lunes, 11 de febrero de 2013

Me llaman acreditao


(Foto de don Juan Roque Bonafina)

Yo tengo un recao de andar
viejito como su dueño,
confidente con los sueños
que han muerto sin despertar.
Lo armé para reserear
y anduvimos por las huellas,
sin que nos hicieran mella
distancias ni travesías;
hasta que en esa porfía
se fue apagando mi estrella.

Entre memorias de afectos
se quedó apegao conmigo,
y con gusto me prodigo
en mantenerlo completo.
Hace rato que está quieto
en un rincón de la pieza,
en ocasiones de mesa
y en otras, sirve de asiento
para atar mi sufrimiento
al correón de la pobreza.

Aunque no somos iguales
por idénticos carriles,
van pasando los abriles
con macollajes de males.
Él ya no encima baguales
para entibiar las bajeras,
y yo con la bichoquera
que me va dejando enclenque,
vivo embramado al palenque
del que no se recupera.

Hace mucho estoy varao
en la estancia del amigo,
que me da carne, abrigo
y plata que no he ganao.
Me llaman "acreditao",
nombre que viene de lejos
cuando los criollos parejos
que supieron ser patrones,
¡jamás echaron a peones
que se iban poniendo viejos!

A trancos de la matera
tengo sitio pa'mi solo,
me visitan los chingolos
y las palomas caseras.
De vez en cuando me espera
algún peón para yerbear,
y al entrar a recordar
alguna hazaña pasada,
¡es como el agua sagrada
que me hace resucitar!

Pero esa es una salida
transitoria de las penas,
por el cauce de mis venas
se va licuando la vida.
Con estas prendas curtidas
de mi recao bien habido,
se amadrinó el renegrido
mancarrón de mi destino,
¡que galopa en el camino
del tiempo que me ha vencido!