viernes, 24 de diciembre de 2010

Mi poncho encerado


Aflorando del pasado
con remesones de historia,
se cobija mi memoria
en éste poncho encerado.
Lleva en silencio guardado
el chasquear del aguacero,
que aguantó con el resero
para cuidar su elegancia,
cuando salió de la estancia
al corral del matadero.

Poncho de tono cercano
al negro descolorido,
se nota que fue cosido
sin errores con la mano.
Hecho con lienzo liviano
y de forma circular,
suple al toldo y al hijar
sin ningún impedimento,
¡y al galopar contraviento
"se agacha pa'no volar"!

Prenda de ayer que perdura
por muchas generaciones,
que fiel con las tradiciones
respetaron su estructura.
Aunque ya no la mixtura
de hollín, aguarraz y cera
con clara de huevo que era
aliada a la aceite'e lino;
¡cosas del tiempo argentino
que usó la gente campera!

De boca más vale chica
para que no filtre el agua,
abajo es como paragua
cuando al caer se abanica.
Sobre el caballo se ubica
del anca hasta la "clinera",
tapando las estriberas
para cubrir el encuentro,
y poder pisar de adentro
estribos y agarraderas.

Es un testimonio estable
con entronco soberano,
que en la vida del paisano
fue su amigo inseparable.
Poncho encerado, impermeable
original por su estampa,
con cicatrices de guampas
de diferentes tamaños,
¡que le punzaron los años
y el temporal de la pampa!



(Pintura: Mauricio Fidelis)

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