miércoles, 20 de febrero de 2013

Los ruidos del puesto



Taba el rancho silencioso
abandonado por años,
lleno de ruidos extraños
y sucesos misteriosos;
al camino que va al pozo
los yuyos le habían ganao,
de yapa todo nevao
en esa tarde de invierno
y era la puerta'el infierno
ese puesto abandonao.

No se para donde iría
o vendría quién sabe de'ande,
pero como el sol se esconde
se atracó al puesto ese día,
la tarde que se perdía
detrás de las lomas altas,
más silencio no hace falta
pa'l que anda de pasajero
y era dueño'el mundo entero
de esa vez: Lolo Peralta.

Con unos troncos que estaban
tirados en un rincón,
entró a encender el fogón
mientras las chispas saltaban.
Iba chillando la pava,
la leña se consumía,
las llamas se retorcían
antes de volverse brasa
y empezó a gotear la grasa
del costillar que traía.

Mas luego la noche entera
se estiró sobre el paisaje
y  el hombre que iba de viaje
se recostó en la catrera,
una o dos horas de espera
y como unos condenaos,
con los pelos erizaos
señal de que miran algo,
atropellaban los galgos
cerca'el puesto abandonao.

Pegó un salto sorprendido,
el hombre ganó la puerta,
y ande quedó media abierta
entró un perro a los gemidos,
los otros tres lo han seguido
y el pingo del lao de afuera,
entre segundos de espera,
trota con agilidad
como si en la oscuridad
hubiese visto una fiera.

Salió Peralta pa fuera
a divisar el terreno,
inquietarse no es pa menos
¡esto le pasa a cualqueira!
Todo estaba echo tapera,
reina la tranquilidad
y aunque el hombre es bien capaz
pues lo conozco bastante,
pienso que pensó al instante
ver al mismo Satanás.

Siguió la noche serena
pero un alerta se escapa,
cuando dentra a sonar las chapas
como arrastrar de cadenas.
Pensaba en un alma en pena
de alguno que aquí murió,
que el diablo se lo llevó
sin ningún "Ave María",
y rastros tampoco había
ni un ruido más que se oyó.

 Estas cosas me contó
en una noche de invierno
de un puesto que era el infierno
donde el diablo se quedó.
¡Vaya saber qué paso!
almas que andan por ahi
entre molles y michay
que habitan las lejanías...
No creo en las brujerias
pero que las hay.... ¡las hay!




(Dibujo: Eleodoro Marenco)