lunes, 11 de febrero de 2013

Tropiando ricuerdos


(Pintura: Guzmán Garcia Lenguas)

Por caminos de añoranzas
montaos en los años lerdos,
van viajando mis recuerdos
con mis sueños y esperanza.
Me chucean como lanzas
vivencias de tiempos idos,
y son constantes tañidos
de un cencerro permanente
que me traen a la mente
los lindos años vividos.

Las paredes de chorizo
del rancho ande yo crecí,
están vigentes en mi
mesmo que mágicho hechizo.
Tuito de tierra era el piso
firmemente apisonada.
El techo -paja quinchada
en postes de ñandubay-
que se bancaba ¡velay!
hasta la pior pamperada.

En un lugar apartao,
bien lejos de la cocina
se encontraba la letrina
también yamao escusao.
Bajo un alero alargao
había una siya enana,
la jarra, la palangana,
la batea de lavar,
la bomba "sapo" a la par
y el fogón con su campana.

Ni bien se ponía el sol
al candil se lo encendía,
que las funciones cumplía
de primitivo farol.
Un frasco viejo de alcochol
con kerosén se enyenaba,
un corcho se rebajaba
pa'tapar la boca estrecha,
y de pabilo, una mecha
en la tapa se ensartaba.

Dispués que'l tiempo pasó
apareció el "Petromás",
"sol de noche" que, quizás,
hasta el presente alumbró.
También se lo utilizó
en ordeñes matinales,
pa'iluminar los corrales
en madrugadas oscuras,
remedando, en las alturas
a los astros celestiales.

El progreso no escatima
en sepultar las vivencias,
a costumbres y creencias
se los yeva por encima.
Aunque hoy la gente estima
que's todo comodidá,
alzo un ruego en soledá
con este pedido en pos:
-Yo quisiera, tata Dios,
golver a mi mocedá.