzó
muy embichao por demás,
le volqué el rastro ahi nomás
seguro que él se curó!

Debe saber un paisano,
éstas cosas y otras más
porque al mundo montaraz
sólo lo habita el baquiano.
Me fui hasta un monte cercano
donde la hacienda bajaba
a una represa que estaba
pero hallé muy poca cosa:
un puñao de mariposa'
que sobre el barro jugaba.

Y al ver un nucle pelao
supe la triste sequía
que algún burro pelaría
por la sed que habrá pasao.
Ya con los perros cansao'
he tomao la desición
de volver pa'mi fogón
antes de la oscuridad
por miedo a la yarará
que siempre anda a la oración.

Por un fachinal crucé,
desilaché la carona,
y un nido de copetona
con seis huevos encontré;
llegando al rancho pensé,
guiso de fideo entrefino,
tortilla hecha con tocino
y antes de irma pa'la cama
busqué en la radio un programa
que tenga canto ARGENTINO!